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The Experiment

Cuestión de poder

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  • Título original: The Experiment
  • Nacionalidad: USA | Año: 2010
  • Director: Paul Scheur
  • Guión: Paul Scheur, Olivier Hirschiegel
  • Intérpretes: Adrien Brody, Forest Whitaker, Cam Gigandet, Clifton Collins Jr.
  • Argumento: 26 hombres son escogidos como participantes de un estudio psicológico sobre comportamiento humano bajo reclusión extrema. Algunos de los participantes serán carceleros y el resto, los prisioneros. La principal regla es mantener el orden o no cobrarán.

72 |100

Estrellas: 3

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Aviso de posibles y más que probables spoilers a lo largo de la reseña. He intentado destripar lo menos posible, pero no sé hasta qué punto lo he logrado…

Hacer un remake de una película sólo ocho años después de su estreno, me parece excesivo y precipitado, pero teniendo en cuenta el poco gusto de los americanos a las versiones originales y los subtítulos, ya es extraño que el remake de “Das experiment” no hubiera sido un hecho todavía hace menos tiempo.
Confiemos en la “buena voluntad” de los que hacen un remake para publicitar de nuevo la obra original (ejem, ejem…).

The Experiment, recrea “Das Experiment” (2001), que a su vez es una adaptación de la novela “The experiment black-box” de Mario Giordano, quien se inspiró en el famosos experimento de la cárcel de Standford (1971), en el que el profesor Philip Zimbardo encierra a 24 estudiantes en una cárcel simulada para estudiar sus reacciones en determinadas circunstancias de desindividualización. Algunos de los estudiantes serán los carceleros (adquiriendo un rol de poder), y otros los presos (adquiriendo el rol de sumisión). El experimento debió haber tenido una duración de aproximadamente dos semanas, pero tuvo que ser suspendido al sexto día, debido a los graves incidentes ocurridos durante el transcursos de los cinco primeros días. Si os interesa conocer lo que realmente ocurrió, contado por el propio Zimbardo: Experimento Zimbardo.

The Experiment recrea, con buen hacer, los cambios psicológicos que van sufriendo los personajes. Eso es lo que hay que buscar.
*El propósito de una película como ésta es hacer partícipe al espectador de las dos caras de la moneda: Por una parte la visión del poder absoluto, nunca antes experimentado por parte de los guardas, que rápidamente ven como característica propia y exclusiva, haciendo valer esa autoridad ante los presos de una forma totalmente humillante y cruel en tan sólo tres días.
Por la otra parte, el espectador empatiza fácilmente con los sujetos a los que les toca el papel de reclusos. El espectador va a vivir con ellos la rabia de la injusticia y la sorpresa de una situación desbordada.*

Se plantean así dos dilemas morales trasladables a cualquier ámbito de nuestra vida diaria:

1- La cuestión de otorgar poder a alguien que claramente no está preparado para manejarlo (supongo que todos, o casi todos, habréis tenido al típico jefe capullo que no sabe resolver ciertas situaciones y que actúa de una manera ilógica sólo para demostrar quién es el que manda…)

2- Cómo la rabia es mucho mas fuerte que la voluntad y que los propios principios (supongo también que todos hemos experimentado esa sensación tremenda de rabia en la que todo nos da igual…).
Estos dos temas son el epicentro de The Experiment. Estos son los temas que conforman el terror absoluto, genuino y real.

Imaginad un mundo aislado donde no hay reglas claras, o donde violar las pocas reglas que hay no implica castigo, donde la ausencia de justicia es un hecho palpable… un mundo donde la despersonalización prima y ayuda al ataque (los presos dejan de tener nombres para ser llamados por sus números. Incluso entre ellos, llegan a referirse unos a los otros como números. Así el ataque es emocionalmente más fácil). Imaginad ese mundo en que la gente no está preparada ni para ser recluso ni para ser guarda. Ese mundo es una auténtica bomba de relojería y precisamente es esa bomba la que mostró “Das Experiment” y la que pretende mostrar The Experiment, y digo pretende, porque, pese a que me gustó bastante, no tiene la desnudez, la crudeza y la oscuridad de la original.
Los personajes están demasiado estereotipados y eso va en detrimento de la película. Como guardas escogen a un hombre de 42 años que sigue viviendo con su autoritaria madre, totalmente sometido a ella, quien le humilla día a día. Eligen también a un chico con problemas de identidad sexual y a un cabeza hueca (entre otros).
Como presos escogen a un hombre sin personalidad y fácilmente manipulable; a otro que no termina de encontrar el rumbo de su vida, pero que precisamente en ese momento acaba de conocer a la mujer que le devuelve la sonrisa; y a un neonazi que se intuye que no es mala persona (entre otros).
Con semejante mezcla de personajes, hacer de “he Experiment algo predecible es dicho y hecho, y ese es su fallo fundamental.

De todos modos, el motor de The Experiment es la tensión; una tensión que se nota desde el mismo instante en que se cierran las celdas.

Con respecto a la labor actoral, destacar a Forest Whitaker(quien me pareció sobreactuado al principio, pero al que luego me terminé creyendo por completo), con una escena para mí ya mítica, que es su magistral expresión frente al espejo al tiempo que tiene una erección cuando saborea el poder de la autoridad por primera vez.
Destaco también a Cam Gigandent, quien me sorprendió gratamente.
A Adrian Brody me lo creí en ocasiones, pero creo que no supo transmitir toda la frustración que implicaba su personaje (Travis), aunque está mejor que en sus últimos trabajos…

La conclusión es que si os interesa ver un pedazo de la ley del más fuerte y desarrollar un poco la teoría de Thomas Hobbes, quien sostenía que “El hombre es un lobo para el hombre”, no os debéis perder The Experiment.
Eso sí, de no haber visto la original (“Das Experiment”), ni lo dudéis, primero visionad la alemana. Si ya la habéis visto y os gustó, este remake está conseguido.

Fue Abraham Lincoln quien dijo: “casi todos podemos soportar la adversidad, pero si queréis probar el carácter de un hombre, dadle poder”… Todo dicho.

