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Destino Final 5

La muerte hace mejoras

Destino Final 5

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  • Título original: Final Destination 5
  • Nacionalidad: USA | Año: 2011
  • Director: Steven Quale
  • Guión: Eric Heisserer
  • Intérpretes: Nicholas D´Agosto, Emma Bell, Miles Fisher
  • Argumento: Tras un multitudinario accidente causado por la destrucción de un puente, los pocos supervivientes tendrán que escapar de la muerte, que acecha en cualquier rincón y se pretende llevárselos uno por uno.

60 |100

Estrellas: 3

Destino Final 5

662 millones de dólares. Esa es la cantidad recaudada en todo el mundo por las cinco partes de las que, por el momento, consta la franquicia. La suma de sus presupuestos es de 160 millones. Hagan cuentas. Destino final es, junto a las sagas de Saw y Paranormal Activity, una de las series de películas del terror actual más exitosas y rentables. Además, y a excepción de la más bien funesta cuarta entrega, es también la más entretenida y original dentro de su fórmula. Esta quinta entrega, que al igual que la cuarta se estrenó en cines en 3D, una vez más nos cuenta como la muerte, invisible pero al acecho, monta su particular fiesta sangrienta. Las víctimas, un grupo de jovenzuelos que la desafían escapando de sus garras durante un accidente.

Intentando refrescar la fórmula

A estas alturas, todo aficionado al cine de terror sabe de sobra lo que sucede con el éxito en el subgénero slasher. Ha sucedido desde que este comenzó propiamente dicho; películas como La noche de Halloween (1978) o Viernes 13 (1980) han contado, y siguen contando, con innumerables secuelas, precuelas, reboots y remakes. Ahí están Pesadilla en Elm Street, Campamento sangriento, Hellraiser, Phantasma, Scream o la citada Saw. En la mayoría de ellas, sino todas, se utiliza una fórmula (casi) inquebrantable que consiste en ofrecer lo mismo multiplicado por dos en cada entrega. Lo que no quiere decir que sean mejores que su predecesora. Así, una trama generalmente simple y que da justita para un guión de noventa páginas, termina alargándose como si de una temporada televisiva se tratase. Tres, cuatro, seis, ocho y hasta más de diez entregas; la saga dura lo que el cuerpo del fan aguante. Al ser producciones de presupuesto bajo o ajustado, en algunos casos aunque pierdan gas en cines sí pueden seguir sirviendo en formato doméstico.

Destino final supuso hace doce años un agradecido refresco dentro de la horripilante moda del slasher teen que resurgió con el éxito de Scream. Se convirtió en un sleeper a todos los niveles. El asesino de turno adoptaba forma sobrenatural, al igual que sucedía, por ejemplo, con Freddy Krueger, pero con una importante diferencía; ahora se trataba de la mismísima muerte que no mostraba ninguna forma ni rostro, sino que, como si tratase de un todo, actuaba a su antojo modificando situaciones corrientes para que pasasen a ser trampas mortales. Lo inesperado de los ataques, la ingeniosa truculencia de los mismos y la mezcla del terror típico del slasher moderno unido a cierto sentimiento Twilight Zone, jugaba a favor de lo que ya es una pequeña joyita de este todavía corto siglo XXI. Las secuelas siguieron la fórmula a pies juntillas; prólogo catastrofista espectacular; se descubre que era la visión de uno de los protagonistas; él y varios más salen del lugar; la muerte acude en su búsqueda uno por uno. Como ya dije, salvo la cuarta, la calidad fue bastante homogénea, salvando, obviamente, la eliminación del factor sorpresa.

Para esta nueva entrega la fórmula ha conocido una pequeña e interesante novedad; todo aquel perseguido por la muerte puede librarse de ella siempre y cuando se cargue a otra persona. De este modo, la muerte le dejaría en paz durante el periodo de vida que le quedase a la persona sacrificada. Idea realmente interesante que, lástima, no se llega a desarrollar en profundidad, pues al final, lo que prima e interesa realmente a sus responsables es salpicar la pantalla con mucha sangre de las formas más macabras posibles. En este sentido, al menos os puedo asegurar que Destino final 5 cumple de sobra (dentro de los límites de un producto mainstream, claro). Es más, algunas de sus muertes están entre lo mejor de la saga, y la famosa y siempre esperada escena de introducción resulta impactante. No desvelaré nada pero, los últimos quince minutos (incluyendo los créditos) deparan varias sorpresas que redondean un conjunto que devuelve el brío a la marca.

Muertes notables

Obviamente, aquí hay SPOILERS.

A estas alturas, y en una página como Almas Oscuras, no nos vamos a poner a explicar los motivos por los que al ser humano, al menos a muchos (entre los que me incluyo, claro) nos gusta, disfrutamos, nos divertimos incluso, viendo la muerte y la destrucción en una sala de cine. Sagas como Destino final proponen la violencia como un porno audiovisual hilarante y objeto de evasión. Y cuanto más retorcido, en este caso dentro de los limites R-teen permitidos, pues mejor. De ahí que en Destino final 5 nos regalen algunos momentos realmente efectivos en estos menesteres: una gimnasta que pierde el equilibrio y acaba con los píes más cerca de la boca que la nariz; una especie de “tonto de la clase” que, por su tontería, acaba en un club de masajes de ojos rasgados al más puro estilo Audition; la tía buena concienciada con su cuerpo que, en una operación de ojos, terminará con ellos dando brincos; o ese final ya citado, que, tranquilos, no revelaré ni avisando de SPOILERS, porque resulta inesperado/sorprendente, épico y digno de ser visionado virgen. Los efectos 3D, para quien guste de ellos, hacen el resto.

Lo mejor: Posiblemente la mejor y más completa (dentro de sus límites) entrega de la saga, con permiso de la primera: escena de introducción impactante y muy bien resuelta, buen gore, guión algo más sólido de lo esperado y un final inesperado y épico.

Lo peor: Una lástima que la intención de refrescar la saga mediante un nueva subtrama, la de “matar para vivir”, no se desarrolle de forma más profunda, pues podría haber quedado un thriller de lo más interesante.

Cast a Deadly Spell

Un caso del detective Phil Lovecraft

Cast a Deadly Spell Póster

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  • Título original: Cast a Deadly Spell
  • Nacionalidad: Estados Unidos | Año: 1991
  • Director: Martin Campbell
  • Guión: Joseph Dougherty
  • Intérpretes: Fred Ward, David Warner, Julianne Moore
  • Argumento: Los Ángeles 1948, todo el mundo usa la magia, como el último adelanto, salvo el detective Lovecraft, que mujer mediante se ve envuelto en un siniestro caso relacionado con el infame Necronomicon.

