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Apollo 18

Especulación espacial instrascendente

Apollo 18 Póster

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  • Título original: Apollo 18
  • Nacionalidad: Estados Unidos/Canadá | Año: 2011
  • Director: Gonzalo López-Gallego
  • Guión: Brian Miller, Cory Goodman
  • Intérpretes: Warren Christie, Ryan Robbins, Ali Liebert

50 |100

Estrellas: 3

Apollo 18 Grande

Por fin las cintas que el gobierno de los Estados Unidos había mantenido en secreto, salen a la luz: Un documento excepcional donde descubriremos por qué los Estados Unidos frenaron sus programas de exploración lunar en la segunda década de los setenta. La tragedia de dos astronautas que descubrieron algo más que piedras en la luna. Déjate llevar por este “rock and moon”…

Apollo 18 es una de esas películas que parte de una premisa sumamente atractiva, hasta distinta a sus coetáneas, para acabar convirtiéndose, por una miríada de fallos grandes y pequeños, en otro proyecto intrascendente: sus responsables deberían de realizar mucha autocrítica.

A saber, una nueva muestra de falso metraje encontrado que intenta desvelarnos, en clave fantástica y poco especulativa, la razón de que las misiones espaciales a la luna, en concreto las del país de las barras y las estrellas, se cortaran oficialmente de raíz tras el proyecto Apolo 17. Como os decía, no pinta nada mal eso de mezclar ciencia-ficción con terror e, incluso, el elemento tan manido del “mockumentary” aquí se presentaba potente y válido para divagar sobre conspiraciones, extraterrestres y demás zarandajas. Por desgracia, o por suerte, parece que los Illuminati no han metido mano a la producción, convirtiendo Apollo 18 en poco menos que una broma, y algo aburrida por si no os parece bastante.

Para un servidor, existen varias claves con las que afrontar exitosamente la realización de un falso documental. Una de las principales sería construir un leitmotiv con enjundia, una razón de ser plausible, dentro de la realidad ficticia que se nos plantea, pero que además divierta al espectador. En definitiva, ese fino equilibrio entre verdad y mentira, algo que suspenda nuestro juicio sin llegar a creérnoslo del todo (Lake Mungo, The Tunnel). O en todo caso ser lo suficientemente descarados para epatar al público (Vampires, The Troll Hunter, Grave Encounters).

Esta clave se conjuga con otra, la más importante. La cual aunaría, por así decirlo, el resto de elementos de éxito: la presentación de la propia película. Es imposible suspender parcialmente el juicio y divertirse si los actores no son creíbles, los personajes no son cercanos, la estética no resulta acorde con el mensaje de “¡Hey! Esto ha sucedido realmente” o el guión no se esfuerza por engañar nuestra percepción.

Repasando lo que sería Apollo 18 vemos de forma inmediata que cojea de lo enumerado antes, ya sea por defecto, exceso o, simplemente, falta de interés.

¿Pero qué narices es esto?

Será la pregunta que os repetiréis incansables desde que el meollo del “problemilla”, sufrido por nuestros intrépidos astronautas sobre la superficie lunar, sea revelado abiertamente hasta la conclusión desangelada de la cinta. Seamos justos, no hubiese estado mal dicha amenaza espacial siempre que Apollo 18 hubiese discurrido por otros derroteros más frenéticos, más orientados a la acción; en definitiva, si la película no quisiese emular metraje encontrado. No quiero destriparos nada, pero la fatídica revelación, la causa de que la hipotética misión del Apolo 18 fuese ocultada a la opinión pública, va a arrancaros algún que otro insulto hacía la madre de los guionistas. En este caso, un primerizo Brian Miller y Corey Goodman, que tampoco presenta un currículo de peso. De hecho, su único guión anterior es el de Priest, obra que tampoco se caracteriza por su profundidad argumental – pese a basarse en un manga bastante trabajado –. Supongo que esta falta de experiencia justifica los agujeros de un guión, que hace aguas cuando la razón del frenazo en la carrera de la exploración lunar se desvela. No obstante, me parece un poco triste que tratándose de una producción con espíritu comercial, no se haya trabajado algo más en la presentación de un ecosistema básico alienígena. Insisto, no quiero revelar nada, pero quizás todo hubiese tenido sentido si Los Picapiedra hubiesen hecho presencia dando saltitos entre los cráteres lunares. ¿Una chorrada? Claro, igual que ciertos sistemas de reproducción… y los que hayáis visto la cinta me entenderéis a la perfección.

No hace falta ser un lince para darse cuenta de que dicho leitmotiv nace a raíz del deseo de sus guionistas por justificar el mensaje final – los últimos treinta segundos del metraje, afortunadamente corto –, que por otro lado entra de lleno en el juego de las “conspiranoias” y resulta un guiño divertido pero insuficiente.

De mayor quiero ser astronauta

¿De verdad hijo mío que quieres conquistar el espacio? Pues mira: tienes que entrenar duro, estudiar para saber más que Punset y, sobre todo, ¡es un puñetero coñazo! Y si me preguntas como lo sé, te diré que en su día tuve la desgracia de ver Apollo 18. ¡Y vaya aburrimiento! Sí señores, la primera media hora – centrada en el metraje que sigue el lanzamiento de la nave que contiene los módulos lunares – resulta de un soso alarmante. No es que los primeros tercios de otros “mockumentarys” sean para echar cohetes, nunca mejor dicho, pero al menos suponen una toma de contacto interesante con los personajes, su forma de ser, sus miedos o todo lo que queramos imaginar. Sin embargo, en el caso que nos ocupa, los personajes resultan bastante planos, amén de que sus interpretaciones reflejan a la perfección lo insulso de los caracteres. Grave pecado en una película con solo dos personajes y medio, más teniendo en cuenta que solo a través de la empatía, hacia los protagonistas, podemos sentir el horror que tanto se esfuerzan por vendernos una vez superado el sopor de esa primera media hora, en la cual reconozco haberme dormido unas cinco veces. Aunque ni ciencia-ficción, ni terror, ni leches. Reducir esa empatía, esa dimensión humana, a unos breves minutos donde vemos a la tripulación del Apolo 18 con su familia, pues que os voy a decir: deficiente y banal.

La verdad, no sé que culpa le corresponde al elenco. Tampoco creo que se trate de buscar culpables, sencillamente la dirección artística ha sido obviada en pro de una verosimilitud – al menos eso quiero pensar – que no se logra. Aun con todo, teniendo en cuanta la experiencia del reparto, creo que se podían haber explotado mejor sus dotes. Tal vez que Lloyd Owen,Waren Christie y Ryan Robbins sean actores crecidos, casi exclusivamente, bajo el amparo de diversas series norteamericanas, apunte en dirección a su falta de “sensibilidad”, y es que todo sucede demasiado deprisa y bajo unas reacciones emocionales cuando menos dudosas y algo risibles. Resumiendo, es sumamente fácil distanciarse de tres astronautas muy poco expresivos.

¡Vaya mareo papi!

Como señalaba más arriba, un detalle importante de los falsos documentales es lograr la estética correcta, no solo mediante el realismo de la cámara en mano (o, en este caso, pegada al traje) si no también gracias a un montaje eficaz. Un buen ejemplo sería The Troll Hunter, donde todo resulta veraz pero bien planificado para no resultar molesto. Todos odiamos el excesivo histerismo de las cámaras realistas en las secuencias más movidas. Pues bien, en Apollo 18 este histerismo llega al paroxismo más extremo. Rodadas muchas escenas en espacios cerrados, se hace sumamente molesto seguir la acción. Aunque el verdadero culpable de que el mareo sea constante es a mi juicio el editor.

