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The Descent 2

De regreso a nuestra cueva favorita

The Descent 2

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  • Título original: The Descent 2
  • Nacionalidad: USA | Año: 2009
  • Director: Jon Harris
  • Guión: J Blakeson, James McCarthy, James Watkins
  • Intérpretes: Shauna MacDonald, Natalie Jackson Mendoza, Gavan O'Herlihy
  • Argumento: Sarah está viva. Cansada y aturdida se ve obligada por el sheriff local a regresar a la cueva apenas trasncurridas unas horas.

69 |100

Estrellas: 4

Sarah ha sobrevivido. Confusa y agotada es requerida por el sheriff local para regresar a la cueva acompañando a un equipo de rescate que intenta averiguar qué demonios ocurrió allí abajo.

Sarah sale de la cueva y es trasladada a un hospital. Su estado físico y mental es, como poco, deplorable. En unas 48 horas (un poquito menos incluso) vuelve a estar en el interior de la cueva. Fuerzas renovadas, espíritu peleón, y muchas ganas de darle su merecido a los monstruos que se esconden tras las sombras (aunque en esta ocasión parece ser que han dejado las persianas subidas, ya que The Descent 2 es mucho menos sombría que su antecesora).

El espectador que se dispone a ver The Descent 2, todavía con el excelente sabor de boca que le dejó el original de Neil Marshall (para un servidor, The Descent es una de las mejores películas de terror en lo que llevamos de siglo… ya está dicho), tiene un primer obstáculo que sortear, una montaña: la excusa argumental urdida por Jon Harris para que Sarah dé con sus huesos en la cueva por segunda vez, transcurridas apenas unas horas desde su horrible experiencia en el interior de la misma, es muy pobre… algo que, en realidad, ya intuíamos (y no quiero extenderme en el hecho de que Sarah esté viva, algo que no quedaba nada claro en el primer Descent a causa de los finales alternativos de la película de Marshall. Descent 2 parte del hecho de que Sarah sobrevive… nada que objetar por mi parte).

Por supuesto los seguidores del cine de terror solemos ser gente esforzada e infatigable, y éramos muchos los que ardíamos en deseos de echarle un tiento a la secuela de The Descent. Así que de un salto superamos la montaña y nos disponemos a regresar al interior de la cueva con nuestros nuevos acompañantes (todos ellos con un tufillo a cadáver que tira de espaldas). Y es que, en realidad, lo único que hay de nuevo en The Descent 2 son las caras de los renovados protagonistas, al margen de la propia Sarah. El desarrollo de The Descent 2 es prácticamente idéntico al de The Descent: un grupo de incautos en una cueva, el grupo que se rompe y se dispersa por causas variadas (algunos toman la estúpida decisión de ir por libre, mientras otros se ven obligados a ello), y por supuesto el enfrentamiento con los subhumanoides (mis disculpas si el término no es exacto) de la cueva, en el que los humanos siempre tendrán las de perder.

De este modo, si al alguien se le ocurre preguntarse qué demonios aporta The Descent 2 a la historia que nos explicó Marshal en el primer Descent, la respuesta es rotunda: absolutamente nada.

Pero entonces, ¿cuál es la verdadera razón de ser de una secuela cómo The Descent 2? Olvidaos de los personajes poco atractivos (cuyo destino final nos importa mucho menos que el de las chicas del primer Descent), de lo cogida por los pelos que está la premisa argumental, de alguna aparición sorpresa todavía más pillada por los pelos que la premisa argumental y de lo poquito (o nada) que avanza la historia en referencia al primer Descent. Estas son las únicas razones por las que se justifica la existencia de una película como The Descent 2: más monstruos, más enfrentamientos, más sangre, más gore y más acción.

Y desde este punto de vista tan sólo me queda aplaudir la magnífica labor del debutante Jon Harris. The Descent 2 es una colección de set pieces adrenalíticas y sangrientas que, en ocasiones rozan con la punta de los dedos los niveles de horror logrados por Marshall en la primera entrega. The Descent 2 disfruta de algunas secuencias realmente fantásticas, cómo la lucha que culmina en el interior de una fosa séptica o el enfrentamiento final.

Es mucho más directa y mucho más explicita que su predecesora (lo que no significa, necesariamente, que sea mejor) y dispone del potencial suficiente para convertirse en una auténtica fiesta para el aficionado, siempre que se tenga muy en cuenta que The Descent 2 no es The Descent. Se le parece, el desarrollo es muy similar… pero el tono es muy distinto.

Hay que saber (al menos intentarlo) disfrutar de The Descent 2 cómo lo que realmente es, un espectáculo sangriento, cargado de diversión, pero alejado del universo sombrío y aterrador que nos presentó Marshall en la entrega original.

The Descent 2 es una secuela dignísima de un clásico moderno del cine de terror. Parecida en el fondo, pero distinta en las formas. Pero por supuesto aquí estamos para mojarnos. ¿Es Descent 2 superior a su predecesora? Un servidor lo tiene clarísimo y se queda con la obra maestra de Neil Marshall, más claustrofóbica y aterradora que su secuela.
En cualquier caso os invito a echarle un vistazo a Descent 2. La sangre, la acción y la diversión están aseguradas. Vale la pena.

Lo mejor: La acción, la sangre, la adrenalina...

Lo peor: Es menos terrorífica que su predecesora.

Legion

¿Hay algo más soso que un ángel?

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  • Título original: ¿Hay algo más soso que un ángel?
  • Nacionalidad: USA | Año: 2010
  • Director: Scott Stewart
  • Guión: Peter Schink, Scott Stewart
  • Intérpretes: Paul Bettany, Adrianne Palicki, Dennis Quaid
  • Argumento: El día del Apocalipsis Dios envía a su ejército de ángeles para que acaben con la humanidad y el hijo de Charlie, la última esperanza.

35 |100

Estrellas: 2

Mucho se lleva hablando en las últimas semanas por la red sobre esta cinta; y poco de lo expresado es positivo. Y aunque la opinión de la mayoría siempre me ha importado un bledo, está vez no hay más remedio que rendirse a lo evidente: Estamos ante una de las primeras grandes decepciones del año, dentro del género fantástico.

Legion, segunda obra de un reconocido técnico en efectos visuales llamado Scott Stewart, nos cuenta una historia típica de personas atrapadas en una localización frente a las fuerzas sobrenaturales que les acosan en el exterior. Esta simple frase nos trae a la cabeza de forma inmediata “La noche de los muertos vivientes” (George Romero, 1968), “El caballero del diablo” (Ernest R. Dickerson, 1995) y la saga “Feast” (John Gulager; 2006, 2008 y 2009 ); y es que, no en vano, Legion intenta copiar esta formula añadiendo su granito de arena. ¿Cuál es este? Pues en lugar de demonios, muertos vivientes ó monstruos; como peligro exterior tenemos cuerpos poseídos por ángeles enviado por un Dios cansado de la humanidad.

