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Angst

Un Psicópata demasiado real

Angst

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  • Título original: Angst
  • Nacionalidad: Austria | Año: 1983
  • Director: Gerald Kargl
  • Guión: Gerald Kargl, Zbigniew Rybczynski
  • Intérpretes: Erwin Leder, Silvia Rabenreither, Edith Rosset
  • Argumento: Intensa y escalofriante historia de un psicópata anónimo y sus ansias po acallar los demonios internos.

90 |100

Estrellas: 5

Hoy tengo el inmenso placer de presentaros a un nuevo colaborador de Almas Oscuras. Ya le conocéis. Responde al nombre de Elniniodecristal, y es propitario del blog Perdonen las molestias. Bienvenido tio, y espero que lo disfrutes.

Angst

1.-INTRODUCCIÓN:
Desde mediados de los años 70, cuando, dentro del género de terror se abrió paso a machetazos el sub-género (sin menospreciarlo, más bien todo lo contrario) de los psicópatas, tanto reales como imaginarios, siempre ha habido dos tendencias bastante definidas:

El psicópata refinado: esteta y más preocupado por que reconozcan sus puestas en escena que por la cantidad, o significado, de sus asesinatos. Dentro de esta categoría yo destacaría al John Doe (soberbio Kevin Spacey) de SE7EN, Carl Stargher (Vincent D’Onofrio) en La Celda o el maestro de maestros Hannibal “The cannibal” (1º Brian Cox y luego Sir Anthony Hopkins) en las cuatro películas basadas en las novelas de Thomas Harris. Tal vez aquí se podría incluir a los sub-productos paridos por Kevin Williamson y Wes Craven con sus Scream y demás tontadas, pero tal vez están destinadas a un público poco exigente y muy determinado (adolescentes con las gónadas a tope).

El psicópata irracional: En esencia salvaje y movido por una violencia primitiva, sexual y vengativa. No planea sus crímenes con tanta meticulosidad, más bien se ve impulsado por emociones que no puede, o no quiere, controlar y tiende a esconder sus víctimas o dejarlas irreconocibles. El primero que nos puede venir a la cabeza es el epónimo Henry (Michael Rooker en Henry, retrato de un asesino en serie), tal vez Early Grayce (Brad Pitt en Kalifornia) y los incontrolables Mickey y Mallory Knox (Woody Harrelson y Juliette Lewis en la obra maestra de Oliver Stone Asesinos Natos). Pero mi favorito siempre será Leatherface (Gunnar Hansen en La Matanza de Texas) y su adorable familia de caníbales. Y eso sin contar con los biopics sobre asesinos en serie reales: Ed Gein, Dahmer, Bundy, Chikatilo….

2.-LOS RESPONSABLES:
El anónimo protagonista de “Angst” está levemente basado en la figura de Werner Kniesek, nacido en Salzburgo y responsable de la muerte de tres personas (una mujer y sus dos hijos) y conocido en Austria como el “Ed Gein” austriaco. Hay que tener en cuenta que la imperturbable sociedad austriaca en la que el 95% de los ciudadanos están a favor de la no integración de extranjeros y, prácticamente, nunca pasa nada.
El actor Erwin Leder (visto en “Das Boot” de Wolfang Petersen) hace un papel inolvidable. Se olvida de todos los manierismos propios del psicópata, y en su lugar recrea un personaje nada carismático, creativo o atractivo, es decir, demasiado real para lo que estamos acostumbrados.

El director, Gerald Kargl, sólo había hecho algún corto amateur y esta fue su primera y última película hasta la fecha; debido sobre todo al desastre económico que supuso la película, le costó unos 400.000€, pagados de su bolsillo y con avales bancarios, y debido a la estricta censura que le impusieron (en EEUU la clasificaron XXX) se quedó en la ruina absoluta y tuvo que ponerse a dirigir anuncios. En 2003 anunció otro proyecto del que hasta ahora no se sabe nada.

Zbigniew Rybczynski, el director de fotografía y co-autor del guión, es directamente responsable de la casi insoportable tensión y locura que transmite nuestro psicópata. Basada en tonos opacos y casi grisáceos, primeros planos asfixiantes (Darren Aronofski se aplicó el cuento en “PI”) y la invención de un soporte/plataforma sujeto a la cintura del protagonista que nos proporciona unos planos cenitales que nos sumergen de lleno en la perturbada mente del asesino.

Y la tercera parte responsable de esta joya es Klaus Schulze, el compositor de la BSO, miembro y fundador del grupo de krautrock y a-que-tomo-más-drogas-psicodélicas-que-tu Tangerine Dream que contribuye con su ambiente fantasmal y tétrico para completar el ambiente desasosegante de la película

3.-LA PELÍCULA:
Una voz en off nos cuenta, mientras vemos al protagonista desde un plano imposible, que lleva catorce años en prisión por haber matado a su madre y a una anciana de 70 años; que no sabe porqué lo hizo, ni le importa, sólo sabe que de vez en cuando le surge un impulso, y tiene que dejarlo “salir”. Ese día le dejan en libertad, y sin que nadie nos explique nada sabemos que la estancia en la cárcel no le ha servido para nada, tal vez justo lo contrario y ha estado 14 años acumulando instintos y necesidades.

Su primera parada es en una cafetería. La cámara, fijada en su rostro, nos dice que lo está pasando fatal. Esas adolescentes con la falda tan corta le están provocando (genial la secuencia de la salchicha gorda), y por qué coño le mira todo el mundo. Tiene que salir de allí antes de hacer algo terrible. La cámara le sigue hasta que coge un taxi. Con tanta suerte, para él, que lo conduce una mujer, la cual le recuerda a su ex novia: “Una puta” y la intenta engañar para que le lleve a un sitio alejado. Todo ello mientras juega con un cordón, pensando en cómo matarla, pero sin atreverse debido a sus constantes miradas suspicaces. Al final le acaba echando del coche. Y él, frustrado por su cobardía y angustiado por su impulso homicida, sale huyendo en dirección al bosque. Hasta que se encuentra con una casa.

Primero comprueba que no haya nadie y luego decide esconderse para descansar. Pero cual será su sorpresa cuando se encuentra con un hombre joven con claros síntomas de deficiencia mental y prostrado en una silla de ruedas. Una víctima fácil, al fin. Entonces llega el resto de la familia: una señora de unos 60 años y su hija. Más víctimas, igual de fáciles.

Aquí se me plantea una duda; no sé si contar lo que sucede a continuación o no destriparos el clímax de locura y violencia que se desata en esta segunda parte de la película. Y es que, lo que sucede a continuación os va a proporcionar imágenes y secuencias absolutamente inolvidables, por crueles y al mismo tiempo casi chapuceras, por parte de nuestro protagonista. Y no hablo de tripas y casquería, ni de torture-porn, ni tampoco de virguerías con el montaje. Estamos ante lo más parecido a una masacre perpetrada por un psicópata, distópico e histérico, y desde su descentrado punto de vista sin que sea un asesinato real filmado por el asesino.