77 |100

Estrellas: 3

Cast a Deadly Spell Grande

Con la obra literaria de Lovecraft y su relación con el séptimo arte pasa algo curioso: es muy difícil encontrar una película que refleje dignamente la idea de horror cósmico del maestro de Providence, y más aun sin llegar a ser ridícula. Además, y por desgracia, suelen ser las adaptaciones más o menos directas de este o aquel relato de Lovecraft las peor paradas. Obviamente, reflejar un universo de tintes oníricos, envuelto en locura y con un trasfondo materialista, en tan solo hora y media, supone un reto imposible de abordar con éxito. Sin embargo, podemos encontrar gemas cinematográficas diseminadas a lo largo de los años, cuya influencia lovecraftiana es sobrellevada con dignidad y resultados satisfactorios para el espectador, bien sea un fanático a la cosmogonía cthulhuidea o no; y en este rosario de musgosas cuentas, se revela el curioso hecho de que cuanto más tangencial sea la influencia, sin tener que renunciar a la pureza de la hidromiel mezclada, mejor se adapta al formato cinematográfico. Amén de que cuanto menores son las pretensiones, el resultado final se antoja superior.

Mi película favorita basada en los mundos de Lovecraft sería una de las muchas obras maestras de Carpenter: En la boca del miedo, cinta imprescindible. Suena radical, pero si no la has visto todavía, ¿qué haces en un portal de cine de terror? Clásico moderno que demuestra, de una forma harto inteligente, que la mejor herencia de Lovecraft no son los nombres impronunciables de sus deidades y criaturas, si no las ideas que subyacen debajo de la parafernalia “mística”. La película de Carpenter ocuparía el trono pero a sus pies habrá que ponerle compañía, ¿verdad? En este caso, para el segundo de la clase, ya tendría mis dudas. Lo que no me causaría dolores de cabeza sería elegir a las candidatas para el segundo puesto: The Resurrected (1992, Dan O’Bannon – R.I.P -), Re-Animator (1985, Stuart Gordon), From Beyond (1986, Stuart Gordon) y Cast a Deadly Spell (1991, Martin Campbell). Que conste que dejo conscientemente en el tintero el mediometraje La Llamada de Cthulhu (2005), porque creo que se trata de un caso peculiar a estudiar aparte, como ya hiciera nuestro buen amigo Asier.

Por mucho dolor que me causase la decisión, me decantaría finalmente por Cast a Deadly Spell, siempre hablando en términos de cine influenciado por Lovecraft. Pese a ser las otras tres opciones apetitosas adaptaciones “sui generis” de relatos del creador del horror moderno, así como estupendas cintas, su relación con el escritor de Providence es poco más que formal, mientras que Cast a Deadly Spell, (des)conocida en España como Hechizo Mortal, sin trasladar a su guión ninguna historia cthulhuidea concreta, destila toda la magia de las narraciones de los mitos con una historia propia, cuya ambientación y humor realzan la faceta de puro entretenimiento intelectual que supone la interpretación del universo como una broma de dimensiones cósmicas; y os aseguro que no hay nada más lovecraftiano que eso. Además, la fusión de género (fantasía y novela negra en este caso) se adelantó por algunos años a las modernas tendencias de la literatura fantástica estadounidense y cuyo mejor ejemplo (del que también bebe Cast a Deadly Spell) sería Tim Powers, cuyo tratamiento de lo sobrenatural como una parte más – al igual que la física, medicina y otras ciencias – del mundo humano moderno es lo que caracteriza la comedia de horror que hoy “revivimos”.

Parte del éxito, de lo divertida que resulta la película dirigida por Martin Campbell radica en esa fusión de conceptos que casi parece que funcione obra y gracia de algún hechizo transmitido por los tubos catódicos. Porque sí, esta comedia sobre clichés del cine negro con tintes sobrenaturales y algo de horror lovecraftiano tiene su origen en la televisión. Nacido como un producto de la HBO, sorprende un acabado tan profesional, una falta de miedo a mostrar la magia en primer plano, unos actores tan comprometidos como graciosos, un guión genuinamente original y una serie de evocadores homenajes (como ese genial club llamado “The Dunwich Room” o el comisario “Bradbury”) que de forma continúa van sacando al pequeño “calamarcito” que todos llevamos dentro. Vamos, que si todos los telefilmes fuesen como este, conectaría mi televisión directamente a mi organismo vía intravenosa.

Comencemos por la historia: un detective rudo y sarcástico como pocos, apellidado Lovecraft (pariente cercano de Sam Spade), es uno de los pocos que se niega a usar la magia para facilitarse la vida (aquí se trata la magia como si fuese un avance tecnológico más, sin saber a que precio, una lectura muy propia de Fritz Leiber, otro autor “pulp” muy querido entre el aficionado). A punto de ser desalojado de su despacho/apartamento acepta por desesperación un trabajito que huele peor que las playas de Venice en verano. Por supuesto, el encargo incluye un científico “raro”, una virgen cazadora de unicornios, un travestido y El Necronomicon. Todo eso serían minucias para nuestro endurecido héroe, si el negocio no incluyera un reencuentro con la rutilante Connie Stone: “femme fatale”, cantante, antiguo amor del detective y actual chica del malvado y enemigo jurado de Lovecraft, a la par que ex-compañero del mismo. ¡Vaya ingredientes!

Pues ya os puedo decir que si la historia se muestra jugosa, no lo es menos la ambientación. Cuando digo que la magia impregna todo el metraje no os miento, la atmósfera de cine negro de finales de los cuarenta está muy bien conseguida, pero siempre observaréis los fotogramas manchados de colores mágicos: “rojo sangre, verde musgo y azul marino”, amén de pequeños detalles que ayudan a crear un entorno creíble para la fantástica historia. También supone una autentica delicia el muestrario de coches de época, trajes y peinados y, lo más importante: licor de las tierras altas y clavos para ataúd por doquier. Todos fuman y beben, y mucho, pero lo gracioso es ver como se codean personajes extraídos de una novela Hammet con vampiros, hombre lobo, gárgolas y… ¡la mismísima Cabra de los Mil Retoños! La Madre de la Putrescencia, La Guardiana de la Lente Lunar: ¡Iä, iä, Shub-niggurath! Por si fuera poco, los tópicos (como el ardiente reencuentro entre Connie y Phil Lovecraft) están tratados con un humor simpático y alguna dosis de terror (no olvidemos de que la magia que usan los habitantes de Los Ángeles es negra, teniendo sus efectos funestas consecuencias) que serán siempre bienvenidas… y los principales culpables de que una mezcla única funcione son los actores.

