VOD

Has filtrado por categoría: Página de inicio | Críticas

Bienvenidos a Zombieland

Tierra de zombis, acción y carcajadas.

Bienvenidos a Zombieland

Ver ficha completa

  • Título original: Zombieland
  • Nacionalidad: USA | Año: 2009
  • Director: Ruben Fleischer
  • Guión: Rhett Reese, Paul Wernick.
  • Intérpretes: Woody Harrelson, Jesse Eisenberg, Emma Stone.
  • Argumento: Columbus, un joven universitario que sigue vivo gracias a sus reglas para sobrevivir al apocalipsis zombi, se une al duro Tallahassee, a la guapísima Wichita y a la hermana menor de esta, Little Rock, en un viaje plagado de zombis, romance y mucho humor.

78 |100

Estrellas: 4

Tras una ardua lucha por evitar la tentación de echarle un vistazo a Bienvenidos a Zombieland antes de tiempo, finalmente me encontraba frente a la entrada de la sala de cine, acompañado de una horda de adolescentes dispuestos a dar buena cuenta de los enormes cubos de palomitas caramelizadas que habían pagado a un precio desorbitado, y predispuesto (un servidor) a disfrutar de una entrañable velada navideña rodeado de risas, órganos internos y muertos vivientes.

En lo primero en que me fijé, antes de iniciarse la proyección, es en el magnífico aspecto que presentaba el aforo. Algo más de media entrada vendida, lo cual teniendo en cuenta que se trataba de una película de zombis estrenada el mismo día en que muchísima gente celebra el nacimiento de Jesucristo, y que justo al lado se proyectaba el nuevo milagro destroza-taquillas de ese otro semidios que responde al nombre de James Cameron (Avatar), me pareció una excelente noticia para Bienvenidos a Zombieland.

Tras los consabidos espacios publicitarios (menos cutres de lo habitual), un par de trailers (entre ellos el prometedor trailer de Legión) y la parejita que llegaba tarde a la sala y alumbraba el pasillo con un teléfono móvil con el objetivo de averiguar dónde demonios estaban las butacas que les habían asignado; por fin dio comienzo la proyección.

Y en esos instantes (segundos) previos al inicio de Bienvenidos a Zombieland, hizo acto de presencia mi “yo” más deprimente y pesimista, planteándome la posibilidad de que todo ese largo período de espera hubiera sido en vano y que la película acabara siendo una terrible decepción, algo bastante habitual cuando se barajan grandes expectativas.
¿Hubiera sido mejor gastarme la pasta en gozar del nuevo “juguetito tecnológico” de Cameron?

Gracias a Dios (me está saliendo una reseña de lo más devota… supongo que es una cuestión de las fechas en las que nos encontramos) todas las dudas se disiparon al dar comienzo la soberbia secuencia inicial que acompaña a los títulos de crédito de Bienvenidos a Zombieland.
Columbus, un escuálido universitario con cara de pasar hambre (sexualmente hablando), ha logrado sobrevivir al Apocalipsis zombi gracias a una serie de reglas que cumple con exhaustivo rigor. En la secuencia inicial de Bienvenidos a Zombieland, la voz en off del propio Columbus nos informa de cuáles son las más importantes de dichas reglas, mientras en pantalla observamos las delirantes consecuencias que para algunas víctimas tiene el no seguir diligentemente las mismas. Una secuencia de apertura simplemente genial, extraordinaria, y que marcará, en cierto modo, el estilo y el tono de Bienvenidos a Zombieland.

La película de Ruben Fleischer, director de Zombieland, es pura diversión.
Humor, acción, romance juvenil y zombis (por este orden). Sin embargo tampoco hay que dejarse engañar. La historia que subyace en Bienvenidos a Zombieland no cuenta absolutamente nada que no conozcamos ya o que implique una mínima innovación dentro del subgénero zombi: una típica epopeya de cuatro supervivientes deambulando de un sitio a otro con la vaga esperanza de encontrar un paraíso libre de escoria zombi.

A partir de aquí cabe preguntarse por aquellos elementos que logran hacer de Bienvenidos a Zombieland un entretenimiento de primer orden y apto para prácticamente todos los públicos.
En primer lugar cabe destacar el diseño de los personajes. Especialmente la extraordinaria química que surge entre dos personajes tan antagónicos y contrapuestos como son el de Tallahassee (genial Woody Harrelson), un tipo duro, armado hasta los dientes, que lo ha perdido absolutamente todo (atención al juego de flashbacks que involucran al personaje) y que centra todos sus esfuerzos en destrozar cráneos de zombis y buscar, desesperadamente, una muestra intacta y no caducada de su bollito favorito; y el propio Columbus (Jesse Eisenberg), un tierno y solitario antihéroe que sobrevive gracias a su ingenio y a una visión ciertamente pragmática de lo que significa el apocalipsis zombi.
El encuentro y la posterior relación que surge entre ambos da pie a algunas de las situaciones y diálogos más divertidos, e incluso hilarantes, de Bienvenidos a Zombieland.

Por otro lado tenemos a Wichita (Emma Stone) y Little Rock (una Abigail Breslin a la que supongo que muchos recordaréis como la dulce protagonista de Little Miss Sunshine), dos pícaras hermanas que se las apañan perfectamente entre tanto devorador de carne humana y superviviente sin escrúpulos.

Wichita es también la encargada de aportar el elemento romántico a la historia, estableciéndose entre ella y Columbus una relación afectiva que nos deparará algunos de los momentos más intrascendentes y menos disfrutables de Bienvenidos a Zombieland. Supongo que es el precio que hay que pagar en pro de la comercialidad de la película, al menos en el sentido que suele entenderlo el cine norteamericano (y este mismo sentido cabría añadir el discurso sobre la família que también encierra Zombieland).

Otro de los aspectos a destacar en Bienvenidos a Zombieland es su acertadísimo empaque visual. Su excelente fotografía, la magnífica recreación de las calles de Los Ángeles devastadas a consecuencia del Apocalipsis, el fabuloso diseño de los zombis, la ejecución de las secuencias de acción, e incluso unos efectos gore que, sin perder de vista que estamos ante una comedia pretendidamente comercial (y no hay nada de despectivo en este último comentario), resultan absolutamente efectivos y lo suficientemente explícitos cómo para arrancar alguna que otra expresión de asco entre el público asistente (supongo que poco habituado a este tipo de producciones).

Y sin duda, el último aspecto que me gustaría mencionar es su frenético ritmo. Zombieland se sabe en todo momento conocedor de su estatus de honesto entretenimiento cuyo único objetivo es hacernos pasar unos ajustadísimos (y acertadísimos) 88 minutos de irresistible diversión; razón por la cual Fleischer tiene muy claro que el ritmo no puede decaer en ningún momento. A cada secuencia de acción le sigue un diálogo gracioso, a cada diálogo con gracia le sigue la irrupción repentina de un zombi hambriento, a cada zombi hambriento le sigue alguna divertidísima payasada de Tallahassee (Woody Harrelson), alguna ocurrencia de Columbus (Jesse Eisenberg), o incluso un jugoso cameo que no conviene desvelar; y así hasta llegar al final y darnos cuenta de que apenas ha habido espacio para que el aburrimiento asome su temida cabecita en Zombieland.

