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Uninhabited

El proyecto de la bruja de la isla

Uninhabited Poster

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  • Título original: Uninhabited
  • Nacionalidad: Australia | Año: 2010
  • Director: Bill Bennett
  • Guión: Bill Bennett
  • Intérpretes: Geraldine Hakewill y Henry James.
  • Argumento: Beth y Harry deciden pasar unos días en una apartada isla de coral. Al poco de estar allí, comienzan a sospechar que no son los únicos habitantes del lugar.

40 |100

Estrellas: 2

Uninhabited Grande

Las historias que se desarrollan en un entorno natural privilegiado son una debilidad. Para mí, es un plus que películas como “The Descent” o “Wolf Creek” sucedan en lugares como cuevas o páramos. A poco que haya un director de fotografía con algo de vista, al margen del valor de la historia y su guión, su visionado se convierte en una auténtica gozada.

“Uninhabited” parece sumarse a este carro. Transcurre en una paradisíaca isla de coral australiana a la que Beth (Geraldine Hakewill) y Harry (Henry James), una joven pareja, acuden a pasar unos días apartados de la ciudad. Sin embargo, como dice el manido argumento de la cinta, pronto empiezan a sospechar que no están solos…

Bien, con este punto de partida, las sorpresas no parecen estar, precisamente, garantizadas. En el arranque, se acumulan uno a uno todos los tópicos a los que estamos acostumbrados: Jackson, el hombre que les lleva en su barco a la isla, les advierte veladamente de algún tipo de peligro; Beth es bióloga marina, y explica al menos en dos ocasiones a Harry qué son los pepinos marinos y lo peligroso que es el pez piedra, por lo que no hace falta ser un lince para darse cuenta de que algo va a pasar con esos dos elementos.

Cuando, por fin, la presencia intrusa comienza a manifestarse, surge el verdadero referente de la película. Y sorprende porque es… “El Proyecto de la Bruja de Blair”, de donde se sablea prácticamente todo: sombras vistas desde el interior de una tienda de campaña, una cabaña en mitad del bosque, voces de niños confundidas con el viento nocturno… incluso hay una videocámara, quizá a modo de descarado homenaje, suponiendo que a estas alturas hiciera falta.

Así, entramos de lleno en la figura del “intruso”, la tercera presencia de la isla. Sin ánimo de revelar nada, aunque no hay un gran secreto detrás, este “intruso” actúa poco y de un modo leve. Asedia a la pareja protagonista sin dar demasiadas pistas de qué quiere de ellos, y su aspecto se oculta convenientemente por planificación. Esto, probablemente, crea un elemento de despiste y una falsa expectativa porque, en el tramo final, cuando descubrimos su rostro… bueno, la decepción es gigante.

La presencia de un par de cazadores furtivos de tiburones alegra un poco la función, siempre dentro de los cánones de la rutina y lo previsible aunque, al final, son sólo una excusa para que haya un par de víctimas más por el camino. Quizás fui yo, que esperaba más de una película con un cartel sugerente y rodada en un entorno paradisíaco, pero ninguno de los dos personajes principales tiene entidad suficiente como para mantener el visionado, ni el director Bill Bennett, también guionista, es capaz de crear un clima lo suficientemente malsano o inquietante como para que el trayecto sea interesante; a este respecto, de hecho, y aunque parezca contradictorio, parece que hay más esfuerzo en que la peli quede “bonita” que en que realmente asuste o altere al espectador.

Pero, si soy sincero, lo que más me molestó, y lo que creo que es realmente un grave problema, es la historia y los motivos de nuestro “intruso”. Como ya se ha mencionado arriba, en medio del bosque hay una cabaña, y en su interior… un libro. Llegado un momento, Beth lo coge y lo lee… y ahí está escrita, sin ningún tipo de pudor, toda la historia pasada y la intención del tercer habitante de la isla. De un plumazo, y de un modo fácil y descarado, se resuelven las pocas incógnitas que encerraba la historia, y se produce un giro en el personaje de Beth bastante increíble.

En fin, poco más puedo mencionar aparte de la pena de por qué, de repente, una película comienza a aparecer por todos lados mientras que otros títulos, sin duda mucho más interesantes y con más valor, parecen condenados a no ver la luz…

Lo mejor: La isla

Lo peor: Es muuuuy floja.

Mother's Day

Amor de madre

Mother's Day

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  • Título original: Mother's Day
  • Nacionalidad: USA | Año: 2010
  • Director: Darren Lynn Bousman
  • Guión: Scott Milam
  • Intérpretes: Rebecca De Mornay, Jaime King, Briana Evigan
  • Argumento: Tres hermanos acaban de cometer un robo. Uno de ellos está malherido, y deciden refugiarse en su antigua casa.

75 |100

Estrellas: 4

Mother's day

Antes de nada liquidemos cuanto antes el asunto del remake. Efectivamente Mother’s Day, penúltima película dirigida por Darren Lynn Bousman (supongo que en estos momentos estará ultimando los detalles de 11-11-11), se ha vendido como el remake del título homónimo dirigido en 1980 por el inefable Charles Kaufman. El Mother’s Day original pasa por ser uno de los buques insignias de la Troma y poseía todos los elementos que hicieron mítica a la productora independiente norteamericana: un presupuesto irrisorio, su habitual crutez visual, humor tosco, sexo guarro, violencia, casquería fina y altas dosis de mala uva.

Pretender que un supuesto remake de Mother’s Day, con ciertas expectativas de llegar a un público más o menos amplio, asumiera incondicionalmente el legado, el espíritu y el estándar de calidad de los entrañables subproductos (dicho con todo el cariño del mundo…) de la Troma; era una posibilidad bastante remota. Al fin y al cabo el panorama cinematográfico actual en los USA está plagado de productoras independientes cuyos productos imitan, de manera intencionada o no, con mayor o menor acierto, el mencionado espíritu de la Troma (The Taint, Black Devil Doll, Stripperland…).

