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7venty 5ive

Cuidado con jugar con la persona equivocada...

7eventy five

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  • Título original: 7eventy 5ive
  • Nacionalidad: USA | Año: 2008
  • Director: Brian Hooks y Deon Taylor
  • Guión: Brian Hooks, Vashon Nutt
  • Intérpretes: Rutger Hauer, Brian Hooks, Jud Tylor
  • Argumento: Unos universitario aburridos inventan el juego del 75. Sus reglas: asustar a una persona por teléfono durante 75 segundos. Si cuelga o se oyen risas, pierdes. Sin embargo, llamarán a la persona equivocada.

70 |100

Estrellas: 4

7eventy five

Nuestro buen amigo y esporádico colaborador Sergio Morcillo, director de Don’t Stop, nos presenta 7eventy 5ive (también conocida como Dead Tone), película que parece reunir todos y cada uno de los elementos de un buen slasher juvenil. Adelante Sergio.

7eventy 5ive es el típico slasher que a todo amante de este subgénero le gusta ver una y otra vez. Una de esas películas que se te pasan en un suspiro y que te traen un buen número de recuerdos al tratarse de un compendio de todos los elementos del cine de psycho-killers de los 80 y 90. De entrada tenemos al grupo de amigos a cada cual más tonto (algo que siempre se agradece muchísimo): el típico chico que todo lo sabe, la rubia buenorra, la pija sin escrúpulos, el gordito, el gay, el sospechoso. Todos y cada uno de ellos con una personalidad dispar, y eso mola, ya que el espectador sospechará de todos los componentes del grupo, sin excepción.

7eventy 5ive no engaña, es cine palomitero al 100%. Los elementos que la componen son fáciles de identificar: una broma telefónica, jóvenes con las hormonas disparadas, una casa lujosa y apartada, y un asesino absolutamente desquiciado.

La película tiene buen ritmo. Cierto que decae un poco en determinados momentos, pero mantiene en vilo al espectador y al menos entretiene, que en casos como este suele ser más que suficiente.

Diría que es una gran sucedánea del slasher de los 90: mantiene las conversaciones tipo Scream, pasan los años y el asesino no olvida Sé lo que hicisteis el último verano, y como aliciente, el asesino va vestido igualito al de Leyenda Urbana.

Tiene buenos asesinatos, algunos de ellos muy, muy buenos, ya que el asesino es ágil, rápido, salvaje, bruto y sin escrúpulos. Disfrutamos de un par de escenas de tensión muy logradas. Al principio el espectador cree encontrarse ante un slasher cutrón, mal hecho; ya que los planos, la dirección y la mediocridad de los actores, no ayudan a que confíes en el metraje. Pero a medida que pasan los minutos, te va gustando más, te vas interesando más en lo que acontecerá. Y ya en los últimos 30 minutos asistimos a un festín de sangre y nos divertimos, durante un buen rato, con el típico juego del gato y el ratón.

Aunque 7eventy 5ive puede considerarse un slasher redondo (con todas las limitaciones que se le conocen al género slasher), la película no se libra de tener algunas situaciones ridículas y mil veces vistas. Sabes por dónde aparecerá el asesino, cómo actuará, y quién llegará vivo a los créditos finales. Aún así el final me sorprendió gratamente, pues aunque hay cierta semejanza con otra peli que no quiero desvelar, tiene un par de ases guardados en la manga bastante majetes.

No hay mucho más de decir, 7eventy 5ive es una película divertida, rápida y efectiva. No apta para un público en busca de una obra maestra, pero si destinada al público “made in beer”. No tiene un buen guión, y tampoco le hace falta, pues lo que queremos ver es a un grupo de personajes estereotipados a punto de ser asesinados de las maneras más horribles, y eso *7eventy 5ive lo cumple con creces.

Lo mejor: los asesinatos, el asesino y el ritmo.

Lo peor: altibajos de guión, algunas interpretaciones.

Monsters

Sepias gigantes en el Tercer Mundo

Monsters

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  • Título original: Monsters
  • Nacionalidad: USA | Año: 2010
  • Director: Gareth Edwards
  • Guión: Gareth Edwards
  • Intérpretes: Withney Able, Scott McNairy
  • Argumento: Los EEUU juegan con especímenes alienígenas en el desierto de Mexico, y pasa lo que pasa...

80 |100

Estrellas: 4

Photobucket

1.-THE WALL

PhotobucketExtraido de AQUÍEl Senado de EU aprobó hoy una enmienda que prevé la construcción de un muro de 595 kilómetros a lo largo de la frontera entre EU y México. La enmienda aprobada por los senadores por 83 votos a favor y 16 en contra también prevé levantar unos 800 kilómetros de barreras para impedir el paso de automóviles. La medida fue propuesta por los republicanos, mayoría en ambas cámaras del Congreso. El senador republicano por Alabama Jeff Sessions aseguró hoy que la construcción del muro enviará el mensaje de que “los días de las fronteras abiertas han pasado. Buenas vallas hacen buenos y no malos vecinos”. Por desgracia esto es una realidad, no una ficción urdida por algún paranoico de las conspiraciones, ni por algún miembro de BRUJERÍA, para criticar el racismo de los norteamericanos contra sus vecinos del sur; es como si a “Zaspatitos” se le ocurriera establecer un muro del copón antes de Despeñaperros y al andaluz que asome el jeto darle pa’l pelo, más o menos. Y direis, que coños tiene que ver esto con una película titulada MONSTERS. Pués mucho, tanto que me atrevería a decir que es el germen y el eje principal sobre el que gira toda la película: el miedo a lo desconocido, bien sea representado por inmigrantes, gente diferente, personas de otra cultura…