Con la sana intención de mostrar mayor veracidad, se hace uso de un montaje demasiado fragmentado. Recuerdo que la película comienza indicando que lo que veremos es un resumen de docenas de horas grabadas, así el montador/editor ha tenido la brillante idea de agarrar la tijera y presentarnos el metraje de la forma más caótica posible. Excesivo mareo que resulta efectista pero resulta incomodo para imbuirse dentro de la acción. No se trata de una dirección fallida: Gonzalo López-Gallego (El Rey de la Montaña, Nómadas) realiza un trabajo formalmente correcto – nada sorprendente, eso sí – que se aleja de su faceta como director más intimista y profundo con solvencia, pero sin el espíritu transgresor que hubiese casado muy bien con una cinta de género tan apetitosa. No, el verdadero fallo es el severo desequilibrio del montaje, una presentación más reposada era necesaria; al final se trata de otra demostración de la superficialidad que estigmatiza a Apollo 18.

Alunizaje

Así que llegamos al final de nuestra odisea lunar, un viaje poco emocionante pero lleno de peligros, dudas, incertidumbres, risas involuntarias – no volveréis a mirar un pedrusco sin soltar una risotada –, fallos garrafales y, sobre todo, falta de cariño. Todo el metraje exuda prisa y poco cuidado, finalmente es difícil involucrarse más allá de su premisa inicial: algo oculta la luna que amenaza la vida humana. No obstante debo recalcar que Apollo 18 no es mala, por mucho que sea un proyecto fallido y a ratos provoque sueño, podremos disfrutar de unos efectos especiales interesantes y algún escenario atmosférico muy logrado. Además, aquellos interesados en las conspiraciones gubernamentales, la verdad oculta, los Expedientes X, etc, ect, disponéis de un argumento blandito pero orientado a satisfacer vuestra hambre de hipótesis rocambolescas. Por mi parte, prefiero la exploración carnal antes que la espacial, los misterios del cuerpo de la agente Scully me parecen mucho más sugerentes que los de un satélite gris y polvoriento…

Lo mejor: Una hipótesis argumental interesante

Lo peor: Su soporífero primer tercio y el epiléptico montaje

Tartarus

Serios alienígenas low-cost y casi invisibles

Tartarus Poster

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  • Título original: Tartarus
  • Nacionalidad: Austria | Año: 2010
  • Director: Stefan Müller
  • Guión: Stefan Müller, Martin Kroissenbrunner
  • Intérpretes: Moritz Thate, Martin Kroissenbrunner, Ines Gruber
  • Argumento: En la Hungría austriaca de 1813, dos soldados vuelven de la guerra napoleónica a su pueblo natal para encontrarse una aterradora invasión que excede su imaginación.

42 |100

Estrellas: 2

Tartarus Grande

Jakob y Veith son dos soldados austriacos que regresan al pueblo natal de Veith para tomar posesión de la propiedad de este último. Después de combatir contra los ejércitos de Napoleón, nada como descansar al fresquito de las montañas de Austria, lugar donde ni los grajos se acercan.

Al llegar al tranquilo pueblo pronto son acosados por extraños fenómenos, el hallazgo en un prado de un cadáver despezado marcará el comienzo del acoso de unas extrañas criaturas inteligentes, cuyo propósito no lleva a engaño: servirse de la humanidad, a través del miedo, para conseguir la destrucción de la misma.

Hoy os presentamos Tartarus, no se trata de un tipo de salsa si no de una película austriaca de muy bajo presupuesto. Casi por lo que cuesta un bote de buena salsa podríamos realizar la cinta que nos ocupa, hasta un par de secuelas. Pero lejos de estas bromas crueles algo exageradas, y que a pesar de todo resumen verazmente la triste realidad detrás de otro proyecto que quiere pero no puede, incluso asumiendo con benevolencia los problemas inherentes a la escasa financiación, solo podemos reconocer que Tartarus nos condena al aburrimiento y a una serie de escenas poco sugestivas, sobre todo en su desangelada segunda mitad. Eso a pesar de acertar en otros aspectos, más estéticos que argumentales, que propician un arranque del metraje bastante prometedor. Una cinta que mezcla muy poquito de ciencia ficción con muy poco de terror, sucumbiendo irremisiblemente ante sus limitaciones; gran parte de culpa la tiene una excesiva falta de imaginación, así como un, todavía más excesivo, tono frío – a los austriacos se les debe dar bien invadir países, pero expresar emociones va a ser que no –. Claros impedimentos a la hora de involucrar al espectador en el devenir de los personajes. Personalmente no me parece desacertado el enfoque negativista – en línea con la filosofía de Nietzsche – vertido sobre las reacciones humanas que vamos presenciando, sobre todo tras la presentación de los monstruos que asolan la pequeña localidad agreste donde transcurre la historia. Sin embargo, dicha deshumanización queda diluida merced al distanciamiento inicial que los distintos personajes viven entre sí. El clima – real y emocional – se presenta tan gélido que contagia al espectador, incapacitándolo para sentir emociones: ¿qué existe cierta tensión entre los habitantes del pueblo y los soldados? Bien, sería interesante sin consiguiesen importarnos los caracteres, pero la realidad es que desmotiva seriamente su falta de tridimensionalidad, de claroscuros, así como el hecho de perdernos ante la nefasta realización, muy técnica pero poco sentida. Bostezos, en una sola palabra.

Al menos, en el devenir anterior a los ataques de los supuestos “extraterrestres” (aquí os tengo que jurar y perjurar que en ningún momento se justifica ese origen alienígena que tan alegremente promueve la sinopsis oficial y el tráiler), podéis disfrutar de unos paisajes naturales preciosos, escenarios sobrecogedores que se ven acompañados de un score instrumental acorde, atmosférico y cuidado; así como de una fotografía bien medida – además de iniciar guerras, los austriacos si de algo entienden es de música y de fotografía –. Elementos estéticos muy agradecidos pero que evidencian, aun más si cabe, las deficiencias en otros sentidos. Y la más sangrante sería la (no)representación gráfica de los alienígenas o criaturas en discordia – de ahí lo de “invisibles” – . La gran mayoría de sus apariciones lo son fuera de plano, peor aun cuando contemplamos a las criaturas realizadas mediante un CGI bastante pobretón, que resta mucha gracia a la sempiterna duda que nos corroe a lo largo del metraje: ¿cómo diablos son los extraterrestres?

