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In Their Sleep

La buena samaritana

In Their Sleep

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  • Título original: Dans Tom Sommeil
  • Nacionalidad: Francia | Año: 2010
  • Director: Caroline du Potet, Éric du Potet
  • Guión: Caroline du Potet, Éric du Potet
  • Intérpretes: Anne Parillaud, Arthur Dupont
  • Argumento: Sarah atropella a un joven de vuelta a casa, y decide llevárselo para curarle las heridas. Pero alguien está persiguiendo al joven, e irrumpe en la casa...

50 |100

Estrellas: 3

In Their Sleep

El porqué se confía de primeras en una persona es un asunto delicado. Quien más y quien menos, tiene un par de personas a su alrededor de las que se ha hecho amigo sin saber muy bien porqué en un primer momento. Sólo después, cuando pasa el tiempo, se es capaz de encarar con relativa sinceridad el motivo por el que uno se abrió al otro. El motivo real, me refiero: qué tipo de impresión o interés fue la que provocó el acercamiento.

Desde luego, no es un tema sencillo. Y montar una película en torno al mismo es complicado. Quizás, requería un poco más de profundidad o inspección psicológica que la que ofrece “In Their Sleep”.

Sarah se ha mudado con su marido y su hijo a una casa en mitad del campo, pero lo que prometía ser el comienzo de una nueva vida, se trunca bruscamente con la muerte del joven. Un año después, Sarah no ha superado la pérdida, y su matrimonio se ha ido al garete. Al borde de la depresión, la enfermera jefe del hospital en el que trabaja le pide que se tome el fin de semana libre. Sarah coge su coche, dispuesta a volver a casa. En medio de la carretera, atropella a Arthur, un joven de edad similar a la de su difunto hijo. Por suerte, Arthur sólo está herido, y Sarah se ofrece a llevarle a su casa para curarle. Sin embargo, el chico acarrea consigo otro peligro: un hombre le persigue para matarle, un ladrón que entró en su casa y a quien Arthur pilló infraganti y le vio la cara.

Este resumen, muy similar al oficial de la película, me parece que pone en la palestra uno de los problemas: lo extraño del punto de partida. Salvo que Sarah se encontrase justo al lado de su casa, que no es el caso, resulta un poco inverosímil que se lleve a un extraño a su hogar para curarle. Por mucho, además, que le recuerde a su hijo. Y vuelvo al párrafo de introducción: la protagonista se mueve marcada por ese trauma y decide volcarse con el chaval al que ha atropellado, pero uno, como espectador, nunca llega a entenderla. Creo que el proceso de ella es lógico, pero no cómo está contado en la película. Apenas hay matices o un mero intento porque se entienda qué ve ella en el joven, más allá del hecho de que su hijo de edad similar falleció un año antes.

Pero la situación está planteada de este modo, y hay que seguir avanzando. En ese momento, irrumpe en la casa el hombre que persigue a Arthur. Debería ser un momento de absoluta tensión, pero…

Por un lado, aunque las escenas de asedio y ataque están bien rodadas, lo cierto es que huele a rutina. A estas alturas, hemos visto momentos más salvajes y terroríficos, y el mismo cine francés, huelga decir ejemplos, nos ha ofrecido, y seguirá haciéndolo, productos que demuestran que con una casa y dos personajes se puede acojonar vivo al personal. El de “In Their Sleep” no es el caso.

Y, sobre todo, que cuando llega el hombre a la casa en busca de Arthur, es TAN EVIDENTE que no nos han contado algo, que la situación no es la que pretenden hacernos creer, que se está más preocupado por descubrir el detalle que revele lo que está pasando realmente que por sufrir por si alguno de nuestros dos protagonistas es agredido.

Poco después, tiene lugar la que seguramente fuera una de las grandes bazas de la película a la hora de venderla: un punto de giro acompañado de un flashback. Cambia el rumbo de la historia radicalmente y se convierte en otra película. Una apuesta arriesgada, cierto, y que siempre es de agradecer. Lo malo es que se lo ve venir, y el impacto pretendido no tiene lugar. De hecho, ojalá esto hubiera sido sólo una trampa, una falsa señal para engañarnos o manipularnos un poco… pero no.

Así las cosas, la segunda mitad de la película se observa con cierta lejanía y desgana. Porque se apoya demasiado en la psique y el trauma de Sarah que, como se ha mencionado al principio, prácticamente no está construido.

A pesar de todo esto, hay cosas apreciables en “In Their Sleep”. El trabajo de Anne Parillaud y Arthur Dupont como Sarah y Arthur es bueno, se esmeran en darle cuerpo y alma a personajes que, lamentablemente, no los tienen. En el apartado técnico, no hay nada que chirríe: la fotografía de Pierre Cottereau es sobria y sugerente, en especial en los momentos nocturnos; los hermanos du Potet, pese a ser su primer largo, se desenvuelven con buen pulso a nivel visual, y es curiosa cuanto menos la música de Éric Neveux, con un leit motiv, quizás, más propio de una peli de marcianos de los cincuenta que de un pschothriller contemporáneo.

“In Their Sleep” es una peli de matices. Si no se los pides, puede satisfacerte y echar un rato entretenido sin más pretensiones. Aún así, pese a que uno se enfrente a ella sin expectativas y dispuesto a no exigirle nada, el problema fundamental es que no consigue que resulte interesante casi nada de lo que cuenta. Y probablemente lo fuera.

Lo mejor: El prólogo.

Lo peor: Lo bien que podía haber estado.

Secuestrados

Marcado el camino a seguir

secuestrados

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  • Título original: Secuestrados
  • Nacionalidad: España | Año: 2011
  • Director: Miguel Ángel Vivas
  • Guión: Miguel Ángel Vivas, Javier García
  • Intérpretes: Manuela Vellés, Fernando Cayo, Dritan Biba
  • Argumento: Una familia de clase acomodada se encuentra de mudanzas en la que será su nuevo y lujoso hogar. Su tranquilidad será interrumpida al ser victimas de un violento secuestro.