Así pues, amanece un nuevo día de la época actual en un solitario bar de carretera, justo en medio de un desierto del sur de Estados Unidos. Los típicos perdedores se deambulan por el interior del destartalado restaurante junto a algunos viajeros que se han perdido en este lugar dejado de la mano de Dios. Entre ellos, destaca con luz propia Charlie (Adrianne Palicki), la cual espera un hijo de padre desconocido.
Sin embargo, lo que parece el último rincón de la tierra, se convierte en el centro de una pugna titánica. Dios ha pulsado el botón rojo y ha enviado a sus huestes angelicales para que acaben con la humanidad. Especialmente importante es acabar con el hijo no-nato de Charlie, pero esta contará con la ayuda de los parroquianos así como con la experiencia en el combate de un ángel renegado: Michael (Paul Bettany)

Tal vez a alguno os haya parecido un resumen un poco burdo de la sinopsis de Legion, pero es que no hay más. He intentado redactar el argumento con la sensación que me provocó esta producción con aires de grandeza: desidia.

Para empezar no es que la línea argumentalmente sea la bomba, como ya hemos dicho tiene muchos antecesores que comparten dicha línea. Como único aliciente tenemos a unos acosadores representados por ángeles. Quizás alguien ingenuo, como yo, esperase un auténtico festín de locuras al estilo de Garth Ennis (si no habéis leído su obra Predicador os estáis perdiendo el comic más salvaje y antirreligioso de la historia del noveno arte). Pues nada más lejos de la realidad, el tema religioso esta tratado con bochornosa mogijateria y solo sirve como relleno de un guión que no puede ocupar más de 15 páginas, así como excusa para unas escenas terroríficas pobrísimamente editadas y de muy escasa intensidad. Para venderlo como un thriller apocalíptico, tiene una carencia de tensión y ambiente alarmante.

Es como si los responsables de la película hubiesen estado robando ideas descaradamente de todas las películas nombradas algo más arriba e incluso plagian recursos artísticos de “Evil Dead” para desarrollar las dos únicas escenas buenas con las que cuenta Legion: La viejecita diabólica y el heladero del inframundo. Por cierto, ambas escenas profusamente usadas en el trailer…chapó! Si por lo menos el robo se hubiese ceñido a lo mejor de cada casa, todo ello potenciado con lo mejor del cine; pues bueno, hubiese satisfecho muchísimo más a los espectadores. Pero no, Scout Stewart utiliza todos los tópicos posibles realizando la película más predecible de estos dos últimos años; los mezcla con unas dosis de acción mal medidas, mal presentadas y superfluas a todas luces; y para rematar, no se esfuerza en dirigir a sus actores de segunda fila. Vaya elenco de caras de palo que pululan por la pantalla.

De los actores, el único que se salva es Bettany, y solo porque su papel no requería nada más que lucimiento de músculos, una cara de sufrimiento y cabreo constante. El resto es para meterlos en la nevera una buena temporada, aunque reconozco que no lo tenían fácil. Los diálogos con los que el Señor los ha castigado son horribles, frases encadenadas unas detrás de otra con poco valor para el desarrollo de una historia ó la personalidad de los personajes encerrados en el bar. Si vas a escribir un script para una película cuya mitad del metraje se compone de diálogos, trabájalos a fondo y evita los clichés sobre la religión, la gente de color, las embarazadas solteras, etc. Encima clichés que corresponden al siglo pasado.

Y observareis que estoy intentado no hablar de Dennis Quaid, os aseguro que es por una buena razón: no quiero que su agente me demande. Simplemente observad su cara en una de las fotos que ilustran la reseña. Emotividad pura y dura.

Por si todo esto fuera poco, Legion se atreve con un final de esos que adelantan la segunda parte y que encima presenta todo el patetismo de una telenovela. De hecho, y a pesar de ser ateo, no pude evitar entristecerme por la presentación de Dios como una entidad con el coeficiente intelectual de un pepino revenido. Tremenda tomadura de pelo el cierre del metraje.

Lo único que consigue mantenerte minimamente interesado es el acabado técnico general que no esta mal, aunque algo lejano al de producciones más cuidadas y artesanales como “El Caballero del Diablo”. No en vano Scott Stewart lleva muchos años en el mundo de los efectos visuales (Grindhouse, Sin City, Piratas del Caribe, etc), pero que quede claro que estos efectos están al servicio de una historia incorrecta y usados con elegancia elefantina. Además la edición de las escenas más sangrientas me dio cierta sensación de autocensura, ¿un posible Director’s cut para el dvd?

Como muestra de la falta de elegancia comentada, un botón:

Sí amigos, comienza la película y el bueno de Michael sale contento y feliz del almacén de armas de un grupo mafioso, contemplarlo reventando el muro con un lanzamisiles, pero oh!! la forma del agujero creado en la pared es una cruz. Claro, claro; era necesario usar esa sutileza para entender el origen divino de este simpático personaje, que porta decenas de armas en unos sacos cual Terminator de barrio.

Poco me queda más que añadir. A lo mejor cierta aclaración sobre la nota.
Desde luego la película no es peor que, por ejemplo, Growth; sin embargo creo que un aficionado experimentado del genero terrorífico debe exigir a un proyecto todo lo que el considera que pueda dar de sí. Si un día me pongo a visionar una película utragore de Olaff Ittenbach no le voy a pedir que me sorprenda con profunda metafísica ó una profundidad sentimental en los personajes que me estremezca el corazón, pero como no vea tripas, casquería y humor tan sucio como barato, me sentiré profundamente decepcionado.
Parecido sucede con Legion, si me venden un blockbuster de entretenimiento puro y duro, que mezcla terror con acción, quiero lo prometido y no una cinta descafeinada. De nuevo una campaña publicitaria adecuada y un poster sugerente engañan vilmente con esta película, carne de videoclub y que no os recomiendo para nada. Bueno, si no tienes ninguna expectativa y te sobran 100 minutos de tu vida podrías darle un tiento, pero cualquiera de las otras películas que se han nombrado en la reseña son superiores una decena de veces.

Avisados quedaís…

PD: Cuidado con Scott Stewart que parece no haberse quedado satisfecho con sus mezcolanzas de conceptos religiosos, terror y acción; prometiendo volver al ataque el año que viene con la cinta Priest, protagonizada por Bettany en el papel de un reverendo cazador de vampiros. ¿A qué huele a más de lo mismo?

Lo mejor: El dinero invertido en efectos visuales, sin ser una maravilla, destacan.

Lo peor: La hiriente sensación de recursos desperdiciados en una historia aburrida y tópica.

