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Amusement

Una antología de terror... poco terrorífica

Amusement

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  • Título original: Amusement
  • Nacionalidad: USA | Año: 2008
  • Director: John Simpson
  • Guión: Jake Wade Wall
  • Intérpretes: Keir O'Donnell, Katheryn Winnick, Laura Breckenridge
  • Argumento: Tres terroríficas historias aparentemente independientes unirán a sus víctimas en la lucha por la supervivencia, al enfrentarse a un psicópata que pertenece a un pasado común.

40 |100

Estrellas: 2

Amusement

Amusement, película norteamericana dirigida por John Simpson, es una antología de historias terroríficas (tres en total), aparentemente independientes entre sí (al estilo del "Creepshow" de George A. Romero), cuyo tramo final se esfuerza en establecer un nexo común entre todas ellas.

El hecho de que tres historias sin aparente relación confluyan en un único desenlace es, quizás, el punto más destacable –por su originalidad- de Amusement; una película, que por otro lado, dejará bastante insatisfechos a los aficionados más experimentados al cine de terror.

En la primera de las historias, una joven pareja viaja en coche, de noche, por carreteras secundarias, y flanqueados por un par de tipos con los que forman “la caravana perfecta” ¿? Uno de esos tipos es un sospechoso camionero, con una misteriosa carga en su trailer. El otro, un tranquilo y simpático padre de familia conduciendo un utilitario.

Los agujeros en el guión de esta primera historia, la peor parada en el cómputo final de la película, son del tamaño del camión que conduce uno de sus protagonistas.
Una historia que tiene su razón de ser en un presunto conflicto de identidades que finalmente no es tal, ya que cualquier espectador un poquito avezado en el género descubrirá, con un mínimo esfuerzo y a la primera de cambio, quién es el verdadero criminal en todo este embrollo. Fallida. La primera en la frente.

Parece una obviedad afirmar que la máscara decrépita y deforme de un payaso tiene el potencial suficiente para provocar miedo, o al menos inquietud (un servidor odia a los payasos). Pero dedicarle 20 minutos al plano fijo de un payaso amenazante sin tener nada más a lo que agarrarnos, me parece excesivo. Aún así, tampoco se trata de ser injustos. La segunda historia de Amusement, protagonizada por una improvisada babysitter (tras la misteriosa desaparición de la babysitter oficial) que debe pasar la noche cuidando de sus dos sobrinos y se ve asediada por un muñeco ataviado con las ropas y la máscara de un payaso, es la que mantiene un nivel más óptimo de suspense y horror. La fuerte presencia intimidatorio del payaso, el buen trabajo de la joven actriz protagonista(que también desempeñará un papel vital en el desenlace de la película), y un ritmo acertado en cuanto al desarrollo de la trama; convierten esta segunda historia en la más interesante –y rescatable- de Amusement.

Para finalizar, una previsible y por momentos ridícula historia sobre un hostal cuyo propietario, dueño de una histérica y cargante risa, esconde un terrible secreto. Aburrida.

Una vez finiquitadas las tres historias de rigor, John Simpson ejerce una pirueta mortal sobre el guión escrito por su colega Jake Wade Wall, para intentar que lo visto hasta el momento no caiga en saco roto. Recoge a las tres sufridas protagonistas, se saca de la chistera un villano común con ansias de venganza (aunque no se sabe muy bien de dónde le vienen esas ansías de venganza), e intenta redondear su propuesta con un desenlace tan rocambolesco como repleto de errores e incongruencias (el personaje de la despistada terapeuta es de los que son capaces, por sí solos, de echar por tierra cualquier guión).

Se acabó. Me voy a dormir pensando que es importante redactar la reseña lo antes posible, en previsión de que Amusement desaparezca definitivamente de mi mente.

Amusement tiene algún punto a su favor. El hecho de estructurarse en cuatro historias distintas, y que éstas tengan una duración muy ajustada, provoca que sea una película ágil, fácil de ver y de digerir. De consumo rápido y sencillo. A ello contribuye también un excelente acabado formal y la esforzada labor de sus protagonistas.

El gran inconveniente que se le puede atribuir a una película como Amusement es que no arriesga en absoluto. Todo resulta demasiado pulcro, demasiado correcto; y lo peor de todo, demasiado previsible. Casi infantil. La capacidad que tiene Amusement para asustar o sobrecoger al espectador se identifica con una reunión de jovencitas exploradoras sentadas alrededor de un fuego durante la noche y explicando historias de terror que todas se conocen de memoria. Un bagaje insuficiente para todo aquel aficionado curtido al género de terror.
Al espectador ocasional de cine de terror es posible que acabe gustándole (o al menos es posible que no le disguste del todo).

Lo mejor: el fragmento del payaso.

Lo peor: es una película intrascendente. Una vez finalizada, se olvida.

The Machine Girl

Gore descerebrado made in Japan

The Machine Girl

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  • Título original: Kataude Mashin Gâru
  • Nacionalidad: Japón | Año: 2008
  • Director: Noboru Iguchi
  • Guión: Noboru Iguchi
  • Intérpretes: Asami Honoka, Ryôsuke Kawamura
  • Argumento: Ami está decida a vengar la muerte de su hermano a manos de una pandilla de mafiosos cuyo líder Shu es hijo de un famoso Yakuza.

69 |100

Estrellas: 4

The Machine Girl

Lo primero que hay que decir sobre The Machine Girl, splatter escrito y dirigido por el japonés Noboru Iguchi, es que la película no engaña absolutamente a nadie.

Todo lo que está dispuesta a ofrecernos una película cómo The Machine Girl queda expuesto, sin asomo de dudas, en la secuencia inicial que acompaña a los títulos de crédito: innumerables geisers de sangre, decapitaciones, desmembraciones, efectos digitales a mansalva, paupérrimas coreografías de lucha y, por supuesto, gore facilón, festivo, descerebrado y surrealista. Elementos todos ellos que para una buena parte de aficionados al género (aquellos que, precisamente, sienten debilidad por la sangre y las vísceras sin necesitar de demasiadas coartadas argumentales que las justifiquen) serán motivo más que suficiente de júbilo y celebración. Para muchos otros, estoy convencido de que The Machine Girl no será más que una salvajada sin sentido, bañada en hemoglobina, a la que no merece la pena prestar demasiada atención.