Con todo ello Darren L. Bousman ha tomado un camino distinto y, en realidad, bastante previsible. Se ha apoderado, únicamente, del punto de partida inicial del Mother’s Day tromático (una familia de hermanos criminales y medio tarados liderados por una madre cuyo nivel de psicopatía deja en pañales a sus vástagos) y lo ha utilizado a su antojo con el fin de edificar un thriller duro, violento, no exento de un insano humor negro, y que poco o nada tiene que ver con el Mother’s Day original.

Tres hermanos irrumpen inesperadamente en la que creen que todavía es su casa, huyendo de un accidentado robo del que uno de ellos ha salido mal herido. Lo que ignoran es que la casa ya no les pertenece. Hace apenas unos días la casa fue adquirida por una joven pareja que, junto a un grupo de amigos, se encuentra celebrando una fiesta en el sótano.
Los hermanos toman como rehenes a los habitantes de la casa, mientras que el estado de salud del herido se deteriora rápidamente. La situación se tensa. Surgen los primeros conflictos; y los hermanos deciden llamar a la única persona que puede ayudarles: su mamá.

Empiezo a sentir cierto aprecio por este tipo. Me refiero a Darren L. Bousman, cuyo nombre se ha visto asociado, en no pocas ocasiones, al deterioro de la saga Saw, de la que Darren dirigió la segunda, la tercera y la cuarta entrega. Pero resulta que el bueno de Darren también es el artífice de una pequeña, inesperada, y muy arriesgada joyita titulada Repo! The Genetic Opera; para un servidor motivo más que suficiente para prestar la debida atención a cualquier proyecto que acabe en sus manos.

Y sin duda Mother’s Day, su último trabajo acabado hasta la fecha, se sitúa directametne en el lado positivo de la balanza. Con una materia prima escasa, banal y carente de originalidad - y me estoy refiriendo al argumento de la película – , Darren logra dar con la fórmula ideal para elaborar un thriller endiabladamente divertido que se sustenta en tres elementos básicos que el director norteamericano manipula con absoluta destreza y tremenda eficacia:

1. En primer lugar Darren acierta en la definición de los personajes. En Mother’s Day no hay personajes buenos y personajes malos. El rasgo patológico, desequilibrado, tanto de los cuatro hermanos como - sobretodo – de la madre, auténtica alma mater del clan, resulta más que evidente.

Pero no resulta menos evidente el hecho de que el resto de personajes, presuntamente “los buenos de la película” o “las sufridas víctimas”, son todos ellos (o casi todos… no es bueno generalizar) una pandilla de cabrones dispuestos a traicionar, sin miramiento alguno, a sus supuestos amigos, con el objetivo - siempre loable – de poner a buen recaudo sus preciosos culos.

Aflora, una vez más, lo peor de la condición humana. Y la guinda del pastel la ponen dos putitas con las que uno de los hermanos se cruza en su accidentada excursión al cajero automático más cercano… ¡tronchante!

2. Acierta de nuevo Darren en el tono. El director norteamericano no huye del legado de Saw ni del gore-glam de Repo!, y apuesta en Mother’s Day por una violencia rotundamente explícita, visceral, explosiva y dotada de una buena dosis de humor negro que, sin duda alguna, acaba siendo uno de los rasgos distintivos de la película y también uno de los platos fuertes de este thriller atípico en muchos aspectos. Hay sangre, hay mucha violencia, está muy bien empleada, y resulta divertida y atractiva.

3. Y en tercer y último lugar - aunque no menos importante – , acierta Darren en el casting. La presencia de Rebeca De Mornay en el papel de la madre, viene a corroborar algo que todos aquellos que disfrutamos, hace casi treinta años, de la hoy madurita (a sus 52 años sigue estando estupenda) actriz norteamericana en su recordado rol de niñera desquiciada y psicópata (La mano que mece la cuna, 1992), teníamos muy claro: Rebeca De Mornay ha nacido para ser la mala de la película.
Su interpretación, rebosante de ironía, deambula entre la severidad, el cariño, la protección y la disciplina para con sus hijos; y el sadismo, la crueldad y el ensañamiento hacia todo aquel que ose poner en duda sus decisiones o pretenda dañar, de un modo u otro, a su família. La sola presencia de la De Mornay contribuye a situar Mother’s Day un par de peldaños por encima de los esperado.

Y eso es todo. No se trata de una película genial, ni de una propuesta innovadora o arriesgada. Mother’s Day es, simplemente, un thriller violento, brusco, crispado, burlón y decididamente entretenido; únicamente manchado, una vez más, por un tramo final excesivamente forzado y sin gracia. Recomendada.

Lo mejor: La violencia, el ritmo, su negrísimo sentido del humor y, por supuesto, Rebecca De Mornay

Lo peor: La historia es muy previsible y el final no está a la altura

In Their Sleep

La buena samaritana

In Their Sleep

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  • Título original: Dans Tom Sommeil
  • Nacionalidad: Francia | Año: 2010
  • Director: Caroline du Potet, Éric du Potet
  • Guión: Caroline du Potet, Éric du Potet
  • Intérpretes: Anne Parillaud, Arthur Dupont
  • Argumento: Sarah atropella a un joven de vuelta a casa, y decide llevárselo para curarle las heridas. Pero alguien está persiguiendo al joven, e irrumpe en la casa...

50 |100

Estrellas: 3

In Their Sleep

El porqué se confía de primeras en una persona es un asunto delicado. Quien más y quien menos, tiene un par de personas a su alrededor de las que se ha hecho amigo sin saber muy bien porqué en un primer momento. Sólo después, cuando pasa el tiempo, se es capaz de encarar con relativa sinceridad el motivo por el que uno se abrió al otro. El motivo real, me refiero: qué tipo de impresión o interés fue la que provocó el acercamiento.

Desde luego, no es un tema sencillo. Y montar una película en torno al mismo es complicado. Quizás, requería un poco más de profundidad o inspección psicológica que la que ofrece “In Their Sleep”.

