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The Ward

Un regreso a medio gas

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  • Título original: The Ward
  • Nacionalidad: USA | Año: 2010
  • Director: John Carpenter
  • Guión: Michael Rasmussen, Shawn Rasmussen
  • Intérpretes: Amber Heard, Jared Harris, Danielle Panabaker
  • Argumento: 1966, Kristen ha sido internada en un psiquiátrico y no recuerda por qué. Poco a poco va descubriendo qué oculta su cerebro. Pero... ¿será más horrible que el ser que vaga por los pasillos matando a las internas antes de que consigan su alta?

65 |100

Estrellas: 3

The_Ward_Grande

Nueve años son muchos años. Sobre todo si estamos hablando de la ausencia de un maestro responsable de obras como La noche de Halloween, La Cosa, 1997: Rescate en NY ó la magistral En la boca del miedo. Estamos hablando de John Carpenter, ese genial director de más de sesenta años (dato en absoluto baladí), que desde la infravalorada Fantasmas de Marte (2001) se había sumergido en un silencio obligado por las enfermedades y un mercado, el del cine fantástico, que mira con lupa y excesivo criticismo las obras modernas de determinados autores consagrados.
Bueno, el citado silencio no ha sido absoluto; habiendo podido disfrutar de dos capítulos de la serie Maestros del Horror muy desiguales: El genial Cigarette Burns y el flojito Pro-Life.
Sin embargo, todos sus fans (entre los que me encuentro) llevabamos esperando con ansia el retorno a la gran pantalla de uno de los creadores más memorables del cine fantástico. ¿Ó alguno es capaz de negar qué Carpenter se encuentra entre los veinte mejores directores de cine de género? De acuerdo, quizás no tanto por su técnica como por su constancia, cariño para con los aficionados y los argumentos siempre interesantes de sus películas; pero es más de lo que podemos decir de figuras encumbradas en taquilla como James Cameron ó George Lucas.

Bien, pues el retorno ya está aquí; y no exento de polémica, opiniones enfrentadas y unas críticas, a mi juicio, excesivamente duras. Y este regreso, se trata de un thriller de tintes sobrenaturales, llamado The Ward; el cual tuve el placer de poder verlo en la actual edición del festival de Sitges rodeado de buenos amigos, fuerte olor a humanidad y grititos de expectación. El ambiente idóneo de un festival, vamos.

Corre el año 1966, Kristen Amber Heard es internada en un tenebroso psiquiátrico por incendiar una granja. Confundida, atormentada por difusos recuerdos ominosos y sin saber muy bien como ha llegado hasta esa situación, se ve retenida en contra de su voluntad y bajo un tratamiento de choque bastante severo para los cánones actuales. En el ala donde está internada, otras cuatro chicas son su única compañía frente a la dura actitud de las enfermeras y camilleros.

Al poco de llegar, Kristen empieza a intuir que algo no anda muy bien. Sus compañeras están aterrorizadas por algo que ronda de noche entre los pasillos de la institución. Condenadas a ser tomadas por locas, las chicas intentan ignorar la amenaza que poco a poco las va cazando antes de que puedan recibir el alta médica. Sin ayuda ni respeto por parte de los empleados del psiquiátrico, Kristen se ve avocada a desentrañar un misterio que atenta contra su propia vida y la de, las ahora, sus amigas.

The Ward no presenta argumental una historia novedosa, ni siquiera potente. El misterio en el manicomio, la lucha entre internos y sanitarios; el horror a verse atrapado en un edificio con algo peligroso sin que nadie te crea, es una trama que el mismo Carpenter ha usado con profusión e incluso otros autores han querido manejar dándole cierta vuelta de tuerca, como en el caso de la entrañable Bubba Ho-Tep de Don Coscarelli. Este es el primer handicap con el que se enfrenta Carpenter, y no es que el guión lo resuelva en modo alguno, usando giros, sorpresas, personajes brillantes u otros recursos. Entonces, ¿es recomendable esta película? Ante tan retorcida pregunta solo queda fijarnos en lo más importante de una producción terrorífica: Su guión, ambientación y actuaciones.

El libreto de los desconocidos hermanos Rasmussen (este es su primer trabajo de “peso”) se dedica a cimentar la película sobre situaciones manidas, personajes arquetípicos y sustos fáciles. No obstante, esta acumulación de escenas poco sorprendentes y originales no tiene una lectura tan sencilla e inmediata. Digamos que la saña e inquina de algunos “críticos” se ha dejado llevar por una primera impresión, a todas luces, desproporcionada.
Claramente, nos encontramos con una cinta que busca un enfoque clásico del cine de sustos; un equivalente moderno a los relatos de fantasmas de M.R. James. He podido leer que la historia de Kristen y sus compañeras resulta aburrida dada la falta de originalidad argumental, así como los sustos tontorrones que se repiten sin cesar, haciendo uso del aumento de volumen repentino. Bien, ¡así era el cine de terror hace treinta años! Y sigue siendo superior a más de la mitad de producciones de este nuevo siglo. Es como si los responsables del proyecto, se hubiesen tomado la vuelta detrás de las cámaras de Carpenter como una necesaria vuelta a su cine más característico. Muy recomendable me parece visionar La Noche de Halloween después de ver The Ward, los paralelismos formales asustarán a más de uno.
Además el argumento no es tan malo, funciona lo suficiente como para no perder el interés durante la escasa hora y medía de metraje; con que la presencia fantasmal hubiese tenido algo más de carisma ó enjundia todo hubiese tenido una repercusión más positiva.
Puede que sea un trabajo de encargo, pero lo veo igual de resultón que Vampiros (1998), la cual no fue tan vilipendiada.

