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Infestation

Una plaga de insectos de lo más recomendable

Infestation

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  • Título original: Infestation
  • Nacionalidad: USA | Año: 2009
  • Director: Kyle Rankin
  • Guión: Kyle Rankin
  • Intérpretes: Chris Marquette, Diane Gaeta, Deborah Geffner
  • Argumento: Cooper despierta envuelto en un capullo de seda. Junto a unos cuanto supervivientes deberán hacer frente a una terrible plaga de monstruosos insectos.

69 |100

Estrellas: 4

Infestation

Apenas cinco minutos de metraje (suficientes para facilitarnos una escueta carta de presentación del protagonista) ¡¡¡y empieza la acción!!!

Infestation, película independiente escrita y dirigida por Kyle Rankin, se suma así a la moda imperante de no facilitar ninguna información concluyente sobre las razones que nos conducen hasta el leit motiv de su trama: una delirante (y divertida) invasión de bichos mutantes que desprende un delicioso aroma a las lejanas y añoradas monster B-movies de los cincuenta (Them, Tarántula… con permiso de revisitaciones más actuales como la estupenda Arac Attack, 2002).

Cooper es un teleoperador con muy poco apego al trabajo. A punto de ser despedido por enésima vez, Cooper despierta en la oficina débil y envuelto en una especie de fina tela de seda. La ciudad (y quién sabe si el mundo entero…) ha sido tomado por unos insectos gigantes con aspecto de cucarachas. Nuestro héroe, junto a un reducido grupo de supervivientes, deberá hacer frente a la amenaza.

Siguiendo el ejemplo de Infestation, no me andaré por las ramas: la película de Kyle Rankin es una auténtica delicia. En una reciente entrevista, el director norteamericano declaró que su única intención al afrontar un proyecto como Infestation era la de crear una película de monstruos, al estilo de la vieja escuela, y que resultara lo más fresca, divertida y “cool” que fuera posible… Os puedo asegurar que, en buena parte, ha logrado su objetivo.

Infestation es una inteligente combinación de acción, horror (en menor medida), humor (en mayor medida), y nostalgia. Todo ello ejecutado bajo los estrictos límites impuestos por una producción de bajo costo, pero con un resultado final que destaca muy por encima de sus restricciones presupuestarias.

La historia es harto sencilla y abarca a un reducido número de supervivientes luchando por salir con vida del contratiempo que les ha supuesto encontrarse en mitad de una invasión de monstruos-insectos.

A partir de aquí, todos en Infestation tienen su parcela de protagonismo. Por supuesto los monstruos, una suerte de enormes cucarachas mutantes que son una mezcla de efectos CGI y fabricación artesanal, quedando el resultado final más cercano al cartón-piedra que a la última revolución en creación digital. Y esto último no es, ni mucho menos, una recriminación. Todo lo contrario. El diseño de los monstruos es magnífico, y su aire retro encaja a la perfección con ese homenaje a las viejas monster-movies de los 50 que señalaba al principio de esta reseña. Salvando las distancias, es algo similar a lo que hizo recientemente Frank Darabont en su espectacular adaptación de La Niebla, de Stephen King; y está en las antípodas de los desastrosos mutantes del Soy Leyenda, de Francis Lawrence.

Las secuencias de acción en las que participan los monstruos, sin llegar en ningún momento a ser espectaculares, sí mantienen un acertado ritmo y ofrecen suficientes alicientes como para no desmerecer al resto de la propuesta.
Una especial mención a los impresionantes bichos-humanos, una deforme criatura que nace a consecuencia de la picadura del bicho sobre un humano y que mezcla “lo mejor” de ambas razas en un único organismo. El bicho-humano supone la nota más terrorífica de Infestation, además de traernos ecos –de nuevo salvando las enormes distancias- de esa obra maestra que es La Cosa, de John Carpenter (The Thing, 1982).

Por otro lado los supervivientes, en cuya descripción individual y lazos que se establecen entre los mismos, Kyle Ranking fundamenta gran parte de la fuerza de Infestation.

Pese a que al sobrevolar por las distintas personalidades que se dan cita en Infestation uno pueda pensar que la totalidad de los personajes de la película no hacen más que responder a gastados clichés y arquetipos incapaces de despertar el menor interés (la chica guapa pero estúpida, la chica menos guapa pero mucho más inteligente, el forzudo de buen corazón…), a poco que nos esforcemos un poquito en darles una oportunidad a cada uno de ellos, seremos recompensados con divertidísimos instantes que van desde las ansias de sexo de una de las chicas (cómo único medio a su alcance para sobrellevar el miedo) hasta un severo padre eternamente decepcionado por la actitud de su despreocupado hijo.

A destacar el trabajo del actor Christopher Marquette, quién tiene a su cargo uno de esos papeles (Cooper) susceptibles de convertirse en una auténtica carga difícil de soportar para el espectador (suyas son el 90% de las frases ocurrentes del guión de Infestation), pero que finalmente supera el trance con una naturalidad pasmosa, dibujando a un personaje que no solamente se esfuerza por parecer gracioso, sino que, en muchas ocasiones, acaba siéndolo.

Infestation es un sencillo pero ineludible ejercicio de diversión Serie B plagado de acción, humor, personajes entrañables y monstruos añejos. Cine de doble sesión de un viernes noche, acompañada de palomitas, un “refresco de cola” (un eufemismo para evitar hacerle publicidad a coca-cola… soy adicto), y buena compañía. Bienvenida sea la plaga…

Lo mejor: la sencillez de la propuesta, en este caso, juega a su favor. Simple entretenimiento de serie B con magníficos monstruos y divertidos protagonistas. Nada más… y nada menos.

Lo peor: quizás su falta de pretensiones acabe jugando en su contra. Para algún aficionado puede resultar “demasiado” simple.

¿Dónde conseguirla?
GoreNation: "Infestation" en VOSE.

