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Sexy Killer

Hanibal Lecter con el fondo de armario de Paris Hilton

Sexy Killer

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  • Título original: Sexy Killer
  • Nacionalidad: España | Año: 2008
  • Director: Miguel Martí
  • Guión: Paco Cabezas
  • Intérpretes: Macarena Gómez, Alejo Sauras, César Camino
  • Argumento: La facultad de medicina comienza a sembrarse de cadáveres. La policía no tiene pistas de quién es el responsable de la carnicería. Nadie sospecha de Bárbara, una bella joven de aspecto inocente cuya única preocupación parece ser la moda.

62 |100

Estrellas: 4

Sexy Killer

Podría iniciar esta reseña diciendo que Sexy Killer es una película inusual, insólita, por el hecho de tratarse de una comedia española que realmente hace gracia. Pero esa probablemente sería una afirmación un tanto ofensiva, por lo que prefiero ahorrármela.

“Coloquialmente tontería. Cosa de poca entidad o importancia”. Esta es la definición que el diccionario de la Real Academia de la Lengua Española ofrece sobre el vocablo “chorrada”. Y “chorrada” es el concepto que mejor define la esencia de una película como Sexy Killer. Una enorme y autoconsciente tontería con la que un servidor pudo divertirse de lo lindo.

Bárbara pasa sus días en una exclusiva facultad de medicina soñando con casarse con un joven cirujano de éxito, y asesinando impunemente a todo aquel que le lleve la contraria o la inoportune de algún modo.
Otro estudiante (una rata de laboratorio) inventa un sofisticado aparato que traduce en imágenes la actividad cerebral. Empeñado en descubrir la identidad del “asesino de la facultad” decide probar su invento con las vícitimas recientes de aquel, con la esperanza de que el experimento le proporcione alguna imágen del asesino. Los resultados de dicho experimento serán inesperados... y devastadores.

Sexy Killer pertence a ese tipo de comedias delirantes y desmadradas en las que el argumento cuenta muy poco. Una chorrada, una tonteria, una gamberrada, una idiotez si se quiere, pero siempre hablando desde el más absoluto respeto hacia una propuesta que, al fin y al cabo, únicamente podríamos incluir en el género de la comedia (ni siquiera podemos hablar de ella como una comedia de horror).

El dilema que se nos plantea es sumamente fácil de resolver: si la descomunal payasada que plantea Sexy Killer nos hace gracia, la película será, sin duda alguna, una agradable experiencia. Pero si a ese gran chiste que es toda la película en sí, no le encontramos la gracia por ningún sitio, Sexy Killer será un auténtico desastre que acabaréis odiando. Es así de fácil.

Por supuesto a partir de aquí podremos hablar de todo lo bueno y todo lo malo que, desde un punto de vista exclusivamente cinematográfico, nos ofrece la película dirigida por Miguel Martí. Pero ni siquiera bajo este punto de vista Sexy Killer presenta demasiadas dificultades.

La realización de Miguel Martí es rotundamente efectiva. Se siente cómodo en todo momento y no duda en utilizar toda clase de recursos, poco o nada originales, que ayudan a aumentar esa idea de que nos encontramos ante una gran broma: Bárbara hablándole directamente a la cámara, Bárbara siendo protagonista de las páginas principales de una revista de moda para psycho-killers que nos adiestra sobre cómo asesinar al tiempo que perdemos peso... Todo vale para mantener vivo ese tono delirante (y divertido) que, de forma consecuente, busca la película en todo momento.

Los actores mantienen un buen nivel. Ángel de Andrés está inconmensurable en el papel de inspector (como siempre), Paco León (Luisma en Aida) divertidísimo interpretando a... Paco León, César Camino y Alejo Saura cumplen a la perfección, y, por supuesto, destacar la potentísima presencia de Macarena Gómez, cuya adorable sobreactuación (exigencias del guión) de una asesina en serie, que se define a sí misma cómo un Haníbal Lecter con el fondo de armario de Paris Hilton, acaba erigiéndose, por méritos propios, en el principal aliciente cómico de Sexy Killer.

Me resultó sencillo reirme con Sexy Killer. Me reí con los asesinatos (aparatosos e imaginativos), me reí con determinados personajes secundarios (el desgraciado –Paco León- al que Bárbara le explica la historia de su vida), me reí con buena parte de los diálogos (César Camino intentando que un imbécil le preste su smoking en el lavabo de un restaurante), aluciné con el giro inesperado de los acontecimientos en el último tercio de la película y, por supuesto, disfruté una barbaridad con la ingente cantidad de referencias que adornan todo el metraje, desde las más obvias (Viernes 13, Posesión Infernal, El Silencio de los Corderos, Scream...),hasta las menos evidentes (Cocodrilo Dundee, Modesty Blaise, Terminator 2, Taxi Driver, La Noche de los Muertos Vivientes...).

Por supuesto Sexy Killer dista de ser una película perfecta. Algunos bajones en el ritmo provocados por un argumento de muy corto recorrido, su apuesta por un humor decididamente freak (aunque, personalmente, no creo que esto sea un inconveniente) y, lógicamente (suele ocurrir en este tipo de producciones), algunos chistes y situaciones supuestamente cómicas que fracasan de tal manera que no las salvaría ni el mismísimo Peter Sellers, seguramente provocaron que Sexy Killer no tuviera el recibimiento en taquilla que quizás se merecía.

Os propongo su recuperación a todos aquellos que no hayáis disfrutado todavía de Sexy Killer. Es indudable que no va a gustar a todo el mundo. Sexy Killer en tan sólo una gamberrada, delirante y desquiciada, cuyo único objetivo perseguido es el de divertir al personal. Quién consiga entrar en su juega se divertirá. Y quién no, posiblemente acabe odiándola.
Si finalmente soys de los que acabais odiando Sexy Killer, en esta ocasión os propongo que en lugar de acordaros de alguno de mis parientes más cercanos, le echéis la culpa al cine español en general, algo que nunca está de más y que siempre reconforta. Y ya veréis como de las diez próximas producciones españolas, al menos la mitad versaran sobre la guerra civil, la postguerra, o la transición. En fin...

Lo mejor: Su juego referencial, Macarena Gómez, y el hecho de que tan sólo intente divertir... y lo consiga.

