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Maléfique

Una celda mugrienta, mucha locura y… ¿Una copia perdida del Necromicón?

Malefique

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  • Título original: Maléfique
  • Nacionalidad: Francia | Año: 2002
  • Director: Eric Valette
  • Guión: Alexandre Charlot, Franck Magnier
  • Intérpretes: Gérald Laroche, Philippe Laudenbach, Clovis Cornillac
  • Argumento: Cuatro presos se juntan en una misma celda cada uno más peculiar que el anterior: un filósofo trastornado, un transexual musculoso, un demente y un empresario.
DIVERSIÓN:
TERROR:
ORIGINALIDAD:
GORE:
  • 3.5/5

Malefique

Se suele decir que para calificar una obra como buena, tiene que haber cien malas con las que compararla. El problema es que cuando se hace la criba, alguna de las grandes se escapa y se desecha sin querer. Es, creo yo, el caso que nos ocupa.

¿Porqué una película como esta puede haber quedado en el olvido? Sorprende que una ópera prima de este calibre no tenga cierto renombre, pero se puede explicar cuando se tira de filmografía y acudimos al director, Eric Valette. No se puede decir mucho acerca del manejo de la cámara de Valette, teniendo en cuenta que defraudó a la crítica cuando probó suerte en Hollywood con malévolos motores (Hybrid, 2010) y el remake de la japonesa Llamada perdida (2008). Sea como fuere la idea surgió fresca, influenciada sin duda por un sustrato lovecraftiano que se hace patente en toda la cinta y es por lo que se debe juzgar Maléfique. Seguir leyendo…

Lo mejor: La atmósfera conseguida, el tinte gótico que tanto recuerda a Lovecraft.

Lo peor: Quizá el final, que queda algo descolgado y puede que a más de uno no sorprenda.

Dead End

Cuídate de los atajos

Dead End

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  • Título original: Dead End
  • Nacionalidad: Francia | Año: 2003
  • Director: Jean-Baptiste Andrea, Fabrice Canepa
  • Guión: Jean-Baptiste Andrea, Fabrice Canepa
  • Intérpretes: Ray Wise, Alexandra Holden, Lin Shaye
  • Argumento: Un familia viaja en coche para pasar la navidad junto a sus seres queridos. En un momento dado, tomarán un atajo para acortar el camino. Craso error. Para su desgracia, el viaje se alargará más de lo deseado.
DIVERSIÓN:
TERROR:
ORIGINALIDAD:
GORE:
  • 3/5

Dead End

Damos la bienvenida a nuestro nuevo compañero Elchinodepelocrespo. No os perdáis su reseña de la estupenda y muy recomendable Dead End.

Jean-Baptiste Andrea y Fabrice Canepa rodaron Dead End cuando el New French Extremism era apenas un rumor. Imposible por aquel entonces presagiar lo que la nueva horda de cineastas franceses estaba a punto de conseguir: colocar el terror patrio en una situación de prominencia en el panorama internacional; recuperar, en suma, el prestigio del cine de terror europeo. El título que nos ocupa no se benefició del tirón de la nueva ola y puede que por ello haya caído en el olvido, deslumbrados, como estábamos, por la violencia devastadora y el impacto emocional de los Mártires, Irreversible y compañía –otros títulos han corrido injustamente la misma suerte: Malefique, Les revenants…-.

En honor a la verdad, hay que decir que Dead End comparte más bien poco con los títulos del NFE. Para empezar, se trata de una coproducción franco-americana, y para seguir, está rodada enteramente en inglés con actores americanos. Del elenco destacamos al veterano Ray Wise, el inolvidable Leland Palmer de Twin Peaks (para el autor de este texto, Ray será siempre Leland, y viceversa). Por otro lado, prácticamente ninguna de las señas de identidad del movimiento francés están presentes en este título; se trata de algo diferente.. Seguir leyendo…

Lo mejor: construir una historia con sólo cinco personajes, un coche y una carretera y hacerla funcionar.

Lo peor: el final decepcionará a algunos.

Scary or Die

En la variedad está la diversión

Scary or Die Póster

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  • Título original: Scary or Die
  • Nacionalidad: Estados Unidos | Año: 2012
  • Director: Michael Emanuel, Bob Badway, Igor Meglic
  • Guión: Michael Emanuel, Bob Badway
  • Intérpretes: Bill Oberst Jr., Domiziano Arcangeli, Corbin Bleu
  • Argumento: Cinco historias de horror sobre vudú, vampiros, zombis, nigromantes e, incluso, payasos devoradores de carne.
DIVERSIÓN:
TERROR:
ORIGINALIDAD:
GORE:
  • 3.5/5

SOD Ext

Scary or Die es una antología de historias de terror sobrenatural. Vaya por adelantado un servidor probablemente sea el mayor aficionado conocido adepto a este formato. De hecho, hará años que no leo una novela en pro de las colecciones de historias cortas que si están pobladas de vampiros, muertos vivientes, mutantes, alienígenas con aviesas intenciones, excrecencias lovecraftianas, juguetes diabólicos y el resto de la parafernalia acorde, pues mejor que mejor. Por ello tomaros con prudencia la nota asignada a Scary or Die, así como mis conclusiones. Quiero ser justo y pensar que muchos de vosotros solo veréis sus debilidades, que son muchas, frente a sus múltiples virtudes que quedan, tal vez, en un plano más secundario.