Creo que será mejor que la veáis vosotros mismos y me contéis. Me parece lo más justo, teniendo en cuenta que fue así como yo la vi. ¡¡Por cierto, eso se lo tengo que agradecer al amigo Emilio The Psychopath!!

4.-CONCLUSIÓN:
Tengo que reconocer que me pasa con muy pocas películas, pero con las que me pasa no lo olvido. Me refiero a esa sensación de opresión en el pecho, ojos fijos ante la pantalla que, aunque sepas que son mentira, reflejan nerviosismo, el cigarro en la mano sin encender, la cerveza que se queda caliente y cuando acaba sientes casi alivio, pero sabes que volverás a pasar por lo mismo, una y otra vez.
Me acuerdo de Alta Tensión, Funny Games (o cualquiera de Michael Haneke), la primera vez que vi La Matanza de Texas, la versión original japonesa de Dark Water, la versión original tailandesa de The Eye, Frontiere(s) y À l’Interieur… y no muchas más.
Esta desde luego entra en la categoría, y con honores.
Ha sido un placer.

Lo mejor: TODO, pero especialmente la tensión y la "angustia" que crea en el espectador.

Lo peor: Que haya pasado tanto tiempo desapercibida.

The Final

Nos vemos en septiembre

The_Final_Review_Poster

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  • Título original: The Final
  • Nacionalidad: USA | Año: 2010
  • Director: Joey Stewart
  • Guión: Jason Kabolati
  • Intérpretes: Marc Donato, Jascha Washington, Whitney Hoy
  • Argumento: Los guapos y populares del instituto asisten a una fiesta muy especial, donde sus compañeros marginados y maltratados han planeado la más macabra de las venganzas sobre sus torturadores

40 |100

Estrellas: 2

El festival After Dark, del que todos los amigos de Almas sois plenamente conocedores, está plagado de experimentos fallidos. Tras cuatro ediciones nadie puede negar que genera más expectativas de las que cumple. Pese a este comentario lapidario y negativo, no escondo mi atracción por el festival en si. Ocho películas al año, rebuscadas entre las producciones independientes de medio mundo con escasa oportunidad de distribución internacional. Acertado parcialmente en sus adquisiciones, solo la intención del festival justifica su existencia. Sin embargo, dicha intención se convierte, al final y para disgusto del espectador, en paradigma ejemplar de los errores endémicos que sacuden al cine independiente de terror: Buenas ideas y propósitos desperdiciados por autocomplacencia y falta de seriedad, energía ó recursos.

Sí, desgraciadamente, The Final padece los mismos males; una idea interesante a priori, cuya resolución es tan pobre de desarrollo y potencia que se convierte en un visionado agónico. No todo es intragable en esta película de venganzas juveniles tamizada por el filtro Saw tan en boga (me niego a usar el termino Torture-porn, puesto que hasta que no se me demuestre la existencia científica de este subgénero yo no creeré en el), algunos de los momentos vividos a lo largo de la hora y media de metraje hacen sospechar de unas aspiraciones muy altas por parte del equipo que rodó The Final. Parece como si las ganas de contar una historia sobre el polémico acoso escolar (ó bullying), estuviesen allí pero al meterse en harina, el director y el guionista hubiesen reculado por miedo, precisamente, a la polémica. Quedando el resultado final en uno de esos insulsos cafés con leche de máquina que causan más daño físico que beneficio.

Los chicos guapos y deportistas del instituto disfrutan de sus días de vino y rosas. Un polvo con la jefa de animadoras, estrenar el coche que su padre le ha regalado, romperle las gafas al raro de la clase…

Las chicas bonitas y populares del instituto apuran cada segundo de su época de gloria en el recinto escolar: Poner caliente al jugador estrella del equipo de rugby con sus cortitas minifaldas, vomitar cualquier exceso calórico y marginar a la fea que lee comics manga…

Los chicos marginados e impopulares del instituto cuentan las horas que les quedan para que suene la campana y puedan huir del infierno que los matones crean a diario por y para ellos…

Las chicas tímidas y solitarias del instituto contienen las lagrimas de rabia mientras el profesor escupe sus conocimientos sobre la pizarra, solo quiere irse a casa para olvidar que las únicas miradas que recibe de los chicos son de desprecio y asco…

Un día normal en cualquier instituto norteamericano, al menos hasta que un grupo de jóvenes que son constantemente sometidos a las burlas y vejaciones de sus compañeros más fuertes y poderosos, realizan un pacto. Han alcanzado el punto de no retorno, su vida no vale nada y solo hay una cosa que justifique seguir respirando una noche más: Enseñar a esos bastardos que los maltratan y acosan el significado de “infierno personal”, una venganza cuyo resultado no importa mientras por el camino inflingan todo el daño posible a sus torturadores.

¿La trampa? Una falsa fiesta en una cabaña. ¿El cebo? El alcohol, la diversión, el sexo; en definitiva, el ego de los populares del instituto. ¿Los cazadores? Varios chicos disfrazados, fuertemente armados y con el cerebro lleno de escenas de sus películas favoritas de terror que recrear

Los párrafos anteriores podrían ser la sinopsis oficial de la opera prima del director Joel Stewart. Como es habitual en cualquier sinopsis (incluso aquellas en las que me tomo, tal vez, demasiadas licencias líricas), el uso de la realidad y de lo mostrado en la película, es un poco tramposo. Todo lo resumido es expuesto en la primera mitad de The Final, cuarenta minutos donde el guionista Jason Kabolati tiene vía libre para adentrarse en los recovecos mentales de unos chicos a los que, de una forma u otra, les importan muy poco sus compañeros. Personajes que pedían a gritos una exploración profunda y degradada de la amoralidad social que padecen. Sin embargo tanto el director, como el guionista y los muy justitos actores, se dedican a realizar círculos alrededor de la cuestión ética tan atractiva que plantea el argumento, pero sin acercarse un milímetro a ella. Estos círculos se conforman con breves escenas poco coherentes entre sí, que ni demuestran porque están tan hundidos los maltratados, ni porque son tan cretinos los maltratadores. Alguien podría argumentar que, como en la realidad, no siempre es necesario buscar un clima psicológico “razonable” para la tormenta de collejas que sufren algunos muchachos en la escuela. Me parece un buen argumento, pero con este enfoque los responsables de la cinta deberían haberse centrado más en los abusos, en la ira, en el odio, en la irracionalidad de moler a palos a un ser humano tan valido como el que más, y menos en usar media película para darnos ligeras pinceladas sobre unos personajes maltratados que solo parecen almas en pena, por la desgana con la que se pasean por pantalla. Esta claro, los productores (¡El director y guionista!) tienen un miedo atroz a que su película sea censurada y bloqueada en Estados Unidos por lo polémico que resulta el tema del acoso escolar en la “tierra de la libertad”. Este miedo será mucho más patente e hiriente (para ti, sufrido espectador) en la segunda mitad de The Final. Claro que tampoco me extraña dicho temor a la censura cuando resulta que la propia distribuidora, Lionsgate, no va a usar el poster que veís en la reseña por considerarlo demasiado violento. (Gracias a elniniodecristal por este apasionante dato sobre la censura en los montajes del photoshop)

Me resultó muy molesta esta falta de intensidad psicológica, así como la mogijateria demostrada por Joel Stewart en cualquier hecho violento relatado. Creo que una película independiente era el mejor patio de recreo para exponer la desagradable situación que viven en sus clases (ó celdas según prefiraís) muchos jóvenes norteamericanos y, por culpa de la dichosa globalización, otros no tan norteamericanos. Una apuesta por retorcer hasta el límite las ideologías de los personajes y sus reacciones ante la violencia, en lugar de crear sombras de cartón piedra; hubiera generado una atmosfera más terrorífica. Precisamente esa que se nos trata de vender en sus trailers, postres y promociones.

