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The House of The Devil

Ojos de corza herida

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  • Título original: The House of The Devil
  • Nacionalidad: USA | Año: 2009
  • Director: Ti West
  • Guión: Ti West
  • Intérpretes: Jocelin Donahue, Tom Noonan, Mary Woronov
  • Argumento: Samantha necesita urgentemente algo de dinero para poder pagar el alquiler. ¿Existe mejor trabajo para una universitaria qué el de canguro?. Una familia de satanistas respoderá esa pregunta en una noche que Sam, no olvidara.

60 |100

Estrellas: 3

A principios de los ochentas, una joven universitaria busca piso. Esta estudiante, Samantha (Jocelin Donahue), parece que encuentra el apartamento ideal, pero sus paupérrimos ahorros no son suficientes para pagar ni el depósito. Con pocos días de margen, busca trabajo con desesperación. Milagrosamente aparece una oferta casi de la nada: Un trabajo, bien remunerado, de niñera en un caserón de estilo victoriano, ubicado en un páramo de las afueras. En la noche que toda la ciudad se prepara para contemplar un eclipse lunar total, Samantha llega a su nuevo trabajo. La sorpresa salta cuando descubre que no se trata de cuidar a un niño, si no a una anciana. Todo parece extraño alrededor de los Ulman (Tom Noonan y Mary Woronov) y su casa; sin embargo la paga es demasiado generosa como para rechazarla. Así comienza la, aparentemente, fácil tarea de la joven. Pero la tensión va envolviendo las paredes del edificio como una mortaja un cadáver, convirtiéndose en una sangrienta noche, que Samantha jamás olvidará…

La película de Ti West viene precedida de buena fama. ¿Es esto realmente merecido? El bueno de Ti dirige, escribe y edita un film que intenta recuperar todos los ingredientes de las producciones sobre sectas satánicas (y lo único adicional que destripo es que esta basada en supuestos hechos reales) de finales de setenta/principios de los ochentas. Aparte de The House of The Devil, la obra más conocida de este director es The Roost. Una película de bajo presupuesto que, también, intentaba homenajear al cine de genero (en su caso a Evil Dead) y a la televisión de medianoche; aunque quedándose a un nivel infinitamente inferior a la cinta que ahora nos ocupa. Con lo cual, ya sabemos que nos vamos a adentrar en la mente de un tipo que adora el cine de terror de serie B de los ochenta, que vivió esa época siendo muy pequeño (nació en 1980) y que sigue siendo bastante novel en el mundo del cine con producciones casposas a sus espaldas. Estos puntos pueden parecer banales pero creo que es importante ubicarse con el autor, en proyectos tan personales como este.

Hay dos factores que destacan enormemente en los fotogramas que iluminan nuestra pantalla: Su ambientación y su protagonista.

La película se ubica en los primeros años de la década de los ochenta, y el ambiente necesario ha sido creado con perfección milimétrica. Pero la obsesión de Ti West por esos años va más allá. Si me hubieran dicho que se había encontrado esta cinta en Beta, entre los estantes polvorientos de algún videoclub de barrio abandonado, me lo hubiera creído inmediatamente. Los títulos de crédito, la banda sonora (que es muy destacable, y esta insertada en las escenas con mucho gusto), la iluminación, el montaje, el vestuario…. Solo poner como pega que los limites presupuestarios se notan en las escasas localizaciones que vemos. Claro que la película se llama La Casa del Diablo; no la gran ciudad y parajes exóticos del diablo.
La atmósfera logradísima entonces, pero ¿qué aporta tanto tributo a esos años hedonistas? Desde mi punto de vista nada. A mi me han gustado bastante los aspectos que he enumerado antes, no obstante, ninguno forma parte integral del desarrollo de The House. Para que me entendáis, es algo que da sabor pero no sustancia. Con lo cual, no pasa de ser un homenaje personal del director a una época que le fascina. Un hecho que sesga brutalmente al espectador en su visionado: ó te unes a la fiesta del revival ó te preparas para hora y media de agonía.

El 95% del metraje se sustenta en la presencia de la guapa Joceline Donahue, mi aspirante favorita a screamqueen 2009. Y para ser sincero, no lo hace nada mal. Esos ojazos marrones transmiten timidez, indefensión que luego se transforma en rabia. Esos delicados rasgos que reflejan emociones internas con transparencia. Una chica preciosa que no te aburres de ver en pantalla. Se nota que me ha encandilado, tanta naturalidad ha derretido mi corazón de hielo. Aunque todo este empalague que sentía por ella se veía frustrado debido a sus compañeros de reparto. Sin hacerlo excesivamente mal, los he visto “excesivamente naturales”. Claro que sus escenas eran siempre breves y con unos diálogos que daban para poco. Obviamente, la dirección artística estaba centrada exclusivamente en Joceline (¡Tu si que sabes Ti!).

Así que tenemos dos puntos bastantes positivos y todavía no hemos entrado en la película en si. Bien, ahora llega lo malo. Tanta fijación con los ochenta y con la atractiva Samantha, dejan al resto de la filmación, un poco vacía. Aun reconociendo que muestra ideas interesantes y juega bien en la creación de una tensión gradual, le veo demasiados agujeros como para ser una película de hondo calado, sobre todo por su final tan típico y previsible. A saber, las escenas con más de un personaje son escasas e intrascendentes, el tiempo donde se acumula tensión y misterio es demasiado largo, explotando todo bruscamente en los últimos quince minutos y dicha explosión se queda en un pequeño petardazo. Es el típico film que vas viendo con expectación a ver por donde dirige sus pasos y finalmente te das cuenta de que te ha llevado al mismo sitio de siempre, por una ruta pintoresca pero poco variada.

En conclusión y volviendo a la pregunta del principio, ¿es merecida la buena fama con la que viene precedida The House of the Devil? No, en mi opinión. Me cuesta ver un valor añadido en una película que directamente calca el cine de genero de hace treinta años. Lo hace bien pero la película es demasiado pasiva, necesitamos poner demasiado de nosotros mismos, y el aficionado curtido ya ha puesto tantas veces que se cansa. La fama cuesta, que se decía en una academia de balie en los ochenta, y Ti West se ha dedicado a darse el gustazo a si mismo. La recomiendo para aquellos que aprecien un terror basado en una leve tensión apenas sugerida y sin prisas, así como los aficionados a los pantalones vaqueros de cintura alta; pero aquellos que busquen intensidad váyanse a otros pastos.