Así, la películas dirigida a seis manos (intercambiándose segmentos) por Michael Emanuel, Bob Badway e Igor Meglic, requiere de un esfuerzo por parte de los espectadores para asumir que el presupuesto nunca va a ser lo fuerte de la propuesta. Seguir leyendo…

Lo mejor: La variedad de sus historias facilitan el visionado. Su historia central, "Clowned", es de lo más original visto en tiempos. La banda sonora.

Lo peor: Quitando "Clowned", el resto de historias brillan por su originalidad y falta de profundidad, pero peor es el escaso presupuesto que limita, demasiado para una cinta sobrenatural, los efectos especiales.

Malditos Sean!

Una muestra macanuda de terror fantástico

Malditos Sean Póster

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  • Título original: Malditos Sean!
  • Nacionalidad: Argentina | Año: 2011
  • Director: Fabián Forte, Demián Rugna
  • Guión: Fabián Forte, Demián Rugna
  • Intérpretes: Victoria Almeida, Paula Bouquet Roldán, Víctor Cura
  • Argumento: Tres historias que giran alrededor de un misterioso curandero cuyo trato con el mundo de lo sobrenatural se extiende allá por donde pisa como una macabra infección.
DIVERSIÓN:
TERROR:
ORIGINALIDAD:
GORE:
  • 4.5/5

Malditos Sean ext

Malditos Sean! es un declarado triunfo del cine argentino de terror, una antología de tres historias fuertemente interrelacionadas que satisfarán a los más exigentes fanáticos del terror sobrenatural. Una cinta dirigida a cuatro manos por Demián Rugna y Fabián Forte, que desde este momento, y sobre todo el primero, se convierten en mis referentes latinoamericanos del terror fantástico. Y destaco al bueno de Demián, porque ya con su anterior largometraje, The Last Gateway (2007), demostró un don especial para retratar el horror del submundo demoníaco invadiendo nuestra realidad.

Malditos Sean! es horror bien entendido, hunde su raíces en el amplio rango desarrollado durante el siglo XX por los mejores: desde fuertes influencias de Clive Barker, pasando por los consabidos Lovecraft y Stephen King, sin dejar de lado dosis de humor negro robadas de Robert Bloch y Richard Matheson, y teniendo siempre presente una patina inocente y mágica heredera de las ensoñaciones más siniestras de Ray Bradbury. Seguir leyendo…

Outpost

Los bunkers siempre guardan secretos

Outpost Póster

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  • Título original: Outpost
  • Nacionalidad: UK | Año: 2008
  • Director: Steve Barker
  • Guión: Rae Brunton, Steve Barker, Kieran Parker
  • Intérpretes: Ray Stevenson, Julian Wadham, Richard Brake
  • Argumento: Un grupo de soldados son contratados por un particular para que le lleven a un bunker en mitad del bosque en busca de minerales...

65 |100

Estrellas: 3

Outpost Grande

La guerra sigue siendo una fuente de horror inagotable. Son algunos ejemplos “Deathwatch” de Michael J. Basset, “Dog Soldiers” de Neil Marshall, “The Bunker” de Rob Green o la inefable ochentera “The Supernaturals”, de Armand Mastroianni. Como material narrativo, sin embargo, recibe muchas críticas: bastante horrible, dicen, es la situación real de la misma como para ponerse a fantasear sobre espíritus, zombies y demás. Y parte de razón no debe faltarles, pero lo mismo que se dice que la ciencia ficción no sirve tanto para imaginar el futuro como para entender el presente, me parece que también es lícito que el terror intente adentrarse en situaciones de por sí terroríficas para intentar comprenderlas. “Outpost” no es ni la primera ni será la última película de terror ambientada en la guerra, que plantea una historia para indagar en qué convierte un conflicto bélico a los hombres… o simplemente para inventarse una historia entretenida en un entorno propicio.

Siete soldados aceptan un encargo de un mercenario: escoltarle, en la Europa del Este contemporánea, hasta un bunker en medio del bosque, donde el mercenario asegura que va a buscar minerales. Lo que empieza siendo un trabajo meramente alimenticio, pues el contratante paga bien, se convierte en una pesadilla. Primero, son asediados por francotiradores en el trayecto al búnker; después, encuentran en el subterráneo almacenados los cadáveres de varias personas… aunque uno de ellos parece haber conseguido sobrevivir a la masacre.

“Outpost” es de esas películas que se han hecho un hueco vía videoclubs en el panorama contemporáneo. No es excesivamente original ni impactante, pero está bien contada, es interesante, tiene ritmo y un buen casting. Y es que, por encima de todas las cosas, cuando uno empieza a verla, lo primero que llama la atención es que pocas cosas, por no decir ninguna, desentonan en el conjunto. Es una historia con un arranque un tanto convencional, pero es sencillo entrar en ella y dejarse arrastrar. No molesta sentarse a verla, y poco a poco uno se va viendo envuelto en las andanzas de este grupo de soldados que, a través de pequeñas pinceladas, va siendo descrito como una pequeña muestra de la condición humana ante una situación desconcertante: desde la religión a lo más puramente instintivo, cada uno de ellos refleja cómo el hombre se enfrenta al horror, sin que ninguna de las maneras sea capaz realmente de encajar y ofrecer una forma más válida que otra para entender lo que puede ser la barbarie de una guerra. Víctimas y verdugos se ponen a la misma altura, y la fachada de cada uno (entiéndase aquí, otra vez, o la religión o la supervivencia o el racionalismo o la excusa a la que cada cual se agarre) se cae antes o después, sin remisión.