La Cuarta Fase

Basada en hechos reales ficticios

La Cuarta Fase

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  • Título original: The Fourth Kind
  • Nacionalidad: USA | Año: 2009
  • Director: Olatunde Osunsanmi
  • Guión: Olatunde Osunsanmi
  • Intérpretes: Milla Jovovich, Will Patton, Elias Koteas
  • Argumento: Abbey Tyler es una psicóloga que comienza a sospechar que varios de sus pacientes están siendo visitados por extraterrestres mientras duermen.

55 |100

Estrellas: 3

Nada más comenzar la cinta, sin créditos ni nada, Milla Jovovich camina hacia nosotros por un sendero rural, mira a cámara y se presenta: “Hola, soy la actriz Milla Jovovich e interpreto a la psicóloga Abbey Tyler”. Y, luego, nos cuenta cómo lo que vamos a ver es una reconstrucción de lo sucedido en el pueblo de Nome, Alaska, y cómo algunos nombres de los protagonistas se han cambiado para salvaguardar su intimidad. También, que cada escena de la película que comenzamos a ver tiene su respaldo en una grabación real. Así, siguiendo a rajatabla estas reglas que se impone desde el primer momento, The Fourth Kind está salpicada de insertos de las grabaciones reales, certificando así que sucedieron y, si la primera escena es Milla Jovovich revelando su condición de actriz, la segunda es el propio director de la película, Olatunde Osunsanmi, entrevistando a la Abbey Tyler real, a quien encarna Milla Jovovich en la peli.

Un poco confuso, sí. Vamos por partes. Nada de lo que cuenta The Fourth Kind es real. Todo es ficticio, y hay varias webs que se han encargado de demostrar que las supuestas informaciones reales fueron volcadas en internet a la par que la película (especialmente exhaustivo es el asunto en el blog Marcianitos Verdes http://marcianitosverdes.haaan.com/2009/09/lo-siento-the-fourth-kind-no-est-basada-en-hechos-reales/). Como estrategia de márketing, cojonudo. Me quito el sombrero. En Estados Unidos, por lo visto, sí que se armó revuelo con el tema, en plan debates sobre si era – o no – real lo que salía en la peli. En España, desde luego, la cosa ha pasado con más pena que gloria. Por tanto, existe el supuesto hecho real, que es falso, y las imágenes que se grabaron del mismo; y la recreación fílmica de las imágenes que documentan el hecho real, todo remezclado en la misma película.

Segunda parte: el argumento. La psicóloga Abbey Tyler (Milla Jovovich) se encuentra con que, en el pueblo de Nome, varios de sus pacientes tienen los mismos síntomas: despiertan a media noche, en torno a las tres de la mañana, y aseguran que hay un búho en sus ventanas observándoles. En la esfera personal, la psicóloga intenta superar la muerte de su marido y las secuelas que ésta ha provocado en su familia, sobre todo en su hija pequeña.

Tras someter a hipnosis a uno de sus pacientes, Scott (Enzo Cilenti), éste confiesa que el búho, en realidad, no es un búho… y las consecuencias de esta hipnosis son fatales. Poco a poco, por tanto, el ambiente en el pueblo se enrarece, y acaba salpicando a la propia psicóloga, su familia y su pasado. Y apuntando, directamente, a los extraterrestres como los responsables. He de reconocer que desde que se dijera en Twin Peaks aquello de que “las lechuzas no son lo que parecen”, todo lo que me huela a ello me parece un elemento absolutamente inquietante. Y The Fourth Kind tiene varios puntos potentes en su argumento. Si alguien lo comentara en una conversación, realmente me parecería una gran idea. Aunque, sobre todo, me parecería un gran libro. Y este es uno de los problemas. Si bien hay un par de momentos especialmente escalofriantes durante las sesiones de hipnosis, lo cierto es que, en general, las imágenes de la película son un lastre. Rara vez consiguen estar a la altura del material que están contando y, sin embargo, cuando se recurre a la distorsión y sólo se narra con el sonido, por ejemplo, sí que se consigue llegar a niveles de perturbación bastante interesantes. Por eso, The Fourth Kind hubiera sido un gran libro: las sesiones de hipnosis, sin las imágenes que las acompañan en la película, seguramente hubieran sido aterradoras. Tampoco están a la altura, desde mi punto de vista, el par de insertos que hay de la actividad alienígena sobre Milla Jovovich.

Pero vuelvo a las sesiones de hipnosis porque no me estoy centrando en ellas por capricho. Prácticamente, es lo que vertebra la película porque, eso sí, sigue a rajatabla las leyes que se ha impuesto: de todas las escenas hay testimonio gráfico “real”. A fin de cuentas, por tanto, casi toda la película es un diálogo entre Abbey y su paciente de turno. Sin duda alguna, dos de los mejores momentos de la función son la segunda sesión a la que someten a Scott, y a la que se somete la propia Abbey. En estos momentos, la película se acerca al terreno de El Proyecto de la Bruja de Blair o Paranormal Activity, y consigue brillar más que nunca. Por el contrario, reitero lo que ya se ha dicho anteriormente: en el resto de ocasiones, resultan frustrantes e, incluso, aburridos. Hubiera sido mejor leerlos, o sólo oír los audios “reales” o, incluso, ver las imágenes “reales”. Lo que lleva al gran asunto de la película.

¿Por qué complicarse tanto la vida? O sea, ¿por qué fingir una recreación de un hecho real que, a su vez, tampoco es real? Ninguna de las dos películas pseudo-reales anteriormente mencionadas se preocuparon por ello y, no por eso, perdieron un ápice de “veracidad”. Cuando en The Fourth Kind cuelan imágenes reales, la película sube, y mucho más cuando emplean el recurso de emborronar la imagen – se supone que cuando hay actividad alienígena, se producen interferencias en los aparatos eléctricos – y dejarnos sólo con el audio. Son mucho mejores estas imágenes que sus recreaciones fílimicas, por mucho que las protagonicen la guapa Milla Jovovich y el solvente Elias Koteas. Creo que hubiera sido mucho más terrorífica la película si hubiera sido un montaje de las cintas del caso, como se ha hecho otras tantas veces. Como espectadores, tenemos interiorizado ese tipo de imágenes y nos las “creemos” con mucha mayor facilidad.

Y es que en esta película hay demasiado juego de espejos. La realidad no es real, pero pretende serlo. La recreación de esa falsa realidad, tampoco se percibe como ficción puesto que se ha roto la barrera desde el momento uno (recordemos las dos primeras escenas de la película). Quizás, consideraron que la originalidad del planteamiento era más valiosa que la credibilidad del asunto, pero lo cierto es que la película se observa todo el rato desde una distancia insalvable. Nunca te crees nada, y a eso no ayuda la labor de dirección de Osunsanmi: es incapaz de entrar en los escenarios, y de que los miedos y terrores de sus protagonistas superen la pantalla. El caso es que, al final, echas de menos, y mucho, que no haya más momentos “reales” aderezando el soso conjunto de la recreación fílmica.