Como ya os comentaba, es en la segunda mitad de The Final cuando toda duda que pudiésemos albergar sobre la película se disipa. “Es un quiero y no puedo”, nos vemos obligados a musitar apenados. El “ojo por ojo” al que se prestaba una fiesta donde los marginados del instituto, libres ya de cadenas morales, tienen encadenados a sus odiados enemigos, daba para una orgía demoledora de violencia psicológica ó física. La dinámica del film la pedía a gritos, chicos cuyas vidas carecen de sentido no pueden ser tan apáticos e inconexos. Aquí luce en todo su esplendor el miedo de los responsables de la cinta. No vais a visualizar nada políticamente incorrecto, nada realmente cruel. Cero tensión en escenas rodadas con la sabia intención de introducirlas en un trailer que atraiga a los fanáticos de Saw. Una patética edición que hace por momentos plantearse cuantos chicos hay en la cabaña intentando vengarse. Una banda sonora boba y adolescente (¿Tan difícil resulta tratar los tópicos desde una perspectiva fresca y diferente?) La transición entre escenas de exterior a interior es digna de un programa de humor y no de una obra de cine de horror. Los actores ocupan su tiempo en primer plano dando discursos repetitivos y de escaso contenido, ó derramando lágrimas sin creerse ni la mitad de lo que dicen; solo rescataría a Lindsay Seidel que interpreta a una pseudogótica, con cara de muñequita, llamada Emily ….y así podría rellenar hojas y hojas, con tontunas como estas, pero dejaré a un lado mi fastidio ante un nuevo paquete de ideas tirado al retrete, por lo que creo, la falta de valor de todo un equipo de rodaje.

Parece increíble la considerable cantidad de experiencia poseida por el director como asistente de dirección en bastantes películas y capítulos de series para televisión, algo malas eso sí, destacando negativamente su participación en… WalKer, Texas Ranger; sobre todo, cuando uno tiene que tragarse el patético uso de cuchillos retractiles, sin una mísera gota de sangre, como arma mortal, en un plano casi cerrado. Y aunque técnicamente el hombre se defiende con algún truco estético, especialmente al principio de la fiesta de la cabaña ó el intento por ocultar los rostros de los padres de los chicos marginados ó el pretencioso uso del blanco y negro en la secuencia inicial; el resultado final de su opera prima resulta frío y tedioso hasta llegar al ansiado final, que por chapucero, corrido e innecesario no merece más comentario.

Una mención especial merecen las apariciones de dos actores secundarios adultos que todavía no alcanzo a entender. ¿Qué sentido tienen para la trama? ¿Qué sensaciones nos trasladan? ¿Son un recurso cómico? ¿El contrapunto a la omnipresente adolescencia del film? Me lo pienso dos segundos, ummm…¡Ah sí! ¡El policía y el veterano de Vietnam son los personajes ideales para rellenar quince minutos de guión! ¡Bien, menos qué pensar! Estad atentos a sus apariciones si decidís darle una oportunidad a este nuevo fallo del After Dark Festival 2010. Desde luego, yo me quedo con obras como Tormented, menos pretenciosas, con un tratamiento más cínico y mucho más entretenidas.

Acercaos solo completistas del After Dark ó personas muy interesadas en el fenómeno del “bullying” (aunque seguramente os resulte más aprovechable el documental sobre la masacre de Columbine de Michael “Progre” Moore). Tal vez porque crecí y aprendí en un instituto donde mis únicas preocupaciones eran aprobar latín y mirarle el culo a la compañera que lucía una camiseta de Poison, pero sea por lo que sea, a servidor no lo veréis tragarse otra producción de este tipo hasta dentro de muchos cursos lectivos.

Lo mejor: La intención de contar una historia polémica desde una perspectiva terrorífica.

Lo peor: Unos secundarios "externos" que protagonizan escenas ridículas, así como la falta de ritmo y violencia en todo el metraje

Giallo

Amarillo Pálido

Giallo

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  • Título original: Giallo
  • Nacionalidad: Italia/USA | Año: 2009
  • Director: Dario Argento
  • Guión: Jim Agnev, Sean Keller, Dario Argento.
  • Intérpretes: Adrien Brody, Emanuel Seigner, Elsa Pataky.
  • Argumento: Cuando un asesino psicópata secuestra a Celine, su hermana Linda se alía con el comisario Enzo para intentar rescatarla...

40 |100

Estrellas: 2

Después de El Sídrome de Stendhal (1996), cada vez que Dario Argento se sitúa tras algún proyecto, siempre alguna voz clama: por fin, el regreso del auténtico Dario Argento. Exceptuando su versión de El Fantasma de la Ópera (1998) –esa no había por dónde cogerla-, esto ha sucedido con Insomnio (2001), en El Jugador (2004), los dos capítulos que dirigió para Masters of Horrors, La Terza Madre (Mother of Tears, 2007) y, ahora, en Giallo. Son demasiados títulos dudosos, ¿no?, y más teniendo en cuenta que, en la mayoría de ellos, la supuesta recuperación se basa en destellos brillantes aislados. A estas alturas, a alguien que nos ha entregado películas tan válidas y absorbentes como Inferno o Tenebre no se le exculpa por detalles: se le exigen, como mínimo.

Giallo arranca bien: dos chicas japonesas van a la ópera pero, como es su última noche en Turín y les aburre un poco la representación, deciden irse de juerga. En una discoteca, una de ellas conoce a un chico y la otra decide volverse al hotel. Para ello, pilla un taxi… y ese es el comienzo de su final. Es una escena bien narrada, con clase si me apuras, algo de lo que Argento no suele hacer gala demasiado a menudo. Así, mientras descubrimos que el conductor de ese vehículo no es, precisamente, un taxista, conocemos a Celine (Elsa Pataky) en mitad de un pase de modelos, y a su hermana Linda (Emmanuelle Seigner), que acaba de llegar a la ciudad y se va al piso de la primera a esperar a que termine el desfile.

Inevitablemente, sucede lo que tiene que pasar: Celine, para llegar antes a casa y que su Linda no pase demasiado tiempo sola, coge un taxi, ése taxi, y nunca llega al piso. A la mañana siguiente, Linda denuncia su desaparición y entra en contacto con el detective Enzo Avolfi (Adrien Brody), que lleva tiempo encerrado –literal y metafóricamente- en la investigación que concierne a las chicas guapas que, últimamente, aparecen brutalmente mutiladas en varios puntos de la ciudad. Entre los dos, se lanzan a una investigación contrarreloj para que el psicópata no acabe con Celine.