Visualmente observamos rápidamente que la ambientación sesentera tiene un único propósito. Predisponer al espectador, ponerlo sobre aviso de que no va a ver una película “actual”. Con un ligero esfuerzo de fe, podríamos creer que estamos ante una producción de los setenta ambientada en los sesenta. Algo parecido (con cambio de décadas por medio) a The House of The Devil de Ty West, pero con mayor acierto (y presupuesto). Aquí ya tenemos el primer elemento diferenciador; el toque de estilo de un maestro: donde directores más jóvenes tropiezan, John Carpenter acierta de pleno. Sin efectismos pero con sobrada efectividad, nos vemos trasladados a una época, los años sesenta, con una veracidad increíble para los escasos recursos utilizados. Todo con un ritmo profesional que agudiza la sensación retro…
La ambientación nocturna, los viejos pasillos iluminados perfectamente (el uso de la iluminación y la fotografía es digno de estudio en escuelas de imagen y sonido), los enfoques exteriores de la arquitectura del siniestro manicomio, el vestuario datado… todo eso y poco más, nos sitúa en una década donde el cine era diferente; predecible en el siglo XXI pero dotado de una magia que todavía no se ha podido igualar, salvo en contadas ocasiones, en estos últimos años de paupérrimo género fantástico.
Lamentablemente, reconozco que esta atmósfera insana y misteriosa que se respira, está al servicio de este engaño cinematográfico y nada más; dejando al guión bastante desangelado en cuanto a desarrollo e interés, por eso de ver lo mismo en pantalla una y otra vez.
Quizás el exceso de sobresaltos debería haber sido controlado, más de uno saldrá aborrecido al comprobar como la “presencia” ó “fantasma” actúa siempre cuando uno espera y además en las ubicaciones más artificialmente preparadas que he visto en mucho tiempo… pero, insisto, no os engañéis; es algo premeditado…

Las actuaciones están a buen nivel, algo maniatadas debido a los personajes bidimensionales que pueblan el psiquiátrico. Sin embargo, volvemos a la intencionalidad… actores, como el televisivo Jared Harris, demuestran una solvencia sobrada bajo una dirección artística que se hace notar por la contención (muy de los setenta) en los diálogos. Amber Heard, buena amiga de Almas Oscuras debido a su papel en Todos los chicos aman a Mandy Lane y a uno de los cameos más divertidos de Zombieland, se destapa como una heroína de tomo y lomo, abandonando sus papeles más sexys para mostrar que es una buena apuesta de futuro dentro del género de terror. No se trata de una actuación deslumbrante, todavía le queda mucho para dominar la actuación a través de la expresividad facial, pero ese acercamiento al prototipo de Sarah Connor hace que gane como actriz; aunque no se la vea tan guapa como en otros trabajos… de hecho, aún puedo recordar los comentarios lascivos sobre ella que hacia un tipo sentado a mi derecha, y es que Amber destapa pasiones allí por donde pasa…
También me parece que los clichés en cuanto a personajes estereotipados (la loca que está como una cabra, la loca seductora, la loca mimosa y la loca intelectual) responden a ese deseo de llamar la atención sobre un estilo anticuado pero valido. Es más, mientras en otras cintas estos estereotipos se usan con torpeza, aquí están bien integrados en la trama, siendo parte esencial de la misma. Y es que a pesar de la superficialidad general, la cinta deja los cabos atados y bien atados, pese a la sensación de que se ha jugado con nuestra mente como en otros títulos que no nombraré para evitar destripes innecesarios. Baste decir que cerrar tan herméticamente un guión tampoco suele ser el estilo actual y en ese aspecto el film gana enteros.

Y aquí es cuando me gustaría volver finalmente al quid de la cuestión: ¿Es una buena película? Recomendar ó no The Ward es complicado, uno tiene que dejar de lado su amor por el cine de Carpenter y reconocer que la propuesta se queda medio gas; precisamente porque al ser un fanático de las películas de este cineasta, uno tiene este tipo de cine, el de las apariciones fantasmagóricas fuera de plano, muy trillado. Hay que aceptar que estas películas como homenaje a una época ya superada saben a poco en los tiempos que corren; sin embargo, superada la primera impresión de producto para encefalogramas planos, podemos disfrutar The Ward por su sabor añejo, unos planos interiores ejemplares y un amor al terror que yo no veo muy a menudo.

Otros dicen que a Carpenter siempre se le puede pedir más. Pero, ¿tú qué le pedirías a tu abuelo de setenta y dos años? “¡Súbete al andamio abuelo!” Un poco de perspectiva antes de despellejar, por favor. La película no es un hito en la carrera de este director, pero tampoco me parece el tropiezo que otros quieren ver. Si que me gustaría ver una cinta dirigida por él, escrita por él y musicada por él… pero veo injusto tirar a la basura una película porque mis deseos particulares no se plasmen en pantalla, una cosa es ser exigente y otra ser cáustico gratuitamente.

En definitiva, en una cartelera plagada de remakes, de cintas alejadas del verdadero cine terrorífico y de grandes presupuestos vacíos de contenido; el retorno de un genio a medio gas sigue pateando culos a Eli Roth, Robert Rodríguez y otros pseudo-sofistas del fantástico.

Lo mejor: El uso de la escenografía, cámara y efectos de luz; la guapa Amber Heard... y diablos!!! La vuelta de un auténtico maestro del horror siempre debe ser bienvenida

Lo peor: Lo manido de todos los elementos arguméntales, el uso de sustos fáciles y saber que John Carpenter podría haber dejado una mayor impronta personal, en este proyecto

Buried

Torrente de adrenalina en el interior de un ataúd

Buried (enterrado)

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  • Título original: Buried
  • Nacionalidad: España | Año: 2010
  • Director: Rodrigo Cortés
  • Guión: Chris Sparling
  • Intérpretes: Ryan Reynolds, Robert Paterson, Stephen Tobolowsky
  • Argumento: Paul Conroy, tras sufrir en Irak el ataque de un grupo de insurrectos, despierta enterrado bajo tierra en el interior de un ataúd.

90 |100

Estrellas: 5

Buried (enterrado)

Brillante, hipnotizadora, apasionante… no, no son palabras mías. En realidad son sólo una muestra de algunos de los calificativos que la crítica internacional le ha brindado a Buried (Enterrado), un thriller claustrofóbico dirigido por el español Rodrigo Cortés (El Concursante, 2007), con guión de Chris Sparling (se especula con que su libreto pueda estar presente en la carrera de los oscars), y con el protagonismo absoluto de un actor norteamericano de postín como es Ryan Reynolds (Terror en Amytville, 2005), en la que es, sin duda alguna y hasta la fecha, la mejor interpretación de su carrera.