Grotesque

Bienvenidos al ultragore japonés

Grotesque

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  • Título original: Gurotesuku
  • Nacionalidad: Japón | Año: 2009
  • Director: Kôji Shiraishi
  • Guión: Kôji Shiraishi
  • Intérpretes: Tsugumi Nagasawa, Hiroaki Kawatsure, Shigeo Ôsako
  • Argumento: Una joven pareja, Aki y Kazuo, son secuestrados, cuando pasean por la calle, por un sádico demente que los encierra en un sótano y los somete a degradantes torturas, degradación y toda clase de mutilaciones.

60 |100

Estrellas: 3

Grotesque

Pornografía de la violencia. No se me ocurre en este instante un mejor término para describir Grotesque. Si la pornografía es el género artístico que muestra con detalle escenas de carácter sexual para excitación de quien las contempla; tan sólo debemos reemplazar “sexo” por "violencia extrema", y el resultado obtenido será algo muy cercano a Grotesque. Y si me apurais ni tan siquiera es necesario eliminar el sexo de la ecuación, porque Grotesque también tiene sexo… sexo putrefacto, doloroso, sucio y enfermo; en definitiva, sexo acorde con el resto de la propuesta.

Olvidaos del reciente torture-porn, una etiqueta cuyos límites de explicitud de la violencia quedan muy lejos de lo ofrecido por Grotesque. Si de encontrar referentes se trata, deberíamos buscarlos en rincones tan radicales y oscuros como la serie Guinea Pig o el ultragore alemán.

Grotesque, escrita y dirigida por el japonés Kôji Shiraishi, son setenta minutos de torturas, humillaciones, vejaciones, violaciones, mutilaciones, desmembramientos, sadismo, crueldad y, en definitiva, violencia extrema (tanto psíquica como, sobre todo, física).

El planteamiento es minimalista. Dos jóvenes que acaban de tener su primera cita son secuestrados y torturados por un mad doctor que se excita llevando a sus víctimas hacia los límites de la humillación, el dolor y el sufrimiento. La única posibilidad de supervivencia pasa por plantear el sacrificio personal cómo una vía para salvar la vida de un ser querido.

Es complicado afirmar que Grotesque me gustó (y lo hizo, aunque sin llegar a entusiasmarme), por la sencilla razón que si lo hago, me veo en la obligación de justificar mis palabras, y no es fácil.
Y me gustaría justificarlas más allá de los aciertos visuales de la película, de su excelente fotografía, sus impresionantes y realistas efectos gore, el magnífico uso de una banda sonora clásica que sirve de excelente contrapunto a las imágenes, la esforzada labor de los actores o su imaginativo (y liberador) final.

Antes he mencionado la pornografía como un arte (o un género artístico) que busca la excitación de quién lo contempla a través de explícitas escenas de sexo.
Es obvio que hubo algo en aquella sucesión de brutales estampas, que jugaban a descomponer en pedazos muy pequeños el alma y el cuerpo de un ser humano, que me atrajo. No me excitó en absoluto (al menos no en el sentido en que puede hacerlo la pornografía), pero me atrajo. Algo que me retuvo pegado a la pantalla y mantuvo férrea mi curiosidad por conocer dónde estaba dispuesta a establecer Grotesque sus propios límites (si es que estaba realmente dispuesta a ello).

Quizás sea hora de buscar una justificación como consumidores de este tipo de productos (o quizás no). Hay caminos fáciles para hacerlo. Desde que el hombre es hombre (y desde que el cine es cine) la violencia, en mayor o menor medida, nos ha fascinado. Forma parte de nuestra naturaleza humana, y por muy polémico y censurable que pueda resultar intentar otorgarle a una expresión manifiestamente brutal y atroz la categoría de arte, lo cierto es que, la mayoría, seguimos sintiéndonos atraídos por la exposición gráfica de la violencia (por supuesto con sus filtros, sus niveles y sus graduaciones… no estoy afirmando, en absoluto, que a todo el mundo deba gustarle una propuesta tan limítrofe como Grotesque).

Pero, por encima de cualquier explicación que apele a las debilidades o circunstancias de nuestra propia naturaleza a la hora de sentirnos atraídos por este tipo de experiencias, siempre nos sentiremos protegidos por el argumento que todo lo puede y todo lo justifica: Grotesque es ficción. Todo lo que ocurre en Grotesque es falso, irreal. Tras todo ese cúmulo de imágenes atroces y enfermizas hay un director, unos actores, unos iluminadores y un director de fotografía (que, por cierto, realiza espléndidamente su trabajo). Quizás este hecho no justifique, por sí solo, lo reprobable y censurables que resultan algunas de las imágenes de Grotesque; pero a nosotros, cómo espectadores afines a este tipo de propuestas (quiénes lo sean), debería bastarnos. Cómo espectadores potenciales de ficciones violentas y brutales, jamás deberíamos sentir la necesidad de justificarnos.

Soy aficionado al cine violento, incluso al cine extremadamente violento (aunque no devoto), al cine gore… pero le doy tanta importancia a los conceptos “violencia”, “extrema” y “gore” como al término cine (entendido como una manifestación artística que nos muestra unos hechos ficticios –aunque puedan estar basados en la realidad-, y sin querer entrar en el abominable fenómeno de las snuff-movies).

Grotesque es violencia extrema. Gore extremo. Sin coartadas de ningún tipo. Quizás puro sensacionalismo de baja estofa. Y aún así me gustó (aunque dudo que vuelva a verla). Sus imágenes de desorbitada violencia me atraparon.

Quien sienta deseos de arrojar sobre Grotesque todo tipo de reproches morales tiene las puertas abiertas de par en par para hacerlo. Pero que nadie olvide que por muy abyecto, degradante, infame y censurable que a algunos les pueda parecer lo ofrecido por una película como Grotesque, deberíamos tener siempre la posibilidad de decidir qué es lo que queremos ver y lo que no (la distribución de Grotesque ha sido terminantemente prohibida en Gran Bretaña).

No es una película que pueda recomendaros (a riesgo de resultar su visión demasiado hiriente para algunas personas). He intentado dejar claro qué es lo que nos ofrece un producto como Grotesque. A partir de ahí… la decisión es vuestra.

Lo mejor: la radicalidad de la propuesta en general y el excelente giro de los acontecimientos a mitad de película.