Y aquí, que estaremos rondando el minuto quince o veinte de la película, se estanca. Y no pasa nada más hasta el final. En serio, no exagero. Nada de lo que averiguan Linda y Enzo sirve, realmente, para nada –y con esto no estoy desvelando nada, lo nota el que ve la película. Más allá de otra cuestión, este es el principal problema que tiene Giallo. *En ocasiones anteriores, Dario Argento ha aprovechado esta nadería narrativa para adentrarse en el mundo escalofriante y fascinante de las pesadillas. Fue el caso de la mencionada Inferno, donde el argumento era una mera excusa para desarrollar fabulosos crímenes y enigmáticas escenas nocturnas embrujadas. O la archifamosa “Suspiria” donde el nivel del guión era reamente ínfimo, pero el potencial visual e imaginativo de Argento la hacía remontar el vuelo, convirtiéndola casi en el clásico de culto de su filmografía.

En Giallo, este vacío narrativo está aprovechado para adentrarse en un torture porn bastante light. Gran parte de la película es el asesino torturando primero a la chica japonesa y luego a Elsa Pataki. No es especialmente violento, ni chocante, ni nada de nada. Lo que este torturador hace son cosquillas preparatorias, si acaso, de lo que sucedía en los sótanos de la fábrica en Hostel, por no poner, ni siquiera, un ejemplo muy extremo. Y, ¡maldita sea, es Darío Argento!, el retorcido personaje que pegó alfileres con papel adhesivo en los ojos de Christina Marsillach en “Terror en la Ópera”, o que dejó que un perturabado Thomas Kretschmann besara a su hija Asia con una cuchilla en los labios en El Síndrome de Stendhal… sabe de torture porn, claro que sí.

Giallo es el primer guión que dirige no escrito por él mismo. Cuidado, que los escriba él no es sinónimo de calidad: tanto Insomnio como El Jugador son suyos, y son un desastre. De hecho, en los créditos finales se ve que el propio Argento ha colaborado en el mismo. Pero, ¿por qué embarcarse en esta historia cuando cualquiera se da cuenta de que algo no funciona en “Giallo”, ya sobre el guión?

En algún momento, parece empeñado en recordar formalmente sus giallos clásicos, quizás como homenaje a sí mismo y al título que tiene entre manos. Pero Giallo no es un giallo. No tengo ni la más remota idea de lo que define en concreto a este subgénero pero, desde luego, esta película no está dentro de él, y basta verla para darse cuenta. Elsa Pataki empieza bien: su personaje es una mujer guapa pero guerrera. Después, pierde toda entidad: está presa, no puede contraatacar y es una víctima más. Hay un momento en que se insinúa que ella puede llegar a manejar al psicópata sólo con la palabra, debido a la debilidad/predilección que éste siente por la belleza, pero es sólo un detalle que se deja pasar de largo. Emmanuelle Seigner es, con su perturbadora presencia, quizás lo mejor del film. Aunque su personaje prácticamente no exista, no tenga nada a lo que agarrarse para interpretarlo, su sola presencia lo justifica. Y Adrien Brody tiene personaje, tiene pasado, pero es víctima del desorden caótico y de otro de los males endémicos que aquejan a toda la película. Cuando nosotros llegamos, las cosas ya han pasado, y nos las cuentan. Y Adrien Brody se limita a contarnos su pasado, sin que haya una repercusión, un eco, una consecuencia determinante en esta investigación que está llevando a cabo, en su presente. Esto acentúa mucho más la sensación de que en Giallo no pasa nada.

El final ofrece, contra todo pronóstico, dos últimas escenas interesantes y que encierran parte de la poesía malsana de la que Argento ha hecho gala en otras –y pasadas- ocasiones. La última escena, que no cierra del todo la película, tiene ese algo, ese aroma de posiblidad, de puerta abierta, que a fin de cuentas es el suspense, que no tiene toda la película anterior, pese a ser una escena cerrada y pequeña. Y la penúltima, la última conversación que mantiene Brody y Seigner… me encanta: es dolorosa, poética y negramente romántica. A mí me gusta pensar que pequeñas perlas como ésta son las que realmente ha incorporado Argento al guión, y que en realidad el productor o los guionistas son los malos de todo este circo y le han obligado a hacer una película así para hundirle la carrera. Sería tan bonito…

Lo mejor: breves destellos... sniff.

Lo peor: la desgana y apatía que destila el resto de la cinta.

La Huerfana

Algo malo sucede con Esther

La Huérfana

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  • Título original: Orphan
  • Nacionalidad: USA | Año: 2009
  • Director: Jaume Collet-Serra
  • Guión: David Johnson, Alex Mace
  • Intérpretes: Isabelle Fuhrman, Vera Farmiga, Peter Sarsgaard
  • Argumento: Un matrimonio que todavía está en proceso de superar la trágica y prematura muerte de una hija, decide adoptar a una jovencita de 9 años que proviene de Rusia y responde al nombre de Esther. La joven esconde un terrible secreto…

70 |100

Estrellas: 4

La Huérfana

Jaume Collet-Serra, director catalán afincado y formado como cineasta en Los Ángeles, ya me sorprendió en una ocasión anterior. En el caluroso verano de 2005 me acerqué a una sala de cine más atraído por la promesa de un aire acondicionado a todo trapo que por la simple expectativa de asistir a un buen espectáculo terrorífico. La película en cuestión era (lo habéis adivinado…) La Casa de Cera, dirigida por un total desconocido cuyo nombre y apellidos eran, sorprendentemente, fáciles de pronunciar, y cuya campaña de promoción estuvo lastrada por la inefable presencia de cierta heredera de un emporio hotelero (su presencia final en la película, por cierto, resultaba de lo más estimulante: habla poco, sonríe, se desnuda –o semidesnuda- y muere. Aplausos).

La Casa de Cera me sorprendió. No por ser una gran película, sino por tratarse de un teen-slasher abigarrado, recargado y con tendencia al exceso que me acabó resultando de lo más simpático y entretenido. Todo un descubrimiento.

Tras dirigir en 2007 la segunda entrega de Goal (Goal 2: Living the Dream), un proyecto que apestaba descaradamente a encargo, Jaume Collet-Serra regresa al género terrorífico con su tercera película, La Huérfana (The Orphan). De nuevo un servidor pasa religiosamente por taquilla sin demasiadas expectativas (por lo trillado del tema), y de nuevo Collet-Serra vuelve a conseguirlo. De nuevo me sorprende.

La Huérfana cuenta la historia de un matrimonio con dos hijos y varios fantasmas del pasado acechándoles (alcoholismo, adulterio y una hija muerta prematuramente), que decide adoptar a una niña de 9 años de ascendencia rusa internada en un orfanato.

La niña en cuestión responde al nombre de Esther, y tras su apariencia tranquila, sus exquisitos modales, su locuacidad y su inteligencia, se esconde una terrible amenaza para toda la familia.