La película dedica su tiempo a crear el clima, tanto en la llegada al bosque como en el interior del búnker. Y, sorprendentemente, luego no se lo carga cuando comienzan las muertes. A los personajes les entra el pánico al verse ante un enemigo al que probablemente no pueden matar, y reaccionan como se espera de ellos, sin que en ningún momento te encuentres diciendo “no seas tonto, no hagas eso”. El búnker juega un papel importante y primordial, no es de esas veces en las que uno se pregunta: ¿por qué coño sucede esta historia en una casa abandonada, por ejemplo, si para lo que está pasando, hubiera dado igual que fuera un supermercado o un aeropuerto? En fin, mi intención ante estas afirmaciones es obvia: Steve Barker y sus guionistas han invertido muchas horas en que “Outpost” tenga sentido, sea coherente y aproveche todas sus opciones, sin intentar meterse en un campo que no sea el de la ficción que está contando. Todo ello, como se ha dicho, apoyado por un casting absolutamente impecable, en el que brilla el buen hacer de Ray Stevenson, como el jefe del grupo de soldados, Michael Smiley como McKay y, por supuesto, el enigmático Johnny Meres como Gotz, personaje que no necesita decir ni una sola palabra para resultar inquietante.

“Outpost”, que ha hecho su carrera en el formato doméstico, tiene en su poco presupuesto su mayor inconveniente. Técnicamente, es impecable. La narración es perfecta, no parece el primer film (y lo es) del director y los guionistas y uno se olvida la mayor parte del trayecto que aquello que está viendo es, al fin y al cabo, un grupo de personas encerradas en un sótano. Por el contrario, cuando estalla el horror, y más siendo de naturaleza sobrenatural, sí que se evidencia la falta de medios. Una cosa es que esto esté bien disimulado y otra muy distinta recurrir, como hacen en la cinta, a apagar las luces para que no se vea más de lo estrictamente necesario. Esta estrategia sirve para crear suspense, es cierto, pero se echa de menos ver más y mejor al enemigo, y quizás alguna acrobacia “sobrenatural” que potencie la sensación de asedio. A pesar de ello, sería injusto condenar al destierro a una película que, desde mi punto de vista, funciona mucho mejor que alguna que otra superproducción, únicamente por un tema presupuestario.

Tráiler

Lo mejor: Un guión trabajado y unas interpretaciones impecables.

Lo peor: Se nota la falta de presupuesto en más de un momento.

Outpost Black Sun

Plegarias Atendidas

Outpost 2 Póster

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  • Título original: Outpost Black Sun
  • Nacionalidad: UK | Año: 2012
  • Director: Steven Barker
  • Guión: Steven Barker, Rae Brunton
  • Intérpretes: Catherine Steadman, David Gant, Richard Coyle
  • Argumento: Lena y Wallace llegan al búnker de la primera parte en busca de Klausener, su creador.

50 |100

Estrellas: 2

Outpost 2 Grande

Si, desde mi punto de vista, la mayor pega que se le podía poner a “Outpost” era la falta de visibilidad del enemigo sobrenatural, en “Outpost: Black Sun” el problema queda resuelto. La secuela ofrece muchas más muertes, más sustos, más sangre y, sí, también es una película mucho más alocada y descabellada que su predecesora. Es bastante difícil hablar de ella sin “spoilear” la anterior, así que si alguien tiene interés en adentrarse en la saga, es recomendable no leer esta reseña y quedarse sólo en la valoración numérica y “lo mejor” y “lo peor”.

Lena (Catherine Steadman) es una descendiente de judíos asesinados por nazis en busca de venganza. Su principal objetivo es Klausener (David Gant), creador de la máquina de la discordia de la primera parte. Lena consigue unos mapas que cree que indican dónde está el cuartel de éste, pero en realidad son del búnker y de sus alrededores. Ayudada por un científico, Wallace (Richard Coyle) se desplaza hasta la zona… que ahora está completamente devastada. Las hordas de enemigos la han asolado y, de hecho, el campo electromagnético se va expandiendo, poco a poco, por lo que el ejército nazi tiene mayor área de actuación.

Las secuelas son siempre peliagudas. Se corre el riesgo de repetir la original y, si uno se aparta de la primera demasiado, parecer que se está viendo otra película. En el caso de “Outpost: Black Sun”, durante la mitad del trayecto, más o menos, se consigue un equilibrio complicado y difícil: se conservan algunos rasgos distintivos de su predecesora, pero se abre nuevo campo. Funcionan especialmente bien los momentos en los que los personajes atraviesan campo y pueblos arrasados, y hay algunos momentos de tensión bien conseguidos (véase, por ejemplo, la grabación que Wallace pone a Lena de un asalto a una casa, o el episodio de ambos personajes en una vivienda abandonada). Sin embargo, algo se ha perdido… y es que, aquí, estamos en el territorio “zombie” puro y duro. La película se salta una de sus propias reglas, que el ejército pueda aparecer y desaparecer a su voluntad, y ahora resulta, por ejemplo, que si alguien cierra una puerta, los soldados zombies no pueden pasar. De manera que, si algo distinguía al universo Outpost, el centrarse en zombies-espíritus, ahora se lanzan al barro directo de la peli de muertos vivientes. Y no lo hacen mal, la verdad, pero es una pena perder esa identidad, porque películas de zombis ya hay demasiadas.