Eso sí: algo hace bien la película, y es confundirte. Aunque ya sabía que no estaba basada en hechos reales, lo primero que he hecho, antes de ponerme a escribir, ha sido bucear en internet para encontrar material que me lo confirmase o desmintiese definitivamente.

Lo mejor: La segunda hipnosis a Scott y la sesión de Abbey.

Lo peor: Lo pobre que resulta la recreación fílmica al lado de las supuestas escenas reales.

Daybreakers

Los vampiros pasan hambre

Daybreakers

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  • Título original: Daybreakers
  • Nacionalidad: Australia/USA | Año: 2009
  • Director: Michael Spierig y Peter Spierig
  • Guión: Michael Spierig y Peter Spierig
  • Intérpretes: Ethan Hawke, Sam Neill, Willem Dafoe
  • Argumento: La escasez de sangre humana pone en peligro la supervivencia del vampiro. Es necesario encontrar un sustitutivo a la sangre humana... o una cura definitiva al vampirismo.

75 |100

Estrellas: 4

Reiventar la rueda no tiene que ser nada fácil. Agarrar un género tan sobreexplotado como es el vampírico, darle un par de giros, ponerlo del revés, sacudirlo hasta dejarlo aturdido, y volverlo a voltear hasta lograr un producto final digno, original y novedoso, se me antoja algo así como reinventar la dichosa rueda. Una quimera…

Los australianos hermanos Spierig, autores de aquel divertimento con aires de serie Z titulado Undead (2003), lo han intentado, y si bien la rueda no la han reinventado (ni falta que hacía), sí han logrado con Daybreakers llevar a cabo una muestra de cine de colmillos sugestiva y sobrada de atractivo, a la altura de las dos primeras entregas de Blade.

En 2017 la sociedad vampírica domina el mundo. Los últimos supervivientes de la raza humana (relegada al primer – y único – escalafón de la cadena alimenticia) son confinados en granjas dónde se exprime hasta la última gota de sangre de sus cuerpos.
Pero el suministro de sangre se agota. La humanidad está en peligro de extinción, las provisiones de sangre escasean, y la perdurabilidad de los vampiros pasa por encontrar un sustitutivo a la sangre válido para el consumo o hallar una cura definitiva al vampirismo (¿el vampirismo se cura?).

El arranque de Daybreakers es fabuloso. De una manera mucho más austera, sutil y elegante en lo formal de lo que cabría esperar por parte de los hermanos Spierig (a tenor de lo ofrecido en su ópera prima), se nos muestra una civilización de vampiros cuyo modo de vida y cuya cotidianidad debe adaptarse a una serie de clichés, convenciones y pautas de conducta que responden a las normas impuestas por el propio subgénero de los vampiros: automóviles adaptados para ser conducidos a plena luz del día, tenderetes ambulantes que dispensan el ansiado líquido rojo, espejos especiales que sí reflejan la silueta del vampiro… Y junto a estos elementos, toda clase de carteles, programas televisivos, periódicos… que vienen a reforzar, casi de manera subliminal, esa idea de una nueva sociedad de chupasangres. Son toda una serie de detalles quizás algo pueriles o simplistas, pero que, en su conjunto acaban resultando tremendamente seductores y efectivos a la hora de captar nuestra atención y sumergirnos en el particular universo que nos propone Daybreakers.

La magnífica puesta en escena de los hermanos Spierig se encuentra a medio camino entre la sobriedad de la siempre subestimada Gattaca (Andrew Niccol, 1997), con la que Daybreakers comparte además protagonista (Ethan Hawke), y el homenaje al cine negro con tintes futuristas de la soberbia Dark City (Alex Proyas, 1998). En este sentido, rotundo –y quizás inesperado- acierto de los hermanos Spierig a la hora de dotar a Daybreakers de un aspecto visual totalmente acorde con los objetivos perseguidos. Incluso aciertan en el uso de los efectos especiales y de maquillaje, evitando que Daybreakers transmita esa dolora sensación, tan común en los tiempos que corren, de ser un innecesario desfile de efectos CGI que embotan nuestros sentidos (por lo visto, los hermanos Spierig convencieron a la productora para abaratar costes de producción a cambio de ser ellos mismos los encargados de realizar buena parte de los efectos de la película).

A nivel argumental es obvio que la situación planteada por Daybreakers, una sociedad de vampiros al borde del colapso por la nefasta administración de su principal fuente de alimento, y su incapacidad para encontrar un recurso alternativo, darían para edificar un par de discursos ecológicos (la necesidad de energías renovables) y de crítica hacia el capitalismo (el papel de las grandes corporaciones en la explotación de los recursos “naturales”). Pero mucho me temo que esa no fuera, ni mucho menos, la intención última de los australianos. Más allá de metáforas demasiado evidentes, Daybreakers triunfa en su condición de simple (en el mejor de los sentidos) pero contundente entretenimiento con regusto a serie B (pese a su holgado presupuesto y su plantel de actores), que intenta, por todos los medios (y lo consigue tan sólo a medias), darle un nuevo giro de tuerca al género vampírico.

Me resulta sencillo destacar las cualidades que hacen de Daybreakers un plato de agradable degustación: la exquisitez con la que describe una sociedad de vampiros en la que el hombre está condenado a la extinción (aunque, en realidad, esa sociedad que describe Daybreakers tampoco se me antoja tan distinta a una sociedad humana actual), el interés que despiertan la mayoría de sus personajes principales (en especial el hematólogo interpretado por un correctísimo Ethan Hawke), la participación de dos pesos pesados de la interpretación como son William Dafoe, haciendo bueno un personaje que en el tramo final de la película se diluye, y Sam Neill, magnífico en su papel de villano de la función, unos efectos especiales y un maquillaje rotundamente acertados (pese a que no vamos a descubrir nada nuevo en ellos); y las convincentes y muy disfrutables secuencias de acción que pueblan la trama (incluído algún que otro guiño a los amantes de la sangre… y en esta ocasión no me refiero a vampiros).

Sin embargo también me resulta relativamente fácil hacer referencia a un par de puntos que juegan, decididamente, en contra de Daybreakers.
En los compases iniciales de la película se nos muestra una secuencia en la que el Dr. Edward (Ethan Hawke) recibe una inesperada e indeseable visita en su hogar. Es una secuencia de acción espectacular, intensa, de esas que te incrustan en la butaca del cine. El problema es que durante el resto del metraje se echa en falta alguna que otra secuencia que esté, al menos, a la misma altura de la secuencia mencionada. Una presencia más activa de esos aterradores monstruos en los que se convierten los vampiros a causa de la escasez de sangre en sus organismos, creo que hubiera beneficiado considerablemente a la película.

Por otro lado (más grave si cabe), Daybreakers padece de un final demasiado precipitado y en el que abundan las apariciones sorpresa sin demasiado sentido. Una verdadera lástima que no hayan sabido ponerle la guinda al pastel.