Lo peor: la secuencia de vejación sexual casi pudo conmigo.

¿Dónde conseguirla?
GoreNation: "Grotesque" en VOSE.

Audie and the Wolf

Desventuras de un lobo despistado

Audie and the wolf

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  • Título original: Audie and the Wolf
  • Nacionalidad: USA | Año: 2008
  • Director: B. Scott O'Malley
  • Guión: B. Scott O'Malley
  • Intérpretes: Derek Hughes, Tara Price, Christa Campbell
  • Argumento: Un lobo propiedad de un indio abatido a tiros por un grupo de agentes federales huye hacia la ciudad. Atropellado por una bella aspirante a actriz, el lobo despierta en un habitación convertido en un ser humano.

38 |100

Estrellas: 2

Audie and the wolf

Contar con una buena idea que vender es, sin duda alguna, algo bueno, algo positivo. Intentar dilatar en exceso esa misma idea con la pretensión de que ofrezca un rendimiento más allá de lo que realmente da de sí… es peligroso. Me explico.

Audie and the Wolf, comedia independiente firmada por B. Scott O'Malley, parte de una atractiva idea (casi una anécdota), y en ningún momento se despega de ella. De manera que da vueltas, y vueltas, y más vueltas sobre la misma hasta lograr extenuarnos.

Un indio propietario de un lobo y sobre el que pesa una acusación de terrorismo, es abatido por un grupo de agentes federales. El lobo consigue escapar previa advertencia de su moribundo amo de que se aleje del mundo de los humanos.

Desorientado y sin rumbo fijo, el lobo es atropellado en mitad de la noche por una escultural (y siliconada) aspirante a actriz, quién, en un gesto que la honra (y que le acabará costando caro), recoge al lobo herido y lo lleva hasta su casa.

Un tipo desnudo y ensangrentado despierta en una habitación acompañado de una hermosa mujer tumbada en la cama… y degollada.

La idea que nos vende (o al menos lo intenta) B. Scott O'Malley es sencilla, pero lo suficientemente atractiva (a priori… al fin y al cabo alguien dijo que las ideas sencillas son siempre las más efectivas) cómo para captar nuestra atención y despertar nuestro interés por el devenir de este desdichado (y desconcertado) lobo convertido en humano.

B. Scott O'Malley le da la vuelta al género licántropo. Lo pone boca abajo y su Audie and the Wolf nos presenta a un antihéroe cuya naturaleza original es la de un animal salvaje (un lobo) que, por obra y gracia de no se sabe muy bien qué o quién, acaba convertido en hombre.

A partir de este punto de partida, que nos puede parecer más o menos original, más o menos simpático o gracioso (particularmente, la sola idea del lobo convertido en hombre, y las posibilidades cómicas que atesoraba dicha situación, me empujaron a darle una oportunidad a Audie and the Wolf), la película de B. Scott O'Malley se precipita hacia un terrible y doloroso desacierto: la monotonía.

El arsenal cómico de Audie and the Wolf se limita a Jon Doe (nombre que recibe el lobo en su versión humana) intentando, con pobres resultados, hacer frente a sus instintos animales (su hambre carnívora) y almacenando a un buen número de víctimas casuales (todo aquel que se acerque a los aledaños de la casa) en el sótano, con el propósito de mantener salvaguardado el secreto de su verdadera naturaleza salvaje.

El destino final de las víctimas de Jon Doe me lo guardo por ser uno de los puntos álgidos en la trama de Audie and the Wolf.

Cómo ya he apuntado antes, la idea inicial me parece atractiva. Incluso bien resuelta durante los primeros treinta minutos de la película, en los que B. Scott O'Malley aprovecha la extraña situación vivida por el sufrido protagonista para insertar todo tipo de chistes, más o menos acertados, muchos de los cuáles vienen acompañados con generosas dosis de sangre y gore (sin llegar en ningún momento al punto de que ello afecte a nuestros curtidos estómagos).
A destacar la esforzada labor de Derek Hughes, quién logra salir airoso de su arriesgadísima recreación de un lobo con apariencia humana.
Las posibilidades de caer en el más ridículo de los esperpentos eran muy elevadas, y sin embargo Hugues logra mantener el tipo en todo momento.

El gran inconveniente de Audie and the Wolf es que la fórmula se agota demasiado pronto. Y además se agota por el camino más cruel posible: el de la reiteración y, como consecuencia de ello, el aburrimiento.

El desarrollo de Audie and the Wolf es absolutamente plano. Lo experimentado en esos treinta minutos iniciales (Jon Doe acumulando víctimas en el sótano) vuelve a repetirse una y otra vez hasta llegar al final con las fuerzas muy justitas y con nuestro interés por la historia muy deteriorado.

B. Scott O'Malley intenta romper esa monotonía introduciendo un elemento romántico personalizado en la figura de Audie, una joven repartidora de carne a domicilio que se enamora perdidamente de Jon Doe. Sin embargo la relación entre ambos queda tan desdibujada y tan carente de emoción que, lejos de suponer un bálsamo o una tabla de salvación al tedioso desarrollo de la trama, acaba siendo un obstáculo más en el camino.

Con todo, Audie and the Wolf no es un desastre total. Logra funcionar puntualmente en la medida en que alguno de sus chistes funciona (pocos). Pero es una lástima que B. Scott O'Malley haya confiando tan ciegamente en su idea original y no haya sabido otorgarle a la historia algún otro aliciente que rompiera un desarrollo de la misma excesivamente rutinario.

Lo mejor: Su arranque.

Lo peor: Se vuelve monótona.

El asesino de la caja...

A solas con El Asesino de la Caja de Herramientas

The Toolbox Murders

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  • Título original: The Toolbox Murders
  • Nacionalidad: USA | Año: 1978
  • Director: Dennis Donnelly
  • Guión: Neva Friedenn
  • Intérpretes: Cameron Mitchell, Pamelyn Ferdin, Wesley Eure
  • Argumento: Un asesino con pasamontañas y diestro en el manejo de herramientas, siembra el terror en un inmueble de Los Ángeles durante dos noches seguidas.