Sarah se ha mudado con su marido y su hijo a una casa en mitad del campo, pero lo que prometía ser el comienzo de una nueva vida, se trunca bruscamente con la muerte del joven. Un año después, Sarah no ha superado la pérdida, y su matrimonio se ha ido al garete. Al borde de la depresión, la enfermera jefe del hospital en el que trabaja le pide que se tome el fin de semana libre. Sarah coge su coche, dispuesta a volver a casa. En medio de la carretera, atropella a Arthur, un joven de edad similar a la de su difunto hijo. Por suerte, Arthur sólo está herido, y Sarah se ofrece a llevarle a su casa para curarle. Sin embargo, el chico acarrea consigo otro peligro: un hombre le persigue para matarle, un ladrón que entró en su casa y a quien Arthur pilló infraganti y le vio la cara.

Este resumen, muy similar al oficial de la película, me parece que pone en la palestra uno de los problemas: lo extraño del punto de partida. Salvo que Sarah se encontrase justo al lado de su casa, que no es el caso, resulta un poco inverosímil que se lleve a un extraño a su hogar para curarle. Por mucho, además, que le recuerde a su hijo. Y vuelvo al párrafo de introducción: la protagonista se mueve marcada por ese trauma y decide volcarse con el chaval al que ha atropellado, pero uno, como espectador, nunca llega a entenderla. Creo que el proceso de ella es lógico, pero no cómo está contado en la película. Apenas hay matices o un mero intento porque se entienda qué ve ella en el joven, más allá del hecho de que su hijo de edad similar falleció un año antes.

Pero la situación está planteada de este modo, y hay que seguir avanzando. En ese momento, irrumpe en la casa el hombre que persigue a Arthur. Debería ser un momento de absoluta tensión, pero…

Por un lado, aunque las escenas de asedio y ataque están bien rodadas, lo cierto es que huele a rutina. A estas alturas, hemos visto momentos más salvajes y terroríficos, y el mismo cine francés, huelga decir ejemplos, nos ha ofrecido, y seguirá haciéndolo, productos que demuestran que con una casa y dos personajes se puede acojonar vivo al personal. El de “In Their Sleep” no es el caso.

Y, sobre todo, que cuando llega el hombre a la casa en busca de Arthur, es TAN EVIDENTE que no nos han contado algo, que la situación no es la que pretenden hacernos creer, que se está más preocupado por descubrir el detalle que revele lo que está pasando realmente que por sufrir por si alguno de nuestros dos protagonistas es agredido.

Poco después, tiene lugar la que seguramente fuera una de las grandes bazas de la película a la hora de venderla: un punto de giro acompañado de un flashback. Cambia el rumbo de la historia radicalmente y se convierte en otra película. Una apuesta arriesgada, cierto, y que siempre es de agradecer. Lo malo es que se lo ve venir, y el impacto pretendido no tiene lugar. De hecho, ojalá esto hubiera sido sólo una trampa, una falsa señal para engañarnos o manipularnos un poco… pero no.

Así las cosas, la segunda mitad de la película se observa con cierta lejanía y desgana. Porque se apoya demasiado en la psique y el trauma de Sarah que, como se ha mencionado al principio, prácticamente no está construido.

A pesar de todo esto, hay cosas apreciables en “In Their Sleep”. El trabajo de Anne Parillaud y Arthur Dupont como Sarah y Arthur es bueno, se esmeran en darle cuerpo y alma a personajes que, lamentablemente, no los tienen. En el apartado técnico, no hay nada que chirríe: la fotografía de Pierre Cottereau es sobria y sugerente, en especial en los momentos nocturnos; los hermanos du Potet, pese a ser su primer largo, se desenvuelven con buen pulso a nivel visual, y es curiosa cuanto menos la música de Éric Neveux, con un leit motiv, quizás, más propio de una peli de marcianos de los cincuenta que de un pschothriller contemporáneo.

“In Their Sleep” es una peli de matices. Si no se los pides, puede satisfacerte y echar un rato entretenido sin más pretensiones. Aún así, pese a que uno se enfrente a ella sin expectativas y dispuesto a no exigirle nada, el problema fundamental es que no consigue que resulte interesante casi nada de lo que cuenta. Y probablemente lo fuera.

Lo mejor: El prólogo.

Lo peor: Lo bien que podía haber estado.

Secuestrados

Marcado el camino a seguir

secuestrados

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  • Título original: Secuestrados
  • Nacionalidad: España | Año: 2011
  • Director: Miguel Ángel Vivas
  • Guión: Miguel Ángel Vivas, Javier García
  • Intérpretes: Manuela Vellés, Fernando Cayo, Dritan Biba
  • Argumento: Una familia de clase acomodada se encuentra de mudanzas en la que será su nuevo y lujoso hogar. Su tranquilidad será interrumpida al ser victimas de un violento secuestro.

70 |100

Estrellas: 4

Secuestrados

Este es el camino. No cabe duda. Desde finales de los noventa, aunque sea con cuentagotas, una serie de talentos locales se están haciendo notar en el panorama del cine de género. No siempre los resultados artísticos y/o comerciales han ido de la mano, pero ya es un paso. Desde el éxito a todos los niveles de Juan Antonio Bayona, Alejandro Amenábar, Jaume Balagueró o Paco Plaza, hasta nombres, esperemos en próximo auge, como Eduardo Chapero Jackson o Paco Cabezas, pasando por oportunidades perdidas, aunque no sin falta de (agradecido) riesgo, como José Luis Alemán, la cantera de nuevos valores empieza a tener notoriedad. Otros han emigrado, como el cada vez más interesante Juan Carlos Fresnadillo o el más irregular Luis Berdejo. Y otros no han trabajado nunca en España, aunque no les va nada mal en Estados Unidos, como es el caso de Jaume Collet-Serra. A todos estos nombres, y algunos que faltan, unamos ahora con fuerza el de Miguel Ángel Vivas.

No cabe duda de que este cambio generacional, esta nueva mina de talentos relacionados con el cine fantástico y el terror, se debe a que los jóvenes directores actuales llevan consigo unas influencias, un recorrido como aficionado, muy diferente al de las llamadas viejas glorias (o, en todo caso, directores veteranos). Esta gente, al fin y al cabo, es como nosotros. No todos, aunque en su mayoría, se nota a la legua que eran y son fans y consumidores compulsivos del cine que nosotros, al menos el que esto suscribe, nos llevamos tragando desde la adolescencia. Ese cine de casas encantadas, de zombies, de psicópatas. Ese Giallo de hace unas décadas, o el Torture Porn actual. Y, en el caso de Miguel Ángel Vivas, casi puedo afirmar que se ha visto unas cuantas de la llamada Nouvelle Horreur Vague, y también de aquel movimiento de violencia hiperrealista y contenido social/auto-critico iniciado, o puesto de moda, por Funny Games (1997).