Lo peor: Algún que otro bajón de ritmo y que la historia sea de muy corto recorrido.

Lesbian Vampire Killers

Ya están aquí los asesinos de vampiras lesbianas

Lesbian Vampire Killers

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  • Título original: Lesbian Vampire Killers
  • Nacionalidad: Gran Bretaña | Año: 2009
  • Director: Phil Claydon
  • Guión: Paul Hupfield
  • Intérpretes: Mathew Horne, James Corden, Paul McGann
  • Argumento: Una antigua maldición proferida por Carmilla, la Reina Vampira, convierte a las chicas de Cragwich en vampiras lesbianas al cumplir los 18. Jimmy y Fletch deberán hacer lo posible por salvar al pueblo de la maldición.

63 |100

Estrellas: 4

Lesbian Vampire Killers

Tommy Wirkola se salió con la suya. Su Dead Snow prometió zombis nazis en la nieve. Miles de aficionados al género nos imaginamos un sangriento festín de zombis nazis en la nieve. Y finalmente Dead Snow nos ofreció zombis nazis en la nieve… ni más ni menos.

El británico Phil Claydon decidió ir un poquito más allá y le puso a su película el título de Lesbian Vampire Killers. De nuevo a miles de aficionados se nos pusieron los dientes largos (y nunca mejor dicho) y nos imaginamos una orgía pulp en el que nos rodeaban bellísimas vampiras homosexuales dispuestas a chupar todo lo que se les pusiera por delante (básicamente sangre). Incluso algunos de esos aficionados se apresuraron a inundar páginas y páginas de la red profetizando un inigualable espectáculo de serie B desbordado de sexo y sangre por los cuatro costados (quiero ver vuestros dedos acusadores señalándome).

Por fin he visto Lesbian Vampire Killers, y os aseguro que disfruté. Lo pasé bien. Fueron 88 minutos de mi vida que pasaron volando. Pero también os garantizo que es muy difícil reseñar una película como Lesbian Vampire Killers sin mostrar un cierto tono de decepción en mis palabras. Aunque sea una decepción a medias.

Jimmy y Fletch son un par de fracasados que necesitan, urgentemente, unas vacaciones. Tras una ingestión masiva de pintas de cerveza en el pub de la esquina, deciden que la mejor forma de decidir el destino de sus vacaciones es lanzar un dardo sobre un mapa de Inglaterra colgado en la pared. El azar les lleva hasta Cragwich, una pequeña localidad al norte del país que, casualmente, se encuentra sometida a una poderosa maldición de Carmilla, la reina de los vampiros. Dicha maldición recae sobre las chicas del pueblo, quienes al alcanzar los 18 años de edad se convierten, irremediablemente, en vampiras lesbianas sedientas de sangre. Nuestros protagonistas, junto a una guapa estudiante del folclore local, y un expeditivo párroco cuya hija está a punto de cumplir los 18; deberán unir sus fuerzas para destruir la maldición que pesa sobre el pueblo, y con ella a la mismísima Carmilla, la Reina Vampira.

Permitidme que en esta ocasión empiece mencionando un par de cositas que no encontraréis en Lesbian Vampire Killers (y que, a la postre, serán motivo de decepción por parte de un buen número de aficionados). En Lesbian Vampire Killers no hay sexo. Hay algunas chicas sexys (realmente sexys... tan sexys como malas actrices), hay chistes sexuales, un par de destapes en el prometedor preámbulo (la promesa de algo que nunca llega a materializarse), y, por haber, incluso hay vampiras lesbianas que, de vez en cuando, se tocan (se rozan) y se besan. Pero todo acaba siendo tan suave, tan ligero, tan inocente, tan dócil… que intentar acercarse a Lesbian Vampire Killers (recordemos que ese es su título) en términos de sexo, acaba siendo un ejercicio de absoluta tristeza.
Lo que nunca sabremos es si guionista y director de Lesbian Vampire Killers tuvieron siempre en mente una versión tan mojigata y santurrona de su película (siempre hablando en términos de sexo), o si la autocensura, ante la posibilidad de incrementar el número de espectadores potenciales, hizo acto de presencia en algún momento del camino.
En cualquier caso, el resultado final es que Lesbian Vampire Killers es apta para cualquier seguidor de la saga de Harry Potter.

Y otra cosa que tampoco hallareis en Lesbian Vampire Killers es sangre, lo cual no deja de ser curioso tratándose de una película de vampiros. Hay algunas secuencias gore encaminadas (y creo que muy acertadamente) a resultar divertidas en lugar de asquerosas. Pero el rojo sangre, el rojo hemoglobina por el que el buen aficionado al terror siempre suspira… está ausente de Lesbian Vampire Killers. Cuando una vampira muere, su cuerpo estalla y fluye una sustancia blanca y espesa que no recuerdo haber visto nunca antes en una película de vampiros.
Al margen de si dicho líquido blanco y espeso es una metáfora del semen masculino –sic-, la pregunta que me hacía al ver morir a cada una de las vampiras siempre era la misma: ¿dónde demonios está la sangre?

Así que tenemos una película cuyo título es Lesbian Vampire Killers en la que apenas cobran protagonismo el sexo y la sangre. Pero entonces… ¿qué nos queda?
La comedia. Lesbian Vampire Killers es una comedia ligera, sencillita, inofensiva y de fácil digestión.

Los chistes se suceden uno tras otro, teniendo al personaje de Fletch como principal protagonista en la mayoría de ocasiones (por cierto, si a los cinco minutos de estar viendo Lesbian Vampire Killers decidís que el personaje de Fletch es insoportable –puede ocurrir-, os recomiendo que abandonéis el barco lo antes posible).
Y hay chistes de toda clase. Los hay de humor blanco y humor negro (o más bien gris). Hay chistes sexuales, los hay cinéfilos y referenciales, machistas, gruesos, chistes algo más sutiles, incluso hay chistes que se repiten una y otra vez hasta perder toda su gracia. En definitiva hay ocurrencias y chistes que funcionan y otros que no.