Lo mejor: El argumento, la tensión, el momento en que todo cambia y que la realidad del comportamiento humano supera a la ficción

Lo peor: Los personajes son predecibles y lo rápidamente que cambian el chip al finalizar

La Otra Hija

Amityville + La Huérfana + El Habitante Incierto

La Otra Hija

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  • Título original: The New Daughter
  • Nacionalidad: USA | Año: 2009
  • Director: Luís Berdejo
  • Guión: John Travis
  • Intérpretes: Kevin Costner, Ivana Baquero, Gattlin Griffith
  • Argumento: John, un escritor, intenta recuperarse de un duro divorcio mudándose con sus dos hijos a una casa en mitad del campo. Pero, pronto, comenzará a observar un alarmante cambio en el comportamiento de su hija.

40 |100

Estrellas: 2

La Otra Hija

Argumento 1.Recién divorciado de su mujer, un escritor se muda con su hija adolescente y su hijo pequeño a una casa en mitad del campo. A la hija adolescente le sienta peor el cambio que al pequeño: sus amigos quedan lejos, en el instituto se meten con ella y culpa al padre de no haber hecho nada por conservar a su madre. Conforme pasa el tiempo, el padre descubre que su hija, en realidad, no es su hija sino una pequeña psicópata dispuesta a acabar con todos sus enemigos.

Argumento 2.Recién divorciado de su mujer, un escritor se muda con su hija adolescente y su hijo pequeño a una casa en mitad del campo. A la hija adolescente le sienta peor el cambio que al pequeño: sus amigos quedan lejos, en el instituto se meten con ella y culpa al padre de no haber hecho nada por conservar a su madre. Pero la chica descubre una zona cercana a la casa, un montículo, que ejerce una extraña atracción sobre ella, y va poseyéndola poco a poco…

Argumento 3.Recién divorciado de su mujer, un escritor se muda con su hija adolescente y su hijo pequeño a una casa en mitad del campo. A la hija adolescente le sienta peor el cambio que al pequeño: sus amigos quedan lejos, en el instituto se meten con ella y culpa al padre de no haber hecho nada por conservar a su madre. Pero la nueva casa parece guardar un secreto: alguien entra y sale de la misma a su antojo, una presencia siniestra de la que sólo ven, en un principio, sus huellas…

El padre se llama John y lo interpreta Kevin Costner; la hija mayor, Louisa (Ivana Baquero), y el pequeño, Sam (Gattlin Griffith), y son los tres protagonistas de “La Otra Hija”, debut en Estados Unidos del español Luis Berdejo, coguionista de Jaume Balagueró en la saga Rec, y director de más que interesantes cortos como “…Ya no puede caminar” (2001) o “For®est in the Des(s)ert” (2006). Los tres argumentos arriba enumerados podrían ser los de la película y, de hecho, los tres lo son. Y creo que ponen a la vista el gran problema de la cinta: quiere ser tres películas a la vez. Lleva las tres historias adelante pero sin decidirse por apostar abiertamente por ninguna. Así, se van dando pinceladas de una y de otra, siempre muy superficialmente, sin atreverse a profundizar ni a darle más importancia a ninguna de las tres por si eso menosprecia a las restantes, como si fuese un padre con tres hijos que quiere ser absolutamente justo y equitativo con todos. Así, una conclusión satisfactoria es complicada y, de hecho, al final uno se queda con la sensación de que no se ha resuelto bien ninguna de las tres propuestas.

Por supuesto que la película tiene algunos aciertos, la mayoría de planificación: la primera aparición de la “presencia extraña” en el tejado funciona bien, y en el tramo final, los momentos en los que Louisa, la hija mayor que, a esas alturas, ya sabemos trastornada, y el pequeño Sam son inquietantes y se sufre por lo que pueda pasarle al niño. Sin embargo, el exceso de material consigue ensuciar prácticamente todo el metraje. Así, cuando se produce el asedio final a la casa, por ejemplo, se contempla con cierto escepticismo: ¿de pronto hay criaturas al acecho? Y recuerdas que las viste nada más empezar la cinta, pero hasta ese momento aquello parecía ir de espíritus… aunque, si se hubiera tratado de un ente inmaterial, el final hubiera resultado igualmente decepcionante, puesto que habría que solucionar asuntos –como las huellas- que sólo podía llevar a cabo una presencia física.

Por otro lado, la historia, a jucio de quien escribe, no está bien desgranada. El guión de John Travis tira de los tópicos de las películas de casa encantada: el agente inmobiliario que les vendió la casa, el anterior propietario de la misma, o el sempiterno profesor de universidad especializado en ciencias ocultas. Aparte, gracias a Internet, John, el padre, puede buscar tranquilamente en Google “montículo siniestro” y, sin problemas, le aparece la información que está buscando.

En otro sentido, mencionar la extrañeza que produce que un escritor sea el protagonista de una película de terror: es un tópico, pero parece que, al tener esa profesión, debe ser importante en el desarrollo de la trama de algún modo, y no lo es. Igualmente, se introduce un personaje femenino, la profesora de Sam, Cassandra (Samantha Mathis), para sembrar un romance entre ella y el padre. No acaba de consumarse, lo que podría ser un acierto, pero da más la sensación de ser algo que se queda inconcluso.

Del elenco actoral, defienden bien sus papeles los dos niños –la española Ivana Baquero hace lo que puede, sí, pero realmente pasada la media hora inicial, su presencia se limita a mirar seria al frente- y Kevin Costner se esfuerza como sufrido padre, pero cuando tiene delante a Cassandra, la profesora de su hija, salen a la luz su sonrisa y miraditas marca de la casa, y te acuerdas, de repente, que ese hombre es Kevin Costner, que bailó con lobos y que investigó el asesinato de Kennedy, que ha sido un seductor del cine americano durante décadas y ahora está un poco –bastante- trasnochado… y es sólo un elemento más que te saca de la película.

Lo mejor: Que siempre es de agradecer que “terror” y “español” vayan de la mano.

Lo peor: Que es un batiburrillo.

The Red Riding Trilogy

El año de nuestro señor

Red Riding Trilogy

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  • Título original: Red Riding Trilogy
  • Nacionalidad: Gran Bretaña | Año: 2009
  • Director: Julian Jarrold, James Marsh, Anand Tucker
  • Guión: Tony Grisoni
  • Intérpretes: Andrew Garfield, Paddy Considine, David Morrisey
  • Argumento: Trilogía de películas del canal Channel 4 donde se investigan las desapariciones de varias niñas a lo largo de dos décadas.

85 |100

Estrellas: 5

The Red Riding Trilogy

Una niña con alas de ángel: una imagen poética y tétrica a la vez.