38 |100

Estrellas: 2

The Toolbox Murders

El productor Toni Didio quedó impresionado ante la mesiánica experiencia que le supuso La Matanza de Texas de Tobe Hooper, allá por el 1974. Y no precisamente por las cualidades artísticas de la película de Hooper, ni por su capacidad para aterrorizar a las plateas, ni su carácter de pesadilla total que vendría a inculcar aires de perturbador realismo al género terrorífico… La verdadera fascinación de Toni Didio por La Matanza de Texas era, más bien, una cuestión de matemáticas.

Con un discretísimo presupuesto de 140.000 $, La Matanza de Texas de Tobe Hooper acabó recaudando más de 30 millones de dólares. Todo un hito del cine independiente.

Inspirado por el mareante baile de cifras que arrojó la película de Hopper, Didio creyó que el público norteamericano estaba preparado (y deseoso) de consumir una nueva muestra de cine barato y extremadamente violento. La clave del éxito pasaba por tratar de superar los índices de violencia y brutalidad de La Matanza de Texas. Pero, quizás temeroso de quedarse corto en su intento de emular el salvajismo exhibido en La Matanza, Toni Didio creyó que lo más prudente sería añadirle un nuevo e infalible ingrediente a la fórmula: sexo.

Con todas estas ideas cabalgando por su mente, Didio se hizo con los servicios de Dennis Connelly, director curtido en series de televisión pero sin experiencia en cine (y tampoco en el género terrorífico). El resultado de tal asociación fue El Asesino de la Caja de Herramientas (The Toolbox Murders), un protoslasher, afín al exploitation, y anterior a títulos claves del subgénero cómo La Noche de Halloween (Halloween, 1978. Se estreno siete meses después de The Toolbox Murders) o Viernes 13 (Friday 13th, 1980).

Un inmueble de Los Ángeles se vé asediado, durante dos noches seguidas –sic-, por un brutal asesino que utilizará un arsenal de herramientas para cometer sus crímenes.

Los quince minutos iniciales de The Toolbox Murders deberían figurar, por méritos propios, en cualquier antología que se precie del subgénero slasher.
“Sexo, sangre y violencia… sexo, sangre y violencia” Connelly debía tener muy claro que aquellos tres conceptos debían suponer la clave del éxito, así que decidió abandonar de pleno cualquier atisbo de sutileza e iniciar The Toolbox Murders con la rabia y la fuerza de un caballo desbocado. Posiblemente estos quince primeros minutos (por los que, básicamente, ha pasado a la historia una película cómo The Toolbox Murders) disfrutan de la mayor densidad de víctimas por centímetro de película rodada en la historia del slasher.

Cuatro asesinatos ininterrumpidos y un secuestro en apenas quince minutos, en los que el protagonismo se lo disputan un expeditivo asesino ataviado con un pasamontañas y diestro en el manejo de todo tipo de herramientas, y un plantel de hermosas mujeres siempre dispuestas a mostrar cada palmo de su anatomía e incluso hacernos partícipes de sus más íntimos anhelos onanistas (Kelly Nichols, rostro conocido en el sector pornográfico, protagonizando la más famosa secuencia de la película, que se inicia con la actriz sumergida en un baño de espuma y entregada a los placeres del amor propio).

Una vez finalizados esos quince minutos (reiterados hasta la saciedad en esta reseña… por algo será), acaba una película y empieza otra totalmente distinta.
Una vacua y absurda investigación policial que nos lleva a un callejón sin salida, la distinta reacción de los familiares más allegados a la adolescente secuestrada por el asesino (uno de los aspectos más interesantes de la película. Mientras el hermano mayor de la chica intenta acercarse al secuestrador –con consecuencias funestas-, la madre opta por evadirse del drama que ha supuesto la pérdida de su hija acudiendo a su lugar de trabajo con toda normalidad); y, finalmente, la posibilidad de penetrar en el ámbito de privacidad del depredador, del asesino, desprovisto de su máscara y obcecado en adiestrar a la joven secuestrada sobre la suciedad, la depravación y la maldad de la sociedad.

Lo que podría haber sido un interesantísimo quiebro al slasher clásico y convertirse en un seductor retrato psicológico del asesino (al estilo, por ejemplo, de lo que nos ofreció, casi una década más tarde, John McNaughton con su Henry, retrato de un asesino), acaba ofreciéndonos, debido esencialmente a la torpeza narrativa de Connelly, una patética imagen del que posiblemente sea el asesino en serie más desconcertante en la historia del subgénero. Una mezcolanza de represión sexual, puritanismo, conservadurismo y dolor por la muerte prematura de su hija ¿?, convierten al personaje principal de The Toolbox Murders, histriónicamente interpretado por Cameron Mitchell, en una ilógica e inexplicable máquina de matar mujeres desnudas. Al día de hoy sigo intentando buscarle una explicación razonable a la relación que pueda existir entre la muerte de su única hija y el ansia asesina del protagonista.

Y para acabar de rematar la faena, la aparición “estelar” de un sobrino del asesino que viene a confirmar aquello de que “a quién los suyos se parece, honra merece”.

La jugada, en un principio, no le salió bien a Toni Didio. En el momento de su estreno The Toolbox Murders pasó totalmente desapercibida, tanto para el público cómo para la crítica. Sin embargo, a principios de los 80, en plena fiebre slasher (ya se había estrenado Viernes 13), The Toolbox Murders experimentó, a raíz de su estreno en el mercado doméstico, un incesante fenómeno de reivindicación por parte de muchos aficionados al género.

Hoy en día, su aspecto de militante serie Z y, sobre todo, la incongruencia y torpeza mostrada por Connelly a la hora de desarrollar los diversos temas planteados (en especial el que hace referencia al perfil psicológico del asesino) provocan que The Toolbox Murders sea una película complicada de ver y difícil de recomendar.
El tiempo la ha tratado mal. El paso de los años ha sido cruel con The Toolbox Murders, y pese a que un sector de la crítica (y aficionados al género) se empeñan en recuperar la propuesta de Connelly elevándola a la categoría de culto (entre sus defensores a ultranza se encuentra el mismísimo Stephen King), un servidor sigue viéndola cómo una película fallida, mediocre hasta la médula y tan sólo recuperable en sus quince minutos iniciales, suficientes para calmar nuestros anhelos vouyerísticos (pero ampliamente superados por propuestas más recientes con mayor empaque visual).

