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Contagion

Atrapados con el moco negro gigante

Contagion Review

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  • Título original: Contagion
  • Nacionalidad: Estados Unidos | Año: 2010
  • Director: John Lechago
  • Guión: John Lechago
  • Intérpretes: Vinnie Bilancio, Victoria De Mare, Ronnie Lewis
  • Argumento: Siete personas quedan atrapadas en un apartamento donde se ruedan películas pornográficas mientras afuera, en todas las paredes, ventilación, tuberías, acecha una masa bio-mutante obsesionada con absorber humanos.

56 |100

Estrellas: 3

Contagion grande

Un pequeño y viejo edificio en cualquier ciudad estadounidense de medio pelo. En su interior se oyen gritos de placer. Gemidos y jadeos se combinan lascivamente al machacón sonido de la cámara en funcionamiento: alguien folla, alguien rueda.
En las entrañas de la edificación, siete personas muy distintas son acosadas por una criatura amorfa y cambiante que quiere digerirlos. Atrapados en una habitación con solo una puerta y sin ventanas, la tensión es insoportable, el calor nubla los sentidos y los teléfonos móviles no funcionan… ¡vaya una novedad! En el exterior del edificio nadie oye los gritos de nuestros protagonistas. El tiempo corre en su contra porque la criatura va aprendiendo, sabe a cazarlos uno a uno. Tienen que diseñar un plan para salir de allí con vida y, si es posible, acabar con el vicioso ser.

En toda su justa medida Contagion, anteriormente conocida en Almas por Bio-Slime, es una cinta de Serie Z. Todo lo bueno y lo malo, del equivalente a las “hipotecas basura” en el mundillo del celuloide, se encuentra sintetizado milimétricamente en la hora y media de metraje de Contagion. Cierto es que en varios momentos llega a superar, con unas pinceladas de brillantez, las limitaciones de su condición de cine “underground”, pero aplicando la objetividad en el vistazo que, aun con todo, se merece justamente… sí, es una cinta de bajo presupuesto y se nota.

En un primer acercamiento uno ya se escama de la procedencia de su director, y más si se atreve a firmar sus títulos al estilo del cine de autor – o quizás imitando a un grande como Carpenter – con la consabida coletilla “…de [rellena el espacio con nombres de grandes directores]”. En este caso, Lechago no es un gran director y su carrera está basada en proyectos infumables, aunque con el merito de ser lo más personales que el “cash” permita, que navegan entre la mediocridad de encargo de Killjoy 3 (2010) hasta la atrevida, y fallida, idea de plasmar el universo de un juego de rol en Magus (2008). Todos los aficionados a los juegos de White Wolf sabréis de cual os hablo… y no, en absoluto merece la pena verla. ¡Todo un nuevo Charles Band, pero sin tanto olfato por lo que funciona dentro del cine obviamente casposo! En conclusión, si por el currículo del canadiense Lechago tuviésemos que juzgar a su criatura fungosa, no encontraríamos ganas ni de pulsar el “play” para verla.

Pero al Cesar lo que es del Cesar. Contagion funciona mejor que cualquiera de sus otros proyectos. Es más… funciona a un nivel sostenible. Se deja ver, entretiene y, puntualmente, sorprende – al menos a este impresionable plumilla que suscribe -. Si uno consigue ignorar voluntariosamente muchos de sus fallos – repito: la mayoría achacables a su condición de película independiente directa a DVD -, encontrará un homenaje conceptual en toda regla a la mítica The Blob (elijase año de la versión al gusto, pero yo me quedo con 1988). Dicho “tributo” se esgrime en pantalla con un toque robado a Species. Desgraciadamente, estas influencias acaban en una simplona y barata mezcla de erotismo y elementos de ciencia ficción, pero sin la inestimable mano de H.R. Giger animando el cotarro. Expresándolo “fisnamente”, diría que el erotismo es vulgar, no en vano la historia nos sitúa en unos apartamentos donde se ruedan películas porno baratas; y, por supuesto, no llega a ser ese el “leitmotiv” principal de la película. Aunque en las secuencias que se une el sexo al verdadero motor funcional de la película, sí que nos hará pasar un buen rato.

“Bueno Bob, ¿y qué diablos es lo que funciona?”, os preguntaréis. Pues justamente lo principal en: la negruzca criatura fungoide que podría pasar por un mal sueño lovecraftiano. La serie Z suele ir apurada en cuanto a la plasmación de ideas artísticas, duele a veces ver esa sangre por CGI; y eso a pesar de que los avances tecnológico habidos en el terreno de los efectos por ordenador han facilitado mucho el trabajo a los especialistas en FX. Curiosamente Contagion alimenta los ojos enfebrecidos de los fanáticos de la fantasía con efectos artesanos. ¡Y vaya si quedan bien! Supongo que la experiencia, tanto técnica como social, de Lechago en otras producciones del mismo corte han dado sus frutos y contando así con un equipo muy creativo que, con poco presupuesto, consigue recrear en pantalla “lo indescriptible”.