A comienzos de octubre, vi en la Fnac del centro de Madrid que había salido a la venta la novela de David Peace Red Riding, The Year of Our Lord 1974, primera de las cuatro en las que se basa esta miniserie de tres películas. Y no hace mucho, en el suplemento literario de El País, se hablaba de la misma. Espero que no pasen desapercibidas, así como que algún canal de televisión se encargue de emitir su versión audiovisual. Si no, siempre queda Amazon o cualquier otra vía, porque vale la pena acercarse a ellas.

Año 1974. Yorkshire. Junto a la plana mayor de la policía, los padres de Clare Kempley denuncian la desaparición de su hija de 10 años y piden a quien quiera que la tenga que la deje volver a casa. Entre los asistentes a la rueda de prensa está el joven Eddie Dunford, corresponsal de prensa. Eddie cree encontrar similitudes entre la desaparicón de la pequeña Claire y otras tres acaecidas años atrás.

Año 1980. Yorkshire. El llamado “destripador de Yorkshire” ha matado a doce mujeres en los últimos cuatro años. Aunque la policía lleva tiempo investigando el caso, para intentar dar un nuevo enfoque y conseguir un avance, se coloca al frente del proceso a Peter Hunter, detective que llevó a cabo la investigación de la matanza del pub Karachi, que tuvo lugar en 1974 y que llevó a un callejón sin salida.

Año 1983. Yorkshire. Desaparece una niña de diez años, Hazel Atkins. John Piggot, abogado no muy hábil en su profesión cuyo padre era policía en la ciudad, será el encargado de intentar esclarecer las conexiones entre esta nueva desaparición, las sucedidas diez años atrás, y algunas de las muertes relacionadas con “el destripador de Yorkshire”.

De este escueto y sucinto resumen no debe deducirse que lo que ocurre en 1974 y 1980 queda inconcluso, y que el visionado conjunto de las tres películas que conforman Red Riding sea una experiencia fatigosa y confusa, de ir acumulando datos e informaciones hasta llegar, por fin, a la última y que se aten los cabos. De hecho, lo primero que sorprende es que, a excepción de ésta, las dos primeras pueden verse de un modo independiente sin ningun problema. Las conexiones entre la primera y la segunda están resueltas vía flashbacks lo mismo que en cualquier película cerrada en sí misma, así que no hay nada que temer. Y esto, ya de por sí, me parece todo un punto a su favor.

Red Riding es una trilogía de tv movies de Channel 4 que adapta las novelas homónimas de David Peace. Las novelas son cuatro, en realidad, pero en la primera película se unen las dos primeras novelas (1974 y 1977). Es un proyecto y una idea fascinante: a lo largo de tres años, se estructuran tres historias diferentes (?) con algunos personajes en común. Éstos son el hilo conductor de la historia de fondo, aunque no los personajes principales de cada película. Se trata de un grupo de policía de Yorkshire, encargados de la investigación de cada uno de los casos que tiene lugar durante estos años, y algún que otro secundario apartado de los agentes de la ley o, más bien, huyendo de ellos. Cada película dirigida por un director diferente, aunque el guión de las tres sea de la misma persona, Tony Grisoni (“Miedo y Asco en Las Vegas” o “Tideland”, ambas de Terry Gilliam). Red Riding se ha convertido ya, por derecho propio, en un arma arrojadiza para aquellos que auguran el final del cine debido a la calidad de los últimos proyectos de la pequeña pantalla.

Julian Jarrold se encarga del año 1974. Curtido en series de televisión inglesas, y director de algunos largometrajes (en España, hemos visto suyas “Pisando Fuerte” y “Retorno a Brideshead”), se encarga de entrar, por primera vez, en el universo de Yorkshire y su grupo de policías. El argumento de la misma gira en torno a Eddie Dunford (Andrew Garfield, “La Red Social”), joven periodista que vuelve a su hogar para ser el corresponsal del Yorkshire Post de la policía. Así, su primer encargo será cubrir la desaparición de la pequeña Claire Kempley. Eddie Dunford tendrá que empezar a entendérselas con el llamado grupo de Molloy, por su superior, Bill Molloy (Warren Clarke), respetados policías de la ciudad… Cuando el cuerpo de Claire es encontrado, Eddie es retirado del caso, pero eso no impide que el chico continúe con sus averiguaciones. Esta es, quizás la gran fuerza de este primer capítulo: su personaje central es un joven lleno de grandes esperanzas y ánimo, dispuesto a todo por ganarse un lugar en su trabajo; también, la película del 74 es quizás la más melancólica de las tres: está presidida por un áurea de constante tristeza, de fatalismo. Prácticamente, desde el minuto uno, sabes que no puede acabar bien, que cada avance del joven Eddie en la investigación implica un paso más hacia abajo en un pozo sin fondo.

Por el camino, mientras tanto, un par de imágenes se clavan en nuestro subconsciente: quien ha matado a la pequeña Clare Kempley, ha intentado coserle unas alas de cisne a la espalda. El primer “interrogatorio” policial que presenciamos, casi al final de la cinta. Y la esposa del constructor John Dawson, desequilibrada, digna heredera de Ramona Linscott, la madre de “La Dalia Negra”. No es casual este comentario: Red Riding es un escalofriante ejemplo de novela negra y, como las mejores, bordea el thriller más mórbido: asesinato de niñas, violaciones, abusos sexuales, prostitutas, chaperos, asesinos en serie… todo, en este primer capítulo, dentro del desencanto y la tristeza más absoluta.

James Marsh se encarga del año 1980. Director de las fantásticas “Man On Wire” y “Wisconsin Death Trip”, dota de un tono más moderno y contemporáneo a la cinta, lo que se convierte en un curioso contrapunto ya que su historia es, por así decirlo, la más “conservadora” de las tres. Peter Hunter (Paddy Considine) descrito al principio de la película como un hombre casado, sin hijos, honesto, con un expediente limpio, es requerido por el Ministerio del Interior para que lleve a cabo una investigación paralela a la que lleva la policía sobre el “violador de Yorkshire”, que ya se ha cobrado doce víctimas. En realidad, se trata más bien de limpiar su imagen: Peter Hunter fue el encargado de llevar a cabo la investigación de la matanza del pub Karachi, en 1974, suceso que cierra la cinta anterior, expediente que no pudo ser cerrado. Peter elige como compañeros de investigación a Hellen Marshal (Maxine Peake) y John Nolan (Tony Pitts), y juntos son supervisados por dos policías del grupo de Molloy; uno de ellos, Bob Craven (Sean Harris) no es, precisamente, el mejor compañero para un caso así, sobre todo tras haber visto “Red Riding 1974”. El capítulo del año 80 es más crudo que el del 74. Aquí, otro personaje honesto, como es Hunter, intentará arrojar luz por todos los medios en un caso en el que, quizás, se le han adjudicado al “violador de Yorkshire” más víctimas de las que son suyas por derecho propio… La relación que se establece entre Peter y Hellen, y la inusitada relevancia que adquiere entre ellos el sacerdote Martin Laws (Peter Mullan) configura el grueso de la película.