Por supuesto hay otros aspectos que también juegan a favor de la película. El aspecto visual de Lesbian Vampire Killers es magnífico. Su estética cómic resulta muy acertada. Las interpretaciones son todas ellas aceptables (a excepción de buena parte del elenco femenino cuando todavía no se ha convertido en vampiro) y las chicas son realmente sexys (aunque en este caso, el topicazo de ser guapa y tonta se cumple de forma aplastante). El ritmo es bueno y la comedia está presente en prácticamente cada plano que conforman los ajustadísimos 88 minutos que dura la película.

Si es que, en realidad, pese a que lo que estáis leyendo parezca una mala reseña de una película, lo cierto es que Lesbian Vampire Killers no está tan mal. Me pareció entretenida. Amena. Incluso divertida por momentos. Es cierto que me esperaba mucho más y que la mayoría de las expectativas que me había creado no han sido confirmadas, pero quizás ese sea un problema mío, y no tanto de Lesbian Vampire Killers.
Os recomiendo Lesbian Vampire Killers. No cómo el festival de sexo, sangre y colmillos que quizás muchos esperabais, sino como una comedia ligerita, simpática y de consumo rápido.

Para finalizar recordaros que esta es una ocasión inmejorable para destacar lo friqui y simple que un servidor puede llegar a ser. Así es, yo fui de los que a tenor de las primeras imágenes aparecidas, el trailer, y sobre todo el título de la película; llegué a creer en la posibilidad de estar ante una excelente comedia vampírica, repleta de sexo, sangre y risas. No ha sido así. El invento de Lesbian Vampire Killers se ha quedado a medio camino.
Lo único que me queda es seguir siendo igual de friqui, volver a entusiasmarme con una nueva propuesta que reúna ingredientes similares a los de Lesbian Vampire Killers y rezar para que, de una vez por todas, las expectativas se vean plenamente satisfechas.

Lo mejor: Sabe entretener.

Lo peor: Las expectativas creadas. Ofrece mucho menos de los que algunos nos esperábamos. Y la presencia final de Carmilla, lo peor con diferencia...

¿Dónde conseguirla?
GoreNation: "Lesbian Vampire Killers" en VOSE.

Wanted: vivos o no muertos

Western y Horror (parte 2)

Wanted: vivos o no muertos

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  • Título original: Undead or Alive. A Zombedy
  • Nacionalidad: USA | Año: 2007
  • Director: Glasgow Philips
  • Guión: Glasgow Philips
  • Intérpretes: Navi Rawat, Chris Kattan, James Denton
  • Argumento: Un desertor del ejercito nordista y un imbécil al que una prostituta con la que pensaba casarse acaba de romperle el corazón, deberán hacer frente a un sheriff poco amistoso y a sus secuaces, todos ellos afectados por “la maldición del hombre blanco”.

40 |100

Estrellas: 2

Wanted: vivos o no muertos

Si alguien me pidiese que defina “Wanted: vivos o no muertos” (Undead or Alive: A Zombedy, 2007) en tan sólo un par de palabras, creo que lo tendría bastante claro: “Wanted: vivos o no muertos” es una entrañable estupidez.

Un desertor del ejercito nordista y un imbécil al que una prostituta con la que pensaba casarse acaba de romperle el corazón, deberán hacer frente a un sheriff poco amistoso y a sus secuaces, todos ellos afectados por “la maldición del hombre blanco”, proferida por el gran jefe Gerónimo justo antes de su trágica muerte. Por supuesto, la mencionada “maldición del hombre blanco” convierte a sus víctimas en zombis hambrientos de carne humana.

Así es, “Wanted: vivos o no muertos” no encierra demasiadas sorpresas. Mezcla de western, zombis, gore y humor, el resultado final de "Wanted: vivos o no muertos" decanta la balanza, de forma enérgica, hacia la comedia.
Pero que nadie vaya a creer que estamos ante una comedia ingeniosa e inteligente, al estilo de la omnipresente… ¡No! Esta vez no voy a hacerlo. Existe una tendencia bastante generalizada en los últimos tiempos a comparar cualquier nueva (o vieja) propuesta que combine humor y zombis, con una determinada película inglesa que a todos (o a casi todos) nos parece una categórica genialidad. No creo que sea justo (y que conste que yo he sido el primero en hacerlo). Así que en esta ocasión me resistiré a ello. No nombraré a la innombrable, y centraré todos mis esfuerzos en destacar las virtudes de "Wanted: vivos o muertos". ¡Y si todavía hay por ahí algún despistado que no ha visto “Zombies Party” (Shaun of the Dead, 2004), que no pierda más el tiempo! (sic… lo he vuelto a hacer).

“Wanted: vivos o no muertos” es humor del tosco, del zafio. Es slapstick, bufonada, necedad y ordinariez. Y no tengo absolutamente nada en contra de todos estos adjetivos cuando estamos hablando de una comedia.
Pero la cruel realidad es que “Wanted: vivos o no muertos” se lo juega todo a una carta: el lograr que nos riamos a gusto con sus innumerables chistes, desperdigados a lo largo y ancho de toda la película.

Si la posibilidad de experimentar el miedo o la inquietud ante una propuesta de terror es algo extremadamente subjetivo, que va íntimamente ligado a la propia personalidad de cada espectador; con el humor sucede exactamente lo mismo. Nos reímos de cosas distintas. Cuando voy a un cine para ver a Adam Sandler interpretando a un exagente del Mossad reconvertido en peluquero neoyorquino y el invento no me hace ni puñetera gracia, es probable que alguien, en la butaca de al lado, esté llorando de risa.

“Wanted: vivos o no muertos”, durante la mayor parte del tiempo, no logró arrancarme una sola carcajada, apenas una leve sonrisa. Ver a un tipo manejar torpemente sus pistolas, o construir todo un gag en base a los atributos sexuales de un zombi, son recursos supuestamente humorísticos que, sencillamente, no me hicieron gracia.

Y es una pena, porque como he dicho al principio, “Wanted: vivos o no muertos” disfruta de una serie de elementos que lograron despertarme una cierta sensación de afecto. La película me resultó entrañable. Fallida, mala, pero entrañable.