Para finalizar romperé una regla que me había interpuesto a mí mismo al hablar de comedias con zombis (el tercio final de Zombieland demuestra que es recomendable saltarse las reglas de vez en cuando). En muchos sitios se ha hablado de Bienvenidos a Zombieland como la alternativa Hollywoodiense a Zombies Party (Shaun of the Dead, 2004), la genial comedia británica dirigida por Edgar Wright. No es un comentario fuera de lugar. Al fin y al cabo Bienvenidos a Zombieland me parece la mejor comedia zombi norteamericana desde El Regreso de los Muertos Vivientes, así que hasta cierto punto es lógico que se la compare con la que, para muchos, es la mejor comedia zombi de la historia del subgénero. Así que para todos aquellos que queráis saber mi opinión al respecto, ahí va: Zombies Party / Shaun of the Dead sigue siendo, para un humilde servidor, la mejor comedia zombi de la historia del género.

Pero esto no significa, ni mucho menos, que Bienvenidos a Zombieland sea una comedia zombi de segunda fila… ni hablar. Bienvenidos a Zombieland es una gran película, un entretenimiento de primera, y una excelente comedia. Divertida de principio a fin, con algunos momentos que invitan a la carcajada, y con una acción y ritmo trepidantes que la convierten en un excelente espectáculo apto para todo tipo de público (no solamente el público devoto del cine de zombis).

Lo mejor: entretenimiento zombi de principio a fin.

Lo peor: el corto recorrido de la historia y ciertos mensajes que son prescindibles (amor juvenil, la importancia de la familia…).

Giallo

Amarillo Pálido

Giallo

Ver ficha completa

  • Título original: Giallo
  • Nacionalidad: Italia/USA | Año: 2009
  • Director: Dario Argento
  • Guión: Jim Agnev, Sean Keller, Dario Argento.
  • Intérpretes: Adrien Brody, Emanuel Seigner, Elsa Pataky.
  • Argumento: Cuando un asesino psicópata secuestra a Celine, su hermana Linda se alía con el comisario Enzo para intentar rescatarla...

40 |100

Estrellas: 2

Después de El Sídrome de Stendhal (1996), cada vez que Dario Argento se sitúa tras algún proyecto, siempre alguna voz clama: por fin, el regreso del auténtico Dario Argento. Exceptuando su versión de El Fantasma de la Ópera (1998) –esa no había por dónde cogerla-, esto ha sucedido con Insomnio (2001), en El Jugador (2004), los dos capítulos que dirigió para Masters of Horrors, La Terza Madre (Mother of Tears, 2007) y, ahora, en Giallo. Son demasiados títulos dudosos, ¿no?, y más teniendo en cuenta que, en la mayoría de ellos, la supuesta recuperación se basa en destellos brillantes aislados. A estas alturas, a alguien que nos ha entregado películas tan válidas y absorbentes como Inferno o Tenebre no se le exculpa por detalles: se le exigen, como mínimo.

Giallo arranca bien: dos chicas japonesas van a la ópera pero, como es su última noche en Turín y les aburre un poco la representación, deciden irse de juerga. En una discoteca, una de ellas conoce a un chico y la otra decide volverse al hotel. Para ello, pilla un taxi… y ese es el comienzo de su final. Es una escena bien narrada, con clase si me apuras, algo de lo que Argento no suele hacer gala demasiado a menudo. Así, mientras descubrimos que el conductor de ese vehículo no es, precisamente, un taxista, conocemos a Celine (Elsa Pataky) en mitad de un pase de modelos, y a su hermana Linda (Emmanuelle Seigner), que acaba de llegar a la ciudad y se va al piso de la primera a esperar a que termine el desfile.

Inevitablemente, sucede lo que tiene que pasar: Celine, para llegar antes a casa y que su Linda no pase demasiado tiempo sola, coge un taxi, ése taxi, y nunca llega al piso. A la mañana siguiente, Linda denuncia su desaparición y entra en contacto con el detective Enzo Avolfi (Adrien Brody), que lleva tiempo encerrado –literal y metafóricamente- en la investigación que concierne a las chicas guapas que, últimamente, aparecen brutalmente mutiladas en varios puntos de la ciudad. Entre los dos, se lanzan a una investigación contrarreloj para que el psicópata no acabe con Celine.

Y aquí, que estaremos rondando el minuto quince o veinte de la película, se estanca. Y no pasa nada más hasta el final. En serio, no exagero. Nada de lo que averiguan Linda y Enzo sirve, realmente, para nada –y con esto no estoy desvelando nada, lo nota el que ve la película. Más allá de otra cuestión, este es el principal problema que tiene Giallo. *En ocasiones anteriores, Dario Argento ha aprovechado esta nadería narrativa para adentrarse en el mundo escalofriante y fascinante de las pesadillas. Fue el caso de la mencionada Inferno, donde el argumento era una mera excusa para desarrollar fabulosos crímenes y enigmáticas escenas nocturnas embrujadas. O la archifamosa “Suspiria” donde el nivel del guión era reamente ínfimo, pero el potencial visual e imaginativo de Argento la hacía remontar el vuelo, convirtiéndola casi en el clásico de culto de su filmografía.

En Giallo, este vacío narrativo está aprovechado para adentrarse en un torture porn bastante light. Gran parte de la película es el asesino torturando primero a la chica japonesa y luego a Elsa Pataki. No es especialmente violento, ni chocante, ni nada de nada. Lo que este torturador hace son cosquillas preparatorias, si acaso, de lo que sucedía en los sótanos de la fábrica en Hostel, por no poner, ni siquiera, un ejemplo muy extremo. Y, ¡maldita sea, es Darío Argento!, el retorcido personaje que pegó alfileres con papel adhesivo en los ojos de Christina Marsillach en “Terror en la Ópera”, o que dejó que un perturabado Thomas Kretschmann besara a su hija Asia con una cuchilla en los labios en El Síndrome de Stendhal… sabe de torture porn, claro que sí.

Giallo es el primer guión que dirige no escrito por él mismo. Cuidado, que los escriba él no es sinónimo de calidad: tanto Insomnio como El Jugador son suyos, y son un desastre. De hecho, en los créditos finales se ve que el propio Argento ha colaborado en el mismo. Pero, ¿por qué embarcarse en esta historia cuando cualquiera se da cuenta de que algo no funciona en “Giallo”, ya sobre el guión?

En algún momento, parece empeñado en recordar formalmente sus giallos clásicos, quizás como homenaje a sí mismo y al título que tiene entre manos. Pero Giallo no es un giallo. No tengo ni la más remota idea de lo que define en concreto a este subgénero pero, desde luego, esta película no está dentro de él, y basta verla para darse cuenta. Elsa Pataki empieza bien: su personaje es una mujer guapa pero guerrera. Después, pierde toda entidad: está presa, no puede contraatacar y es una víctima más. Hay un momento en que se insinúa que ella puede llegar a manejar al psicópata sólo con la palabra, debido a la debilidad/predilección que éste siente por la belleza, pero es sólo un detalle que se deja pasar de largo. Emmanuelle Seigner es, con su perturbadora presencia, quizás lo mejor del film. Aunque su personaje prácticamente no exista, no tenga nada a lo que agarrarse para interpretarlo, su sola presencia lo justifica. Y Adrien Brody tiene personaje, tiene pasado, pero es víctima del desorden caótico y de otro de los males endémicos que aquejan a toda la película. Cuando nosotros llegamos, las cosas ya han pasado, y nos las cuentan. Y Adrien Brody se limita a contarnos su pasado, sin que haya una repercusión, un eco, una consecuencia determinante en esta investigación que está llevando a cabo, en su presente. Esto acentúa mucho más la sensación de que en Giallo no pasa nada.