Nuevas imágenes para el recuerdo: una casa ardiendo. El terrible fin de un antiguo policía arrepentido.

Y, así, llegamos al año 83, dirigido por Anand Tucker.

El objetivo de este capítulo no era nada sencillo: cerrar la trama de continuidad y ofrecer, a su vez, un argumento interesante. Así que, para llevarlo a cabo, se reparte el protagonismo entre John Piggot (Mark Addy), hijo de uno de los policías del grupo de Yorkshire, que intenta que se libere de la cárcel a un falso culpable por las desapariciones y asesinatos del año 74, y Maurice Jobson (David Morrisey), policía del grupo que siempre había parecido estar un poco al margen, aunque partícipe, de las actividades de sus compañeros. 1983 es quizás el más violento de los tres episodios, sobre todo en lo que respecta a la crudezad de los “interrogatorios”, con alguna variación en el modus operandi. En el haber del capítulo hay que situar la negativa al golpe de efecto, sustituida por una sabia dosificación de la información: la identidad del asesino que lleva actuando quince años es sorprendente y sosegada, a la vez. Son muchas las historias que hay que orquestar, y todas importantes. Ninguna debe eclipsar las otras. Entre ellas, por ejemplo, comprender una motivación tan potente como es un problema de conciencia. En el debe, sin embargo, mencionar que, quizás, es el capítulo con menos identidad propia, asunto debido a una dirección un tanto despersonalizada, y una orquestación del clímax un poco gratuita: se acumulan demasiadas casualidades seguidas para el final. En general, esta entrega está más centrada en cerrar las tramas y descuida un poco su propia historia. Algo que, por otro, lado, puede satisfacer a muchos espectadores que, a estas alturas, no quieren material nuevo sino acabar de encajar las piezas.

A pesar de esto, el resultado final es enormemente satisfactorio. Los valores de producción son excepcionales, el equipo actoral hace un trabajo espléndido, y el argumento es absorbente. De hecho, sientes que has sido testigo de una parte de la historia de un lugar que, tres películas después, ya conoces. Y, sobre todo, has comprendido, un poco mejor, tus instintos: tanto los más elevados como los más bajos e innobles.

Lo mejor: Las dos primeras entregas.

Lo peor: Que la tercera entrega, siendo una buena película, baje el listón justo en su tramo final.

The Ward

Un regreso a medio gas

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  • Título original: The Ward
  • Nacionalidad: USA | Año: 2010
  • Director: John Carpenter
  • Guión: Michael Rasmussen, Shawn Rasmussen
  • Intérpretes: Amber Heard, Jared Harris, Danielle Panabaker
  • Argumento: 1966, Kristen ha sido internada en un psiquiátrico y no recuerda por qué. Poco a poco va descubriendo qué oculta su cerebro. Pero... ¿será más horrible que el ser que vaga por los pasillos matando a las internas antes de que consigan su alta?

65 |100

Estrellas: 3

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Nueve años son muchos años. Sobre todo si estamos hablando de la ausencia de un maestro responsable de obras como La noche de Halloween, La Cosa, 1997: Rescate en NY ó la magistral En la boca del miedo. Estamos hablando de John Carpenter, ese genial director de más de sesenta años (dato en absoluto baladí), que desde la infravalorada Fantasmas de Marte (2001) se había sumergido en un silencio obligado por las enfermedades y un mercado, el del cine fantástico, que mira con lupa y excesivo criticismo las obras modernas de determinados autores consagrados.
Bueno, el citado silencio no ha sido absoluto; habiendo podido disfrutar de dos capítulos de la serie Maestros del Horror muy desiguales: El genial Cigarette Burns y el flojito Pro-Life.
Sin embargo, todos sus fans (entre los que me encuentro) llevabamos esperando con ansia el retorno a la gran pantalla de uno de los creadores más memorables del cine fantástico. ¿Ó alguno es capaz de negar qué Carpenter se encuentra entre los veinte mejores directores de cine de género? De acuerdo, quizás no tanto por su técnica como por su constancia, cariño para con los aficionados y los argumentos siempre interesantes de sus películas; pero es más de lo que podemos decir de figuras encumbradas en taquilla como James Cameron ó George Lucas.

Bien, pues el retorno ya está aquí; y no exento de polémica, opiniones enfrentadas y unas críticas, a mi juicio, excesivamente duras. Y este regreso, se trata de un thriller de tintes sobrenaturales, llamado The Ward; el cual tuve el placer de poder verlo en la actual edición del festival de Sitges rodeado de buenos amigos, fuerte olor a humanidad y grititos de expectación. El ambiente idóneo de un festival, vamos.

Corre el año 1966, Kristen Amber Heard es internada en un tenebroso psiquiátrico por incendiar una granja. Confundida, atormentada por difusos recuerdos ominosos y sin saber muy bien como ha llegado hasta esa situación, se ve retenida en contra de su voluntad y bajo un tratamiento de choque bastante severo para los cánones actuales. En el ala donde está internada, otras cuatro chicas son su única compañía frente a la dura actitud de las enfermeras y camilleros.

Al poco de llegar, Kristen empieza a intuir que algo no anda muy bien. Sus compañeras están aterrorizadas por algo que ronda de noche entre los pasillos de la institución. Condenadas a ser tomadas por locas, las chicas intentan ignorar la amenaza que poco a poco las va cazando antes de que puedan recibir el alta médica. Sin ayuda ni respeto por parte de los empleados del psiquiátrico, Kristen se ve avocada a desentrañar un misterio que atenta contra su propia vida y la de, las ahora, sus amigas.