A esta tremenda falla, propiciada por el escaso presupuesto, se le une otra aun peor, y carente de justificaciones económicas. El último tercio de Tartarus se vuelve un correcalles que evidencia la falta de tino de su director, Stefan Müller, a la hora de filmar las escenas de acción. Por muy buen paisajista que sea, el movimiento en primer plano no lo tiene muy dominado. Amén de un montaje desquiciante, donde la seriedad que envuelve a toda la película, cero humor, se revela como otro enemigo más de si misma. Enfrentar con una seriedad académica ciertas escenas – no os perdáis la despedida de Jakob y su “amada” – supone una bofetada para el espectador consciente y avispado que no podrá evitar cansarse de despropósitos baratos uno detrás de otro. Dicho sea de paso, el motor de estos despropósitos es la increíble rapidez con que se resuelve su parte final, muestra de amateurismo (y cansancio a la hora de hilvanar un guión) es que cuando ya se ha presentado la atmósfera, se destroce por no saber concluirla, que desemboque en “algo especial”. Como elemento positivo a destacar – oye, que del cerdo se aprovecha todo y nadie se queja – diría que en esta última media hora se crea una combinación curiosa entre las reacciones mortalmente serias de los personajes y lo poco que se narra explícitamente del asunto “alienígena”, provocando en escenas puntuales – véase el sótano rezumante de luz fluorescente verde – una sensación algo surrealista (u onírica) solo comparable a las transmitidas por los relatos menos festivos y floridos del mismísimo Lovecraft (“El color que cayó del cielo”, “El que susurra en las tinieblas”…) Aunque recomiendo tomarse con precaución esta especie de “cumplido”.

Otro tremendo problema, y aquí termino, sería la duración en sí de Tartarus. Hora y tres cuartos me parece excesivo para una historia que no evoluciona en demasía y que en lugar de centrarse en el acoso de los monstruos se centra más en intentar no mostrarlos (algunos planos son tan forzados que consiguen hacer sangrar las retinas). Digamos que la antitesis de Tartarus sería la divertida Feast.

En definitiva, un proyecto curioso cuya premisa pintaba sugerente pero que se condena con la propia mediocridad de sus bases: actores desconocidos que ni despuntan ni molestan, realización tosca y primigenia, efectos especiales inexistentes; y todo ello enmarcado dentro de una ambientación histórica y regional potente – desaprovechadas montañas austriacas de principios del siglo XIX, durante las guerras napoleónicas –. Tratado además con esa seriedad tan centroeuropea – tanto narrativa como estética –, que casi convierte en chiste las reflexiones oscurantistas sobre la condición del ser humano como único animal inteligente sobre la faz de la tierra. Visión muy de su país de origen y que me llevó a plantearme la presencia de los alienígenas como una absurda alegoría acerca de la crisis, sus especuladores morales y la esclavitud mental que nos impone el patrón oro.

Solo recomendada para completistas, espectadores aburridos pero afines al parco estilo del “fantástico alemán” o personas con tanto sentido del humor que se puedan tomar a risa, las deslucidas escenas de acción con las que se nos regala la vista. Prescindible.

Lo mejor: La ambientación aprovechada de los bellos entornos naturales.

Lo peor: La ausencia de efectos especiales que subrayen la narración, por otro lado meramente tenue.

Attack the Block

Cayeron en el barrio equivocado

Attack the Block

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  • Título original: Attack the Block
  • Nacionalidad: Reino Unido / Francia | Año: 2011
  • Director: Joe Cornish
  • Guión: Joe Cornish
  • Intérpretes: John Boyega, Jodie Whittaker, Luke Treadaway
  • Argumento: Un grupo de adolescentes de los barrios bajos de Londres se enfrenta a una invasión alienígena.

85 |100

Estrellas: 4

Attack the Block

Los brotes de delincuencia protagonizados por adolescentes británicos han inspirado notables títulos en los últimos años como Eden Lake u otros menos destacables pero igual de interesantes como F o Cherry Tree Lane, todas ellas películas incómodas cuyos personajes son chavales con ganas de tocar los huevos que no llegan a la mayoría de edad y a los que se imprime un sadismo y una crueldad que puede resultar excesiva. Críos que perdieron la moralidad en algún nivel del GTA y no muestran ni un ápice de compasión ante el sufrimiento ajeno. Esa generación desgraciadamente existe más allá del celuloide, y películas como las nombradas anteriormente no hacen sino meter el dedo en la yaga de una sociedad que en su agenda de asuntos pendientes debería empezar a subrayar el de la educación.

Attack the Block toma prestado ese joven perfil que se mueve por los barrios bajos de Londres coqueteando con las drogas y la violencia, pero lo sitúa en un marco excepcional de ciencia-ficción trepidante y lo impregna de ese sentido del humor inglés que tan bien maneja uno de los genios de la comedia británica en la actualidad, Edgar Wright, responsable de dos títulos a los que Attack the Block debe mucho: Shaun of the Dead y Hot Fuzz. No es pues de extrañar que el nombre de Wright aparezca en los créditos de la película, algunas de las escenas más cómicas – como la protagonizada por los personajes de Ron (Nick Frost) y Brewis (Luke Treadaway) en un sofá frente al televisor – no desentonarían en un episodio de la infravaloradísima Spaced.

Pero no nos engañemos, Attack the Block no es ni una parodia ni una comedia, es mucho más seria de lo que aparenta a primera vista. Aunque sí bien es cierto que los diálogos contienen puntillas cómicas en forma de guiños generacionales (menciones al magnate británico Simon Cowell y su Britain’s Got Talent, a los videojuegos – XBOX, FIFA -, a los videoclubs Blockbuster, al anime – Naruto, Pokemon -, a la dependencia de los móviles…) o una irónica y ligera crítica social que conecta bien con el espectador (magistrales las líneas de diálogo sobre el novio de la protagonista de viaje con la Cruz Roja para ayudar a los niños africanos; la reprimenda de la prima de Moses a éste cuando descubre que atracaron a la chica; o la propia imagen de la policía). También el carácter de algunos personajes como Ron o Brewis provocan la risa por sí solos, incluso resulta divertido la caricatura de Hit Hatz – ese gangsta con las de Tupac y su plantación de marihuana – o los renacuajos Mayhem y Probs, dos pandilleros prematuros que se comen cada fotograma que protagonizan.

Tras la cámara se encuentra Joe Cornish, que debuta en el largometraje pero no así en el terreno de la comedia. El inglés – amigo de Wright -, había colaborado en Hot Fuzz, dirigido un documental sobre la desternillante y políticamente incorrecta Little Britain (una serie recomendadísima capiteanada por otros dos nombres mayúsculos en el Reino Unido: David Walliams y Matt Lucas), y creado junto a Adam Buxton una serie de sketches para la Channel 4 bajo el título de The Adam and Joe Show.

Cornish escribe y dirige esta nueva vuelta de tuerca a un cine de extraterrestres que en los últimos tiempos ha ofrecido producciones dispares que se mueven desde la nostalgia y el sentimentalismo de Super 8 hasta la comedia más friki y disparatada en Paul. El director y guionista convierte a Attack the Block en algo atípico y por ello seductor al alejar a sus ovnis del Pentágono y redireccionarlos hacia los suburbios de Londres substituyendo a Mulder y Scully por una banda callejera de quinceañeros más chulos que un ocho.

Una joven enfermera camina por las oscuras calles del sur de Londres en la Bonfire Night (la noche de los fuegos artificiales, una tradición inglesa que se inicia el 5 de noviembre) al finalizar su jornada laboral cuando es atracada por una pandilla de adolescentes. Sin apenas tiempo de sobreponerse, es testigo junto a los chicos de la caída de un meteorito que contiene un alienígena en su interior. Moses y su banda acaban con la criatura y la pasean orgullosos por el barrio como si de un trofeo de guerra se tratara. Todo ocurre en una misma noche, pero ésta tan solo acaba de empezar.