2.-LOS MONSTRUOS

PhotobucketTodo comenzó con una sonda que lanzó la NASA en busca de pruebas de vida extraterrestre, y todo acaba con el accidente de dicha sonda en mitad del desierto mejicano. La sonda trae pruebas de vida alienígena, pero no de las que se esperaban, nada de líquenes, microesporas ni menudencias similares; se trae los bebés de una especie de sepias gigantes que, cuando crecen, se convierten en la versión octópoda de Godzilla. Pero eso es algo que se intuye al principio, en una secuencia magistral de inicio, pero pronto se centra en los esfuerzos de un frustrado fotógrafo de sucesos que tiene que abandonar su trabajo para rescatar a la hija de su jefe, y trasladarla sana y salva a los EEUU. Es cuando comienzas a darte cuenta de que esta película no es la peli de bichos al uso que nos venden, es la crítica descarnada de la situación de unos paises que están al lado equivocado del muro, y sufren un aislamiento tóxico por culpa de bombardeos masivos y el uso indiscriminado de armas químicas que están acabando con sus recursos y, de paso, puteando seriamente a las Sepias; y una historia de amor, que se va desarrollando de forma algo previsible, pero efectiva y creible, sobre todo gracias a los dos protagonistas (los cuasi-desconocidos y televisivos Whitney Able y Scoot McNairy) y un guión que se mantiene sólido hasta el final.

THE END

PhotobucketComo dijo alguien en algún sitio: “una película genial con un título confuso”. Con la campaña que han desarrollado, los teaser-trailers, las imágenes y demás, poca gente va a salir satisfecha cuando se encuentre una película en la que los únicos monstruos de verdad son los que utilizan un país como campo de juegos, y no unas sepias gigantes a las que se ve generalmente de refilón (menos en la escena casi final, que supongo es donde se gastaron toda la pasta) y más en actitud defensiva que ofensiva. A mi personalmente me ha parecido una metáfora fantástica sobre la situación actual en ciertos continentes, camuflada levemente como película de tensión, muy bien contada y desarrollada y que, al igual que pasó con la estupenda DISTRICT 9, es imposible que te deje indiferente.

Lo mejor: La meta-narración y los dos personajes.

Lo peor: Que pueda llevar a confusión a los espectadores que no lean ALMASOSCURAS.

Buried

Torrente de adrenalina en el interior de un ataúd

Buried (enterrado)

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  • Título original: Buried
  • Nacionalidad: España | Año: 2010
  • Director: Rodrigo Cortés
  • Guión: Chris Sparling
  • Intérpretes: Ryan Reynolds, Robert Paterson, Stephen Tobolowsky
  • Argumento: Paul Conroy, tras sufrir en Irak el ataque de un grupo de insurrectos, despierta enterrado bajo tierra en el interior de un ataúd.

90 |100

Estrellas: 5

Buried (enterrado)

Brillante, hipnotizadora, apasionante… no, no son palabras mías. En realidad son sólo una muestra de algunos de los calificativos que la crítica internacional le ha brindado a Buried (Enterrado), un thriller claustrofóbico dirigido por el español Rodrigo Cortés (El Concursante, 2007), con guión de Chris Sparling (se especula con que su libreto pueda estar presente en la carrera de los oscars), y con el protagonismo absoluto de un actor norteamericano de postín como es Ryan Reynolds (Terror en Amytville, 2005), en la que es, sin duda alguna y hasta la fecha, la mejor interpretación de su carrera.

Paul Conroy es un contratista civil norteamericano que presta servicios en territorio iraquí. Tras un terrible suceso que no conviene desvelar, Paul Conroy despierta en el interior de un ataúd de madera enterrado bajo tierra. Sus únicos aliados para salir con vida del ataúd serán un mechero y un teléfono móvil con escasa reserva de batería.

Brillante, hipnotizadora, apasionante… sí, ahora sí son mis palabras. Y para evitar ser acusado de plagio, ahí van unos cuantos adjetivos de mi propia cosecha: arriesgada, intensa, sorprendente, arrebatadora.
Buried (Enterrado) no tiene trampa ni cartón. Es tal y cómo nos la vendieron. Un tipo en el interior de un ataúd con 90 minutos por delante para lograr salir de él con vida. Una única localización, una única presencia física, la de Paul Conroy. Al resto de protagonistas únicamente les oímos la voz a través del teléfono móvil.