La ambientación, tratándose de un serie B de bajo presupuesto, es más que convincente. Tenemos, en todo momento, la sensación de estar ante una auténtico western; baratito, pero western al fin y al cabo.
Los personajes están bien definidos y cuentan con un convincente trabajo por parte de los actores. Aunque debo reconocer que un tal Chriss Kattan, por lo visto un famoso cómico norteamericano surgido de la cantera del Saturday Night Live, logró desesperarme en más de una ocasión en su papel de imbécil redomado.
Además cuenta con la sugerente presencia de la bellísima Navi Rawat, actriz que ya pudimos ver en la estupenda “Feast:Atrapados”, y que en “Wanted: vivos o no muertos” interpreta el papel de Sue, una pariente cercana de Gerónimo, y que tiene en su haber algunos de los mejores diálogos y secuencias de acción de la película.

Y, por supuesto, siempre nos quedarán los zombis. Torpes, idiotas, y con una nula capacidad intelectual en ocasiones, y capaces de discurrir como cualquier persona normal cuando es necesario. Maquillados al estilo verde mohoso y entregados, en ocasiones, al sano ejercicio de devorar cerebros y vísceras de cualquier infeliz que se cruce por su camino.

Los veinte últimos minutos no son un desperdicio absoluto. El enfrentamiento final entre los zombis y el trío protagonista, así como el sorprendente destino final de Sue, descendiente de Gerónimo (con creces, lo mejor de la película); lograron que me mantuviese despierto hasta llegar al final de la película.

No es una buena película. En realidad es mala. No me atrevo a recomendarla. Pero me proporcionó la oportunidad de darme cuenta (otra vez) de cómo vamos cambiando. De cómo no soy el mismo aficionado al género que era hace quince o veinte años, cuando emprendía búsquedas desesperadas por tener en mis manos la última locura de la Troma, de Henenlotter, o cualquier otra salvajada delirante que apareciese publicada en la revista Fangoria. Estoy absolutamente convencido que “Wanted: vivos o no muertos” hubiera sido la típica película por la que valía la pena emprender una de esas desesperadas búsquedas de videoclub. Por eso el calificativo de “entrañable”.
Pero lo tiempos han cambiado, y yo con ellos. No me gustó “Wanted: vivos o no muertos”.

Lo mejor: Navi Rawat y los últimos veinte minutos de la película.

Lo peor: Cuando se supone que tenía que hacer gracia, no me reí.

El Maldito Oeste

Western y Horror (parte 1)

El maldito Oeste

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  • Título original: Left for Dead
  • Nacionalidad: USA - Argentina | Año: 2007
  • Director: Albert Pyun
  • Guión: Chad Leslie
  • Intérpretes: Michael Najjar, Victoria Maurette, Andres Bagg
  • Argumento: Amnesty Town sufre la maldición de Mobius Lockhardt, un predicador que regresa de la tumba para vengar la cruel muerte de su esposa. Clementine Templeton, Black Constanza, y un misterioso grupo de mujeres, serán las próximas víctimas de su ira.

20 |100

Estrellas: 1

El maldito Oeste

Habitualmente no suelo extenderme en la obra y milagros de un director cuando escribo una reseña. Pero creo que en esta ocasión vale la pena detenerse en el nombre del director de "El Maldito Oeste" (Left for Dead), Albert Pyun, un tipo experimentado que ha tenido el honor de trabajar junto a celebridades del calibre de Jean-Claude Van Damme (Cyborg, 1989), Steven Seagal (Tiempo Límite, 2001), Christopher Lambert (Malas Armas, 1997), o Kevin Sorbo (Tales of an Ancient Empire, 2009).

Entre su selecta filmografía, además, encontramos títulos recordados y valorados por los más acérrimos defensores de la serie B más cochambrosa (y divertida), tales como “Alien Invasion”, “Kickboxer 2”, “Sueños Radiactivos”, “The Dollman”, “Cromwell, el rey de los bárbaros”, y una increíble (verla para creerla) adaptación de las aventuras del Capitán América.

Curiosamente, para rodar "El Maldito Oeste", Albert Pyun decidió trasladarse a Argentina, dónde la película fue rodada íntegramente en una población cercana a Buenos Aires y con un equipo técnico y artístico mayoritariamente argentino. Por lo visto, incluso buena parte de los diálogos en la versión original están en castellano (este es un dato que no puedo corroborar porque vi la película doblada al castellano en su totalidad).

Con todos estos datos, y siendo consciente de que, en muchas ocasiones, un servidor suele convertir su pasión por el género en un ejercicio de pura ingenuidad, lo cierto es que esperaba de "El Maldito Oeste", no una buena película (el currículum de su autor no me animaba a ello), pero sí al menos una divertida y entretenida muestra de spaghetti western mezclado con el cine de fantasmas.

"El Maldito Oeste" cuenta una historia de venganza protagonizada por el cruel Mobius Lockhardt, un predicador que regresa del más allá, en forma de oscuro espectro, para ajustar cuentas con los responsables del sufrimiento, el dolor y la muerte de su mujer.
En una historia paralela, Clementine, una dura cazarecompensas, llega a Amnesty Town con el objetivo de atrapar a Black Constanza, con el que le une una especial relación. Pero Clementine no es la única que desea capturar a Constanza. Un misterioso grupo de mujeres también andan tras su pista, acusando a Constanza de violar y dejar embarazada a una joven.

La película no funciona. Quizás no llega a la categoría de desastre total, pero se queda muy cerca de ello. Y es una auténtica lástima, porque hay un par de detalles que prometían. En primer lugar la historia, un típico “ojo por ojo, diente por diente” que tan buenos resultados ha dado en el género western a lo largo de tantas y tantas películas (y en especial dentro del subgénero del spaghetti-western). Y en segundo lugar un par de personajes atractivos y bien definidos como son el de Clementine Templeton, interpretado por Victoria Maurette, dando vida a una estupenda Clint Eastwood en clave femenina; y el de Mobius Lockhardt, con un Andres Bagg resolutivo en su papel de demonio vengativo, cruel y sanguinario.

Pero los detalles que no están a la altura son demasiados como para considerar "El Maldito Oeste" como una experiencia positiva.
La localización no cumple con su cometido. Ambientada en una ciudad fronteriza de México, en ningún momento tuve la sensación, mientras veía la película, de que la acción realmente transcurriera en el viejo y salvaje Oeste.