En cualquier caso, este par de defectos señalados creo que no empañan el interés y las buenas sensaciones que transmite una película como Daybreakers. Si bien no supone una revolución al género vampírico, sí creo que hará las delicias del aficionado a los colmillos, la ciencia-ficción y la acción con regusto a serie B clásica. Entretenimiento asegurado.

Lo mejor: Su arranque y que todavía haya esperanza para el género de los vampiros tras el incesante desfile de productos destinados únicamente al público juvenil.

Lo peor: El final

Cabin Fever 2: Spring Fever

Siempre pasa algo malo en las fiestas de graduación

Cabin Fever 2

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  • Título original: Cabin Fever 2 Spring Fever
  • Nacionalidad: USA | Año: 2009
  • Director: Ti West
  • Guión: Joshua Malkin
  • Intérpretes: Larry Fessenden, Alexi Wasser, Rider Strong
  • Argumento: El último superviviente a la bacteria necrotising fasciitis, infectado, muere atropellado por el autobús de un colegio. Aunque parece que este es el fin de la epidemia, una empresa de agua mineral se abastece del lago contaminado...

75 |100

Estrellas: 4

¿Una secuela de “Cabin Fever”?

Los primeros rumores hacen saltar las alarmas. “Cabin Fever” tiene un problema, y es que el malo –la bacteria- mata sin miedo y sin asedio. Una vez que te ha pillado, no tienes escapatoria. Es un asesino letal pero sin garra, puesto que sus víctimas mueren, no se convierten en un peligro para los demás: llega un momento en que el miedo desaparece.

Nuevos rumores: a los mandos de la secuela se va a situar Ti West. Eso es bueno y es malo. A mí me gusta, creo que es un tío que tiene estilo dirigiendo, ritmo y no hace nada porque sí, sino siempre buscando algo. Por el contrario, suele imprimir a sus películas un ritmo demasiado lento… hasta casi rozar el coñazo.

Por tanto, y pese a ser un fan de la primera parte, me puse a ver “Cabin Fever 2: Spring Fever” con pocos ánimos y mucha manga ancha.

Una empresa de agua mineral embotellada se nutre del depósito cercano a la cabaña del bosque, de manera que su último envío de mercancía a un pueblo cercano provocará que el baile de fin de curso del instituto se convierta en un baño de sangre. El propio Ti West, junto con Randy Pearlstein (guionista de la primera parte), ideólogos de la historia, y Joshua Malkin, guionista ejecutor, despliegan todas las estrategias de una secuela. Cambiamos, por tanto, de escenario: la cabaña por un instituto. También, se aumenta la dimensión de la catástrofe: ya no son tres parejas, son muchísimas más las que pueden ser afectadas por la bacteria asesina. Y se añade un grupo del Gobierno (¿?) que busca acabar con la infección.

Así, antes de llegar al baño de sangre que imaginamos que va a ser el baile de fin de curso, tenemos (¡Ay, Ti West y los ochenta!) a Dane (Alexander Isaiah Thomas), pringado oficial del cole, y John (Noah Segan), un joven sensible y un poco friki –sus amigos, salvo Dane, pasarán la noche del baile de graduación viendo en casa la novena parte de una saga de terror (sic)- enamorado de Cassie (Alexi Wasser), amigos de la infancia pero, ahora, separados por Marc (Marc Senter), el malote del instituto y novio de la chica. Lo malo de este material tan tópico es que es demasiado reconocible, lamentablemente, para muchos –entro los que me incluyo, por supuesto- y, encima, está tratado con cariño, admiración y respeto por West –por lo que, me temo, él también formaba parte de esta ecuación universal de frustración adolescente. De manera que, conforme avanzan los minutos, no sabes de qué tienes más ganas: si de que estalle la infección en toda su magnitud, o de seguir viendo un buen capítulo, quizás de los mejores, de “Aquellos Maravillosos Años”. Pero, claro, las referencias no acaban ahí: están los profes de “Grease”, y las calles –casi calcadas- de “La Noche de Halloween”.

Quiero hacer hincapié en esto: quien no esté dispuesto a ver una versión gore de un episodio de “Dawson Crece”, debe alejarse de esta película como alma que lleva el diablo. Porque si el capítulo adolescente-emocional es muy completo, el sangriento tampoco está mal servido. Hay un par de explosiones de hemoglobina antes de que estalle el verdadero baño de sangre, el baile de graduación, y cuando esto sucede, hasta uno, como espectador tiene la sensación de estar pringado. Algo parecido me ocurrió con “Planet Terror”, de Robert Rodríguez: llega un momento en que todo es tan desfasado, cafre y divertido que se supera el asco y, simplemente, se empieza a disfrutar con la pringue. Aunque, personalmente, los dos momentos más destacables a este nivel, desde luego, suceden al margen de la fiesta. El primero es una felación en los baños del insitituto donde descubrimos que, probablemente, la chica encargada de hacerla esté contagiada… y el segundo, las consecuencias de este acto para el pene del muchacho.

Las notas más peliagudas de la película se alcanzan en el tramo final. “Cabin Fever 2” es una película coral: hay muchos personajes, y cada uno de ellos tiene su propia trama. Para el final, salvo una excepción, se ha optado por concluirlas por separado. Si uno, como fue mi caso, está imbuido y disfrutando con la película, todas y cada una de las conclusiones entran bien, cierran sus tramas y la sensación general es buena. Pero es cierto que, en frío, lo inconexo del último acto parece llevar a preguntarte si eran necesarias tantas historias o algunos elemento importantes, como la misma fiesta de graduación: si la infección anda por todo el pueblo, ¿para qué hacer tanto énfasis en la noche de graduación? En la trama principal, la que llevan sobre sus hombros John y Cassie, se intenta sustituir un final contundente con un par de escenas sangrientas para camuflar que ésta, en realidad, se queda inconclusa. Lo mismo que la del agente Winston –que reaparece en esta secuela- y su colega: ¡maldición!, esta sí que está mal resuelta, y se nota sobre la marcha.

Pero también quiero insistir en esto: a mí, por encima de todo, me pareció una película divertidísima. Empezando por los créditos de apertura, dibujos animados, y acabando por los de cierre, nuevas animaciones que enseñan qué es de algunos secundarios, todo parece estar cuidado, mimado y meditado para que luzca y entretenga. Ti West rueda como Dios y aquí, una vez más, lo confirma. Es capaz de darle personalidad y entidad a un material tópico y escasamente original. Se olvida de sus pretensiones grandilocuentes y artísticas, y se centra en algo mucho más básico pero, por qué no decirlo, más difícil: entretener durante una hora y media. Y lo consigue, vaya que sí, a pesar de que podía haberse perdido por vericuetos “profundos”: recordemos que “Cabin Fever” tenía una doble lectura. Su mecánica funcionaba bien tanto a nivel argumental como a nivel metafórico (la infección se propagaba en función del grado de intolerancia de los jóvenes). No hay rastro de eso en “Cabin Fever 2: Spring Fever”, aunque tampoco se lo echa en falta.