El final ofrece, contra todo pronóstico, dos últimas escenas interesantes y que encierran parte de la poesía malsana de la que Argento ha hecho gala en otras –y pasadas- ocasiones. La última escena, que no cierra del todo la película, tiene ese algo, ese aroma de posiblidad, de puerta abierta, que a fin de cuentas es el suspense, que no tiene toda la película anterior, pese a ser una escena cerrada y pequeña. Y la penúltima, la última conversación que mantiene Brody y Seigner… me encanta: es dolorosa, poética y negramente romántica. A mí me gusta pensar que pequeñas perlas como ésta son las que realmente ha incorporado Argento al guión, y que en realidad el productor o los guionistas son los malos de todo este circo y le han obligado a hacer una película así para hundirle la carrera. Sería tan bonito…

Lo mejor: breves destellos... sniff.

Lo peor: la desgana y apatía que destila el resto de la cinta.

I Sell the Dead

El fatídico negocio de los muertos

I Sell the Dead

Ver ficha completa

  • Título original: I Sell the Dead
  • Nacionalidad: USA | Año: 2009
  • Director: Glenn McQuaid
  • Guión: Glenn McQuaid
  • Intérpretes: Dominic Monaghan, Ron Perlman, Larry Fessenden
  • Argumento: Dos pillos que malviven profanando tumbas, descubren que hay un tipo muy especial de muertos que pueden reportar mayores benficios a su negocio.

62 |100

Estrellas: 4

Viendo la película es fácil imaginarse lo mucho que llegó a disfrutar el irlandés Glenn McQuaid escribiendo, en primer lugar, y dirigiendo finalmente la comedia I Sell The Dead.
Es más, no tengo el placer de conocer personalmente al bueno de Glenn McQuaid, pero tras disfrutar de su segunda película como director (la primera se tituló The Resurrection Apprentice, 2005) podría apostar mi cuello (algo que encaja perfectamente con el espíritu de la película), a que es un enorme aficionado a la serie B terrorífica, a los monstruos de la Universal, a las maravillas de la Hammer, a los comics de la EC… en definitiva, y tal y como gritarían los entrañables seres deformes de La Parada de los Monstruos (Freaks, 1931): “uno de los nuestros”.

Ambientada en la segunda mitad del siglo XIX, I Sell The Dead (algo así como “Vendo la Muerte”) cuenta la historia de un par de delincuentes de baja estofa cuyo principal medio de subsistencia es la profanación de tumbas. Por desgracia para ellos viven a expensas de un médico que experimenta con los cadáveres y al que se ven obligados a vendérselos a un precio irrisorio, bajo amenaza de aquel de ser denunciados a la policía por sus actividades delictivas.

Una afortunada noche descubren que existe una clase muy especial de muertos que podrían aumentar considerablemente las expectativas de beneficios de su particular negocio.

A partir de una línea argumental tan sencillita como la que os acabo de describir, Glenn McQuaid se saca de la chistera una demencial mezcla de géneros repleta de guiños al aficionado al terror. Fantasmas, muertos vivientes, vampiros, mad-doctors, asesinos, cadáveres, tumbas… todos tienen su minuto de gloria en I Sell the Dead. Incluida una desternillante aparición especial susceptible de provocarle un intenso orgasmo al mismísimo Fox Mulder de Expediente X.

La vida de estos dos pillastres se cuenta a través de una serie de flashbacks que, en la mayoría de ocasiones, funcionan como historias totalmente independientes las unas de las otras, lo cual facilita enormemente a Glenn McQuaid la posibilidad de ir incluyendo toda una galería de variopintos personajes, extravagantes situaciones y elementos sobrenaturales que, en un estilo narrativo más lineal, difícilmente hubieran podido compartir un mismo espacio.

El resultado, en la práctica, es que asistimos a una experiencia muy similar a una antología de episodios (tomemos como referencia el Creepshow de George A. Romero) en el que el único punto de conexión entre las distintas historias es nuestra estrafalaria y torpe pareja de protagonistas.
Y como suele ocurrir en toda antología de episodios, en I Sell The Dead conviven momentos de un más que satisfactorio sentido del humor (ver la divertidísima secuencia del vampiro o la reacción de un zombi al contemplar la cara desfigurada de un miembro de la banda rival), junto a otros mucho menos inspirados, carentes de sofisticación, y en los que el exceso de diálogos intrascendentes y sin gracia logran despistar al espectador al tiempo que suponen un duro lastre para el ritmo de la película.

Pero si como comedia I Sell The Dead resulta tremendamente irregular y echamos decididamente en falta un puntito extra de locura y gamberrismo; como ejercicio formal y de estilo la película de Glenn McQuaid no tiene desperdicio alguno. Pese a contar con un presupuesto de guerrilla, I Sell the Dead hace gala de una excelente ambientación que nos transporta, sin aparente esfuerzo, a las añejas, góticas, coloristas y deliciosas piezas de la Hammer británica. E incluso cuando la película, en su recta final, nos transporta a una isla abandonada de largas palmeras y arenas blancas, tenemos la firme impresión de haber cruzado el umbral de la Isla del Tesoro de Stevenson y asistir a un delirante espectáculo de aventuras, piratas y tesoros ocultos (aunque en esta ocasión el tesoro oculto tenga los rasgos de un par de estúpidos muertos vivientes). En este sentido, la labor de Glenn McQuaid resulta impecable.

De la misma manera que también resulta sobresaliente el esfuerzo de todos los actores que forman parte del elenco de I Sell The Dead, desde la imponente presencia del siempre resolutivo Ron Perlman (Hellboy, 2004), pasando por las divertidas y revitalizantes interpretaciones del dúo protagonista, Dominic Monaghan (El Señor de los Anillos, 2001) y Larry Fessender (The Last Winter, 2006), y culminando con la enigmática y disfrutable participación de Angus Scrimm, al que los más viejos del lugar recordamos como el mítico Hombre Alto de la saga Phantasma.

No es una película para reír a mandíbula batiente ni tampoco creo que vaya a pasar a la historia como una de las mejores mezclas de comedia y horror. Pero tan sólo por recompensar la desfachatez y el atrevimiento mostrados por Glenn McQuaid al reunir en una película de época tal cantidad de monstruos y elementos sobrenaturales, sin que el experimento nunca llegue a descarrilar, y logrando que la cosa tenga su gracia en determinados momentos, vale la pena darle una oportunidad a este I Sell the Dead.

Una comedia simpática, amena, perfectamente ambientada, con grandes interpretaciones, alguna que otra sorpresa y, en definitiva, un ligero soplo de aire fresco para todos aquellos que deseéis descansar, durante unos instantes, de tanta sangre, tripas y horror.

Lo mejor: La acertada mezcla de subgéneros, monstruos y elementos sobrenaturales. Determinadas secuencias realmente graciosas.

Lo peor: Determinados momentos lastrados por el exceso de diálogos que no acaban de funcionar.

¿Dónde conseguirla?
Gore Nation: “I Sell the Dead” en VOSE.