Ami es una joven y aplicada estudiante que, tras el suicidio de sus padres, causado por una injusta acusación de asesinato, queda al cuidado de Yu, su hermano menor.
Yu, y su mejor amigo Takeshi, son asesinados a manos de una pandilla de aprendices de mafiosos capitaneados por Shu, hijo de un temido Yakuza. La venganza, a manos de Ami y de la madre de Takeshi, será inminente.

Argumentalmente The Machine Girl es pobre, muy pobre. Una típica historia de venganzas que choca con la torpeza general de las interpretaciones de todos sus protagonistas, los numerosos agujeros en el guión y la ineptitud en su exposición.
Una historia, escondida bajo litros y litros de sangre, que no interesa. No atrae. ¿Se traduce esto, en el caso de The Machine Girl, en un defecto de fabricación? Ni hablar. En absoluto. Estoy convencido de que Noboru Iguchi es un tipo hábil, inteligente y perfectamente consciente de que los posibles fans entusiastas de The Machine Girl (que seguro los hay repartidos a lo ancho y alto del planeta), no llegarían a alcanzar dicho estatus gracias a la densidad argumental de su película.

La verdadera energía de The Machine Girl no hay que buscarla en una trama coherente y atractiva, o en unos personajes mínimamente trabajados, o en unos diálogos a los que tan siquiera valga la pena prestar atención. Quién desee afrontar una película cómo The Machine Girl deberá hacerlo con la mirada precisa: disfrutar de una concatenación de momentos gore que incluyen (cómo ya he señalado al inicio de la reseña) un amplísimo catálogo de decapitaciones, desmembraciones, empalamientos, cuchilladas, torturas, cuerpos desintegrados a balazos… y más, mucho más… hay momentos en los que el objetivo de la cámara queda, literalmente, empapado de sangre.

Por supuesto no todos los momentos splatter alcanzan un mismo nivel de disfrute.
Junto a secuencias deliciosamente delirantes, imaginativas y, sencillamente, divertidísimas (prácticamente todas aquellas en las que Ami hace uso de su nueva y metálica extremidad implantada – y que da título a la película), conviven otras que no acaban de funcionar, ya sea por lo descacharrante de los efectos digitales o por pura reiteración (el enésimo geiser de sangre).

Y cómo único aderezo a tamaño chapuzón gore, tan sólo destacar un humor cafre, macabro y, en ocasiones tremendamente infantil, que logrará desestresarnos en más de una ocasión y dibujarnos una sonrisa cómplice (genial la “Superpandilla de los lamentos” posando al estilo Power Rangers o la tronchante arma taladradora que luce la principal villana de la función).

En definitiva, The Machine Girl es un festival splatter únicamente apto para los amantes del gore más sinvergüenza y socarrón, al que no le importe en absoluto que todo aquello que no esté teñido de sangre resulte absolutamente intrascendente y carente de interés. Por suerte, el ritmo frenético que Noboru Iguchi imprime a su película es el responsable último de que no nos invada definitivamente el aburrimiento en todas aquellas secuencias que no son de explícito gore. No hay tiempo para que nos sintamos cansados o hastiados de la propuesta. El tiempo transcurrido entre cada nuevo tour de force es mínimo, de manera que estamos siempre pendientes de ver cómo demonios se supera The Machine Girl a sí misma en cada nueva secuencia gore.

Absolutamente aconsejable para todos aquellos que crean que una propuesta de este tipo pueda llegar a interesarles. Por mi parte, tras ver The Machine Girl, me apunto en la agenda títulos como Tokio Gore Police, Vampire Girl vs. Frankenstein Girl y, por supuesto, la anunciada The Machine Girl 2. He disfrutado de lo lindo con The Machine Girl...

Lo mejor: La icónica imagen de la colegiala nipona con un ruidoso y mortal apéndice metálico sustituyendo a su brazo y, por supuesto, el divertidísimo festival gore.

Lo peor: todo lo que hay antes y después de cada unas de las secuencias gore es totalmente prescindible.

El Regreso de los Muertos...

Una de las mejores comedias zombis de la historia del género.

El regreso de los muertos vivientes

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  • Título original: The Return of the living dead
  • Nacionalidad: USA | Año: 1985
  • Director: Dan O'Bannon
  • Guión: Dan O'Bannon
  • Intérpretes: Clu Gulager, James Karen, Don Calfa
  • Argumento: La 2-4-5 trioxina, un componente químico fabricado por el ejército, queda liberado conviertiendo en muertos vivientes a todos los residentes del Resurrection Cemetery.

81 |100

Estrellas: 5

El retorno de los muertos vivientes

No se me ocurre mejor forma de inagurar la nueva sección Horror Revival que con El Regreso de los Muertos Vivientes, una de mis películas de zombis favoritas de todos los tiempos.

En una de las primeras secuencias de El Regreso de los Muertos Vivientes se hace referencia a una película en la que los muertos regresaban a la vida, afirmando que los hechos acontecidos en dicha película eran reales, y que el director de la misma fue obligado, por altas instancias militares, a modificar ciertos datos y situaciones de su obra, en aras a proteger un secreto que, en caso de ser revelado, pondría en jaque la seguridad nacional: cierta toxina química, fabricada por el ejército norteamericano, es la única responsable de que los difuntos abandonen sus tumbas.

Por supuesto la película a la que se hace referencia es la mítica La noche de los muertos vivientes, y el director obligado a maquillar la realidad para no vulnerar secretos de Estado era, ni más ni menos, que George A. Romero.