Lo mejor: Que abundan las cosas buenas en la película.

Lo peor: Lo fácil que lo tienen el agente Winston y su colega para escapar del pueblo.

¿Dónde conseguirla?
Gore Nation: “Cabin Fever 2: Spring Fever” en VOSE.

Growth

Gusanos darwinianos

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  • Título original: Growth
  • Nacionalidad: USA | Año: 2009
  • Director: Gabriel Cowan
  • Guión: Gabriel Cowan
  • Intérpretes: Mircea Monroe, Christopher Shand, Brian Krause
  • Argumento: En la isla de Cuttyhunk, unos experimentos genéticos con parásitos cerca de 1989, tienen como resultado unas terribles consecuencias, cuyos ecos llegan a día de hoy.

59 |100

Estrellas: 3

Growth, es el abordaje más reciente al interesante subgénero de “los bichos” y la amenaza a la humanidad que estos representan. La fantasía oscura, desde recién comenzado el siglo XX, han gustado de plantearse que nos sucedería si una plaga vírica, insectoide ó en forma de gusano decidiría reclamar la posición que el hombre alcanzó después de millares de años de evolución, guerra y conquista. Bien como una infección de otro mundo (La Cosa , 1951-1982), como plagas terrestres sin control (Slugs, 1988 y Cuando ruge la marabunta, 1954) ó como bizarrismos inclasificables (Slither, 2006 y El terror llama a su puerta, 1986); el cine de de terror y ciencia ficción nos ha regalado obras de gran nivel, como las citadas, así como cintas de segunda fila. Una carrera, la de nuestros amigos “los bichos”, fácilmente equiparable a la de cualquier otro subgénero de nuestro cine favorito.

En este caso particular, y siendo benévolos, podemos encasillar a Growth como una producción que se queda en ese enorme limbo que hay entre las obras maestras y el cine basura. Es decir, estamos ante la clásica mezcla de elementos interesantes en un envoltorio que deja que desear en más aspectos de lo que nos gustaría. Para mi, el visionado de esta película ha sido otro pequeño viaje en el tiempo a los días del alquiler de cualquier entretenimiento terrorífico; digamos que a mediados de los noventa, donde los productos “directo a videoclub” tenían algo especial. Muchos intentaban, mediante la libertad que aporta mantenerse lejos de la pantalla grande, reflejar elementos novedosos e incluso desbarrar argumentalmente puesto que nadie esperaba nada de ellos. La productora Full Moon tiene una buena decena de intentos en este sentido, siendo muchos directamente escoria, pero este no es el caso que nos ocupa. Solo quería haceros participes de la etérea sensación que me ha transmitido Growth globalmente. De hecho creo que es algo positivo, al acercarme a una película humilde sin ningún tipo de expectativa he podido digerir mejor sus muchos fallos y disfrutar tanto de sus bondades, como de la extraña mezcolanza de ideas dispares. Porque si esperáis mucho en general y caviláis mucho sobre el último tercio de este film, creo que sufriréis un colapso nervioso. Así que con buen humor, vemos que gusanos reptan dentro de este cadáver.

Corre el año 1985 y la isla de Nueva Escocia llamada Cuttyhunk es un hervidero de científicos de todas las nacionalidades investigando el desarrollo de parásitos para el perfeccionamiento de la producción de perlas. El Dr. Mason Lane (Ian Patrick Williams) está a la cabeza de la investigación y parece que ha dado buenos frutos. Las ostras de la isla producen unas perlas de inusitada calidad y gran tamaño. Pero el Dr. Mason no quiere quedarse ahí, continúa sus experimentos genéticos con parásitos compatibles con el ser humano para proporcionarnos más fuerza, resistencia y salud en general. En propias palabras del doctor: “el siguiente paso de la evolución”. Sin embargo algo relacionado con los gusanos parasitarios parece descontrolarse en la presentación pública de los resultados y cientos de personas mueren en la isla; a la vez que el Dr. Mason desaparece misteriosamente. Afortunadamente, los parásitos son fuertemente dañados por la sal, con lo que el extenso cinturón de agua oceánica que rodea a la isla supone una prisión. 1989 concluye como un año fatídico para los habitantes de la región, que consiguen controlar la plaga a duras penas.

Veinte años después, Jamie, sobrina nieta de Lane, vuelve a Cuttyhunk para acondicionar y vender la vieja hacienda donde su madre y su tío abuelo vivían y realizaban sus experimentos. Apenas conserva recuerdos de su estancia en la isla, era muy pequeña cuando fue enviada al continente con su padre. Junto a su novio, su mejor amiga y su hermanastro; descubren que la isla sigue guardando algunos secretos mortales sobre los experimentos de su tío.

Lo primero que me sorprendió de Growth fue la introducción de los hechos acaecidos en la década de los ochenta dentro de los títulos de crédito a una velocidad y nivel de compresión que no veía en mucho tiempo. La idea me pareció genial, resumir visceral y visualmente la típica “paja” argumental introductoria. Cuantas primeras mitades soporíferas nos ahorraríamos en el cine de serie B. El único problema, en este caso concreto, es que la presentación de los hechos pasados es bastante caótica y sobresaturada. Además, durante la primera media hora de Growth se vuelve una y otra vez a las circunstancias que hundieron la isla en la gran crisis de 1989. Es como si los responsables del film creyesen que habían proporcionado demasiada información en el arranque y se contengan para pisar el acelerador narrativo de la película. Lo que podemos llamar un “quiero-y-no-puedo”, denominación que se extiende finalmente a todo el metraje.

Growth no cuenta con un presupuesto holgado, en concreto es el esfuerzo casi personal del joven director Gabriel Cowan. De hecho, y observad si el buen hombre estaba comprometido con este proyecto, ejerce también de guionista y productor. Este director tiene una carrera bastante cortita e insulsa. Dentro del terror (ó más bien thriller) alguno quizás conozcáis su única obra, aparte de la que hoy reseñamos: “The breathing room”. Una cinta con cierto toque “Saw” pero lastrada en exceso por sus escasos medios y un plantel de actores de segunda. Esto último es aplicable también, aunque en menor medida, a Growth. Cowan intenta dar lo mejor de si mismo, pero no estamos ante un cineasta destacado, ni siquiera ante un niño rico (que quieras que no, alguna mala película se salva de la quema por valores de producción altos. Un, dos, tres, responda otra vez: Avatar); por lo que volvemos de nuevo a esa sensación de DVD directo para alquiler. Estas carencias alcanzan su cenit en unas escenas de acción que, directamente, resultan patéticas por su planificación y realización. Desde luego no estamos ante el proyecto de un buen director ó narrador.

Entonces, ¿qué salva de la quema y tortura inquisitorial a esta película?