Digamos entonces que, en cuanto a sus influencias, Miguel Ángel ha hecho los deberes. Ahora bien, ¿ha conseguido captar la potencia y calidad de dichas obras?

Lo primero que sorprende de Secuestrados es su factura. La producción, pese a contar con un presupuesto poco holgado, está a un nivel excelente. Luego, uno queda sorprendido por la valentía con la que Vivas ha elegido mover la cámara y utilizar el montaje. Apenas diez minutos después de la presentación de los personajes, un importante susto nos mete en acción y ésta no se detiene hasta el final. Durante sus ajustados ochenta minutos asistimos a un tour de force de violencia, al contrario de lo esperado, más psicológica que explicita. No quiere decir que no haya imágenes fuertes, que las hay, sino que el peso real de los acontecimientos no es tanto el impacto gore. Aquí entran en juego unas interpretaciones magnificas y muy creíbles, salvo en unos casos puntuales en los que la sobreactuación (algo, a veces, imposible de evitar en el cine español) hace algún estrago. Mención especial en el buen sentido para la prometedora Manuela Vellés, en un papel, el de la hija adolescente, bastante complicado por ser propenso a esa citada sobreactuación, además de contar con numerosos y largos primeros planos.

Pese a que, como apunté, sorprende la labor tras las cámaras y los recursos de montaje, también suponen un arma de doble filo. El problema, en ocasiones, es el exceso en el uso. Da la sensación de que Vivas ha querido llamar la atención más de lo necesario en su labor. Error, por otro lado, típico en proyectos noveles de escuela de cine. Pero no cabe duda que, respecto a su anterior trabajo y opera primera, la floja Reflejos (2002), hay un cambio a mejor. Tanto que, pese a momentos de demasiada reiteración (el uso del montaje de dos acciones simultáneas), quedan otros impecables (cada vez que la acción va directa al grano, como ese seco y paralizante final).

La parte social pone el dedo en la llaga en un tema candente en la sociedad española: los secuestros express. Las nuevas y crecientes mafias organizadas, no pocas veces, como aquí se relata, compuestas en su mayoría por miembros extranjeros (con especial hincapié en la Europa del Este),constituyen un problema grave para el cual que se busca poca o ninguna solución. Cada año sube el número de secuestros violentos y robos a mano armada. Vivas no se ha cortado en la descripción de los personajes, aportando su nacionalidad extranjera (aunque con un cómplice patrio) y llevando la situación hasta sus últimas consecuencias.

Secuestrados, dicen, creó un estado de shock en el último Festival de Sitges. Tampoco hay que crearse expectativas desmesuradas, pero no quepa duda que han conseguido una película potente, cruda, y con capacidad de crear análisis posteriores. Y sobre todo, un cine de género exportable, que puede competir con el de otros nuevos talentos europeos del terror hiperrealista. Así que, sigamos por este camino.

Lo mejor: Factura impecable, dirección y montaje arriesgados y, muchas veces, efectivos, violencia tanto física como psicológica y tensión constante durante ochenta minutos. Manuela Vellés promete.

Lo peor: Cierta reiteración en el uso de trucos de montaje, y algunos actores (el amigo de la hija, el secuestrador español) propensos a la sobreactuación.

F

La educación de la crueldad

F

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  • Título original: F
  • Nacionalidad: Reino Unido | Año: 2010
  • Director: Johannes Roberts
  • Guión: Johannes Roberts
  • Intérpretes: David Schofield, Ruth Gemmel, Eliza Bennet
  • Argumento: Cuando el instituto cierra por la noche y solo unos pocos profesores permanecen dentro con una alumna castigada, es cuando entran un grupo de encapuchados dispuestos a sembrar el terror y la muerte.

88 |100

Estrellas: 5

F

Me gustaría darle las gracias a Don Tancredo por avisarnos de que teníamos “F” ya lista en la imprescindible Gorenation. Chicos, nunca os lo agradeceré lo suficiente…

Permitidme que lo primero de todo os diga que merece la pena tragarse los 100 truños que nos tragamos habitualmente al año con tal de ver una sola película así. Esta película es una maravilla, uno de los descubrimientos más placenteros de los últimos meses (al menos para mí). Es una patada en la boca del estómago, una delicia para los amantes del género, una vuelta a la ilusión perdida…

Manifiesto mi absoluta admiración hacia Johannes Roberts por haberme regalado una pieza como ésta, hasta el punto de poder perdonarle sus títulos anteriores: “Forest of the damned” o “Hellbreeder”.

Dicho esto, debo añadir que se me hace difícil expresar con palabras lo que sentí al ver “F”. Intenté dormir, pero no tuve éxito. Mi cabeza no paraba, tenía el disparador cargado y a punto de soltar toda la rabia.

Allá vamos:
La historia arranca con una triste realidad (no creo en los “basado en hechos reales”, pero sí que se muestra algo que no resulta difícil de creer), se trata de la brutal agresión a un profesor (bueno o malo, eso da igual…) por parte de una adolescente que no estaba de acuerdo con la calificación y el posterior comentario de dicho profesor. Su calificación era una F (nuestro muy deficiente, al menos de cuando yo estudiaba, ahora ya no sé ni a lo que equivale, pero vamos, el 0 de toda la vida).
Tengo que decir que empatizo fácilmente con los teachers de este instituto o de cualquier otro por motivos personales, y es que yo misma fui profesora en un colegio y la paciencia era mi herramienta de trabajo diaria, pero uno nunca sabe cómo acertar… y aunque nunca viví una situación ni remotamente parecida, un año fue suficiente para darme cuenta de que aquello no era lo mío.