En el papel de detective, y muestrario de frases ácidas con patas, tenemos a Fred Ward pedazo de actor que pese no haber cosechado el éxito que se merece (como primera estrella de Hollywood) ha seguido una carrera tan activa que da miedo enumerar los títulos donde participa. A bote pronto solo me quedaría con Temblores (1990), que comparte con Cast a Deadly Spell, aparte de actor principal, un acabado igual de satisfactorio – habiendo incluso conseguido una serie a la sombra de la “gusanil” franquicia –. Pues bien, Ward borda un papel socarrón a la par que vulnerable, ¡dios! Es verlo en pantalla con su sombrero, sus impertinencias y sus preguntas “casuales” y uno no puede menos que ponerse de su lado. Pero si en cada escena, Ward se queda con el cincuenta por ciento de nuestra atención, el resto de actores le van a la zaga; comenzando por una joven Julianne Moore que se destapa como una “sensible” mujer fatal capaz de fundir farolas . ¡Una bomba pelirroja que derrite el suelo allá por donde pasa! Marcándose un par de canciones que llenaran nuestros oídos con cantos de sirena, y sin abandonar del todo ese tono irónico que rodea a toda la película. Tono que quizás sea David Warner (con más de doscientas películas a sus espaldas – entre ellas En la Boca del Miedo), quien interpreta al científico/hechicero en busca del Necronomicon, el que mejor sabe trasladar la ironía a su papel, subiendo en quilates la película cuando aparece en pantalla. Y para cerrar los cuatro lados del cuadrilátero que acoge este duelo interpretativo, tenemos a Clancy Brown en el papel de antagonista directo de Lovecraft. Diría mucho sobre su papel en la cinta que nos ocupa, pero como buen y psicodélico resumen, comentaré que entronca directamente su actuación, con la personificación que su voz hace de Señor Cangrejo en la famosa (y divertida) serie de Bob Esponja.

Amigos, intentaré rebajar mi entusiasmo porque no todo es oro lo que reluce. Obviamente, por restricciones presupuestarias, algunos detalles resaltan por pobres, no alcanzan la excelencia que su atrevido guión merece. Algunos maquillajes y animatrónicos están diseñados con cariño pero ejecutados de forma casposa. ¿Shub-niggurath en un telefilm de 1991? Bueno, ya sabéis a que me refiero. No obstante, el aire retro que destila la película gracias a su ambientación temporal, justifica parcialmente las carencias presupuestarias, conectando ciertos pasajes con las míticas cintas del Dr. Quatermass. Lo que no resulta justificable son ciertos infantilismos heredados de la década anterior, ciertas escenas o “sketeches” que enfrían el ánimo del espectador maduro. Allá a mediados de los noventa, cuando tuve ocasión de disfrutar de su emisión por el Canal + (tiempos maravillosos donde igual caía The Refrigerator que un ciclo de Troma), ya pensé que a veces tendía a los efectismos de Golpe en la Pequeña China, pero más burdos. Afortunadamente, solo se trata de momentos puntuales que son luego bien realzados por la labor tras las cámaras de Martin Campbell, director de bastante renombre que ha ido subiendo peldaños, en forma de películas de la franquicia de James Bond, desde sus pinitos en televisión hasta llegar a rodar la novísima Green Lantern. Como podéis ver no se trata de un completo inútil, por mucho que desprecie el cine “mainstream” también sé reconocer el valor de todos los trabajadores que allí van a parar.

Tampoco es un inútil su guionista, Joseph Dougherty, que pese a haberse centrado más en productos televisivos, demuestra que sabe de lo que habla – insisto en que las referencias lovecraftianas nos son gratuitas, si no una herramienta que Dougherty, como Carpenter, usa a su antojo –; incluso le alcanzarían las ideas para una secuela protagonizada por ¡Dennos Hopper! Esta secuela también fue rodada para televisión bajo el nombre de Witch Hunt, desgraciadamente no es posible verla doblada o subtitulada.

Terminando, una película con la que hay poco que perder. Una de esas joyas que pasan desapercibidas: desde el diseño de sus atroz póster, hasta su humilde origen, hacen de Cast a Deadly Spell una de esas rarezas a revindicar cuya falta de pretensiones y buen humor derretirá el duro corazón de los aficionados al fantástico – siempre que se la tomen en serio dentro sus propia idiosincrasia como pseudo comedia –. Si además añadimos las gotas justas de Lovecraft creo que no se puede pedir más para una tarde de domingo donde juro y perjuro que no encontraréis actividad más divertida que disfrutar de las “weird adventures” de una detective que no necesita la magia para ser el más duro del lugar. Un “bourbon”, con un chorrito de agua, a la salud de una película única, para bien o para mal.

Lo mejor: Años cuarenta, novela negra, magia, Lovecraft, humor... ¡y todo funciona!

Lo peor: A veces su ligereza juega en su contra

11-11-11

Ni tocó la loteria ni se acabó el mundo

11-11-11 Poster

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  • Título original: 11-11-11
  • Nacionalidad: Estados Unidos/España | Año: 2011
  • Director: Darren Lynn Bousman
  • Guión: Darren Lynn Bousman
  • Intérpretes: Timothy Gibbs, Michael Landes, Brendan Price
  • Argumento: Después de la muerte de su mujer e hijo, Joseph, escritor de éxito, viaja a Barcelona para encontrarse con su hermano inválido y padre moribundo. Un encuentro marcado por el número 11-11-11 y sus significados.

40 |100

Estrellas: 2

11-11-11 Grande

Si deseas acudir a “11-11-11” con la mínima esperanza de verte sorprendido, no leas esta reseña ni te acerques a menos de cien metros de alguien que la haya visto. En realidad, no se trata de un problema en cuanto al contenido en spoilers o la falta de elegancia de la gente que ya la ha visto, sencillamente, estamos ante una película que por su propia definición, por el estilo al que se adscribe, deja al descubierto todo el desarrollo de su argumento cuando se apuntan generalidades sobre ella o simplemente se compara con alguna otra de las películas básicas dentro de ese remedo de subgénero que sería “el Apocalipsis luciferino”.

Joseph Crone, una vez escritor de éxito internacional, perdió la fe en Dios cuando su mujer y su hijo murieron en un incendio. Intenta rehacer sus pedazos, pero el número 11-11 le persigue hasta en sueños para recordarle que su tragedia personal no importa a ojos del Señor y que existen designios más allá de su razón.

Las piezas del misterio se revelan ante él cuando debe volver a Barcelona, donde a su padre le quedan pocos días de vida y su hermano Samuel, un cura paralítico, se ve atacado por fuerzas sobrenaturales que quizás anuncien el fin del mundo o el principio de uno nuevo. ¿Qué lugar le depara a Joseph la providencia ante una conspiración de fuerzas demoníacas?

Once de Noviembre del 2011, un día ideal para que suceda algo grande: bien sea un importante premio de lotería o el fin del mundo. Sin embargo, de tan señalada fecha ya pasan muchas horas y nada espectacular ha sucedido. ¿Decepción? Sí, elevada a la undécima potencia en el caso de la película que nos ocupa. Una cinta sobre profetas, señales sobrenaturales, numerología, el Apocalipsis y un hombre que ha perdido su fe en el dios cristiano con cuyas enseñanzas machacaron su educación y blah, blah, blah. Un nuevo muestrario de paisajes comunes, rodados con poca gracia, y con una falta de mimo hacia los detalles de su guión, de tal forma que se convierte en una tortura para el espectador debido a errores capaces de empequeñecer un film, relativamente caro, que se merecía un destino mejor.