Si esto fuera un típico "quiz show" norteamericano (programa de preguntas y respuestas) y ahora mismo os cuestionara sobre películas en las que un mocoso que no levantara dos palmos del suelo fuera el único catalizador de una pesadilla en la que se vieran envueltas todas las personas, críos y adultos, que giran a su alrededor; estoy convencido de que a todos vosotros os vendrían a la mente, al menos, un par de títulos: El Buen Hijo, La Profecía, El Otro (esta última, no me cansaré de repetirlo, una obra maestra)… La lista será más o menos extensa depende de cómo andéis de memoria (la mía es horrible), pero lo que parece claro es que La Huérfana, a simple vista, no parece que vaya a añadir innovación alguna al subgénero de los niños malditos, al que pertenecerían todas las películas de vuestra lista.

Sin embargo, Collet-Serra se reserva un par de ases bajo la manga gracias a los cuales consigue lo impensable: darle una ligera (ligerísima) vuelta de tuerca al sugénero de los niños malditos y acabar ofreciéndonos una película que, sin ser ni mucho menos una obra maestra, sí logra erigirse, por méritos propios, como un thriller psicológico digno y totalmente efectivo.

Me da la impresión de que Collet-Serra es un tipo listo que, por poco que se lo proponga, podrá pasarse muchos años dirigiendo películas de género made in USA.
Desde un punto de vista formal La Huérfana se adscribe al estilo del 99% de producciones de terror surgidas de la factoría de Hollywood durante los últimos quince años. Su puesta en escena es pulcra, aseada, impecable… y absolutamente predecible y convencional. Collet-Serra sabe que la suya es una película comercial (y no intento ser peyorativo al calificar La Huérfana cómo comercial) que debe llegar a mucha gente, y es consciente de que asumir riesgos a nivel formal, no es una buena idea.

Ese convencionalismo formal en ocasiones le juega malas pasadas. Pronto percibimos que al final de cada movimiento en panorámica de la cámara tendremos a Esther; y que detrás de cada sombra o de cada inesperado rincón, volveremos a tener a Esther; y que cada vez que nos acerquemos al rostro de la pequeña ésta nos obsequiará con una mirada maléfica. En este sentido Collet-Serra no puede evitar (o no quiere) que ese convencionalismo formal le empuje, en determinados momentos, hacia la previsibilidad en la acción. Pronosticamos lo que va a suceder a continuación… y sucede.

Por suerte, cómo ya he señalado antes, Collet-Serra se guardaba un par de ases en la manga, y uno de esos ases es la ruptura de cualquier tipo de previsibilidad (tanto formal cómo de fondo) en cuanto La Huérfana se acerca a su desenlace.
Al margen de que el giro final que nos ofrece La Huérfana pueda gustar más o menos (a mí me convenció plenamente), lo que debemos reconocerle, de forma casi obligada, es su capacidad para sorprender. Nunca imaginé, ni por un solo instante, en qué iba a consistir el mencionado giro argumental. Fue totalmente inesperado y desconcertante. Un grandísimo acierto.

El otro gran hallazgo de La Huérfana es la descripción de cada uno de los personajes que se integran en la trama. La conflictiva relación del matrimonio, aunque repleta de tópicos (alcohol, infidelidades…), resulta convincente y se beneficia de la excelente labor de Vera Farmiga en el papel de una madre que debe luchar contra su propio pasado y sus demonios personales para poder hacer frente a Esther.

Por otro lado los dos hijos naturales del matrimonio (en especial la frágil hija pequeña, aquejada de un problema auditivo) transmiten a la perfección el grado de pánico y opresión al que se ven sometidos por parte de Esther.

Y por último, el personaje de Esther. Quiénes hayáis visto ya la película o hayáis leído alguna cosa de ella, supongo que ya seréis más o menos conscientes del enorme trabajo realizado por la joven actriz Isabelle Fuhrman en el papel de Esther.
Isabelle Fuhrman es la única huérfana posible. A través de sus ojos, de sus movimientos, de la cadencia de sus palabras, de su sola presencia; consigue que acabemos odiando con todas nuestras fuerzas a Esther. Un magnífico logro por parte de una actriz tan joven.

En definitiva, La Huérfana es un intenso thriller dotado de una excelente atmósfera de suspense, excelentemente interpretado, con un sorpresivo giro final y que tan sólo chirría cuando recurre a determinados mecanismos, previsibles en la mayoría de los casos, para causar miedo al respetable.

Collet-Serra ha vuelto a sorprenderme. De un subgénero y una temática que parecían agotados, ha conseguido extraer una buena película. Cine comercial de género que no cae en saco roto… todo un avance.

Lo mejor: las actuaciones y el sorprendente giro final.

Lo peor: el personaje de la monja y ciertos recursos demasiado evidentes utilizados por Collet-Serra para asustarnos.

Shuttle

Viaja en el microbús del infierno

Shuttle

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  • Título original: Shuttle
  • Nacionalidad: USA | Año: 2008
  • Director: Edward Anderson
  • Guión: Edward Anderson
  • Intérpretes: Peyton List, Cameron Goodman, Tony Curran
  • Argumento: Dos amigas regresan de unas vacaciones en México y sus maletas se extravían. En compañía de dos chicos y un contable con prisas, deciden coger un microbús que les llevará al centro de la ciudad. Pero escogen el microbús equivocado.

68 |100

Estrellas: 4

Shuttle

¿Un thriller claustrofóbico, intenso y con altas dosis de suspense? ¿o una historia fallida, previsible, repleta de agujeros y que no hay quién se la trague?

Estoy plenamente convencido de que "Shuttle", el debut en la dirección y guión de Edward Anderson, es una de esas películas destinadas a cosechar respuestas airadas, tanto a favor como en contra, por parte de todos aquellos que os decidáis a comprar un ticket para este microbús al infierno.

Por mi parte, y pese a que no se trata, ni mucho menos, de un thriller perfecto, acabé inclinando la balanza hacia el lado positivo, viendo en "Shuttle" un thriller (con toques de horror) que logra mantener el suspense hasta, prácticamente, el tercio final de su metraje, y capaz de ofrecernos una serie de instantes con la fuerza, la violencia y la intensidad suficientes como para acabar elevando el nivel de la propuesta.

Un par de amigas, Mel y Jules, regresan de unas cortas pero intensas vacaciones en México. Todo parece haber ido bien hasta el momento, pero las cosas se complican a la hora de recoger sus equipajes en el aeropuerto. Una de sus maletas ha desaparecido. Pasan más tiempo del deseado reclamando la pérdida y acaban siendo, junto a Seth (un oportunista que no pierde la ocasión de echar sus redes sobre Mel) y Matt (el disconforme amigo de Seth), las últimas personas en abandonar el aeropuerto.

A punto de coger el último autobús que les llevará al centro de la ciudad, el conductor de un microbús les ofrece el mismo trayecto a mitad de precio. Mel, Jules, Seth y Matt deciden, finalmente, subirse al microbús. Gran error.

Como todo buen thriller moderno que se precie, "Shuttle" está diseñado para sorprender y conmocionar al espectador en, al menos, un par o tres de momentos clave en la película.