Las suspicacias que puede despertar un proyecto de estas características son innumerables (y lo digo por propia experiencia): que si su argumento da, cómo mucho, para un cortometraje; que aguantar durante 90 minutos a un único personaje en pantalla puede resultar una experiencia insufrible; que será prácticamente imposible mantener un buen ritmo debido a las propias restricciones de la trama y la puesta en escena… Olvidadlo. Olvidadlo todo. Olvidad cualquier idea preconcevida sobre Buried (Enterrado) que pueda llevaros a albergar dudas o recelos hacia la, por otro lado, arriesgadísima propuesta de Rodrigo Cortés.

El director gallego supera con creces todas las evidentes autolimitaciones de Buried para ofrecernos un thriller intenso, dinámico, emocionante y, en definitiva, un espectáculo cinematográfico puro y, sobre todo, inusual, susceptible de ser reivindicado, desde ya, como una de las mejores películas del año.

¿Y cómo consigue Cortés que una trama y una puesta en escena tan aparentemente minúsculas, anecdóticas, rígidas; devengan finalemente una experiencia dinámica capaz de mantener al espectador en un estado de constante tensión?

Por un lado el director rompe esa previsible rigidez y estabilidad que pudieran proporcionarle las cuatro paredes del ataúd utilizando su cámara con la energía y el ritmo adecuados para cada situación. Utiliza largos travellings que recorren el habitáculo de punta a punta para acentuar las situaciones de suspense. Una grúa nos aleja de la acción si se impone un mínimo respiro para el espectador. La cámara en mano y el montaje enérgico se dan cita en aquellos momentos en que la película ofrece acción y tensión en grandes dosis (ver al respecto la espectacular secuencia en la que el protagonista recibe la terrorífica visita de un indeseable compañero de viaje. Un magistral ejemplo de suspense resuelto con una potente inyección de adrenalina). En definitiva, Rodrigo Cortés nos obsequia con una inesperada (se trata de su segundo largometraje) lección magistral sobre como superar las limitaciones de un espacio y una historia minimalistas a través de una excelente concepción y uso del lenguaje cinematográfico.

En Buried (Enterrado) ocurren cosas constantemente, y Rodrigo Cortés sabe perfectamente qué ritmo debe otorgarle a cada uno de los acontecimientos que se suceden. Lograrlo supongo que fue todo un reto para el director, y de la posibilidad de sacar adelante dicho reto dependía en gran medida el éxito de Buried (Enterrado).

Pero Buried (Enterrado) no es tan sólo un prodigio de realización y montaje. Cuando abandonamos el terreno puramente formal (aunque en Buried es imposible desprenderse, defintivamente, de lo formal) para adentrarnos en su historia, nos damos cuenta de que su guión es un mecanismo de relojería suiza que consigue, en todo momento, el que supongo que fue el objetivo prioritario de Chris Sparling, su autor, en el momento mismo de concebir el proyecto: lograr que el espectador se metiera en la piel de Paul Conroy.

El sufrimiento y la angustia de Paul Conroy acaba siendo el sufrimiento y la angustia del espectador. Maldecimos la política antiterrorista del gobierno norteamericano que considera a Paul un daño colateral perfectamente asumible. Nos acordamos de la familia de todos aquellos burócratas que no saben reaccionar ante la situación de nuestro desdichado protagonista. Aceptamos la evidente crítica al conflicto irakí. Apretamos con rabia los puños cuando asistimos a la execrable maniobra de una gran corporación que intenta salvar el culo evitando toda responsabilidad ante la terrible situación vivida por Paul Conroy (la conversación telefónica entre el protagonista y el representante del gabinente jurídico de la empresa en la que presta servicios y que le envío a Irak, resulta, sencillamente, magistral… y provoca en el espectador una sensación de rabia e impotencia poco menos que insoportables) y nos estremecemos cuando éste decide llamar a uno de sus familiares más cercanos.

En definitiva, vivimos una auténtica montaña rusa de emociones y acumulamos un alto grado de tensión, sin abandonar, en ningún instante, el estricto esquema de un tipo atrapado en el interior de un ataúd. Mérito absoluto del director – montaje, planificación y ritmo – y de la riqueza emocional de un guión que apenas muestra una sola fisura.

Y sí… el final es previsible. Sabemos, o al menos intuímos lo que va a ocurrir (como en tantas otras ocasiones, interesa menos el final que el camino recorrido). Pero nuevamente Rodrigo Cortés nos sirve una última secuencia de una intensidad y una fuerza tal que, pese a su previsibilidad, nos lleva a mordernos el labio inferior y a arquear nuestra espalda sobre el respaldo de la butaca.

Buried (Enterrado) es una magnífica película. Original (va mucho más allá que el ya célebre – y estupendo – episodio de la serie televisiva CSI Las Vegas, dirigido por Tarantino), inesperada, intensa y sobrecogedora. Toda una experiencia.

Lo mejor: El grado de intensidad que logra con tan pocos elementos a su alcance.

Lo peor: Su final no será del agrado de muchos espectadores.

Higanjima

Terror en la isla de los monstruos

Higanjima

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  • Título original: Higanjima
  • Nacionalidad: Japón / Corea del Sur | Año: 2009
  • Director: Tae-gyun Kim
  • Guión: Kôji Matsumoto, Tetsuya Ôishi
  • Intérpretes: Dai Watanabe, Asami Mizukawa, Kôji Yamamoto
  • Argumento: Akira viaja junto a sus amigos a la isla maldita de Higanjima para recuperar a su hermano mayor.