Adscrito a lo que sería el “cine luciferino”, definición que me saco de la manga y cuyos principales exponentes, para lo que nos ocupa, serían La Semilla del Diablo y La Novena Puerta, ambas de Roman Polansky, no llega a transmitir lo que sería la clave de este tipo de argumentos. De hecho, si bajo el prisma de estas dos pequeñas joyas midiésemos el resultado final de 11-11-11, pasaría por se una de las peores películas tratando el advenimiento de la serpiente, del ángel de la luz y execrable señor de los Infiernos judeocristianos. Todo, por como digo, esa incapacidad de apuntalar el pilar básico de este cine: la transformación, el viaje iniciático que los protagonistas, habitualmente descreídos, padecen hasta descubrir que la sombra crece al cobijo de la luz y demás zarandajas que vienen a desvelar la naturaleza lobuna del ser humano, representada ésta en la efigie de Lucifer. Jamás llegamos a empalizar con Joseph, siempre se ve perdido en un guión que hace aguas a pesar de mostrarse ligero e incapaz de profundizar en peligrosas cuestiones éticas o, siquiera, en el horror psicológico que Joseph debiera vivir como parte de su transformación. Si junto a la imprescindible El Corazón del Ángel (1987, Alan Parker) formasen ambas parte de una misma moneda, mientras aquella sería la cara está sería, sin lugar a dudas, la cruz.

El principal culpable, como director y guionista, de este patinazo es un hombre experimentado en la industria, aunque más dado a los fuegos de artificio que a otra cosa, lo que no quita para reconocer que el eclecticismo de Darren Lynn Bousman es digno de alabanza. Director de Saw II-IV (justo las partes que dinamitaron mi interés por la saga), del musical Repo, The Genetic Opera y del acertado remake de Mother’s day; podemos decir que no le tiene miedo a nada, porque con 11-11-11 cambia de registro completamente. Sin embargo, el cambiar de estilo una y otra vez, no evita el que a sus películas les falten “corazón”. Todas sin excepción tienen más de un momento de tedio, pero con su último producto se lleva la palma.

La trama gira en torno al significado místico e importancia como señal divina del número 11-11, aunque sin llevarlo al terreno de la obsesión, como la irregular El número 23, y como afecta a la vida del protagonista, que verá puesto a prueba su ateismo merced a las fría relación familiar que mantiene con su hermano, cura para más “inri”. Y aquí ya contamos con el primer fallo de bulto: en ningún momento se siente la transformación de Joseph; de amargado escéptico, incapaz de sentir más que resentimiento hacia su padre y hermano, pasamos a creyente, salvador de una humanidad que desconocemos si le importa o no. Proceso lento, que en su último estadio se acelera de forma poco creíble, tan aburrido como soporífero y que se prolonga durante más de una hora, sin que el resto de escasos personajes parezcan aportar nada a los cambios de perspectiva sufridos por el protagonista.

A ello se suma una falta de carisma flagrante por parte de los personajes; es más, Lynn Bousman se centra más en recalcar las señales sobrenaturales, con algo de numerología real para darle credibilidad al asunto (cuestión que para un servidor sobraba), antes que en indagar dentro de la psique de unos personajes que, pese a tópicos, daban mucho juego para manipular la paranoia del espectador. Donde, por ejemplo, en “La Novena Puerta” se juega con la confianza del público, a través de los ojos de Johnny Depp, aquí es preferible mostrar sombras por aquí y susurros por allá a ver si asustamos al espectador, que para eso ha pagado la entrada a una película de “miedo”. ¿Resultado? Absoluta incapacidad para mantener la atmósfera ominosa que se merecía un nuevo cuento sobre nuestra relación con Dios y el Diablo, aunque fuese desde cierto punto de vista maniqueo. En definitiva, la faceta de thriller, la investigación sobre los terribles hechos que sucederán el 11-11-11, es aburrida y falta de interés; teniendo en cuenta que se trata de todo el nudo del metraje, son demasiados minutos intrascendentes, fallidos en su ambientación, como para mantener la completa atención del espectador. Un servidor tuvo que realizar tres intentos hasta verla completa, porque siempre comenzaba a dar cabezadas cuando llegaba al minuto… ¡11:11!

En cuanto a los actores, pese a no ser grandes estrellas de Hollywood, sin duda estamos ante profesionales competentes pero, no sé si por la ausencia de dirección artística o dejadez propia, nunca llegan a cuajar en la pantalla. En concreto os hablo de Timothy Gibbs (Joseph) y Michael Landes (Samuel). No es solo falta de carisma o credibilidad, a veces incluso se notan forzadas las interpretaciones, quizás por unos diálogos bastante flojos (antológicos todos los mantenidos por Celia, la “factotum” de casa “Crone”, y Joseph); la cuestión es que siendo imposible empalizar con sus cuitas nos quedamos sin elementos de interés cuando, además, el guión base se resume en solo dos líneas, que justamente se desvelan en un final que, cosas de la vida, consigue salvar parcialmente los muebles. Aunque me gustaría aparcar las malas sensaciones que me ha provocado 11-11-11 momentáneamente, para señalar que la fotografía me ha fascindo. Resulta curioso que mientras en otros apartados técnicos luzca discreta (efectos visuales, banda sonora y, especialmente, montaje para olvidar con respecto al presupuesto manejado), la fotografía salga beneficiada de los escenarios barceloneses – genial esa casa junto a la playa -, luciendo las tonalidades azules y apagadas, a la luz del día, como lo mejor de la película sin lugar a dudas. ¡Como veis siempre intento rescatar algo hasta del bodrio más abyecto!

Como ya he comentado, el final es para darle de comer a parte. Su disfrute radica en dos puntos: los efectos especiales – la traca final -, y la resolución de los misterios planteados, y como dejan a Joseph y a su hermano con respecto a la historia. Vaya por adelantado, que el primero de estos puntos, el elemento sobrenatural tangible, es digno de una “caspamovie” emitida en cualquier cadena de televisión privada a la hora de la siesta. Pero no me malinterpretéis, desde esa perspectiva casposa me resultó la mar de disfrutable y risible, sobre todo porque contrasta frente a la seriedad con que se tratan las señales del 11-11-11 igual que una zurraspa marrón sobre el níveo algodón de unos calzoncillos cualesquiera. Porque, ¡¿qué diablos pintan esos “jeepers creepers” de saldo como heraldos de “otro mundo”?!. Una completa ida de pinza del señor Lynn Bousman. El segundo punto, la resolución del misterio, está a la altura del “cine luciferino”, que me inventaba párrafos más arriba, lo que no quita para que ser parcialmente predecible pero al menos no suponga una burla pueril hacia el espectador.