Y preparaos para el inminente estreno de Cabin Fever 2, directa a tu videoclub de la mano de Mr. West. ¿Qué ocurrira?

Lo mejor: La lograda ambientación y la adorable Jocelin Donahue

Lo peor: El vacio tan tremendo que sufre el guión. La película se merecía más esfuerzo en dicho aspecto.

¿Dónde conseguirla?
Gore Nation: “The House of The Devil” en VOSE.

Dread

El poder del Miedo

Dread

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  • Título original: Dread
  • Nacionalidad: USA-Reino Unido | Año: 2009
  • Director: Anthony Di Blasi
  • Guión: Anthony Di Blasi
  • Intérpretes: Jackson Rathbone, Shaun Evans, Hanne Steen
  • Argumento: Tres estudiantes de filosofía que se embarcan en un proyecto audiovisual para la tesis de uno de ellos. Dicho proyecto intentará reflejar de dónde vienen los miedos de la gente, por qué tenemos miedo y cómo podemos enferentarnos a él.

70 |100

Estrellas: 4

Dread

Otro relato corto de los famosos Libros de Sangre de Clive Barker llevado a la gran pantalla, y debut de Anthony Di Blasi detrás de las cámaras. El hombre que se postula como nuevo director para el remake de Hellraiser y otros proyectos de Clive Barker, se enfrenta a la prueba de fuego con Dread y no sale mal parado. Cierto es que nadie mejor que él conoce el universo de Clive Barker, puesto que ya trabajó como productor en otras adaptaciones de Libros de Sangre como The Midnight Meat Train y Book of Blood, pero el trabajo en este largometraje está bastante estudiado.

Dread cuenta la historia de tres estudiantes de filosofía que se embarcan en un proyecto audiovisual para la tesis de uno de ellos. Dicho proyecto intentará reflejar de dónde vienen los miedos de la gente, por qué tenemos miedo y cómo podemos enferentarnos a él, pero lo que empezó como un estudio, como un juego o como un entretenimiento, degenera en situaciones absolutamente límites cuando los entrevistadores son los entrevistados.

De la adaptaciones de Libros de sangre me atrevería a decir que es la que mejor refleja lo que Barker quiso plasmar en papel. A Di Blasi se le ha tachado de oportunista y de intentar estirar un relato que hubiera sido más efectivo como cortometraje (como le sucediera a Grace), pero el resultado final, desde mi punto de vista, es satisfactorio.

En el visionado de Dread podemos difrenciar dos partes (algo que viene siendo una práctica habitual en el terror moderno), una primera parte de presentación de personajes, quizá la parte en la que más falla Di Blasi, ya que su descripción de personajes para ponernos en situación es más bien floja y escasa (realmente casi no sabes quienes son, cómo son o qué relación hay entre ellos) y una segunda parte donde la insana fascinación por parte de Quaid con el miedo arrastra a todos los personajes a la búsqueda del lado más oscuro y perverso del ser humano.

Como mencionaba, es la segunda parte la que que determina el éxito del film. En esta segunda parte la tensión es tremendamente palpable, las reacciones ante el miedo de los demás y el propio tienen su propio proceso: duda, miedo, pánico, pavor y, justo antes de que se haya liberado toda la adrenalina, desesperación, que concluye con la rendición en unos experimentos terriblemente crueles (véase el experimento “vegetariano” de Cheryl o la intensa parte de la bañera con Abbey).

¿Vamos a encontrar gore en Dread? Pues el justo y necesario. Tenemos que tener en cuenta que estamos ante una película de terror psicológico, un terror al propio terror, por lo que las escenas sangrientas no abundan, pero tampoco decepcionan. Desde luego el trabajo de DI Blasi en este aspecto es acertado, ya que si pensamos en Clive Barker automáticamente nos vienen a la cabeza, cenobitas, monstruos, torturas, dolor y mucha sangre; y lo más fácil y efectista hubiera sido abusar un poco más de la hemoglobina para que todo el mundo saliera contento. Sin embargo, si nos enfrentamos a un dolor emocional, toda la carga de la película la tienen los actores y sus interpretaciones, y ahí es donde vienen de nuevo las pegas: el fichaje de Jackson Rathbone (más conocido por su papel del sosísimo Jasper Cullen en la saga Crepúsculo) para interpretar a Stephen. Bien, su actuación es una de las más inexpresivas que he visto en mucho tiempo (entiendo que puede ser un reclamo comercial para la película, pero es que este tío lo único que hace es abrir exegeradamente sus inmensos ojos sin pestañear y permanecer inmóvil, es como un árbol con dos grandes ojos…) y teniendo en cuenta que su actuación debería ser básica para el buen desarrollo del film, el resultado, amiguitos, es que si no te interesa mucho el tema, la primera parte de la película se hace lenta y algo pesada.

En algún momento del post he hablado de experimentos por lo que se nos puede venir a la mente Saw y sus pruebas; de hecho en algún momento yo sí pensé en la saga, pero a un nivel totalmente diferente: el hecho de enfrentarnos a nuestros miedos de manera forzada me parece un argumento suficientemente interesante y sólido como para obviar pequeñas cositas que en la película no andan muy finas.

Personalmente este tema me apasiona por lo que a mí no me molestó la primera parte de la película en absoluto. Además la atmósfera es sucia (que siempre se agradece) y percibes con claridad que la historia va degradándose más y más a medida que avanza el visionado, por lo que recomiendo Dread para pasar un buen rato acompañados y luego tratar el tema en una interesante discusión (¡que sin duda tendreis!).

Lo mejor: el tema en sí,el cara a cara con el miedo de los personajes y el apoteósico final.

Lo peor: puede ser algo tediosa si el tema no te llama la atención especialmente y la "actuación" de Jackson Rathbone (y no digo que no lo intente... pero no lo consigue).

¿Dónde conseguirla?
Gorenation: “Dread” en VOSE.