No puedo decir que sean los actores. Caras conocidas de series de televisión norteamericanas, como el actor Brian Krause conocido por su papel de angelito en la “girl’s serie” Embrujadas. Estos actores no son capaces de controlar a sus personajes, recayendo todo el peso del film en gente muy joven y acostumbrada a trabajar rápido. Tampoco diría que están horribles, pero ninguno transmite credibilidad suficiente.

¿El ritmo narrativo ó el guión? Durante las dos primeras partes resulta dosificado y remolón pero consigue atrapar nuestra curiosidad malsana, todo sea por comprobar que final aguarda a los protagonistas y sus gusanos. Sin embargo, cuando en la fase final se empiezan a enlazar las diferentes piezas del puzzle, unas piezas que el guión nos brinda demasiado desordenadamente, todo se viene un poco abajo por la pobre edición de las escenas, fallos arguméntales, los continuos saltos de la acción y, por supuesto, un final que no impactará a nadie. Y si la técnica tampoco es brillante (una fotografía mediocre, una banda sonora tirando a insustancial, un trabajo de cámara facilón, etc, etc) parece que nos quedamos sin argumentos para aprobar Growth.

Pero es que si que tiene algo que la hace reflotar. Un par de cosas tan solo, con las que ese saborcillo “noventero” se hace realmente disfrutable: Las citadas piezas del puzzle son tan descacharrantes como una película de la Full Moon. Tenemos doctores locos, gusanos escurridizos, humanos mutantes, conspiraciones, horror teen, amenazas genéticas para la humanidad y más incógnitas todavía. Todo ello mezclado tan burdamente y con tan poca elegancia; que para el espectador curtido resulta una mezcla simpática.
Otro elemento que refuerza esta simpatía son los efectos especiales. Mucho efecto digital con algo de sirope de fresa, pero muy bien creado e insertado con la imagen real del film. Veanse los gusanos que usan cualquier pequeño orificio para infectar a un humano y transformarlo en un ¿vampiro zombie con superpoderes?, son considerablemente asquerosos y poseen un movimiento muy natural y fluido (¡Más que los actores de carne y hueso!). Para mi gusto supera en el aspecto fantástico a la reciente The Thaw, no así en la narrativa, que sin ser una maravilla en The Thaw, le da mil vueltas a esta cinta estadounidense. Pero es un poco injusto compararlas, puesto que usando una premisa con muchos nexos en común (la plaga que amenaza la humanidad) se podría decir que ambas son antitéticas.

En resumen, película para ver sin ninguna pretensión y con cierta dosis de alegría. La compañía de amigos ó amigas será bienvenida para apoyar los chascarrillos a los que Growth da pie (“los gusanos, los gusanos, si más bien parecen…”). Es más, el epilogo que transcurre en Korea termina de restar cualquier intento de seriedad por parte de Gabriel Cowan. No os desesperéis a medida que la vayáis visionando, no sirve de nada darle vueltas a la cabeza al argumento, tiene muchos fallos (sangrantes las ideas y venidas de la población local de la isla) y mejor entrar en el juego “pulp” que luchar contra el.

Os recomiendo que visitéis la página oficial para ver el final extra de la película; otra de las buenas ideas de un cineasta que aun no ha encontrado la forma de superar sus propias debilidades e incidir en sus virtudes.

Lo mejor: La descacharrante mezcla de conceptos terroríficos, así como el gran diseño de los bichos y los FX

Lo peor: La narrativa primitiva y tosca, los actores mediocres y unas escenas de acción de vergüenza ajena

¿Dónde conseguirla?
Gore Nation: “Growth” en VOSE.

The Collector

Que empiece la cacería...

The Collector

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  • Título original: The Collector
  • Nacionalidad: USA | Año: 2009
  • Director: Marcus Dunstan
  • Guión: Marcus Dunstan/Patrick Melton
  • Intérpretes: Josh Stewart, Michael Reilly Burke, Madeline Zima
  • Argumento: Arkin roba una joya muy valiosa en casa de la familia para la que está haciendo un trabajo de cerrajería. Al llegar a la mansión, descubre que la familia ha sido secuestrada por un enmascarado y que la casa se ha convertido en una trampa mortal.

75 |100

Estrellas: 4

“De los escritores de Saw 4, 5 y 6 nos llega la nueva sensación: The collector” Uyuyuyuyuy! La premisa a la hora de enfrentarse a esta película no era buena. Ya estamos escarmentados de bodrios avalados por “de los guionistas de…”,“De los productores de …” y “De los chicos que aparecen en un segundo en una sola toma de…”, aun así dejé mis prejuicios a un lado (también porque sigo viendo todas las partes de Saw…) y comencé a ver The Collector tranquilamente… y la cosa no pudo ir mejor.

Comenzamos con los créditos iniciales, me empiezan a recordar a Seven, la música me resulta familiar (claro, claro, corre a cargo de Jerome Dillon, ex Nine Inch nails). Las imágenes son interesantes, chicos, chicas, ésto promete.
La accción comienza rápidamente: una caja sospechosa, un grito y lo que está por venir.
Nos ponemos en situación y encontramos a Arkin, ex convicto y amante de su familia, por la que lo daría todo. La situación parece perfecta, la familia adinerada no está. Arkin tiene toda la casa para él solo, es un experto cerrajero y tiene una caja de seguridad a su merced, pero en realidad no está solo…
Primera escena salvaje, el marido apaleado frente a Arkin, imagen del coleccionista, ahora la trama cambia, se trata de no ser cazado.

La película es una perfecta mezcla de suspense máximo y torture-porn, aderezado con trampas.
La diferencia entre The collector y la saga Saw es que en Saw las trampas estaban diseñadas para probar la voluntad de los “jugadores”, mientras que en The collector, las trampas están diseñadas para cazar. Las trampas están preparadas para matar, que es para lo que, en definitiva, están hechas las trampas en la realidad.
La casa entera es una sucesión de trampas construidas con elementos cotidianos y pensadas desde el punto de vista del humano que quiere cazar al animal.

El gore es notable y preciso, es real y es feo, muy feo. The collector es lo que yo llamo “película limón” (cada vez que se producía una muerte, yo arrugaba la cara y apretaba los dientes, como lo hago cuando como un limón).
La principal baza de The collector es la tensión. La película respira y suda tensión, el suspense no da tregua. Los movimientos de la cámara ayudan a acrecentar esa sensación de desasosiego y la experiencia es frenética.

El coleccionista tiene carisma y su atuendo responde perfectamente a las normas del slasher, pero en este caso, la película se acerca más al torure-pon que al mero slasher.
Las víctimas están estereotipadas, pero es lo lógico en este tipo de propuestas.