Curiosamente El Regreso de los Muertos Vivientes se planteó en su inicio como una secuela seria de La noche de los muertos vivientes. Disuelta la asociación que dió orígen a La noche de los muertos vivientes, Romero cedió los derechos a una posible secuela de la misma a cambio de poder contar con los medios necesarios para rodar Dawn of the Dead (Zombi, 1978).

Tobe Hooper (La Matanza de Texas, 1974) fue la primera opción para llevar a cabo El Regreso de los Muertos Vivientes. Pero en algún lugar del trayecto las cosas se torcieron (para bien), y Return of the living dead (título original) tomó el camino de la comedia zómbica desprovista de cualquier tipo de connotación o reflexión socio-política que fuera más allá de un evidente alegato antimilitarista plasmado con crudeza en su resolución (gracias a Juanitocinéfilo por el apunte del alegato militarista, que no aparecía en la primera versión de esta reseña); quedando el Dawn of the dead de Romero cómo la secuela oficial de su genial ópera prima.

Finalmente, la dirección y un nuevo guión de la película corrieron a cargo de Dan O'Bannon, máximo responsable de que El Regreso de los Muertos Vivientes haya pasado a la historia cómo una de las mejores comedias zombies de todos los tiempos.

Unos bidones propiedad del ejército norteamericano fueron entregados, por error, a una empresa de suministros médicos. Dichos bidones contenían soldados embalsamados en una sustancia química denominada 2-3-4 trioxina, capaz de resucitar a los muertos.

A causa de una negligencia por parte de uno de los trabajadores de la empresa de suministros médicos, la 2-4-5 trioxina queda liberada, reviviendo a los muertos de un cementerio cuyo premonitorio nombre es el de "Resurrection Cemetery".

Siendo, en términos generales, respetuosa con las criaturas primigénias de Romero -muertos que se levantan de sus tumbas para saciar su hambre de carne fresca-, lo cierto es que El Regreso de los Muertos Vivientes tiene el acierto de presentar un buen número de novedades o particularidades en lo referencia a la naturaleza del zombi romeriano (algunas de estas "particularidades" no volveremos a verlas hasta bien entrado el siglo XXI).

De esta forma, la 2-4-5 trioxina es capaz de resucitar a todo tipo de cadáveres, desde aquellos que se han visto reducidos a una mera estructura ósea (esqueletos andantes), hasta muertos recientes que conservan prácticamente intactas sus aptitudes físicas, de manera que son capaces de correr y saltar con una agilidad envidiables (unas cualidades, estas últimas, que Zack Snyder recuperaría en El Amanecer de los Muertos, extraordinario remake de Dawn of the Dead estrenado en 2004).

Pero, más allá de la heterogeneidad de su presencia y apatitudes físicas, los zombis de El Regreso de los Muertos Vivientes presentan otras cualidades de índole intelectual. Son capaces de organizarse, de seguir a un lider, incluso de articular palabras (el célebre "cerebros, quiero cerebros") o urdir pequeñas estrategias destinadas a un único objetivo: abastecerse de carne humana... cuanta más, mejor.

En este sentido es trascendental la escena (una de las mejores y más divertidas de la película) en la que un muerto viviente realiza una llamada de auxilio desde la radio de una ambulancia.

Son todos estos conceptos -la capacidad de los zombis de organizarse y seguir a la figura de una lider- que el mismísimo Romero retomaría, en parte, 20 años más tarde en "La Tierra de los Muertos Vivientes" (Land of the Dead, 2005).

Por supuesto resultaría absurdo e inadmisible reseñar una película cómo El Regreso de los Muertos Vivientes sin hacer una especial mención a la actriz Linnea Quigley, cuyo personaje Trash, empujada por la fantasía erótica ¿? de ser mordida hasta la muerte por una jauría de salvajes ancianos, acaba subiéndose a lo alto de una tumba y protagonizando uno de los denudos más célebres (y celebrados) de la historia del género. Gracias, en buena parte, a dicho desnudo, Linnea Quigley iniciaría una de las más longevas, aplaudidas y reconocidas carreras como scream-queen de la serie B terrorífica.
Y para todos los que disfrutamos de El Regreso de los Muertos Vivientes a una temprana edad, sin duda Trash quedará en nuestra memoria cómo uno de los grandes mitos sexuales de nuestra adolescencia.

En definitiva, El Regreso de los Muertos Vivientes es una comedia zombi fresca y ágil, repleta de divertidísimos gags, ocurrentes diálogos y, sobre todo, arrebatadoramente "moderna", pese a estar a punto de cumplirse 25 años de su estreno. Un clásico incontestable y una de las mejores películas de zombis de la historia que ningún aficionado al subgénero de los muertos vivientes debería pasar por alto. Imprescindible.

Lo mejor: Su sentido del humor y que hoy en día se pueda seguir considerando como una pelicula de zombis moderna.

Lo peor: No se me ocurre...

Dead Wood

Si vas al bosque, llévate una brújula

Dead Wood

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  • Título original: Dead Wood
  • Nacionalidad: Reino Unido | Año: 2007
  • Director: David Bryant, Sebastian Smith y Richard Stiles
  • Guión: David Bryant y Sebastian Smith
  • Intérpretes: David Bryant, Emily Juniper, Rebecca Craven
  • Argumento: Cuatro amigos se adentrán en la espesura de un bosque dispuestos a pasar un fin de semana. El encuentro con una misteriosa joven en mitad del bosque será el principio la pesadilla.

39 |100

Estrellas: 2

Dead Wood

Cuatro amigos se disponen a pasar un fin de semana de acampada en las profundidades de un bosque (también son ganas, sabiendo que son los inminentes protagonistas de una película de terror). Uno a uno, los cuatro amigos irán despareciendo bajo extrañas condiciones.