El aspecto visual, en realidad, es más propio de un culebrón de sobremesa que de un auténtico spaghetti-western. Incluso durante los primeros minutos, entre tanta actriz disfrazada de pistolera, tuve la impresión de que me había equivocado de género y que aquello estaba cercano a una película pornográfica, hasta el punto de cruzarse por mi mente el fugaz pensamiento de que todo acabaría en una liberadora orgía lésbica.
Por supuesto mi estúpido pensamiento no llegó a ningún sitio y "El Maldito Oeste" transcurrió con total normalidad dentro de los parámetros habituales del género.

Mucho peor que el tema de la nefasta ambientación de la película resultaron un par de detalles que llegaron a exasperarme (uno de ellos incluso consiguió irritarme… lo cual os aseguro que no resulta fácil).

El primero de esos detalles son unos interminables diálogos que acaban, irremediablemente, destrozando el ritmo de la película. Con el propósito, supongo, de dejar muy claros ciertos aspectos de la trama, los protagonistas entablan una serie de eternas y aburridas conversaciones que ponen a prueba nuestra paciencia. El resultado de esto es que, en momentos muy puntuales (que se correspondieron con dichos diálogos), desconecté totalmente de la película, algo que no suele ocurrirme casi nunca.

El segundo detalle (aquí es dónde mis nervios se crisparon) son una serie de absurdas decisiones tomadas por Albert Pyun a la hora de acometer el montaje de la película.
"El Maldito Oeste" está plagado de escenas a cámara lenta, secuencias en blanco y negro, movimientos bruscos de cámara y, sobre todo, una molesta insistencia en usar una técnica similar al freeze-frame (una imagen que se queda congelada durante un instante para luego continuar la acción) a cada momento.
Supongo que es la idea que tiene Pyun de un montaje moderno y dinámico. Personalmente me pareció un error de bulto.

Finalmente, en cuanto a la acción, hay poco que añadir. Hay menos sangre de la esperada y los efectos son de risa. A pesar de ello, cuando el fantasma se decide a ejecutar su venganza, hay que admitir que la película sube algunos enteros.

En definitiva, la promesa de una mala pero divertida y entretenida película, se queda tan solo en una mala película. Aunque en la mayoría de ocasiones, la línea entre lo malo y divertido, y lo simplemente malo, suele ser muy delgada. Así que si finalmente decidís darle una oportunidad a "El Maldito Oeste" quizás os llevéis una grata sorpresa. Espero que así sea.

Lo mejor: El trabajo de los actores, siempre convincente.

Lo peor: Los diálogos, el desarrollo de la historia, el ritmo...

Boy Eats Girl

Chico conoce chica. Chico se enamora de chica. Chico se come a chica

Boy Eats Girl

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  • Título original: Boy Eats Girl
  • Nacionalidad: Irlanda | Año: 2005
  • Director: Stephen Bradley
  • Guión: Derek Landy
  • Intérpretes: Laurence Kinlan, Samantha Mumba y Sara James
  • Argumento: Un chico fracasa en su intento de declararle su amor a su mejor amiga. A continuación comete un trágico error. Pero regresa convertido en un zombi que expandirá el horror en la comunidad.

62 |100

Estrellas: 4

Boy Eats Girl

"Boy eats girl" es una comedia zombi. Una de tantas que quizás tengamos la oportunidad de disfrutar en breve. La lista es prácticamente interminable… ¡ooops! Me temo que hace escasos días inicié una reseña con estas mismas palabras (la vilipendiada "Last of the Living"). Y es que últimamente tengo la impresión de que las películas de horror se dividen entre aquellas que podríamos incluir en el subgénero de las parodias zombis, y las que no.

Al menos "Boy eats girl", producción irlandesa de bajo presupuesto dirigida por Stephen Bradley, cuenta con el mérito de no pertenecer a la más reciente hornada de películas de temática zombi que intentan (y no siempre lo consiguen) parodiar el género.

"Boy eats girl" es una producción de 2005 que en el momento de su estreno llamó la atención positivamente en un buen número de festivales especializados, pero que a mediados del 2009, y para ser respetuosos con la tradición, todavía no ha disfrutado de un merecido estreno en el mercado doméstico español.

Una muerte repentina desemboca en un precipitado y torpe ritual de resurrección. Pero algo ha salido mal y, bocado tras bocado, el pueblo sufre una imparable plaga de zombis.

Así de sencillo. "Boy eats girl" persigue lo que podríamos denominar “la esencia” de la comedia juvenil zombi.
Todo aquello que no pueda encajar fácilmente dentro de los parámetros de una comedia juvenil, infestada de zombis, y generosa en gore; queda, automáticamente, descartado de "Boy eats girl".

Esa es la razón por la que Stephen Bradley condensa el metraje de "Boy eats girl" -en una encomiable demostración de capacidad de síntesis- en unos ajustadísimos 75 minutos en los que, como no podía ser de otra manera, la película siempre va al grano y ofrece, única y exclusivamente, todo aquello que realmente se espera de ella: comedia juvenil + zombis + gore. Todo lo demás sobra. Una muestra: Stephen Bradley finiquita una secuencia de muerte y posterior resurrección en apenas un minuto. Incluye dicha escena porque no tiene más remedio. Porque la necesita. Porque sin ella la trama quedaría coja. Pero sabe que la escena no aporta nada a su particular santísima trinidad (comedia, zombis, gore), así que la despacha a la velocidad de la luz.

"Boy eats girl" da comienzo con una interminable retahíla de tópicos y clichés propios de las comedias adolescentes norteamericanas. ¿Qué necesidad hay, bajo este contexto, de desarrollar adecuadamente a los personajes? Ninguna. A todos ellos les conocemos sobradamente: el guapo y tímido protagonista que no reúne el valor suficiente para declararse a su mejor amiga, la guapa protagonista dispuesta siempre a defender su castidad, el amigo estúpido objeto de todas las bromas, la zorra cachonda y lasciva…

Una sola línea de diálogo es suficiente para reconocer y poner a cada uno de ellos en su sitio. Y una vez todos los personajes entran en escena, se aposentan (para lo cual "Boy eats girl" se toma muy poco tiempo), y una minúscula trama queda establecida; la película empieza a rodar cuesta abajo y con el piloto automático en marcha. Chiste, zombis y sangre. Chiste, zombis y tripas. Chiste, zombis y desmembramiento masivo de muertos vivientes… y así, sin apenas descanso, sin tiempo para tomar aire, llegamos hasta el final.