58 |100

Estrellas: 3

Higanjima

Higanjima es la adaptación cinematográfica de un popular manga homónimo cuyo autor es el japonés Kôji Matsumoto.
Vaya por delante que desconozco el cómic al cual acabo de hacer referencia, así que me limitaré a dar mi opinión acerca de si Higanjima me ha parecido una buena o mala película, dejando de lado su grado de fidelidad a la fuente original.

Higanjima, coproducción japonesa y coreana dirigida por el coreano Tae-gyun Kim, cuenta la historia de Akira, un joven con tendencia a meterse en problemas que un buen día recibe la visita de una misteriosa mujer informándole de que su hermano mayor, al que creía muerto, sobrevive en una remota isla haciendo frente a un opresor ejército de vampiros.
Decidido a recuperar a su hermano, Akira reúne a sus mejores amigos y juntos emprenden un largo viaje hacia la isla maldita de Higanjima.

La primera mención es para el género en el que cabría incluir una película como Higanjima, y este no es otro que el género de aventuras y/o acción. Cierto que elementos tales como los sanguinarios vampiros que pueblan la isla de Higanjima, o cierta predilección por las cabezas reventadas por el impacto de un enorme ariete con el que va armado uno de los principales protagonistas (junto a otras lindezas gore), emparientan Higanjima con el género terrorífico; pero en el fondo no deja de ser una aventura de aires juveniles y repleta de acción. Pura acción.

Se impone la épica de saldo, las batallas nocturnas, el cuerpo a cuerpo, las piruetas imposibles, las salpicaduras de sangre y las espadas resplandecientes. Secuencias de acción la mayoría de ellas rodadas con energía, un evidente sentido estético y gusto por lo expeditivo y lo sangriento (mucha atención a la magnífica secuencia que abre la película).

El problema es que detrás de todo este torrente de acción debe existir una historia. Y detrás de esta historia unos personajes que la empujen, que la ayuden a avanzar.
Sobre todo si tenemos en cuenta que Higanjima ostenta una duración, a todas luces excesiva, de más de dos horas; y es en este punto donde a la película de Tae-gyun Kim se le empiezan a notar las costuras, quizás no rotas, pero sí descosidas.

Al poco atractivo que ya de por si encierra la trama de Higanjima, se le une un ritmo, en ocasiones, excesivamente parsimonioso y la aportación nula de algunos personajes secundarios (hay un par de amigos del protagonista que en el supuesto de haber desaparecido del mapa durante los primeros minutos de la película, sin explicación de ningún tipo, nadie se hubiera percatado de ello), para acabar ofreciendo una conclusión dolorosa: cualquier atisbo de historia o drama que intente aportarnos Higanjima palidece, irremediablemente, ante la espectacularidad de sus secuencias de acción.

De esta manera llega un momento en el que te agotan los lloriqueos constantes del protagonista – cuyo tránsito y maduración de chico timorato a único héroe capaz de poner al villano de turno en su sitio, nos lo sabemos de memoria – , te desesperas ante la verborrea irrefrenable de algunos personajes, pasas olímpicamente de los conatos de romance absolutamente prescindibles y, finalmente, decides desconectar de la historia y esperar, pacientemente, a la siguiente secuencia de acción, al siguiente cuello rebanado o a la siguiente criatura monstruosa (perfectamente recreadas por unos efectos CGI más que honrosos) que vuelva a animar la fiesta.

Es evidente que a Higanjima le sobra metraje, mucho metraje (incluso algunas secuencias de acción se dilatan excesivamente en el tiempo y acaban aburriendo al personal), y le falta una mayor concreción en el guión y en la definición de algunos personajes.

Pero en cualquier caso, la vistosidad de la gran mayoría de su secuencias de acción, su gusto por la hemoblogina (sin exagerar), la presencia de unas criaturas con un acabado bastante convincente y algunas salpicaduras de humor negro, convierten a Higanjima en un producto afable, ameno y de fácil consumo… a pesar de alguna que otra mirada furtiva a nuestro reloj.

Lo mejor: La vistosidad de la acción, la puesta en escena y los efectos especiales.

Lo peor: Su excesiva duración va en decrimento del interés de la historia.

Penance

Que dejen tranquila a la pobre chica...

Penance

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  • Título original: Penance
  • Nacionalidad: USA | Año: 2009
  • Director: Jake Kennedy
  • Guión: Jake Kennedy
  • Intérpretes: Marieh Delfino, Graham McTavish, Alice Amter
  • Argumento: Una joven madre soltera ejerce de stripper para conseguir dinero con el que tratar la enfermedad de su hija.

39 |100

Estrellas: 2

Penance

Penance deja un amargo sabor a oportunidad perdida…
La nueva propuesta de terror independiente del director británico Jake Kennedy (Days of Darkness, Blood Drive II) comete el grave error de quedarse a medio camino de todos aquellos lugares a los que parece dirigirse.
Pero vayamos por partes.