Hidden

Incapaz de "ocultar" el truco

Hidden

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  • Título original: Skujlt
  • Nacionalidad: Noruega | Año: 2009
  • Director: Pal Oie
  • Guión: Pal Oie
  • Intérpretes: Kristoffer Joner, Cecilie A. Mosli, Karin Park
  • Argumento: Kai Koss vuelve a su casa de la infancia tras la muerte de su madre, dispuesto a deshacerse de la propiedad. Sin embargo, los fantasmas de su traumático pasado irrumpen en el presente en cuanto cruza el umbral...

45 |100

Estrellas: 3

Hidden

Un primer plano del suelo nocturno del bosque del que emerge, como si de un zombi se tratase, un brazo. En la carretera circundante, hay un vehículo detenido para que un niño haga sus necesidades entre los árboles.
De pronto, aparece otro niño corriendo.
Un camión avanza por la carretera, y el niño que corría por el bosque sale a la misma… Todo se precipita: el camión, para no atropellarle, da un volantazo y, entonces, se estrella contra el vehículo que estaba estacionado. Los dos niños son testigos de lo sucedido.

Esta es la primera secuencia de la película. Es un prólogo impactante, promete, y está contado con la suficiente inteligencia y argucia para conseguir sorprender al final. Seleccionada para el AfterDark Fest 2010, Skujlt es la segunda película de Pal Oie, director de Dark Woods (2003). Reune en su equipo actoral a la elite del cine nórdico: tanto a Kristoffer Joner como a Cecilie Mosli les hemos visto ya en cintas anteriores de terror (“Naboer”, Pal Sletaune, 2005, por ejemplo) , y Karin Park va ganando adeptos como cantante y actriz. Técnicamente, el nivel es sobresaliente: la música es convencional pero eficaz –que es, a fin de cuentas, de lo que se trata-, la fotografía es excelente, el diseño de sonido está trabajado y el montaje tiene estilo.

Son muchas virtudes, sí, pero no sirven para camuflar lo que hay debajo. Skujlt es de esas pelis que parecen buenas, que cuesta trabajo ponerle peros porque su envoltorio es muy brillante. Sin embargo, hace de la trampa su principal mecanismo, y se nota desde el principio. El porqué hay un abismo tan grande entre la maestría inicial y el resto, es un enigma.

Años después del prólogo, Kai Koss circula por esa misma carretera. Vuelve a su pueblo natal tras la muerte de su madre. Es el único heredero, así que la antigua casa familiar es suya. La llegada de Kai al caserón de la infancia marca en qué términos se va a mover el resto de la película. Repentinos sustos efectistas –en contra de los que no hay nada, sólo faltaba- y absoluta parquedad a la hora de dar información. ¿Está justificado? Sí: aunque nunca se explica claramente, Kai se nos presenta como alguien con recuerdos reprimidos de su infancia, en especial los que tienen que ver con su madre –la relación entre ambos era bastante conflictiva- y con la trágica noche que da comienzo a la función. Se pretende, por tanto, que el contacto del personaje con el entorno del pasado sea lo que dinamite este recuerdo. ¿Funciona? A mí no me lo parece. Se nota, se desprende de las imágenes, se siente como espectador, que no te pueden contar demasiadas cosas porque, si no, se desvelaría el secreto. Así que el metraje se llena de miradas del protagonista a una puerta cerrada –que está claro que acabará por abrirse-, o a un sonido que le recuerda algo, o conversaciones interrumpidas bruscamente porque, si se mantuvieran, la película no duraría más de media hora. (A todo esto, en la primera visita a la casa familiar, Skujlt repite la escena de la pelota de Al Final de la Escalera).

Kai Koss es un personaje unidimensional, en el que todo el énfasis está puesto en reseñar que está traumatizado por su pasado, que conocen tanto la policía local, Sara, como la encargada del hotel en la que se está hospedando, Miriam, probablemente una de las presencias más enigmáticas de la película. Encarnada por la cantante Karin Park, su personaje promete pero está desaprovechado. Es excesivamente funcional: lo primero que sabemos de ella es que a Kai le gustaba cuando era un niño, y lo segundo –y último- es que conviene que sea así para que le eche un cable cuando es necesario.

¿Qué sucede en el punto medio de Skujlt? En lo estrictamente cinematográfico, hay un cambio de punto de vista nada sutil. En lo estrictamente narrativo, tras este punto medio, Kai cuenta a Sara, la policía, sus sospechas: cree que Peter, uno de los dos niños de la carretera –el otro era él, claro- de la escena inicial, sigue vivo. Lamento ser tan críptico, pero no quiero desvelar demasiado… la sensación, cuando se está en este tramo de la película, es muy decepcionante. No hay que ser ningún lince para saber qué está pasando, y sin embargo siguen empeñados en meterte pruebas disuasorias y abrir puertas hacia otras direcciones. Comienzan, claro, las explicaciones: por qué estaba Kai niño esa noche en el bosque, de quién huía y qué creen los habitantes del pueblo que le sucedió a Peter, el otro crío. Y ves con toda claridad que, si te lo hubieran contado antes, se habría acabado el enigma. Han retrasado este momento todo lo que han podido, como si Pal Oie también fuera consciente de que, una vez enseñado esto, no tenía más cartas que sacar. De hecho, conforme se llega al tramo final, hay una escena que pretende ser enigmática pero, me temo, despeja cualquier duda que pudiera quedar… suponiendo que quedara alguna: el encuentro en el bosque de Kai con “caperucita roja” (llamémosle así, por ejemplo, para preservar su anonimato). Un momento similar lo hemos visto este año en San Valentín Sangriento. Esto no deslegitima el recurso; el problema es que el recurso en sí es muy tosco.

Cuando Skujlt llega a su clímax, se ha desinflado completamente, e incluso irrita que se intente seguir manteniendo el suspense. No sé de qué forma podía haberse sostenido todo el entramado. Quizás, habiendo convertido en historia real una de las hipótesis que se plantean en la segunda mitad de la película. Claro que, también hay que tenerlo en cuenta, si Paol Oie hubiera hecho eso, habría acercado en exceso Skujlt a su debut, Dark Woods. Ambas películas se parecerían demasiado, y no está bien hacer dos veces la misma película.

Lo mejor: El prólogo.

Lo peor: Que se le ve el truco.