Elogiada y premiada hasta la saciedad en la pasada edición del Festival Sitges, Attack the Block está hecha con el encanto, los rostros debutantes y el presupuesto de una serie B pero puede presumir de unos geniales efectos especiales con los que han creado a unos exóticos aliens peludos con forma de gorila cabreado y dentadura azul fluorescente cuya llegada fortuita a la Tierra no tiene ningún objetivo concreto más que devorar lo que se les plante por delante. Una amenaza exterior que queda en segundo plano y que en ningún momento se superpone a la presencia de Moses, el líder de la pandilla, interpretado por un fantástico John Boyega que firma con una madurez asombrosa un personaje que experimenta una enorme evolución, desde la imagen de delincuente agresivo hasta el chico que se ve envuelto en unas circunstancias extraordinarias que hacen aflorar su verdadera naturaleza: la de un chaval de buen fondo que se ha tenido que adaptar al entorno construyendo una personalidad de tipo duro capaz de hacer frente a cualquier situación pese a su corta edad. Un líder nato que no duda en tomar la delantera a la hora de enfrentarse al mayor riesgo él solo, consciente de su responsabilidad y la lealtad a sus compañeros.

Pero no es él el único acierto en el casting, la mayoría del elenco está formado por jóvenes debutantes que parecen sacados de un spin-off prematuro de Misfits y que salen victoriosos de su primer encuentro con la cámara, destacando a Alex Esmail como el descarado e inofensivo Pest. En el lado de los rostros conocidos es imposible obviar la presencia de Nick Frost como secundario de lujo al que no se acaba de sacar todo el jugo pero funciona como reclamo comercial; además, de no ser así acabaría robando protagonismo a los chavales y ellos son los encargados de llevar el peso de la historia. Otro de los divertidos aciertos es el de Luke Treadaway como Brewis, un niño de papá fumeta y amigo de Ron que vive ajeno a todo lo que le rodea alienado con sus auriculares por donde transitan rap y reggae. Jodie Whittaker hace lo que puede como la víctima que se ve en medio de una guerra entre aliens y los pandilleros que la habían atracado, con los que se alía finalmente ofreciéndoles la oportunidad de llevar a cabo todo un ejemplo de madurez y redención. Y no por último menos destacable, se encuentra el ya mencionado Hi Hatz interpretado por Jumayn Hunter, quien nos horrorizó precisamente en Eden Lake y Cherry Tree Lane, y que aquí aparece como otro de los enemigos con los que el grupo debe lidiar además de los aliens.

Lo que más sorprende de la banda de críos es que pese al más que evidente peligro al que se enfrentan en los primeros compases de la cinta, están más interesados en rentabilizar el hallazgo que en saber qué son, de donde vienen y qué quieren esos monstruos. Una de mis escenas favoritas es aquella en la que se sientan a hablar sobre cual es su siguiente movimiento y conversan en tono pseudointelectual sobre la prensa sensacionalista o la necesidad de recurrir a un abogado – no olvidemos que tienen una media de 14 años -.

Son los Goonies de una nueva generación, no son inocentes como aquellos, son cabrones y muy hábiles (se defienden con lo primero que pillan: patines, lámparas, petardos…), pero comparten el ansia de aventura, ya sea buscando un tesoro, rodando una película o cazando extraterrestres.

El espacio es, junto a los chicos y los bichos, el tercer pilar de Attack the Block. Las calles de Londres con su neblina y esa oscuridad que acecha por cada rincón. Grafitis por las paredes, calles desiertas y rap. La música es un elemento básico para que Attack the Block funcione porque se integra a la perfección en el ambiente y define el tono de la película, los personajes y el contexto. Calles por las que Moses y los suyos se enfrentan a cualquier peligro porque éstas representan su identidad, lo que son y lo que deben proteger: su espacio, su familia, sus amigos, su vida. Y el bloque, como no, el bloque. Un edificio moderno de largos pasillos, con apariencia casi industrial, su trinchera y su rincón de operaciones. Excelente el plano majestuoso de la fachada del edificio por el que trepan los aliens. ¡Y los ascensores, claro! Ojo a los ascensores.

Joe Cornish ya se ha ganado el respeto y la admiración del público por su excelente debut, y además es un tío la mar de majo. Ha conseguido meter su nombre junto al de Edgar Wright y Steven Moffat – Doctor Who – como guionistas del Tintín de Spielberg y Peter Jackson, y no seria de extrañar que le cayeran más interesantes ofertas de ahora en adelante.

Attack the Block es pura diversión y entretenimiento sin pretensiones. Recomendado para cualquiera dispuesto a pasar un buen rato con una película relativamente pequeña hecha con entusiasmo, mucho ritmo, un equipo de jóvenes debutantes con brillante futuro, unos efectos que no desmerecen a los de grandes superproducciones y un guión simple que pese a presentar más de un fleco (¿Dónde están los vecinos?, ¿Nadie más es atacado por aliens?, ¿Porque la policía no entra antes en el bloque?) suma más que resta por su originalidad, por mirar muy de cerca a los clichés del género pero atreverse a refrescarlos.

Lo mejor: Mayhem y Probs. La escena de humo en el pasillo.

Lo peor: Que no se acabe de decidir entre el humor y el tono serio. Que alguien se atreva a verla doblada.

The Thing (2011)

Crisis de la mediana edad

The Thing Póster

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  • Título original: The Thing
  • Nacionalidad: Estados Unidos | Año: 2011
  • Director: Matthijs van Heijningen Jr.
  • Guión: Eric Heisserer
  • Intérpretes: Mary Elizabeth Winstead, Joel Edgerton, Ulrich Thomsen
  • Argumento: En un centro de investigación antártico, el descubrimiento de una carcasa alienígena desvela una nueva forma de vida capaz de destruir la vida humana tal y como la conocemos.

50 |100

Estrellas: 3

The Thing Grande

Me gustaría dedicar la reseña a A. C., por no poder terminar nuestro viaje a la Antártica, y a A. B. por estar siempre allanando las travesías.

La estudiante de grado Kate Lloyd, especializada en paleontología, ha sido reclutada por un grupo de científicos noruegos – encabezados por el frío Dr. Halvorson – para investigar, en un centro antártico, los restos de lo que parece un alienigena. Al llegar a la zona, descubrirá que el fino hielo por el que pisa esconde el más que probable fin de la humanidad.

The Thing (2011) es una precuela del clásico homónimo dirigido por John Carpenter en 1982, y que a su vez era un re-make (completamente sui generis) de “El enigma de otro mundo” (1951), otra cinta clásica de distinto calado pero también de muy buen resultado. ¿Qué podemos esperar de la “nueva versión”, y del tremendo cacaó, de esta especie de maldición antártica que se produce, más o menos, cada 30 años? Pues en vuestro caso no sé, pero yo me he encontrado con una película que me ha hecho sentir viejo. Una pequeña crisis de la mediana edad. ¿Y a qué viene semejante chorrada? Veréis, con algunas películas es inevitable dejarse llevar por el ejercicio de “¿y si…”, ¿y si hubiese sida dirigida por otro director?, ¿y si el protagonista hubiese muerto al empezar la película?… Pero en este caso la hipótesis es totalmente personal: mientras visionaba a la interfecta no podía dejar de pensar lo que hubiese pensado de ella si la hubiera visto justo recién entrado al instituto, como así hice con la original de Carpenter.