Paul Conroy es un contratista civil norteamericano que presta servicios en territorio iraquí. Tras un terrible suceso que no conviene desvelar, Paul Conroy despierta en el interior de un ataúd de madera enterrado bajo tierra. Sus únicos aliados para salir con vida del ataúd serán un mechero y un teléfono móvil con escasa reserva de batería.

Brillante, hipnotizadora, apasionante… sí, ahora sí son mis palabras. Y para evitar ser acusado de plagio, ahí van unos cuantos adjetivos de mi propia cosecha: arriesgada, intensa, sorprendente, arrebatadora.
Buried (Enterrado) no tiene trampa ni cartón. Es tal y cómo nos la vendieron. Un tipo en el interior de un ataúd con 90 minutos por delante para lograr salir de él con vida. Una única localización, una única presencia física, la de Paul Conroy. Al resto de protagonistas únicamente les oímos la voz a través del teléfono móvil.

Las suspicacias que puede despertar un proyecto de estas características son innumerables (y lo digo por propia experiencia): que si su argumento da, cómo mucho, para un cortometraje; que aguantar durante 90 minutos a un único personaje en pantalla puede resultar una experiencia insufrible; que será prácticamente imposible mantener un buen ritmo debido a las propias restricciones de la trama y la puesta en escena… Olvidadlo. Olvidadlo todo. Olvidad cualquier idea preconcevida sobre Buried (Enterrado) que pueda llevaros a albergar dudas o recelos hacia la, por otro lado, arriesgadísima propuesta de Rodrigo Cortés.

El director gallego supera con creces todas las evidentes autolimitaciones de Buried para ofrecernos un thriller intenso, dinámico, emocionante y, en definitiva, un espectáculo cinematográfico puro y, sobre todo, inusual, susceptible de ser reivindicado, desde ya, como una de las mejores películas del año.

¿Y cómo consigue Cortés que una trama y una puesta en escena tan aparentemente minúsculas, anecdóticas, rígidas; devengan finalemente una experiencia dinámica capaz de mantener al espectador en un estado de constante tensión?

Por un lado el director rompe esa previsible rigidez y estabilidad que pudieran proporcionarle las cuatro paredes del ataúd utilizando su cámara con la energía y el ritmo adecuados para cada situación. Utiliza largos travellings que recorren el habitáculo de punta a punta para acentuar las situaciones de suspense. Una grúa nos aleja de la acción si se impone un mínimo respiro para el espectador. La cámara en mano y el montaje enérgico se dan cita en aquellos momentos en que la película ofrece acción y tensión en grandes dosis (ver al respecto la espectacular secuencia en la que el protagonista recibe la terrorífica visita de un indeseable compañero de viaje. Un magistral ejemplo de suspense resuelto con una potente inyección de adrenalina). En definitiva, Rodrigo Cortés nos obsequia con una inesperada (se trata de su segundo largometraje) lección magistral sobre como superar las limitaciones de un espacio y una historia minimalistas a través de una excelente concepción y uso del lenguaje cinematográfico.

En Buried (Enterrado) ocurren cosas constantemente, y Rodrigo Cortés sabe perfectamente qué ritmo debe otorgarle a cada uno de los acontecimientos que se suceden. Lograrlo supongo que fue todo un reto para el director, y de la posibilidad de sacar adelante dicho reto dependía en gran medida el éxito de Buried (Enterrado).

Pero Buried (Enterrado) no es tan sólo un prodigio de realización y montaje. Cuando abandonamos el terreno puramente formal (aunque en Buried es imposible desprenderse, defintivamente, de lo formal) para adentrarnos en su historia, nos damos cuenta de que su guión es un mecanismo de relojería suiza que consigue, en todo momento, el que supongo que fue el objetivo prioritario de Chris Sparling, su autor, en el momento mismo de concebir el proyecto: lograr que el espectador se metiera en la piel de Paul Conroy.

El sufrimiento y la angustia de Paul Conroy acaba siendo el sufrimiento y la angustia del espectador. Maldecimos la política antiterrorista del gobierno norteamericano que considera a Paul un daño colateral perfectamente asumible. Nos acordamos de la familia de todos aquellos burócratas que no saben reaccionar ante la situación de nuestro desdichado protagonista. Aceptamos la evidente crítica al conflicto irakí. Apretamos con rabia los puños cuando asistimos a la execrable maniobra de una gran corporación que intenta salvar el culo evitando toda responsabilidad ante la terrible situación vivida por Paul Conroy (la conversación telefónica entre el protagonista y el representante del gabinente jurídico de la empresa en la que presta servicios y que le envío a Irak, resulta, sencillamente, magistral… y provoca en el espectador una sensación de rabia e impotencia poco menos que insoportables) y nos estremecemos cuando éste decide llamar a uno de sus familiares más cercanos.

En definitiva, vivimos una auténtica montaña rusa de emociones y acumulamos un alto grado de tensión, sin abandonar, en ningún instante, el estricto esquema de un tipo atrapado en el interior de un ataúd. Mérito absoluto del director – montaje, planificación y ritmo – y de la riqueza emocional de un guión que apenas muestra una sola fisura.

Y sí… el final es previsible. Sabemos, o al menos intuímos lo que va a ocurrir (como en tantas otras ocasiones, interesa menos el final que el camino recorrido). Pero nuevamente Rodrigo Cortés nos sirve una última secuencia de una intensidad y una fuerza tal que, pese a su previsibilidad, nos lleva a mordernos el labio inferior y a arquear nuestra espalda sobre el respaldo de la butaca.

Buried (Enterrado) es una magnífica película. Original (va mucho más allá que el ya célebre – y estupendo – episodio de la serie televisiva CSI Las Vegas, dirigido por Tarantino), inesperada, intensa y sobrecogedora. Toda una experiencia.

Lo mejor: El grado de intensidad que logra con tan pocos elementos a su alcance.

Lo peor: Su final no será del agrado de muchos espectadores.