Samurai Princess

Katanas y móviles..

Samurai Princess

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  • Título original: Samurai Princess
  • Nacionalidad: Japón | Año: 2009
  • Director: Kengo Kaji
  • Guión: Sôtarô Hayashi
  • Intérpretes: Aino Kishi, Dai Mizuno, Mitsuru Karahashi
  • Argumento: En un Japón futuro e hipotético, once chicas son violadas y desmembradas, la única superviviente ahora convertida en un "mecha" (un cyborg armado hasta los dientes), vaga sin piedad en busca de su venganza.

50 |100

Estrellas: 3

Samurai Princess

El Bosque Infinito. El lugar donde van a parar todos los desechos de un futuro Japón, donde el feudalismo y la tecnología más bizarra comparten cama.
Once indefensas chiquillas son violadas y posteriormente asesinadas por una recua de maleantes cuyos líderes son dos especies de cyborgs. Estos seres son llamados mechas, humanoides creados a partir de restos vivos pero modificados para que ciertas partes corporales sean armas. Están trastornados, son viciosos e ilegales.

Una de las once niñas sobrevive y es encontrada por un científico loco, que se cree un artista de la carne, y una monja budista. Recomponen sus despojos con los miembros amputados de sus hermanas y fusionan las once almas de las muchachas muertas en una sola; creando así un mecha mortal y vengativo que parte en busca de los degenerados asesinos. En esta búsqueda la acompañará un antiguo cazador de mechas; compartiendo desmembramientos, sueños eróticos, dramas del pasado, peleas sangrientas y poco más…

Sí, poquito más porque en un párrafo esta contenido todo el argumento de este splatter japonés que nos trae el guionista de Tokio Gore Police (TGP), Kengo Kaji. El cual escribe esta historia de gore, samuráis y mechas, dirigiéndola él mismo.

Se trata de una nueva muestra de cierta vertiente del actual gore nipón. Una serie de películas cortadas por el mismo patrón: Una atractiva protagonista embarcada en una búsqueda griálica (bien sea este grial la venganza, el conocimiento ó pura supervivencia) y un mundo que fusiona la carne con metal, armas y sexo. Estoy hablando de las Chanbara Beauty, Machine Girl, TGP, etc…

Todos estos largometrajes acuden a los chorros de sangre, la exageración, amputaciones y la transformación del cuerpo en un arma viva; como principal atracción. Samurai Princess sigue estos pasos pero con un resultado un poco insustancial.
Aunque la ambientación intenta lograrse, los bosques y los almacenes abandonados donde esta rodada (digicutremente, por supuesto) no le dan ninguna vida a las imágenes. Tampoco el vestuario es deslumbrante, resultando un periodo Edo futurista bastante pobre.
¿Fotografía? Tampoco destaca. ¿Montaje? El apropiado para una serie de televisión barata. Quería evitar comentarlo pero no puedo resisitirlo. Su montaje parece el de un capítulo de los Power Rangers. Entiendo que es una comparación vil, pero es la cruda realidad.
Los actores son clásicos del cine japonés de serie B: muy blandos e inexpresivos. Y eso que uno de los grandes reclamos publicitarios de este film era (al menos en el imperio del Sol Naciente) la actriz Aino Kishi, encarnando a la princesa samurai. Esta guapa actriz es reconocida por su trabajo en el cine para adultos. Pero que ninguno se emocione, en Samurai Princess no tenemos más que un par de gotitas de sexo y muy ligero. Personalmente, estas tácticas de marketing dentro del cine de terror me producen bostezo. Véase, por ejemplo, Zombie Strippers.

Entonces, si no tenemos ni buenos actores ni decorados ni historia intensa ni fotografía; ¿qué nos queda?
Los efectos especiales de Yoshihiro Nishimura (director y responsable de fx también en TGP). El despliegue de barbaridades visualizadas es lo único que nos va despertando, un poco, del soporífero desarrollo: Intestinos-hoces, piernas-sierra, pechos-bomba y esos clásicos chorros de sangre que nos inundan salpicando nuestra pantalla. Las escenas sangrientas no alcanzan una alta cota de intensidad pero entretienen por lo esperpéntico de los personajes involucrados en ellas.
Pondría como pega que esta vez los efectos creados por ordenador están muy mal insertados, e incluso los efectos clásicos no están a la altura de lo esperado. Pero se ve claramente que el presupuesto ha estado más limitado que en otras producciones y todo no se arregla con dinero.

En conclusión: Una película un poco decepcionante (y eso que no esperaba nada de ella) puesto que un splatter debe ser más intenso y se llega a hacer larga incluso con su breve duración, pero que no deja de ser una propuesta gamberra apta para festivales de madrugada y quedadas de borrachos con los amigos. Esperemos que próximas producciones del estilo sean superiores. Estoy hablando de Vampire Girl Vs. Frankenstein Girl. Crucemos los muñones…

Lo mejor: Lo bizarro de las situaciones, los malos de telefilm y la sangre.

Lo peor: Una película de nivel demasiado bajo en lineas generales.

¿Dónde conseguirla?
La Morgue Cinema: “Samurai Princess” en VOSE (Danke Eddie!).

Vertige

No apata para quiénes padezcan vértigo

Vertige

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  • Título original: Vertige
  • Nacionalidad: Francia | Año: 2009
  • Director: Abel Ferry
  • Guión: Johanne Bernard, Louis-Paul Desanges
  • Intérpretes: Justin Blanckaert, Nicolas Giraud, Raphaël Lenglet
  • Argumento: Tras superar los numerosos peligros de una accidentada jornada de alpinismo, cinco amigos deberán hacer frente a un asesino que intentará darles caza uno a uno.

60 |100

Estrellas: 4

Vertige

Cinco amigos franceses se trasladan a tierras croatas para practicar alpinismo. Tras superar la dura prueba de un decrépito puente colgante, quedan atrapados y a merced de un psicópata que tiene sus propiedas infestadas de trampas.

De nuevo (y viene siendo una tónica bastante habitual) podemos diseccionar Vertige en dos mitades prácticamente iguales en cuanto a su duración, pero con unas prestaciones muy dispares.