Interpretaciones mediocres (hay que ver lo sosa que está la protagonista), correctos maquillajes, zombis cuya agilidad sacará de quicio a papá Romero, una historia sin pizca de originalidad, algunas sanas carcajadas, algo de fun-gore salvaje y disfrutable, un meritorio aspecto visual y una secuencia final que nos traerá el irremediable recuerdo de uno de los momentos más célebres del “Braindead, Tu madre se ha comido a mi perro” de Peter Jackson.
Lo cierto es que poco más se puede añadir de una película como "Boy eats girl". No hay espacio para la novedad o la originalidad, y en realidad "Boy eats girl" no persigue ni lo uno ni lo otro.

Todos aquellos fanáticos del cine de muertos vivientes que todavía tengan fuerzas para devorar un nuevo fast-food zombi, tienen en "Boy eats girl" una cita ineludible (de la misma forma que también la tuvieron con el "Dance of the Dead" de Gregg Bishop). Quiénes ya esten cansados de la pareja de baile comedia/zombis, les recomiendo que se olviden de "Boy eats girl".

Insisto: comedia juvenil, zombis y gore; y todo ello comprimido en apenas 75 minutos de película. Creo que queda bastante claro ¿no?

Lo mejor: Divierte.

Lo peor: Una vez vista se olvida.

Red Sands

Soldados aburriéndose al calor del desierto

Red Sands

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  • Título original: Red Sands
  • Nacionalidad: USA | Año: 2009
  • Director: Alex Turner
  • Guión: Simon Barrett
  • Intérpretes: Shane West, Leonard Roberts, Aldis Hodge
  • Argumento: Una patrulla de soldados norteamericanos debe vigilar una carretera en mitad del desierto. Sin ni siquiera saberlo, despiertan la ira de un Djinn, un ancestral demonio que odia a los humanos.

13 |100

Estrellas: 1

Red Sands

Creo que me repito. En realidad estoy seguro de ello.
Sólo hay un pecado capital que ninguna película de horror debería cometer bajo amenaza de pudrirse en el infierno del olvido. No se trata de que la película no cause miedo, o que la historia sea un cúmulo de insensateces y que no haya por dónde agarrarla. Ni siquiera me estoy refiriendo a que no disfrute de un ápice de originalidad, o que los efectos especiales no estén a la altura, o que los actores realicen su trabajo de forma pésima…

Nada de eso. El único y verdadero pecado capital es el del aburrimiento. Una película de horror jamás debería ser aburrida. Uno nunca debería verse tentado a mirar de reojo su reloj a mitad de película, deseando que el suplicio llegue a su fin y todo acabe con un sueño reparador que nos ayude a olvidar una mala experiencia.

"Red Sands" es la historia de siete soldados del ejército norteamericano cuya misión consiste en vigilar una carretera abandonada en mitad del desierto. Existe la sospecha de que dicha vía es utilizada por un comando de Al-Qaeda como lugar de paso.
La misión discurre con absoluta normalidad (y sin sobresaltos) hasta que un ignorante soldado raso decide emprenderla a tiros con una misteriosa figura de mujer esculpida en la roca de una montaña.
Por supuesto, su acto de insensatez (y de incultura) provocará el lógico despertar de un “Djinn”, una criatura perteneciente a la mitología pre-islámica creada por Dios con anterioridad a cualquier otro ser vivo. Los “Djinn”, dotados de la cualidad de adoptar cualquier forma deseada, odian a muerte a los humanos (y mucho más si estos le despiertan de un apacible sueño de miles de años).

La cosa, de buenas a primeras, no podía ser más prometedora, al menos para quien escribe estas líneas. La sola idea de mezclar dos géneros tan marcados y con tanta tradición a sus espaldas (y, en definitiva, dos géneros que me encantan) como son el bélico y el terror sobrenatural, suponía la esperanza -más allá del horrible póster que promociona la película- de darme de bruces con una propuesta sugerente, original y alejada de la vulgaridad y la trivialidad en el que se ha visto sumergido gran parte del cine de horror en los últimos años.

Mi primera reacción cuando me llegaron las primeras noticias sobre "Red Sands" fue pensar: “no se trata de un slasher, ni de una película de zombis… tampoco es un remake ni una secuela… sino una historia sobrenatural ambientada en un conflicto bélico moderno… tengo que verla cuanto antes”.

Pero no es la primera vez que me ocurre. Ni tampoco será la última.
Todas las excelentes expectativas que me fui formando alrededor de la película se derrumbaron con la misma rapidez con la que fueron creadas.

Efectivamente, el total e insoportable aburrimiento se adueña de "Red Sands" prácticamente desde su mismo inicio. Nada logra salvarla del sopor y el letargo en el que nos vemos sumidos a causa de una incesante retahíla de diálogos trasnochados en los que tienen cabida todos los tópicos habidos y por haber: conflictos raciales entre los miembros de la unidad, evocar a las novias que quedaron atrás, supuestas muestras de virilidad que desembocan en comentarios sexuales y sexistas de muy baja estofa (y sin puñetera gracia), e infinidad de comentarios sobre lo duras que resultan las condiciones de vida en el desierto y lo cabrones que llegan a ser los terroristas que se esconden bajo sus piedras (por cierto, no tengo ni idea de dónde se ha rodado la película –ni me he molestado en averiguarlo-, pero no recuerdo haber visto un desierto tan poco amenazador y tan falto de carisma –si es que a un desierto se le puede valorar su carisma- como el de "Red Sands").

De forma que, entre bostezo y bostezo, la única esperanza que nos va quedando es que la presencia del esperado "Djinn" anime la función y consiga salvar "Red Sands" de la quema. Pero como supongo que ya habréis adivinado, eso es algo que nunca llega a suceder.

No os diré en que forma se materializa el "Djinn", aunque si le echáis un breve vistazo al desastroso póster antes mencionado podréis averiguarlo con cierta facilidad. Lo que realmente importa es que el supuesto horror sobrenatural que la presencia del "Djinn" debería insuflar a la historia, nunca llega a materializarse.