Probablemente os importará un pimiento, pero tengo unos cuantos años a mi espalda, y para bien o para mal sesgan los placeres y sinsabores que tiene a bien ponerme la vida delante. Y con The Thing 2011 la edad es un peaje demasiado caro de pagar. Ya no se trata de violar clásicos o expoliar cadáveres cinematográficos (controvertido tema para darle de comer aparte): si meramente hiciésemos una comparativa entre ambas películas, la actual de Matthijs van Heijningen Jr. frente a la joya de Carpenter – a la inocente cinta de los cincuenta mejor dejémosla dormir tranquila –, podríamos decir que la película moderna es un insulto para la inteligencia del espectador treintañero que disfrutase con las andanzas polares del bueno de Kurt Russell. Pero semejante afirmación es solo la punta del iceberg, porque un servidor, que entraba al cine con la sana intención de despellejar vilmente la nueva cosa, debe reconocer que como película de terror, The Thing (2011) se encuentra por encima de muchas producciones actuales de grandes estudios, y eso pese a estar adscrita antes a la serie B, por presupuesto, que a las grandes estrenos. Sin embargo, no creo que esto último sea decir mucho.

El Bob adolescente, aquel joven punk más “quemaó” que el palo de un churrero, se hubiese metido dentro del cine y hubiese disfrutado, como el gran descerebrado que era, de lo que se ofrecía en pantalla: Una protagonista mona, dosis adecuadas de acción, muertes a go-go, mucho bicho lovecraftiano y explicito, decorados chichinabescos, tensión psicológica… y todo bien empaquetadito en su justa duración y con un final alejado de los convencionalismos hollywoodienses (más o menos)

Pero el tiempo no pasa en balde, y ahora soy más gruñón pero más sabio (bueno, es un decir, sigo siendo un descerebrado) y quiero creer que puedo separar el grano de la paja. Así que lejos de esa experiencia reconfortante que estoy seguro que sentirán los jóvenes aficionados al terror cuando acudan a ver The Thing (2011), mi sensación ante ella fue algo más frustrante, hasta llegar a un tramo final en que se desvelaba la triste realidad: para un servidor, si The Thing (2011) no hubiese soltado ni una lagrimita. Nada aporta al imaginario de Carpenter, y a medida que transcurre el metraje, sobre todo en ese tramo final que os comentaba, se va volviendo tan predecible como “palomitera”.

De hecho, es curioso analizar en que aspectos funciona la cinta de Heijningen Justamente en aquellos en que funcionaba la cinta de Carpenter: el horror de verse atrapado junto a compañeros que pudiesen ser monstruos (¡paranoia! ¡paranoia!), el diseño alienígena de las mutaciones y un pesimismo muy de los ochenta – reinado de la música punk y siniestra –. De acuerdo, resulta funcional en estos aspectos y ayudada por un acabado técnico adecuado (que no deslumbrante), se hace totalmente visionable y a nadie le costará terminarla, pero su nivel es siempre inferior a la original de la que solo toma los cuatro huecos arguméntales obligados para una precuela y rellenando el resto de historia con remedos fagocitados de la de Carpenter, existen escenas muy similares y resueltas parecido (hasta mezclarse el concepto de precuela y remake de una forma sonrojante), más un final un poco ido de las manos y mera excusa para mostrar todo el potencial de los expertos en efectos especiales.

A respecto anterior: Sí, los FX están básicamente diseñados con CGI – apoyados con los animatrónicos necesarios para hacerlos ligeramente creíbles –. Algo que no veo como un excesivo problema puesto que han sido bastante cuidados, pese a la excesiva presencia en pantalla, casi pornográfica, que tienen los monstruos en su tramo final. Aunque en lo personal suelo ser más partidario del látex y la sangre sintética, quiero recalcar que The Thing (2011) no me ha desagradado a nivel de casquería – que no sustos, porque es demasiado predecible cuando tienes esa edad maldita que os lloraba –. No obstante no albergo dudas: me quedo con los diseños originales, algo más “realistas”, si se puede usar ese adjetivo aquí.

La verdad es que cuando The Thing (2011) se intenta alejar de los parámetros establecidos por su predecesora la diversión baja enteros. No quiero destriparos nada, pero Carpenter era un gran admirador de Lovecraft, y como él maestro de Providence siempre intentó sugerir antes que mostrar (claro que 1982 estaba bastante lejos del estados unidos de principios del siglo XX). En el caso de The Thing la atmósfera dependía fundamentalmente de la paranoia – igual que en la cinta actual – y dejando al espectador en ascuas, sin meterse en explicaciones difícilmente defendibles. Pues precisamente, el libreto de Eric Heisserer intenta sugerir una mayor profundidad, en cuanto a las motivaciones de nuestra querida “cosica”, pero obviamente rompiendo la magia del misterio. Aunque todo hay que decirlo, Heisserer es un guionista de oficio y consigue buenos resultados, comerciales y modernos sin comerse mucho la cabeza. ¡Qué menos! El tío está bastante acostumbrado a seguir argumentos explotados hasta la saciedad: de él son también el guión de Pesadilla en Elm Street (2010) y Destino Final 5.

Con respecto a la presencia, como protagonista absoluta (tras las mutaciones alienígenas, por supuesto) de la cara de moda llamada Mary Elizabeth Winstead (Scott Pilgrim Vs The World, Death Proof, La Jungla de Cristal 4), no puedo decir nada especialmente positivo. La chica no lo hace ni bien ni mal, pero lo hace, claro que el resto de sus compañeros de reparto me resultaron bastante más creíbles pese a ser sus personajes mero cartón piedra. La lucha de egos que entabla su personaje, la estudiante Kate Llloyd, contra el Dr. Halvorson (Ulrich Thomsen) es la esencia de estas definiciones tan vagas que padecen los personajes. En definitiva, no aporta nada la presencia de la Winstead, ni toque femenino ni gaitas, una mera decisión comercial, os lo aseguro. Ahora, guapita es un rato…

Una puntualización que me gustaría haceros: tuve la fortuna de ver la película en versión original; bien, una vez visto el trailer en español os recomendaría que no la vieseis doblada. Sé que es complicado pero… ¡que acento más atroz le han clavado a los noruegos!

Resumiendo, una película solo recomendable para gente joven con ganas de pasar un buen rato, sin comeduras de cabeza ni discursos existencialistas: solo terror sin muchas concesiones. A los más maduros del lugar les resultará tan evidente que estamos ante un producto creado en los despachos de la Universal (antes que en la mente de verdaderos artistas) que probablemente se tirarán de los pelos. Un detalle significativo es ver el bagaje anterior de Heijningen como director: ¡ninguno! A los que veneren la original de Carpenter les diría que no se molestasen, pero como lo harán igualmente (¡y esa es la táctica de la Universal!) solo los pediría que fuesen condescendientes para al menos pasar una hora y media simpática… menos da una piedra.

PD: Aunque con algún año a sus espaldas, existe un video juego de La Cosa, editado en 2002, que sin lugar a dudas hará las delicias de los aficionados. Yo lo sentí en su día como una verdadera secuela, así que si la película de este año os defrauda…

Lo mejor: Te hace sentir joven.

Lo peor: Te hace sentir viejo.