En 2003, Tobe Hooper (caprichos del destino), llevó a cabo un remake de The Toolbox Murders titulado en España La Masacre de Toolbox. Actualmente se está ultimando la secuela de la película de Hooper.

Lo mejor: Sus minutos iniciales.

Lo peor: Reservada para completistas del subgénero.

Broken

La supremacía del más fuerte

Broken

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  • Título original: Broken
  • Nacionalidad: Gran Bretaña | Año: 2006
  • Director: Simon Boyes y Adam Mason
  • Guión: Simon Boyes y Adam Mason
  • Intérpretes: Eric Colvin, Nadja Brand
  • Argumento: Hope sobrevive a una durísima prueba, quedando a merced de un psicópata que la mantiene retenida en mitad de un bosque. El amor por su hija mantendrá a flote su espíritu de supervivencia.

72 |100

Estrellas: 4

Broken

Por lo visto, los británicos Simon Boyes y Adam Mason tuvieron serios problemas a la hora de encontrar financiación para Broken.
Los anteriores trabajos de Adam Mason (The 13th Sign y Dust) habían pasado prácticamente desapercibidos, por lo que encontrar el apoyo para su nueva propuesta terrorífica no iba a ser una tarea fácil.

Finalmente Boyes y Mason decidieron que la única solución a su problema pasaba por financiarse ellos mismo el proyecto con los pocos medios que tenían a su alcance. Una decisión que, a la postre, tendría una influencia decisiva (y afortunada) en el concepto mismo de lo que iba a ser Broken.

El título inicialmente previsto por Boyes y Mason para su película era The Heart Eater, y su argumento abandonaba a un nutrido grupo de jovenzuelos en mitad de un bosque para ser convenientemente masacrados. Sin embargo, las restricciones presupuestarias provocaron la decisión de sus creadores de simplificar al máximo las cosas. El nutrido grupo de joven carnaza se convirtió en una única y sufrida protagonista de mediana edad enfrentada a su secuestrador. El resultado de todas estas vicisitudes fue rebautizado con el nombre de Broken.

Hope es una madre soltera que intenta rehacer su vida. Tras una agradable cita con un semidesconocido, llega a casa justo a tiempo para dar las buenas noches a su hija Jennifer, de seis años. A la mañana siguiente despierta en el interior de un arcón de madera. Tras sobrevivir a una cruenta prueba de iniciación deberá aprender a convivir con su secuestrador, quien la mantiene retenida en mitad de un bosque.

Esa secuencia citada en el argumento como “una cruenta prueba de iniciación” supone uno de los principales escollos a los que deberá hacer frente Broken. No porque se trate de una mala secuencia… todo lo contrario. Es una magnífica secuencia que aparece prácticamente al inicio de la película, que está rodada de forma espléndida, y que resulta cruel, sádica y un auténtico mazazo para el espectador. Sin embargo también es una secuencia que puede inducir a una idea equivocada sobre lo que Broken nos tiene reservado. Broken no es un sucedáneo de Saw. Ni tampoco es Hostel, ni nada que se la parezca (por más que la comentada secuencia de inicio esté a la altura, en términos de crueldad explícita, de los citados títulos).

Broken es una película de personajes. Todo su argumento gira en torno a la relación entre una víctima cautiva y su secuestrador. Tras un intenso comienzo, capaz de ponerte el corazón en la boca, Broken recupera su ritmo natural, pausado y contemplativo, para establecer los sólidos cimientos que definirán una relación en la que cada uno de los involucrados irá evolucionando según sus propias necesidades, de supervivencia por un lado (el lado de la víctima) y de ratificación de la supremacía por el otro (el lado del secuestrador).

La batalla, sin cuartel tanto a nivel físico como emocional, está servida. Hope, la víctima, deberá superar el pánico y el dolor iniciales para así ser capaz de encontrar las armas (psíquicas) con las que hacer frente a su oponente. La necesidad de conocer el destino de su hija le llevará a sacar fuerzas de donde parecía imposible sacarlas.

Por otro lado un secuestrador, del que no sabemos absolutamente nada acerca de sus motivaciones (algo que, muy probablemente, supondrá un grave problema para buena parte de los espectadores), y que deberá actuar siempre con la convicción y dureza necesarias para mantenerse fuerte en su despótica posición dominante. No le resultará fácil. Los días van pasando y la relación entre ambos se va consolidando al tiempo que la cuerda se tensa, hasta el punto de que el secuestrador acabará mostrando sus debilidades y su cansancio… su humanidad, al fin y al cabo.

El trabajo de Boyes y Mason tras las cámaras es soberbio. Una magnífica fotografía, la excelente recreación de un ambiente malsano, la música, los calculados, efectivos y dolorosos estallidos de violencia…; toda una labor que, unida al impresionante trabajo de los dos actores protagonistas, viene a confirmar que Broken es una película poco menos que imprescindible.

Pero a pesar de ello Broken no es una película fácil. Requiere del esfuerzo y la complicidad del espectador. Hay detalles importantes susceptibles de provocar su rechazo. Su ritmo lento (pero necesario), un secuestrador del que desconocemos cualquier razón que le impulse a actuar como lo hace, la insistencia de la protagonista por desaprovechar cualquier ocasión que se le presenta de acabar con su opresor (un servidor ve dicha actitud plenamente justificada en el hecho de que el secuestrador pueda ser la única persona que conozca el paradero de su hija), un tercer personaje en discordia que no aporta demasiado a la trama y un típico final que tanto tiene de impactante cómo de tramposo y sensacionalista.