A simple vista, la película, dentro de su género debería haber obtenido una puntación más alta, pero la realidad es que la trama queda coja, y esa cojera te arrastra, lentamente, a hacerte una serie de preguntas sin respuesta.
Sólo se sabe que el coleccionista colecciona personas porque una de sus víctimas, ”la carnaza”, lo menciona.
¿Por qué esta víctima se autoproclama carnaza? Sin respuesta.
¿Cuáles son las características de selección del coleccionista? Sin respuesta.
¿Pudo el coleccionista armar él solo todas las trampas en unas pocas horas? Sin respuesta.
¿Cuál es el significado real de la caja? Sin respuesta.
Demasiadas preguntas sin respuesta para una película que podría haber sido más que notable si la hubieran meditado un poco más.
Está claro que el Sr. Dusntan y el Sr. Melton destacaron (y destacan) en la elaboración de trampas y torturas crueles, pero se olvidan un poco de explicar el porqué y el cómo.

Aún así, The collector es altamente recomendable, una experiencia angustiosa que no aburre ni un solo segundo.
El inicio de una nueva saga basada en The collector, para mí, es un hecho (aunque creo que será mucho menos existosa que Saw). Al menos, yo espero una segunda parte que revele la realidad de los temas pendientes de este film.

Lo mejor: La sensación continua de suspense y lo bien tratado que está el gore.

Lo peor: Deja demasiadas dudas.

Kill Theory

Matar o morir... esa es la cuestión

Kill Theory

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  • Título original: Kill Theory
  • Nacionalidad: USA | Año: 2009
  • Director: Chris Moore
  • Guión: Kelly C. Palmer
  • Intérpretes: Don McManus, Ryanne Duzich, Teddy Dunn
  • Argumento: Siete amigos están dispuestos a pasar un fin de semana en una casa junto a un lago. Un asesino les someterá a un experimento mortal. Un juego de supervivencia en el que tan sólo uno puede quedar vivo.

57 |100

Estrellas: 3

Hoy nos enfrentamos a un “sospechoso habitual”.
Noche cerrada, una casa aislada junto a la orilla de un lago, una camada de cachorros norteamericanos dispuestos a dejarse la piel en el intento, un asesino que en esta ocasión se ha dejado la máscara en casa, pero que para el caso da lo mismo, ya que nunca llegamos a contemplar su rostro; y una trama que se esfuerza lo indecible por resultar ingeniosa.

Así que la pregunta parece obvia: siendo este un cuadro que ya hemos contemplado en una infinidad de ocasiones, ¿vale la pena darle una nueva oportunidad a Kill Theory, la más tardía de las incorporaciones del Alter Dark HorrorFest 2010?

Siete amigos se disponen a pasar un divertido fin de semana en la casa del padre de uno de ellos. Al anochecer las cosas se complican cuando un asesino les acecha, proponiéndoles un juego mortal: únicamente verá la luz del nuevo día aquel que acabe con la vida del resto de sus compañeros.

Si al amanecer queda más de un habitante vivo, el asesino amenaza con matarlos a todos. La cuenta atrás se ha iniciado…

Matar o morir. Ellos o yo. Puesta en escena de uno de los instinto básicos de supervivencia. Si bien no se trata de un planteamiento estrictamente original (en realidad es algo parecido a un Battle Royale en “petit comité” adornado con unas pinceladas de Saw), sí que es cierto que buena parte del atractivo que se le pueda atribuir a Kill Theory depende, en gran medida, de nuestra predisposición a aceptar y disfrutar (o al menos intentarlo) del perverso juego propuesto por el asesino y de las consecuencias – en ocasiones excesivamente tópicas – que se derivan del mismo; y todo ello con la dificultad añadida de tener que superar el generoso número de “defectos de fábrica” que presenta el film y que procuraré mencionaros a continuación.

Desde el mismo instante en que el asesino destapa el tarro de las esencias (explica a sus potenciales víctimas las reglas del macabro juego que pretende demostrar su particular teoría), asistimos a un circo humano en el que cada protagonista deberá evaluar sus propias convicciones morales y poner, finalmente, sobre una balanza, la amistad y la fidelidad hacia sus compañeros y –supuestamente- amigos por un lado, y su propio instinto de conservación y supervivencia por el otro.

¿El objetivo de todo este tinglado? Se supone que el objetivo a perseguir por Kill Theory es que nos hagamos preguntas del tipo de ¿cómo reaccionará cada uno de los protagonistas a la situación tan extrema que están viviendo? ¿qué decisiones tomarán? ¿seguirán unidos hasta el final o quizás alguno de ellos decidirá ir por libre y eliminar al resto de sus compañeros?

El principal problema de Kill Theory es que todos los protagonistas, sin excepción, están tan terriblemente estereotipados, que resulta sencillísimo adivinar el comportamiento de cada uno de ellos (a excepción de un par de sorpresas –previsibles- que suceden hacia el final de la película).

De esta forma sabemos perfectamente quién sucumbirá al pánico a la primera de cambio, quién se volverá un auténtico cabronazo dispuesto a no dejar títere con cabeza, y quién se mantendrá íntegro (y heróico) hasta las últimas consecuencias. Se les ve llegar desde muy lejos…

Y cómo también suele ocurrir en estas ocasiones, se nos ocurrirán mil y una opciones de salir del atolladero en el que se ven metidos los protagonistas de Kill Theory que, a ellos, ni siquiera se les pasa por la cabeza. O dicho de otra manera: en muchas ocasiones la lógica de sus actos queda en entredicho. Pero al fin y al cabo esto no es más que el penúltimo slasher juvenil “made in USA”, por lo que seguramente podríamos prescindir de la lógica en el comportamiento de unos personajes abocados, desde un inicio, al desastre… ¿o no?

Me reitero… Es tan sencillo como querer/poder entrar en el juego que nos propone Kill Theory o no hacerlo.
En el caso de no lograrlo supongo que Kill Theory está condenada a convertirse en un slasher del montón, repleto de tópicos, comportamientos ilógicos, malas interpretaciones, aburrido y del cual desearemos borrarnos.

Pero si conseguimos entrar en el juego (un servidor lo hizo), disfrutaremos de un slasher sencillo pero efectivo, con un ritmo excelente, buenas muertes, entretenido y que pasa en un suspiro. Eso sí, las malas interpretaciones seguirán estando ahí.

A la pregunta inicial de si vale la pena darle una oportunidad a Kill Theory, mi respuesta es SÍ. No se trata del mejor slasher que habéis visto en vuestra vida, ni siquiera estoy convencido de que permanezca en vuestra memoria durante mucho tiempo, pero qué demonios… los que amamos este subgénero estamos hartos de nutrirnos de productos similares a Kill Theory que no son ni la mitad de entretenidos que este último. Una digna adquisición para el Afeter Dark del 2010, aunque dudo muchísimo que la veamos alzarse con algún premio.

Lo mejor: Tiene un buen ritmo y no cansa.

Lo peor: Su falta de originalidad y las actuaciones.