Pues bien, al grano, tras la agresión viene el pánico, la paranoia, la desorientación y el pavor. A lo largo de la trama, vemos, o mejor dicho intuimos, pedazos de días de…, pero no se da una explicación de lo que ha sucedido. Tampoco hace falta. Sabemos que la vida del profesor está totalmente rota y condenada al ostracismo… y eso es suficiente.
El tiempo se para, la vida deja de ser vida, la vida deja de estar presente en Robert Anderson, él simplemente la mira de lejos, la ve pasar…*Hasta aquí, drama.*

La incómoda situación como espectadores en la que nos sitúa Johannes Roberts es la de ver unas horas, solo unas horas, que pasan como un tornado, como un tornado sigiloso, uno que no avisa. Comienza el terror.

Un grupo de chicos, de los que no sabemos absolutamente nada, irrumpen en el instituto. Van armados con cuchillos, barras de hierro, enormes llaves inglesas, cutters y muy mala hostia.
La tragedia se desata silenciosa, algo terrorífico, ya que las muertes son de una brutalidad extrema y ni siqueira oímos un solo grito, no vemos una sola carrera (a excepción de Kate, la hija del profesor…), no hay ni una sola lucha por la supervivencia, asistimos a una masacre sin sentido (ninguna lo es, pero aquí,realmente, no hay razón…), a una noche vacía, sádica, cruel, despiadada e incomprensible. Una noche que parece no haber pasado.

Los chicos sin rostro, sin edad y sin motivación, además cuentan con una agilidad asombrosa, que no hace mas que acrecentar la tensión, y TENSIÓN es la palabra clave para definir esta película. Tensión máxima y absoluta. El hecho de que el espectador se sienta indefenso ante esta panda de cafres es la mayor baza de “F”, el hecho de que no haya ninguna referencia en este sentido, hace que el espectador esté desubicado, que sienta rabia hasta la nausea, que sienta la misma tensión que los protagonistas y el sudor bajándole por la espalda.

Como decía, la acción irrumpe sin más en la caótica vida de Robert y en la percepción que de ella tiene su entorno. Pero insisto en que no se especifica nada al respecto, no es un día diferente a otros. Aun así, el dibujo de los personajes es claro, te puedes hacer una imagen definida de la personalidad de cada uno de ellos, de todos, excepto de los encapuchados sin rostro. De éstos NO sabemos quiénes, cuantos y sobre todo, no sabemos porqué, y esa es la escalofriante pregunta que te haces en última instancia, ¿por qué? ¿por qué? ¿por qué?… Podemos pensar mil hipótesis, “F” nos lo permite. De hecho “F” obliga al espectador a actuar. Nos obliga a pensar rápidamente, a indagar y a intentar atar unos cabos que están rotos desde el principio.

El apartado gore, el apartado estrictamente “muertes”, es también un elemento a tener en cuenta, algo que puede no gustar, pero que hay que saber valorar. El hecho de que absolutamente todas las muertes estén fuera de plano, que no se muestren, fue algo que al principio entendí y valoré como negativo. Fue al terminar de ver la película y al comenzar a pensar en ella, una vez que la estaba reposando, cuando me dí cuenta de que fue un gran acierto, de que es otro acto desnudo de esta cruel y nihilista propuesta; que es algo que no se muestra porque así produce más daño, así se sienten más, así duelen… duelen mucho.

Nunca se ve la agresión, pero sí el resultado, el desolador y bizarro resultado y en este punto quiero resaltar la labor de maquillaje, que hace que ejercitemos la imaginación, ya que viendo a cada víctima puedes sufrir a través de ellos e imaginar con exactitud cómo ha sido la tortura y la impotencia.
Los chicos sin rostro cometen atrocidades que no se ven pero que dejan marcas profundas en la mente del espectador, tan profundas como los cortes con los que “se entretienen” en la carne de sus víctimas.

Aunque para mí lo mas terrorífico de todo fue el final, SUPER SPOILER, el no saber porqué ha pasado todo, cual es la motivación, si todo estaba premeditado o si fue espontáneo, y sobre todo el cebarse con el protagonista haciéndole elegir entre salvar a su hija, que sabe que le odiará para siempre, o salvar a su mujer, quien morirá salvajemente (siendo él consciente de la crueldad de la matanza).
Solo deciros que el sonido del motor arrancando al final me heló la sangre, me arrancó la piel a tiras. FIN SUPER SPOILER

Con respecto a las actuaciones, yo destaco a Mr. Anderson, quien refleja el tormento en cada mirada, en cada gesto y cada vez que habla con su perfecto acento británico. La música también es acertadísma, por cierto.

Una propuesta diferente en la forma, fresca y estremecedora. Puede no convencer a todo el mundo por el modo en que está contada, pero desde luego, creo que debería dar que hablar…

Resumiendo, “F” es una película que irrumpe sin más y así lo deja todo. ”F” es una película que no debo recomendar, ”F” es una película que debo obligar a ver.

Lo mejor: Que te deja bloqueado, pero a la vez te hace pensar y, sobre todo, la extrema tensión.

Lo peor: Algunos clichés, perdonables (desde mi punto de vista) y que yo le hubiera dado un poco más de duración.

¿Dónde conseguirla?
Gore Nation: “F” en VOSE.

Red Hill

La venganza de un aborígen maltratado

Red Hill

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  • Título original: Red Hill
  • Nacionalidad: Australia | Año: 2010
  • Director: Patrick Hughes
  • Guión: Patrick Hughes
  • Intérpretes: Ryan Kwanten, Steve Bisley, Tom E. Lewis
  • Argumento: El joven agente de policia Shane Cooper, en su primer día de servicio en Red Hill, deberá hacer frente a la escalada de violencia de un convicto fugado de prisión.

59 |100

Estrellas: 3

Red Hill

Desde la lejana Australia nos llega un debut, el de Patrick Hughes (director, guionista y productor de Red Hill), que transpira aires de viejo western por todos sus poros.

Una pequeña población lejana al mundanal ruido, unos defensores de la ley corruptos, un presidiario fugado que clama venganza y un joven policia obligado por las circunstancias a ejercer de auténtico héroe de la función. Estos son, básicamente, los elementos que maneja Hugues para edificar un debut cinematográfico del que así, de buenas a primeras, sorprende por una razón: Red Hill es una película visualmente hermosa, digna de ser contemplada.