Triloquist

Un muñeco y dos peleles

Triloquist

Ver ficha completa

  • Título original: Triloquist
  • Nacionalidad: USA | Año: 2008
  • Director: Mark Jones
  • Guión: Mark Jones
  • Intérpretes: Rocky Marquette, Paydin LoPachin, Katie Chonacas
  • Argumento: Una pareja de hermanos, totalmente disfuncionales, viaja por los EEUU con un muñeco más desequilibrado que ellos.

35 |100

Estrellas: 2

Corre el año 1993 en California, una decadente artista se mete el último chute de su vida. Sobredosis, salida digna al hundimiento por no poder pagar el alquiler del cuchitril donde vive, con sus dos hijos Angeline y Norbert, y ver en el retrete su carrera como ventrílocua, en un mundo que se burla de ella. En un cuartucho con olor a sudor, heroína y muerte, comienza la vida real para los dos hermanos y el espantoso muñeco de madera, con el que sus padres obtuvieron, una vez, fama y gloria.

De casa en casa de acogida, los dos muchachos son maltratados, repudiados y odiados. En todos sus hogares temporales se ven acompañados por Dummy, el muñeco vestido de vaquero, que observa el crecimiento de sus dueños rodeados por la degeneración y la miseria: Angelina se convierte en una guapa jovencita, de diecisiete años, adicta al alcohol, psicótica, violenta, mentirosa y adicta al sexo (ella recuerda con especial cariño las violaciones a las que le sometía su tío). Norbert, por otro lado, autista y totalmente ido se convierte en un clon del muñeco, vistiendo como el mismo. Un vaquero mudo portando a un muñeco pequeño y clónico, incapaz de expresarse más que a través de la ventriloquia.

Pronto, sus cerebros llegan al punto de ebullición. Y Dummy se convierte en el instrumento perfecto para descargar la ira de Angeline. Niños muertos, policías muertos, todos muertos a manos de un muñeco que parece tener una vida propia ligada mágicamente a la de sus dueños.
Angeline piensa que en Las Vegas pueden tener su oportunidad para encajar. Su hermano Norbert es el mayor ventrílocuo de todos los tiempos y sabe que en la ciudad que nunca duerme, podrán encontrar su espectáculo y con el, sus sueños.
El hecho que de camino haya robo, prostitución, incesto y muerte una y otra vez; solo supone más encanto para su viaje. Pero la rubia Angeline se da cuenta de que les falta algo. ¡Claro! Un descendiente para que pueda continuar el legado artístico de su familia. ¿Y existe alguna forma mejor para dar continuación a su saga, qué raptar a una jovencita para qué su hermano la deje preñada, tras violarla, y continuar así su mágico camino hacía Las Vegas? Dummy no está muy convencido con el plan pero al fin y al cabo solo es un muñeco y no puede hacer nada.

Este guión absurdo, bizarro, mediocre y pretendidamente divertido, es lo que nos regala Mark Jones en su última película, una supuesta comedia de horror llamada Triloquist y distribuida, con un par de narices, por Dimension Extreme. Mark Jones se encarga de escribir, producir y dirigir este largometraje directo a DVD; después de estar detrás de toda una saga de lo descacharre y absurdo, como era Leprachaun. También tuvo, hace más de diez años, la idea de rodar un bodrio bastante infumable (y de argumento paralelo a Leprachaun) llamado Rumpelstilskin. Es cierto que nuestro director no puede presumir de un gran currículo; pero yo me divertí bastante, en su momento, viendo como Jennifer Aniston era acosada por un duende irlandés interpretado (¿?) por el entrañable Warwick Davis. Esos chillidos nerviosos de “¡Quiero mi oro! ¡Mi oro!”, son un clásico chascarrillo de borrachos entre mis amigos. Entonces, ¿qué nos depara ahora esta mezcla imposible de road-movie, psychokillers, muñecos asesinos y explotation burda?

Interludio sobre los efectos del ácido
El LSD ó ácido lisérgico es un compuesto semisintético famoso por sus efectos alucinógenos, que incluyen leves alucinaciones sensoriales, así como alteraciones en la percepción general y, especialmente, de la temporal. Para que me entendáis, es lo más parecido a tener, despierto, una pesadilla provocada por un empacho ó un bonito sueño húmedo (depende de la persona y la noche).

En mi opinión, Mark Jones, intenta dar un discurso sobre la locura y la mente de un psicópata desde una perspectiva interior y amoral (Vease Asesinos Natos). Usa, como puede, elementos grotescos y desconcertantes, desde perspectivas retorcidas hasta fundidos propios de los dibujos de Bugs Bunny. Y estoy siendo benevolente en mi opinión, porque la película no se si me ha gustado, ni si quiera si me ha divertido; pero la verdad: ó pienso que era un experimento de su creador ó directamente digo que todo este tinglado ha sido montado por personas bajo los efectos del LSD (por ello creía didáctica la nota sobre el ácido).

Qué despropósito, qué actuaciones, qué efectos de sonido (lo peor que he escuchado en bastante tiempo), qué edición, qué planificación. A ratos, de lo mala que es, incluso quiere intentar seducirte. Ver a uno de los muñecotes más feos de la historia del cine (lo único que está diseñado dignamente) involucrado en unos diálogos que saltan de lo vergonzoso a lo absurdo en cuestión de milisegundos; pues tiene “su aquel”. Aunque no os preocupéis, cuando os sintáis minimamente interesados, lo cutre de lo que veis en pantalla os llevará a tierra firme.
Me niego en rotundo, a realizar dobles lecturas; por muy buena intención que tuviese su director, todas las escenas carecen de un mínimo de elegancia. No pretendería retratar la locura con bailes a cámara rápida, ¿verdad? Ni siquiera se salvan los típicos desnudos gratuitos ni los chistes sexuales.
Tanto Paydin LoPachin (Angeline) como Rocky Marquette (Norbert), dan autentica grima; siendo los actores pilares de esta producción. Mientras la primera tenía que hacer de psicópata sexy y acaba pareciendo una niña de berrinche, el otro solo tenía que hacer de autista y acaba pareciendo directamente imbécil. A lo mejor no he sabido ver la parte de comedia de la película, pero es que estaba todo tan fuera de contexto que no podía dejar de preguntarme que veían mis ojos. Especialmente hiriente el uso del blanco y negro de forma puntual que solo aportaba más odio hacía los efectismos de todo a cien por parte de Mr. Jones. Es que fijaos, ni funciona como road-movie, yo no tuve en ningún momento la sensación de que los personajes viajasen ni real ni moralmente; simplemente rellenaban los planos.

Con todo lo dicho, no creo que sea una película recomendable. Pero todos tenemos el día tonto en que nos apetece ver algo casposo y difícil de creer. Insisto, aún no entiendo la sensación que me ha dejado en el cuerpo Triloquist (y por eso aun salva su nota ligeramente) pero no quiero ver nada nuevo de este director hasta dentro de cuatro años. Sé que la película deseaba mostrar un mundo muy particular y delirante, pero yo me quedo con la sensación de poco oficio y mucho LSD.

Y no os dejéis llevar porque sea una distribución de Dimension Extreme; esto esta a años luz de un Feast ó un Automaton Transfusión.

Lo mejor: En algún momento puede hacernos dudar de lo que contenía nuestra bebida.

Lo peor: El desproposito a nivel general.