Road Kill

Gasolina

Road Kill

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  • Título original: Road Kill
  • Nacionalidad: Australia | Año: 2010
  • Director: Dean Francis
  • Guión: Clive Hopkins
  • Intérpretes: Bob Morley, Xavier Samuel, Georgina Haig y Sophie Lowe
  • Argumento: Cuatro jóvenes son perseguidos por un enorme trailer en cuya naturaleza parece haber algo sobrenatural.

40 |100

Estrellas: 2

Road Kill

“Road Kill” cuenta la historia de dos parejas de jóvenes que están de viaje por el sur de Australia y, en medio de una carretera desierta, se pican en una carrera con un enorme trailer de dos cuerpos. ¿El resultado? El viejo coche de los jóvenes vuelca y uno de ellos, Craig (Bob Morley), se parte un brazo. Sin vehículo, en mitad de ningún sitio, los chicos se angustian hasta que avistan, a lo lejos, el enorme camión que les ha agredido. Detenido, unos metros adelante. Siendo, como es, su única esperanza, se acercan, a ver si consiguen hacer entrar en razón al conductor para que lleve a su amigo a un hospital…

Empezamos regular, ¿verdad? Si un loco con un camión gigantesco se lanza a por ti en una carretera, creo que por mucho que pueda ser tu única esperanza, es difícil encajar que estos chicos se acerquen a por él. Por tanto, en los primeros diez minutos de película, hay que hacer la vista gorda. Se plantea uno, por tanto, la siguiente cuestión: puede que no esté todo perdido. Puedo olvidar esto si lo que sigue es apasionante.

Marcus (Xavier Samuel) y Liz (Georgina Haig), la pareja indemne, van hacia el camión, mientras Nina (Sophie Lowe) se queda con el malherido Craig. Los jóvenes llegan hasta el vehículo. Está vacío. Las puertas delanteras abiertas. Del conductor no hay rastro. Además, las llaves están puestas. Suben, justo cuando a lo lejos, se divisa al conductor, que corre hacia ellos, disparándoles. Los chicos arrancan y recogen a sus amigos. Dejan atrás al conductor. Carretera adelante, ¡bien!, pueden salir de esa…
…pero hay algo raro en el trailer. En vez de la insignia de la marca, en el capó hay una pequeña figurita de un perro con tres cabezas que Marcus, el conductor, ha mirado fascinado durante un buen rato. Así, mientras todos duermen, Marcus intenta mantenerse despierto mientras algo, quizás ese extraño perro, aparece en su cabeza, vence su voluntad y le hace salirse de la carretera y tomar un camino sin salida. En ese punto, cuando los demás descubren que se han desviado de la ruta, comienzan los enfrentamientos entre ellos, las tensiones que hay bajo sus aparentes buenas relaciones, siempre a la sombra amenazante del camión…

“Road Kill” no disimula su inspiración directa, “Christine”, la novela de Stephen King. Pero, eso sí, la “personalidad” del coche del novelista americano es mucho más fascinante que la de este mamotreto. Si el plymouth era una suerte de novia celosa, el camión es un animal egoísta que sólo busca su sustento más básico. Y no tiene ningún reparo en utilizar a los jóvenes a su antojo, siempre “poseyendo” al que pueda saciar su instinto de un modo más inmediato.* Así, uno diría que un pilar básico de “Road Kill” debe ser, por tanto, la personalidad de sus cuatro protagonistas. Así debería ser, pero no lo es, y es una de las grandes carencias de la película. Los personajes apenas se mantienen. Marcus, Liz y Nina no cambian su registro en toda la hora y media. Marcus es guapo y un poco engreído, Liz está enamorada de Craig, y Nina es una chica entregada a su novio y buena (…hasta el extremo de ser tonta). Sólo Craig, sobre el papel, empieza de un modo (sexy, majo, bienintencionado) y acaba de otro (utilizando sus virtudes para manipular a los demás).

Eso sí, sobre el papel. Si hay un problema grande y decisivo en “Road Kill” es la labor de dirección de Dean Francis. Puede que los actores no sean los mejores del mundo, pero su batuta al mando es inexistente. El tono de la película también parece navegar sin rumbo fijo: en los primeros minutos, parece que estemos ante una película de Greg Mclean, también australiano y fascinado por la belleza negra y mórbida del entorno natural del país. Pero en cuanto la trama avanza, nos metemos de lleno en el terreno de la serie B –en el sentido malo del término-, aunque al final intente recuperar el pulso estético. A esto, hemos de sumar la planificación: no se sostienen momentos en los que, por ejemplo, Craig abandona el sitio en el que Nina le había dejado, y vemos a dónde se dirige. Posteriormente, Nina sale a buscarle, y no tiene ningún sentido ver cómo la chica mira en un lugar en el que sabemos, porque lo hemos visto, que Craig no está, y que el director nos ofrezca la réplica a la mirada de Nina mostrando el lugar vacío y enfatizando con música la supuesta sorpresa de que el chico no esté allí.
Por otra parte, en el tramo final de la película, se acumulan los sinsentidos y fallos de racord gordos –el trailer lleva dos contenedores, y el mismo interior se encuentra en uno y otro indistintamente. A esto hay que sumar el guión de Clive Hopkins: en tres ocasiones, un personaje, en un momento de tensión, se queda dormido (!!!) y despierta un tiempo después… tiempo que se necesitaba para colocar los elementos del siguiente tramo de la película. O el clímax, estirado hasta la extenuación para alcanzar los noventa minutos de película.

Puede que esté siendo duro. Pero es que da rabia porque, aunque no era original, la trama daba de sí. Y algunas cosas están la mar de bien resueltas –la presentación del mecanismo del camión, por ejemplo, dibujada en la pared de la que parece la guarida del conductor, o el motor del vehículo, una imagen no por tópica menos perturbadora-, por lo que da que pensar por qué otras no se han pensado del mismo modo. Además, hasta que llega el ya mencionado y estirado clímax, la película, a pesar de sus peros, no se ve mal del todo.

En definitiva, que podía haber estado bien. Y eso duele.

Lo mejor: El motor del camión.