La historia respeta el esquema de la original, un par de buscadores del búnker acompañados por un grupo de soldados, pero se adorna con nuevos elementos. Ahora, hay una suerte de corporación filonazi intentando también localizar la máquina de marras. En este punto, me meto en una valoración absolutamente personal, en una cuestión de gustos. Me acuerdo de lo que me fascinó en su momento “Laid to Rest” y de lo poco interesante que me parecen algunos elementos de la secuela, en la que una organización super secreta protegía a Chromeskull. Pues bien, aquí me sucede algo similar. En la primera, me creo que haya una máquina abandonada funcionando desde la segunda guerra mundial que mantiene con vida a un ejército de fantasmas zombis. Pero que, en la actualidad, un nazi octogenario esté dispuesto a lo que sea para hacerse con ella y restaurar el Reich… no sé… es como que un terror primitivo e irracional, algo que alguien hizo funcionar y se quedó ahí, abandonado en el sótano de un búnker, de repente, tiene un objetivo claro y concreto y… sí, empobrecido.

Y, llegando al tramo final, la cosa se sale de madre. Bastante, además. Quizás en otro tipo de película, el clímax orquestado funcionaría bien; por ejemplo, en una película de la saga de Indiana Jones, o de los Cazafantasmas. Pero aquí es bastante… desconcertante. Realmente, en la resolución de todo es cuando uno tiene de verdad la sensación de que la película no tiene nada que ver con la anterior y lo peor: que el terror se ha infantilizado. Insisto: hay momentos del clímax en que parece que sin darnos cuenta hemos pasado de ver “Outpost: Black Sun” a “En Busca del Arca Perdida”. Sin embargo, también es cierto que, de pura locura, es bastante divertido: muertos, rayos, reliquias del pasado… y la inclusión de una especie de nuevo malvado que provoca, a partes iguales, escalofríos y risas.

A modo de coda, señalar que está en fase de posproducción “Outpost: Rise of the Spetsnaz”, que se estrenará previsiblemente en 2013. Aquí, ya no está al mando Steve Barker, aunque la cosa se queda en casa porque dirige uno de los guionistas de la anterior, Kieran Parker, y escribe en solitario el de ésta, Rae Brunton. A ver por qué modelo de película se decanta…

Tráiler

Lo mejor: Más sangre, más muertes, más sustos.

Lo peor: A pesar de que hay más sangre, más muertes y más sustos, el terror es más infantil.

The Dead Want Women

The Artist versión Charles Band

The Dead Want Women Póster

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  • Título original: The Dead Want Women
  • Nacionalidad: Estados Unidos | Año: 2012
  • Director: Charles Band
  • Guión: Kent Roudebush, Charles Band
  • Intérpretes: Jessica Morris, Ariana Madix, Eric Roberts
  • Argumento: Años 20, poco antes del nacimiento del cine sonoro. Miss Pettigrew celebra en una decadente fiesta el estreno de su último éxito. Sus excesos acaban en tragedia mortal, encantando su fantasma y el de otros amigos la casa de la orgía.

0 |100

Estrellas: 1

The Dead Want Women Grande

El autor de la reseña declina cualquier responsabilidad legal y ética por su falta de tacto y mesura con respecto a la redacción de la misma. Así mismo no se hace responsable de los efectos que el visionado de esta película pueda provocar en el público de Almas Oscuras.

Reseña dedicada a Sergi: “Te fuiste pero se quedó la caspa”

Champú anti caspa: manual de anti uso

Hace muy poquito debatíamos con nuestro buen amigo Djariel, en la absurda reseña de la aun más absurda Nazis at the Center of the Earth, que caracteriza a una película casposa, que precauciones hay que tomar al verla y como poder enfocar un análisis en condiciones. También se alzaban voces, no solo en esta vuestra web, preguntándose como podía existir una película tan mala como la novísima producción de The Asylum.

Bien, lo primero que quiero destacar es lo bonito que me parece asomarse al balcón, ver la vida pasar y ser consciente de que no existe ningún límite en ella. Leonardo soñaba con elevar al hombre a los cielos, ahora es un hecho común y nada espectacular. Terminó la Primera Guerra Mundial y cuando todo el mundo civilizado pensaba que no podría darse otra guerra tan cruenta, apreció el hombrecillo del bigote – y no hablo de Aznar, pero similitudes existen – y montó la marimorena. Como veis, no existe barrera para lo que el ser humano puede lograr, ni para lo bueno ni para lo malo. Algo que salta a la vista cuando comparas la odiada y vapuleada Nazis at the… con The Dead Want Women.