Es una gozada, en el más asqueroso de los sentidos, ver los legamosos chorros de proto-materia negra absorbiendo a sus victimas y provocando extrañas mutaciones tentaculares cuya carencia de forma y sentido habla de abismos más allá del tiempo y el espacio.
Todo un festín para los amantes del látex y las babas corrosivas que llega a su cenit cuando la más sexy del lugar cae rendida bajo el seductor influjo de la bestia. La chica elegida para representar a la amante del monstruo (bueno, su novia principal porque en una película de este estilo siempre existe variedad de bustos generosos a elegir) no es otra que Victoria de Mare, una de las “scream queens” más prolíficas de este siglo. Esta pelirroja se reparte junto a Tiffany Shepis la mayor parte del mercado doméstico “underground” estadounidense; cintas que me niego a enumerar, tanto por abrumadoras en cantidad como penosas en calidad. Donde la Shepis pone exuberancia, y mejores dotes interpretativas, de Mare aporta más sensualidad y siempre recurre a papeles picantes que, en este caso, destacan cuando el ritual de seducción lo lleva a cabo un ser bio-orgánico salido. En definitiva, Victoria es el segundo acierto de Lechago y creo que le saca un gran rendimiento.

Sin embargo, hasta aquí llegan los elementos positivos de Contagion, que se podrían resumir en un parco “aguanta el tipo “. Como os comentaba, estamos ante una serie Z en toda regla; nos hallamos en una galaxia a años luz de, por ejemplo, The Violent Kind y de lejos posee tanta personalidad como la pequeña joya The Taint. A nivel argumental se trata de un refrito de ideas anteriores, la edición propicia la confusión y no se esmera en ocultar los recursos técnicos y prácticos tan cortos. Especialmente son algunos fundidos en blanco que sonrojarían a estudiantes de primer grado de imagen y sonido.

Lo peor viene dado por los personajes, sus diálogos y acciones intrascendentes. Poco importa como haya llegado el ser limoso hasta el gris edificio, menos aun quien y como se salve de sus ataques: todas las conversaciones y acciones de los desdibujados personajes se caracterizan por la liviandad más absoluta. Menos mal que nuestro monstruito está acechando para hacer de las suyas, animando la función.
Se monta semejante mejunje de personajes intrascendentes que, al final, de tan mala planificación, se resultan hasta divertidas ciertas escenas. No tiene el encanto casposo de Corman, que tantas risas a proporcionado a los amantes del sci-fi/terror, pero se aproxima lo suficiente para que un grupo de amigotes pasen una noche entretenida al calor de las bebidas espirituosas. Todo merced a la dolorosa incapacidad de los actores para superarse a si mismos. De hecho, la gran mayoría son habituales de la serie Z y amigos de Lechago, a tenor de sus filmografías. Un bagaje que les permite no tomarse muy en serio su trabajo delante de la cámara y permite que sus escenas no sean un completo desperdicio.

Poco me queda que añadir, si Contagion fuese una hamburguesa, y lo es, sería una buena hamburguesa casera: un alimento fácil de ingerir y que a todos gusta, pero del que es mejor espaciar su consumo, aun siendo superior a las que nos sirven las cadenas especializadas. Serie Z por encima de otras cintas del mismo pelaje. Correspondiendo a su nacionalidad, un largometraje de grandes contradicciones que funciona cuando se esfuerza por enseñar un poco de carne rosada, légamo negruzco y mutaciones rezumantes; siempre sin tomarse muy en serio.
Ser conscientes de sus limitaciones porque tendréis que ignorar muchos fallos para conseguir divertiros; pero os aseguro que esperaba algo peor…

Lo mejor: La criatura-moco-alien, hay escenas muy logrados y una Victoria de Mare tan sexy como mala actriz

Lo peor: Las actuaciones - muy malas -, algunos efectos especiales - donde no daba el dinero para más - y el guión improvisado

¿Dónde conseguirla?
La Morgue Cinema: “Contagion” en VOSE (¡Gracias Eddie!).

The Taint

Manchas de sangre y semen

The Taint Poster

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  • Título original: The Taint
  • Nacionalidad: Estados Unidos | Año: 2010
  • Director: Drew Bolduc, Dan Nelson
  • Guión: Drew Bolduc
  • Intérpretes: Drew Bolduc, Colleen Walsh, Cody Crenshaw
  • Argumento: El agua de Norteamérica está contaminada y todos los hombres que la beben se convierten en degenerados misóginos, de monstruosos penes, que se dedican a violar y matar mujeres. Entre el caos, Phil O’Ginny lucha por no sucumbir a la plaga…

80 |100

Estrellas: 4

The Taint Grande

The Taint es, directamente, una patada en las gónadas al cine comercial, a muchos valores estadounidenses y una broma “trash” que sigue los pasos de producciones clásicas como Street Trash, Slime City o Deadly Spawn e, incluso, bebe de la desfachatez visual del “splatter” japonés moderno (Samurai Princess, Robo Geisha o Vampire Girl Vs. Frankenstein Girl). En definitiva, una cinta gore de limitados recursos, que a pesar de no exponer aberraciones únicas (preguntadle a Olaf Ittenbach si no está todo inventado), consigue su propia identidad dentro de un panorama cargado de mediocridad, aunque esta personalidad propia se cimiente en el amplio muestrario de penes reventados al que asistiremos. Mala baba y humor bruno, a partes iguales, envuelven una sátira sobre el machismo que, desde luego, funciona mejor como festival sangriento antes que como cine denuncia; su acercamiento a la protesta social queda empañado delante de bestias pardas como A Serbian Film, pero acabó siendo mucho más divertida para éste vuestro escribano. Precisamente ese divertimento refleja la elevada nota que humildemente le he colocado, no valoro nada más que mi propio disfrute.