Amelia es una joven madre soltera cuya hija de diez años, Asher, sufre una complicada enfermedad degenerativa. No dispone de un seguro médico en condiciones y necesita dinero para afrontar el tratamiento de Asher. Su primera opción es participar en un reality show televisivo cuyo premio final está valorado en 20.000 dólares.

Una segunda opción, mucho más directa, es la de ejercer de stripper, asesorada por su mejor amiga –stripper de profesión-, y acudir de fiesta en fiesta dispuesta a mostrar sus encantos naturales a todo aquel que pague por disfrutarlos.
Cuando un día ocupe el lugar de su amiga, que acaba de recibir una paliza a manos de uno de sus clientes, para llevar a cabo un trabajo aparentemente sencillo y bien remunerado, dará inicio una auténtica pesadilla para Amelia.

Curiosamente Penance funciona mucho mejor como melodrama indie en sus 20 minutos iniciales que como película de horror durante el resto de su metraje; lo cual no deja de ser una mala señal acerca de lo que nos espera.

El arranque de Penance es prometedor. La propia Amelia nos cuenta, mirando a cámara (su novio la graba constantemente para enviar un video de presentación al casting de un reality show), los pormenores de su vida. Su labor como asistenta social. El grave problema de salud que sufre su hija. Su acuciante necesidad de dinero para poder tratarla. La necesidad como único motivo que le empuja a desnudarse frente a una jauría de universitarios en celo.
La película se toma su tiempo en presentarnos a un personaje sólido, creíble, con el que resulta fácil identificarnos. Y esto el espectador lo agradece. No es un hecho habitual en este tipo de producciones. El resultado final de este magnífico inicio es que Amelia nos importa, y estamos dispuestos a compartir con ella la que promete ser una larga travesía de dolor y sufrimiento. Primer objetivo cumplido.

Durante estos 20 minutos iniciales incluso el ya sobreexplotado recurso de la cámara en mano y el formato de falso documental, aparecen justificados de manera, más o menos, aceptable.

Pero todo este esfuerzo, encomiable, en la presentación del personaje principal, se evapora desde el preciso instante en el que Amelia se cruza en el camino de un psicópata mesiánico, con amplios conocimientos quirúrgicos, dispuesto a purificar el alma corrupta de toda stripper que caiga en sus redes.

¿Recordáis esa larga travesía de dolor y sufrimiento que estábamos dispuestos a realizar junto a Amelia? Pues olvidaos del tema.
Amelia, junto a un puñado de strippers, es encerrada en un hospital abandonado y sometida a una serie de tormentos que pondrán a prueba la pureza de su alma. La cosa suena mucho más grave de lo que finalmente acaba siendo.

Amelia sufre, lleva fatal su encierro y el hecho de no poder ver a su hija, grita,… Cuando se da cuenta de que la puerta de su habitación/celda está abierta, toma la estupidísima decisión de recorrer cada palmo del centro en el que está recluida, mientras lo graba todo con una cámara de vídeo que no sabemos de donde demonios ha salido (despedíos de la justificación de la cámara en mano… a partir de ahora las cámaras digitales crecen en todos los rincones del hospital como si fueran malas hierbas), en lugar de escapar de aquel lugar como alma a la que persigue el mismísimo diablo.

Todo se vuelve monótono, repetitivo y algo cansino. Amelia corretea de un lugar a otro sin demasiado sentido y agitando la cámara sin parar. Da la sensación de que Jack Kennedy no sabe qué leches hacer con su historia, hacia dónde dirigirla. Le ocurre lo mismo que a su protagonista: se encuentra encerrado en un callejón sin salida del que no sabe cómo escapar. Y es entonces cuando tiene la sensacional idea de que ha llegado el momento de apelar a la resistencia estomacal del espectador.

Dos. Dos son las secuencias desagradables a las que tendremos que enfrentarnos en Penance. Ambas cortadas por un mismo patrón: la obsesión del psicópata por los órganos genitales.
Aquellos que esperaban encontrar en Penance un digno – y pringoso – ejemplo de torture porn, deberán conformarse con este par de secuencias mencionadas. Sospecho que un bagaje muy insuficiente para los amantes de las emociones fuertes y los excesos de hemoglobina. Como torture porn, definitivamente, Penance se queda corta.

Por otro lado, el psicópata de la función, un tipo siempre preocupado por la pureza espiritual y la purgación del pecado, tiene un par de salidas, presuntamente humorísticas, que echan por tierra su personaje.

Y por si todo esto fuera poco, nos meten con calzador uno de esos inoportunos cartelitos al final de la película informándonos que el dichoso psicópata está basado en hechos reales: un ginecólogo australiano que abusó de no recuerdo cuántas de sus pacientes…, poco tiene que ver esto con lo que nos cuenta la película.

Penance no funciona. Por muy bien que nos caiga su protagonista principal, no funciona. Es una película que brilla más por sus intenciones que por sus resultados. Lástima.

Lo mejor: La labor de la actriz protagonista y la presentación de su personaje.

Lo peor: El desarrollo monótono y cansino de la historia.