Durante la primera mitad de la película, alrededor de cuarenta minutos de los casi noventa que dura Vertige, nos encontramos con una intensa y por momentos espectacular y vertiginosa (nunca mejor dicho) película de acción capaz de provocarnos más de un vuelco al corazón a todos aquellos que sintamos algún tipo de aprensión o miedo a las alturas.

Abel Ferry rueda las numerosas secuencias de montaña con una envidiable habilidad, pulso firme, y con unas elevadísimas dosis de realismo en cada una de los instantes en que los protagonistas quedan, literalmente, suspendidos en el vacío. Son momentos en los que la adrenalina campa a sus anchas y que culminan con una antológica secuencia con los protagonistas de Vertige intentando cruzar un puente colgante, en la que el vértigo realmente se palpa, y que queda a la altura del magnífico y recordado arranque de Máximo Riesgo (Clifhanger), dirigida en 1993 por Renny Harlin, y con Silvester Stallone interpretando uno de los mejores papeles de su carrera.

Una vez superado el intenso y magnífico trance de la montaña, Vertige toma el camino del survival más convencional y poco aficionado a las sorpresas.
Abel Ferry cae en la misma rutina de siempre y abusa de elementos que ya hemos experimentado en infinidad de ocasiones: trampas para osos, personajes que desaparecen súbitamente, un psicópata de las montañas del que apenas sabemos nada (a excepción de un ridículo cartelito al finalizar la película que pretende hacernos creer que el susodicho existió en la realidad), una guarida del asesino que comparte decorador con la mayor parte de guaridas de asesinos de la última década (p.ej. la guarida de Jason Voorhees en Viernes 13 2009), y un desarrollo de los acontecimientos que el aficionado al survival podría intuir o adivinar incluso antes de iniciarse la película.

Por suerte siguen conjugándose en Vertige una serie de elementos que logran rescatar la propuesta cuando esta bordea los límites de la mediocridad.
Pese a que la mayor parte de su fuerza y atractivo queda concentrada en su primera mitad (justo cuando Vertige es mucho más una película de aventuras o acción que una película de terror al uso), sí hay un aspecto que define a la película en toda su extensión: Vertige está muy bien hecha. En el aspecto visual no hay absolutamente nada que reprocharle. Ni cuando la cámara recorre velozmente los escarpados muros de una montaña, ni cuando los protagonistas son perseguidos por un asesino en mitad de la noche. La fotografía, la cámara, los efectos… la calidad de Vertige en todos estos aspectos no se desinfla en ningún momento, confirmando que Abel Ferry, debutante en las lindes cinematográficas, seguramente tiene muy merecida su reputación como realizador publicitario.

Tampoco está nada mal el dibujo de los personajes, cuyos comportamientos y diálogos son un poquito más adultos (tampoco demasiado) de lo que nos tiene acostumbrados el cine de horror norteamericano. Abel Ferry se atreve incluso a establecer un triángulo amoroso cuya mayor virtud es no caer en el aburrimiento total y hacerse, como mínimo, soportable.

Finalmente, y pese al mencionado bajón de intensidad cuando Vertige se adentra en los límites del survival puro y duro, es de justicia apuntar el fabuloso desenlace, que vuelve a recuperar la fuerza y el vigor de los primeros minutos, y cuya confrontación final vuelve a demostrarnos que los franceses son únicos a la hora de hacer sufrir a sus protagonistas femeninas.

Vertige es una película de acción realmente interesante en su primera mitad, con unas magníficas secuencias de escalada que logran acelerarte el corazón; y un survival mucho más convencional y típico de lo esperado en su segunda mitad. Por suerte, Vertige revive en su tramo final, cuyo desenlace reúne una potencia y una garra suficientes para lograr que el cómputo final de la película sea, definitivamente, recomendable.

Lo mejor: Las secuencias de alpinismo y el enfrentamiento final.

Lo peor: Cómo muestra del género survival no deja de ser de lo más convencional.

¿Dónde conseguirla?
GoreNation: “Vertige” en VOSE.

Pig Hunt

Sucia tarea la de acabar con un cerdo gigante

Pig Hunt

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  • Título original: Pig Hunt
  • Nacionalidad: USA | Año: 2008
  • Director: James Isaac
  • Guión: Robert Mailer Anderson, Zack Anderson
  • Intérpretes: Travis Aaron Wade, Tina Huang
  • Argumento: Cuatro amigos de San Francisco viajan a las afueras para cazar jabalíes. Los cazadores locales no son muy amables con los forasteros, y por si fuera poco existe la amenaza de un legendario cerdo gigante apodado El Descuartizador.

59 |100

Estrellas: 3

Pig Hunt

Pig Hunt es una película desequilibrada, y lo es en las dos principales acepciones del término.

John, acompañado de tres de sus mejores amigos y su aguerrida novia, viajan hasta las lejanas tierras de su recién fallecido tio con el objetivo de cazar jabalíes.

Una vez inmersos en la esperura del bosque, deberán hacer frente a una pandilla de paletos (rednecks) descerebrados que no muestran demasiado aprecio por los cazadores foráneos, y a la leyenda de un gigantesco cerdo salvaje al que se conoce con el sobrenombre de Descuartizador.

El desequilibrio de Pig Hunt procede de una primera mitad de película en la que James Isaac (Jason X, Skinwalkers), director del evento, dedica un tiempo excesivo a la presentación de unos personajes que no merecen dicha atención. Y no la merecen porque la confrontación mostrada en Pig Hunt nos resulta, cuanto menos, familiar.

A este lado del cuadrilátero una chusma de cafres y retrasados paletos, mascadores de tabaco, y con una malsana afición a las armas de fuego y los enormes cuchillos de supervivencia.
A este otro lado del cuadrilátero un grupito de estúpidos muchachitos de ciudad, poco habituados a las excursiones campestres, y cuya experiencia más cercana a la caza mayor consiste en matar mosquitos a palmadas.

Dedicar casi media película a resaltar la naturaleza violenta de unos (los paletos), y la incapacidad de adaptarse a un medio que les es hostil de los otros (los chicos de ciudad), resulta a todas luces excesivo. James Isaac intenta poner remedio a la situación introduciendo algún que otro personaje y diálogos supuestamente divertidos… pero ni por esas.