Dead Wood es una película de terror de bajo presupuesto cuyo argumento, tal y como demuestra el anterior párrafo, no ofrece una sola sorpresa al espectador. Por lo tanto, ese triunvirato formado por David Bryant, Richard Stiles y Sebastian Smith, todos ellos guionistas y directores de Dead Wood, se lo juegan todo a una sola carta: lograr que de un guión trillado y sobado hasta provocar cansancio, surja una digna y eficaz película de horror.

La empresa se presenta realmente complicada... pero no imposible. Al fin y al cabo Sam Raimi, con un puñado de dólares en el bolsillo y armado, eso sí, de mucho talento, soltó a algunos de sus mejores amigos en mitad de un bosque para que fueran víctimas de todo tipo de troperías demoníacas (Posesión Infernal, 1982), dando orígen a una de las mejores sagas de horror/comedia/aventura del género.

Algo parecido sucedió en 1999 con El Proyecto de la Bruja de Blair (The Blair Witch Project), cuando Daniel Myrick y Eduardo Sánchez revolucionaron el panorama del cine independiente logrando que su Bruja de Blair (nueva muestra del género "maldiciones" en mitad de un bosque al que un servidor no tiene en gran estima) arrasara en las taquillas de medio mundo.

Y la mención de estas dos películas, ambas con un peso muy específico dentro de la historia del horror reciente, no es una cuestión baladí.
Dead Wood presenta unos recursos muy limitados a la hora de dibujar las diversas situaciones de tensión y horror presentes en su trama.
Apenas un tenebroso bosque recorrido por un rápido travelling (herencia directa de la Posesión Infernal de Raimi), un par de secuencias nocturnas con linternas incontrolables y cámara mareante (herencia directa de El Proyecto de la Bruja de Blair) y alguna que otra aparición fantasmal deudora del yurei japonés (que no se diga que uno no va aplicando los conocimientos que va adquiriendo en este blog).

Se me antojan necesarias cantidades exorbitantes de talento para que tan escaso material se traduzca en una experiencia terrorífica que merezca la pena. No es el caso.

Durante los primeros compases de Dead Wood, en los que los protagonistas se adentran en el bosque y empiezan a descubrir indicios de que algo extraño y amenazante se cierne sobre sus cabezas, la película mantiene cierto interés gracias a unos protagonistas menos cargantes de lo habitual y a unas dosis de suspense bien calculadas. También ayuda la ambientación (el bosque siempre transmite la sensación de ser una amenaza real) y una elaborada banda sonora.

El problema de Dead Wood (como en tantas otras ocasiones) viene dado en cuanto el horror se vuelve explícito. Es entonces cuando entra en juego la cámara mareante, las linternas al vuelo y alguna que otra aparición de lo más predecible. Material escaso y errático que en ningún momento cumple su función básica: la de crear una situación lo suficientemente angustiosa para que el resultado final resulte mínimamente entretenido. No hay apenas acción, ni violencia, ni momentos estremecedores. Los personajes desaparecen en la espesura del bosque, sin más. Sin que sepamos el porqué de dichas despariciones ni, lo más importante, cómo demonios se producen las mismas (a excepción de uno de los protagonistas, cuya muerte nos permite intuir el destino del resto de sus compañeros).

Y para coronar la decepción general que supone este "Bosque muerto", uno de esos finales que vemos repetido por enésima vez y que acaba provocando vergüenza ajena.

Lo mejor: Los primeros compases de la película muestran un aceptable nivel de suspense.

Lo peor: Es predecible y no da nada de miedo.

Exorcismo en Connecticut

Tópicos y más tópicos tras los muros de una casa maldita

Exorcismo en Connecticut

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  • Título original: The Haunting in Connecticut
  • Nacionalidad: USA | Año: 2009
  • Director: Peter Cornwell
  • Guión: Tim Metcalfe and Adam Simon
  • Intérpretes: Virginia Madsen, Tim Metcalfe, Elias Koteas
  • Argumento: Una família, destrozada por la grave enfermedad del hijo mayor, se traslada a una viaje casa en Connecticut. Tras los muros de su nuevo hogar se esconde un terrible secreto que no tardará en amenazar sus vidas.

49 |100

Estrellas: 2

Exorcismo en Connecticut

No se le pueden pedir más a Exorcismo en Connecticut. Los abarca todos, absolutamente todos. No se deja ni uno solo por el camino.

Supuestamente basada en hechos reales (bufff, que pereza que me da escribir esta frase), Exorcismo en Connecticut cuenta la historia de una familia que, a causa de la dramática enfermedad del hijo mayor, se ve obligada a mudarse a un viejo caserón en Connecticut. Como no podía ser de otra manera, las cuatro paredes de la casa esconden un terrible secreto relacionado íntimamente con el mundo de los muertos que pondrá en jaque la integridad de todos los miembros de la familia.

Exorcismo en Connecticut es algo así cómo una desquiciada competición por reunir, en el menor tiempo posible, el mayor número de tópicos y clichés pertenecientes al actual cine de terror. Cómo ya he apuntado antes los tiene todos: espejos en los que más vale no reflejarse, sombras que deambulan por la casa con la única compañía del consabido efecto de audio que amenaza la salud de nuestros tímpanos, la secuencia que acaba siendo una simple pesadilla, puertas que no se abren, puertas que se abren y se cierran sin ayuda de nadie, puertas que chirrían… por tener, incluso tenemos la escena de la ducha. No falta de nada.

¿El resultado final? Un puzzle (pastiche) del que conocemos todas sus piezas y también la forma exacta en que cada una de ellas encaja. Un par o tres de piezas del puzzle pertenecen a Poltergeist (Tobe Hooper, 1982), otro par a Terror en Amityville (Stuart Rosenberg, 1979), o a su remake, La Morada del Miedo (Andrew Douglas, 2005), algunas piezas más de House on Haunted Hill (William Malone, 1999) o La Guarida (Jan de Bont, 1999), y el resto de piezas extraídas de cualquier otra película perteneciente al género de casas encantadas que se os pase por la cabeza en este precisa instante.