Halloween II

More Human Than Human

Halloween 2

Ver ficha completa

  • Título original: Halloween II
  • Nacionalidad: USA | Año: 2009
  • Director: Rob Zombie
  • Guión: Rob Zombie
  • Intérpretes: Scout Taylor-Compton,Tyler Mane,Malcom Macdowel
  • Argumento: Un día después de la masacre de Haddonfield, Michael Myers vuelve a sembrar el pánico entre sus habitantes... dos años depués, Laurie Strode tendrá que volver a pasar por el infierno de la noche de Halloween.

89 |100

Estrellas: 5

Antes de nada me gustaría puntualizar algo en esta reseña para que nadie se sienta engañado: Probablemente sea la reseña más terroríficamente subjetiva que he escrito nunca.
Soy una absoluta fan/seguidora/admiradora (como lo queráis llamar) de Rob Zombie desde los tiempos de La Sexorcisto con White Zombie. Sus ideas en lo relativo al terror coinciden mucho con mis ideas de terror, así que cuando debutó con The House of 1000 corpses, para mí fue una satisfacción memorable (recuerdo estar en el cine pensando “por favor que no se acabe, que no acabe nunca…”). Su estilo de hacer cine me apasiona, es un largo videoclip de sangre que visualmente me atrae irremediablemente.

Puntualizo ésto porque, como comprendereis, iba muy predispuesta a que Halloween II terminara gustándome mucho (máxime cuando Halloween El origen me encantó) y ser objetiva se me antoja una ardua tarea, sobre todo cuando valoramos si una película simplemente nos ha gustado o no, en cuestión de gustos personales, la objetividad creo que es un antónimo, por lo que permitidme que de mi opinión basándome en mi gusto.

ADVERTENCIA: POSIBLES SPOILERS EN EL DESARROLLO.

¿Es Halloween II una buena película? Definitivamente SI, ¿Es Halloween II una buena secuela? Pues la respuesta tiene matices: si entendemos por secuela la continuación de la revisión del Halloween que hizo Rob Zombie, la respuesta vuelve a ser SI. Si con secuela nos referimos a una continuación de la saga Halloween tal y como la conocíamos hasta ahora, la respuesta me temo que es NO.

Desarrollemos esto y vayamos por partes: los primeros 20 minutos de la película muestran una acción trepidante, las muertes no dan respiro, los movimientos de cámara son tan violentos que provocan taquicardia; todo esto unido a la excelentemente escogida banda sonora para tamaña brutalidad (escuchar “Nights in White Satin “ de The Moody Blues y ver lo que vemos, es escalofriante) hacen que estos 20 minutos sean el presagio de algo muy, muy bueno.

En estos 20 primeros minutos reconocemos al Michael Myers de siempre: brutal y directo, el Myers que no deja que nada se interponga en su camino.
A partir de aquí la historia cambia. Rob Zombie reinventa a Michael Myers como un particular Dr. Frankestein que da vida a un personaje que por desgaste comenzó a estar muerto hace años. Y es a partir de este momento cuando entramos en el Universo Zombie puro y duro y lo que está claro es que, o entras, o definitivamente te quedas fuera.

Si me lo permitís voy a desgranar los elementos que pueden ser incómodos en esta 2ª parte, por los que los más puristas, los más fervientes seguidores de la saga Halloween, la podéis calificar de despropósito:

MICHAEL MYERS: Muestra su cara en multitud de secuencias y lo hace de manera reveladora porque sus ojos son fríos y su expresión dura (incluso su barba y su pelo nos recuerda al director), le oimos gruñir, incluso pronuncia una palabra (hasta ahora jamás habíamos oido su voz adulta), ya no sólo respira, ahora gruñe con saña cuando apuñala, le vemos comer y comprobamos que tiene unos recuerdos que irrevocablemente le empujan a intentar “reunir” a la familia, por lo que de una forma sibilina muestra que posee “sentimientos”. En estos recuerdos las visiones de su madre y su yo infantil juegan un importante papel para el desarrollo del film.
La máscara de Myers deja de ser la impoluta máscara blanca (su símbolo) para ser un perfecto reflejo del paso de dos años vagabundeando, sobreviviendo y buscándose a sí mismo en un sádico y tortuoso camino de vuelta a casa.

En definitiva, lo que hace Rob Zombie es humanizar al monstruo.
Los detractores de esta película pensarán que ésto es una blasfemia, ya que el epicentro de Halloween es la ausencia de cualquier rasgo humano en Michael Myers, por eso es importante dejarnos llevar por la película, hay que fluir con ella y comenzar a verla con ojos vírgenes.

LAURIE STRODE: Halloween II muestra a una Laurie absolutamente devastada emocionalmente, una Laurie que hace equilibrios entre la cordura y la absoluta locura, una autodestructiva Laurie que no se ha repuesto en absoluto de su primer encuentro con Myers en la noche de Halloween.
La dulce Laurie es ahora un ser totalmente roto, un alma perdida que tendrá un papel clave en el desenlace. Adquiere un rol desgarrado en un devenir de ensoñaciones y realidad difícil de disitinguir, incluso se muestra una clara conexion psíquica con su hermano Michael. Un papel importantísmo para hacernos especular…

DEBORAH MYERS: Las apariciones de la madre de Michael son básicas para entender su evolución y su brutalidad.
Mamá Myers aparece como un recuerdo, una visión o una imagen evanescente, casi siempre al lado de Michael Myers niño, al que protege, al que instruye, al que alecciona, al que ama… con el que tiene una conexión más allá de la muerte. Una conexión que revela la materialización de la psicosis, el desesperado intento de Myers para ser “humano”.
Revelador también, junto con el simbolismo que desprende Deborah Myers, es el simbolismo del caballo blanco con el que aparece constantemente. Por un lado, según explica el incio de la película, se trata de la libertad para liberar las fuerzas emocionales del subconsciente y por otro, según el simbolismo Cristiano es el caballo de los cuatro jinetes del Apocalisis que simboliza y trae la muerte… Y eso es lo que hace Rob Zombie, utilizar los simbolismos para que comprendamos algo de Michael Myers.

Se ha criticado mucho la aparición de Sheri Moon Zombie en esta segunda parte. Se ha dicho que su presencia está metida con calzador, pero entendiendo e interpretando el universo Zombie creo que la presencia de Sheri es obligatoria, y lo es por dos moitivos: el primero porque entendemos la fijación de Michel con Laurie, Haddonfiled y todo lo que rodea a lo que él una vez fue de niño, y la segunda porque siempre es una alegria para la vista ver a esta hermosa mujer (os aseguro que las apariciones de Sheri están filmadas con un estilo impecable y son de una belleza sobrecogedora).

SAMUEL LOOMIS: Quizás es el elemento más dificil de encajar en este enrevesado puzzle.
Desde mi punto de vista, es el personaje que más se aleja de lo que todos tenemos en mente cuando pensamos en la famosa saga. Personalmente no me cuadró mucho y lo odié de principio a fin.
Del protector Loomis lo único que queda es su nombre. Ahora es un ser mezquino y egocéntrico que ha convertido su vida en un circo. Halloween II muestra a un Sam Loomis que se ha lucrado lo que ha podido con las desgracias y los asesinatos de Michael Myers. Es un afamado escritor y conferenciante que con su libro “The Devil Walks among us” ha conseguido reputación y fama con la que acude a talk shows y que sólo se preocupa por su imagen. Realmente alguien odioso y odiado que no se salva ni en su inútil esfuerzo por cumplir su penitencia final.
Supongo que lo que Zombie quería era que le vieramos como el gran defensor de Myers, sin embargo, dibuja un personaje tan repelente que no sale bien parado en esta jugada.