Incluso a uno le hace plantearse seriamente si existe una justificación casposa para la existencia de semejante mierda. Así que aquellos que llorasteis sangre viendo Nazis at the… vais a llorar zumo de limón cortado con vinagre si os acercáis a menos de siete billones de años luz de esta hermoso mojón. Si nuestro sistema de puntuaciones lo permitiese, esta reciente producción de la devaluada Full Moon hubiese logrado el -100. Lo que no evita que haya sido útil a la humanidad – en concreto a uno de sus miembros, un servidor – para darle respuesta a la duda que planteaba anteriormente:

Se puede justificar la existencia de cualquier “caspamovie”

Por mucho que algunos os moleste, esta afirmación es la pura verdad. Lejos de maniqueísmos sobre conceptos artísticos o, incluso, comerciales, todo tiene cabida en la sabía naturaleza. Es cierto que a veces – las menos y más deseadas por los buscadores de ponzoña visual – una película puede ser tan mala que de la vuelta, devorando su propio orto, y se convierta en una preciosa serpiente Uróboros. Particularmente creo que para que se produzca tal metamorfosis, el objeto de la misma debe contener elevadas dosis de patetismo inconsciente, mucha jeta y un par de momentos únicos. Es el clásico ejemplo de Troll 2, obra cumbre de la diversión por diversión y un legado de dimensiones épicas para aquellos que saben disfrutar del humor involuntario. Desgraciadamente no es el caso de The Dead Want Women.

Imposible no partirse ocasionalmente con esta producción, más si cabe imbuido por los místicos poderes del THC, porque desgrana unas carencias, una dejadez y unas estupideces que caen en el ridículo. No nos reímos “con”, nos reímos “de”; pero de una forma tan esporádica que no lo veo meritorio. La forma de vida llamada The Dead Want Women tiene una razón de ser más infame todavía: cuando uno se pregunta por qué existen mierdas tan grandes, debe darse una única y firme respuesta: “la mierda nos prepara para saber apreciar la crema”. Pero vamos, eso lo han sabido siempre los camellos, y nosotros no vamos a ser menos, ¿verdad?

La cuestión, y a colación de otra pequeña polémica, es que si alguien puede puntuar una película como una rotunda obra maestra (véase el adecuado ejemplo de la gran The Raid), no puedo imaginar que pasaría si dicha obra maestra la consumiese tras una ingesta masiva de cine basura. Supongo que puede lograrse un éxtasis teresiano mayor que el provocado por la sobredosis de sales de baño, lo importante es quedarse con el concepto básico para juzgar cualquier obra: la perspectiva. Sí, The Dead Want Women es un truño con todas las de la ley, pero casi cualquier otra película que veas después te mandará directo a tu iglesia más cercana para poner una velita en memoria de los Hermanos Lumière. Y si no os vale este argumento, siempre podréis acudir a este festival mefítico para saber de primera mano que bajo ha caído nuestro querido Charles Band.

La Banda de Charlie

En otras reseñas “casposas” sobre películas de la Full MoonBad Channels, Shadowzone – ya os hablaba un poco del hombre detrás de la marca – Charles Band –. Siguiendo el hilo podéis incluso profundizar en el distante pasado cuando ”el Roger Corman del videoclub” regalaba verdaderas gemas de serie B que permanecerán por siempre en nuestros negros corazones (Terrorvison, Puppetmaster, Trancers, Reanimator, etc.). También apunté hacia la paupérrima calidad de su producción reciente, y ha llegado el momento de meterse en harina con un zarrio que incluso coquetea con el “softcore” más cutre. Band se ha condenado el mismo a la auto fagocitación de sus éxitos pasado. Con esta cinta demuestra que el rumbo está perdido definitivamente y que la edad lo ha vuelto un viejo verde de la peor calaña. ¡De esta no te salvan ni los muñecos!

“Señor Bob Rock, Señor Bob Rock. Yo no conozco a ese tal Carlitos Banda”
”Muy bien Pedrito… ¡expulsado de clase lo que queda de curso y suspendida la evaluación!”

O lo que vendría a ser lo mismo: si has empezado a leer esta reseña es porque sabes quien es el productor/director/guionista creador de la Full Moon. De otro modo has caído por casualidad y siquiera ver los cinco primeros minutos de The Dead Want Women puede producirte severos ataques epilépticos. A los que habéis catado los chorros de heces que manan de semejante mente, os invito a continuar a ver si entre todos logramos calibrar exactamente que contiene esta aberración.

Un Oscar a la mayor mierda para…

Resumiendo, a pesar de estar por encima de producciones más deleznables, como Evil Bong 3Do Gingerdead Man , la cinta que hoy nos ocupa demuestra el total descenso a los abismos por parte de su director – que para la ocasión es el mismo Band –. Ni siquiera nos queda el consuelo de una banda sonora compuesta por su hermano Richard, los efectos especiales artesanos – que siempre han caracterizado a la Full Moon y a sus “bichillos” – aquí brillan por su ausencia, el humor es dejado de lado por unas perversiones abortivas dudosas y, en general, no parece ni una película de la Full Moon. No obstante, hay que reconocer que estos nuevos parámetros de despelote integral, escenas de “softcore” bochornoso y cierto aire necrofílico le sientan bien a esta serie Z. Justamente son lo mejor, junto a algunos diálogos tan absurdos que pueden valer para entretenerse entre calada y calada.