70 |100

Estrellas: 4

Secuestrados

Este es el camino. No cabe duda. Desde finales de los noventa, aunque sea con cuentagotas, una serie de talentos locales se están haciendo notar en el panorama del cine de género. No siempre los resultados artísticos y/o comerciales han ido de la mano, pero ya es un paso. Desde el éxito a todos los niveles de Juan Antonio Bayona, Alejandro Amenábar, Jaume Balagueró o Paco Plaza, hasta nombres, esperemos en próximo auge, como Eduardo Chapero Jackson o Paco Cabezas, pasando por oportunidades perdidas, aunque no sin falta de (agradecido) riesgo, como José Luis Alemán, la cantera de nuevos valores empieza a tener notoriedad. Otros han emigrado, como el cada vez más interesante Juan Carlos Fresnadillo o el más irregular Luis Berdejo. Y otros no han trabajado nunca en España, aunque no les va nada mal en Estados Unidos, como es el caso de Jaume Collet-Serra. A todos estos nombres, y algunos que faltan, unamos ahora con fuerza el de Miguel Ángel Vivas.

No cabe duda de que este cambio generacional, esta nueva mina de talentos relacionados con el cine fantástico y el terror, se debe a que los jóvenes directores actuales llevan consigo unas influencias, un recorrido como aficionado, muy diferente al de las llamadas viejas glorias (o, en todo caso, directores veteranos). Esta gente, al fin y al cabo, es como nosotros. No todos, aunque en su mayoría, se nota a la legua que eran y son fans y consumidores compulsivos del cine que nosotros, al menos el que esto suscribe, nos llevamos tragando desde la adolescencia. Ese cine de casas encantadas, de zombies, de psicópatas. Ese Giallo de hace unas décadas, o el Torture Porn actual. Y, en el caso de Miguel Ángel Vivas, casi puedo afirmar que se ha visto unas cuantas de la llamada Nouvelle Horreur Vague, y también de aquel movimiento de violencia hiperrealista y contenido social/auto-critico iniciado, o puesto de moda, por Funny Games (1997).

Digamos entonces que, en cuanto a sus influencias, Miguel Ángel ha hecho los deberes. Ahora bien, ¿ha conseguido captar la potencia y calidad de dichas obras?

Lo primero que sorprende de Secuestrados es su factura. La producción, pese a contar con un presupuesto poco holgado, está a un nivel excelente. Luego, uno queda sorprendido por la valentía con la que Vivas ha elegido mover la cámara y utilizar el montaje. Apenas diez minutos después de la presentación de los personajes, un importante susto nos mete en acción y ésta no se detiene hasta el final. Durante sus ajustados ochenta minutos asistimos a un tour de force de violencia, al contrario de lo esperado, más psicológica que explicita. No quiere decir que no haya imágenes fuertes, que las hay, sino que el peso real de los acontecimientos no es tanto el impacto gore. Aquí entran en juego unas interpretaciones magnificas y muy creíbles, salvo en unos casos puntuales en los que la sobreactuación (algo, a veces, imposible de evitar en el cine español) hace algún estrago. Mención especial en el buen sentido para la prometedora Manuela Vellés, en un papel, el de la hija adolescente, bastante complicado por ser propenso a esa citada sobreactuación, además de contar con numerosos y largos primeros planos.

Pese a que, como apunté, sorprende la labor tras las cámaras y los recursos de montaje, también suponen un arma de doble filo. El problema, en ocasiones, es el exceso en el uso. Da la sensación de que Vivas ha querido llamar la atención más de lo necesario en su labor. Error, por otro lado, típico en proyectos noveles de escuela de cine. Pero no cabe duda que, respecto a su anterior trabajo y opera primera, la floja Reflejos (2002), hay un cambio a mejor. Tanto que, pese a momentos de demasiada reiteración (el uso del montaje de dos acciones simultáneas), quedan otros impecables (cada vez que la acción va directa al grano, como ese seco y paralizante final).

La parte social pone el dedo en la llaga en un tema candente en la sociedad española: los secuestros express. Las nuevas y crecientes mafias organizadas, no pocas veces, como aquí se relata, compuestas en su mayoría por miembros extranjeros (con especial hincapié en la Europa del Este),constituyen un problema grave para el cual que se busca poca o ninguna solución. Cada año sube el número de secuestros violentos y robos a mano armada. Vivas no se ha cortado en la descripción de los personajes, aportando su nacionalidad extranjera (aunque con un cómplice patrio) y llevando la situación hasta sus últimas consecuencias.

Secuestrados, dicen, creó un estado de shock en el último Festival de Sitges. Tampoco hay que crearse expectativas desmesuradas, pero no quepa duda que han conseguido una película potente, cruda, y con capacidad de crear análisis posteriores. Y sobre todo, un cine de género exportable, que puede competir con el de otros nuevos talentos europeos del terror hiperrealista. Así que, sigamos por este camino.

Lo mejor: Factura impecable, dirección y montaje arriesgados y, muchas veces, efectivos, violencia tanto física como psicológica y tensión constante durante ochenta minutos. Manuela Vellés promete.

Lo peor: Cierta reiteración en el uso de trucos de montaje, y algunos actores (el amigo de la hija, el secuestrador español) propensos a la sobreactuación.

F

La educación de la crueldad

F

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  • Título original: F
  • Nacionalidad: Reino Unido | Año: 2010
  • Director: Johannes Roberts
  • Guión: Johannes Roberts
  • Intérpretes: David Schofield, Ruth Gemmel, Eliza Bennet
  • Argumento: Cuando el instituto cierra por la noche y solo unos pocos profesores permanecen dentro con una alumna castigada, es cuando entran un grupo de encapuchados dispuestos a sembrar el terror y la muerte.

88 |100

Estrellas: 5

F

Me gustaría darle las gracias a Don Tancredo por avisarnos de que teníamos “F” ya lista en la imprescindible Gorenation. Chicos, nunca os lo agradeceré lo suficiente…

Permitidme que lo primero de todo os diga que merece la pena tragarse los 100 truños que nos tragamos habitualmente al año con tal de ver una sola película así. Esta película es una maravilla, uno de los descubrimientos más placenteros de los últimos meses (al menos para mí). Es una patada en la boca del estómago, una delicia para los amantes del género, una vuelta a la ilusión perdida…

Manifiesto mi absoluta admiración hacia Johannes Roberts por haberme regalado una pieza como ésta, hasta el punto de poder perdonarle sus títulos anteriores: “Forest of the damned” o “Hellbreeder”.

Dicho esto, debo añadir que se me hace difícil expresar con palabras lo que sentí al ver “F”. Intenté dormir, pero no tuve éxito. Mi cabeza no paraba, tenía el disparador cargado y a punto de soltar toda la rabia.