Lo peor: En general, es floja

Burning Bright

Gatito malo

Burning Bright

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  • Título original: Gatito malo
  • Nacionalidad: USA | Año: 2010
  • Director: Carlos Brooks
  • Guión: Christine Coyle Johnson y Julie Prendiville Roux
  • Intérpretes: Briana Evigan, Garret Dillahunt, Charlie Tahan
  • Argumento: Una joven, su hermano autista y un tigre con hambre en una casa cerrada a cal y canto

70 |100

Estrellas: 4

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1.-UN TIGRE

Lo primero que tengo que reconocer es que cuando leí el argumento de la película me dije: bufffff, y la guardé en la carpeta de PELIS PARA VER ESNUCAO; y es que me pareció un pelín rebuscado, un tigre de Bengala??, coño, con lo fácil que es contratar a 2 yonkos para que se encarguen de 2 chavales solos en una casa aislada… Pero me equivoqué de pleno, lo que en un principio parecía su peor handicap se convirtió en el verdadero acierto de la película: el uso de la imaginación para generar un nivel impecable de tensión.

Y es que en estos tiempos que corremos es más difícil encontrar un thriller original, sin caer en lo absurdo (White Wall), que un cura honrado. Sin necesidad de abusar de los efectos digitales, solo los justos y necesarios (uno de los pocos puntos flojos de la película: la falta de medios); sin recurrir a la casquería fácil, ni a las tetas gratuitas. Solo un decorado, 3 personajes y la madre naturaleza.

Otro de los grandes aciertos de la película, aparte del caracartón de Garret Dillahunt (menos expresivo que Clive Owen con parálisis facial), es el casting: tanto Briana Evigan, como el niño Charlie Tahan están perfectos como hermana mayor agobiada y superada por las circunstancias, y como niño con autismo severo, que por cierto es uno de los grandes aciertos del guión. A ello vamos.

2.-DOS TIGRES

PhotobucketKelly (Evigan) ya no puede más, toda su vida lleva estando mediatizada por la presencia de su hermano autista, especialmente desde que su madre falleció por un “presunto” suicidio con pastillas. No puede ir a la Universidad, no tiene vida social y el niño no la deja sola ni 10 minutos. Y para colmo va el capullo de su padrastro y se gasta los ahorros que tenía para la educación del niño en un puñetero tigre de Bengala (breve cameo de Meat Loaf) para su estúpida idea de montar un rancho-safari en mitad de la nada. Como cuando las cosas van mal, generalmente suelen empeorar, un huracán de los gordacos está a punto de llegar a la zona y su padrastro anda liado con unos carpinteros para que protejan la casa con madera laminada.

Y justo la noche en la que llega el citado huracán se tiene que quedar sola con su hermano y cuidar de él, ya que el padrastro se ha ido de farra. O eso piensa ella. Para no reventar las sutiles maniobras de las guionistas ( Christine Coyle Johnson y Julie Prendiville Roux) para manejar la trama, me limitaré a decir que pronto descubren que no están solos en la casa: hay un lindo gatito que lleva ayunando forzosamente 2 semanas suelto, y la casa está completamente sellada. No se puede salir ni entrar. Y quedan 75 minutos…

TRES TIGRES

PhotobucketSalvando la falta de expresividad del “malo” y las escasas secuencias en las que recurren a los efectos digitales, esta es una de esas películas que se podría considerar una pequeña joyita dentro del panorama actual de thriller/terror actual. Tanto por la originalidad del planteamiento (a pesar de que pueda paracer un poco forzado al principio), como por la maestría con la que el director, CARLOS BROOKS, maneja sus pocos medios y un guión en apariencia complicado de resolver. Como curisidades os cuento que se emplearon 3 tigres de Bengala en la película (Katia, Schicka y Kismet), y que la canción que suena en los títulos de crédito finales está compuesta por el pivón, digooo, Briana Evigan….

Lo mejor: Lo bien aprovechado que está el guión y la presencia de Briana Evigan

Lo peor: EL "malo" y una evidente falta de medios

A Horrible Way to Die

La venganza del novio despechado

A Horrible Way to Die

A Horrible Way to DieAdam Wingard, director de Pop Skull, presentará en el próximo Festival Internacional de Cine de Toronto – TIFF su nuevo proyecto, A Horrible Way to Dead, un thriller independiente que cuenta la historia Sarah, una joven que decide emprender una nueva vida después de que su última relación amorosa finalizara con su novio Garrik condenado a cadena perpetua por cometer un terrible asesinato. Por lo visto una declaración de la propia Sarah fue decisiva para que su novio diera con sus huesos en prisión.

Sarah se ha trasladado a un nuevo pueblo, tiene una nueva identidad y una nueva oportunidad para ser feliz.

Pero lamentablemente, y como suele ser habitual en estas ocasiones, el pasado le pasará factura. Garrik escapa de prisión y descubre el lugar donde Sarah se oculta, iniciando un viaje por todo el país que dejará un horrible rastro de violencia.

Cheun a.k.a. Slice

Una infancia rota

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  • Título original: Cheun
  • Nacionalidad: Tailandia | Año: 2009
  • Director: Kongkiat Khomsiri
  • Guión: Wisit Sasanatieng y Kongkiat Khomsiri
  • Intérpretes: Arak Amornsupasiri, Jessica Pasaphan, Artthapan Poolsawad
  • Argumento: Un asesino en serie mantiene en jaque a la policía tailandesa, y su única esperanza son los recuerdos de un ex-convicto.

85 |100

Estrellas: 5

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1. ESTIGMAS:

Nacer en Tailandia conlleva varios estigmas, siendo uno de ellos el propio hecho de nacer en este determinado país, parque de atracciones de la cara más despreciable de la humanidad. Si naces allí tienes MUCHAS posibilidades de acabar conociendo ese lado tenebroso, si eres de los pocos que tienen pasta la usas para conseguir más, haciendo lo que sea y, si además, disfrutas con la sensación es muy probable que quieras conocer lo que se siente al ejercer ese poder sobre una persona; pero ese no es un estigma, el que sí lo es, es nacer en una familia pobre. Y ser pobre en Tailandia significa vivir hora tras hora haciendo lo posible por huir de la desesperación que obliga a elegir entre comer o no comer, vivir o no vivir.