El señuelo de Shuttle se traduce en una única pregunta: ¿cuáles son las verdaderas intenciones del conductor del microbús? A partir de esta premisa básica en la que se sustenta buena parte del suspense de la película, Edward Anderson ejecuta un par de saltos al vacío en los cuáles pone en juego la solvencia de "Shuttle". De la reacción del espectador ante estos saltos dependerá, en buena parte, que "Shuttle" salga o no triunfadora.

En realidad es complicado reprocharle a "Shuttle" algo que vaya más allá de la propia esencia de la historia que se nos plantea y, sobre todo, de las numerosas trampas que Edward Anderson va esparciendo a lo largo de la trama.

Desde un punto de vista técnico y formal sorprende la diligencia de un debutante como Edward Anderson. Buena fotografía, excelente ambientación (¿de verdad Boston es tan tenebrosa de noche?), cumplidor a la hora de rodar las secuencias de acción, y capacitado para dotar al conjunto de la propuesta de las dosis de suspense necesarias.
También las actuaciones, sin ser especialmente destacables, acaban siendo solventes (al menos la interpretación de los cuatro jóvenes protagonistas pasa bastante desapercibida, sin estridencias, sin salidas de tono, lo cual siempre es de agradecer).

Pero entonces ¿cuál es el problema de "Shuttle" -si es que realmente tiene algún problema-? En realidad todos los peros que se le pueden atribuir a una película como "Shuttle" provienen de su argumento. Si analizamos con un mínimo de rigor el comportamiento de todos los implicados en la trama nos damos cuenta de que el trayecto de "Shuttle" está repleto de baches y curvas peligrosas. ¿Por qué no escapa? ¿Por qué no acaban, definitivamente, con la vida del villano de turno? ¿Por qué están tan vacías las calles de Boston? ¿Y la policía?

Es algo bastante común en el thriller actual. Se sacrifica la verosimilitud de determinadas situaciones y comportamientos a favor de una serie de trampas en el guión que no siempre resultan todo lo efectivas que cabría desear.

Cuando la trama de "Shuttle" se resuelva en una secuencia final demasiado alargada en el tiempo (y que nos descubre una subtrama entre las dos protagonistas que acaba siendo el punto más débil de la película), será el momento para sacar vuestras propias conclusiones. Por cierto, el desenlace de "Shuttle", en el caso de que no os lo esperéis, resulta de lo más interesante (o al menos a mí me lo pareció).

Repito: "Shuttle" no es un thriller perfecto. Es tramposo y posee algunas lagunas en el guión (algo muy habitual en el thriller actual). Pero en su conjunto sí me pareció un sugerente debut y una película entretenida y disfrutable.

En realidad el thriller siempre propone un juego. Un juego de verdades a medias y mentiras que, en muchas ocasiones, necesita de nuestra complicidad para no caer en el absurdo. "Shuttle" no es una excepción. Si uno intenta encontrarle los tres pies al gato, seguro que acabará lográndolo. Pero si decidimos dejarnos llevar por su intenso ritmo, sus aceptables dosis de suspense, y su eficacia en las escenas de acción, tendremos la oportunidad de disfrutar de un thriller digno y más que aceptable. ¡Qué demonios! He acudido a una sala de cine para ver thrillers protagonizados por Halle Berry y Bruce Willis muchísimo peores que "Shuttle".

Lo mejor: su sentido del ritmo y su capacidad para crear suspense. El final, si te agarra por sorpresa, es ciertamente interesante.

Lo peor: ciertas trampas del guión que ponen en duda la verosimilitud de algunas situaciones y comportamientos.

The Butterfly Effect: Revelations

Viajar en el espacio-tiempo no es saludable

The Butterfly Effect: Revelations

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  • Título original: The Butterfly Effect Revelations
  • Nacionalidad: USA | Año: 2009
  • Director: Seth Grossman
  • Guión: Holly Brix
  • Intérpretes: Chris Carmack, Sonya A. Avakian, Rachel Miner, Melissa Jones
  • Argumento: Sam controla su habilidad para viajar en el tiempo, y la usa para colaborar con la policia. Las reglas: no intervenir y no viajar a su propio pasado. Sam incumple las reglas para esclarecer el asesinato de una antigua novia, y las cosas se complican.

40 |100

Estrellas: 2

Ya me queda menos para acabar con el After Dark HorrorFest...

The Butterfly Effect: Revelations

After Dark HorrorFest posterOs puedo asegurar que si no fuera por el ánimo de completar las reseñas del último Alter Dark HorrorFest, ni siquiera me hubiera planteado la posibilidad de acercarme a "The Butterfly Effect: Revelations". ¿La razón? Pues muy sencilla, nunca me gustó "El Efecto Mariposa" (The Butterfly Effect, 2004), la película protagonizada por Ashton Kutcher y que dio origen a la saga.
Por supuesto nunca he visto "The Butterfly Effect 2" (y las posibilidades de que acabe haciéndolo son remotas). De forma que, visto el panorama, las expectativas de acabar encontrando en "The Butterfly Effect: Revelations" algo parecido a una buena película, eran más bien escasas.

En esta ocasión mis malditos prejuicios (de los que nunca logro desprenderme de forma definitiva) no iban tan mal encaminados. "The Butterfly Effect: Revelations" es una experiencia decepcionante (aunque visto lo visto hasta ahora en el After Dark HorrorFest, tampoco es como para echarse las manos a la cabeza).

Tiene, eso sí, el acierto inicial de presentar un importante giro de los acontecimientos respecto al título original. En esta ocasión, Sam, nuestro protagonista (en una de las peores interpretaciones masculinas que recuerdo a cargo de Chris Carmack), ha logrado controlar, hasta cierto punto, el poder de viajar en el tiempo, y utiliza sus habilidades ayudando al departamento de policía de Detroit con algunos casos no resueltos. Para ello debe seguir algunas reglas: no intervenir y, sobre todo, no viajar a su propio pasado.
Los verdaderos problemas para Sam empiezan cuando decide saltarse las reglas y viaja a su pasado para resolver el asesinato de una antigua novia.

Lo cierto es que los primeros compases de la película no están nada mal (sobre todo su escena inicial). Un thriller de ciencia-ficción cuyo argumento perfectamente valdría como premisa para una de esas series estadounidenses tan de moda en los últimos tiempos. En realidad, mientras estaba viendo "The Butterfly Effect: Revelations" no pude evitar que me vinieran a la mente un par de esas series. Por un lado Fringe, la última producción de J. J. Abrams, cuya protagonista utiliza un sistema muy parecido para viajar en el tiempo y ejercer de observadora; y por otro lado Médium, la serie protagonizada por Patricia Arquette, cuyo personaje, dotado de poderes paranormales, colabora con la policía en la resolución de casos complicados.

Pero volvamos a Sam. Este decide saltarse las reglas y la trama se complica. No es que sea especialmente complicado seguir la pista de los constantes saltos espacio-temporales del protagonista; el problema es que a cada nuevo viaje y a cada nueva complicación que surge como consecuencia de dicho viaje, mi interés por la historia fue decayendo.
Además, los agujeros en el guión son notorios. Supuestamente cada nuevo viaje de Sam al pasado tiene consecuencias en su propio presente. Sin embargo hay ocasiones en que dichas consecuencias prácticamente no se dejan ver. Hay viajes que parecen tener un efecto devastador en la vida de Sam y otros cuyas consecuencias pasan prácticamente desapercibidas. Esto provoca que, por momentos, la trama discurra por caminos algo confusos.