Las acometidas del "Djinn" se traducen en diversas secuencias oníricas en las que los pecados de guerra que atormentan a cada uno de los soldados cobran vida ante sus propios ojos… una y otra vez, hasta sumergirlos en un estado de profunda locura.

Nuevamente una idea que a priori se me antoja interesante, se ve lastrada y condenada al fracaso a causa de un pésimo desarrollo en el que Alex Turner, director de "Red Sands", asume muy pocos riesgos y no logra, en ningún momento, transmitir la energía, la firmeza, e incluso la imaginación necesarias para que dichas secuencias funcionen.

En lugar de ello tenemos a una serie de personajes deambulando sin sentido por la arena del desierto, haciendo frente a sus mayores temores (temores que nunca acaban transmitiéndose al espectador), y corroborando que "Red Sands" no es, en absoluto, la película que esperábamos.

Y lo peor está todavía por llegar. Cuando el "Djinn" enseña, por fin, su primigenia y monstruosa forma , unos cochambrosos efectos CGI te obligan a desear que la criatura nunca hubiera mostrado su peor cara.

En definitiva, "Red Sands" es una soporífera muestra de horror sobrenatural y cine bélico que viene a sumarse a las numerosas decepciones que vengo experimentando en los últimos tiempos. Necesito unas vacaciones.

Lo mejor: ummmm... ¿que salen soldados?

Lo peor: Aburre a las rocas del desierto.

Shuttle

Viaja en el microbús del infierno

Shuttle

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  • Título original: Shuttle
  • Nacionalidad: USA | Año: 2008
  • Director: Edward Anderson
  • Guión: Edward Anderson
  • Intérpretes: Peyton List, Cameron Goodman, Tony Curran
  • Argumento: Dos amigas regresan de unas vacaciones en México y sus maletas se extravían. En compañía de dos chicos y un contable con prisas, deciden coger un microbús que les llevará al centro de la ciudad. Pero escogen el microbús equivocado.

68 |100

Estrellas: 4

Shuttle

¿Un thriller claustrofóbico, intenso y con altas dosis de suspense? ¿o una historia fallida, previsible, repleta de agujeros y que no hay quién se la trague?

Estoy plenamente convencido de que "Shuttle", el debut en la dirección y guión de Edward Anderson, es una de esas películas destinadas a cosechar respuestas airadas, tanto a favor como en contra, por parte de todos aquellos que os decidáis a comprar un ticket para este microbús al infierno.

Por mi parte, y pese a que no se trata, ni mucho menos, de un thriller perfecto, acabé inclinando la balanza hacia el lado positivo, viendo en "Shuttle" un thriller (con toques de horror) que logra mantener el suspense hasta, prácticamente, el tercio final de su metraje, y capaz de ofrecernos una serie de instantes con la fuerza, la violencia y la intensidad suficientes como para acabar elevando el nivel de la propuesta.

Un par de amigas, Mel y Jules, regresan de unas cortas pero intensas vacaciones en México. Todo parece haber ido bien hasta el momento, pero las cosas se complican a la hora de recoger sus equipajes en el aeropuerto. Una de sus maletas ha desaparecido. Pasan más tiempo del deseado reclamando la pérdida y acaban siendo, junto a Seth (un oportunista que no pierde la ocasión de echar sus redes sobre Mel) y Matt (el disconforme amigo de Seth), las últimas personas en abandonar el aeropuerto.

A punto de coger el último autobús que les llevará al centro de la ciudad, el conductor de un microbús les ofrece el mismo trayecto a mitad de precio. Mel, Jules, Seth y Matt deciden, finalmente, subirse al microbús. Gran error.

Como todo buen thriller moderno que se precie, "Shuttle" está diseñado para sorprender y conmocionar al espectador en, al menos, un par o tres de momentos clave en la película.

El señuelo de Shuttle se traduce en una única pregunta: ¿cuáles son las verdaderas intenciones del conductor del microbús? A partir de esta premisa básica en la que se sustenta buena parte del suspense de la película, Edward Anderson ejecuta un par de saltos al vacío en los cuáles pone en juego la solvencia de "Shuttle". De la reacción del espectador ante estos saltos dependerá, en buena parte, que "Shuttle" salga o no triunfadora.

En realidad es complicado reprocharle a "Shuttle" algo que vaya más allá de la propia esencia de la historia que se nos plantea y, sobre todo, de las numerosas trampas que Edward Anderson va esparciendo a lo largo de la trama.

Desde un punto de vista técnico y formal sorprende la diligencia de un debutante como Edward Anderson. Buena fotografía, excelente ambientación (¿de verdad Boston es tan tenebrosa de noche?), cumplidor a la hora de rodar las secuencias de acción, y capacitado para dotar al conjunto de la propuesta de las dosis de suspense necesarias.
También las actuaciones, sin ser especialmente destacables, acaban siendo solventes (al menos la interpretación de los cuatro jóvenes protagonistas pasa bastante desapercibida, sin estridencias, sin salidas de tono, lo cual siempre es de agradecer).

Pero entonces ¿cuál es el problema de "Shuttle" -si es que realmente tiene algún problema-? En realidad todos los peros que se le pueden atribuir a una película como "Shuttle" provienen de su argumento. Si analizamos con un mínimo de rigor el comportamiento de todos los implicados en la trama nos damos cuenta de que el trayecto de "Shuttle" está repleto de baches y curvas peligrosas. ¿Por qué no escapa? ¿Por qué no acaban, definitivamente, con la vida del villano de turno? ¿Por qué están tan vacías las calles de Boston? ¿Y la policía?

Es algo bastante común en el thriller actual. Se sacrifica la verosimilitud de determinadas situaciones y comportamientos a favor de una serie de trampas en el guión que no siempre resultan todo lo efectivas que cabría desear.

Cuando la trama de "Shuttle" se resuelva en una secuencia final demasiado alargada en el tiempo (y que nos descubre una subtrama entre las dos protagonistas que acaba siendo el punto más débil de la película), será el momento para sacar vuestras propias conclusiones. Por cierto, el desenlace de "Shuttle", en el caso de que no os lo esperéis, resulta de lo más interesante (o al menos a mí me lo pareció).