Bajo este escenario, al debutante Peter Cornwell sólo le quedaba una vía de escape para salvar los muebles: el afortunado reciclaje de ideas. Agarrar todos esos clichés y tópicos, transformarlos, darles la vuelta, añadir elementos de su propia cosecha, y rezar para que el resultado final fuera lo suficientemente atractivo e innovador como para insuflarle nueva vida a su película. Por desgracia no es este el caso de Exorcismo en Connecticut.

Previsible y pronosticable en grado máximo, todo lo que nos ofrece Exorcismo en Connecticut ya lo hemos visto antes… y en muchas ocasiones, mejor. Y es que, al margen de que conozcamos de antemano todos los trucos que nos depara una película como Exorcismo en Connecticut, lo cierto es que el montaje demasiado acelerado y con exceso de planos en algunos de sus momentos, supuestamente, de mayor impacto, juega decididamente en su contra.

Lo que nos queda, nuevamente, es una película de terror que viaja con el piloto automático a pleno rendimiento. Conocemos todos sus sustos, todos sus sobresaltos, hemos vivido con anterioridad sus momentos de tensión y nos resulta familiar cada rincón de la casa. No hay un solo plano en Exorcismo en Connecticut que desprenda un cierto aroma a originalidad, a innovación. Hemos pisado ese mismo terreno en decenas de ocasiones.

Por supuesto no es la primera vez que esto ocurre. En realidad, y por desgracia, ya nos estamos acostumbrando. Sin ir más lejos, a principios de este mismo año, el bueno de David S. Goyer ya nos regaló una antología de trasnochados clichés sobre el cine de fantasmas en su paupérrima y prescindible La Semilla del Mal.
Por suerte Peter Cornwell no es David S. Goyer, y al menos Exorcismo en Connecticut nos regala a un director con un prometedor y nada desdeñable talento visual, lo cual unido a la más que aceptable labor de todos sus intérpretes (destacando las presencias siempre solventes de Virginia Madsen y Elias Koteas), y una parte final que contiene algunas de las imágenes y momentos más intensos de la película (aunque desde el punto de vista argumental deje bastante que desear), consiguen salvar in extremis a Exorcismo en Connecticut del desastre total. Es posible, incluso, que los más acérrimos y voluntariosos aficionados al subgénero de las casas encantadas y los fantasmas logren disfrutar de ella. Quién sabe…

Y para finalizar una pregunta malintencionada ¿a qué demonios espera esta familia para abandonar la casa lo antes posible y cómo alma que persigue el diablo?... sobre todo teniendo en cuenta que cuentan con otra casa de la que están pagando una hipoteca.

Lo mejor: Un final con algunos aciertos visuales y los actores.

Lo peor: Es un océano de tópicos.

Arrastrame al Infierno

El viejo juguete, casi olvidado, de Sam Raimi

Arrástrame al infierno

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  • Título original: Drag me to hell
  • Nacionalidad: USA | Año: 2009
  • Director: Sam Raimi
  • Guión: Sam Raimi, Ivan Raimi, Jeff Lynch
  • Intérpretes: Alison Lohman, Justin Long, Lorna Raver
  • Argumento: Christine, empleada de una oficina de préstamos, se ve empujada a negarle un crédito hipotecario a Mrs. Ganush, una viejecita gitana rumana, en aras a conseguir su ansiado ascenso. Su decisión le costará vivir un auténtico infierno.

81 |100

Estrellas: 5

Arrástrame al infierno

Un buen día, no hace demasiado tiempo, Sam Raimi encontró un viejo y olvidado juguete bajo su cama. Lo rescató, lo desempolvó, y volvió a juguetear con él, recordando viejas y agradables sensaciones.

Efectivamente, Sam Raimi ha vuelto, y lo ha hecho en plena forma y fiel a un estilo que le es propio. En realidad nunca se fue. Raimi ha consolidado en Hollywood una de las carreras más prolíficas y heterogéneas cómo director de cine.

Tras una espectacular eclosión en el cine de terror de bajo presupuesto con su mítica trilogía de Evil Dead, Raimi ha echo prácticamente de todo, desde comedia absurda ("Ola de crímenes, ola de risas", 1985), pasando por fallidos thrillers sobrenaturales ("Premonición", 2000), imposibles homenajes al spaguetti-western ("Rápida y Mortal", 1995), geniales thrillers de corte clásico ("Un plan sencillo", 1998), insustanciales -e incompresibles- melodrámas románticos ("Entre el juego y el amor", 1999), deliciosos antihéroes de serie B ("Darkman", 1990), y megalómanos superhéroes de serie A ("Spiderman", 2002) que han hipotecado buena parte de su trayectoria profesional (al tiempo que le hacían inmensamente rico).

Pero, aún así, y al margen de su faceta de productor, los aficionados al género de terror llevábamos demasiado tiempo echándole de menos. La sombra de la trilogía de Evil Dead ("Posesión Infernal", "Terrorificamente Muertos", "El Ejército de las Tinieblas") es alargada; y quién más quién menos ha especulado -soñado- en alguna ocasión con el regreso de aquel joven entusiasta que sorprendió al mundo con una de las mejores sagas terroríficas (y de humor negro) de todos los tiempos.

"Arrástrame al Infierno" (título en español de Drag Me to Hell) era la firme promesa del esperado regreso. Pero había pasado mucho tiempo, y Mr. Raimi acababa de salir de una nueva trilogía que muy poco tiene en común con Evil Dead. Una trilogía arácnida de desiguales resultados artísticos (muy desiguales) pero de incontestable valor comercial y mediático.

Raimi se ha eregido, en los últimos tiempos, como un excelente fabricante de blockbusters, y precisamente a ello ha dedicado los últimos años de su carrera (la sombra de Spiderman también es muy, pero que muy alargada). Así que muchos albergábamos ciertas dudas ante este largamente anunciado regreso a sus orígenes que debía suponer "Arrástrame al Infierno".