Los protagonistas de la película se pasean por el bosque, sin un rumbo fijo, y sin que tengamos muy claro por dónde van a ir los tiros. Nada puede evitar que Pig Hunt nos depare una primera mitad de película monótona, tediosa y sin apenas un solo momento rescatable (a excepción de la magnífica panorámica, a cámara lenta, acompañada de una excelente melodía de banjos y con las raídas y desgastadas barras y estrellas de fondo, con la que hacen su aparición en escena la tropa de indeseables paletos).

Pero cómo ya he dicho antes, Pig Hunt presenta una asimetría realmente desconcertante. Si la primera mitad de la película (más o menos) está presidida por la desgana y el aburrimiento, la segunda mitad es una auténtica locura (de aquí la segunda acepción de desequilibrio entendido cómo trastorno, demencia, enajenación…).

De pronto, y sin previo aviso, Pig Hunt nos ofrece una delirante mixtura de géneros que incluye entusiastas persecuciones al estilo Mad Max, palurdos enmascarados blandiendo sierras mecánicas, gamberras muertes no exentas de las consabidas dosis de sangre y tripas (aunque sin exagerar), un musculoso hombretón que viste taparrabos y parece sacado de un exploit barato de espada y brujería, y una secta de féminas hippys aficionadas al destete, cultivadoras de marihuana y adoradoras de una brutal criatura de colmillos afilados ¿¿¿???

El resultado de dicha combianción acaba siendo tan extraña cómo extrañamente atractiva (permitidme el juego de palabras). Acción, survival, gore, monstruos… todo tiene cabida en Pig Hunt, sin necesidad de que la lógica o el sentido común impere en cada uno de los caminos tomados por la película.

El empaque visual de Pig Hunt es ciertamente destacable (teniendo en cuenta que se trata de una producción de bajo presupuesto), y las secuencias de acción están, todas ellas, eficazmente resueltas, destacando la adrenalítica persecución en la que los paletos, a lomos de sus sucios y destartalados todoterrenos, intentan dar caza a los desdichados protagonistas.

Nuestras posibilidades de simpatizar con una película cómo Pig Hunt pasan por aceptar de buena gana ese desquiciado y caótico juego que nos propone la película en su segunda mitad, en el que se mezclan toda una serie de elementos y géneros (sin demasiado orden ni concierto) que poco o nada tienen que ver entre si.

Personalmente creo que el experimento acaba funcionando. Toda esa paranoia y desorden que atesora Pig Hunt acaba por ofrecernos una gamberra, deshinibida y bizarra película de acción que sobrelleva sus múltiples defectos sin demasiado esfuerzo. Acción de serie B para disfrutar sin complejos y sin ser demasiado exigentes.

Y he dejado para el final uno de los puntos más conflictivos de Pig Hunt: el diseño del monstruo. Es difícil comprender la decisión tomada por James Isaac, un tipo mucho más apreciado por su labor en el terreno de los efectos visuales y el diseño de criaturas, participando en películas tan destacadas como La Mosca (The Fly, 1986) o ExistenZ (1999), ambas dirigidas por David Cronemberg, que por su labor tras las cámaras.
James Isaac mantiene al monstruo de Pig Hunt en un eterno primer plano, de manera que apenas podemos verle los ojos y sus largos colmillos. Nunca vemos a la bestia en toda su extensión. Ignoro si la decisión final tomada por Isaac responde únicamente a restricciones en el presupuesto o si se trata de un homenaje a determinadas películas ochenteras (todas ellas de bajo coste) que precisamente se caracterizaban por no ser generosas a la hora de enseñar al monstruo. En cualquier caso, la opción de Isaac a la hora de mostrar a la criatura creo que difícilmente será aceptada por una gran mayoría de aficionados.

Lo mejor: La locura sanísima y divertida de la segunda mitad de la película.

Lo peor: Que tarda en arrancar.

Pandorum

Una nave espacial abandonada no es un buen sitio para pasar las vacaciones

Pandorum

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  • Título original: Pandorum
  • Nacionalidad: USA/Alemania | Año: 2009
  • Director: Christian Alvart
  • Guión: Travis Milloy
  • Intérpretes: Dennis Quaid, Ben Foster, Cam Gigandet
  • Argumento: La nave Elysium transporta a 60.000 personas en busca de la salvación. Destino final: el planeta Tanis. Tras una prolongada hibernación, un par de tripulantes despiertan para comprobar que las cosas no han ido bien durante el viaje.

54 |100

Estrellas: 3

Pandorum

Pandorum parecía reunir, a priori, todos los elementos necesarios para convencerme.
El claustrofóbico escenario de una nave espacial a la deriva (del que siempre he sido un adicto), una interesante historia no-lineal que se va construyendo a golpes de memoria, una heroína de armas tomar, una plaga de ¿alienígenas? caníbales, un mucho de ciencia-ficción, un poquito de terror, las dosis necesarias de acción, e incluso Dennis Quaid, un actor que siempre me ha caído en gracia.

En el año 2100 el planeta Tierra es un lugar inhóspito a consecuencia del agotamiento de los recursos naturales (cómo muy bien nos muestra una imagen que parece sacada directamente de Wall-E). 60.000 seres humanos son los escogidos para forman parte de la tripulación del Elysium, una gigantesca nave que pone rumbo hacia el planeta Tanis, cuyas condiciones de habitabilidad parecen ofrecer una promesa de supervivencia y perdurabilidad.

Las duras condiciones del viaje obligan a la tripulación a sumirse en un largo periodo de hibernación controlada. El sargento Bower y el teniente Payton parecen ser los primeros en despertar del largo sueño. Desorientados y con pérdidas de memoria, pronto se dan cuenta de que algo terrible ha sucedido en el interior de la nave. El Elysium se encuentra varado, y una tribu de monstruos caníbales está dando buena cuenta de los pocos supervivientes que quedan. La única salida es reactivar el generador central de la nave y volver a poner rumbo a Tanis.

El punto de partida es excelente, de lo más prometedor. Uno de esos argumentos comunes (que además esconde un par de giros realmente interesantes hacia el final), tan habituales en el cine de ciencia-ficción, pero que llevados a la pantalla con un mínimo de acierto y talento, suelen dar excelentes resultados y otorgar agradables sorpresas al aficionado.