No quiero engañar a nadie, el ajustado presupuesto sitúa a The Taint dentro de la categoría de Serie Z, de forma casi inmediata. Este corsé económico deja expuestas unas actuaciones y capacidades técnicas que seguro molestaran a los amantes del cine más comercial, incluso herirá profundamente la sensibilidad de cierto público, como aquellos cerdos homófobos y machistas a los que precisamente ataca la cinta; dicho público debería alejarse de esta gamberrada a una prudente distancia moral y ahorrarse, desde ya, los comentarios negativos. Sin embargo, tales defectos y obstáculos pecuniarios definen la esencia de un experimento libre en su manufactura y discurso; algo que resulta un soplo de aire fresco en una situación, la del cine de terror independiente, que se sostiene tan solo por productos de esta índole. Producto cargado de calidad, entendiendo como calidad el respeto para con el cinéfilo, que sus autores se han esforzado en proyectar sobre su trabajo a golpe de sudor, consoladores y bolsas de sirope. Un servidor aplaude esta actitud frente al poder del talonario; imaginativa y provocativa sobredosis de autenticidad, algo que en su día fue siempre estandarte del cine “underground” (¿os acordáis de Pink Flamingos?)… me quedo con la mejor técnica 3D de todas: el encanto de la imperfección

Para ello, los directores Drew Bolduc y Dan Nelson tiran de manual de la vieja escuela y toman el control total de su producción, solo hace falta ver los títulos de crédito para darse cuenta del homenaje de estos cachondos para con la era del videoclub y las hombreras.

Tenemos frente a nosotros un acabado artesano, al estilo de las mejores cintas independientes de los ochenta, que además se ve reforzado por esa insistencia en incluir exagerada comedia absurda, tan propia de nuestra querida Troma. En este sentido destacan los vestuarios “improvisados” donde las pelucas juegan un papel primordial, relativizando las explosiones de cuerpos cavernosos que llenan el metraje. Todo un delirio visual preparado para ocultar otras deficiencias, como la molesta escasez de escenarios, más allá de los socorridos bosques, o unas actuaciones obviamente limitadas.
De hecho, como no podía ser menos, es el propio Drew Bolduc quien se reserva el papel protagonista, justamente encarna al tremendo gilipollas de Phil O’ginny, el esperpéntico personaje disfrazado de colegial que ejerce de nexo de unión para las diversas historias del resto de caracteres. Muy adecuada esta decisión narrativa, la cual incrementa enteros a The Taint, puesto que se rompe en buena medida la linealidad que hiere de muerte a la mayoría de productos independientes… y comerciales, claro.
Sobre todo cuando, y es la única gran pega que he encontrado, no se cuenta realmente nada. Se nos plantea una situación y poco más, no hay un destino para los protagonistas, solo contemplamos una serie de viñetas (atractivas visualmente, eso sí) sin un trasfondo profundo, lo que no es óbice para disfrutar de una las experiencias más autenticas del cine gamberro… una sesión doble cargada de cervezas y colegas jaraneros junto a Black Devil Doll se plantea como una noche memorable.

De todos modos, es un gran detalle que se vayan hilando diferentes segmentos, casi rozando la antología de terror, con una cuidada atención hacia la coherencia argumental, pese a ciertas lagunas salvadas mediante humor de brocha gorda:

Nuestro buen amigo Phil, es un chaval de instituto cuyas tres únicas preocupaciones son follar, cohabitar y meterla en caliente. Es precisamente en un renuncio entre las piernas de una chica, cuando el fin del mundo le sorprende. Una sustancia desconocida ha “manchado” el agua de una ciudad cualquiera, envenenando a todo aquel hombre que la beba. Esta contaminación no crea zombies, infectados o como puñeteramente se llamen; tan solo sacan al animal misógino que todo macho lleva dentro en mayor o menor medida.

Phil pronto se une a Misandra, la cual perdió a su amor en la catástrofe; ambos intentarán alcanzar un pozo de agua limpia mientras en su camino se ven acosados por amigos/enemigos del pasado, misóginos descerebrados de enorme verga colgante y chorreante e, incluso, con el único conocedor del origen de la masacre.

Un accidentado viaje por los Estados Lisérgicos de Norte América.

Bajo una premisa tan sencilla, vamos asistiendo a un sinfín de aberraciones, entre las que destacan el paseo alucinado de un científico con la cara entre las manos, un aborto casero escalofriante, el empalamiento de mujeres pene mediante, eyaculaciones sanguinolentas, violencia de género tanto psicológica como física, decenas de penes amputados y… bueno, paro de enumerar porque corro el riesgo de ser censurado y encerrado en una celda bajo errónea acusación por apología de maltrato hacia la mujer. También podrían ser juzgados negativamente Drew Bolduc y Dan Nelson, pero han sabido ser suficientemente listos como para dotar de humor negro las escenas más escabrosas. Todos los que veáis The Taint podréis comprobar los extremadamente gilipollas e imbéciles que son todos los personajes masculinos que desfilan fotograma a fotograma. Toda una declaración de intenciones: nos reímos de nuestra propia estupidez como hombres, enfrentándonos a ella mediante la risa. Es precisamente por el enfoque cómico que la denuncia contenida en algunos momentos se pierde; no obstante, la crítica social sigue presente en momentos puntuales muy intensos: Especialmente tensa es la vejación inflingida por un profesor de gimnasia – gay reprimido y ultraconservador – a su novia (“¿Quieres llorar con razón?” ¡Zas! ¡En toda la boca!); y la impresionante carrera final, con Phil completamente desquiciado, reservándonos duros momentos a ritmo de techno que sirven de alegoría y protesta contra la sociedad machista que seguimos viviendo.