Allá vamos:
La historia arranca con una triste realidad (no creo en los “basado en hechos reales”, pero sí que se muestra algo que no resulta difícil de creer), se trata de la brutal agresión a un profesor (bueno o malo, eso da igual…) por parte de una adolescente que no estaba de acuerdo con la calificación y el posterior comentario de dicho profesor. Su calificación era una F (nuestro muy deficiente, al menos de cuando yo estudiaba, ahora ya no sé ni a lo que equivale, pero vamos, el 0 de toda la vida).
Tengo que decir que empatizo fácilmente con los teachers de este instituto o de cualquier otro por motivos personales, y es que yo misma fui profesora en un colegio y la paciencia era mi herramienta de trabajo diaria, pero uno nunca sabe cómo acertar… y aunque nunca viví una situación ni remotamente parecida, un año fue suficiente para darme cuenta de que aquello no era lo mío.

Pues bien, al grano, tras la agresión viene el pánico, la paranoia, la desorientación y el pavor. A lo largo de la trama, vemos, o mejor dicho intuimos, pedazos de días de…, pero no se da una explicación de lo que ha sucedido. Tampoco hace falta. Sabemos que la vida del profesor está totalmente rota y condenada al ostracismo… y eso es suficiente.
El tiempo se para, la vida deja de ser vida, la vida deja de estar presente en Robert Anderson, él simplemente la mira de lejos, la ve pasar…*Hasta aquí, drama.*

La incómoda situación como espectadores en la que nos sitúa Johannes Roberts es la de ver unas horas, solo unas horas, que pasan como un tornado, como un tornado sigiloso, uno que no avisa. Comienza el terror.

Un grupo de chicos, de los que no sabemos absolutamente nada, irrumpen en el instituto. Van armados con cuchillos, barras de hierro, enormes llaves inglesas, cutters y muy mala hostia.
La tragedia se desata silenciosa, algo terrorífico, ya que las muertes son de una brutalidad extrema y ni siqueira oímos un solo grito, no vemos una sola carrera (a excepción de Kate, la hija del profesor…), no hay ni una sola lucha por la supervivencia, asistimos a una masacre sin sentido (ninguna lo es, pero aquí,realmente, no hay razón…), a una noche vacía, sádica, cruel, despiadada e incomprensible. Una noche que parece no haber pasado.

Los chicos sin rostro, sin edad y sin motivación, además cuentan con una agilidad asombrosa, que no hace mas que acrecentar la tensión, y TENSIÓN es la palabra clave para definir esta película. Tensión máxima y absoluta. El hecho de que el espectador se sienta indefenso ante esta panda de cafres es la mayor baza de “F”, el hecho de que no haya ninguna referencia en este sentido, hace que el espectador esté desubicado, que sienta rabia hasta la nausea, que sienta la misma tensión que los protagonistas y el sudor bajándole por la espalda.

Como decía, la acción irrumpe sin más en la caótica vida de Robert y en la percepción que de ella tiene su entorno. Pero insisto en que no se especifica nada al respecto, no es un día diferente a otros. Aun así, el dibujo de los personajes es claro, te puedes hacer una imagen definida de la personalidad de cada uno de ellos, de todos, excepto de los encapuchados sin rostro. De éstos NO sabemos quiénes, cuantos y sobre todo, no sabemos porqué, y esa es la escalofriante pregunta que te haces en última instancia, ¿por qué? ¿por qué? ¿por qué?… Podemos pensar mil hipótesis, “F” nos lo permite. De hecho “F” obliga al espectador a actuar. Nos obliga a pensar rápidamente, a indagar y a intentar atar unos cabos que están rotos desde el principio.

El apartado gore, el apartado estrictamente “muertes”, es también un elemento a tener en cuenta, algo que puede no gustar, pero que hay que saber valorar. El hecho de que absolutamente todas las muertes estén fuera de plano, que no se muestren, fue algo que al principio entendí y valoré como negativo. Fue al terminar de ver la película y al comenzar a pensar en ella, una vez que la estaba reposando, cuando me dí cuenta de que fue un gran acierto, de que es otro acto desnudo de esta cruel y nihilista propuesta; que es algo que no se muestra porque así produce más daño, así se sienten más, así duelen… duelen mucho.

Nunca se ve la agresión, pero sí el resultado, el desolador y bizarro resultado y en este punto quiero resaltar la labor de maquillaje, que hace que ejercitemos la imaginación, ya que viendo a cada víctima puedes sufrir a través de ellos e imaginar con exactitud cómo ha sido la tortura y la impotencia.
Los chicos sin rostro cometen atrocidades que no se ven pero que dejan marcas profundas en la mente del espectador, tan profundas como los cortes con los que “se entretienen” en la carne de sus víctimas.

Aunque para mí lo mas terrorífico de todo fue el final, SUPER SPOILER, el no saber porqué ha pasado todo, cual es la motivación, si todo estaba premeditado o si fue espontáneo, y sobre todo el cebarse con el protagonista haciéndole elegir entre salvar a su hija, que sabe que le odiará para siempre, o salvar a su mujer, quien morirá salvajemente (siendo él consciente de la crueldad de la matanza).
Solo deciros que el sonido del motor arrancando al final me heló la sangre, me arrancó la piel a tiras. FIN SUPER SPOILER

Con respecto a las actuaciones, yo destaco a Mr. Anderson, quien refleja el tormento en cada mirada, en cada gesto y cada vez que habla con su perfecto acento británico. La música también es acertadísma, por cierto.

Una propuesta diferente en la forma, fresca y estremecedora. Puede no convencer a todo el mundo por el modo en que está contada, pero desde luego, creo que debería dar que hablar…

Resumiendo, “F” es una película que irrumpe sin más y así lo deja todo. ”F” es una película que no debo recomendar, ”F” es una película que debo obligar a ver.

Lo mejor: Que te deja bloqueado, pero a la vez te hace pensar y, sobre todo, la extrema tensión.

Lo peor: Algunos clichés, perdonables (desde mi punto de vista) y que yo le hubiera dado un poco más de duración.

¿Dónde conseguirla?
Gore Nation: “F” en VOSE.

Red Hill

La venganza de un aborígen maltratado

Red Hill

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  • Título original: Red Hill
  • Nacionalidad: Australia | Año: 2010
  • Director: Patrick Hughes
  • Guión: Patrick Hughes
  • Intérpretes: Ryan Kwanten, Steve Bisley, Tom E. Lewis
  • Argumento: El joven agente de policia Shane Cooper, en su primer día de servicio en Red Hill, deberá hacer frente a la escalada de violencia de un convicto fugado de prisión.