Resumiendo, desconozco en base a que criterio podría recomendársela a nadie. Este pobre escriba se queda con una sensación bastante amarga tras verla y analizarla, como si de una perdida total de tiempo se tratase. No es que todos sus elementos merezcan ser incinerados, pero los pocos rescatables ya los he visto en otras películas y narrados con mayor potencia (¡madre mía! Que edición más infame ahí que aguantar con 11-11-11). Así que antes que dejaros vuestros euros en el cine con este “quiero y no puedo” o inquietaros hora y media sobre vuestro sofá, acudir a clásicos luciferinos de verdad como La Tutora o El Principe de las Tinieblas, peliculones donde los haya. Si me apuráis, hasta creo que prefiero ver al buenazo de Brendan Fraser dorándole la pava a la despampanante Elizabeth Hurley en Al diablo con el diablo… ¡ahí es nada!

Lo mejor: El final, acorde a la atmósfera ominosa de todo el metraje.

Lo peor: La incapacidad narrativa de su director.

Phantasma 1 + Phantasma 2

El Hombre Alto camina lento pero seguro

Phantasma 1 y 2 Póster

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  • Título original: Phantasm
  • Nacionalidad: USA | Año: 1979, 1988
  • Director: Don Coscarelli
  • Guión: Don Coscarelli
  • Intérpretes: Michael Baldwin, Bill Thornbury, Angus Scrimm; James LeGros, Reggie Bannister, Angus Scrimm
  • Argumento: Mike observa cómo, en el cementerio de Morningside, un extraño sepulturero se lleva el cuerpo de su hermano de la tumba. Este es el comienzo de una pesadilla que se extenderá a lo largo de los años...

80 |100

Estrellas: 4

Phantasma Grande

Vaya por delante que al aunar en una sola reseña estos dos clásicos, me he decidido a dejar como nota para la reseña, la adjudicada a la primera parte de la saga “Phantasma”. Sin embargo, no considerando que su secuela esté a la altura, quiero indicar que de haberla puntuado le asignaría un 65/100.

En el espacio, nadie puede oír tus gritos. Perdió la cabeza por conseguirla. La noche en que ÉL volvió a casa… Taglines que, de pequeño, veía en las carátulas de los vhs del videoclub y excitaban de mala manera el posible contenido terrorífico de sus películas.
Y entre ellos, por supuesto, estaba “si esta película no te asusta, es que ya estás muerto”. Phantasm, de Don Coscarelli, tenía además una portada enigmática como pocas: una mujer a pecho descubierto –con estímulo sexual y prohibido incluido- gritando y con las manos tapándose lo ojos, aunque se le veían –detalle que, a pesar de estar abosolutamente a la vista, tardé años en descubrir. Ese gesto, el de alguien tapándose lo ojos para no mirar lo que le da miedo, me impactó: si lo ponían en la portada, significaba que la película tenía que ser escalofriante.

Y lo era. Demonios, mis padres no estaban en casa y mi abuela estaba en otra habitación, así que mi hermana y yo nos sentamos a ver la tele un domingo por la tarde e, impávidos, nos fuimos quedando helados con las andanzas de este hombre alto, sus bolas metálicas y los gnomos con capucha que le acompañaban. El final, ese final… Boooooy!… pesadillas garantizadas durante un par de semanas.

Por estos mismos motivos, fue de los títulos que más me costó volver a ver cuando se editaron en dvd. ¡Malditos recuerdos traicioneros! Seguro que lo había magnificado en mi cabeza y no se trataba más que de otra cutrez. Sin embargo, creo que estaremos de acuerdo en que el Hombre Alto, Angus Scrimm, sigue siendo un villano muy a tener en cuenta, una silueta oscura, macabra y tenebrosa a la que hay que acercarse con mucho respeto.

El argumento es del todo conocido: el pequeño Mike (Michael Baldwin) observa cómo, tras la misa por el fallecimiento de su hermano, el ataúd no es enterrado sino trasladado de sitio por el sepulturero del cementerio Morningside (Angus Scrimm). E, investigando el asunto, acaba descubriendo mucho más de lo que debería. Involucra en su investigación a su hermano mayor, Jody (Bill Thornbury), su único familiar vivo tras la muerte de su otro hermano y sus padres, un par de semanas antes. Y esto es, para mí, lo que verdaderamente sostiene en pie la película: sigue funcionando a la perfección el mecanismo psicológico que hace que Mike sea protagonista: un adolescente deseoso de llamar la atención de su hermano mayor, su única figura paterna cercana. La sensación de desamparo y abandono del chico es desoladora, y sea toda la historia sólo una fantasía, o bien por esta predisposición suya, se produzca algún tipo de conexión con un mundo sobrenatural que normalmente no es percibido, lo cierto es que, al poco de comenzar a desfilar las imágenes, estamos inmersos en ese extraño y desértico pueblo donde apenas hay vida más allá de un bar y en el que el sitio más poblado parece ser el cementerio.

El punto de vista de la película es, sin ninguna duda, el de una pesadilla. La lógica prácticamente no existe: se busca más la sensación de terror, de constante asedio –como en las mejores obras de Lucio Fulci- que la coherencia convencional de una historia más o menos bien estructurada. Y lo mejor del asunto es que funciona: ¿cuál es el paralelismo entre el diapasón que utiliza Reggie (Reggie Bannister) para afinar su guitarra, y los dos pivotes de metal que dan entrada a la otra dimensión? No tengo ni idea, pero como puro espejo, como muestra de un elemento que ha sido sembrado de un modo casi inconsciente anteriormente, acierta. Por eso, pienso que en “Phantasm” hay más sabiduría narrativa de la que aparenta. Tampoco tendremos nunca una explicación sobre el origen de las esferas voladoras, ni de porqué las extemidades cercenadas del Hombre Alto se convierten en insectos pero, ¿a quién le importa? Sólo se explica lo imprescindible, a veces de un modo precipitado (de un solo visionado a la otra dimensión, Mike sabe para qué quiere el sepulturero los cadáveres), pero hasta este caso mencionado es acertado: el hombre se sigue preocupando de sus seres queridos incluso una vez que han dejado de vivir (si no, no enterraríamos a nuestros muertos), y ese sentimiento es el que aparece cuando vemos que hay alguien que “abusa” (es sólo un modo de hablar) de los cadáveres.

Mención aparte, por supuesto, merece la música. La melodía principal, repetitiva y climática, de Fred Myrow está casi tan asociada a esta película como la de Halloween de Carpenter. Son muy similares (realmente, es más bien una mezcla entre la de “La Niebla” y los score giallo de Goblin), quizás un homenaje. Lo desconozco pero, desde luego, ha logrado que uno se acuerde de ella y la identifique, al instante, con su mundo.

Con mayor (la mayoría de las veces) y menor fortura, “Phantasm” es una película de terror que, a pesar de sus arrugas, ha visto pasar el tiempo casi incorrupta, como un cadáver bien preparado por un embalsamador sabio… probablemente, por su atrevimiento: para contar su historia de la manera que pide la propia historia, es capaz de inventarse unas normas.