Por fin he visto "Arrástrame al Infierno", y en apenas quince minutos de película todas mis reticencias se fueron al traste gracias a una divertidísima set piece que transcurre en el interior de un automóvil, y con la que Raimi me tendía una mano y me susurraba al oído: "He vuelto... tengo el viejo juguete de nuevo en mis manos y vuelvo a disfrutar como antaño... sin ataduras, sin preocupaciones".

"Arrástrame al Infierno" es una auténtica gozada. Un golpe de efecto de Raimi que logra, con una historia mínima, archiconocida y con una conclusión tristemente previsible (difícilmente a un espectador un poco avispado se le escapará cierto detalle determinante para la resolución de la trama), ofrecernos una nueva muestra de terror/comedia feroz y adrenalítica que no queda tan lejos de "Terroríficamente Muertos" (es inevitable recordar al añorado Ash mientras contemplamos el brutal castigo al que se ve sometido la abnegada protagonista de "Arrástrame al Infierno").

La historia que cuenta "Arrástrame al Infierno" no da mucho de sí. Una joven asesora financiera que ambiciona subir peldaños en el escalafón de su empresa deniega una nueva prórroga al crédito hipotecario de una vieja gitana rumana a la que están a punto de embargar su hogar. Sintiéndose humillada y maltratada, la vieja gitana maldice a la joven.

En ocasiones lo importante no es lo que se cuenta, sino cómo se cuenta. Y en este punto es dónde Raimi demuestra, sobradamente, conservar toda su genialidad y talento intactos.
"Arrástrame al Infierno" es un portento de ritmo en el que Raimi vuelve a hacer alarde de todos aquellos recursos visuales -perfectamente orquestados y coreografiados- que tan excelente resultados le dieron en "Terroríficamente Muertos": una imaginativa planificación de las secuencias de acción, desquiciantes movimientos de cámara, primerísimos primeros planos, zooms y panorámicas imposibles... y todo ello coronado con un nerviosismo y una calculadísima aceleración en el montaje, marca de la casa.

Los numerosos gags humorísticos, nacidos prácticamente todos ellos de la excesividad, de la exageración, se acomodan perfectamente en la trama terrorífica de "Arrástrame al Infierno".
Incluso cuando la película coquetea peligrosamente con el ridículo más espantoso (ver la secuencia de la sesión de espiritismo), Raimi consigue salir indemne de manera casi milagrosa.

Raimi logra convertir un proyecto que parecía abocado al fracaso tanto por la escasez de su fondo (una historia realmente limitada) y la escasa aportación de sus actores (a excepción de una genial Lorna Raver en el papel de vieja bruja rumana), en una sensacional muestra de cine de entretenimiento puro y duro, deudora de la maestría visual y rítmica que el director imprimió a sus primeras obras.

Puede que no sea tan salvaje ni tan sangrienta como "Posesión Infernal" o "Terroríficamente Muertos" (aunque está sobrada de vómitos, bilis y demás secreciones corporales). Puede incluso que "Arrástrame al Infierno" se mueva por unos derroteros mucho más comerciales que la saga Evil Dead, lo cual me parece totalmente comprensible, normal y admisible. Pero lo que está claro es que tanto Raimi, cómo la mayor parte de sus admiradores, hemos disfrutado una barbaridad con este viejo juguete casi olvidado que ha acabado convirtiéndose en una magnífica, divertida y entretenidísima película de género. Lo dicho, una auténtica gozada.

Lo mejor: El mejor cine espectáculo y de entretenimiento avalado por el genio de un Sam Raimi en plena forma.

Lo peor: Que algunos acusen Arrástrame al Infierno cómo una nueva concesión a la comercialidad por parte de Sam Raimi.

Midnight Movie

Encuentra el horror en un cine de madrugada

Midnight Movie

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  • Título original: Midnight Movie
  • Nacionalidad: USA | Año: 2008
  • Director: Jack Messitt
  • Guión: Jack Messitt
  • Intérpretes: Rebekah Brandes, Daniel Bonjour, Greg Cirulnick
  • Argumento: Una película maldita se reestrena en un viejo cine de madrugada. Un asesino con poderes sobrenaturales pondrá a prueba el instinto de supervivencia de los espectadores que han acudido a ver la película.

50 |100

Estrellas: 3

Midnight Movie

A un paso, a un minúsculo paso se queda Midnight Movie de ser el típico y tópico slasher destroza adolescentes del que poco o nada más se podría añadir.

Afortunadamente este slasher de bajo presupuesto, escrito y dirigido por Jack Messitt, esconde un par de ases en la manga que, finalmente, logran rescatar a la película del pozo al que parecía condenada.

El realizador de cine Ted Radford está a punto de revisar (a modo de terapia de choque) una de sus viejas películas rodada a principios de los 70; una muy especial, una que le tiene obsesionado y que ha sido la causante de dar con sus huesos en el hospital psiquiátrico en el que se encuentra recluído.
Tras el visionado de la cinta, ocurre una horrible tragedia en el hospital y el director Ted Radford desaparece sin dejar huella.

Seis años más tarde, “The Dark Beneath”, título de la película que desencadenó la fatalidad, vuelve a exhibirse en una vieja sala de cine de medianoche especializada en el género de terror.

A partir de aquí se nos dibuja un escenario que nos resulta, cuanto menos, familiar: un grupito de jovenzuelos a los que sus revolucionadas hormonas no les dejan pensar con claridad, un rudo motero y su chica, un policia que se huele que algo malo puede llegar a suceder, y el doctor que tenía a su cargo como paciente a Ted Radford antes de que este desapareciera; son los únicos espectadores que acuden al reestreno de "The Dark Beneath" en su primera sesión de medianoche. Y por supuesto son las víctimas propicias para un asesino que no tardará demasiado en ponerse manos a la obra.

Por cierto, uno de los jovenzuelos es el clon de un popular personaje de la primera entrega de Scream (Wes Craven, 1996) que no paraba de soltar ocurrencias sobre el subgénero slasher. Incluso juraría que alguna de sus intervenciones son calcadas a las del personaje de Scream (aunque esto no puedo asegurarlo).