Road Kill

Gasolina

Road Kill

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  • Título original: Road Kill
  • Nacionalidad: Australia | Año: 2010
  • Director: Dean Francis
  • Guión: Clive Hopkins
  • Intérpretes: Bob Morley, Xavier Samuel, Georgina Haig y Sophie Lowe
  • Argumento: Cuatro jóvenes son perseguidos por un enorme trailer en cuya naturaleza parece haber algo sobrenatural.

40 |100

Estrellas: 2

Road Kill

“Road Kill” cuenta la historia de dos parejas de jóvenes que están de viaje por el sur de Australia y, en medio de una carretera desierta, se pican en una carrera con un enorme trailer de dos cuerpos. ¿El resultado? El viejo coche de los jóvenes vuelca y uno de ellos, Craig (Bob Morley), se parte un brazo. Sin vehículo, en mitad de ningún sitio, los chicos se angustian hasta que avistan, a lo lejos, el enorme camión que les ha agredido. Detenido, unos metros adelante. Siendo, como es, su única esperanza, se acercan, a ver si consiguen hacer entrar en razón al conductor para que lleve a su amigo a un hospital…

Empezamos regular, ¿verdad? Si un loco con un camión gigantesco se lanza a por ti en una carretera, creo que por mucho que pueda ser tu única esperanza, es difícil encajar que estos chicos se acerquen a por él. Por tanto, en los primeros diez minutos de película, hay que hacer la vista gorda. Se plantea uno, por tanto, la siguiente cuestión: puede que no esté todo perdido. Puedo olvidar esto si lo que sigue es apasionante.

Marcus (Xavier Samuel) y Liz (Georgina Haig), la pareja indemne, van hacia el camión, mientras Nina (Sophie Lowe) se queda con el malherido Craig. Los jóvenes llegan hasta el vehículo. Está vacío. Las puertas delanteras abiertas. Del conductor no hay rastro. Además, las llaves están puestas. Suben, justo cuando a lo lejos, se divisa al conductor, que corre hacia ellos, disparándoles. Los chicos arrancan y recogen a sus amigos. Dejan atrás al conductor. Carretera adelante, ¡bien!, pueden salir de esa…
…pero hay algo raro en el trailer. En vez de la insignia de la marca, en el capó hay una pequeña figurita de un perro con tres cabezas que Marcus, el conductor, ha mirado fascinado durante un buen rato. Así, mientras todos duermen, Marcus intenta mantenerse despierto mientras algo, quizás ese extraño perro, aparece en su cabeza, vence su voluntad y le hace salirse de la carretera y tomar un camino sin salida. En ese punto, cuando los demás descubren que se han desviado de la ruta, comienzan los enfrentamientos entre ellos, las tensiones que hay bajo sus aparentes buenas relaciones, siempre a la sombra amenazante del camión…

“Road Kill” no disimula su inspiración directa, “Christine”, la novela de Stephen King. Pero, eso sí, la “personalidad” del coche del novelista americano es mucho más fascinante que la de este mamotreto. Si el plymouth era una suerte de novia celosa, el camión es un animal egoísta que sólo busca su sustento más básico. Y no tiene ningún reparo en utilizar a los jóvenes a su antojo, siempre “poseyendo” al que pueda saciar su instinto de un modo más inmediato.* Así, uno diría que un pilar básico de “Road Kill” debe ser, por tanto, la personalidad de sus cuatro protagonistas. Así debería ser, pero no lo es, y es una de las grandes carencias de la película. Los personajes apenas se mantienen. Marcus, Liz y Nina no cambian su registro en toda la hora y media. Marcus es guapo y un poco engreído, Liz está enamorada de Craig, y Nina es una chica entregada a su novio y buena (…hasta el extremo de ser tonta). Sólo Craig, sobre el papel, empieza de un modo (sexy, majo, bienintencionado) y acaba de otro (utilizando sus virtudes para manipular a los demás).

Eso sí, sobre el papel. Si hay un problema grande y decisivo en “Road Kill” es la labor de dirección de Dean Francis. Puede que los actores no sean los mejores del mundo, pero su batuta al mando es inexistente. El tono de la película también parece navegar sin rumbo fijo: en los primeros minutos, parece que estemos ante una película de Greg Mclean, también australiano y fascinado por la belleza negra y mórbida del entorno natural del país. Pero en cuanto la trama avanza, nos metemos de lleno en el terreno de la serie B –en el sentido malo del término-, aunque al final intente recuperar el pulso estético. A esto, hemos de sumar la planificación: no se sostienen momentos en los que, por ejemplo, Craig abandona el sitio en el que Nina le había dejado, y vemos a dónde se dirige. Posteriormente, Nina sale a buscarle, y no tiene ningún sentido ver cómo la chica mira en un lugar en el que sabemos, porque lo hemos visto, que Craig no está, y que el director nos ofrezca la réplica a la mirada de Nina mostrando el lugar vacío y enfatizando con música la supuesta sorpresa de que el chico no esté allí.
Por otra parte, en el tramo final de la película, se acumulan los sinsentidos y fallos de racord gordos –el trailer lleva dos contenedores, y el mismo interior se encuentra en uno y otro indistintamente. A esto hay que sumar el guión de Clive Hopkins: en tres ocasiones, un personaje, en un momento de tensión, se queda dormido (!!!) y despierta un tiempo después… tiempo que se necesitaba para colocar los elementos del siguiente tramo de la película. O el clímax, estirado hasta la extenuación para alcanzar los noventa minutos de película.