Sin embargo Pandorum, dirigida por el alemán Christian Alvart (Antikorper, Expediente 39), y producida por el inefable Paul WS Anderson (un dato a tener muy en cuenta), conjuga demasiados factores en su contra cómo para acabar siendo el entretenimiento sencillito pero tremendamente efectivo que un servidor se esperaba.

Sería bastante asequible trocear Pandorum en varios trocitos y reconocer en cada pedazo la enorme influencia de diversos títulos de la ciencia-ficción y el terror (algunos de ellos muy relacionados con la filmografía de Paul WS Anderson) de los últimos años. Y dentro de este superfluo ejercicio de disección quirúrgica, hay pedazos de Pandorum que me gustaron, y otros en que una evidente sensación de déjà vú acabó resultándome molesta.

El escenario me parece fantástico. El interior del Elysium, repleto de tubos, pasadizos, conductos de aire, repentinas salas inundadas por una cegadora luz blanca… creo que seríamos capaces de recorrer el interior de dicha nave con los ojos cerrados. Nos la sabemos de memoria, y eso es precisamente lo que me encantó. Aunque también es cierto que a Christian Alvart le hubieran ido de maravilla un par de focos de más con los que iluminar un poquito algunos rincones de la nave y que las cosas quedasen algo más claras (y visibles) para todos.

Es en las secuencias de acción pura y dura dónde Pandorum muestra su peor cara. Con una heroína que parece sacada de la saga Resident Evil, un musculado superviviente que habla una extraña lengua, y un grupito de monstruos, expertos en artes marciales ¿?, que perfectamente podrían pasar por parientes, en primer grado, de las criaturas subterráneas de The Descent, o los Orcos de El Señor de los Anillos (incluso hay un monstruo-niño que me recordó a alguno de los infectados-poseídos de la reciente REC 2); Pandorum nos ofrece una serie de piezas de acción que en ningún momento lograron activar mi torrente adrenalítico. Los monstruos de marras pasan la mayor parte del tiempo corriendo de un lugar a otro sin que apenas haya un enfrentamiento directo. Y cuando finalmente lo hay, descubrimos a expertos karatekas lanzando patadas voladoras sin ton ni son. Todo ello me arrastró a la conclusión de que Pandorum, en cuanto a la acción que atesora, no cumple con los mínimos exigidos.

Y finalmente la historia. Es de agradecer (y alabar) que al menos Christian Alvart se esfuerce en contarnos una historia. Pandorum, efectivamente, tiene mucho que contar. En ocasiones demasiado… Utilizando el recurso (tampoco novedoso) de ir desgranando el argumento a medida que los protagonistas van recuperando su memoria, Pandorum nos cuenta una interesante historia, no exenta de un par de giros inesperados y muy acertados, pero que en ocasiones se dilata en exceso y sufre una sobrecarga de información. Consecuencia directa de esta excesiva necesidad por contarlo todo y dejarlo todo atado y bien atado, es un exceso de metraje bastante evidente. A Pandorum le sobran, fácilmente, unos quince o veinte minutos de metraje. Con todo me reitero en que la historia acaba siendo atractiva (pese a que a Christian Alvart le falta agilidad narrativa a la hora de contarla) y su culminación, en una sensacional y sorprendente secuencia final, es de lo mejorcito que nos depara Pandorum. En definitiva, Pandorum es un producto que probablemente logrará cautivar a los amantes del género de la ciencia-ficción (al fin y al cabo tampoco hay demasiadas oportunidades al año de disfrutar de películas adscritas a dicho género), pero que encuentra en la mediocridad de sus secuencias de acción y en su incapacidad para sintetizar de algún modo la historia que nos cuenta, un par de escollos difíciles de salvar y que provocan que no acabe siendo el magnífico espectáculo que todos esperábamos de ella. Pese a todo tampoco sería justo condenarla al fuego purificador. Pese a sus defectos logra resultar entretenida durante buena parte de su metraje.

Lo mejor: la historia y su final.

Lo peor: las secuencias de acción (sobre todo el enfrentamiento, cara a cara, entre uno de los protagonistas y un monstruo).

The Girl Next Door

Cuando la realidad supera a la ficción

The Girl Next Door

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  • Título original: The Girl Next Door
  • Nacionalidad: USA | Año: 2007
  • Director: Gregory Wilson
  • Guión: Daniel Farrands, Philip Nutman
  • Intérpretes: Daniel Manche, Blanche Baker, Blythe Auffarth.
  • Argumento: Tras la muerte de sus padres en accidente de tráfico, Meg y Jenniffer son acogidas por Ruth Chandler. Meg será objeto de todo tipo de torturas y abusos por parte de los Chandler.

68 |100

Estrellas: 4

The Girl Next Door

Sylvia Likens tenía 16 años cuando sus padres, trabajadores en un circo ambulante, decidieron dejarla a ella y a su hermana menor Jennifer (aquejada de poliomielitis), al cuidado de Gertrude Baniszewski, una divorciada ama de casa a cargo de seis hijos (muchos de ellos de padres distintos), con serias dificultades para llegar a fin de mes y con diversas dolencias, incluido un severo asma, que mermaban considerablemente su salud.

Gertrude Baniszewski no tardó demasiado tiempo en descargar toda su ira y frustración sobre la mayor de las hermanas. Sylvia Likens fue encerrada, atada, golpeada, torturada, vejada y violada en el sótano de la casa de los Baniszewski. Los autores de los constantes abusos fueron tanto la propia Gertrude Baniszewski, cómo sus vástagos, algunos vecinos amigos de los críos, e incluso la propia Jennifer, obligada, en varias ocasiones, a golpear a su hermana mayor.

Finalmente, tras casi tres meses de cautiverio, Sylvia Likens murió víctima de las constantes palizas y la inanición.

No, no se trata del argumento de La Chica de al Lado (The Girl Next Door) película dirigida por Gregory Wilson en 2007, basada en el relato homónimo de Jack Ketchum, y que a su vez tomaba cómo punto de partida el caso real de Sylvia Likens.