Precisamente, es la banda sonora un punto determinante en el film, canciones realizadas mediante sintetizadores, en gran parte por Drew Bolduc (¡este tipo le da a todo!), con un ojo puesto en los grandes clásicos de Carpenter y con el otro sobre las tendencias electro-clash de la pasada década. Ritmos machacones y simples, tomados del punk, que agudizan la sensación de alienamiento sobrevolando todo el ajustado metraje. Y es que todo es eyaculado inmisericorde sobre nuestra cara en poco más de una hora, intercalándose con ciertos descansos en forma de pseudos-vídeoclips, cortos animados o anuncios de corte nazi para aumentar el tamaño de tu pene; divertimentos que de nuevo nos retrotraen a los años ochenta.

Mucho mimo invertido en lo estético, y no menos el dedicado a los diferentes apartados técnicos: trepidante montaje, efectos especiales cargados de látex y fotografía tan directa como colorista con la única intención de resaltar las atrocidades presentadas en pantalla. Se demuestra así que no estamos ante otro proyecto cualquiera entre “amiguetes”; uno se queda con ansias de conocer el nuevo proyecto de unos directores con las ideas tan claras…

Sin querer enrollarme más, porque ya lo he hecho bastante, solo me resta recomendar encarecidamente el visionado de The Taint, obra transgresora en la medida justa, y que no se aparta del entretenimiento puro y bacilón tan difícil de ver en esta era desprovista de inocencia.
Si por el camino aprendemos a enfrentarnos con nuestro machismo mediante la exposición “grand guiñolesca” del mismo y, obviamente, sin moralinas… pues mejor que mejor. Candidata a película de culto, el tiempo y el público la pondrá en su lugar.

Imprescindible.

Dejo el link a una entrevista en exclusiva, realizada por el blog Nido de Cuervos, a los dos directores de The Taint. Un honesto recital sobre el auténtico cine independiente, y que os ayudará a entender que hay tras decenas de pollas explotando.

Entrevista a Drew Bolduc y Dan Nelson en Nido de Cuervos

Lo mejor: El despliegue gore, la frescura de ideas, la comedia que valida escenas muy fuertes y, en general, el atrevimiento superlativo de toda la cinta. Mención especial para la BSO.

Lo peor: Algunas escenas videocliperas se alargan demasiado, los escenarios son monótonos.

¿Dónde conseguirla?
La Morgue Cinema: “The Taint” en VOSE (¡Gracias Eddie!).

Unspeakable

Cosas que no pueden expresarse con palabras

Unspeakable

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  • Título original: Unspeakable
  • Nacionalidad: USA | Año: 2000
  • Director: Chad Ferrin
  • Guión: Chad Ferrin
  • Intérpretes: Roger García, Tamera Noll, Leigh Silver
  • Argumento: Tras un accidente en el que su hija muere y su mujer queda en estado vegetativo, James se sumerge en una espiral de violencia en la que se confunden su sentimiento de culpabilidad con su necesidad de redención.

65 |100

Estrellas: 4

Unspeakable

“Unspeakable” es una película que da que pensar, y a muchos niveles. Primero, en qué hace que un director del montón consiga, poco a poco, ir haciendo películas hasta conseguir el nivel técnico –lo que se corresponde con un nivel equivalente de presupuesto, aunque siempre dentro de la serie B- de una obra como “Someone’s Knocking at the Door”. Y la respuesta es que Chad Ferrin no es un director del montón. Dentro de toda la serie Z directa a dvd – hace diez años, fecha de “Unspeakable”, probablemente hablábamos de video todavía -, algunas obras puede tener todas las carencias del mundo, pero también tienen un par de buenas ideas que sustentan, de mejor o peor manera, todo el visionado.

Y es que, nada más empezar, la cabecera de la Troma nos da bastantes pistas de lo que vamos a ver. Todo es muy barato en esta película, pero eso no es un obstáculo. Los interiores no están nada cuidados, por lo que imagino que seran las casas de algunos de los responsables. Los exteriores tampoco están bien elegidos, fruto, seguramente, de la cercanía al centro de producción más que de las necesidades del argumento. Y el reparto lo conforman un grupo de ilustres desconocidos que, eso sí, defienden bien su material.

La primera escena es un buen ejemplo de cómo se hacen las cosas en la casa de Lloyd y Kaufman: sin recursos pero con estilo, siempre que uno esté dispuesto a ello. James (Roger Garcia) conduce por un túnel mientras discute con su mujer Alice (Tamera Noll). En un momento álgido de la discusión, descubrimos que en el asiento trasero, intentando dormir, va su hija Heather (Leigh Silver). Acto seguido, sucede lo que te temías desde que empezó la escena: hay un accidente. El único que sobrevive al cien por cien es James; su hija Heather muere y su mujer Alice queda desfigurada y medio vegetal de por vida. Esta escena está contada en, básicamente, tres planos: uno frontal del coche, desde donde somos testigos de la discusión de James y Alice y de la aparición de Heather para revelar su presencia en el momento más inoportuno; un inserto de una luz cegadora sobre un primer plano de James, con el off de un choque; y un tercero en el que ya ha sucedido el accidente y el hombre sostiene a su hija en sus brazos. Se nota que es así por un tema presupuestario pero, también, que lo que vemos es lo que necesitamos ver, ni más ni menos. Nos basta con el sonido del choque y luego ser testigos de las consecuencias del mismo.