ESTILO: El estilo es facilmente reconocible para los que ya hayais visto alguna de las otras películas del Sr. Zombie, pero me gustaría remarcar los movimientos rápidos o ralentizados que se efectúan en el momento preciso. Unos movimientos que otorgan al visionado el realismo necesario para involucrarnos totalmente en la historia. Mención especial para el moviemiento tipo foto (supongo que tendrá un nombre específico, pero lo desconozco) que se produce en la escena final y que produce un efecto similiar a como si estuvieran disparando al espectador.

La sangre es made in Rob Zombie. Cuando hay muertes son a lo grande. El maquillaje es satisfactorio al 100%, la hemoglobina fluye a borbotones y Zombie no se corta al mostrar las atrocidades del terrorífico Myers.

FINAL: Por supuesto no lo voy a destripar aquí (aunque me gustaría…), pero es en el final donde radica el elemento original por antonomasia. Después de ver el final (y me refiero a la Director´s Cut Version), es inevitable formularse algunas preguntas. En este final abierto, se me ocurren varias explicaciones posibles, y la pregunta es la misma que me hice cuando terminé de leer “American Psycho”… ( a lo mejor le busco los tres pies al gato, pero la imaginación empezó a trabajar al terminar de ver la película).
El final ,embriagado por el tema Love Hurts de Nazareth (que ya aparecó en Halloween. El Origen) versión Nan Vernon, simplemente pone los pelos de punta.

CONCLUSIÓN: película altamente recomendable y disfrutable si te olvidas del mito de Halloween, si te dejas llevar, si buscas rizar el rizo, si no te importa que Michael Myers ya no sea el Michael Myers que identificamos, que conocemos, si simplemente te preparas para ver casi dos horas de una excelente película.
Si por el contrario no te gusta el estilo de Rob Zombie y no crees que haya necesidad de reinventar el mito, puede ser que Halloween II te dé una patada en el estómago.

De igual manera creo que hay que verla para entenderla. Que no te la cuenten, descúbrela por tí mismo/a.
Un buen amigo me dijo que yo tenía Rob Zombitis, pero me temo que lo que él no sabía es que es una afección ya crónica. Espero haber propagado un poco el virus entre las almas oscuras que por aquí moran…

Lo mejor: La nueva vuelta de tuerca de los personajes, la originalidad, la gráfica violencia y las escenas oníricas, y que Rob Zombie se consagra como un director con un estilo claramente identificable.

Lo peor: Samuel Loomis, en esta película, no aporta demasiado (podrían haber prescindido de él y "Halloween II" seguría siendo exactamente igual) y que si no conectas con la propuesta de Rob Zombie te parecerá una auténtica locura.

Mutants

Zombies sin corazón

Mutants

Ver ficha completa

  • Título original: Mutants
  • Nacionalidad: Francia | Año: 2009
  • Director: David Morlet
  • Guión: David Morlet y Jean Paul Desanges
  • Intérpretes: Helene de Fougerolles, Francis Renaud
  • Argumento: Un virus está convirtiendo a los humanos en mutantes y el único lugar seguro es un refugio con el que sólo se puede contactar por radio y al que se dirigen Sonia y Marco. Pero, a mitad de camino, Marco es herido en un tiroteo.

60 |100

Estrellas: 3

Mutants arranca con una joven pareja formada por Sonia (Helene de Fougerolles) y Marco (Francis Renaud), que viaja en una ambulancia en busca de la base militar Noé, una de las pocas zonas seguras para los humanos en un mundo víctima de un virus que nos convierte en mutantes sedientos de sangre. Pero la pareja tiene un altercado en una gasolinera y Marco resulta herido de bala. Su estado es grave y la ambulancia comienza a quedarse sin gasolina, así que Sonia se detiene en un gran edificio abandonado en la montaña, aparentemente un colegio o un hospital. Allí, descubrirá que puede ser que el virus haya infectado a Marco a través de su herida, pues no es necesario el contacto directo con un mutante para contraerlo.

A partir de este momento, la película cambia. Mutants empieza a centrarse en la historia de amor de esta pareja, y aquí nos topamos con el primer gran problema de la cinta: nos muestra una historia de amor, pero sin contarnos cómo es la relación entre ambos. Parece como si no se hubieran parado a pensar en ella. Simplemente, han decidido que Sonia y Marco se quieren, y punto, y el espectador se lo tiene que creer. Pero es un acto de fe: realmente, nunca sabemos por qué se quieren, qué les une, cómo son sus caracteres o en qué punto estaban de su relación cuando estalló la pandemia. Sonia y Marco se dicen “te quiero” muchas veces, pero nosotros nunca sentimos ese amor. Puede parecer una estupidez, pero este sentimiento, esta relación, es lo que vertebra toda la cinta, lo que motiva las decisiones de ambos personajes, y al no vérselo de ninguna manera, al no desprenderse de sus conversaciones o momentos conjuntos, deja bastante desestructurado el material. Lo que sucede entre ellos dos, las medidas que adoptan ante su situación… en resumen, cómo actúan, no se sitúan, por tanto, en el terreno de lo lógico o de lo comprensible porque falta una base sólida, así que acaba en el de lo caprichoso y arbitrario; o sea, en lo que les conviene que suceda al director y al guionista para que siga avanzando la trama.

Como si fueran conscientes de este vacío emocional, dotan al personaje femenino de una peculiaridad que la lleva a pensar que puede salvar a Marco de la infección. Este es, quizás, el tema más interesante de la película, situándose en el terreno de The Fly, de David Cronenberg, o Bug, de William Friedkin. Marco comienza a sufrir un proceso degenerativo doloroso para él y para ella que, con los escasos medios a su alcance, intenta curarle.

En Mutants, tardamos bastantes minutos en encontrarnos un zombi; de hecho, en el prólogo, los que aparecen están desenfocados y, posteriormente, sólo se les oye, no se les ve. Quitando toda esta parte, y situándonos en el punto en el que Sonia y Marco se refugian en este edficio abandonado, se diría que a dónde quieren llegar David Morlet y Jean Paul Desanges es a este punto, en el que una pareja aislada comienza a degradarse por culpa del virus. Pero lo cierto es que dicha situación, a priori interesante y buen caldo de cultivo, no lleva a ningún sitio. No está desarrollada, emocionalmente no conmueve, no es escalofriante. En The Fly entendemos que el personaje de Geena Davis pase del amor a la piedad por Jeff Goldblum, conforme avanza su degeneración, porque entendemos que ella le admira; igualmente, cuando él comienza a perder el control y se vuelve violento, sufrimos por las dos partes: porque ella le quiere pero comprende que si sigue a su lado puede morir; y por la de él, porque sabe que puede hacerle daño pero no puede evitarlo. Aquí se intenta reproducir una situación similar, pero no se consigue porque la relación entre los dos personajes es tan débil que el conflicto hace aguas –en más de un momento, no se entiende bien que ella no se largue de una vez y deje a Marco y, por si algún espectador se lo plantea, se dota al personaje de Sonia de una segunda peculiaridad que la vincula, irremediablemente, con él. Además, se intenta potenciar la situación con el diálogo: se sustituyen los vacíos “te quiero” por los vacíos “no puedo evitarlo, lo siento”.