Puede que esté siendo duro. Pero es que da rabia porque, aunque no era original, la trama daba de sí. Y algunas cosas están la mar de bien resueltas –la presentación del mecanismo del camión, por ejemplo, dibujada en la pared de la que parece la guarida del conductor, o el motor del vehículo, una imagen no por tópica menos perturbadora-, por lo que da que pensar por qué otras no se han pensado del mismo modo. Además, hasta que llega el ya mencionado y estirado clímax, la película, a pesar de sus peros, no se ve mal del todo.

En definitiva, que podía haber estado bien. Y eso duele.

Lo mejor: El motor del camión.

Lo peor: En general, es floja

Burning Bright

Gatito malo

Burning Bright

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  • Título original: Gatito malo
  • Nacionalidad: USA | Año: 2010
  • Director: Carlos Brooks
  • Guión: Christine Coyle Johnson y Julie Prendiville Roux
  • Intérpretes: Briana Evigan, Garret Dillahunt, Charlie Tahan
  • Argumento: Una joven, su hermano autista y un tigre con hambre en una casa cerrada a cal y canto

70 |100

Estrellas: 4

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1.-UN TIGRE

Lo primero que tengo que reconocer es que cuando leí el argumento de la película me dije: bufffff, y la guardé en la carpeta de PELIS PARA VER ESNUCAO; y es que me pareció un pelín rebuscado, un tigre de Bengala??, coño, con lo fácil que es contratar a 2 yonkos para que se encarguen de 2 chavales solos en una casa aislada… Pero me equivoqué de pleno, lo que en un principio parecía su peor handicap se convirtió en el verdadero acierto de la película: el uso de la imaginación para generar un nivel impecable de tensión.

Y es que en estos tiempos que corremos es más difícil encontrar un thriller original, sin caer en lo absurdo (White Wall), que un cura honrado. Sin necesidad de abusar de los efectos digitales, solo los justos y necesarios (uno de los pocos puntos flojos de la película: la falta de medios); sin recurrir a la casquería fácil, ni a las tetas gratuitas. Solo un decorado, 3 personajes y la madre naturaleza.

Otro de los grandes aciertos de la película, aparte del caracartón de Garret Dillahunt (menos expresivo que Clive Owen con parálisis facial), es el casting: tanto Briana Evigan, como el niño Charlie Tahan están perfectos como hermana mayor agobiada y superada por las circunstancias, y como niño con autismo severo, que por cierto es uno de los grandes aciertos del guión. A ello vamos.

2.-DOS TIGRES

PhotobucketKelly (Evigan) ya no puede más, toda su vida lleva estando mediatizada por la presencia de su hermano autista, especialmente desde que su madre falleció por un “presunto” suicidio con pastillas. No puede ir a la Universidad, no tiene vida social y el niño no la deja sola ni 10 minutos. Y para colmo va el capullo de su padrastro y se gasta los ahorros que tenía para la educación del niño en un puñetero tigre de Bengala (breve cameo de Meat Loaf) para su estúpida idea de montar un rancho-safari en mitad de la nada. Como cuando las cosas van mal, generalmente suelen empeorar, un huracán de los gordacos está a punto de llegar a la zona y su padrastro anda liado con unos carpinteros para que protejan la casa con madera laminada.

Y justo la noche en la que llega el citado huracán se tiene que quedar sola con su hermano y cuidar de él, ya que el padrastro se ha ido de farra. O eso piensa ella. Para no reventar las sutiles maniobras de las guionistas ( Christine Coyle Johnson y Julie Prendiville Roux) para manejar la trama, me limitaré a decir que pronto descubren que no están solos en la casa: hay un lindo gatito que lleva ayunando forzosamente 2 semanas suelto, y la casa está completamente sellada. No se puede salir ni entrar. Y quedan 75 minutos…

TRES TIGRES

PhotobucketSalvando la falta de expresividad del “malo” y las escasas secuencias en las que recurren a los efectos digitales, esta es una de esas películas que se podría considerar una pequeña joyita dentro del panorama actual de thriller/terror actual. Tanto por la originalidad del planteamiento (a pesar de que pueda paracer un poco forzado al principio), como por la maestría con la que el director, CARLOS BROOKS, maneja sus pocos medios y un guión en apariencia complicado de resolver. Como curisidades os cuento que se emplearon 3 tigres de Bengala en la película (Katia, Schicka y Kismet), y que la canción que suena en los títulos de crédito finales está compuesta por el pivón, digooo, Briana Evigan….

Lo mejor: Lo bien aprovechado que está el guión y la presencia de Briana Evigan

Lo peor: EL "malo" y una evidente falta de medios

Miedos 3D

Terror juvenil del bueno

Miedos 3D

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  • Título original: The Hole
  • Nacionalidad: USA | Año: 2009
  • Director: Joe Dante
  • Guión: Mark L. Smith
  • Intérpretes: Chris Massoglia, Nathan Gamble, Haley Bennett
  • Argumento: Dos hermanos y la vecinita de al lado descubren un misterioso agujero que pondrá de relieve sus miedos más profundos.