El joven agente de policia Shane Cooper llega a su nuevo destino, Red Hill, acompañado de su mujer, que está a punto de dar a luz al primer hijo de ambos. El primer día de Cooper en el servicio será inolvidable. Un peligroso criminal aborígen escapado de prisión que responde al nombre de Jimmy Conner ha regresado a Red Hill. Silencioso, despiadado y con una puntería prácticamente infalible, Jimmy Conner parece dispuesto a no dejar títere con cabeza en Red Hill. ¿Sus motivaciones? Le corresponde a Cooper, el recién llegado, averiguarlas.

A medio camino entre el thriller, el western crepuscular de Sam Peckimpah y los personajes vengativos de Clint Eastwood (las similitudes con Infierno de Cobardes, dirigida y protagonizada por Eastwood, son evidentes en la presencia de un Jimmy Conner cargado de cierta aura mística e incluso sobrenatural); Red Hill es, ante todo, un ejercicio de estilo cuyo objetivo fundamental es el de recuperar el sabor, la textura y la banda sonora del western adaptándolo a una historia de evidente corte clásico pero ambientada en la actualidad.

Desde un punto de vista meramente formal Red Hill es un ejercicio de estilo impecable. La película de Hughes no solo es capaz transmitir todo el sabor del western en una historia que hace auténtica apología de la venganza (una situación muy ligada al género y que tiene en Sin Perdón, nuevamente de Eastwood, una de sus piezas cumbre), si no que además logra destacar como un producto ciertamente atractivo, a simple vista, gracias a su excelente fotografía, su cuidada banda sonora y a unas correctísimas interpretaciones por parte de todos los actores implicados.

El director australiano tiene el enorme acierto – y mérito – de dar siempre con la atmósfera adecuada para su relato, tanto cuando la acción sucede a plena luz del día y los vastos paisajes australianos toman su habitual protagonismo; como cuando el impacable Jimmy Corner busca la oscuridad opresiva de las calles de Red Hill para perpretar su salvaje vendetta (instantes de una violencia seca, contundente y en los que Cooner deviene una especie de asesino deforme e implacable dotado de una resistencia prácticamente inhumana. Son también los instantes en los que Red Hill se acerca al género terrorífico puro y duro).

Pero pese a todas las virtudes que atesora Red Hill a lo largo de su metraje, hay algo que falla. Algo que le impide convertirse finalmente en la película imprescindible que debería haber sido. Le falta pegada. La historia que nos cuenta Red Hill se fundamenta en una sucesión de lugares comunes que Hughes sabe integrar en un envoltorio de gran belleza pero que, a fin de cuentas, nos deja esa incómoda sensación de que lo que estamos viendo ya lo hemos visto antes… en incontables ocasiones. El western es un género estricto, en el que los lugares comunes son prácticamente inevitables, incluso necesarios. Pero de la mezcla, a priori atrevida, de western moderno, thriller y película de venganzas; un servidor auguraba (o al menos mantenía viva la esperanza de que así fuera) un resultado más atrevido, más singular… menos trillado.

El trayecto de Red Hill es el de una línea recta, sin socavones, sin desniveles, sin sobresaltos, sin curvas peligrosas… Sabes lo que va a ocurrir en cada momento porque, sencillamente, conoces la historia. Y todo ello hasta el punto de que cuando Patrick Hughes se decide a mostrarnos, en un flashback en blanco y negro, el pasado de Jimmy Conner y, por extensión, las motivaciones que le empujaron a cometer las salvajadas que comete, nos damos cuenta de que no es necesario. Que está de más. Lo que nos cuenta dicho flashback ya lo sabíamos prácticamente desde el primer instante en el que Jimmy Conner aparece en pantalla.

La frontera entre buenos y malos es demasiado clara, demasiado evidente; lo que provoca que no haya espacio para la sorpresa y que cada personaje se comporte y reaccione exactamente de la manera que se le presupone.

Pero en cualquier caso no debemos perder de vista el horizonte. Red Hill es el prometedor debut de un director al que a partir de ahora habrá que seguirle los pasos muy de cerca. Una película violenta, áspera, visualmente atractiva, y un auténtico caramelo para todos aquellos que seais aficionados al western. Lástima que el resultado final venga lastrado por un desarrollo previsible en exceso.

Lo mejor: Se trata de un interesantísimo neowestern con un acabado ciertamente destacable.

Lo peor: Transita demasiados lugares comunes reduciendo la capacidad de sorpresa al mínimo.

7 Days

Por mi hija ¿mato?

7 days

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  • Título original: Les 7 jours du talion
  • Nacionalidad: Canadá | Año: 2010
  • Director: Daniel Grou
  • Guión: Patrick Senécal
  • Intérpretes: Claude Legault, Rémy Girard, Martin Dubreuil
  • Argumento: Bruno Hamel es un doctor que vive junto a su esposa y su hija de 8 años, Jasmine. Un día la niña aparece en un bosque muerta con signos de violación. Cuando detienen al sospechoso, Bruno planea su secuestro y se encierra con él en una cabaña.

70 |100

Estrellas: 4

7 days

Siete días para darle forma al mundo y un segundo, una escena, una sola imagen, para destruirlo. El cuerpo pálido, sucio y apaleado de una pequeña de 8 años, tu hija. El terror es multiforme, solemos asociarlo a amenazas externas que provienen de lo desconocido, pero el miedo, el horror, está tan cerca que podemos sentir su respiración en nuestras narices. No hay nada más horrible que el sufrimiento y la muerte de un ser querido. ¿Qué opciones le quedan a un padre que se estampa ante el retrato de su pequeña brutalmente violada y asesinada?

Los guionistas del cine de terror tienden a empatizar con el número siete. “Si ves esta cinta de vídeo, morirás a los siete días”. “Siete son los pecados capitales”. Siete, un número mágico, místico. Un año menos que la edad de Jasmine en su muerte. Los días que faltan para su cumpleaños. 168 horas en las que Bruno Hamel (y nosotros con él) pretende torturar y asesinar al hombre que mató a su hija y con ella se llevó su vida, su estabilidad y su cordura.