Super 8

Aquellos años de primera juventud

Super 8 Poster

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  • Título original: Super 8
  • Nacionalidad: Estados Unidos | Año: 2011
  • Director: J.J. Abrams
  • Guión: J.J. Abrams
  • Intérpretes: Elle Fanning, Joel Courtney, Riley Griffiths
  • Argumento: Un grupo de amigos realiza un cortometraje. Cuando ruedan una escena cerca de unas vías, mientras el tren pasa, un accidente provoca su descarrilamiento. Posteriormente, encontrarán algo extraño en lo que quedó grabado.

65 |100

Estrellas: 3

Super 8 Grande

Hace unas semanas, en la reseña de Brain Damage, resalté a modo de introducción aquella etapa videoclubera de caspa y terrores b y z que se produjo en los ochenta y que daba sus últimos coletazos poco antes de entrar en el siglo XXI. Hoy también toca introducción nostálgica. Tratándose, además, de una etapa muy similar pero cambiando el video club por la televisión. Hace unos cuantos años, cuando la caja todavía no era tan tonta, se producían verdaderos acontecimientos cinéfilos y cinéfagos semana tras semana. Para los que éramos púberes con ganas de afeitarnos por primera vez, un estilo de cine había llegado para quedarse, para siempre, en nuestros corazones y los de una o más generaciones. Alguno habrá que lo tildará de cine de aventuras, comedias juveniles o dramas sobre la adolescencia. Nada de eso. Se trataba de un estilo, una esencia que traspasaba géneros o modas. Era cuando el cine, ya fuese entendido como arte u ocio, también podía ser magia. ¿Me ha quedado un poco cursi, no? En realidad, de eso se trata.

Los Goonies (1985), Exploradores (1985), Cuenta conmigo (1986) o Una pandilla alucinante (1987) son buenos ejemplos, cada una, mejor o peor, más o menos exitosa o recordada, de esa actividad interrumpida de pequeños clásicos que potenciaban la amistad en las experiencias de la infancia/adolescencia. Cine y mensajes que han ido perdiendo la inocencia hasta dejar moribunda su magia para muchos de los nuevos chavales de la era tecnológica. Pero no para los que crecimos con ello. De ahí que el éxito comercial de Super 8 pueda pillar desprevenido, ¿o se habrán dejado, hasta la fecha, algo más de 200 millones de dólares a nivel mundial todos los nostálgicos? Me gustaría pensar que si, pero la realidad es muy distinta: Super 8 es puro Spielberg + Abrams. Productor y director, respectivamente. Y claro, en esa ecuación entra la manera que tienen estos dos para vender sus productos. Brillante, sin duda.

El llamado hype, que viene a ser el cúmulo de expectativas creadas por una brillante campaña de marketing y/o por unas opiniones entusiastas, puede hacer un poco de daño durante el visionado. No nos engañemos. Aquí tenemos nostalgia, por supuesto. Pero la magia de las películas antes citadas (u otras) digamos que se encuentra en un 60-70%. Algo no termina de completar el círculo. Y a esto, poca explicación puedo darle en una reseña. Para los que somos unos nostálgicos de los ochenta y ese estilo de cine, supone en todo caso un entretenido y simpático vehículo de segunda mano. Unos se montarán en él y lo disfrutarán y otros tendrán durante el viaje una molesta sensación de preferir montar en uno mejor. Para los que no conozcan la magia ochentera, o simplemente esperen un espectáculo con monstruos del espacio devorando soldados y éstos respondiéndoles con artillería pesada, pues mejor que se queden en casa.

Lo que tenemos es, como también lo son sus influencias, un cuento para adultos disfrazado de cuento infantil/juvenil. Tenemos a una criatura que crea algunos problemas, pero nunca deja de ser un personaje secundario adherido a la sombra mientras los protagonistas, el grupo de amigos, se abren camino hacia la temida (o esperada) madurez. Un camino con peligros, dudas, alegrías y lagrimas. Todo esto lo viven durante casi dos horas perfectamente dirigidas por Abrams, alumno aventajado de su profesor, Spielberg. Poco que reprochar a ambos en ese sentido. Sin embargo, con el guión, escrito por el propio Abrams, vienen las dudas.

Puede que esa fuese la intención: la simplicidad. Pero el que aquí suscribe, se preguntaba, allá por la hora y cuarto de visionado, sí realmente iba a suceder algo más en la película. Todo está muy bien: los niños interpretan sin problemas a sus personajes y nunca caen en el muy presente mal del “niño repelente”. Y no me olvido de la excelente set piece del accidente del tren, rodada en estado de gracia con un sentido del espectáculo limpio (todo se entiende y los planos son de más de dos segundos) y épico. Hay ciertos sin sentidos (la furgoneta con la choca el tren sale prácticamente ilesa…) que se le perdonan por su propósito de retrotraernos a nuestros años mozos (¿a caso cuando aún se podía contar el vello púbico os planteabais esas escenas en el cine?). A partir de ahí lo que pudiera parecer el mcguffin de la historia, aquella “cosa” que se escapa del tren y se esconde en el pequeño pueblo queda en un plano de interés (por lo poco desarrollado de la subtrama, ya sea pretendido o lo contrario) no ya secundario, sino casi indiferente. Tanto que, llegados al final, la pretendida sorpresa es lo de menos.

Así, puede que el problema se encuentre en no rellenar del todo ninguna de sus dos franjas: la historia de los niños es agradable, tierna, entretenida, pero le falta completar el toque especial del que hablaba al comienzo; y la historia de ciencia ficción, la de la criatura acechando el pueblo, no tiene los suficientes elementos desarrollados o interesantes para funcionar por sí misma.

Más que una película de ciencia ficción o un evento de género, Super 8 es una pequeña obra intima y de colegas en la que Spielberg ha puesto unos cuantos millones con el objetivo de que un amigo y fan, Abrams, le haga un homenaje. Y este homenaje ha sido compartido con nosotros para que, a parte de disfrutarlo quien pueda o sepa disfrutarlo, les reporte algunos beneficios. El cine es negocio, al fin y al cabo.

Lo mejor: Producción y dirección impecables. Los niños protagonistas son carismáticos y la set piece del accidente, una lección de cómo impacientar al espectador, para luego impactarle y resolver todo con una limpieza poco habitual en el cine-espectáculo de hoy.

Lo peor: El guión peca de cierta reiteración, lugares comunes y, a veces, indiferencia. El desenlace, con “sorpresa” incluida que causará división de opiniones, está insertado de forma precipitada.

51

El aborto alienígena de Corman, Wood y Band

51 Poster

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  • Título original: 51
  • Nacionalidad: Estados Unidos | Año: 2011
  • Director: Jason Connery
  • Guión: Kenny Yakkel, Lucy Mukerjee
  • Intérpretes: Bruce Boxleitner, Jason London, Rachel Miner
  • Argumento: El gobierno “yankie” decide realizar una jornada de puertas abiertas en el Área 51 para unos periodistas selectos. Sin embargo, los encargados del Área no esperaban que los prisioneros alienígenas que retenían decidiesen montarla ese mismo día.