The Ward no presenta argumental una historia novedosa, ni siquiera potente. El misterio en el manicomio, la lucha entre internos y sanitarios; el horror a verse atrapado en un edificio con algo peligroso sin que nadie te crea, es una trama que el mismo Carpenter ha usado con profusión e incluso otros autores han querido manejar dándole cierta vuelta de tuerca, como en el caso de la entrañable Bubba Ho-Tep de Don Coscarelli. Este es el primer handicap con el que se enfrenta Carpenter, y no es que el guión lo resuelva en modo alguno, usando giros, sorpresas, personajes brillantes u otros recursos. Entonces, ¿es recomendable esta película? Ante tan retorcida pregunta solo queda fijarnos en lo más importante de una producción terrorífica: Su guión, ambientación y actuaciones.

El libreto de los desconocidos hermanos Rasmussen (este es su primer trabajo de “peso”) se dedica a cimentar la película sobre situaciones manidas, personajes arquetípicos y sustos fáciles. No obstante, esta acumulación de escenas poco sorprendentes y originales no tiene una lectura tan sencilla e inmediata. Digamos que la saña e inquina de algunos “críticos” se ha dejado llevar por una primera impresión, a todas luces, desproporcionada.
Claramente, nos encontramos con una cinta que busca un enfoque clásico del cine de sustos; un equivalente moderno a los relatos de fantasmas de M.R. James. He podido leer que la historia de Kristen y sus compañeras resulta aburrida dada la falta de originalidad argumental, así como los sustos tontorrones que se repiten sin cesar, haciendo uso del aumento de volumen repentino. Bien, ¡así era el cine de terror hace treinta años! Y sigue siendo superior a más de la mitad de producciones de este nuevo siglo. Es como si los responsables del proyecto, se hubiesen tomado la vuelta detrás de las cámaras de Carpenter como una necesaria vuelta a su cine más característico. Muy recomendable me parece visionar La Noche de Halloween después de ver The Ward, los paralelismos formales asustarán a más de uno.
Además el argumento no es tan malo, funciona lo suficiente como para no perder el interés durante la escasa hora y medía de metraje; con que la presencia fantasmal hubiese tenido algo más de carisma ó enjundia todo hubiese tenido una repercusión más positiva.
Puede que sea un trabajo de encargo, pero lo veo igual de resultón que Vampiros (1998), la cual no fue tan vilipendiada.

Visualmente observamos rápidamente que la ambientación sesentera tiene un único propósito. Predisponer al espectador, ponerlo sobre aviso de que no va a ver una película “actual”. Con un ligero esfuerzo de fe, podríamos creer que estamos ante una producción de los setenta ambientada en los sesenta. Algo parecido (con cambio de décadas por medio) a The House of The Devil de Ty West, pero con mayor acierto (y presupuesto). Aquí ya tenemos el primer elemento diferenciador; el toque de estilo de un maestro: donde directores más jóvenes tropiezan, John Carpenter acierta de pleno. Sin efectismos pero con sobrada efectividad, nos vemos trasladados a una época, los años sesenta, con una veracidad increíble para los escasos recursos utilizados. Todo con un ritmo profesional que agudiza la sensación retro…
La ambientación nocturna, los viejos pasillos iluminados perfectamente (el uso de la iluminación y la fotografía es digno de estudio en escuelas de imagen y sonido), los enfoques exteriores de la arquitectura del siniestro manicomio, el vestuario datado… todo eso y poco más, nos sitúa en una década donde el cine era diferente; predecible en el siglo XXI pero dotado de una magia que todavía no se ha podido igualar, salvo en contadas ocasiones, en estos últimos años de paupérrimo género fantástico.
Lamentablemente, reconozco que esta atmósfera insana y misteriosa que se respira, está al servicio de este engaño cinematográfico y nada más; dejando al guión bastante desangelado en cuanto a desarrollo e interés, por eso de ver lo mismo en pantalla una y otra vez.
Quizás el exceso de sobresaltos debería haber sido controlado, más de uno saldrá aborrecido al comprobar como la “presencia” ó “fantasma” actúa siempre cuando uno espera y además en las ubicaciones más artificialmente preparadas que he visto en mucho tiempo… pero, insisto, no os engañéis; es algo premeditado…

Las actuaciones están a buen nivel, algo maniatadas debido a los personajes bidimensionales que pueblan el psiquiátrico. Sin embargo, volvemos a la intencionalidad… actores, como el televisivo Jared Harris, demuestran una solvencia sobrada bajo una dirección artística que se hace notar por la contención (muy de los setenta) en los diálogos. Amber Heard, buena amiga de Almas Oscuras debido a su papel en Todos los chicos aman a Mandy Lane y a uno de los cameos más divertidos de Zombieland, se destapa como una heroína de tomo y lomo, abandonando sus papeles más sexys para mostrar que es una buena apuesta de futuro dentro del género de terror. No se trata de una actuación deslumbrante, todavía le queda mucho para dominar la actuación a través de la expresividad facial, pero ese acercamiento al prototipo de Sarah Connor hace que gane como actriz; aunque no se la vea tan guapa como en otros trabajos… de hecho, aún puedo recordar los comentarios lascivos sobre ella que hacia un tipo sentado a mi derecha, y es que Amber destapa pasiones allí por donde pasa…
También me parece que los clichés en cuanto a personajes estereotipados (la loca que está como una cabra, la loca seductora, la loca mimosa y la loca intelectual) responden a ese deseo de llamar la atención sobre un estilo anticuado pero valido. Es más, mientras en otras cintas estos estereotipos se usan con torpeza, aquí están bien integrados en la trama, siendo parte esencial de la misma. Y es que a pesar de la superficialidad general, la cinta deja los cabos atados y bien atados, pese a la sensación de que se ha jugado con nuestra mente como en otros títulos que no nombraré para evitar destripes innecesarios. Baste decir que cerrar tan herméticamente un guión tampoco suele ser el estilo actual y en ese aspecto el film gana enteros.

Y aquí es cuando me gustaría volver finalmente al quid de la cuestión: ¿Es una buena película? Recomendar ó no The Ward es complicado, uno tiene que dejar de lado su amor por el cine de Carpenter y reconocer que la propuesta se queda medio gas; precisamente porque al ser un fanático de las películas de este cineasta, uno tiene este tipo de cine, el de las apariciones fantasmagóricas fuera de plano, muy trillado. Hay que aceptar que estas películas como homenaje a una época ya superada saben a poco en los tiempos que corren; sin embargo, superada la primera impresión de producto para encefalogramas planos, podemos disfrutar The Ward por su sabor añejo, unos planos interiores ejemplares y un amor al terror que yo no veo muy a menudo.