No voy a tardar más en decirlo, Les 7 jours du talion no es una película gore, no es un ‘torture porn’ gratuito y ni siquiera es una película de terror al uso. 7 Days nace del horror y de la violencia, se apoya en ella para explicar su historia, pero en definitiva no es más que un drama que ahonda en lo más profundo de la naturaleza humana, la más primitiva, la que agarra por los huevos y te dice: “¿Y tú qué harías en mi lugar?”

Craso error el equiparar esta cinta con lo visto en Saw y Hostel, de ahí surgen los rostros de decepción de los hematofílicos. Puede que se hallen en la misma cuerda, pero lo hacen en extremos totalmente opuestos. Las dos primeras hacen de la tortura un espectáculo del mismo modo que Tarantino viste la violencia con complementos y colorines, mientras que Daniel Grou ofrece en 7 Days una propuesta que encaja mejor en el cine de autor del Antichrist de Von Trier (culpabilidad) o el descubrimiento de Ellen Page en Hard Candy (venganza). Un film que huye de la explotación de la sangre por la sangre, las escenas desagradables de tortura física (que las hay) se pueden contar con los dedos de una mano. En cambio, apuesta por el desgaste psicológico del protagonista, un padre que inicia una búsqueda desesperada de liberación mediante la tortura y que acaba cediendo a un paulatino descenso al infierno a medida que se va dando cuenta de que la redención es imposible, que el vacío de su alma es cada vez más grande y que nada de lo que le haga al asesino de su hija (Anthony Lemaire) podrá calmar su dolor. Claro y conciso mensaje el de Daniel Grou.

La venganza es un tema muy recurrente en la historia del cine, quizás porque es un sentimiento que va intrínseco al ser humano, del que es tan difícil desprenderse como llevarlo a cabo. ¿Cuántas veces hemos pensado en las barbaridades que le haríamos a pedófilos, maltratadores o asesinos? Pero si nos encontráramos realmente en la situación, ¿seríamos capaces? Eso es lo que nos plantea el guión de Patrick Senécal, basado en una novela del mismo autor, y notablemente dirigido por Daniel Grou. Enfrentarnos a 7 Days es aceptar un reto y obligarnos a nosotros mismos a posicionarnos ante un dilema moral, sufrir con la víctima o aplaudir al verdugo. Dos caras de la misma moneda que acaban fundiéndose en una misma persona. Llega un punto extraño en el que dejamos de odiar al pedófilo y empezamos a sentir lástima por él. Cuando intento buscar el porqué solo puedo agarrarme al extremo realismo de la película y a la deshumanización del padre convertido ahora en lo que intenta destruir. Un hombre que inicia un plan frío, calculado al milímetro (véase la escena del localizador de llamadas) pero se va desinflando a medida que las torturas aumentan de crueldad pero le acercan al abismo, y la visceralidad da paso a la decepción.

Paralelamente al encierro del pedófilo y el padre de la niña asesinada, la película muestra el desarrollo de la investigación policial y el seguimiento del secuestro en los medios de comunicación, dos líneas que funcionan de contrapunto a la tensión claustrofóbica de la tortura, del mismo modo que lo hacen la racionalidad de su mujer y un detective (totalmente innecesario) que va de colega porque vivió una experiencia parecida a la suya. El propio protagonista observa el boom mediático por la televisión y asiste apático a un vertido de opiniones de la calle que apoyan su decisión y le animan a seguir adelante. Un reflejo de la hipocresía de nuestra sociedad, mucho ruido y pocas nueces. De todas ellas, llama especialmente su atención la de la madre de otra víctima de Lemaire, una mujer que optó por superar su pérdida ignorando la figura del asesino, desechando la rabia, la impotencia y las ansias de venganza a favor del olvido. Es en este punto cuando asistimos al clímax de autodestrucción de Hamel, que obliga a la mujer a enfrentarse a la imagen, ya deteriorada tras días de tortura, del asesino de su hija. La fuerza a recordar, a volver a sufrir, a recuperar aquello que lleva tiempo queriendo olvidar. La desesperación y la soledad del padre es tal que no le basta con caer solo, necesita llevarse a los demás con él.

Es un viaje lento, de planos fijos, eternos, cargado de silencios que invitan a la reflexión, con una fotografía bella pero melancólica que va muy acorde a la historia que nos cuenta. Claude Legault (Humel) y Martin Dubreuil (Lemaire) encarnan con notable habilidad a la pareja protagonista y reflejan con un realismo apabullante el dolor físico y psicológico sin apenas dar uso a la palabra. Aunque en mi opinión es justamente ahí donde reside el fallo de la película. Se entretiene tanto en el derrumbamiento interno del padre que deja de lado la relación entre torturador y asesino. Podría haber sido un duelo dramático elevadísimo, un desnudo absoluto de personalidades enfrontadas por un crimen atroz, héroe y villano encerrados en un mismo lugar en desigualdad de condiciones, un asesino de niños sin nada a lo que aferrarse que no sea su condición humana… Daniel Grou diseña una puesta en escena perfecta y decide no sacarle jugo.

7 Days es además de todo lo contado hasta ahora, una gran patada en la boca a la ineficacia de la justicia. Que un hombre de clase media, sin antecedentes ni contactos con la mafia, pueda secuestrar con tanta facilidad a un sospechoso escoltado por la policía y llevar a cabo la justicia por su cuenta es un ¡ZAS, EN TODA LA BOCA! a nuestro sistema penal. Bastante revelador, ya que todos sabemos que en un máximo de 20 años el detenido estaría de patitas en la calle nuevamente. No quiero justificar ni posicionarme aquí y ahora con la decisión del protagonista de esta historia, me resulta demasiado complicado, pero sí creo que es un toque de atención más que necesario.

Me consta que hay mucha gente insatisfecha con el final, pero os puedo asegurar que es el desenlace más conciso y coherente que he visto en mucho tiempo.

Lo mejor: El intercambio de frases entre detective y protagonista en la última escena.

Lo peor: Que no profundice más en la relación víctima-asesino.

Hush

¡¡¡Siga a ese camión!!!