Lo más interesante comienza con su introducción, que no es tal porque ocupa treinta de los setenta minutos exactos que dura el metraje. En plenos años 20 una mansión californiana acoge la fiesta de presentación de la última película de la estrella del cine mudo Rose Pettigrew. La fiesta es solo una excusa para que un rincón apartado, unos amigos de Rose se monten con ella y otras dos “groupies” una escena de toqueteos alargada hasta la extenuación. Y la verdad que la cosa tiene su gracia durante los primeros minutos: un ambiente de decadencia que hilan correctamente con la narración pulp deudora de cualquier capítulo barato de Historias de la Cripta. No obstante las interpretaciones de los tres capullos que rodean a Rose se convierte de primeras en la mejor razón para abandonar el visionado. Tres estrellas de cine mudo que representan tres arquetipos de la época: el Vaquero, el Fantasma de la ópera y el Gordo. Insoportables actores que comanda el increíblemente devaluado Eric Roberts.

De acuerdo en que la tata Julia nunca me ha parecido una gran actriz y que Eric es aun peor que ella – la única viva de la familia que tiene talento es Emma, hija de este elemento –. ¿Pero como diablos ha podido caer tan bajo un actor nominado a un Oscar? Y quiero pensar que dado el elevado número de películas en las que ha participado en la última década – y el mismo reconoce no haber visto ni la mitad de ellas –, su presencia en The Dead Want Women solo se justifica por la posibilidad de tocarle el culo a alguna de las pobres secundarias que se pasan toda la película en pelotas. Oye, y a mi me parece fenomenal, que todos tenemos que darle alegrías a la seta, pero por lo menos podría haberse dignado a participar en el “making off”. Cuando menos, resulta curioso ver en dicho “making” la ilusión del resto de actores por trabajar con el “gran” Roberts y el muy cabrón sin dar la cara, probablemente porque andaba con la nariz metida entre los cachetes de alguna compañera de reparto. Bueno, a todo esto, hay que reconocerle solvencia a la hora de resolver su papel, elegancia, profunda declamación… ¡mentiras! ¡falsedad! ¡engaño! El muy pasmarote se dedica todo el metraje a mirar de reojo los jóvenes senos que le rodean. ¿Para cuando su participación en la siguiente entrega de Torrente?

Pechos: haberlos ahílos

Y ya que ha sido mencionada tan interesante parte de la anatomía femenina, decir que sí, ahí están danzarines y coquetos. Charles Band ha contratado a unas cuantas actrices de serie Z de buen ver (Jean Louise O’Sullivan, Jessica Morris y Ariana Madix) para enseñar cacha – que no carne –, poner caliente al personal y añadir más justificaciones vanas para aquel mendrugo que caiga en las redes de The Dead Want Women. Pésimas actrices que ya trabajasen con él en productos de la misma catadura (i.e. Killer Eye 2) y que como principal característica podríamos citar su empecinamiento por no enseñar ni un micromilímetro de pezón. ¡Habrase visto! La próxima vez me compro en Amazon “una” de Private, o mejor dicho “otra”.

Pues resulta que una vez pasada la introducción de treinta minutos aparecen dos jugosas rubias por la casa, muuuuuchos años después. Evidentemente, el edificio está abandonado y encantado por los fantasmas de los asistentes a la orgia mencionada, que como buena orgía acabó en tragedia y locura. ¡Qué grande el guionista de The Dead Want Women! Si las máscaras que lucen los fantasmas – para que sepamos que lo son – ya muestran la total desidia por parte del equipo de producción (meros trozos de pizza mal plantados en la jeta), el libreto es la definición perfecta de la dejadez. Kent Roudebush es el responsable del mismo, un cachondo que está firmando los mayores despropósitos de la Full Moon. ¿Un ahijado de Charles Band?

Es decir, el tío se preocupa en idear una trama que aprovecha la conocida decadencia de los años veinte – por mucho que la mansión se vea demasiado moderna – para al poco plantar a dos rubias de prominentes pechugas en la misma casa perfectamente conservada. Y entre una escena y otra, nada… nada… nada… Fijaos si es poco creíble e interesante el estado de la casa que las mismas rubias se encargan de contarnos que la casa está encantada porque de otro modo nadie se ubicaría. Lo curioso de este dato viene cuando lo asociamos al presupuesto: 500.000 dólares de tomo y lomo. Otra buena razón para recomendarla, en concreto a los responsables de la crisis bancaria, seguramente les animará ver que todavía existen peores gestores económicos.

Lo más divertido, a mi parecer más irónico, es que Kent sabe hacer chistes sumamente inteligentes. Tanto que es difícil pillarlos. Las dos rubias en cuestión se suponen estandartes de esa tontería de que todas las rubias son tontas, pues bien, el guion lo muestra de la mejor forma posible: resulta que las dos chicas acuden a la casa porque son revendedoras de propiedades para ricos, y si no la venden se la tienen que quedar. ¡Coño! ¡Con la que está cayendo en el sector inmobiliario! Decididamente, nuestras dos protagonistas son poco menos que gilipollas. Afortunadamente su presencia en pantalla escasea, no tendremos que soportar mucho sus caras de despiste ya que la cinta llega a su pobre conclusión a la media hora de conocerlas.

Al final las únicas que enseñan todo todito son dos actrices secundarias que parecen haber sido seleccionadas en un burdel de mala muerte – menos mal, porque si no alguien me tendría que explicar a que venía tanto darle vueltas a la depravación de los fantasmas –. Atractivas, pero mucho menos espectaculares que las pechugonas que se niegan a dejarnos libar de sus cántaros de miel. Al menos, esas dos “chicas de saldo” consiguen evadir la atención de los cuatro efectos especiales digitales mal plantados que ofenden a la vista.