59 |100

Estrellas: 3

Red Hill

Desde la lejana Australia nos llega un debut, el de Patrick Hughes (director, guionista y productor de Red Hill), que transpira aires de viejo western por todos sus poros.

Una pequeña población lejana al mundanal ruido, unos defensores de la ley corruptos, un presidiario fugado que clama venganza y un joven policia obligado por las circunstancias a ejercer de auténtico héroe de la función. Estos son, básicamente, los elementos que maneja Hugues para edificar un debut cinematográfico del que así, de buenas a primeras, sorprende por una razón: Red Hill es una película visualmente hermosa, digna de ser contemplada.

El joven agente de policia Shane Cooper llega a su nuevo destino, Red Hill, acompañado de su mujer, que está a punto de dar a luz al primer hijo de ambos. El primer día de Cooper en el servicio será inolvidable. Un peligroso criminal aborígen escapado de prisión que responde al nombre de Jimmy Conner ha regresado a Red Hill. Silencioso, despiadado y con una puntería prácticamente infalible, Jimmy Conner parece dispuesto a no dejar títere con cabeza en Red Hill. ¿Sus motivaciones? Le corresponde a Cooper, el recién llegado, averiguarlas.

A medio camino entre el thriller, el western crepuscular de Sam Peckimpah y los personajes vengativos de Clint Eastwood (las similitudes con Infierno de Cobardes, dirigida y protagonizada por Eastwood, son evidentes en la presencia de un Jimmy Conner cargado de cierta aura mística e incluso sobrenatural); Red Hill es, ante todo, un ejercicio de estilo cuyo objetivo fundamental es el de recuperar el sabor, la textura y la banda sonora del western adaptándolo a una historia de evidente corte clásico pero ambientada en la actualidad.

Desde un punto de vista meramente formal Red Hill es un ejercicio de estilo impecable. La película de Hughes no solo es capaz transmitir todo el sabor del western en una historia que hace auténtica apología de la venganza (una situación muy ligada al género y que tiene en Sin Perdón, nuevamente de Eastwood, una de sus piezas cumbre), si no que además logra destacar como un producto ciertamente atractivo, a simple vista, gracias a su excelente fotografía, su cuidada banda sonora y a unas correctísimas interpretaciones por parte de todos los actores implicados.

El director australiano tiene el enorme acierto – y mérito – de dar siempre con la atmósfera adecuada para su relato, tanto cuando la acción sucede a plena luz del día y los vastos paisajes australianos toman su habitual protagonismo; como cuando el impacable Jimmy Corner busca la oscuridad opresiva de las calles de Red Hill para perpretar su salvaje vendetta (instantes de una violencia seca, contundente y en los que Cooner deviene una especie de asesino deforme e implacable dotado de una resistencia prácticamente inhumana. Son también los instantes en los que Red Hill se acerca al género terrorífico puro y duro).

Pero pese a todas las virtudes que atesora Red Hill a lo largo de su metraje, hay algo que falla. Algo que le impide convertirse finalmente en la película imprescindible que debería haber sido. Le falta pegada. La historia que nos cuenta Red Hill se fundamenta en una sucesión de lugares comunes que Hughes sabe integrar en un envoltorio de gran belleza pero que, a fin de cuentas, nos deja esa incómoda sensación de que lo que estamos viendo ya lo hemos visto antes… en incontables ocasiones. El western es un género estricto, en el que los lugares comunes son prácticamente inevitables, incluso necesarios. Pero de la mezcla, a priori atrevida, de western moderno, thriller y película de venganzas; un servidor auguraba (o al menos mantenía viva la esperanza de que así fuera) un resultado más atrevido, más singular… menos trillado.

El trayecto de Red Hill es el de una línea recta, sin socavones, sin desniveles, sin sobresaltos, sin curvas peligrosas… Sabes lo que va a ocurrir en cada momento porque, sencillamente, conoces la historia. Y todo ello hasta el punto de que cuando Patrick Hughes se decide a mostrarnos, en un flashback en blanco y negro, el pasado de Jimmy Conner y, por extensión, las motivaciones que le empujaron a cometer las salvajadas que comete, nos damos cuenta de que no es necesario. Que está de más. Lo que nos cuenta dicho flashback ya lo sabíamos prácticamente desde el primer instante en el que Jimmy Conner aparece en pantalla.

La frontera entre buenos y malos es demasiado clara, demasiado evidente; lo que provoca que no haya espacio para la sorpresa y que cada personaje se comporte y reaccione exactamente de la manera que se le presupone.

Pero en cualquier caso no debemos perder de vista el horizonte. Red Hill es el prometedor debut de un director al que a partir de ahora habrá que seguirle los pasos muy de cerca. Una película violenta, áspera, visualmente atractiva, y un auténtico caramelo para todos aquellos que seais aficionados al western. Lástima que el resultado final venga lastrado por un desarrollo previsible en exceso.

Lo mejor: Se trata de un interesantísimo neowestern con un acabado ciertamente destacable.

Lo peor: Transita demasiados lugares comunes reduciendo la capacidad de sorpresa al mínimo.

7 Days

Por mi hija ¿mato?

7 days

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  • Título original: Les 7 jours du talion
  • Nacionalidad: Canadá | Año: 2010
  • Director: Daniel Grou
  • Guión: Patrick Senécal
  • Intérpretes: Claude Legault, Rémy Girard, Martin Dubreuil
  • Argumento: Bruno Hamel es un doctor que vive junto a su esposa y su hija de 8 años, Jasmine. Un día la niña aparece en un bosque muerta con signos de violación. Cuando detienen al sospechoso, Bruno planea su secuestro y se encierra con él en una cabaña.

70 |100

Estrellas: 4

7 days

Siete días para darle forma al mundo y un segundo, una escena, una sola imagen, para destruirlo. El cuerpo pálido, sucio y apaleado de una pequeña de 8 años, tu hija. El terror es multiforme, solemos asociarlo a amenazas externas que provienen de lo desconocido, pero el miedo, el horror, está tan cerca que podemos sentir su respiración en nuestras narices. No hay nada más horrible que el sufrimiento y la muerte de un ser querido. ¿Qué opciones le quedan a un padre que se estampa ante el retrato de su pequeña brutalmente violada y asesinada?