No he tenido la oportunidad de leer la obra de Ketchum, pero por lo visto, el escritor norteamericano se limitó a cambiar la mayoría de los nombres propios, alterar la realidad de los padres de las niñas (en la novela los padres de Sylvia y Jennifer, rebautizadas para la ocasión con los nombres de Meg y Susan, mueren en un accidente de coche), reducir el número de hijos a tres, y finalmente centrarse en los aspectos más truculentos y macabros de la historia, lo cual supongo que tampoco le resultaría demasiado complicado a tenor de la crueldad que se desprende de las declaraciones vertidas en el posterior juicio tanto por los hijos de Gertrude Baniszewski, cómo por algunos de sus cómplices más directos (durante dicho juicio, Gertrude Baniszewski siempre negó los hechos de los que se la acusaba).

Imagino que una historia cómo la de Sylvia/Meg puedes ser abordada desde diversos puntos de vista y asumiendo diferentes grados de implicación y explicitud. Pero también supongo que, sea cual sea el camino escogido finalmente, siempre llegaremos a un punto sin retorno al que parece inevitable abocarnos: el daño físico (y psíquico) que condenaría a una niña de 16 años (aunque en la película redujeron la edad a 13 años) a un insoportable y agónico proceso de degradación y dolor que culminaría, irremediablemente, con su muerte.

A partir de aquí, los diferentes matices a la hora de explicar la historia, sí son importantes.

Curiosamente, también en el 2007 Tommy O’Haver firmaba An american Crime, basada en lo hechos acaecidos en el hogar de los BAniszewski durante el trágico verano de 1958 (sin pasar en esta ocasión por el filtro de la novela de Ketchum). El resultado arrojado por An american Crime era una mezcla de drama y thriller judicial, esforzado en describir el perfil psicológico de los torturadores (en especial el de la madre, una mujer enferma, agobiada por las deudas, y terriblemente decepcionada con la vida que había llevado hasta el momento. Y magníficamente interpretada por Catherine Keener en una labor que llegaba a “humanizar” la figura de Gertrude), que se mostraba excesivamente timorata y contenida a la hora de materializar el calvario sufrido por Sylvia.
Por supuesto, el de Tommy O’Haver es un punto de vista tan válido cómo cualquier otro a la hora de acercarse a la historia de Sylvia y Jennifer; sin embargo, cómo consecuencia de esa tonalidad o ese punto de vista asumido por Tommy O’Haver, las imágenes de An American Crime nunca llegaban a incomodar seriamente al espectador.

La propuesta del tandem Ketchum/Gregory Wilson es diametralmente opuesta a lo ofrecido por An American Crime. Ellos toman el camino más recto, el más directo. Quizás también el más obvio, el más evidente. The Girl Next Door, tras un breve preámbulo en el que la luz y el calor del verano del 58 toman todo el protagonismo (excelente la ambientación de la época y el contraste que estas cálidas imágenes suponen en referencia a lo que nos depara posteriormente la película), se sumerge de lleno, y con todas las consecuencias, en la terrible oscuridad del sótano en el que permaneció cautiva Sylvia/Meg. Y en el interior de ese sótano el dolor es palpable, doloroso para el espectador (valga la redundancia), desnudo, arisco, difícil de soportar.

Lejos de las molestias que se tomaba An american Crime por ofrecernos un perfil psicológico de los opresores, en The Girl Next Door Gertrude Baniszewski (rebautizada con el nombre de Ruth Chandler) es presentada cómo la mismísima encarnación del diablo (con un maquillaje que recuerda a la Bette Davis de ¿Qué fue de Baby Jane?), y su prole, lejos de dar en ningún momento la sensación de verse influenciados o arrastrados por la maldad de su madre (algo que sí ocurría en An American Crime en un determinado momento de la película), son poco más que una pandilla de auténticos malnacidos que experimentan placer y regocijo ante el dolor ajeno.

De este modo, gran parte de los personajes de The Girl Next Door son planos, uniformes. Se definen por una única característica: su ilimitada maldad. Una maldad cruda, cruel. Una maldad que empuja a un niño de apenas 10 años a solicitar a gritos que el castigo afligido a Sylvia/Meg no cese.

Afortunadamente Gregory Wilson tiene el acierto de incluir el personaje del joven David, vecino de los Chandler, amigo de los hijos de la familia, y que siente una especial atracción por Meg. A través de su mirada, de sus temores y de sus dudas (por muy censurable que en ocasiones pueda resultar su pasividad) tenemos una oportunidad de identificarnos, al menos, con uno solo de los personajes de The Girl Next Door.

La película de Gregory Wilson es una película realmente incómoda. The Girl Next Door es una patada en el vientre de la que resulta difícil recuperarse. Y su capacidad de consternación procede, única y exclusivamente, de la brutalidad y sadismo que desprenden algunas de sus imágenes. Una niña de 13 años, indefensa y asustada, aparece durante la mayor parte del metraje colgada, atada por las manos, desnuda, y sometida a un infierno de palizas, humillaciones y abusos sexuales sistemáticos perpretados, en su mayoría, por jóvenes cuyas edades van de los 10 a los 18 años.

Todo ello mostrado con una sequedad formal fascinante. El gore es prácticamente inexistente. Por más que hablemos de torturas y actos de salvaje violencia, que nadie espere nada que se acerque, ni remotamente, al Hostel de Eli Roth (por poner un ejemplo harto conocido).
Gregory Wilson no implica a la cámara en proceso de dolor de Sylvia/Meg. En su lugar sitúa al espectador a una distancia prudencial, suficiente para ser testigos impasibles (e impotentes) del sufrimiento de Sylvia/Meg, sin necesidad de ahondar en los detalles más escabrosos o buscar artificios que enfaticen el ya de por sí tremendo dolor que desprenden cada una de las secuencias de violencia de The Girl Next Door.

Personalmente creo que la forma más óptima de acercarse a la historia de Sylvia y Jennifer Likens hubiera sido una mezcla de la descripción de personajes (sobre todo el de la madre) de An American Crime, y la energía y contundencia de The Girl Next Door. Pero esto pertenece al campo de la especulación, así que os recomiendo darle una oportunidad a este intenso y desolador drama que es The Girl Next Door.

Lo mejor: La intensidad y crueldad de sus imágenes.

Lo peor: Los opresores son personajes demasiado planos.