Elefantiasis

¿Se merece una mierda como The Dead Want Women tantas palabras? Decididamente no. Tal vez ande aburrido y quiera trastornar al personal, o semejante escoria ha terminado por detonar mi sentido de la medida. Supongo que pocos de vosotros querréis darle un tiento a esta película plagada de despropósitos, algún desnudo y una irritante fijación por sacar planos de la decoración de la casa. Ni el peor de los capítulos de Historias de la Cripta puede daros una idea de lo penosa que es. Salvo a los buscadores expertos de basura, que sabrán degustar cada irracional segundo de esta obra, no le recomendaría The Dead Want Women ni a mi peor enemigo. Otra cosa es que uno quiera saber lo bajo que puede caer un actor (Eric Roberts), lo mal que andan las cosas en las oficinas de la Full Moon o solo poder darse el gustazo de decir “he visto la peor película de horror (¿?) de mi puñetera vida”. Sea como sea, aquellos que hayáis caído en sus garras, seréis recompensados en la siguiente película: después de esto, cualquier otra os sabrá a gloria…

Lo mejor: Después de verla cualquier otra película parece una obra de arte

Lo peor: Todo, todo, todo...

Cassadaga

Muñecas rotas, en todos los sentidos

Cassadaga Póster

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  • Título original: Cassadaga
  • Nacionalidad: Estados Unidos | Año: 2011
  • Director: Anthony DiBlasi
  • Guión: Bruce Wood, Scott Poiley
  • Intérpretes: Louise Fletcher, Kevin Alejandro, Lucius Baston
  • Argumento: Lily Morel está devastada por la muerte de su hermana, entre la comunidad de espiritistas que pueblan Cassadaga encuentra consuelo y un misterio que pondrá en marcha fuerzas incontrolables.

60 |100

Estrellas: 3

Cassadaga Grande

Lily es una mujer sorda que abandona su anterior vida, tras la muerte de su hermana pequeña, buscando un nuevo lugar en el mundo. Dicho lugar existe en Cassadaga, una región de Estados Unidos que aglutina a investigadores del mundo psíquico. Una noche inocente, el coqueteo con los poderes del otro mundo, lleva a Lily a vérselas con el espíritu de una mujer que no la dejará en paz hasta que termine con su sufrimiento en la muerte. Una depravada trama de secuestros y torturas se ira desvelando alrededor de nuestra atormentada protagonista.

Anthony DiBlasi, el director de este curioso puzzle que es Cassadaga, ha visto su carrera claramente marcada por la inquietante presencia de Clive Barker. ¿De qué forma? Bien, DiBasi ha sido productor ejecutivo de varias adaptaciones cinematográficas de Los Libros de la Sangre (famosas compilaciones del escritor británico), curiosamente versiones bastante dignas con respecto a los originales: El Vagón de la Muerte, El Sueño de los Muerte, Book of Blood y Dread. El mismo se encargó de filmar y adaptar esta última, siendo un estupendo debut tras la cámara, gracias a la consecución de una atmosfera siniestra de la cual también da buena muestra en su última cinta. Pudimos disfrutar de Dread por obra y gracia de los chicos del After Dark, que ni cortos ni perezosos han decidido adoptar también esta Cassadaga, siendo editada hace no mucho tiempo en Inglaterra bajo su propio sello.

Cassadaga, un nombre evocador, casi tanto como la historia detrás de esta pequeña zona de Florida que es considerada “la capital psíquica del mundo”. Vaya usted a saber porque esta región ha ido atrayendo la atención de médiums, espiritistas y parapsicólogos de todo el planeta. La cuestión es que la cinta ubica su trama adoptando el nombre de dicha región (”el agua tras las rocas”, según un dialecto indio local). Y no lo hace gratuitamente, parte de su metraje intenta aprovecharse de esa atmósfera crepitante que caracteriza a la parte sur de Estados Unidos, aunque de una forma bastante tangencial pese a lo que su argumento da a entender.

A este respecto me gustaría recalcar que la imagen con que se ha querido vender de Cassadaga, a los aficionado del género terrorífico, ha sido ligeramente manipulada. El póster que acompaña a esta reseña, y el cual ha tenido una brutal difusión por la red, solo refleja una mínima parte de la película. Precisamente la más truculenta y sugerente, también ciertas influencias italianas que finalmente lucen demasiado diluidas en una película que mezcla sin rubor géneros de todos los pelajes. Obviamente, la publicidad debe basarse en aquellos elementos del producto que más llamen la atención. Bien, aquí el morbo está servido cuando tráiler, imágenes promocionales y demás han recalcado lo terrorífico del asunto: sesiones de espiritismo, sucios psicópatas, apariciones espectrales, torturas a mujeres de opulentos senos. Sí, todo eso lo encontramos, pero por debajo de un thriller dramático que no se obsesiona por lanzar sangre y vísceras al espectador, si no por recrear de la mejor manera posible sus personajes y trama criminal. Vaya por delante, que eso cabreará seguramente a muchos espectadores. Sin embargo, que el terror solo sea la punta del iceberg no es el mayor de sus pecados, que vendría a ser su predictibilidad, así como tampoco un impedimento real para disfrutar de una cinta sólida en otros aspectos.