Seth Grossman, director de "The Butterfly Effect: Revelations" tiene la genial ocurrencia de salpicar abundantemente de sangre las escenas de asesinatos ("The Butterfly Effect: Revelations" es mucho más sangrienta que la película original). Supongo que dicha decisión responde a la voluntad de Seth Grossman por atraer a su causa a un buen número de aficionados al terror, creyendo quizás que el rojo sangre es razón más que suficiente para colmar sus expectativas. No es mi caso. Se agradece el gesto (y las escenas), pero no es suficiente. El suspense se pierde entre tanto salto espacio-temporal. El interés decae y la incapacidad de Chris Carmack para expresar la más mínima emoción acaban frustrando la experiencia. Un par de escenas gore no resuelven nada.

Con todo, lo peor queda para el final. Debo reconocer que me sorprendió. Nunca adiviné quién se escondía tras la máscara del asesino. A priori este es un hecho que deberíamos aplaudir en un buen thriller; sin embargo las razones que se esgrimen para justificar ese giro final de los acontecimientos es bastante absurdo y pueril. Me parece perfecto que se quiera sorprender al espectador, pero sería recomendable hacerlo manteniendo cierta coherencia y dignidad en la trama.

Pese a todo lo comentado hasta ahora, "The Butterfly Effect: Revelations" es un thriller no excesivamente molesto. Aburrido por momentos, con feroces altibajos en su ritmo, algunas incongruencias en el guión, y un final horrible. Sin embargo supongo que los que disfrutasteis con la entrega original tenéis una buena razón para acercaros a ella.

Lo mejor: El resultado final no es insultante. Seguro que tiene su público…

Lo peor: el actor principal y el final.

Hit and Run

Los peligros de acercarse demasiado al parachoques de un coche

Hit & Run

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  • Título original: Hit & Run
  • Nacionalidad: USA | Año: 2009
  • Director: Enda McCallion
  • Guión: Diane Doniol-Valcroze
  • Intérpretes: Laura Breckenridge, Kevin Corrigan, Christopher Shand
  • Argumento: Camino de casa Mary atropella a un viandante, pero ella ni siquiera se ha dado cuenta. Al llegar al garaje de casa, Mary descubre el cuerpo del atropellado incrustado en el parachoques del auto. Le ha llegado el momento de empezar a tomar decisiones.

40 |100

Estrellas: 2

Antes de empezar a hablaros de "Hit & Run" quisiera hacer mención a cierta polémica que se ha suscitado en torno a la película. Por lo visto se la ha acusado de plagiar una película que Stuart Gordon dirigió en 2007 titulada "Stuck".
No he visto "Stuck", pero es cierto que leyendo su sinopsis tiene mucho en común con la historia que nos explica "Hit & Run".

En defensa de la película que hoy me ocupa, debo deciros que el guión de Stuck se basaba en un hecho real sucedido en 2001, en el que una mujer, cuyo nombre era Chante Mallad, atropelló y arrastró a un sin techo hasta su garaje, muriendo este minutos después a causa de sus heridas.
Teniendo en cuenta este hecho –y repito, sin haber visto todavía "Stuck"- considero que Enda McCallion, directora de "Hit & Run" (y esto es una opinión muy personal), tiene todo el derecho del mundo a ofrecernos su propia visión de lo ocurrido. Una vez hecha la aclaración, vayamos con la película.

Hit & Run

¿Qué ocurre cuando un par de estúpidos se meten en problemas graves? Pues que no paran de tomar decisiones estúpidas, una tras otra, sin descanso.

"Hit & Run" nos propone una nueva situación límite que pone a prueba la verdadera naturaleza humana. Mi primera impresión fue que dicha situación límite partía de un hecho totalmente improbable e inverosímil (atropellar a un desdichado vianante y arrastrarlo incustrado en el parachoques del auto, sin darse cuenta, hasta llegar a casa –esto está en la sinopsis oficial de la película y sucede a los cinco minutos de iniciarse la misma-). Sin embargo, parece ser que un caso muy similar ocurrió hace unos años (y es que, aunque suene muy tópico, la realidad siempre acaba superando a la ficción), por lo que dejaré de lado lo absurdo e irracional de la experiencia vivida por la protagonista de la película y me centraré en otros temas.

El desarrollo de la trama de "Hit & Run" sufre un desequilibrio tremendo. Los primeros 40/50 minutos nos hacen creer que estamos ante un thriller que se toma su merecido tiempo en justificar y cuestionar todas y cada una de las acciones llevadas a cabo por Mary, la protagonista principal de la pesadilla, y su imbécil novio. Sí, sé que “justificar” y “cuestionar” son términos aparentemente contradictorios, pero creo que forma parte de las intenciones del guión el facilitar que el espectador se plantee pueriles dilemas morales del estilo de ¿actúa Mary de forma correcta?¿tenía otra alternativa?¿harías tú lo mismo?. El juego planteado es, hasta cierto punto, entretenido; y el calvario que sufre la protagonista al intentar, por un lado, que su crimen quede impune, y por otro conservar su salud mental intacta, logra que "Hit & Run" mantenga unos niveles aceptables de interés y que la historia no llegue a caer en el aburrimiendo.

Lástima que en la mayoría de ocasiones las decisiones tomadas tanto por Mary cómo por su novio, sean de una absurdidad y ridiculez tal que cueste mucho identificarse con ellos o preocuparse, de veras, por lo que pueda llegar a sucederles.

Pero el verdadero desequilibrio de "Hit & Run" no está en la poca simpatía que despiertan sus protagonistas, o en lo incoherente o descabellado que pueda parecernos su forma de reaccionar ante los terribles acontecimientos a los que se enfrentan (al fin y al cabo, ante situaciones extremas, el ser humano puede responder de la manera más delirante e inesperada...). Su verdadero talón de aquiles lo encontramos en el tercio final de la película, cuando "Hit & Run" decide abandonar la vía del thriller y adentrarse en los pormenores del terror puro y duro. Es entonces cuando su directora, Enda McCallion, intenta sumergirnos en una sangrienta historia de venganza que eleve a "Hit & Run" a unas cotas de horror hasta el momento insospechadas.
El problema es que jamás logra su cometido. Hit & Run no da miedo. Ni una sola de sus escenas destinadas a impactarnos consigue su objetivo. Y todo porque Enda McCallion maneja de forma deficiente todos los mecanismos de horror que dan vida a dichas escenas. Todo sucede de forma demasiado acelerada y entrecortada. Los planos son demasiado cortos y la cámara vuelve a dar bandazos de un lado a otro hasta lograr marearnos. El resultado final es que las escenas de horror de Hit & Run acaban siendo más efectistas que efectivas. Demasiado artificio. Demasiadas trampas. Nada parece real y, por lo tanto, nada nos perturba.

Y el hecho de presentarnos a un villano de la función menos amenazante de lo que debería e ilógicamente resistente (casi invencible), tampoco ayuda.