Hush

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  • Título original: Hush
  • Nacionalidad: Gran Bretaña | Año: 2009
  • Director: Mark Tonderai
  • Guión: Mark Tonderai
  • Intérpretes: William Ash, Christine Bottomley.
  • Argumento: Una historia de suspense que tiene como protagonista a Zakes, un conductor asediado y perseguido por un enigmático camión...

70 |100

Estrellas: 4

Hush

“Hush” me la recomendó un amigo durante una conversación en la que hablábamos sobre las películas que los americanos llaman “de bajo concepto”: historias nada originales y que, probablemente, nunca pasen a la historia del cine. Sin embargo, los dos estábamos de acuerdo en que hay bastantes “low concept” que tienen mucho encanto y cuyo visionado es muy agradecido y casi obligatorio, a pesar de todo (las dos partes de “Cold Prey”, “Alta Tensión”). “Hush” es, sin duda alguna, una de esas películas sin un historión pero con suficiente encanto como para recomendarla.

Ya desde el resumen, uno se da cuenta de que no va a encontrar –casi- nada original en ella: un joven, Zakes, entra en un peligroso juego del gato y el ratón con el conductor de un enigmático camión. Obviamente, vienen a la cabeza títulos como “El Diablo Sobre Ruedas” o “Nunca Juegues con Extraños”(y con mucha más justicia otro más que es mejor no decir para no desvelar demasiado).

Sin embargo, en el argumento han empleado sus buenas energías para que, dentro de lo previsible, la manera en la que nos presentan los hechos nos sorprenda: Zakes (William Ash) conduce de noche junto a su novia Beth (Christine Bottomley). Él trabaja colocando afiches en las áreas de servicio, de manera que va parando cada dos por tres para hacer su labor, que luego fotografía a modo de prueba para sus jefes. La relación con Beth no está en su mejor momento y, tras una discusión, ella se queda dormida. Zakes sigue conduciendo. Un camión les adelanta. La persiana del tráiler está semi abierta y Zakes puede ver –o cree ver- a una chica desnuda en el interior del remolque pidiendo auxilio. Primer punto: creo que es bastante impactante y novedosa esta manera de introducir el tema.

A continuación, Zakes despierta a Beth y le cuenta lo que cree haber visto. El azar se pone de su lado y, en un atasco, el camión de marras está junto ante ellos. Zakes baja e intenta abrir la persiana para cerciorarse, pero no puede subirla más de unos centímetros. Acojonado, coge su cámara de fotos, la mete en el interior y dispara… Una segunda gran escena de tensión y suspense, con pocos elementos – Zakes, cámara de fotos, un interior en el que no sabemos lo que hay, y el retrovisor del camión, que Zakes vigila constantemente para ver si el conductor le está viendo o no – .

Hasta aquí, los detalles concretos del argumento. Como se ha señalado, nunca ocurrirá nada que no podamos prever, pero es cierto que sucede de un modo curioso. “Hush” tiene esa virtud que es que consigue sorprenderte cada quince o veinte minutos con un nuevo giro. Algunos son más afortunados que otros, pero se agradece, y mucho, el esfuerzo puesto para conseguirlo…

…de hecho, esta es, quizás, la parte menos acertada de la película: los personajes llegan a conclusiones demasiado rápido, y abren puertas, hacen puentes a vehículos y sortean problemas la mayoría de las veces con demasiada facilidad. Es verdad que, si te está gustando la película, como fue mi caso, el asunto se limita a una mueca y un “bueeeeeno”, pero imagino que puede ser irritante para alguien que vaya buscando más. Hay que mencionar, a este respecto, que “Hush” tampoco engaña en ningún momento, y da exactamente lo que promete: suspense, un par de sustos, y tensión. Buscar más, quizás, es un error por parte del espectador.

Prácticamente, todo es correcto en esta producción: los dos actores principales están bien, el guión funciona – a pesar de los peros mencionados – y la dirección del debutante Mark Tonderai – también guionista – es acertada aunque, también abuse en determinados momentos de algunas trampas (tipo planos cerrados para que no veamos que el personaje no está donde pensábamos que estaba en la escena anterior y así solucionar con más facilidad algunos encierros). Por el contrario, dedica el tiempo necesario para crear la relación entre Zakes y Beth, que entendamos qué es lo que falla, que comprendamos a la chica y veamos que él no es precisamente un tío perfecto –incluso odioso, en algunos tramos del arranque de la cinta-, pero también le comprendemos y nos ponemos de su lado sin dudarlo cuando es necesario. Desde mi punto de vista, *son este tipo de detalles, aparentemente secundarios, los que convierten a una película del montón en una película con encanto. Y a un director en alguien a quien me apetece seguirle la pista: en teoría, Mark Tonderai está terminando otra peli de terror, “House at the End of the Street”, protagonizada por Elisabeht Shue.

Aparte, me gustaría señalar que la película es una producción de las que, tal día como hoy, son ya dos de mis productoras favoritas: Film 4 y Warp X.
Film 4 es la filiar cinematográfica de Channel 4 y, al igual que su madre televisiva, suele mimar, y mucho, los proyectos en los que se involucra. De ella han salido títulos como “Dead Man’s Shoes” (Shane Meadows, 2004), “Donkey Punch” (Ollie Blackburn, 2008), “Slumdog Millionaire” (Danny Boyle, 2008) o esta misma, y para mí son ejemplos válidos de cómo conseguir productos apañados y con una envolutra atractiva para la gente joven no necesariamente adolescente. Por otro lado, Warp X es la división cinematográfica de Warp, discográfica especializada en electrónica, y también colaboró en “Donkey Punch”, probablemente en la selección musical de la banda sonora. La música de “Hush” es una más que interesante partitura de electrónica entre ambiental e IDM obra de Theo Green. Imposible encontrar nada suyo editado –esperemos que sea cuestión de tiempo-, este hombre es también el compositor del score de “Dread” (Anthony DiBlasi, 2009), otra estimable película con música del mismo corte que esta. En los créditos finales, para colmo, suena “Live with Me” de Massive Attack. Musicalmente, no creo que pueda pedir más a una película.

Lo mejor: El mimo que han puesto en la producción y en el guión.

Lo peor: Apenas hay nada original en ella.