Los guionistas del cine de terror tienden a empatizar con el número siete. “Si ves esta cinta de vídeo, morirás a los siete días”. “Siete son los pecados capitales”. Siete, un número mágico, místico. Un año menos que la edad de Jasmine en su muerte. Los días que faltan para su cumpleaños. 168 horas en las que Bruno Hamel (y nosotros con él) pretende torturar y asesinar al hombre que mató a su hija y con ella se llevó su vida, su estabilidad y su cordura.

No voy a tardar más en decirlo, Les 7 jours du talion no es una película gore, no es un ‘torture porn’ gratuito y ni siquiera es una película de terror al uso. 7 Days nace del horror y de la violencia, se apoya en ella para explicar su historia, pero en definitiva no es más que un drama que ahonda en lo más profundo de la naturaleza humana, la más primitiva, la que agarra por los huevos y te dice: “¿Y tú qué harías en mi lugar?”

Craso error el equiparar esta cinta con lo visto en Saw y Hostel, de ahí surgen los rostros de decepción de los hematofílicos. Puede que se hallen en la misma cuerda, pero lo hacen en extremos totalmente opuestos. Las dos primeras hacen de la tortura un espectáculo del mismo modo que Tarantino viste la violencia con complementos y colorines, mientras que Daniel Grou ofrece en 7 Days una propuesta que encaja mejor en el cine de autor del Antichrist de Von Trier (culpabilidad) o el descubrimiento de Ellen Page en Hard Candy (venganza). Un film que huye de la explotación de la sangre por la sangre, las escenas desagradables de tortura física (que las hay) se pueden contar con los dedos de una mano. En cambio, apuesta por el desgaste psicológico del protagonista, un padre que inicia una búsqueda desesperada de liberación mediante la tortura y que acaba cediendo a un paulatino descenso al infierno a medida que se va dando cuenta de que la redención es imposible, que el vacío de su alma es cada vez más grande y que nada de lo que le haga al asesino de su hija (Anthony Lemaire) podrá calmar su dolor. Claro y conciso mensaje el de Daniel Grou.

La venganza es un tema muy recurrente en la historia del cine, quizás porque es un sentimiento que va intrínseco al ser humano, del que es tan difícil desprenderse como llevarlo a cabo. ¿Cuántas veces hemos pensado en las barbaridades que le haríamos a pedófilos, maltratadores o asesinos? Pero si nos encontráramos realmente en la situación, ¿seríamos capaces? Eso es lo que nos plantea el guión de Patrick Senécal, basado en una novela del mismo autor, y notablemente dirigido por Daniel Grou. Enfrentarnos a 7 Days es aceptar un reto y obligarnos a nosotros mismos a posicionarnos ante un dilema moral, sufrir con la víctima o aplaudir al verdugo. Dos caras de la misma moneda que acaban fundiéndose en una misma persona. Llega un punto extraño en el que dejamos de odiar al pedófilo y empezamos a sentir lástima por él. Cuando intento buscar el porqué solo puedo agarrarme al extremo realismo de la película y a la deshumanización del padre convertido ahora en lo que intenta destruir. Un hombre que inicia un plan frío, calculado al milímetro (véase la escena del localizador de llamadas) pero se va desinflando a medida que las torturas aumentan de crueldad pero le acercan al abismo, y la visceralidad da paso a la decepción.

Paralelamente al encierro del pedófilo y el padre de la niña asesinada, la película muestra el desarrollo de la investigación policial y el seguimiento del secuestro en los medios de comunicación, dos líneas que funcionan de contrapunto a la tensión claustrofóbica de la tortura, del mismo modo que lo hacen la racionalidad de su mujer y un detective (totalmente innecesario) que va de colega porque vivió una experiencia parecida a la suya. El propio protagonista observa el boom mediático por la televisión y asiste apático a un vertido de opiniones de la calle que apoyan su decisión y le animan a seguir adelante. Un reflejo de la hipocresía de nuestra sociedad, mucho ruido y pocas nueces. De todas ellas, llama especialmente su atención la de la madre de otra víctima de Lemaire, una mujer que optó por superar su pérdida ignorando la figura del asesino, desechando la rabia, la impotencia y las ansias de venganza a favor del olvido. Es en este punto cuando asistimos al clímax de autodestrucción de Hamel, que obliga a la mujer a enfrentarse a la imagen, ya deteriorada tras días de tortura, del asesino de su hija. La fuerza a recordar, a volver a sufrir, a recuperar aquello que lleva tiempo queriendo olvidar. La desesperación y la soledad del padre es tal que no le basta con caer solo, necesita llevarse a los demás con él.

Es un viaje lento, de planos fijos, eternos, cargado de silencios que invitan a la reflexión, con una fotografía bella pero melancólica que va muy acorde a la historia que nos cuenta. Claude Legault (Humel) y Martin Dubreuil (Lemaire) encarnan con notable habilidad a la pareja protagonista y reflejan con un realismo apabullante el dolor físico y psicológico sin apenas dar uso a la palabra. Aunque en mi opinión es justamente ahí donde reside el fallo de la película. Se entretiene tanto en el derrumbamiento interno del padre que deja de lado la relación entre torturador y asesino. Podría haber sido un duelo dramático elevadísimo, un desnudo absoluto de personalidades enfrontadas por un crimen atroz, héroe y villano encerrados en un mismo lugar en desigualdad de condiciones, un asesino de niños sin nada a lo que aferrarse que no sea su condición humana… Daniel Grou diseña una puesta en escena perfecta y decide no sacarle jugo.

7 Days es además de todo lo contado hasta ahora, una gran patada en la boca a la ineficacia de la justicia. Que un hombre de clase media, sin antecedentes ni contactos con la mafia, pueda secuestrar con tanta facilidad a un sospechoso escoltado por la policía y llevar a cabo la justicia por su cuenta es un ¡ZAS, EN TODA LA BOCA! a nuestro sistema penal. Bastante revelador, ya que todos sabemos que en un máximo de 20 años el detenido estaría de patitas en la calle nuevamente. No quiero justificar ni posicionarme aquí y ahora con la decisión del protagonista de esta historia, me resulta demasiado complicado, pero sí creo que es un toque de atención más que necesario.

Me consta que hay mucha gente insatisfecha con el final, pero os puedo asegurar que es el desenlace más conciso y coherente que he visto en mucho tiempo.

Lo mejor: El intercambio de frases entre detective y protagonista en la última escena.

Lo peor: Que no profundice más en la relación víctima-asesino.

Hush

¡¡¡Siga a ese camión!!!