Recomiendo efusivamente Broken en el supuesto de que todavía no la hayáis visto (… ya me pediréis cuentas más tarde). Pero tened en cuenta, pese a lo que podáis leer por ahí o lo que os puedan sugerir los primeros quince minutos de la película, que no estamos ante un producto derivativo de Saw.
Broken no es torture-porn, ni su principal punto de interés reside en las secuencias de violencia (que también las hay). Broken es la crónica de una terrible y decarnada confrontación, a nivel físico y psíquico, entre desiguales. Un duelo intenso (por momentos brutal), en el que vuelve a ponerse de manifiesto uno de esos temas universales que a algunos tanto nos apasiona: le irracional ferocidad que puede llegar a alcanzar el ser humano.

Atención: la calidad de imagen del trailer es pésima, pero no he encontrado nada mejor.

Lo mejor: La historia, los actores, los estallidos de violencia...

Lo peor: Que se la pueda tomar por lo que no es.

Chaos

De nuevo... la última casa a la izquierda

Chaos

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  • Título original: Chaos
  • Nacionalidad: USA | Año: 2005
  • Director: David DeFalco
  • Guión: David DeFalco
  • Intérpretes: Kevin Gage, Stephen Wozniak y Sage Stallone
  • Argumento: Dos chicas jóvenes acuden a una Rave en mitad del bosque. Su búsqueda desesperada de drogas las llevará hasta una cabaña en la que permanecen refugiados cuatro peligrosos criminales.

39 |100

Estrellas: 2

Chaos

Cuando dentro de veinte años algún aficionado al cine de terror haga repaso de lo que dio de sí la cosecha del 2009, muy probablemente el remake de La Última Casa a la Izquierda dirigida por Dennis Iliadis sea uno de los títulos que saldrá a colación (junto a otros tantos remakes que acabarán copando la lista: Viernes 13, Sorority Row, San Valentín Sangriento…).

Posiblemente, cuando ese mismo aficionado repase la vendimia del 2005, ni siquiera reparará en el hecho de que La Última Casa a la Izquierda ya tuvo su remake inconfeso en Chaos, película escrita (supongo que no le costaría mucho trabajo escribir el libreto de Chaos…) y dirigida por David DeFalco. ¿Remake inconfeso? Así es. Durante los títulos de crédito finales de Chaos no se menciona en ningún momento la película de Wes Craven (a pesar de que el póster de Chaos es una réplica casi exacta del póster original con el que se dio a conocer La Última Casa a la Izquierda original). Uno podría pensar que todo fue una cuestión de disputas legales por los derechos de autoría y que David DeFalco no tuvo la posibilidad de presentar su película cómo un auténtico remake de La Última Casa a la Izquierda; el problema es que durante esos mismos títulos de crédito que omiten el nombre de Wes Craven se puede leer la sentencia “Basada en una idea original de David DeFalco y Steven Jay Bernheim”… y eso duele.

Duele porque la historia que nos cuenta Chaos es una copia casi exacta de lo que nos contó Wes Craven en 1972 (y, por favor, que nadie vaya a decirme que DeFalco se basó en El Manantial de la Doncella, de Bergman). Me da muchísima pereza, pero ahí va el argumento: dos chicas jóvenes acuden a una Rave en mitad del bosque. Su búsqueda desesperada de drogas las llevará hasta una cabaña en la que permanecen refugiados cuatro peligrosos criminales. Las chicas se verán sometidas a todo tipo de torturas y vejaciones por parte de sus raptores.

Pero, por mucho que pueda doler esa sentencia antes mencionada, tampoco hay que rasgarse las vestiduras y desestimar una propuesta cómo Chaos tan sólo por la sinvergüencería demostrada por DeFalco a la hora de apuntarse la autoría de la idea original. Al fin y al cabo, Chaos es puro cine de explotación… en su máxima expresión (de qué otra manera podría entenderse ese infame anuncio, al inicio de la película, que nos avisa de que Chaos es una de las películas más brutales jamás filmada para, acto seguido, afirmar que su intención es la de “educar y salvar vidas”… impresionante. Me quito el sombrero. No pude evitar una sonora carcajada).

Todo en Chaos está pensado para recaudar un buen montante de dólares en su distribución en el mercado doméstico. Y para alcanzar dicha meta, DeFalco sabe perfectamente que La Última Casa a la Izquierda de Craven supone un material de partida inmejorable.

¿La manera de “explotar” ese material de partida? Muy sencillo, aumentar considerablemente el nivel de brutalidad, repugnancia y perturbación en las secuencias de violencia.
DeFalco logra parcialmente su objetivo. Ciertamente aquellas secuencias en que los criminales violan y agraden a las muchachas superan en brutalidad y repugnancia a lo visto en el original de Craven (y, por supuesto, en dichos términos, sobrepasan, en mucho, los logros del remake de 2009). Y ese es, sin duda alguna, el gran (¿y único?) acierto de Chaos y la razón por la que los amantes del exploit deberían acceder a la película de DeFalco sin pensárselo dos veces. Sin embargo es mucho más discutible que aumentar los niveles de atrocidad y barbarie en determinadas secuencias (muy puntuales), sea sinónimo de encontrarnos ante una experiencia global más perturbadora que la ofrecida por la película original de Craven. Un servidor no tuvo, en ningún momento, dicha sensación.

Ya sea porque los villanos de la función carecen de ese inolvidable aire de amenaza, agresividad y, porque no decirlo, carisma de David Hess y compañía (pese a los esfuerzos de un muy acertado Kevin Cage en el papel de Chaos), o porque las víctimas no logran transmitir, de forma convincente, todo el dolor del que son objeto, o quizás porque me faltó esa musiquita country tantas veces criticada en el clásico de Craven o, en definitiva, porque todo lo visto en Chaos ya lo había visto antes… pero lo cierto es que la película de DeFalco en ningún momento me resultó tan incómoda, y de difícil digestión cómo la primera vez que vi La Última Casa a la Izquierda de Wes Craven.

Incrementar la truculencia de determinadas secuencias no es suficiente para amplificar el nivel de pesadilla experimentado. Chaos así lo confirma.