James percibe este suceso como una condena. Se llevaba mal con su mujer y adoraba a su hija por encima de todas las cosas, y la vida le castiga a perder a su ser querido y a “cargar” con la esposa. Así, contrata a Barry (Timothy Muskatell), un enfermero, para que cuide de ella, mientras él se dedica a deambular por la ciudad… Así, la noche en la que conoce a una prostituta, las cosas se disparatan. A la vez que nos enteramos de que Barry abusa sexualmente de la inválida Alice, James cree oír hablar a su hija Heather a través de la prostituta, y no pudiendo controlar su sentimiento de culpabilidad, la asesina cruelmente. Se convence, por tanto, de que si sigue matando chicas conseguirá comunicarse más a menudo con ella, y quién sabe si conseguir traerla de vuelta otra vez a este mundo.

Culpabilidad, depravación moral y conductual, y una constante búsqueda de la catarsis se unen de un modo magistral en esta película tan “sucia” como “limpia” a partes iguales. Y un mensaje contundente y demoledor surge de toda la mugre que impregna el metraje: lo fácil que es censurar a los demás, y lo difícil que es hacerlo para con los hábitos de uno mismo. Una idea puede que nada original, pero que sólo cuando está bien expuesta revela todo el potencial que posee. Así, por ejemplo, en “Unspeakable” tenemos la figura del narcotraficante, Hell (Wolf Dangler), que si bien suministra y vive de la venta de drogas, detesta a todos los seres marginales que van en busca de su dosis, y sueña, contradictoriamente, con una sociedad mejor sin la escoria de los vagabundos o los yonquis. También, al Sacerdote, el cura que oficia el entierro de Heather, cuyos vicios, lamentablemente, están de actualidad en todos los periódicos…

Está claro que al señor Ferrin le fascinan las conductas “pervertidas” (me niego a poner esta palabra sin comillas, lo siento). Y, como siempre, consigue ofrecer un par de escenas de bastante mal gusto, escandalizando al personal. Sin embargo, lo que en otras películas es el único mérito, aquí, tras lo señalado anteriormente, se convierten en un motor importante del mensaje de la película. A esto me refería cuando comenzaba diciendo que hay algo que diferencia a algunas películas del maremagnum de la serie Z; de hecho, me gusta pensar que existe esta categoría de películas, este mercado, para que se hagan este tipo de obras que, incluso dentro de la misma serie B, puede que no pudieran encontrar su lugar, dado que mientras mayor alcance tenga una película, mayor es la censura –autocensura, en muchas ocasiones.

Conforme vamos llegando al tramo final de “Unspeakable”, convencidos, además, de que su título se debe a la especie de conexión mental que se establece entre James y su difunta hija Heather, las distintas historias que se han ido desarrollando –algunas más torpemente que otras- se van cerrando y encajando, revelando e incidiendo en el que para mí es el mensaje principal de la película. Especialmente significativa, a este respecto, es la rebelión espontánea que tiene lugar entre los sin techo en el tramo final, defendiendo a uno de ellos de una agresión, en un arrebato de “dignidad de clase”. Y el final, por supuesto, como buena conclusión, se guarda un nuevo as en la manga. Es un final que, la mayoría de las veces que se ha hecho, ha desbaratado todo el trayecto. Y, sin embargo, aquí funciona muy bien. Cambia el punto de vista de varias cosas y, sobre todo, del título. Lo que no puede expresarse con palabras, no puede expresarse con palabras porque es demasiado atroz, y ahí lo dejo…

…aunque hay una especie de subtema, a este respecto, que me parece reseñable. Lo que no puede expresarse con palabras es algo que James no es capaz de reconocerse a sí mismo, y tiene una equivalencia en el personaje de Barry, el enfermero que abusa sexualmente de su mujer inválida. Este hombre tiene su cuarto de baño lleno de fotos de chicas desnudas y posters de películas plagadas de mujeres, entre ellos el de “Escupiré Sobre tu Tumba”. Puede querer decir, o interpretarse, como la necesidad de encontrar el rol social de uno en función de las cosas que le hacen disfrutar… así como poner de relevancia la torpeza de los seres humanos cuando nos guiamos por razonamientos tan básicos como “me gustan las pelis en las que violan a tías” por lo que “me dedico a abusar de tías”. Este sería el estadio más básico de este comportamiento; un cierto grado de evolución lo presenta James con su conflicto; el tercer nivel, el más sofisticado, no está presente en esta película, aunque se puede desprender de ella: y es el de aceptar con libertad y naturalidad los impulsos y encauzarlos de un modo saludable y “normalizado”.

En definitiva: a pesar de sus irregularidades y de sus carencias presupuestarias, creo que “Unspeakable” es una película a la que vale la pena acercarse de un modo desprejuiciado. Es mucho lo que se puede sacar de ella si se consigue hacer la vista gorda a, por un lado, sus obscenidades, y, por otro, sus tocas formas cinematográficas. En mi caso, desde luego, fue muy sencillo obviar todo esto.