En definitiva, cuando "Hit & Run" se adentra –equivocadamente- en los parajes del terror, la historia se resiente de forma considerable. Un thriller aceptable desemboca en una historia de horror previsible, poco original y errática.

Pese a todo ello, considero que vale la pena darle una oportunidad a "Hit & Run". Sus defectos, sobre todo en su parte final, son evidentes. Sin embargo la película entretiene –a ratos- y tiene sus puntos de interes. Sin duda alguna he visto películas independientes mucho peores que "Hit & Run".

Lo mejor: el primer acto de venganza, que sitúa a la protagonista en una situación algo incómoda.

Lo peor: no da miedo (aunque lo intenta), el personaje del novio (en mitad de la noche más aciaga de su novia, intenta tirársela –sic-), y esas inoportunas cotorras que causan vergüenza ajena.

Surveillance

A la caza del asesino

Surveillance

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  • Título original: Surveillance
  • Nacionalidad: USA | Año: 2008
  • Director: Jennifer Lynch
  • Guión: Jennifer Chambers Lynch, Kent Harper
  • Intérpretes: Julia Ormond, Bill Pullman, Pell James, Ryan Simpkins
  • Argumento: Dos agentes del FBI investigan un asesinato cometido en una carretera. Sus métodos de investigación pasan por encerrar a los testigos en diferentes salas de una comisaría para interrogarlos. Todos los implicados (excepto una niña) mienten más que hablan.

65 |100

Estrellas: 3

Antes de nada quiero comentaros un par de temas que no están directamente relacionados con la película, pero que creo que son importantes.
Quizás os preguntéis qué hace una película cómo “Surveillance” en un lugar cómo Almas Oscuras (o quizás no…). “Surveillance” es un thriller, dirigido con mano sorprendentemente firme por Jenniffer Lynch, que poco o nada tiene que ver con el género de terror. La razón por la que me decidí a incluirla en el blog era la de conocer más detalles sobre la película que le arrebató el primer premio a la genial “Déjame Entrar” (Let The Right One In, 2008) en el pasado Festival Internacional de Sitges. Curiosidad satisfecha…

En segundo lugar desearía quitarme de encima, lo antes posible, el pesado lastre que supone la alargadísima sombra del padre de la directora, el gran David Lynch, que ejerce funciones de productor en “Surveillance” (y que nadie se moleste cuando califico a Lynch de pesado lastre. Adoro el cine de Lynch -Terciopelo Azul, El Hombre Elefante, Corazón Salvaje,…-, aunque en ocasiones no tenga ni idea de lo que pretende decirme –Mullholand Falls, Carretera Perdida-). Es cierto que algunos aspectos estéticos, el uso de la banda sonora, y ese ligero tono surrealista que envuelve la trama, nos remiten inevitablemente al reconocidísimo estilo que David Lynch otorga a sus obras. En mi opinión, nada de ello es criticable. ¿Quién mejor que su propia hija para acogerse al estilo Lynch? Al fin y al cabo lo lleva en la sangre.

Surveillance

Pero es que además, “Surveillance” logra tener suficiente entidad propia como para poder desligarse, por completo, de cualquier comparación con el cine de David Lynch.
Así que, con vuestro permiso, me quito definitivamente este peso de encima y os empiezo a hablar de “Surveillance”.

Jennifer Lynch llevaba 14 años apartada de la dirección debido al descalabro que supuso su debut tras las cámaras: la pretenciosa y vacía "Boxin Elena", vapuleada –de forma justa- por la crítica e ignorada por el público.

Y cuando, finalmente, decide volver al circo, lo hace con un género –el thriller- que pasa por ser el más sobrexplotado y recurrente de los últimos tiempos. Los finales de los 90, y principios del 2000, fueron una auténtica vorágine de thrillers que, salvo honrosas excepciones (“Seven”, “Memento”,...), siempre seguían un un camino muy estricto: montar una trama más o menos rebuscada, ofrecer al espectador una serie de falsas evidencias para lograr despistarlo, y golpearle, finalmente, con un giro inesperado de los acontecimientos que desembocara en un final que nadie podía esperarse (o, como mínimo, ese era el objetivo perseguido).

La fórmula siempre era la misma, y el público, a base de ver repetido una y otra vez el mismo esquema, ha acabado aprendiendo la lección. Cada vez somos más desconfiados y nos creemos menos lo que intentan vendernos. Crece nuestra incredulidad y suspicacia, al mismo ritmo que merma nuestra ingenuidad. Las posibilidades de que un thriller consiga sorprendernos, cogernos con la guardia baja, son cada vez más escasas.

Y, por desgracia, “Surveillance” no es una excepción.
Pese a todo lo expuesto hasta el momento, debo reconocer que no me considero el tipo más despierto a la hora de encontrarle la trampa a este tipo de películas; pero, por desgracia, en “Surveillance” sí lo logré. Apenas alcanzada la mitad del metraje pude intuir cual era el desenlace final de la historia.
¿Significa esto que “Surveillance” es una mala película?¿un thriller fallido? Quizás como thriller no cumpla la principal de las expectativas que definen el género: sorprender al espectador. Pero, afortunadamente, y pese a lo previsible del desenlace, pude disfrutar una barbaridad con este oscuro, divertido, y en ocasiones obsceno viaje, que nos depara un buen número de sorprendentes escenas antes de alcanzar su giro final (y si alguien no logra descifrar el mencionado giro con antelación, mi más sincera enhorabuena. La satisfacción debería ser todavía mayor.).

Construida a través de una serie de flashbacks que nos cuentan lo que verdaderamente ocurrió en la escena del crimen –y que todos los implicados intentan ocultar a base de mentiras-, “Surveillance” encuentra su verdadera fuerza en dos factores: la sólida construcción de todos y cada uno de sus personajes (tanto los principales como los secundarios), y un soterrado humor negro que tiñe tanto los diálogos, cómo todas las escenas de violencia que salpican la trama. En este sentido cabe destacar a la pareja de policías más corruptos, indeseables, despreciables, y morbosamente divertidos que recuerdo. Es curioso sorprenderse a uno mismo con una sonrisa culpable dibujada en la cara mientras asistimos al recital de humillaciones y vejaciones perpetradas por este par de gamberrros y canallas uniformados.

También cabe resaltar el trabajo de todo el elenco de actores, con mención especial para Bill Pullman en una asombrosa recreación de agente del FBI algo desequilibrado y peligroso. No logro recordar a Bill Pullman en un papel tan extraordinario como el que le ha ofrecido Lynch en esta película.

“Surveillance”, no es una obra maestra del género, pero, pese a su ritmo algo lento, es un thriller ameno, siempre entretenido, distinto, muy bien filmado, y con algunas escenas de violencia que resultan divertidas por su condición de extravagantes y excesivas –casi paródicas-. Si una vez descubierta su trampa –en el caso de que logreis anticiparos a la jugada- conseguís manteneros firmes y darle una oportunidad a la película, no os defraudará. Todo se reduce a darle más importancia al camino recorrido que al previsible destino final de nuestro viaje…

Lo mejor: su fascinante galería de personajes.

Lo peor: que el final sea demasiado previsible.