Otros dicen que a Carpenter siempre se le puede pedir más. Pero, ¿tú qué le pedirías a tu abuelo de setenta y dos años? “¡Súbete al andamio abuelo!” Un poco de perspectiva antes de despellejar, por favor. La película no es un hito en la carrera de este director, pero tampoco me parece el tropiezo que otros quieren ver. Si que me gustaría ver una cinta dirigida por él, escrita por él y musicada por él… pero veo injusto tirar a la basura una película porque mis deseos particulares no se plasmen en pantalla, una cosa es ser exigente y otra ser cáustico gratuitamente.

En definitiva, en una cartelera plagada de remakes, de cintas alejadas del verdadero cine terrorífico y de grandes presupuestos vacíos de contenido; el retorno de un genio a medio gas sigue pateando culos a Eli Roth, Robert Rodríguez y otros pseudo-sofistas del fantástico.

Lo mejor: El uso de la escenografía, cámara y efectos de luz; la guapa Amber Heard... y diablos!!! La vuelta de un auténtico maestro del horror siempre debe ser bienvenida

Lo peor: Lo manido de todos los elementos arguméntales, el uso de sustos fáciles y saber que John Carpenter podría haber dejado una mayor impronta personal, en este proyecto

Buried

Torrente de adrenalina en el interior de un ataúd

Buried (enterrado)

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  • Título original: Buried
  • Nacionalidad: España | Año: 2010
  • Director: Rodrigo Cortés
  • Guión: Chris Sparling
  • Intérpretes: Ryan Reynolds, Robert Paterson, Stephen Tobolowsky
  • Argumento: Paul Conroy, tras sufrir en Irak el ataque de un grupo de insurrectos, despierta enterrado bajo tierra en el interior de un ataúd.

90 |100

Estrellas: 5

Buried (enterrado)

Brillante, hipnotizadora, apasionante… no, no son palabras mías. En realidad son sólo una muestra de algunos de los calificativos que la crítica internacional le ha brindado a Buried (Enterrado), un thriller claustrofóbico dirigido por el español Rodrigo Cortés (El Concursante, 2007), con guión de Chris Sparling (se especula con que su libreto pueda estar presente en la carrera de los oscars), y con el protagonismo absoluto de un actor norteamericano de postín como es Ryan Reynolds (Terror en Amytville, 2005), en la que es, sin duda alguna y hasta la fecha, la mejor interpretación de su carrera.

Paul Conroy es un contratista civil norteamericano que presta servicios en territorio iraquí. Tras un terrible suceso que no conviene desvelar, Paul Conroy despierta en el interior de un ataúd de madera enterrado bajo tierra. Sus únicos aliados para salir con vida del ataúd serán un mechero y un teléfono móvil con escasa reserva de batería.

Brillante, hipnotizadora, apasionante… sí, ahora sí son mis palabras. Y para evitar ser acusado de plagio, ahí van unos cuantos adjetivos de mi propia cosecha: arriesgada, intensa, sorprendente, arrebatadora.
Buried (Enterrado) no tiene trampa ni cartón. Es tal y cómo nos la vendieron. Un tipo en el interior de un ataúd con 90 minutos por delante para lograr salir de él con vida. Una única localización, una única presencia física, la de Paul Conroy. Al resto de protagonistas únicamente les oímos la voz a través del teléfono móvil.

Las suspicacias que puede despertar un proyecto de estas características son innumerables (y lo digo por propia experiencia): que si su argumento da, cómo mucho, para un cortometraje; que aguantar durante 90 minutos a un único personaje en pantalla puede resultar una experiencia insufrible; que será prácticamente imposible mantener un buen ritmo debido a las propias restricciones de la trama y la puesta en escena… Olvidadlo. Olvidadlo todo. Olvidad cualquier idea preconcevida sobre Buried (Enterrado) que pueda llevaros a albergar dudas o recelos hacia la, por otro lado, arriesgadísima propuesta de Rodrigo Cortés.

El director gallego supera con creces todas las evidentes autolimitaciones de Buried para ofrecernos un thriller intenso, dinámico, emocionante y, en definitiva, un espectáculo cinematográfico puro y, sobre todo, inusual, susceptible de ser reivindicado, desde ya, como una de las mejores películas del año.

¿Y cómo consigue Cortés que una trama y una puesta en escena tan aparentemente minúsculas, anecdóticas, rígidas; devengan finalemente una experiencia dinámica capaz de mantener al espectador en un estado de constante tensión?

Por un lado el director rompe esa previsible rigidez y estabilidad que pudieran proporcionarle las cuatro paredes del ataúd utilizando su cámara con la energía y el ritmo adecuados para cada situación. Utiliza largos travellings que recorren el habitáculo de punta a punta para acentuar las situaciones de suspense. Una grúa nos aleja de la acción si se impone un mínimo respiro para el espectador. La cámara en mano y el montaje enérgico se dan cita en aquellos momentos en que la película ofrece acción y tensión en grandes dosis (ver al respecto la espectacular secuencia en la que el protagonista recibe la terrorífica visita de un indeseable compañero de viaje. Un magistral ejemplo de suspense resuelto con una potente inyección de adrenalina). En definitiva, Rodrigo Cortés nos obsequia con una inesperada (se trata de su segundo largometraje) lección magistral sobre como superar las limitaciones de un espacio y una historia minimalistas a través de una excelente concepción y uso del lenguaje cinematográfico.

En Buried (Enterrado) ocurren cosas constantemente, y Rodrigo Cortés sabe perfectamente qué ritmo debe otorgarle a cada uno de los acontecimientos que se suceden. Lograrlo supongo que fue todo un reto para el director, y de la posibilidad de sacar adelante dicho reto dependía en gran medida el éxito de Buried (Enterrado).

Pero Buried (Enterrado) no es tan sólo un prodigio de realización y montaje. Cuando abandonamos el terreno puramente formal (aunque en Buried es imposible desprenderse, defintivamente, de lo formal) para adentrarnos en su historia, nos damos cuenta de que su guión es un mecanismo de relojería suiza que consigue, en todo momento, el que supongo que fue el objetivo prioritario de Chris Sparling, su autor, en el momento mismo de concebir el proyecto: lograr que el espectador se metiera en la piel de Paul Conroy.