Repito: "Shuttle" no es un thriller perfecto. Es tramposo y posee algunas lagunas en el guión (algo muy habitual en el thriller actual). Pero en su conjunto sí me pareció un sugerente debut y una película entretenida y disfrutable.

En realidad el thriller siempre propone un juego. Un juego de verdades a medias y mentiras que, en muchas ocasiones, necesita de nuestra complicidad para no caer en el absurdo. "Shuttle" no es una excepción. Si uno intenta encontrarle los tres pies al gato, seguro que acabará lográndolo. Pero si decidimos dejarnos llevar por su intenso ritmo, sus aceptables dosis de suspense, y su eficacia en las escenas de acción, tendremos la oportunidad de disfrutar de un thriller digno y más que aceptable. ¡Qué demonios! He acudido a una sala de cine para ver thrillers protagonizados por Halle Berry y Bruce Willis muchísimo peores que "Shuttle".

Lo mejor: su sentido del ritmo y su capacidad para crear suspense. El final, si te agarra por sorpresa, es ciertamente interesante.

Lo peor: ciertas trampas del guión que ponen en duda la verosimilitud de algunas situaciones y comportamientos.

The Telling

Terror en la mansión Playboy

The Telling

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  • Título original: The Telling
  • Nacionalidad: USA | Año: 2009
  • Director: Nicholas Carpenter
  • Guión: Joe Lessard
  • Intérpretes: Holly Madison, Lola Labelle, Nicole Zeoli
  • Argumento: Tres chicas deberán contar una terrorífica historia para lograr ingresar en la hermandad femenina más popular de su Universidad.

10 |100

Estrellas: 1

The Telling

La serie B terrorífica siempre ha hecho gala de una festiva tendencia a mostrar, en ocasiones sin demasiada justificación (y quién la necesita…), las sinuosas curvas y carnes apretadas de bellas señoritas decididas a abrirse camino (al precio que sea) en el mundo de la interpretación.
Recordemos el caso de Linnea Quigley, la célebre scream-queen que debutó en la genial "El Retorno de los Muertos Vivientes" (The Return of the Living Dead, 1985) con el personaje de una zombi punk con una clarísima predisposición a desnudarse a la menor oportunidad.

- Disculpa… ¿y la película?

No seré yo quién me queje o me esfuerce en buscarle algún tipo objeción moral al asunto. Si un director de serie B decide que una chica ligera de ropa es un elemento importante para el desarrollo de la trama de su película de terror, a mí no me queda otra cosa que agradecérselo (esta reseña me está quedando de un tono machista que tira de espaldas…).

"The Telling" está protagonizada, casi en exclusiva, por un elenco de chicas cuyo pasado reciente está ligado a la mansión Playboy de Hugh Hefner. Rubias generosas en implantes mamarios que juegan a ser actrices de Hollywood.
Entre ellas la (por lo visto) célebre Holly Madison, una de las exnovias oficiales de Hefner, lo cual viene a significar que la susodicha rubia compartía habitación (y cama) con el magnate del sexo.

Si hay por ahí algún seguidor del reality “The Girl Next Door”, que posiblemente se emita por el canal Playboy, podrá reconocer a la mencionada Holly Madison, y quizás también a sus compañeras de reparto Bridget Marquardt y Sara-Jean Underwood.

- Pero… ¿qué hay sobre "The Telling"? ¿Vale la pena?

Parece obvio decir que una película de terror protagonizada por playmates siliconadas y filmada en los interiores de la mansión Playboy tiene un principal (¿y único?) aliciente: los desnudos.

- Me estás poniendo nervioso. ¿Es "The Telling" una buena película o no lo es?

Llevo tres párrafos hablando de conejitas playboy, implantes mamarios y curvas de infarto. Efectivamente, "The Telling" no es una buena película. En realidad es una pésima película. Una de las peores que he visto en mucho tiempo.

Concebida como una película de episodios (al estilo de la añorada Creepshow), "The Telling" cuenta la historia de tres estudiantes universitarias que deberán superar una última prueba para ingresar en la más famosa y elitista hermandad femenina de su facultad. Dicha prueba consiste en contar, cada una de ellas, una historia terrorífica.

En "The Telling" no hay sexo, ni sangre, ni horror. No hay nada. Tan sólo tres esperpénticas historias, supuestamente terroríficas y sexys (y subrayo lo de “supuestamente”), plagadas de clichés e incapaces de despertarnos cualquier sensación que vaya más allá de la repulsa o incluso la vergüenza ajena (en especial una disparatada secuencia onírica en el segundo segmento, a la postre, el peor de todos).

Lo que podría haber sido un sencillo pero apetecible divertimento, combinación de terror chusco y modelos de playboy ligeritas de ropa, acaba convirtiéndose en una penitencia insoportable y dolorosa a modo de castigo por nuestras ansias de sexo fácil y seguro.

"The Telling" es indefendible. Hasta el punto de que resulta absurdo hablar de lo malas que son las interpretaciones, o la insipidez demostrada por Nicholas Carpenter, director de la película, en la puesta en escena.
"The Telling" es tan increíblemente aburrida y sin sustancia, que todos sus posibles defectos de forma acaban siendo lo de menos. Es insoportable… en su conjunto.

Y por si todavía hay alguien que pueda llegar a pensar, “pero salen playmates ¿no?... entonces me apunto”; os advierto que no es una buena idea. Por si no ha quedado bastante claro todavía, en "The Telling" no hay sexo. Es cierto que algunas de sus protagonistas no tienen reparos en enseñar sus pechos (faltaría más, son conejitas playboy), pero os aseguro que no es motivo suficiente para tragarse el despropósito que viene a continuación.

Supongo que si quereis ver a las chicas de "The Telling" en todo su esplendor, con un poquito de esfuerzo quizás podáis localizar el típico videoclip promocional de Playboy en el que probablemente aparezcan ataviadas con un sombrero de paja y un mini short tejano, peinadas con un par de coletas a los lados y contándonos que sus sueños pasan por tener una granja y acoger en su seno a una numerosísima familia. Estoy seguro de que será una experiencia mucho más divertida –e instructiva- que ver "The Telling".
Quedáis avisados.

Lo mejor: Hubo un chiste a costa de las rubias que me hizo gracia.

Lo peor: Es TAN mala...