Pasaron casi diez años hasta que Don Coscarelli se propuso retormar a su Hombre Alto. Y, en esa década, el terror había cambiado. La saga de “Viernes 13” había elevado a estrella la figura del villano, al igual que “Pesadilla en Elm Street”. El género fue demasiado consciente de lo atractivo que resultaba la figura del malo, y el Hombre Alto volvió dispuesto a conseguir un puesto en el panteón del cinéfilo. A “Phantasm 2” le pasa como al género: es demasiado consciente de sí misma. Mike (James LeGros), ya convertido en un joven, y su amigo Reggie (el mismo que en la anterior, Reggie Bannister), andan tras el Hombre Alto. La película tiene un gran acierto que no siempre está todo lo presente que debería: que los pueblos por los que el sepulturero va viajando, se quedan asolados a su paso. Esto la sitúa, otra vez, en el abstracto mundo de pesadilla de la primera, y la convierte en una especie de western donde estos dos cowboys solitarios andan tras un peligroso bandido que, además, les va dejando mensajes/trampa, como el momento en que Mike cree encontrar por primera vez a Liz, dando lugar a uno de los mejores momentos de la película… muy heredero, a su vez, del mundo “Pesadilla en Elm Street”, en el sentido de convertir al ídolo malo, Freddy/Hombre Alto, en un cambiaformas que lo mismo sale de un teléfono que del abdomen de un personaje. A pesar de que es un momento muy potente, es quizás también muy revelador del principal problema de la película: si la anterior era absolutamente autónoma, sin referencias, en busca de su propio lenguaje, esta secuela huele a fórmula: hay humor, gore, evolución de algunos elementos propia de una segunda parte (las esferas metálicas se vuelven más sofisticadas, el final del Hombre Alto se obliga a ser más espectacular que el de su predecesora…). Aún así, cuando deja de lado la “herencia” secuela y se centra en su material genuino, recupera la capacidad de sorprender y ofrecer buenos momentos.

Para “Phantasm 3: Lord of the Dead”, (Don Coscarelli, 1994), esta sensación de fórmula se acentúa mucho más. Y así sigue con la cuarta, “Phantasm 4: Oblivion” (Don Coscarelli, 1998). La segunda parte aún es rescatable y tiene momentos bastante puros. Al margen de que me gustan estas dos películas, me parecen interesantes porque ejemplifican con bastante claridad este paso de un modo de hacer terror a otro, algo así como esa historia que se cuenta sobre “Tiburón” (Steven Spielber, 1975): fue, sin pretenderlo, el primer blockbuster pero, a partir de él, se empezó a estudiar la fórmula para intentar conseguir siempre uno. A veces se acierta, pero otras no.

PHANTASMA

PHANTASMA II

Lo mejor: que Phantasm se enfrenta a un mundo de pesadilla para el que no hay reglas anteriores, así que se las inventa.

Lo peor: que Phantasm 2 tiene mucho de fórmula/secuela.

Las brujerías de Aphlar

Y otras fantasías lovecraftianas

Brujerias_AphlarLas brujerías de Aphlar (y otras fantasías lovecraftianas) – La Biblioteca del Laberinto, marzo de 2011 –, es toda una gema, un tesoro rescatado de un pecio hundido, destinado al aficionado a la literatura pulp que, además, está condenada a convertirse en un incunable y objeto de deseo entre futuros coleccionistas. Vaya por adelantado que la razón de tanta pleitesía, hacia la colección de cuentos de un desconocido, para el lector hispano, el estadounidense Duane W. Rimel (curtido fantasista y poeta pulp, así como corresponsal de Lovecraft), se debe más que a la calidad inherente de los cuentos compilados – casi la totalidad de su obra fantástica y buena parte de su poesía macabra –, al significado de una obra de estas características. Reconozco que parte de estas consideraciones, pelín entusiastas, están teñidas de una subjetividad sonrojante; sin embargo, no es solo la importancia de la edición lo que me lleva a recomendar encarecidamente esta antología; no en vano contiene cinco o seis cuentos muy intensos, gratificantes y directos, así como una selección de poesías tristes, lúgubres y escalofriantes que harán las delicias de las escasas almas sensibles, que ha respetado el siglo XXI, apegadas al horror sobrenatural y “algo más”.

El “fandom” post “Weird Tales”

Como todos los admiradores de su trabajo, sabemos que el “universo” creado por el solitario de Providence no se quedó estancado a su muerte; muchos coetáneos y seguidores, incluso influenciados de forma epistolar por el generoso maestro, continuaron escribiendo sobre los horrores cósmicos que relegaban a la humanidad a un plano muy secundario, y peligroso, de la creación. Como pasajeros ocasionales de los vuelos fletados por Weird Tales,Argosy o Unknow Worlds (entre otras), encontramos a escritores no profesionales, o casi profesionales que vinieron a continuar las líneas marcadas, dentro de la literatura fantástica, por autores más consagrados (aunque despreciados en su época) de la talla de Lovecraft, Howard, Merritt o Kuttner.

Esta continuidad tiene su marco temporal tras la segunda guerra mundial, cuando las revistas pulp ya vivían una época de madurez previa a la decadencia, y el papel donde fueron plasmadas, las historias de jóvenes fascinados por el terror y la ciencia ficción de consumo, son los “fanzines” de la época que dieron lugar a los primeros pasos del fenómeno fandom: desde el primerizo The Acolyte hasta el bien asentado The Crypt of Cthulhu. Lo que viene a ser el trabajo y dedicación de simples aficionados a una disciplina artística cuya progresión se basa en la obsesión para con el trabajo de otros artistas previos o más reconocidos. Al menos, dentro de una atmósfera “underground” el lector siempre es el mayor beneficiado: si las revistas “matriz” ya destacaban por la falta de prejuicios a la hora de enfocar cualquier temática, los fanzines fueron la plataforma definitiva para la creatividad. Quizás sus autores nunca se caracterizaron por una habilidad literaria deslumbrante, pero la manida frase de “el límite es tu imaginación” se hace realidad en las baratas fotocopias que componían estas publicaciones de diletantes.

Algunas plumas, cámaras, pinceles o paletas logran romper la crisálida, comúnmente destripada por la crítica e ignorada por el gran público, y convertirse en autores de renombre, pero otros quedaron relegados a un puesto marginal y a una exigua obra que desvela la escasez de tiempo para dedicarte a tu pasión, cuando la mesa se encuentra vacía. Dentro de esta segunda categoría, que podríamos decir que acoge a autores tan validos como desconocidos, hallamos a Duane W. Rimel (1915-1996). Un entusiasta de la nueva ficción que se cocía en los años treinta, como lo podríais ser cualquiera de vosotros; un tipo con ganas de pasarlo bien, escribir por el puro placer de hacerlo y con toda la buena voluntad de sacar algo de dinero si se podía, mientras compatibilizaba la escritura amateur con su trabajo de camarero en un club de jazz y otros muchos despues.