PhotobucketNo quiero detenerme mucho en esto – me imagino que ninguno de vosotros/as vivirá en el mundo de chupipiruli y , aunque joda acordarse, se le revolverán las tripas – pero hay un tercer estigma, el de la homosexualidad, que es básico para entender la película. Por varias razones, eso sí, y yo destacaría dos: La propia confusión que existe en el país al respecto, ya que mientras las leyes del país nunca lo han tipificado como delito, sí que lo consideraban hasta hace no demasiado, como una enfermedad con la que nacía y se podía curar; y en el propio Tipitaka (la sección canónica del manual budista Theravada) al mismo tiempo lo condena y lo acepta como algo que ha existido siempre. Y , como afecta esa confusión para convertirse en el refugio de los más desalmados y crueles especímenes del género humano. Todo el mundo sabe que tailandia es un país que vive del turismo sexual, pero son los propios tailandeses los que cometen las peores salvajadas, como violar repetidamente a sus hijos (e hijas), venderlos al por mayor y luego repudiarlos por ser mercancia caducada. Así que con estos tres estigmas: tailandés, pobre y gay, podría decirse que lo normal es que tu vida apenas llegue a los 20, y si llegas estás muerto por dentro.

2. EL CASO:

PhotobucketDentro de la novela negra hay varias formas de comenzar una historia, pero las más comunes son: un hecho nimio y aparentemente intrascendente que poco a poco va revelando detalles, o quitando capas, hasta descubrir algo muy gordo que suele implicar a multinacionales y mafiosos (un ejemplo reciente y muy recomendable: Tormentas Cotidianas de William Boyd); o comenzar con un hecho brutal y muy impactante, y contar como alguien ha llegado a un punto de tal brutalidad, o porqué la víctima mereció tal muerte (el amo de estas historias, para un servidor, es el gran John Connolly)

Este es el camino elegido por el guionista Wisit Sasanatieng también de películas tan curiosas como Tears of the Black Tiger o Citizen Dog) junto con el director Kongkiat Khomsiri. El hallazgo por parte de unos niños de una maleta roja de viaje flotando en el mar, y rellena con los restos mutilados y castrados de un extranjero forrado, marca el comienzo de un caso imposible de resolver. En pocos días, se apilan las maletas con los restos de empresarios, conocidos pederastas y como broche final el hijo del Primer Ministro. El caso cae en manos de Papa Chin, un policía corrupto hasta las trancas, que le pasa el caso a Tai, un joven policía que pasa sus días en una cárcel, por culpa de un caso mal resuelto (o eso piensa él…), y ejerciendo de matón para los mafiosos. Bueno, para ser concreto le obliga a resolverlo o resolverlo, y todo porqué lleva 20 años teniendo el mismo sueño en el que aparece una maleta roja…

Lo que le lleva a la aldea en la que se crió, en la que conoció a Nut, su único amigo de verdad y la persona que asocia su mente con la maleta roja, aunque no sabe muy bien porqué. O no se quiere acordar. Por qué?, pues porqué fue un amigo de mierda, a pesar de la completa devoción que sentía Nut por él, Tai hizo todo lo posible por prescindir de él, de humillarle para ser aceptado en la “banda” de crios que mandaban en la aldea, abandonarle cuando más lo necesitó…pero al mismo tiempo, tal vez por principios tal vez por pura solidaridad, le salvó de las violaciones constantes del padre, le defendió cuando a los crios se les fue la mano (escalofriante escena) y le ayudo a fugarse a Pattaya para encontrar a su madre. Esta parte de la película alterna constantes flashbacks con sus esfuerzos por resolver los crímenes y no perder a su novia Noi. No puedo contar más, sería injusto.

3.- REDENCIÓN:

PhotobucketSheun es un thriller muy intenso contado con engañosa lentitud, también es un drama/denuncia sin tapujos de la vida que llevan los niños/as en Tailandia, pero por encima de todo es una desgarradora historia de amor que supera todas las barreras posibles del tiempo y la realidad. Y todo ello camuflado con una engañosa publicidad que parece enfrentarnos ante una historia de violencia descarnada, que la hay (no se corta ni con hacha a la hora de mostrar el estado en el quedan los cadáveres de los malos), pero totalmente supeditada a lo mencionado anteriormente. Los actores están absolutamente perfectos, la fotografía es, como en casi todas las produciones tailandesas, espectacular y forma parte de la propia historia como un personaje más. Tal vez lo único que me sobra es el exceso de edición y la prescindible banda sonora. Pero a pesar de esos dos detalles, Cheun ya forma parte de mis PELÍCULAS, y junto con The Horseman y MEADOWOODS es de lo mejorcito que he visto este año.

Lo mejor: Practicamente todo, pero especialmente la resolución de la historia.

Lo peor: Por poner algo la BSO y un cierto exceso en el montaje.

Rampage

El día de furia de Uwe Boll

Rampage

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  • Título original: Rampage
  • Nacionalidad: Canadá | Año: 2009
  • Director: Uwe Boll
  • Guión: Uwe Boll
  • Intérpretes: Brendan Fletcher, Shaun Sipos, Michael Paré
  • Argumento: Bill está harto del mundo que le rodea. Se enfunda en su armadura de Kevlar, sale a la calle armado hasta los dientes, e inicia un cruenta e injustificada matanza.

70 |100

Estrellas: 4

Rampage

Bill parece un chico normal. Es cierto que la cuerda que le une a sus padres se tensa por momentos (sus progenitores le informan de que ya es hora de ir pensando en abandonar el nido) y que su supervisor en el trabajo le aprieta las tuercas de forma injusta. Pero más allá de una serie de “contratiempos” habituales en un chico de su edad – 23 años -, nada hace prever que Bill vaya a convertirse en el principal protagonista de un inusitado arranque de violencia culminado con la muerte de docenas de personas inocentes.

Ataviado con una potente armadura que adquiere por piezas, armado hasta los dientes y, lo más peligroso, ejecutando un detallado plan que no deja un solo cabo suelto, Bill recorre su pueblo natal disparando a bocajarro a toda persona que tenga la funesta suerte de cruzarse en su camino. ¿El resultado final? Una matanza. Los cuerpos sin vida de decenas de inocentes yacen muertos en mitad de la calle.