Lo mejor: Que con 20.000 dólares se puede hacer una película profunda.

Lo peor: Que no tuvieran mucho más dinero y mucho más tiempo.

Momo

Profundamente estadounidense

El cine de terror y corte fantástico, a menudo, nos trae propuestas descacharrantes, psicodélicas e, incluso, de mal gusto. Lo que podríamos llamar comúnmente como serie Z. Aunque en mi ignorante opinión, las “A“s, las “B“s, etc; mejor dejarlas en el abecedario.
En mi caso, prefiero alejarme de las categorías y dedicarme a disfrutar de una película por sus propios meritos y/ó fallos. Si comento esto, es porque la película que os adelanto parece la típica cinta amateur mezclando sangre, humor y paletos. No en vano esta basada en ciertas historias de la prensa amarilla estadounidense más barriobajera.

Imagino que todos conoceréis a Bigfoot (no en persona, espero). Pues según “noticias” locales de Missouri, en las zonas pantanosas de este estado se realizaron, en los setenta, avistamientos de un sasquach…con cabeza de calabaza de Halloween. Incomprensiblemente, a esta criatura decidieron llamarla “Momo”, nombre que toma este film de ínfimo presupuesto (Con los buenos recuerdos que me trae este nombre).

Es imposible, después de leer el párrafo anterior, no darse cuenta de porque EEUU es la principal potencia económica del mundo. Pero obviemos estas cuestiones para dejar paso a la sinopsis y al teaser de “Momo”, película de un tal Count Zee, que a pesar de su dudosa calidad esperemos que algún día llegue a nuestras manos para carcajearnos con esta extremadamente cutre-producción, que de todo tiene que haber en esta vida.
Según tengo entendido Momo está en su primer tercio de producción; así que no os sorprendáis si nunca llegáis a verla.

PD: No creaís que este es el único engendro perpetrado por estos muchachos. Os remito a la poco original Redneck Carnage por si teneís más ganas de terror amateur de la mano de Count Zee.

Sinopsis:

En los pantanos de Louisiana, Missouri, corre el año 1971 cuando unos paletos locales y unos jóvenes de acampada son atacados por lo que parece un bigfoot. ¡Pero la cabeza de este monstruo es una calabaza de Halloween! Afortunadamente, un criptozoologo, que podría ser el mismísimo Elvis, está de estudio por la zona; y no le importaría extraer unas muestras del nuevo espécimen con su recortada.

Teaser:

Black Devil Doll

Cuatro putas y un muñeco roto

Black Devil Doll

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  • Título original: Black Devil Doll
  • Nacionalidad: USA | Año: 2007
  • Director: Jonathan Lewis
  • Guión: Shawn Lewis, Mitch Mayes
  • Intérpretes: Heather Murphy, Natasha Talonz, Christine Svendsen
  • Argumento: Un activista negro culpable del asesinato de 15 mujeres caucásicas y a punto de ser ejecutado en la silla eléctrica, se reencarna en un viejo muñeco de madera.

69 |100

Estrellas: 4

Black Devil Doll

Desde el primer instante en que supe de la existencia de una película titulada Black Devil Doll cuyo argumento giraba en torno a un muñeco negro de madera dispuesto a follarse a cualquier rubia siliconada de encefalograma plano que se le pusiese por delante, supe perfectamente cuál sería la escena que acabaría representándose en el salón de mi casa.

Un par de sospechosos habituales (los de siempre), la nevera surtida de una cantidad de cerveza suficiente para nublar nuestros sentidos (incluido el sentido común), toneladas de predisposición a pasar un buen rato y, por supuesto, cruzar los dedos para que, finalmente, Black Devil Doll nos ofreciera una pequeña parte de lo que prometía y la cosa no resultara tan tremendamente horripilante (e insoportable) que ni siquiera hiciera gracia.

La joven y voluptuosa (esto será una constante) Heather se encuentra aburrida en casa sin saber qué hacer. Gracias a Dios tiene al alcance de su mano una tabla guija con la que matar el tiempo. Lo que jamás sospecharía la buena de Heather es que la dichosa tabla provocaría que el espíritu de un militante activista negro llamado Mubia Abuj Jama, acusado de matar y violar a 15 mujeres caucásicas, y a punto de morir abrasado en la silla eléctrica, acabaría instalándose en su casa convertido en un muñeco negro de madera de ojos saltones y pelo afro.

El fogoso y apasionado romance que vivirán Heather y Mubia Abuj Jama tan sólo se verá amenazado por los celos del exnovio cafre de ella (un patético rapero blanco que habla, se viste y se mueve cómo un negro), y las ganas incontenibles del muñeco de madera por probar nuevos coños que no sean el de su novia.
Heather, novia servicial cómo las hay pocas, organiza una fiesta en la que reúne a sus mejores amigas con el objetivo de que el muñeco de madera de ébano calme su apetito sexual… y dé rienda a su instinto asesino.