30 |100

Estrellas: 2

51 Grande

Sobre puntuaciones: Todos sabéis lo complicado y, hasta cierto punto, injusto que es reducir una película a un número. De hecho, a todos nos ha dolido alguna nota que nos han colocado (en un examen, tras un polvo…) por considerarla inmerecida. Destaco esta cuestión porque últimamente me encuentro con gente muy disconforme ante mis puntuaciones. Creo que desde Almas Oscuras hemos insistido mucho en ello: las notas asignadas en una reseña reflejan la opinión personal de su autor. Básicamente son el medidor de “me lo pasé bien/mal viendo la película”. En el caso de 51 podría ser más sangrante el asunto. Como película es una tremenda bazofia, probablemente una puntuación de 0 le quedase alta; pero resulta, que de lo mala que es, a mi me entretuvo durante su metraje aunque solo fuese por lo estúpido de todas las situaciones planteadas. De hecho, la nota refleja exclusivamente esta ración de comedia (in)voluntaria. Bueno, puede que me esté dejando llevar un poco por mi lado devorador de basura fílmica (véase mi afición por Troll 2 u otras luminarias del cine casposo), pero lo mejor será entrar en materia y no dilatar más el asunto…
¡Acompañadme por una instalación militar que tiene más animación y menos luces que el camarote de los hermanos Marx!

¿Qué tienen en común Roger Corman, Ed Word Jr. y Charles Band (los tres conocidos de sobra por todos vosotros)? Entre otras cosas, que si hubiesen coincidido en el tiempo y el espacio, junto a una buena provisión de tinto Somontano, bien podrían haber perpetrado este disparate de dimensiones bíblicas llamado 51.

Pero por desgracia, la reunión mentada nunca tuvo lugar, y el encargado de ofrecernos otra basura en celuloide es el After Dak Originals 2011. Si con Husk parecía que los responsables del festival hubieran descubierto la fórmula para realizar películas de fantasía oscura al mínimo coste, pero con un marcado sabor a entretenimiento simple y eficaz, ahora presenciamos apenados como la influencia de su alianza con el canal Sci-Fi cristaliza en un despropósito digno del peor Uwe Boll. Aun con desvergüenza, o la simpatía que me producen este tipo de proyectos cubiertos de caspa, 51 no se preocupa en ocultar o maquillar todos los defectos propios de una película hecha rápidamente y de forma irreflexiva; los estigmas más evidentes de la televisión a la que está destinada. En definitiva, estamos ante un relleno en la programación diaria, solo apta para insomnes.

Tal vez si otro realizador más propenso al exceso se hubiese hecho cargo de la cámara, e incluyendo mayores dosis de ironía, auto parodia y psicotronía, 51 sería de obligado visionado aunque solo fuese por lo rematadamente mal que actúan los actores. Sin embargo, es Jason Connery (sí, hijo del famoso 007) quien encarna el ímprobo papel de director de serie B, no podemos esperar mucho de un tipo que ha rodado la igualmente pobre mezcla de ciencia-ficción/terror The Devil’s Tomb o participado como actor en, ¡ni más ni menos!, Alone in the Dark II. Con todo, tal vez exista una perspectiva cómica desde la que juzgar este esperpento, puesto que no es difícil leer entre líneas el homenaje implícito a Corman y la escasa estima que todos los participantes se tienen a si mismos, causa de jolgorio entre el público habituado a la serie B. Y es que aun careciendo de ese “algo mágico” que ha conseguido grabar en nuestra memoria películas igual de malas o peores (Not of This Earth, Plan 9, Terrorvision), si podremos presenciar alguna escena que dada su mala realización y aires psicodélicos pueda arrancarnos muecas de asombro.

Al guión es imposible meterle mano por ningún lado: todos los tópicos, clichés y personajes arquetípicos pueden encontrarse a patadas. Robando impunemente ideas de decenas de películas previas (más de treinta años después y Alien sigue creando escuela, ¡quien lo iba a decir!) e incluyendo diálogos escuchados, en boca de marines, cientos de veces, se nos intenta contar… ¡nada! Hacía tiempo que no sentía de forma tan acuciante la sensación de cómo la falta de argumento e ideas llevaban hora y media de mi tiempo al sumidero, a la par que topaba con una espiral de sin razones que merecen verse únicamente por lo absurdo de su presentación; magro consuelo para el aficionado. Todos hablamos en la presente generación del estado del séptimo arte en general; bien, 51 es la síntesis de esta penosa situación… aunque no quiero hacer más sangre de la necesaria puesto que al menos provoca la simpatía de lo deforme, al meno en mi caso.

Vamos a ver, ¿solo se le podía ocurrir al extraterrestre más (dudosamente) peligroso de la galaxia escaparse de su celda, en el Área 51, cuando unos periodistas han sido invitados a realizar un reportaje supervisado por el gobierno? Además, con lo bien que estaba el “multimorfo” escuchando música trance mientras lo alimentaban con una jeringa llena de sabrosa gelatina naranja – la puesta en escena del “villano” principal es lo único genuinamente interesante en todo el metraje – ¿Dónde están las fuerzas del ejercito? ¿Cinco marines con deficiencias mentales tienen que salvar a la humanidad? ¿Por qué hay además un marciano cabezón que ayuda a los Estados Unidos? ¿Y unos cutre-alienígenas dignos de un H. R. Giger oligofrénico? ¿Por qué los periodistas pululan sin orden ni concierto por los almacenes abandonados que ejercen de instalaciones militares? ¡¿Por qué?! ¿¡Por qué?!

Como veis, llega un punto en que tu cerebro sufre una traumática implosión y se produce un curioso efecto narcótico que te obliga a tomártelo todo como lo que es: una tomadura de pelo. En ese momento ya puedes disfrutar un poquito de las peores actuaciones que he visto en los últimos veinte años, señores embutidos en trajes ortopédicos (los aterradores monstruos dan menos miedo que un clic de Playmobil maquillado), decorados basados en paredes grises de quita y pon, un montaje desequilibrado como pocos – sobre todo acercándose al descafeinado final que aun consigue arrancarnos una cansada sonrisa. – Son muchos los problemas, especialmente los técnicos o profesionales, de 51 y, sin embargo, lo peor es la es la ausencia de desparpajo.
Quizás algo inevitable dada la falta absoluta de carisma poseída por los personajes. Mención especial merece una marine traumatizada por sus experiencias en oriente próximo; desde aquí le mando un rendido aplauso a la actriz encarnando tan patético carácter, por su interpretación a base de sollozos y mohines. Protagonista de los más vergonzantes diálogos que he podido ver en una película, y, por si fuera poco, también líder de unas escenas de acción tronchantes, donde una mezcla histérica de imágenes fragmentadas sirven de remedo a las escenas de tensión de la endiosada Aliens (alabado seas Bishop)
Todavía no salgo de mi asombro, ¿acaso el encargado del casting llevaba el día de las pruebas dos carajillos de más? Sin lugar a dudas.

En resumen, superado el deseo de “ver para creer”, os aseguro que 51 no merece existir; un paso de gigante, pero en el sentido de los cangrejos, para la singladura del After Dark Originals. Ahora, si alguno desea que el resto de películas que vea este año le parezcan obras maestras, solo tiene que darse una vuelta por el Hangar 18 sito en este auténtico “caspafilm”.
Siento el tremendo varapalo, pero encuentro muy poco positivo que decir… ¡Ah! Los efectos de sonido están logrados y la banda sonora de deja escuchar… ¡no! Espera un momento… ¡no, ni eso! ¡Si todo lo relativo al audio es peor que una mala tarde junto al pianista de Parada! ¡Por qué nos hacen esto?! ¡¿Por qué?!

Lo mejor: Tan mala en algunos aspectos que se hace bastante simpática, y hasta involuntariamente cómica.