Hush

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  • Título original: Hush
  • Nacionalidad: Gran Bretaña | Año: 2009
  • Director: Mark Tonderai
  • Guión: Mark Tonderai
  • Intérpretes: William Ash, Christine Bottomley.
  • Argumento: Una historia de suspense que tiene como protagonista a Zakes, un conductor asediado y perseguido por un enigmático camión...

70 |100

Estrellas: 4

Hush

“Hush” me la recomendó un amigo durante una conversación en la que hablábamos sobre las películas que los americanos llaman “de bajo concepto”: historias nada originales y que, probablemente, nunca pasen a la historia del cine. Sin embargo, los dos estábamos de acuerdo en que hay bastantes “low concept” que tienen mucho encanto y cuyo visionado es muy agradecido y casi obligatorio, a pesar de todo (las dos partes de “Cold Prey”, “Alta Tensión”). “Hush” es, sin duda alguna, una de esas películas sin un historión pero con suficiente encanto como para recomendarla.

Ya desde el resumen, uno se da cuenta de que no va a encontrar –casi- nada original en ella: un joven, Zakes, entra en un peligroso juego del gato y el ratón con el conductor de un enigmático camión. Obviamente, vienen a la cabeza títulos como “El Diablo Sobre Ruedas” o “Nunca Juegues con Extraños”(y con mucha más justicia otro más que es mejor no decir para no desvelar demasiado).

Sin embargo, en el argumento han empleado sus buenas energías para que, dentro de lo previsible, la manera en la que nos presentan los hechos nos sorprenda: Zakes (William Ash) conduce de noche junto a su novia Beth (Christine Bottomley). Él trabaja colocando afiches en las áreas de servicio, de manera que va parando cada dos por tres para hacer su labor, que luego fotografía a modo de prueba para sus jefes. La relación con Beth no está en su mejor momento y, tras una discusión, ella se queda dormida. Zakes sigue conduciendo. Un camión les adelanta. La persiana del tráiler está semi abierta y Zakes puede ver –o cree ver- a una chica desnuda en el interior del remolque pidiendo auxilio. Primer punto: creo que es bastante impactante y novedosa esta manera de introducir el tema.

A continuación, Zakes despierta a Beth y le cuenta lo que cree haber visto. El azar se pone de su lado y, en un atasco, el camión de marras está junto ante ellos. Zakes baja e intenta abrir la persiana para cerciorarse, pero no puede subirla más de unos centímetros. Acojonado, coge su cámara de fotos, la mete en el interior y dispara… Una segunda gran escena de tensión y suspense, con pocos elementos – Zakes, cámara de fotos, un interior en el que no sabemos lo que hay, y el retrovisor del camión, que Zakes vigila constantemente para ver si el conductor le está viendo o no – .

Hasta aquí, los detalles concretos del argumento. Como se ha señalado, nunca ocurrirá nada que no podamos prever, pero es cierto que sucede de un modo curioso. “Hush” tiene esa virtud que es que consigue sorprenderte cada quince o veinte minutos con un nuevo giro. Algunos son más afortunados que otros, pero se agradece, y mucho, el esfuerzo puesto para conseguirlo…

…de hecho, esta es, quizás, la parte menos acertada de la película: los personajes llegan a conclusiones demasiado rápido, y abren puertas, hacen puentes a vehículos y sortean problemas la mayoría de las veces con demasiada facilidad. Es verdad que, si te está gustando la película, como fue mi caso, el asunto se limita a una mueca y un “bueeeeeno”, pero imagino que puede ser irritante para alguien que vaya buscando más. Hay que mencionar, a este respecto, que “Hush” tampoco engaña en ningún momento, y da exactamente lo que promete: suspense, un par de sustos, y tensión. Buscar más, quizás, es un error por parte del espectador.

Prácticamente, todo es correcto en esta producción: los dos actores principales están bien, el guión funciona – a pesar de los peros mencionados – y la dirección del debutante Mark Tonderai – también guionista – es acertada aunque, también abuse en determinados momentos de algunas trampas (tipo planos cerrados para que no veamos que el personaje no está donde pensábamos que estaba en la escena anterior y así solucionar con más facilidad algunos encierros). Por el contrario, dedica el tiempo necesario para crear la relación entre Zakes y Beth, que entendamos qué es lo que falla, que comprendamos a la chica y veamos que él no es precisamente un tío perfecto –incluso odioso, en algunos tramos del arranque de la cinta-, pero también le comprendemos y nos ponemos de su lado sin dudarlo cuando es necesario. Desde mi punto de vista, *son este tipo de detalles, aparentemente secundarios, los que convierten a una película del montón en una película con encanto. Y a un director en alguien a quien me apetece seguirle la pista: en teoría, Mark Tonderai está terminando otra peli de terror, “House at the End of the Street”, protagonizada por Elisabeht Shue.

Aparte, me gustaría señalar que la película es una producción de las que, tal día como hoy, son ya dos de mis productoras favoritas: Film 4 y Warp X.
Film 4 es la filiar cinematográfica de Channel 4 y, al igual que su madre televisiva, suele mimar, y mucho, los proyectos en los que se involucra. De ella han salido títulos como “Dead Man’s Shoes” (Shane Meadows, 2004), “Donkey Punch” (Ollie Blackburn, 2008), “Slumdog Millionaire” (Danny Boyle, 2008) o esta misma, y para mí son ejemplos válidos de cómo conseguir productos apañados y con una envolutra atractiva para la gente joven no necesariamente adolescente. Por otro lado, Warp X es la división cinematográfica de Warp, discográfica especializada en electrónica, y también colaboró en “Donkey Punch”, probablemente en la selección musical de la banda sonora. La música de “Hush” es una más que interesante partitura de electrónica entre ambiental e IDM obra de Theo Green. Imposible encontrar nada suyo editado –esperemos que sea cuestión de tiempo-, este hombre es también el compositor del score de “Dread” (Anthony DiBlasi, 2009), otra estimable película con música del mismo corte que esta. En los créditos finales, para colmo, suena “Live with Me” de Massive Attack. Musicalmente, no creo que pueda pedir más a una película.

Lo mejor: El mimo que han puesto en la producción y en el guión.

Lo peor: Apenas hay nada original en ella.

Coffin Rock

Un thriller psicológico de esta época

Coffin Rock

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  • Título original: Coffin Rock
  • Nacionalidad: Australia | Año: 2009
  • Director: Rupert Glasson
  • Guión: Rupert Glasson
  • Intérpretes: Lisa Chappell, Robert Taylor, Sam Parsonson
  • Argumento: Jessi y Rob llevan tiempo intentando tener un hijo, sin conseguirlo. Así que acuden a una clínica de fertilidad, ignorando que el dependiente, Evan, es un perturbado que se propone convertirse en el padre de la criatura.