Black Devil Doll es una gilipollez cómo un templo. Basura fílmica. El que intente tomarse en serio uno solo de los fotogramas de la película, está perdido.
Encuadrada dentro de los parámetros de la serie Z más letal y ponzoñosa, Black Devil Doll nos ofrece un interminable desfile de sexo guarro y mugriento, diálogos ofensivos, situaciones disparatadas y ordinarias, putas neumáticas que harían las delicias del viejo Russ Meyer (a no ser que a Russ Meyer le supusiera algún problema el exceso de silicona…), grandes tetas, enormes culos, excrementos, poca materia gris y considerables dosis de sangre y gore.

En otras palabras: Black Devil Doll ofrece, exactamente, todo aquello que promete.
Si a ello le sumamos unos extraordinarios títulos de crédito al más puro estilo James Bond, un aspecto visual no tan desastroso cómo cabría esperar en una producción de este calibre, unos efectos baratitos pero que cumplen perfectamente con su cometido, y unas actuaciones… está bien, las actuaciones son un desastre en toda regla. No hay quién se salve ( el más expresivo de los ¿actores? implicados en Black Devil Doll es, precisamente, el muñeco de madera); el resultado final será el siguiente: para muchos la excusa perfecta para reunir a los amigos y encabezar una doble o triple sesión de cine bizarro y hediondo. Para otros tantos una repugnante, apestosa e insufrible ofensa que jamás debió ver la luz del día.

Y cómo de lo que aquí se trata es de dar mi opinión personal, pues ahí va: me gustó Black Devil Doll. Puse mi encefalograma en números negativos y me reí de sus estupideces, de sus cochinadas, sus obscenidades, su gamberrismo, su pestilencia… Pero, aún así, no voy a recomendárosla. Me he esforzado en describiros de forma clara y concisa lo que una película como Black Devil Doll puede llegar a ofreceros. A partir de aquí la decisión es vuestra. Por supuesto todos aquellos que os consideréis fanáticos del cine más bizarro y cutre, de la serie Z más recalcitrante, tenéis una cita ineludible con esta pseudo-pornográfica y deforme mezcla de blaxploitation, muñeco diabólico, las chicas de Russ Meyer, y el cine de la Troma. Al resto, os toca decidir. Yo me lavo las manos.

En cualquier caso, si decidís darle una oportunidad a Black Devil Doll, os recomiendo hacerlo en buena compañía. Al menos para no tener la sensación de que sois los únicos enfermos capaces de tragaros tamaña ofensa al séptimo arte, y que encima os acabe gustando.

Para finalizar, una aclaración sobre la puntuación que acompaña a esta reseña. Si en alguna ocasión han tenido algún tipo de significado los dichosos numeritos y estrellitas que suelo darle a las películas… éste no sería el caso. Me parece absurdo intentar puntuar Black Devil Doll de una forma, más o menos, objetiva. Así que finalmente me he decidido por otorgarle una nota simbólica (y muy poco sutil) que creo que casa perfectamente con el espíritu de la película.

Lo mejor: Amigos, cervezas y ganas de diversión...

Lo peor: Lo habitual en este tipo de producciones. Para muchos una excelente opción para una sesión de medianoche. Para otros una bazofia inmunda.

¿Dónde conseguirla?
GoreNation: "Black Devil Doll" en VOSE.

Plaga Zombie: Zona Mutante

Lucha a carcajadas contra los zombis multicolor

Plaga Zombie: Zona muntante

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  • Título original: Plaga Zombie, Zona Mutante
  • Nacionalidad: Argentina | Año: 2001
  • Director: Pablo Pares y Hernán Saez
  • Guión: Pablo Pares y Hernán Saez
  • Intérpretes: Pablo Pares, Hernán Saez, Paulo Soria, Walter Cornás
  • Argumento: El FBI prueba un virus alienígena en un pequeño pueblo. Pero lo que en un principio parecía un simple experimento termina por convertir a casi todos los habitantes en zombies asesinos. Tres únicos supervivientes intentarán escapar.

60 |100

Estrellas: 3

Plaga Zombie: Zona muntante

Soy el primero en defender la serie Z (películas de explotación de bajísimo presupuesto) como un vehículo totalmente válido, digno y reivindicable de disfrutar, sin complejos, del cine fantástico y de terror.

Películas realizadas con una carencia absoluta de medios pero, a menudo, con unas altísimas prestaciones en ilusión e imaginación por parte de cineastas en ciernes y soñadores que reúnen el valor necesario y deciden dar un paso adelante, abandonando su condición de simples espectadores y aficionados para ofrecernos su particular (y barata) visión del género.

Por supuesto siempre me gusta advertir que la serie Z no es un tipo de cine de fácil consumo. En la mayoría de casos se requiere un esfuerzo suplementario por parte del espectador. Es absolutamente imprescindible que seamos conscientes del tipo de película que estamos dispuestos a ver. Por lo general, argumentos ridículos o simplemente inexistentes, nulas cualidades técnicas, actores aficionados, efectos especiales que son una mezcla de hilaridad y vergüenza ajena... Cómo espectadores, las producciones de serie Z requieren que aceptemos –en la medida de lo posible- la degradación de una serie de aspectos que, en otro tipo de cine, considerariamos fundamentales. La serie Z tiene sus propias reglas, y para poder disfrutarla no nos queda otro remedio que acatarlas.

Sería conveniente valorar la serie Z terrorífica en base a una única razón: su capacidad para divertir (incluso a carcajadas) a un desacomplejado grupo de amigos que no esperan de este tipo de cine más de los que realmente puede ofrecerles (siempre es recomendable disfrutar, si se puede, de una buena serie Z en grata compañía).