Asistimos a un drama puro y duro, que a veces bebe del romance más barato, guiado por una clásica trama de suspense sobrenatural que finalmente detona en escenas propias de un slasher, preludiadas por macabras pinceladas de torturas. El porcentaje sobre la mezcla de cada ingrediente resulta complicado de calibrar ya que tanto su director como guionistas (unos noveles Bruce Wood y Scott Poiley) han logrado equilibrar elementos tan dispares en una narrativa llena de transiciones brillantes. Con un ritmo medido – reposado o acelerado cuando la situación lo requiere – disfrutamos de los momentos más intensos de la vida reciente de Lily, una chica sorda y huérfana que se construyó a si misma a base de esfuerzo y sacrificios. La definición del personaje principal es bastante profunda, muy acertado ese carácter fuerte pero sensible a la vez. No conocía a su interprete, Kelen Coleman, pero creo que ha realizado su trabajo con gran nivel de inmersión. Puede que el carácter de Lily siempre transite entre tópicos, ¿pero acaso la vida no es el más grande de ellos? Además, tampoco se trata de la chica mona y edulcorada que destroza tantas películas norteamericanas. Sí, sus formas son rotundas y voluptuosas, pero no las protagonistas de su interpretación. Así, la conocemos cuando pierde a su hermana, drama elevado a la enésima potencia que se combina acertadamente con el uso de silencios para emular la incapacidad de Lily para oír. Quizás se abuse de dichos silencios durante todo el metraje, pero es un ejemplo clave para entender la seriedad con que sus autores se han tomado la producción.

Si el prólogo nos sitúa ante un drama pausado y lacrimógeno, ¿qué podemos esperar después? Diría que el mismo drama solo que adentrándose lentamente en terreno propio del thriller a base de esas transiciones tan logradas y el desarrollo paralelo de un cuadro macabro y cruel protagonizado por un asesino en serie, que no llega a cuajar pese al esfuerzo en darle una aureola icónica. Dicha evolución hacia el thriller viene generada también por el elemento fantasmal: en una sesión de espiritismo casual Lily busca contactar con su hermana, al otro lado espera otra chica, una que busca algo y que usará despiadadamente a nuestra protagonista para ello. Claro, todo este desarrollo, con la inclusión de suficientes personajes como para reclamar la atención del espectador más apático, requiere de su tiempo, y Cassadaga se lo toma. Precisamente la inclusión de ese romance, claramente melodramático y probablemente innecesario, busca enfatizar esta progresión, por eso no os extrañe que la cinta roce las dos horas de duración.

Lo interesante sería saber si esas dos horas merecen la pena. Siendo honestos, creo que Cassadaga es una de esas producciones de las que solo se pude disfrutar superando la pereza. Los primeros cuarenta minutos ponen a prueba nuestra paciencia en cuanto a lo que el guion se refiere: ¡¿dónde está el horror aquí?! ¡¿El fantasma podrido de una mujer se le aparece a otra?! ¿¡La protagonista follando en bragas con un guaperas insulso?! ¡¿Sueños premonitorios?! La lista de tópicos crece y crece, con ella una desesperación que solo se aligera con la capacidad descriptiva de sus actores y sus escenas – un genial nivel técnico para una película medianamente barata –. Porque el misterio no tiene mucho interés dado que siempre deja un sabor reconocible en la boca. Picoteando de aquí y de allí (espero que me perdonéis por no dar referencias, se trata de un intento de evitar destripes debido a lo manido de sus sorpresas), llegamos a una parte central donde la tensión toma un mayor protagonismo y DiBlasi se deja llevar por sus tendencias más “barkerianas” para ofrecer todo aquello que el marketing de Cassadaga vendía.

Obviamente, sabe a poco ese asesino llamado “Gepetto” y cuya depravación sexual es lo único que consigue meternos la angustia en el cuerpo. Las escenas protagonizadas por este curioso “artesano” son donde la película gana enteros, personalidad propia y capacidad de impacto, siempre ensalzando lo dramático. Una capacidad que asoma tímidamente su feo hocico hasta un final igual de previsible que el resto de la trama, y que se desvía hacía unos terrenos propios del “slasher”. De nuevo esa mezcla que de no ser por su perfecta presentación, excelente trabajo de edición a mi juicio, lograría marear al espectador.

Ojala DiBlasi y sus guionistas hubiesen decidido preparar un libreto igual de sólido, pero basado en otras premisas con mayor espacio para la sorpresa y los giros originales. Desde luego que si Cassadaga se ve compacta es por los parámetros tan tópicos a los que decide abandonar su historia. Una pena porque elementos inquietantes propios tenía para dar y tomar, habida cuenta de la capacidad evocadora que esta región de Florida contiene – por ejemplo, la imaginería alrededor de Susan la médium –. Eliminando de la ecuación la profundidad del cantado romance de Lily, con ”Gepetto” explotado hasta las últimas consecuencias e ideas más frescas para epatar, hubiésemos estado ante una película ciertamente notable. Tal y como ha quedado para su presentación al gran público, permanecerá como una película agradable y resultona, muy indicada para ratos muertos y aficionados con paciencia y especial disfrute por los nuevos thrillers sobrenaturales – tan de moda – protagonizados por mujeres de marcada personalidad. Nada más.

Lo mejor: Su capacidad de transición entre distintos géneros.

Lo peor: Su predictibilidad.