Se hace necesario buscar una justificación. Señalar con el dedo los motivos que han llevado a Bill a tomar su decisión. Y Rampage los ofrece – o al menos eso parece en primera instancia -. El rencor hacia sus padres, el descontento por su situación laboral, la superpoblación, las políticas imperialistas de los USA, la falta de alimento, las energías insostenibles, el deterioro del medio ambiente, el odio… cualquier excusa es válida. Bill parece estar harto del mundo que le rodea. No hay vuelta atrás. Tiene que hacer alguna cosa. Actuar.

Su mejor amigo, Evan, no para de escupir tópicos sobre lo mal que anda el mundo y lo poco que nos movemos para poner remedio a una situación que nos aboca, sin remedio, a la autodestrucción. Evan pide a gritos que alguien haga algo. Que alguien tome las riendas de la situación y consiga abrir una vía de escape… Bill cree ser esa vía de escape.

Hablando de Uwe Boll sin ira

Ciertamente uno diría que los primeros 40 minutos de Rampage no son más que un burdo intento por parte de Uwe Boll de justificar todo lo que viene a continuación. Y lo que viene a continuación no es más que uno de los ejercicios de cruda violencia más injustificados, amorales, ofensivos… y fascinante que nos ha ofrecido el cine en los últimos años. Boll nos coloca en la piel de Bill. Oímos su respiración y vemos a través de sus ojos. Somos Bill, y estamos a punto de asistir a un vigoroso espectáculo de violencia rotundamente injustificada, con todas las contradicciones morales y éticas que ello pueda ocasionarnos.

Porque más allá de lecturas políticas o sociales, conjeturas morales o juicios de valor acerca de los actos que contemplamos en pantalla (eso lo dejamos en manos de ese gran oportunista político que es Michael Moore y su, por otro lado excelente, Bowling for Columbine), Rampage sobresale como un magnífico ejercicio de estilo en el que la violencia es la principal protagonista. Contemplar cómo Bill se lanza a la calle y mata indiscriminadamente a hombres, mujeres, ancianos y niños acaba convirtiéndose, gracias en buena parte a la labor de Boll tras las cámaras (quién lo diría…), en un espectáculo que tiene tanto de grotesco e irresponsable (no me imagino el impacto que una película como Rampage puede tener en los USA), como de hipnótico.

Boll rueda con cámara en mano y pulso nervioso, un recurso estético del que no suelo ser muy partidario pero que en el caso de Rampage funciona a las mil maravillas, otorgándole a la película un halo de realismo y un estilo documental que juega a favor de la película.

Los actores (en especial un fantástico Brendan Fletcher, en el papel de Bill) realizan todos una labor magnifica. A modo de curiosidad apuntar que buena parte de los diálogos fueron improvisados por los actores partiendo de unas meras indicaciones por parte de Boll.

Uwe Boll incluso se permite el lujo de destacar en su faceta de guionista con secuencias tan sensacionales como la que tiene lugar en un bingo atestado de ancianos con la nariz pegada a sus cartones y ajenos a la inesperada visita de un desconocido vestido con armadura y portando consigo un arsenal de armas. Gran secuencia no exenta de un delicioso humor negro.

Y si todos estos elementos no fueran suficientes para destacar Rampage como la obra más interesante, personal, eficaz y atractiva del controvertido director alemán, todavía podemos aferrarnos a uno de los giros argumentales, en su tercio final, más sorprendente y políticamente incorrecto que he tenido la oportunidad de disfrutar en los últimos tiempos. Un giro de los acontecimientos que nos obliga a replantearnos todo lo visto hasta el momento y nos lleva a pensar que esos 40 minutos iniciales de Rampage a los que hacía alusión anteriormente, no eran tan burdos, ni tampoco eran una mera excusa para todo lo que venía a continuación, tal y como pudimos pensar en primera instancia. Lástima que justo en la imagen final de la película Boll opte por dar un pasito hacia atrás.

Tan sólo un apunte final. Que rece el bueno de Uwe Boll para que ningún tarado salga a la calle metralleta en mano y acabe citando a Rampage como su principal fuente de inspiración (porque lo cierto es que Rampago puede verse como algo parecido a un “manual para torpes” para todo aquel dispuesto a sembrar el terror en su vecindario).

Lo mejor: su salvaje y radical concepto de la violencia y su giro final, el cual nos lleva a replantearnos buena parte de lo visto hasta entonces.

Lo peor: los 40 minutos iniciales, que parecen justificar de algún modo el comportamiento de Bill, pueden resultar aburridos a más de un espectador.

¿Dónde conseguirla?
Gore Nation: “Rampage” en VOSE.

5150 Elm’s Way

Mis adorables vecinos

5150, Elm's Way

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  • Título original: 5150, Rue des Ormes
  • Nacionalidad: Canadá | Año: 2009
  • Director: Éric Tessier
  • Guión: Patrick Senécal
  • Intérpretes: Marc-André Grondin, Normand D’Amour, Sonia Vachon, Mylène St-Sauveur
  • Argumento: Yannick se convierte en el prisionero de un vecino de su nuevo barrio cuando ve que éste tiene a un hombre moribundo encerrado en su casa.

75 |100

Estrellas: 4

5150, Elm's Way

He visto “5150 Elm’s Way”, de Éric Tessier, justo cuando he terminado de leer “La Chica de Al Lado”, de Jack Ketchum. Y ahora mismo creo que el mundo está lleno de gente enloquecida que se cree que tiene razón. Y, con la excusa de la intimidad y la privacidad que proporciona el hogar, hacen cosas horribles a los que no encajan en su visión.

Yannick Bérubé (Marc-André Grondin) es un joven recién llegado a la ciudad para estudiar un curso de cine en la universidad. Apenas sí se instala en su apartamento cuando coge su videocámara y su bicicleta y se dispone a dar una vuelta por el barrio para conocerlo y grabar las primeras imágenes. Llega hasta el final de una calle, que acaba en una cloaca –curiosamente, David, el narrador protagonista de “La Chica de Al Lado”, también hace mención a que la calle de su barrio donde vive y donde suceden los terribles acontecimientos que cuenta la novela, no tiene salida. Graba el agua putrida y, cuando va a largarse, tiene un pequeño accidente con la bicicleta.