Los otoñales anocheceres de Hampdon

Pues bien, y aquí es donde radica su importancia literaria, la obra que hoy os recomiendo encarecidamente es la única edición oficial (en Estados Unidos existen alguna ediciones limitadas realizadas por la prensa independiente) de su literatura fantástica y, además, completa (a este respecto comentar que La brujerías de Aphlar sufre la ausencia de una hermosa poesía “desarrollada” a seis manos junto a Lovecraft y C. A. Smith , Sueños de Yith – publicada también por La Biblioteca del Laberinto en el volumen homónimo –). Esperando no equivocarme, creo que es la primera edición en nuestro país de un tomo de estas características. Es decir, la publicación exhaustiva de los trabajos de un escritor del fandom norteamericano. Esta bien, sabemos que la excusa subyacente no es más que la relación que la mayoría de los cuentos mantienen con las ideas de Lovecraft. En la extensa, adecuada y fascinante introducción que no ofrece Óscar “el sabio” Mariscal, se nos desgrana la relación epistolar de Rimel con maestros de la era pulp, su influencia dentro de los fanzines de la época, su simpática vida y aficiones varias; y es de este incesante carteo “pulp” del que beben los relatos y poesías impresos, incluso un pequeño ensayo sobre la música que demuestra la afición del autor por la música y sus derivaciones fantásticas.

Todo un muestrario a lo largo de casi ciento noventa páginas que refleja principalmente el gusto de Rimel por el horror cósmico en su faceta más rural. Precisamente esa cuyo mejor ejemplo lo tenemos en El horror de Dunwich, ahí es nada. No en vano, el maestro superviso alguna de las narraciones y Mariscal incluso especula con que uno de los cuentos fuese la última colaboración en vida del mismo. Aunque tampoco renuncian los relatos a picotear de otros estilos, otros enfoques, como la novela de aventuras y razas perdidas (donde el maestro, para un servidor, siempre será Abraham Merritt) o incluso el tufillo a ciencia ficción especulativa. Sin embargo, donde la fuerza y el saber hacer de su autor estallan, es cuando las poesías que dan cierre al libro se despliegan ante nosotros como corruptas flores de ultratumba; en su idioma original o traducidas (nunca agradeceré lo suficiente a un editor el que nos ofrezca poemas escritos en lenguas foráneas junto a su precisa traducción) suponen un empellón melancólico desde las sombrías esferas cósmicas, y cuya única equivalencia la encuentro en los mismos Hongos de Yuggoth.

Así que no solo merece la pena zambullirse en Las brujerías de Aphlar por su importancia como muestra única, bajo perfecto español merced a una trabajada traducción, del fandom post Weird Tales (y pido disculpas de antemano por centrar el artículo en esta cuestión, habida cuenta de que la bibliografía de Rimel es mucho más compleja de lo aquí expuesto, como su resurgimiento a mediados de los ochenta o sus trabajos de Weird Menace demuestran), también recaba nuestra atención por la calidad de sus poesías y unos cuantos de los diecinueve cuentos breves contenidos; destacando Las brujerías de Aphlar, El Desenterrado, La música de las esferas o Las colinas más allá de Hampdon (localidad ficticia que podríamos definir como el Arkham de Lovecraft). Cuando pienso en estos relatos no puedo evitar imaginarlos como pequeños rubíes tallados en forma de lágrima y encendidos a causa del fuego de una pasión más propia de súcubos que de humanos.

Todo ello empaquetado con el tradicional buen hacer de la editorial de incombustible Paco Arellano (uno de esos personajes que han ayudado a definir la evolución de la fantasía escrita en España y, sin embargo, siempre permanece en las sombras), haciendo uso de traducciones propias, ilustraciones de la época, grabados imposibles de localizar, una papel ahuesado que da gusto pasar, una portada con solapas ilustrada por Scott Templar, que resume con una preciosista imagen todo el sentido y sentir de lo que nos espera tras pasar la primera hoja: un mundo de horror único cuya magia trae aromas de picadura de pipa, Vat 69, sauce y decenas de personas hacinadas en un garito mientras bailan jazz. Ni os fijéis en el precio, solamente comprarlo si amais las obras de Bradbury, Bloch, Matheson o, por descontado, Lovecraft.

¿La única pega? Se hace corto, insuficiente, solo una pequeña dosis para el adicto… necesitamos más!!

Cassadaga

Fantasmas, médiums y asesinos en la evocadora Cassadaga

Cassadaga

Destrozada tras la muerte de su hermana menor, Lily Morel busca consuelo en la comunidad espiritual de Cassadaga. Pero en lugar de encontrar descanso, Lily contacta con el vengativo fantasma de una joven asesinada. Sin poder evitarlo se ve empujada a averiguar las misteriosas circuntancias en las que murió la chica; una misión que le enfrentará a un sádico asesino en serie conocido como “Geppetto”.

Desde luego nadie podrá acusar al bueno de Anthony DiBlasi de ser un tipo pasivo. El director y guionista de la muy recomendable Dread, adaptación de uno de los relatos cortos de los Libros de Sangre de Clive Barker (y una de las pocas películas a rescatar de las últimas ediciones del After Dark), vuelve a ponerse tras las cámaras para dirigir su segunda película, Cassadaga, una mezcla de terror sobrenatural y asesinos en serie cuyo trailer (¡MUCHO CUIDADO!… el trailer es larguíiiisimo y muestra demasiadas cosas) resulta bastante prometedor.

De esta manera DiBlasi sigue compaginando su corta carrera como director con su labor como productor de títulos de género tales como la excelente El Vagón de la Muerte (The Midnight Meat Train, 2008) o Book of Blood.
¿Obsesión por Clive Barker? Probablemente… por lo visto DiBlasi también asomará su cabeza por el esperado (esperado por algunos… un servidor, desde que echaron del proyecto a los franceses Alexandre Bustillo y Julien Maury, direcotres de A l’Interieur y Livid, se teme lo peor) remake de Hellraiser.

A todo esto Cassadaga se estrenará en el Screamfest Film Festival de Los Angeles el próximo 22 de octubre.

Por cierto, curiosa la historia - real – que hay detrás de Cassadaga, una localidad de Florida que alberga a una importante comunidad de parapsicólogos y médiums, hasta el punto de ser conocida como La capital psíquica del mundo (Psychic Capital of the World).

Six Degrees of Hell

¿Un caso real de casas encantadas con Corey Feldman? ¡Sí, hombre!

Six Degrees of Hell Grande

Six Degrees PosterSeis personas se ven atrapadas en el centro de una tormenta sobrenatural perfecta que ha venido a llevarse a uno de ellos mientras amenaza con romper en pedazos el núcleo de una pequeña localidad de Pensilvania.