70 |100

Estrellas: 4

Coffin Rock

“Atracción Fatal” (1986), de Adrian Lyne, dio el pistoletazo de salida a finales de los ochenta, y los primeros noventa fueron el reinado del llamado “thriller psicológico”, un nombre serio para encubrir películas de psicópatas desde una óptica realista, generalmente protagonizadas por personajes más adultos que los slashers, y haciendo hincapié en los caracteres que mostraban y en el desarrollo de sus historias, en vez de en los crímenes. Se trataba de un género muy codificado: cuando uno empezaba a ver una de estas películas, sabía que tenía aproximadamente una hora de exploración psicológica de personajes, más adscrita al drama y al suspense, con algunos tintes de terror, y que era en la última media hora o quince minutos cuando aquello se volvía oscuro.

Normalmente, siempre se reservaba algún susto para el final, que solía funcionar a la perfección debido al tono comedido del resto del trayecto. Así, tras la peli de Lyne, parecía que todos los directores con relevancia tenían que hacer su propio thriller psicológico: Barbet Schroeder dirigió “Mujer Blanca Soltera Busca…” (1992), John Schleshinger “De repente, un extraño” (1990), y hubo un par de pelis de bajo presupuesto que se convirtieron en sleepers del género y reavivaron la llama, “Malas Influencias” (1990), de Curtis Hanson, y “La Mano que mece la Cuna” (1992), también del mismo director.

Con este thriller psicológico sucede un poco lo que sucedía con el slasher: en el fondo, se trata de un género hiperconservador e incluso reaccionario. En “Atracción Fatal”, Michael Douglas se mete en líos por serle infiel a su mujer; el matriominio Bartel de “La Mano que Mece la Cuna”, por contratar a una niñera atractiva que puede poner en peligro su estabilidad familiar.

En la primera década del 2000 hemos tenido algunos ejemplos de este cine (“Fanática”, de John Polson, 2002), pero por mucho que hayan podido ir bien en taquilla, han sonado como productos ya fuera de su tiempo, coletazos tardíos de un género que, a lo mejor, no es tan flexible como el slasher o, simplemente, tiene menos seguidores que éste. Lo bueno de “Coffin Rock”, es que no transmite esa sensación.

Jessi (Lisa Chappell) es una joven que vive en una zona costera del sur de Autralia. Trabaja en una fábrica junto con su marido Rob (Robert Taylor), algunos años mayor que ella. Llevan bastante tiempo intentando tener un hijo, pero no lo han conseguido hasta el momento. Rob, además, se ha negado a hacerse una prueba para determinar si es estéril, pero por fin accede a hacérsela y la pareja va a una clínica en la que trabaja Evan (Sam Parsonson), un joven extraño y aparentemente desequilibrado. Por el breve momento que Evan está en contacto con Jessi y Rob, llega a la conclusión de que ella se merece a un hombre mejor que el que tiene. Así que busca la dirección de la pareja en su prueba, deja su trabajo de recepcionista y consigue un nuevo empleo en la fábrica de Jessi. Comienza, así, a acercarse a la chica.

Cuando por fin llega la carta con los resultados del análisis, Jessi y Rob discuten y él no llega a abrir la carta. Jessi se va a un bar con una amiga, bebe un poco más de la cuenta y tiene un pequeño affair con Evan.
Al día siguiente, Jessi ha quedado embarazada. Evan se convence de que el hijo es suyo, y empieza a amenazar a la chica con contárselo a su marido.

Al tratarse, por tanto, de un “thriller psicológico”, desde el momento en que vemos que Evan decide abandonar la clínica y seguir a la pareja, prácticamente sabemos todo lo que va a pasar a continuación, aunque siempre con coherencia: el problema de la pareja tiene que ver con la maternidad, y el conflicto de la película, también. Es el lastre de un género tan codificado. Así que, si esto te supone un gran handicap, no deberías ver esta película. Aún así, vale la pena adentrarse en ella: consigue la ilusión de que van a pasar cosas que no te imaginas, aunque luego no sea así, y está tan bien apuntalado el guión y sus personajes que te olvidas de lo previsible que es todo.

Para empezar, se quita de encima de un plumazo el sanbenito reaccionario: la culpa es, desde el primer momento, de Evan, que es un psicópata, porque la cinta emplea el tiempo suficiente para que entiendas a la perfección que Jessi tenga un desliz. Ella es mucho más joven que su marido Rob, un pescador honesto pero rudo y algo machista, y su relación no es perfecta. No es que se justifique la infidelidad, es que no se plantea en esos términos la cuestión, algo muy a valorar porque eleva a sus personajes a la categoría de “personas”.

“Coffin Rock”, además, ofrece un acertado y sutil retrato de una sociedad “rural” masculina, dominada por machos alfa, donde el orgullo varonil es algo sagrado que no puede tocarse y en el que las mujeres no son más que las señoras de sus maridos. Así, para Rob es un trauma que, quizás, la fuente del problema de su matrimonio, que no puedan tener hijos, sea un problema suyo. Aunque no le gusta nada pensar que su pareja le pueda ser infiel con otro, entiende que eso pueda suceder porque ella es una mujer y ellos son hombres. Y cuando descubre quién puede ser el padre del bebé que está engendrando Jessi, lo que le duele no es la infidelidad, sino que sea un niñato y no un hombre con quien ella se ha acostado.

Con bases tan sólidas como estas – a las que hay que añadir las buenas interpretaciones del trío protagonista y el firme pulso de su director, Rupert Glasson, debutante -, la película, dentro de la previsibilidad, funciona a la perfección. Todo es creíble y todo lo que sucede es inevitable. El tono es realista: se busca que parezca un fragmento de vida real antes que una obra de ficción, con una narración muy elaborada para transmitir la sensación de que no hay demasiada construcción detrás. Hace, como buen thriller psicológico, de la contención una virtud. Va soltando lastre con un cálculo muy medido, de manera que, cuando llega el tramo final – el ya mencionado momento en el que el thriller psicológico se mete abiertamente en el terror -, las tres o cuatro cosas que suceden sorprenden y afectan, no porque sean especialmente salvajes o atroces, sino porque no veías venir ese comportamiento de Evan pero, a la vez, entiendes y te encaja que reaccione así.