El sufrimiento y la angustia de Paul Conroy acaba siendo el sufrimiento y la angustia del espectador. Maldecimos la política antiterrorista del gobierno norteamericano que considera a Paul un daño colateral perfectamente asumible. Nos acordamos de la familia de todos aquellos burócratas que no saben reaccionar ante la situación de nuestro desdichado protagonista. Aceptamos la evidente crítica al conflicto irakí. Apretamos con rabia los puños cuando asistimos a la execrable maniobra de una gran corporación que intenta salvar el culo evitando toda responsabilidad ante la terrible situación vivida por Paul Conroy (la conversación telefónica entre el protagonista y el representante del gabinente jurídico de la empresa en la que presta servicios y que le envío a Irak, resulta, sencillamente, magistral… y provoca en el espectador una sensación de rabia e impotencia poco menos que insoportables) y nos estremecemos cuando éste decide llamar a uno de sus familiares más cercanos.

En definitiva, vivimos una auténtica montaña rusa de emociones y acumulamos un alto grado de tensión, sin abandonar, en ningún instante, el estricto esquema de un tipo atrapado en el interior de un ataúd. Mérito absoluto del director – montaje, planificación y ritmo – y de la riqueza emocional de un guión que apenas muestra una sola fisura.

Y sí… el final es previsible. Sabemos, o al menos intuímos lo que va a ocurrir (como en tantas otras ocasiones, interesa menos el final que el camino recorrido). Pero nuevamente Rodrigo Cortés nos sirve una última secuencia de una intensidad y una fuerza tal que, pese a su previsibilidad, nos lleva a mordernos el labio inferior y a arquear nuestra espalda sobre el respaldo de la butaca.

Buried (Enterrado) es una magnífica película. Original (va mucho más allá que el ya célebre – y estupendo – episodio de la serie televisiva CSI Las Vegas, dirigido por Tarantino), inesperada, intensa y sobrecogedora. Toda una experiencia.

Lo mejor: El grado de intensidad que logra con tan pocos elementos a su alcance.

Lo peor: Su final no será del agrado de muchos espectadores.

Road Kill

Gasolina

Road Kill

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  • Título original: Road Kill
  • Nacionalidad: Australia | Año: 2010
  • Director: Dean Francis
  • Guión: Clive Hopkins
  • Intérpretes: Bob Morley, Xavier Samuel, Georgina Haig y Sophie Lowe
  • Argumento: Cuatro jóvenes son perseguidos por un enorme trailer en cuya naturaleza parece haber algo sobrenatural.

40 |100

Estrellas: 2

Road Kill

“Road Kill” cuenta la historia de dos parejas de jóvenes que están de viaje por el sur de Australia y, en medio de una carretera desierta, se pican en una carrera con un enorme trailer de dos cuerpos. ¿El resultado? El viejo coche de los jóvenes vuelca y uno de ellos, Craig (Bob Morley), se parte un brazo. Sin vehículo, en mitad de ningún sitio, los chicos se angustian hasta que avistan, a lo lejos, el enorme camión que les ha agredido. Detenido, unos metros adelante. Siendo, como es, su única esperanza, se acercan, a ver si consiguen hacer entrar en razón al conductor para que lleve a su amigo a un hospital…

Empezamos regular, ¿verdad? Si un loco con un camión gigantesco se lanza a por ti en una carretera, creo que por mucho que pueda ser tu única esperanza, es difícil encajar que estos chicos se acerquen a por él. Por tanto, en los primeros diez minutos de película, hay que hacer la vista gorda. Se plantea uno, por tanto, la siguiente cuestión: puede que no esté todo perdido. Puedo olvidar esto si lo que sigue es apasionante.

Marcus (Xavier Samuel) y Liz (Georgina Haig), la pareja indemne, van hacia el camión, mientras Nina (Sophie Lowe) se queda con el malherido Craig. Los jóvenes llegan hasta el vehículo. Está vacío. Las puertas delanteras abiertas. Del conductor no hay rastro. Además, las llaves están puestas. Suben, justo cuando a lo lejos, se divisa al conductor, que corre hacia ellos, disparándoles. Los chicos arrancan y recogen a sus amigos. Dejan atrás al conductor. Carretera adelante, ¡bien!, pueden salir de esa…
…pero hay algo raro en el trailer. En vez de la insignia de la marca, en el capó hay una pequeña figurita de un perro con tres cabezas que Marcus, el conductor, ha mirado fascinado durante un buen rato. Así, mientras todos duermen, Marcus intenta mantenerse despierto mientras algo, quizás ese extraño perro, aparece en su cabeza, vence su voluntad y le hace salirse de la carretera y tomar un camino sin salida. En ese punto, cuando los demás descubren que se han desviado de la ruta, comienzan los enfrentamientos entre ellos, las tensiones que hay bajo sus aparentes buenas relaciones, siempre a la sombra amenazante del camión…

“Road Kill” no disimula su inspiración directa, “Christine”, la novela de Stephen King. Pero, eso sí, la “personalidad” del coche del novelista americano es mucho más fascinante que la de este mamotreto. Si el plymouth era una suerte de novia celosa, el camión es un animal egoísta que sólo busca su sustento más básico. Y no tiene ningún reparo en utilizar a los jóvenes a su antojo, siempre “poseyendo” al que pueda saciar su instinto de un modo más inmediato.* Así, uno diría que un pilar básico de “Road Kill” debe ser, por tanto, la personalidad de sus cuatro protagonistas. Así debería ser, pero no lo es, y es una de las grandes carencias de la película. Los personajes apenas se mantienen. Marcus, Liz y Nina no cambian su registro en toda la hora y media. Marcus es guapo y un poco engreído, Liz está enamorada de Craig, y Nina es una chica entregada a su novio y buena (…hasta el extremo de ser tonta). Sólo Craig, sobre el papel, empieza de un modo (sexy, majo, bienintencionado) y acaba de otro (utilizando sus virtudes para manipular a los demás).