Amantes de la caspa y del tufillo a serie B, comenzad a afilar los cuchillos porque desde Estados Unidos (de donde si no) llega la enésima historia independiente sobre casas embrujadas con dos puntos de interés (o desinterés, según se mire) muy pronunciados. A saber:

1.- La presencia de un incombustible Corey Feldman que en los últimos años intenta reflotar su carrera dentro del género fantástico… sin mucha suerte, la verdad. Decir que lo mejor que ha hecho recientemente, el ya madurito “goonie caza vampiros”, sea la fallida The Birthday, no es decir mucho. Un servidor que tuvo la suerte de conocerlo en persona, justo para el estreno de la citada The Birthday en Sitges, siempre se ha preguntado porque no se juntan esas jóvenes promesas que dejaron de serlo y preparan una película de terror de serie B como dios manda: ¡Edward Furlong, Corey Fledman y Macaulay Culkin en “Los matamonstruos del pantano pestilente”! Bueno, a lo mejor es preferible que este sueño se quede relegado al rincón de los justos.

2.- Haber situado parte del set de rodaje en un hotel abandonado y reconvertido en atracción turística: el Hotel of Horror. Una edificación victoriana sita en Pensilvania que abre durante el otoño, para con actores de carne y hueso dar un par de sustos a los incautos visitantes del hotel, previo paso por taquilla, por supuesto. Por si fuera poco usar esta localización como decorado, muchos de los actores que trabajan en la atracción, han sido reclutados para interpretar a criaturas de otro mundo en la película. Pero no se vayan todavía que aun hay más: según los responsables de producción de Six Degrees of Hell el hotel está más encantado que los calzoncillos de Iker Jiménez. Luces que se apagan solas, equipo que deja de funcionar sin causa aparente, ruidos misteriosos. De hecho, el lugar lleva años siendo investigado por “reputados” parapsicólogos, supongo que entre cierre y apertura de temporada. No sé, sacar provecho comercial de un hotel supuestamente encantado pone completamente en duda cualquier elemento veraz, pero además hacer una película de serie B… bueno, ¡seguramente los fantasmas podrían ofrecer mejores interpretaciones!

Esto es lo mejor que tiene para ofrecernos Six Degrees of Hell, porque ni su director – Joe Raffa -, guionista, ni el resto del reparto resultan minimamente destacables (a lo sumo comentar la presencia de la actriz Jill Whelan, conocida por su papel de Vicki en Vacaciones en el mar). Así que tras ver el trailer solo nos queda apelar a nuestra faceta más descerebrada (porque el teaser tiene tela) y esperar que de tan mala, nos proporcione un rato entretenido a costa de Corey Feldman y su “look” de gótico atormentado. De momento este sábado 24 de septiembre se celebró la première a falta de conocer fecha concreta para su estreno en 2012.

Chillerama

Cine de Medianoche

Chillerama Grande

Chillerama PosterEs la ultima noche del último autocine del legendario país llamado Estados Unidos. Los magreos en las traseras de los Camaros, el aceitoso olor a palomitas, los piropos a la chica de los refrescos, los adolescentes que entran sin pagar… la magia… el espectáculo del cine está a punto de echar la persiana. El director del autocine, Cecil B. Kaufman (el gran secundario Richard Riehle), ha planeado la maratón de rollos olvidados definitiva. Si la pantalla ha de permanecer callada para siempre que emita un último grito de rabia: cuatro películas que, de tan raras nunca habían sido exhibidas públicamente, ¡verán la luz solo por esta noche!

“Wadzilla”: ¡Un espermatozoide gigante fuera de control! ¡Fértil! ¡Cremoso!

“I Was a Teenage Werebear”: ¡Licantropía gay para institutos de jóvenes cadetes! ¡Ositos y osazos! ¡Grrrrrrr!

“The Diary of Anne Frankenstein”: ¡Cientificos nazis fuera de control! ¡Monstruos hebreos! ¡Un barnisva de generosos escotes y bigotes postizos!

“Zom-B-Movie”: Zombies ¿Zombies? ¡Zombies, zombies, zombies!

Una celebración de los tiempos de gloria que vivieron los autocines, y un buffet libre del mal gusto, presentando el trabajo de cuatro infames directores que nunca debieron abandonar el útero materno (aunque alguno de ellos jura y perjura que fue creado por alienígenas)

Chillerama Selection¡Adam Rifkin! ¡Presente! (Wadzilla, Con la Poli en los Talones, Cero en conducta)

¡Adam Green! ¡Presente! (The Diary of Anne Frankenstein, Hatchet, Frozen, Hatchet 2)

¡Tim Sullivan! ¡Presente! (2001 Maniacs, 2001 Maniacs Field of Screams, Driftwood)

¡Joe Lynch! ¡Presente! (Knights of Badassdom, Wrong Turn 2)

Vale, vale. Ya sabemos todos que últimamente se está intentando recuperar, insuflar nueva vida, a las recopilaciones de cortos, a las películas compuestas por segmentos o, si lo preferís, a las antologías de terror: Slices of Life,Deattime Stories, Little Deaths, Drive-In Horrorshow, Creepshow 3 (snif!).

No hace falta más que repasar la lista de los intentos más recientes, para ser conscientes de que la nostalgia, elemento principal dentro de este remedo de “resurgimiento”, no basta para alcanzar al público y, en todo caso, es imposible imitar las pequeñas obras maestras que en su día, las décadas de los setenta y ochenta básicamente, nos hicieron vibrar con un formato digerible y que permitía narrar historias tan gamberras como desprejuiciadas: Creepshow, El Gato Infernal, Body Bags Y es que, como fiel reflejo del cine de terror fantástico actual, cuesta mucho encontrar una buena película mientras rebuscas dentro del cajón de saldo en que se ha convertido la red. Así no es de extrañar que obras como Truco o Trato sean tan complicadas de hallar.

¿Dónde podremos ubicar esta Chillerama? Parece obvio que dado el abundante humor chabacano que destila cada imagen, trailer, póster publicitario (no os perdáis los carteles falsos de las “películas” exhibidas en el Chillerama) o idea; estamos ante un homenaje/parodia más que frente a una antología en condiciones. De nuevo los “falsos trailers” del díptico Grindhouse cobran vida con el único objetivo de divertir a amantes de la caspa y la serie B. No busquéis más allá porque es evidente que la seriedad no forma parte de este proyecto.

Ya estrenada en Estados Unidos, solo cines y festivales selectos (29 de Noviembre en mercado doméstico), ha recibido abundantes críticas negativas por parte de la prensa especializada, ¿pero en serio creéis que los directores – de sobra conocidos por estos lares – buscaban epatar a la crítica? Su publicidad lo dice claro: “la película de medianoche definitiva” o, lo que es lo mismo, pulsar el interruptor de encefalograma plano, cervezas y humo alrededor… culturetas y demás fauna, esperad a la última de Lars “Bostezos” Von Trier.