Lo mejor: Que es un thriller psicólogico a la antigua usanza pero que no huele a viejo.

Lo peor: Consigue evitar lo previsible del género sólo en apariencia.

The Experiment

Cuestión de poder

the experiment poster

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  • Título original: The Experiment
  • Nacionalidad: USA | Año: 2010
  • Director: Paul Scheur
  • Guión: Paul Scheur, Olivier Hirschiegel
  • Intérpretes: Adrien Brody, Forest Whitaker, Cam Gigandet, Clifton Collins Jr.
  • Argumento: 26 hombres son escogidos como participantes de un estudio psicológico sobre comportamiento humano bajo reclusión extrema. Algunos de los participantes serán carceleros y el resto, los prisioneros. La principal regla es mantener el orden o no cobrarán.

72 |100

Estrellas: 3

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Aviso de posibles y más que probables spoilers a lo largo de la reseña. He intentado destripar lo menos posible, pero no sé hasta qué punto lo he logrado…

Hacer un remake de una película sólo ocho años después de su estreno, me parece excesivo y precipitado, pero teniendo en cuenta el poco gusto de los americanos a las versiones originales y los subtítulos, ya es extraño que el remake de “Das experiment” no hubiera sido un hecho todavía hace menos tiempo.
Confiemos en la “buena voluntad” de los que hacen un remake para publicitar de nuevo la obra original (ejem, ejem…).

The Experiment, recrea “Das Experiment” (2001), que a su vez es una adaptación de la novela “The experiment black-box” de Mario Giordano, quien se inspiró en el famosos experimento de la cárcel de Standford (1971), en el que el profesor Philip Zimbardo encierra a 24 estudiantes en una cárcel simulada para estudiar sus reacciones en determinadas circunstancias de desindividualización. Algunos de los estudiantes serán los carceleros (adquiriendo un rol de poder), y otros los presos (adquiriendo el rol de sumisión). El experimento debió haber tenido una duración de aproximadamente dos semanas, pero tuvo que ser suspendido al sexto día, debido a los graves incidentes ocurridos durante el transcursos de los cinco primeros días. Si os interesa conocer lo que realmente ocurrió, contado por el propio Zimbardo: Experimento Zimbardo.

The Experiment recrea, con buen hacer, los cambios psicológicos que van sufriendo los personajes. Eso es lo que hay que buscar. *El propósito de una película como ésta es hacer partícipe al espectador de las dos caras de la moneda: Por una parte la visión del poder absoluto, nunca antes experimentado por parte de los guardas, que rápidamente ven como característica propia y exclusiva, haciendo valer esa autoridad ante los presos de una forma totalmente humillante y cruel en tan sólo tres días.
Por la otra parte, el espectador empatiza fácilmente con los sujetos a los que les toca el papel de reclusos. El espectador va a vivir con ellos la rabia de la injusticia y la sorpresa de una situación desbordada.*

Se plantean así dos dilemas morales trasladables a cualquier ámbito de nuestra vida diaria:

1- La cuestión de otorgar poder a alguien que claramente no está preparado para manejarlo (supongo que todos, o casi todos, habréis tenido al típico jefe capullo que no sabe resolver ciertas situaciones y que actúa de una manera ilógica sólo para demostrar quién es el que manda…)

2- Cómo la rabia es mucho mas fuerte que la voluntad y que los propios principios (supongo también que todos hemos experimentado esa sensación tremenda de rabia en la que todo nos da igual…).
Estos dos temas son el epicentro de The Experiment. Estos son los temas que conforman el terror absoluto, genuino y real.

Imaginad un mundo aislado donde no hay reglas claras, o donde violar las pocas reglas que hay no implica castigo, donde la ausencia de justicia es un hecho palpable… un mundo donde la despersonalización prima y ayuda al ataque (los presos dejan de tener nombres para ser llamados por sus números. Incluso entre ellos, llegan a referirse unos a los otros como números. Así el ataque es emocionalmente más fácil). Imaginad ese mundo en que la gente no está preparada ni para ser recluso ni para ser guarda. Ese mundo es una auténtica bomba de relojería y precisamente es esa bomba la que mostró “Das Experiment” y la que pretende mostrar The Experiment, y digo pretende, porque, pese a que me gustó bastante, no tiene la desnudez, la crudeza y la oscuridad de la original.
Los personajes están demasiado estereotipados y eso va en detrimento de la película. Como guardas escogen a un hombre de 42 años que sigue viviendo con su autoritaria madre, totalmente sometido a ella, quien le humilla día a día. Eligen también a un chico con problemas de identidad sexual y a un cabeza hueca (entre otros).
Como presos escogen a un hombre sin personalidad y fácilmente manipulable; a otro que no termina de encontrar el rumbo de su vida, pero que precisamente en ese momento acaba de conocer a la mujer que le devuelve la sonrisa; y a un neonazi que se intuye que no es mala persona (entre otros).
Con semejante mezcla de personajes, hacer de “he Experiment algo predecible es dicho y hecho, y ese es su fallo fundamental.

De todos modos, el motor de The Experiment es la tensión; una tensión que se nota desde el mismo instante en que se cierran las celdas.

Con respecto a la labor actoral, destacar a Forest Whitaker(quien me pareció sobreactuado al principio, pero al que luego me terminé creyendo por completo), con una escena para mí ya mítica, que es su magistral expresión frente al espejo al tiempo que tiene una erección cuando saborea el poder de la autoridad por primera vez.
Destaco también a Cam Gigandent, quien me sorprendió gratamente.
A Adrian Brody me lo creí en ocasiones, pero creo que no supo transmitir toda la frustración que implicaba su personaje (Travis), aunque está mejor que en sus últimos trabajos…

La conclusión es que si os interesa ver un pedazo de la ley del más fuerte y desarrollar un poco la teoría de Thomas Hobbes, quien sostenía que “El hombre es un lobo para el hombre”, no os debéis perder The Experiment.
Eso sí, de no haber visto la original (“Das Experiment”), ni lo dudéis, primero visionad la alemana. Si ya la habéis visto y os gustó, este remake está conseguido.

Fue Abraham Lincoln quien dijo: “casi todos podemos soportar la adversidad, pero si queréis probar el carácter de un hombre, dadle poder”… Todo dicho.

Lo mejor: El argumento, la tensión, el momento en que todo cambia y que la realidad del comportamiento humano supera a la ficción

Lo peor: Los personajes son predecibles y lo rápidamente que cambian el chip al finalizar