Eso sí, sobre el papel. Si hay un problema grande y decisivo en “Road Kill” es la labor de dirección de Dean Francis. Puede que los actores no sean los mejores del mundo, pero su batuta al mando es inexistente. El tono de la película también parece navegar sin rumbo fijo: en los primeros minutos, parece que estemos ante una película de Greg Mclean, también australiano y fascinado por la belleza negra y mórbida del entorno natural del país. Pero en cuanto la trama avanza, nos metemos de lleno en el terreno de la serie B –en el sentido malo del término-, aunque al final intente recuperar el pulso estético. A esto, hemos de sumar la planificación: no se sostienen momentos en los que, por ejemplo, Craig abandona el sitio en el que Nina le había dejado, y vemos a dónde se dirige. Posteriormente, Nina sale a buscarle, y no tiene ningún sentido ver cómo la chica mira en un lugar en el que sabemos, porque lo hemos visto, que Craig no está, y que el director nos ofrezca la réplica a la mirada de Nina mostrando el lugar vacío y enfatizando con música la supuesta sorpresa de que el chico no esté allí.
Por otra parte, en el tramo final de la película, se acumulan los sinsentidos y fallos de racord gordos –el trailer lleva dos contenedores, y el mismo interior se encuentra en uno y otro indistintamente. A esto hay que sumar el guión de Clive Hopkins: en tres ocasiones, un personaje, en un momento de tensión, se queda dormido (!!!) y despierta un tiempo después… tiempo que se necesitaba para colocar los elementos del siguiente tramo de la película. O el clímax, estirado hasta la extenuación para alcanzar los noventa minutos de película.

Puede que esté siendo duro. Pero es que da rabia porque, aunque no era original, la trama daba de sí. Y algunas cosas están la mar de bien resueltas –la presentación del mecanismo del camión, por ejemplo, dibujada en la pared de la que parece la guarida del conductor, o el motor del vehículo, una imagen no por tópica menos perturbadora-, por lo que da que pensar por qué otras no se han pensado del mismo modo. Además, hasta que llega el ya mencionado y estirado clímax, la película, a pesar de sus peros, no se ve mal del todo.

En definitiva, que podía haber estado bien. Y eso duele.

Lo mejor: El motor del camión.

Lo peor: En general, es floja

Burning Bright

Gatito malo

Burning Bright

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  • Título original: Gatito malo
  • Nacionalidad: USA | Año: 2010
  • Director: Carlos Brooks
  • Guión: Christine Coyle Johnson y Julie Prendiville Roux
  • Intérpretes: Briana Evigan, Garret Dillahunt, Charlie Tahan
  • Argumento: Una joven, su hermano autista y un tigre con hambre en una casa cerrada a cal y canto

70 |100

Estrellas: 4

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1.-UN TIGRE

Lo primero que tengo que reconocer es que cuando leí el argumento de la película me dije: bufffff, y la guardé en la carpeta de PELIS PARA VER ESNUCAO; y es que me pareció un pelín rebuscado, un tigre de Bengala??, coño, con lo fácil que es contratar a 2 yonkos para que se encarguen de 2 chavales solos en una casa aislada… Pero me equivoqué de pleno, lo que en un principio parecía su peor handicap se convirtió en el verdadero acierto de la película: el uso de la imaginación para generar un nivel impecable de tensión.

Y es que en estos tiempos que corremos es más difícil encontrar un thriller original, sin caer en lo absurdo (White Wall), que un cura honrado. Sin necesidad de abusar de los efectos digitales, solo los justos y necesarios (uno de los pocos puntos flojos de la película: la falta de medios); sin recurrir a la casquería fácil, ni a las tetas gratuitas. Solo un decorado, 3 personajes y la madre naturaleza.

Otro de los grandes aciertos de la película, aparte del caracartón de Garret Dillahunt (menos expresivo que Clive Owen con parálisis facial), es el casting: tanto Briana Evigan, como el niño Charlie Tahan están perfectos como hermana mayor agobiada y superada por las circunstancias, y como niño con autismo severo, que por cierto es uno de los grandes aciertos del guión. A ello vamos.

2.-DOS TIGRES

PhotobucketKelly (Evigan) ya no puede más, toda su vida lleva estando mediatizada por la presencia de su hermano autista, especialmente desde que su madre falleció por un “presunto” suicidio con pastillas. No puede ir a la Universidad, no tiene vida social y el niño no la deja sola ni 10 minutos. Y para colmo va el capullo de su padrastro y se gasta los ahorros que tenía para la educación del niño en un puñetero tigre de Bengala (breve cameo de Meat Loaf) para su estúpida idea de montar un rancho-safari en mitad de la nada. Como cuando las cosas van mal, generalmente suelen empeorar, un huracán de los gordacos está a punto de llegar a la zona y su padrastro anda liado con unos carpinteros para que protejan la casa con madera laminada.

Y justo la noche en la que llega el citado huracán se tiene que quedar sola con su hermano y cuidar de él, ya que el padrastro se ha ido de farra. O eso piensa ella. Para no reventar las sutiles maniobras de las guionistas ( Christine Coyle Johnson y Julie Prendiville Roux) para manejar la trama, me limitaré a decir que pronto descubren que no están solos en la casa: hay un lindo gatito que lleva ayunando forzosamente 2 semanas suelto, y la casa está completamente sellada. No se puede salir ni entrar. Y quedan 75 minutos…

TRES TIGRES

PhotobucketSalvando la falta de expresividad del “malo” y las escasas secuencias en las que recurren a los efectos digitales, esta es una de esas películas que se podría considerar una pequeña joyita dentro del panorama actual de thriller/terror actual. Tanto por la originalidad del planteamiento (a pesar de que pueda paracer un poco forzado al principio), como por la maestría con la que el director, CARLOS BROOKS, maneja sus pocos medios y un guión en apariencia complicado de resolver. Como curisidades os cuento que se emplearon 3 tigres de Bengala en la película (Katia, Schicka y Kismet), y que la canción que suena en los títulos de crédito finales está compuesta por el pivón, digooo, Briana Evigan….

Lo mejor: Lo bien aprovechado que está el guión y la presencia de Briana Evigan

Lo peor: EL "malo" y una evidente falta de medios

A Horrible Way to Die

La venganza del novio despechado

A Horrible Way to Die

A Horrible Way to DieAdam Wingard, director de Pop Skull, presentará en el próximo Festival Internacional de Cine de Toronto – TIFF su nuevo proyecto, A Horrible Way to Dead, un thriller independiente que cuenta la historia Sarah, una joven que decide emprender una nueva vida después de que su última relación amorosa finalizara con su novio Garrik condenado a cadena perpetua por cometer un terrible asesinato. Por lo visto una declaración de la propia Sarah fue decisiva para que su novio diera con sus huesos en prisión.

Sarah se ha trasladado a un nuevo pueblo, tiene una nueva identidad y una nueva oportunidad para ser feliz.

Pero lamentablemente, y como suele ser habitual en estas ocasiones, el pasado le pasará factura. Garrik escapa de prisión y descubre el lugar donde Sarah se oculta, iniciando un viaje por todo el país que dejará un horrible rastro de violencia.