Con todo esto, Chaos no dejaría de ser un experimento curioso y aceptable (por lo que supone ver cómo DeFalco, efectivamente, pone toda la carne en el asador en las secuencias de violencia), si no fuera por el desastroso y ridículo final que nos tenía reservado.
El desenlace de la película es, probablemente, el único momento en que DeFalco se aleja, con decisión, de lo expuesto anteriormente en La Última Casa a la Izquierda. A priori no me parece una actitud reprochable. Todo lo contrario. No soy amante de los remakes. Así que cuando me enfrento a uno de ellos, por regla general, suelo agradecer cualquier intento de apartarse, definitivamente, de lo expuesto por el original. Chaos es una excepción a esta regla.

Su último tramo, y en especial su secuencia final, se desvincula totalmente de lo expuesto por Craven en La Última Casa a la Izquierda. El problema es que el final alternativo propuesto por DeFalco en Chaos (supuestamente justificado por las ideas racistas de uno de los personajes… no lo tengo nada claro) es un auténtico desastre. Una estrepitosa incongruencia que te deja con un mal sabor de boca terrible. Una innegable estupidez de las que claman al cielo.
El único instante en que DeFalco pretende ser original. La única idea propia que el bueno de DeFalco tiene en su poder… y es la culpable de que la película acabe hundida en un pozo de miseria.

Lo mejor: las secuencias de violencia contra las chicas son brutales.

Lo peor: el horrible final le resta muchos puntos.

Train

Un Hostel sobre raíles

Train

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  • Título original: Train
  • Nacionalidad: USA | Año: 2008
  • Director: Gideon Raff
  • Guión: Gideon Raff
  • Intérpretes: Thora Birch, Derek Magyar, Gloria Votsis
  • Argumento: Un equipo universitario de lucha libre se sube a un misterioso tren para llegar a tiempo a su próximo compromiso deportivo. El horror no tardará en cebarse sobre todos los componentes del equipo.

42 |100

Estrellas: 3

Train

Voy a iniciar la reseña de Train de una forma que jamás debería hacerse: destripando una de sus escenas. Quién crea que esta es la peor manera posible de encarar una reseña (… tendrá toda la razón) y desee abandonar el barco, este es el momento.

Para los que hayáis decidido darme una oportunidad, advertiros que la escena en cuestión no desvela grandes sorpresas de la trama ni os impedirá disfrutar (o no) de la película en toda su extensión. No se trata de una escena crucial, pero sí sintomática de lo que nos espera tras este Train con destino a ningún lugar.

Un par de jovencitas norteamericanas se suben a un extraño tren en el que los pasajes no se pueden adquirir en taquilla, y son acompañadas hasta sus estancias por un par de indeseables, libinidosos, sucios y apestosos europeos del este que ejercen de mozos de vagón (podrían pasar por primos hermanos del autoestopista de La Matanza de Texas, de Tobe Hooper). Una vez instaladas las chicas, los mozos les piden sus pasaportes; no para comprobar que estén en regla, sino para quedárselos, para apropiarse de ellos, con la excusa de que el tren está infestado de ladrones y los pasaportes estarán más seguros en sus manos.
Las chicas les entregan sus pasaportes… (sic).

Así es, execrables tipejos de la Europa del Este (para el cine de terror USA contemporáneo, viajar a la Europa del Este es algo similar a pasar las vacaciones en algún país Sudamericano… muerte agónica y dolorosa), y estúpidos jovenzuelos norteamericanos dispuestos siempre a facilitarles la tarea a sus asesinos cayendo en todas las trampas que encuentran a su paso y poniendo sus vidas en peligro con una facilidad pasmosa.

Eso es, en esencia, lo que nos depara Train, película escrita y dirigida por Gideon Raff, anunciada en principio como un remake de El Tren del Terror (Terror Train, 1980), popular slasher protagonizado por Jamie Lee Curtis, y con el que, finalmente, guarda muy poca relación (apenas el hecho de que la acción transcurra en el interior de un tren).

Por supuesto, los malos malísimos de Europa del Este, y los buenos pero idiotas de Norteamérica, interactúan. Se relacionan. ¿Cómo? Gideon Raff no tiene ningún reparo (en absoluto) en fabricar un ente clónico de Hostel (Eli Roth, 2006), situarlo en el interior de un tren para intentar disimular su procedencia (con muy poco éxito), y lanzarlo a toda velocidad por las vías del torture-porn con la esperanza de que no acabe descarrilando.

Train cuenta la historia de un equipo universitario de lucha libre que se encuentra de gira por Europa del Este y pierde el tren que les ha de llevar a su próxima competición. Otro misterioso tren, cuyos billetes no se compran en la taquilla, parece ser la respuesta a sus plegarias. El trayecto se convertirá en una pesadilla.

A grandes rasgos (y sin voluntad, por mi parte, de ir más allá en el tiempo y rescatar pretéritos referentes en los que, seguro, se basaron los actuales popes del subgénero), el torture-porn nació con Saw (2004), creció con Hostel (sí, me gustó Hostel), y se agotó con las sucesivas secuelas de ambas. A la espera de que algún título de los que está por llegar suponga una necesaria renovación en el subgénero (quizás la japonesa Grotesque), Train vuelve a ofrecernos, exactamente, más de lo mismo: una sucesión de secuencias de torturas, sadismo y crueldad practicadas sobre personas indefensas. No vayáis a pensar que el tema me produce ningún tipo de repulsa moral, ni nada por el estilo. El torture porn está ahí para saciar el hambre vouyerística de todos aquellos que lo deseen (yo lo sacié, en buena parte, con Hostel); y en este sentido, y siempre que siga disfrutando de un público fiel y adicto, bendito sea el torture porn.