¿En qué consisten, entonces, ese par de ases que se esconde en la manga una película, a simple vista, tan modesta como Midnight Movie?
La película establece un simpático y divertido (que no novedoso) juego de cine dentro del cine, en el que lo que ocurre dentro de la pantalla (con la proyección de "The Dark Beneath"), está íntimamente relacionado con lo que está a punto de suceder en la platea del cine.
"The Dark Beneath" supone algo así como una puerta dimensional que permite al asesino viajar constantemente de la ficción a la realidad, de manera que los actos de barbarie cometidos por aquel en el plano de la realidad, influirán en el desarrollo de la película proyectada y viceversa.

Todo es más sencillo de lo que parece.
Y en realidad tampoco es novedoso. El referente más claro dentro del propio género quizás sea de la mítica Demons, de Lamberto Bava, en la que unos monstruosos demonios también abandonaban el plano de la ficción (por obra y gracia de una maldición) para sembrar el caos entre los asistentes a una proyección de cine.
Por supuesto no es un recurso exclusivo del cine de terror. Posiblemente todos recordareis al gran Schwarzenegger en la siempre maltratada El último gran héroe (John McTiernan, 1993), cuyo personaje de héroe de acción traspasaba la pantalla de un cine para auxiliar a un muchacho en apuros. O incluso me viene a la memoria la deliciosa comedia de Woody Allen La Rosa púrpura del Cairo, en la que un enamoradísimo Jeff Daniels abandonaba la pantalla para reunirse con su amada Mia Farrow.

El segundo as en la manga debemos buscarlo en la propia personalidad del asesino, descrito en numerosas ocasiones como una mezcla del Jason de Viernes 13 (por la máscara, la corpulencia y su brutalidad a la hora de cometer los asesinatos), y Freddy Krueger (por su capacidad de andar entre distintas dimensiones).

Lo cierto es que la comparación no me parece desafortunada, pero para ser justos, habría que establecer una serie de matizaciones. En cuanto a la brutalidad y salvajismo de los asesinatos, Midnight Movie queda muy lejos de la fuerza y la contundecia del mejor Jason Voorhees en Viernes 13. Y en cuanto a las semejanzas con Freddy Kruegger, lo que resulta muy evidente es que el asesino de Midnight Movie carece por completo del carisma y la simpatía de nuestro querido tio Freddy.

Además resulta muy confusa la manera en que los poderes sobrenaturales del asesino van apareciendo a medida que la historia los va necesitando, sin que exista una explicación lógica o simplemente convincente (tampoco hace falta buscarle la lógica a un asesino que sale de una película y que tiene poderes sobrenaturales…) del porqué de dichos poderes y de dónde demonios salen.

En definitiva, Midnight Movie es un entretenimiento simpático pero menor, con una historia y un asesino dotados de cierto atractivo, pero con un desarrollo demasiado monótono y un diseño de muertes que en ningún momento nos sorprende.
Lo mejor de Midnight Movie es su ritmo y su duración. Dura poco y nunca llega a hacerse pesada. Los aficionados al slasher no deberían pasarla por alto, pero siempre teniendo en cuenta de que se trata de una película ideal para acompañar una doble sesión junto a algún otro título que pueda aportarnos mayores recompensas.

Lo mejor: Ciertos recursos utilizados para desarrollar la historia y la ambientación en el cine de madrugada.

Lo peor: Como slasher sus prestaciones son algo limitadas.

La ultima casa a la izquierda

La adaptación a los nuevos tiempos del clásico de Wes Craven

La última casa a la izquierda

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  • Título original: Last House on the Left
  • Nacionalidad: USA | Año: 2009
  • Director: Dennis Iliadis
  • Guión: Carl Ellsworth
  • Intérpretes: Tony Goldwyn, Monica Potter, Sara Paxton
  • Argumento: Mari y Page son secuestradas por un grupo de criminales en busca y captura. Agredidas y vejadas las chicas son abandonadas en mitad del bosque. Los criminales se refugian en la última casa a la izquierda.

50 |100

Estrellas: 3

La última casa a la izquierda

Si a alguien le interesa saber más cosas sobre el Last House on the Left de Wes Craven, algo tengo publicado en el blog. Leer .

Quién haya creido, ni por un instante, que La Última Casa a la Izquierda, dirigida en 1972 por un jovencísimo e inexperto Wes Craven, era un clásico indiscutible del horror moderno, que se lo vaya quitando de la cabeza.
No lo es. O al menos no ostenta la categoría de indiscutible (aunque quién escribe estas líneas sigue creyendo, firmemente, en su condición de clásico inapelable).
Hay toda una nueva generación de aficionados al género que jamás se han acercado a la obra primigenia de Craven, ni tienen la menor intención de hacerlo. Su estética tosca, rudimentaria y grosera, es motivo más que suficiente para desestimar de pleno su revisión. Se trata de esa misma generación para la que el cine de horror empieza, más o menos, a partir de Scream (curiosamente otra película dirigida por Mr. Craven).

También existe un numeroso grupo de aficionados al género que conocen sobradamente La Última Casa a la Izquierda y se empeñan en señalar el debut de Craven como una de las obras más injustamente sobrevaloradas en la historia del género, negándole incluso todo poder de perturbación o capacidad para angustiar al espectador (ni siquiera contemplándolo todo desde una perspectiva histórica).

Dada la situación parecía hasta lógico contemplar la necesidad de un remake de La Última Casa a la Izquierda. Entre los aficionados que desconocen el original, y los que creen que aquel ha envejecido de la peor forma posible, lo razonable sería pensar que el remake de La Última Casa a la Izquierda tendría su espacio asegurado en el actual panorama del cine de horror.
Y si a todo ello le sumamos el mercantilista interés de Wes Craven por sacarle tajada a todos sus viejos éxitos, la ecuación estaba completa. Así que la maquinaría de Hollywood se puso manos a la obra (mientras Craven no paraba de revisar sus cuentas).