La película entra en una nueva fase con la aparición de algunos nuevos personajes que no eran necesarios pero que, descaradamente, van preparando el clímax. De repente, se abandona la historia de amor de la pareja y volvemos a la parte que habíamos dejado de lado cuando éstos llegaron a su refugio: la película de zombis clásica. Se diría que, por un lado, eran conscientes de tener un enfoque relativamente original –peli de plaga de zombis en la que sólo hay un zombi- y, por otro, la voluntad de ofrecer la historia de siempre –grupo de personas asediadas por los no muertos-, y en vez de decantarse por una u otra, han querido hacer las dos, sin explorar bien ninguna. Así, el epílogo y el final son de una película, y el tramo central de otra. La más interesante desde mi punto de vista está sólo planteada, y la más convencional está más conseguida, pero no ofrece nada que no hayamos visto anteriormente. No hay ninguna escena destacable, ningún momento de suspense especialmente escalofriante, ni acción especialmente bien orquestada. Eso no significa que esté mal lo que ofrece, Mutants no es una película aburrida ni cutre ni nada por el estilo. La factura técnica es correctísima. El maquillaje de los mutantes es sencillo y atractivo. Fotografía y música son, igualmente, eficaces. Por tanto, Mutants no defraudará a quien no le importe volver a ver 28 días después o Rec. La pregunta es la misma que mucha gente se hace con, por ejemplo, los remakes de la factoría Michael Bay: por qué volver a hacer otra vez una película que ya está hecha.

Lo mejor: La cuidada fatura técnica.

Lo peor: El material desaprovechado.

¿Dónde conseguirla?
Gore Nation: “Mutants” en VOSE.

Hanger

La penúltima perversión de Ryan Nicholson

Hanger

Ver ficha completa

  • Título original: Hanger
  • Nacionalidad: USA | Año: 2009
  • Director: Ryan Nicholson
  • Guión: Ryan Nicholson
  • Intérpretes: Dan Ellis, Nathan Dashwood, Debbie Rochon
  • Argumento: Tras cumplir 18 años y en compañía de The John, su presunto padre, Hanger está dispuesto a vengarse del proxeneta que asesinó a su madre, obligándola a abortar con la ayuda de una afilada percha.

29 |100

Estrellas: 2

Me gustaría dedicarle la reseña al amigo Carde, que sé que estaba esperándola. Saludos Carde.

Hay algo que no acaba de funcionar entre Ryan Nicholson, director de Hanger, y un servidor. Estoy casi seguro de que no es problema del “guarrete” de Ryan (espero que no se moleste por llamarle “guarrete”. Está dicho desde el cariño. Y a fin de cuentas a un tipo que ha arrojado tanta inmundicia sobre la pantalla de mi televisor, el apelativo más suave que se me ocurre dedicarle es el de “guarrete”). Creo sinceramente que Ryan Nicholson es un muchacho honesto. Tiene muy clara su idea de lo que debe ser el cine (un enorme container de basura en el que verter cuanta más mierda mejor) y, sencillamente, la lleva a cabo hasta sus últimas consecuencias.

Hanger nace prematuramente cuando Leroy, un psicópata proxeneta, obliga a Rose, su madre, una desdichada prostituta a la que nadie quiere follarse a causa de su enorme barriga, a abortar de manera digamos “poco higiénica” y con una afilada percha de por medio.

Al cumplir 18 años y tras ser criado en las calles por un homeless que le recogió del vertedero siendo un bebé, Hanger es entregado a The John, un tipo realmente duro que antaño estuvo enamorado de su madre y que, presumiblemente, es su verdadero padre. Juntos iniciarán una escalada de violencia con el objetivo de vengarse de Leroy.

Debería gustarme. Sé que debería gustarme. Si alguien me hablara de un tipo que se dedica a agarrar una cámara de cine con la única pretensión de poner en imágenes toda la mugre, la roña, la desviación, la perversión y la enfermedad que se esconde tras su mente, saltándose a la torera todos los límites morales, estéticos y de buen gusto que podamos imaginar; muy probablemente mi reacción sería del tipo: “Perfecto… quiero conocer a ese tipo. Quiero ver sus películas. Me gustaría saber hasta dónde es capaz de llegar…”.

Porque en realidad da la sensación de que Ryan Nicholson ha llegado a un punto en el que, lo único que parece motivarle, es superarse a sí mismo en cuanto a los niveles de putrefacción y pestilencia que desprende su cine. Y ahí es donde radica, precisamente, esa honestidad de la que os hablaba al principio. Para superarse a sí mismo Ryan no dudará en quemarte las pelotas, meterte un bolo por el culo, o adornar tu taza de té con un condimente muy especial (algo que podréis ver en Hanger y que resulta, sencillamente, repugnante).

Pero entonces, ¿por qué me ha resultado tan decepcionante una película como Hanger? Es sucia, depravada, enfermiza, de un rotundo mal gusto… Tiene un buen número de escenas de esas que es necesario ver un par de veces para acabar creyéndotelas (ver la secuencia del aborto). Y sin embargo mi sensación final fue muy similar a la que tuve tras el visionado de Gutterballs: aquí hay algo que no funciona.

Rodada con una acuciante escasez de medios y con una estética cercana al underground, Hanger se nutre de una cuadrilla de personajes indeseables (caracterizados con deformes máscaras de látex. A destacar la presencia de un chino consumidor compulsivo de cerveza, pornografía y fetichista de cierto complemento femenino que no pienso desvelaros), diálogos a cual más ofensivo, unas gotas de sexo guarro y, sobre todo, de esos tour de forces que son todo un homenaje a la decadencia y al mal gusto.

El gran problema de Hanger es que, vista como un todo, como un conjunto, resulta, en muchos momentos, tediosa y cansina. Es obvio que Ryan Nicholson empuja tanto a la historia, como a los personajes y los diálogos, hacia los límites de la estupidez más absoluta. La clave está en dilucidar si se trata de ese tipo de estupidez susceptible de resultar graciosa y entretenida (ver Black Devil Doll) o si, por el contrario, se trata de ese otro tipo de estupidez que no tiene ni puñetera gracia.
Por supuesto la respuesta será siempre subjetiva. Personalmente me decanto por la segunda opción: los excesos de Hanger, no me hicieron gracia.

El patetismo de todas y cada una de las situaciones que se describen en la película, unido a la escasa simpatía que despiertan todos sus protagonistas (desafortunadísimo el personaje de Hanger, que se limita a pasearse por la película con la capucha puesta y a enseñar su fea cara de vez en cuando), provocaron que la película no alcanzara en ningún momento ese puntito de interés o de atractivo que lograra engancharme a su trama.

Al contemplar la obra perpetrada por Ryan Nicholson no puedo evitar el recuerdo de las viejas producciones de la troma (atención, Lloyd Kaufman, principal cabeza visible de la Troma, tiene un pequeño cameo al inicio de Hanger), o de títulos del calibre de Street Trash o Slime City Massacre (Despedezator, 1988), películas todas ellas que, en muchas ocasiones, también constituían un auténtico tributo a la cutrez, el asco y el mal gusto, y con las que gocé buena parte de mi “extraña” adolescencia. Hanger consiguió rememorarme aquel tipo de cine que perseguía con ahínco en los rincones más oscuros y corrompidos del video-club…; el problema es que, con Hanger, la diversión experimentada con aquellas viejas películas desaparece sin dejar rastro, se esfuma (es muy probable que, en realidad, el que se está haciendo viejo sea un servidor).