Sin embargo no puedo evitar la tentación de creer que el subgénero está herido de muerte. Y Train no hace más que corroborar mis sospechas.
El ejercicio al que nos empuja la película de fulanito tiene un planteamiento muy sencillo: ¿si a Train le quitamos a todas las secuencias de torture porn, qué nos queda? Por supuesto el planteamiento tiene trampa. Arrebatarle a Train el torture porn sería, a todas luces, injusto. Algo así como despojar a Michael Myers de su cuchillo y su máscara en el nuevo Halloween de Rob Zombie.
Pero en el caso de que lleváramos a cabo tamaña injusticia ¿qué nos quedaría realmente? Una galería de personajes que vuelven a poner de manifiesto la detestable y panfletaria dicotomía por la que todo lo ajeno o foráneo a las barras y estrellas norteamericanas apesta a retraso, podredumbre y maldad; una inverosímil y ridícula trama a modo de coartada, un guión repleto de incongruencias (sobre todo en su parte final… ¿qué demonios hace ese mastodonte empujando el vagón?), la inofensiva elección de un tren como escenario de la acción (todo lo que vemos en Train podría haber sucedido perfectamente en un avión, en un barco, en mi comunidad de vecinos o, porqué no, en un hostal…), la apatía general de todos los actores (en especial una Tora Birch que parece estar maldiciendo su propia suerte por pasar de musa indie a protagonista de un “subproducto” de terror), y, lo peor de todo, la incapacidad por parte de Gideon Raff de crear un clima y una tensión lo suficientemente sórdidas y malsanas cómo para lograr que Train levantara definitivamente el vuelo más allá de sus explícitas secuencias de torture porn.

Train es torture porn. A imagen y semejanza de productos de similar factura. Víctimas indefensas, sangre, vísceras, y utensilios de toda clase utilizados a modo de material quirúrgico. No hay nada más… ni nada menos. Los amantes del torture porn y el gore quizás sabrán agradecer el esfuerzo. Personalmente tuve la impresión de que el trayecto de este Train no iba, en ningún momento, más allá de Hostel.

Lo mejor: el gore.

Lo peor: el guión y los actores.

The Last Resort

Una fiesta de chicas de lo más aburrida

The Last Resort

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  • Título original: The Last Resort
  • Nacionalidad: USA | Año: 2009
  • Director: Brandon Nutt
  • Guión: Nathaniel Bozen
  • Intérpretes: America Olivo, Paulie Rojas, Marissa Tait
  • Argumento: Cuatro chicas norteamericanas acuden a un complejo turístico en México para celebrar la despedida de solteros de una de ellas. Durante una excursión son abandonadas en pleno desierto.

19 |100

Estrellas: 1

The Last Resort

A medida que se consumían los minutos de The Last Resort empecé a tener la sensación de encontrarme ante un auténtico manual sobre cómo hacer las cosas de la peor forma posible.

Cuatro hermosas chicas acuden a un complejo hotelero en México para celebrar la despedida de soltero de una de ellas. La noche transcurre entre cantidades importantes de alcohol y flirteos inocentes con el personal masculino hospedado en el hotel.

Una de las chicas (America Olivo) conoce a un turista norteamericano y se encierran en la habitación del hotel para pasar una noche de sexo salvaje y lujurioso (pero que nadie se anime más de la cuenta… lo de “sexo salvaje y lujurioso” es producto, únicamente, de mi imaginación y mi “admiración” por America Olivo. The Last Resort no muestra nada en este sentido –ni en muchos otros-).

A la mañana siguiente, las tres amigas restantes son asaltadas por unos falsos guías turísticos y abandonadas a su suerte en mitad del desierto. El destino las llevará a un nuevo complejo turístico, anteriormente habitado por una secta que abogaba por la libertad extrema de las pasiones humanas, y que en la actualidad –por desgracia- se encuentra maldito.

¿Qué queréis que os diga? De nuevo supongo que mucho me tacharéis de inocente, de crédulo, o directamente de estúpido por dejarme llevar por el póster de una película que muestra a una atractiva rubia en bikini sujetando un enorme cuchillo (demasiado viejo para caer en la trampa). Quizás de ser demasiado impulsivo a la hora de depositar mis esperanzas en un proyecto que ofrecía, potencialmente, una serie de alicientes y expectativas que, en efecto, nunca se ven cumplidas. O dicho con otras palabras ¿quién no se apuntaba de antemano a una película que, aparentemente (y sólo aparentemente), ofrecía chicas guapas, sexo, escenarios exóticos e importantes dosis de sangre y violencia? Yo he sido fiel a este tipo de premisas durante toda mi vida… y seguiré siéndolo, por más que tropiece, una y otra vez, con películas del calibre de The Last Resort.

Efectivamente The Last Resort tiene chicas guapas (una de ellas, la espectacular America Olivo, a la que pronto veremos en Bitch Slip), tiene sexo (ejem...), la imponente presencia del desierto, y también sangre y violencia. Lamentablemente todo está planteado de una forma tan blanda, tan aséptica, tan desfallecida; que The Last Resort queda condenada, irremediablemente, al fracaso.

Sobre el trabajo de las chicas protagonistas no pienso abrir la boca. Hacen lo que pueden con lo que tienen (que no es mucho) y, al fin y al cabo, su sola presencia fue lo único que me mantuvo despierto a altas horas de la madrugada (maldito calor y maldito insomnio).
En cuanto a los dos jóvenes turistas masculinos que acompañan a America Olivo en su aventura, la cosa es distinta. Sé que estamos ante una película de terror de bajo presupuesto, pero… ¿tan complicado resulta encontrar a un par de actores jóvenes cuya aparición en escena no te haga pensar en improperios, insultos y blasfemias que atenten contra su propia dignidad como personas? Son malos, realmente malos. Aunque tampoco son, ni de lejos, el peor de los problemas de The Last Resort.

The Last Resort es una pésima película. Un guión de pena, diálogos desastrosos (atención a la vieja vidente que habla en castellano –en el original- y a la intervención de uno de los chicos turistas, que traduce sus palabras cómo le da la real gana…), una puesta en escena torpe y sin garra, un nulo contenido sexual (el personaje de America Olivo, tras lo que se adivina una noche entregada al sexo sudoroso y sin pudor, se levanta de la cama de su amante tapada hasta las cejas con una sábana… muy natural), y un tercio final de película, supuestamente el más sangriento, violento y terrorífico, que tan sólo logró arrancarme algún que otro bostezo y el deseo de que la cosa acabara cuanto antes.
Decepción… una más.

Lo mejor: la presencia de America Olivo.

Lo peor: que lo más destacado sea la presencia de America Olivo