La historia de La Última Casa a la Izquierda 2009 es prácticamente idéntica a la original, excepto en un par de detalles que resultan determinantes para el desarrollo de la trama y que, por supuesto, no tengo ninguna intención de desvelaros.

Los Collingwood regresan a su casa de campo para pasar las vacaciones junto a su hija Mari.
Mari se traslada al pueblo en busca de su amiga Page, y ambas conocen en el supermercado a un joven taciturno llamado Justin, quién invita a las chicas a compartir marihuana de primera calidad en su habitación de motel. Las cosas se tuercen cuando en la habitación irrumpen los familiares de Justin; tres criminales en búsqueda y captura que saben perfectamente que no pueden dejar con vida a las dos chicas si no quieren poner en peligro su propia integridad.

Tras un accidente de automóvi, y en mitad de un bosque, Mari y Page son sometidas a todo tipo de agresiones y vejaciones por parte de sus secuestradores. Estalla la tormenta y los criminales buscan un refugio en el que pasar la noche. El lugar más cercano… la última casa a la izquierda.

La misión del griego Dennis Iliadis, director del remake de La Última Casa a la Izquierda, abarcaba dos puntos fundamentales: por un lado mejorar todos aquellos aspectos puramente cinematográficos que definieron una obra formalmente burda y torpe como fue la de Craven. Por otro mantener (o incluso mejorar) la sordidez y la radicalidad de la película original.
Dennis Iliadis tenía a su alcance un referente inmejorable. En 2006, el francés Alexandre Aja llevó a cabo un excelente remake de Las Colinas Tienen Ojos, cuyas prestaciones superaban, en todos los aspectos, al original en que se basaba… también de Wes Craven.

Y lo cierto es que Dennis Iliadis, de buenas a primeras, no parece ir del todo desencaminado. Su labor tras las cámaras es irreprochable, de forma que La Última Casa a la Izquierda 2009 supera ostensiblemente a su original en todos aquellos aspectos formales en los que la obra de Craven mostraba, decididamente, sus muchísimas carencias. (Para ser sinceros lograr superar las limitaciones formales del original de Craven, tampoco tiene demasiado mérito)

Si La Última Casa a la Izquierda de 1972 era una película de realización tosca, zafia, burda, torpe y sometida a los parámetros del cine amateur; su remake cumple a rajatabla con todas las pautas estéticas que han definido el cine de horror comercial de la última década: una magnífica fotografía, capacidad para crear una buena atmósfera, planos perfectamente construidos, suaves movimientos de cámara... Si a todo ello le sumamos una convincente banda sonora, una admirable labor de todos los actores implicados, y el buen hacer de Dennis Iliadis a la hora de diseñar las distintas secuencias de violencia y suspense, todo parece apuntar a que La Última Casa a la Izquierda 2009 supera netamente (y con creces) al original de Craven.

Pero la misión de Dennis Iliadis tenía una segunda parte, superar en sordidez y radicalidad a la película de Craven. Por supuesto este es un aspecto que traerá sin cuidado a todos aquellos que no han visto el original o que le niegan a este su capacidad para epatar al espectador.

Sin embargo somos muchos quiénes conservamos en una zona recóndita y oscura de nuestra mente las explosiones de violencia obscena, cruel, sucia, mugrienta y anticlimática (anticinematográfica) de un título que, al día de hoy, cuenta con más de 35 años a sus espaldas.
La Última Casa a la Izquierda de Wes Craven tuvo la capacidad de perdurar en el tiempo. De pasar a la historia (pese a quién pese) como un título clave del exploit y definitorio del actual cine de horror.
Sus formas destartaladas, unas actrices (las vícitimas) que daban toda la impresión de no tener ni idea de dónde se habían metido y parecían asistir, impotentes, a toda la crueldad y humillación que se les venía encima, unos asesinos (con el genial David Hess a la cabeza) cuya capacidad de intimidación, pese a sus evidentes limitaciones interpretativas, estaba a años luz de lo demostrado por los asesinos del remake, y en definitiva un salvajismo, una violencia y una sensación general de realismo cuyas cotas nunca alcanza esta reescritura del 2009 que se inscribe, sin dificultades, dentro de los parámetros, formales y de fondo, del actual cine de horror más comercial.

La pesadilla de esta nueva casa situada a la izquierda del camino es menos perturbadora, menos enferma, menos contundente... menos pesadilla.
Y sin embargo me resulta imposible afirmar que La Última Casa a la Izquierda 2009 sea una mala película. En realidad voy a recomendarla, y voy a hacer sin necesidad de recurrir al sarcasmo o la ironía (lo digo muy en serio).
La recomiendo como una película de horror diligente y cumplidora, y un notable ejercicio de violencia gráfica a todos aquellos aficionados que no tengan ningún interés en acercarse a la película de Craven.
También la recomiendo a todos aquellos que detestan el original y consideran su privilegiada posición en la historia del cine de terror como un error que debe repararse.

Para todos aquellos que seguimos declarándonos fans de la película de Craven estoy convencido de que La Última Casa a la Izquierda 2009 nos sabrá a poco. La Última Casa a la Izquierda 2009 es tan correcta como olvidable.

En una ocasión señalé las razones para no llevar a cabo un remake de La Última Casa a la Izquierda, y ahora voy a hacer algo tan deleznable y feo como citarme a mí mismo: “Previsiblemente el remake que se estrenará este mismo año mejorará notablemente el aspecto visual del original y reducirá considerablemente la violencia descarnada y sin pulir de la película de Wes Craven.” Por desgracia, en esta ocasión, no me equivoqué.

Lo mejor: La película sigue siendo violenta. Mucho más estilizada y menos descarnada que en el original, pero igualmente violenta.

Lo peor: El original de Craven sigue siendo más cruel, enfermizo y realista.