Con todo esto supongo que ya habréis adivinado que Hanger no me gustó. No pude o no supe disfrutarla. Sin embargo, y tal como hice en su momento con Gutterballs, sí voy a recomendarla a todos aquellos aficionados que se sientan capaces de apreciar un producto grotesco y alejado de las normas convencionales del cine, cercano al underground, que hace de la degradación, la grima y la arcada sus principales señas de identidad. Ryan Nicholson intentará provocaros con su cine; si lo consigue y entráis en su juego, seguramente Ryan Nicholson será vuestro hombre.
Personalmente he visto dos de sus películas, y ninguna de ellas me ha convencido. Pero me conozco, y sé perfectamente que la próxima vez que lea “Ryan Nicholson se supera a sí mismo en su nueva película”, acabaré cayendo en la tentación (¿falta de buen juicio por mi parte? ¿o simple estupidez?).
Definitivamente hay algo que no acaba de funcionar entre Ryan Nicholson y un servidor, pero eso no significa que no siga intentando sacar a flote esta maravillosa/desastrosa relación de amor/odio que nos une.

Lo mejor: Lo de siempre, algunas escenas ni siquiera acabas de creértelas.

Lo peor: El conjunto de la película resulta aburrido y carente de interés.

No morire sola

La versión argentina del rape & revenge

No moriré sola

Ver ficha completa

  • Título original: No moriré sola
  • Nacionalidad: Argentina | Año: 2008
  • Director: Adrián García Bogliano
  • Guión: Adrián García Bogliano y Ramiro García Bogliano
  • Intérpretes: Marisol Tur, Gimena Besa, Andrea Duarte
  • Argumento: Cuatro chicas, de regreso a su pueblo natal, presencian en la un crimen que involucra a un grupo de lo que parecen ser cazadores furtivos. Tras ser sometidas y humilladas, clamarán venganza.

57 |100

Estrellas: 3

El argentino Adrián García Bogliano, tras sorprendernos gratamente a muchos con Habitaciones para Turistas, un sugerente retroslasher de ínfimo presupuesto pero excelentes maneras, vuelve a las andadas con su última película, No moriré sola, título plenamente adscrito al rape & revenge (violación y venganza), subgénero exploit que causó furor en la Norteamérica de los 70.

Cuatro jóvenes amigas emprenden una travesía por carreteras secundarias. Durante una aparentemente tranquila jornada de viaje encuentran tirada en la cuneta el cuerpo moribundo de una muchacha, con su vestido empapado en sangre.

Tras una breve deliberación, las cuatro amigas deciden subirla al auto y llevarla hasta la comisaría de policía más cercana. Una de las cuatro amigas identifica a lo que parece ser un grupo de cazadores furtivos muy cerca del lugar donde encontraron a la chica herida.

No Moriré Sola sigue, al pie de la letra, los esquemas más básicos y rígidos del rape & revenge, a través de un desarrollo que es un fiel reflejo de lo ofrecido por películas exponentes del subgénero como son La Última Casa a la Izquierda (Last House of the Left, 1972) o La Violencia del Sexo (I Spit on your Grave, 1978).

Degradación sexual, violencia, venganza y muerte en dos únicos actos.
Un primer acto que nos muestra la aniquilación de todo aquello que resulte bello, inocente, virginal, puro… En el caso que nos ocupa, cuatro inocentes jovencitas expuestas a una irascible combinación de sexo enfermizo y violencia gráfica.

Un segundo acto en el que los papeles se invierten. Cazadores cazados. Agresores que pasan a ser víctimas, y víctimas que emprenden una travesía de sangre y muerte empujadas por una irrefrenable sed de venganza.

Este vendría a ser el esquema básico de todo buen rape & revenge. Y esto es también todo lo que está dispuesta a ofrecernos una película como No Moriré Sola. Ni más, ni menos.

Llegados a este punto lo único que nos queda es analizar los méritos propios de la película de Adrián García Bogliano, más allá de la constatación de que cualquier aficionado que conozca mínimamente el subgénero sabrá perfectamente lo que le deparará No Moriré Sola incluso antes de que surjan en la pantalla los títulos de crédito iniciales.

Tras un arranque tituveante, lastrado por un ritmo lento y unos diálogos difíciles de percibir (las actrices, en determinados momentos, murmuran sus líneas de diálogos, complicando severamente su audición), No moriré sola se pone el mono de trabajo y nos muestra uno de los puntos álgidos de la función: cuatro chicas completamente desnudas en mitad de un bosque y a merced de una pandilla de desalmados y psicópatas dispuestos a ultrajarlas, humillarlas, golpearlas y, finalmente, violarlas. La secuencia es dura, salvaje. Me disponía a compararla con secuencias afines de películas que todos conocemos (p.ej La última casa a la izquierda), pero me parece una maniobra inncesaria (ya lo hice en su día con Chaos, de David DeFalco, y dudo mucho que fuera una decisión acertada por mi parte). Se mire por dónde se mire, y se compare con quien se la quiera comparar, se trata de una secuencia realmente incómoda, desagradable, dolorosa y explícita (aunque en un grado mucho menor que la mencionada Chaos… sic, finalmente lo he hecho). Al menos a un servidor siempre le han parecido más difíciles de sorportar este tipo de secuencias que contemplar por enésima vez al zombi de turno dándose un festín con los intestinos del pobre desgraciado que ha caído en sus manos (o en sus mandíbulas, para ser más exactos).

Tras el dolor, el sufrimiento y la deshonra, llega el turno de la rabia desatada y la necesidad vital de venganza. Y con ellas nos adentramos directamente en el segundo acto de No Moriré Sola. Un ajuste de cuentas que cumple, de nuevo, con las directrices del rape & revenge: la venganza llevada a cabo por las víctimas (o por sus familiares más cercanos) sobre sus agresores, superará (o al menos lo intentará) el nivel de brutalidad y violencia de las embestidas precedentes.

Como podéis observar no hay absolutamente nada remotamente nuevo en lo que nos cuenta No Moriré Sola. Es una revisitación casi académica del rape & revenge norteamericano. ¿Vale la pena, entonces, darle una oportunidad?
Dependerá en gran medida de vuestro interés en el subgénero en cuestión. Si os considerais unos buenos aficionados al rape & revenge (violación y venganza), la película de Adrián García Bogliano ofrece alicientes de sobras para darle una oportunidad. Unas actuaciones convincentes, una magnífica fotografía de texturas gastadas y tonalidades ocres que nos retrotrae al cine de horror USA de los 70, unas dosis más que suficientes de violencia gráfica (sin exagerar), algunas secuencias realmente salvajes (la violación) y, en definitiva, la oportunidad de recuperar un subgénero que durante el año todavía en curso parece haber recobrado nuevos bríos tras permanecer durante muchos años en el olvido.

¿Y qué ocurre con todos aquellos a los que el subgénero de violación y venganza no os resulta excesivamente atractivo?, probablemente vuestra mejor opción sea prescindir de No Moriré Sola.

Lo mejor: Es una muestra muy digna del subgénero rape & revenge.

Lo peor: no aporta absolutamente nada nuevo.