67 |100

Estrellas: 4

Miedos 3D

Uno se acerca a la sala de cine, se enfunda las cada vez más frágiles y destartaladas gafas 3D (por las que debo pagar un euro extra, que viene a sumarse a la cantidad adicional que debo abonar en taquilla por tratarse de una película 3D), y se dispone a reencontrarse con un héroe de la infancia, Joe Dante, un grande de los 80 en cuya filmografía encontramos un buen puñado de esos títulos que a muchos nos ayudaron a forjarnos como los adictos al cine fantástico y de terror que hoy somos: Gremlins, Piraña, Exploradores, Aullidos, Matinee…

Y le he encontrado. He encontrado a un Dante en estado puro. Quizás no sea el mejor Dante. Probablemente esté lejos de la rabiosa diversión de Gremlins o de las mejores cuotas de horror de Aullidos; pero Dante vuelve a demostrar, en su esperado regreso, esa capacidad suya para contar la misma historia de siempre ubicándola en un convincente, atractivo e inteligente escenario de fantasia y, en menor medida, horror.

Dos hermanos encuentran en el sótano de su nueva casa un extraño agujero que no parece tener fondo. Junto a la vecinita de ambos descubrirán que el mencionado agujero les tiene preparadas terroríficas sorpresas relacionadas con los miedos más profundos de cada uno de ellos.

Bajo el cansino – y en este caso, inútil – reclamo de la tecnología 3D, Miedos 3D (valga la redundancia), horrible traducción al castellano del título original The Hole, se sitúa en el terreno de temas universales tan trillados como la superación de miedos y traumas infantiles o la siempre difícil transición hacia la edad adulta.

El mérito de Dante lo hallamos en su habilidad para incorporar estos temas (junto a otros más conflictivos como puede ser el maltrato a menores) en el seno de una historia de terror adolescente que sabe tratar a su público (y de ello hablaré a continuación) con respeto y –nuevamente- inteligencia.

Y todo ello lo logra conjugando, con acierto, tanto elementos afines al terror más clásico (el muñeco/payaso), como elementos que aluden a un estilo de horror mucho más cercano en el tiempo (la niña que parece salida de un película japonesa de fantasmas).
Sin alarde de artificios innecesarios. Sin forzar excesivamente las situaciones, y sin necesidad de llevarlas al límite. Con unos protagonistas adolescentes más creíbles de lo habitual, unas correctísimas dosis de intriga – la historia avanza paso a paso, sin prisas, sin estridencias… pero manteniendo siempre la tensión en un punto óptimo y logrando instantes tan convincentes como la secuencia del servicio – y un envolvente ejercicio de ambientación (apoyado por una excelente fotografía), sobre todo en su tercio final, el único que parece justificar – escasamente – el epíteto de las 3D.

¿Dónde está entonces la trampa? Con estas credenciales uno podría llegar a pensar que estamos ante una de las mejores propuestas de terror del año. Pero este agujero surgido de la nada y servido por un cineasta de primer orden, esconde un secreto que quizás nos ayude a entender mejor las cosas: el público al cual va dirigido.

No esperéis de Miedos 3D grandes dosis de horror, ni un gran número de sustos (que los hay) y, por supuesto, ni una sola gota de sangre más alla de lo estrictamente necesario. Ni siquiera tendremos que lamentar bajas humanas ni daños colaterales.

Miedos 3D es una película de terror a contracorriente en el actual panorama del cine de horror, concebida para un público adolescente y preadolescente que se situaría entre los 12 y los 16 años (año más, año menos).
El aficionado al cine de terror que no entienda esto se expone, probablemente, a una película blanda, ingénua y carente de alicientes; adjetivos que en ningún modo hacen justicia a una película dirigida a un tipo de público muy concreto.

Para todos los que tengais hijos, sobrinos o nietos (quién sabe…) de edades comprendidas entre los 12 y los 16 años, Miedos 3D es una magnífica ocasión para arrastrarlos al cine y adentrarles en el universo del terror, a no ser que los dichosos críos os digan que prefieren esperar a la tercera entrega de Hostel… que es lo más probable.

¿Y qué hace una película como Miedos 3D, destinada a un público juvenil, en un lugar como Almas Oscuras? Dos razones: la primera es que la propuesta de Dante me hizo disfrutar (que se trate de un producto eminentemente juvenil no significa que los adultos no podamos disfrutarlo… que le pregunten a los tipos de Pixar). La segunda es una cuestión de pura nostalgia… Pese a que mis gustos actuales por el genéro terrorífico discurran por caminos muy distintos a Miedos 3D, sospecho que me hubiera encantado ver una película como esta cuando apenas era un mocoso preocupado por los primeros signos del acné juvenil.

Lo mejor: Es una buena película de terror juvenil.

Lo peor: Que con la excusa del dichoso 3D nos cobren una entrada más cara y un euro extra por las gafas.