Lo peor: Los actores jamás podrán volver a mirar a sus madres a la cara: ¡qué personajes! ¡Qué interpretaciones! ¡Qué diálogos!

Attack the Block

Oye chacho, tú te largas de mi barrio pero ya!!

Photobucket

PhotobucketO lo que viene a ser lo mismo que “Vida de barrio vs. Marcianos”, y la verdad es que tras ver el trailer y las imágenes es de lo más sugerente y cachondo que me he encontrado en unos pocos meses. No sé, me parece la típica peli de JOE DANTE de los 80 tamizada con humor inglés (muy mala baba) y más pasta para los efectos especiales. Chavales con bicis tuneadas, alienígenas malotes, ingenio juvenil contra “algo” que les supera con creces… LOS GOONIES con marcianos!!! (y cambiando a Cindy Lauper por algo de hip hop british o para el caso M.I.A.). Hay que decir que detrás de la peli se encuentran los productores de SHAUN OF THE DEAD y (la sobrevalorada) SCOTT PILGRIM VS. THE WORLD, lo cual es lo que aparta ese puntillo de humor inglés siempre bienvenido!!

PhotobucketAsí que tenemos a un grupo de pandilleros británicos, que a mí me dan bastante más miedo que cualquier puñetero alienígena del carajo, que ven como su barrio, su “patio de juegos” y, más tarde, el edificio donde viven, es amenazado por unos bichos muy feos que llegan del espacio (en el trailer parece una parodia de la llegada de los aliens de la hedionda SKYLINE). Y, Oi mate!!, no están dispuestos a permitirlo. Haga falta lo que haga falta.Si es necesario fumarse hasta las patas, tomarse unas birras y contar con la ayuda de un adulto igual de responsable que, por ejemplo, yo, pués se hace…

En su página de facebook van actualizando información casi a diario, ya que la peli todavía está en periodo de post-producción y no hay fecha definitiva para su estreno.

Cargo

Viajando por el espacio en un vagón de metro viejo

Cargo

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  • Título original: Cargo
  • Nacionalidad: Suiza | Año: 2009
  • Director: Ivan Engler, Ralph Etter
  • Guión:
  • Intérpretes: Anna-Katharina Schwabro, Martin Rapold, Regula Grauviller
  • Argumento: Laura Portman se enrola en una misión de transporte de material hacia una colonia espacial. Pequeños sabotajes la llevan a sospechar que en la nave va alguien más aparte de la tripulación.

50 |100

Estrellas: 3

Cargo

En un futuro próximo la tierra se ha vuelto inhabitable. Una gran compañía se encarga de transportar a los que pueden pagar el billete a Rhea, una colonia espacial en la que se han conseguido reconstruir las mismas condiciones de vida que en nuestro viejo planeta. Estos viajes, sin embargo, se están volviendo cada vez más peligrosos por los ataques de un grupo terrorista; de ahí que el gobierno obligue a que en cada vuelo vaya un oficial para garantizar la seguridad.
Como el viaje a Rhea es caro, Laura (Anna-Katharina Schwabro) se enrola en un vuelo de carga como médico para conseguir el dinero y poder encontrarse con su hermana en la colonia. El vuelo consiste en transportar material para intentar construir otra colonia y, para garantizar igualmente la seguridad, cuenta con un delegado del gobierno, Samuel Decker (Martin Rapold). Son varios años de viaje, de manera que la tripulación va ibernando. Por turnos, cada uno pasa despierto un tiempo, controlando que todo vaya bien. En el turno de Laura, la médico descubre que no van solos en la nave…

Quizás, pueda abrumar toda esta cantidad de información para contar el argumento de una película. A lo mejor, efectivamente, es excesivo, y una vez vista, convenga hacer repaso para ver si todo era realmente importante. Pero lo cierto es que el arranque de la película es un poco desconcertante y parece que uno nunca llega a entender bien del todo la situación de partida, motivo por el que prefiero comenzar contando, lo mejor que puedo, la misma. Porque la película en sí es lo que sucede en ese vuelo de cargo en el que se ha enrolado Laura, la protagonista. Comparte espacio con un oficial de la compañía, Samuel Decker, capitán y subcapitán del vuelo, Anna Lindberg (Regula Grauviller), una informática y dos técnicos.

Lo primero que acaba llamando la atención es la nave. El diseño de la misma es una pasada. Basta de una ciencia ficción reluciente: las naves se degradadan, como toda la tecnología, y eso es algo que sabemos perfectamente en estos tiempos en los que un ordenador portátil comienza a quedarse obsoleto a los dos o tres años de vida. Y lo mismo que cualquier otro medio de transporte. ¿Cuántas veces te has descubierto viajando en un tren que es una auténtica tartana?

Todo el diseño de la película está orientado en esta dirección: los trajes espaciales son grandes, incómodos y tiene fallos por lo viejo; las puertas que comunican unas secciones de la nave con otras se atascan y no cierran bien, y acabas teniendo la sensación, como parece lógico pensar, que el volumen dedicado a motores, turbinas y demás (en definitiva, el espacio dedicado a que ese armatoste pueda volar) es mucho mayor que el habitable.

Los efectos especiales son muy decentes (como dice un comentario de IMDB, los CGI parecen 2D y no 3D), y gran parte de la película se sustenta en la fascinación, vieja y ancestral, de contemplar de un modo realista cómo sería un vuelo de una distancia de años luz.

Lo sofisticado y bien recreado del ambiente mecánico no tiene una relación de igual a igual, sin embargo, con el elemento humano y la historia. Decir que la doctora Laura Portman o el oficial Samuel Decker son esquemáticos y básicos sería ser generoso con el diseño de los mismos. Las miradas, los silencios abundantes, quizás pretendan ser profundos, pero son innecesarios y vacíos. La primera impresión que te llevas de ellos es la correcta, son lo que aparentan, y ninguno tiene un mal recoveco que sorprenda. Con la historia sucede exactamente lo mismo: la sorpresa es que no hay sorpresas. La identidad del supuesto “intruso” en la nave es la que uno se huele desde el comienzo, las verdaderas intenciones de los protagonistas están demasiado a la vista, y cuando la verdadera historia sale a la luz, resulta tan gratuita e increíble, que no queda más remedio que mirarla desde afuera, sin ningún tipo de implicación y emoción.

“Cargo” se inscribe dentro de la corriente del futuro distópico: grandes corporaciones o estados que controlan al pueblo desde la fachada del bien. Es un caldo de cultivo interesante y que no ha pasado de moda, y más teniendo en cuenta la situación actual (una crisis financiera de la que sacan tajadas los paises menos afectados por la misma). Sin embargo, lo que podría haber sido crítica feroz y mordaz se queda en algo plano, superficial y, lamentablemente, inocente. Como se apuntaba al comienzo, no eran necesarias tantas explicaciones ni un planteamiento tan complicado para llegar a la conclusión final (supongo que eso explica que haya cinco guionistas firmando el proyecto: alguien le ha dado demasiadas vueltas a esta historia). Y, sobre todo, lo que más perjudica al conjunto es el esquematismo del mismo. Puede que las líneas maestras trazadas sean acertadas o pudieran dar de sí, pero están tan desnudas, tan desposeídas de alma, que es como intentar ver en los cimientos de un edificio una obra maestra de la arquitectura.

Lo mejor: Toda la parte técnica.

Lo peor: Personajes e historia son bastante esquemáticos y simples.