¿Quién no se acercaría a un adosado a pedir ayuda? Realmente, las viviendas unifamiliares tienen una extraña apariencia de seguridad y confort. En su interior, no puede vivir nadie malvado. Y, efectivamente, el señor Jacques Beaulieu (Normand D’Amour) le ofrece llamar por teléfono al instante. Yannick, mientras espera a que el hombre haga la llamada, descubre que tiene una herida en el codo, así que, sin permiso, entra en la vivienda a limpiársela…
…y escucha unos gritos pidiendo ayuda provinientes de la planta superior. Sube, y descubre a un hombre moribundo en una habitación.

Yannick se convierte, a partir de ese momento, en el prisionero de los Beaulieu, custodiado por Jacques, el cabeza de familia; Maude (Sonia Vachon), la madre; Michelle (Mylène St-Sauveur), la hija adolescente; y Anne (Élodie Larivière), la niña pequeña. Encerrado en la habitación de la primera planta, no sabe qué van a hacer con él, aunque ha visto cómo su lugar lo ocupaba antes un hombre malherido…

Los paralelismos, por tanto, con “La Chica de al Lado” son más que evidentes. Y pronto aumentan: la retorcida visión de la realidad de Jacques, el padre de familia, es la que tiene preso y arrastra a todos los demás habitantes de la casa, sean o no de la familia. Sin embargo, si bien la concepción es similar, “5150 Elm’s Way” se desmarca casi desde el primer momento de cualquier cosa que pudiera considerarse torture porn o, siquiera, violencia explícita, centrándose en el reverso psicológico de cualquier proceso de cautiverio. Esta es la espina dorsal de la película y uno de sus puntos fuertes. Realmente, el llamado “síndrome de Estocolmo” es fácil de creer pero difícil de imaginar. Es inevitable, por una cuestión de pura supervivencia, en una situación con un secuestro desarrollar una cierta afinidad con el secuestrador, desde el momento en que se convierte en la única otra persona que uno tiene para relacionarse con el resto de mundo; de hecho, esa otra única persona se convierte en el resto del mundo. Ahora, cómo se lleva a cabo ese proceso, esa identificación, no soy capaz de imaginarlo por mí mismo. En “5150 Elm’s Way” se presenta una manera de que esto suceda, y con bastante buen criterio, creíble. Y proporciona una información potente para entenderla: el prisionero pasa de sentirse una mierda, alguien que es algo así como un muñeco desestresante tamaño XXL, a descubrir que tiene un hueco en esa extraña formación familiar, y eso le da un estímulo para seguir adelante.

Yannick nunca pensará, por ejemplo, que Jacques o Maude son sus amigos; ni siquiera, que son unas personas que se merezcan un mínimo respeto. Sin embargo, entra dentro de la estrategia psicológica que sustenta la manera de actuar de dicha familia, y decide reventarla desde el interior.

Pero, claro, los límites de la cordura en una persona “estándar” frente a una “no estándar” no son los mismos, y otra parte importante de “5150 Elm’s Way” son las cicatrices que pueden quedarse al jugar con esos límites. Entendamos por persona “estandar” alguien no enfermo –o no lo suficientemente enfermo-, y por “no estándar”, un psicópata. En esta película, la diferencia entre ambos es el cuestinamiento de sus motivaciones. Dependiendo del grado del mismo –y, por tanto, de su nivel de autoconsciencia-, los personajes se sitúan en un equipo o en otro. Y es interesante ver cómo nunca está totalmente claro a qué equipo pertenece cada uno hasta que no levanta todas sus cartas.

Perdón por la disquisión, pero más allá de lo puramente cinematográfico, “5150 Elm’s Way” tiene bastante miga. Y este interesante armazón se sostiene gracias a un guión bastante sólido –hay, quizás, un momento en el que el desconcierto se adueña de uno como espectador porque no parece demasiado lógica la reacción de Yannick, aunque se justifique a posteriori-, una labor de dirección muy acertada –la decisión más arriesgada, a este respecto, es desde luego la de representar los duelos entre Yannick y Jacques de una manera un tanto onírica… y ayuda bastante a entender la psique del secuestrado- y, sobre todo, un elenco fantásticamente elegido. Marc-André Grondin interpreta a Yannick con contundencia, teniendo siempre bajo control sus reacciones físicas, algo que debe ser muy difícil porque en la mayoría de pelis donde hay un secuestro, la víctima suele parecer sufrir ataques de furia o similar cuando no se sabe cómo expresar la angustia del cautiverio. Jacques Beaulieu, interpretado por Normand D’Amour, es el perfecto vecino del que te encantaría descubrir que es un hijo de puta para hundirlo por siempre; Sonia Vachon, o Maude Beaulieu, es tal vez el personaje que menos matices tenga. Maude no cambia, sólo que aumenta nuestro conocimiento sobre ella. Y especial atención, desde luego, se merece la hija adolescente, Michelle (Mylène St-Sauveur). Tiene un físico cautivador, y en los escasos momentos de la película en los que deja ver la verdadera naturaleza de su carácter, asusta bastante. O, al menos, a mí me pasó, porque me parece que es de esas personas que puedes cruzarte por la calle, o pueden sentarse a tu lado en el metro, que parecen adorables pero que intuyes que algo guardan en lo más profundo de su ser… y ojalá nunca llegues a verlo.

Puestos a poner pegas a esta película, señalar que hay algo en el tramo final de la misma que no está bien encajado. No sé de qué manera se hubiera podido solventar el asunto, y hay que decir, también, que durante el visionado apenas sí se levantan sospechas sobre el tema, y se deja pasar sin demasiado esfuerzo aunque, ya se sabe, cuando la base no es lo suficientemente sólida, el significado de lo que sucede se divide por dos.

Yo creo que vale la pena darse un paseo por esta calle. Y mirar con lupa todos y cada uno de los chalets que hay a ambos lados. ¿Por qué dan tan mal rollo las cosas que quieren dar buen rollo?

Lo mejor: lo acertado que está casi todo en esta película.

Lo peor: una cierta artificiosidad en la construcción del clímax.

¿Dónde conseguirla?
Gore Nation: “5150, Elm’s Way” en VOSE.