Sin embargo, bajo este panorama, es necesario ser realistas, mantener los pies en el suelo, y advertir que el invento no siempre acaba funcionando. Supongo que todos, como buenos aficionados al cine de terror, nos hemos visto en alguna ocasión involucrados en ruinosas sesiones de serie Z que han puesto a prueba nuestra fidelidad y resistencia al género, y que casi dan al traste con alguna que otra amistad. No debemos excusar o encumbrar, sistemáticamente, todo el cine de terror de bajísimo presupuesto. Dentro del subgénero hay películas que cumplen su función a la perfección, pero también hay otras que, por bajas que esten situadas nuestras expectativas, acaban obligándonos a hacer uso del botón fast forward de nuestro mando a distancia (ver Bikini BloodBath).

Hoy tengo el gusto de traeros una serie Z de las aprovechables. De las plenamente disfrutables. Se trata de la producción argentina "Plaga Zombie: Zona Mutante", una producción de 2001 que supuso la continuación de Plaga Zombie (1997), una baratísima producción (300 $ para maquillaje, plastelina y sesos de vaca, y 300 $ más para arreglar los múltiples desperfectos que sufrío la cámara casera con la que se llevó a cabo el rodaje) que, con los años, se ha convertido en una pieza de culto para los muy aficionados a este tipo de cine.

"Plaga Zombie: Zona Mutante" multiplicó por diez el presupuesto de su antecesora, lo que lo dejaba en unos exiguos 3.000 $.
La película parte de la misma premisa que el original. Tras constatar que el gobierno norteamericano pretende desentenderse del brote de infección zombi, los tres supervivientes de Plaga Zombi (Bill Johnson, estudiante de medicina; John West, famoso campeón de lucha libre, y Max Gibbs, un loco de los ordenadores) son abandonados nuevamente en mitad del pueblo afectado, acompañados en esta ocasión de una bolsa en cuyo interior, presumiblemente, viaja otra persona y que los protagonistas no se molestan en abrir hasta bien entrada la mitad de la película (eso sí, antes de abrirla la utilizan en multitud de ocasiones como arma arrojadiza contra los zombis).

"Plaga Zombie: Zona Mutante" no tarda más de cinco minutos en arrancar, de forma que muy pronto tomamos conciencia de la clase de espectáculo al que estamos a punto de asistir: tres tipos muy singulares haciendo frente a una horda de zombies multicolor que les acechan sin descanso.
Así de sencillo y así de jocoso. Las decenas de formas distintas en las que los protagonistas acaban con los zombis son hilarantes. Cualquier utensilio que tienen a su alcance (todos los cuchillos del pueblo han desaparecido de forma misteriosa) se convierte en una efectiva arma que termina introducida en los agujeros más insospechados de algún desdichado zombie.
Las coreografías de las luchas son divertidísimas; una mezcla de kárate trasnochado y de bofetones al estilo de Bud Spencer.
Y, por supuesto, sangre, vómitos, tripas y demás órganos internos acaban siendo los principales alicientes de esta gran celebración del fungore más gamberro y deshinibido.

Los personajes protagonistas son entrañables y sorprende la rapidez con la que se les coge cierto cariño. Sobre todo John West, ese campeón de lucha libre venido a menos que incluso tiene una tronchante canción dedicada a su leyenda (la canción no tiene precio...).

Por supuesto la película tiene defectos. Curiosamente esos defectos no están tanto en el plano técnico (los efectos gore son muy dignos, el maquillaje multicolor de los zombis es destartalado pero divertido, y la planficación de las luchas, deudora de lo que hizo Sam Raimi en Posesión Infernal, resulta muy convincente) como en algunos fallos en el ritmo a consecuencia de la excesiva dilatación de algunas escenas. Está claro que cuando la película no se centra en las inagotables luchas entre los supervivientes y los zombis, el invento decae en interés. Algunas secuencias, como la que tiene lugar en casa de John West, se alargan más de la cuenta. Y en el mismo sentido, la secuencia final también resulta excesiva en cuanto a su duración. En general a la película le sobran, fácilmente, unos quince/veinte minutos de metraje.

Pero son, en todo caso, males menores que, al fin y al cabo, constituyen un tributo lógico (y perfectamente soportable en este caso) que debemos pagar en este tipo de producciones.

No es para todos los gustos. Está claro que a algunos les parecerá un insulto al séptimo arte, un experimento amateur de mal gusto del que huir como si se tratase de la misma peste.

Pero para los amantes de este tipo de cine, el resultado final que nos brinda "Plaga Zombie: Zona Mutante" es una regocijante parodia zombi, repleta de adrenalíticas secuencias de lucha salpicadas de gore rústico y brutal, y que hace gala de un humor negro (y en ocasiones absurdo) que hará las delicias todo aquel que sea capaz de disfrutar de una película perfectamente representativa de lo que debe ser una buena serie Z.

Viernes noche. Un par de amigos de los de toda la vida. Cerveza fría y pizza caliente. Y, finalmente, unas risas liberadoras ante tanto zombi multicolor y gore gamberro y desenfrenado. Misión cumplida.

Lo mejor: Una serie Z que cumple, con creces, su objetivo: pasar un rato divertido en compañía de tus amigos.

Lo peor: ciertos altibajos en el ritmo que son muy evidentes.