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Drácula 3D

El ocaso de dos mitos

Drácula 3D

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  • Título original: Dario Argento's Dracula 3D
  • Nacionalidad: Italia | Año: 2012
  • Director: Dario Argento
  • Guión: Dario Argento, Enrique Cerezo
  • Intérpretes: Rutger Hauer, Thomas Kretschmann, Asia Argento
  • Argumento: Transilvania, año 1893. El joven bibliotecario Jonathan Harker llega al pueblo de Passo Borgo para trabajar para el conde Drácula.
DIVERSIÓN:
TERROR:
ORIGINALIDAD:
GORE:
  • 2/5

Drácula 3D

Es indiscutible que no se puede entender la historia del cine fantástico, y más del europeo, sin la obra de Darío Argento. Títulos como Profundo rojo, Suspiria o El pájaro de las plumas de cristal encumbraron el género “giallo” a lo más alto (policíaco italiano de asesinatos, generalmente cometido por psicópatas, plagado de crímenes escabrosos, y fetichismo en el uso de las armas), y junto a Lucio Fulci y Mario Bava, lograron que el fantástico italiano de los 70 fuese todo un referente en el difícil arte del escalofrío.

El cine de Argento se caracterizaba por su tremenda artificiosidad, por unas secuencias y planos abigarrados, y un “horror vacui” a la hora de filmar, fascinante para algunos (entre los que me incluyo) y pretencioso y aburrido para otros (entre los que a veces también me incluyo). Un estilo intenso, tremendamente visual, que suele ir en detrimento de un guión que generalmente no deja de ser superficial, y que sirve únicamente de excusa para concatenar sus secuencias de pesadilla. Seguir leyendo…

Lo mejor: Alguna muerte tiene gracia. Es tan absurda que resulta transgresora.

Lo peor: Ver a Rutger Hauer en un producto así.

Judge

El Juez de las Tinieblas

Judge Poster

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  • Título original: Yami No Shihôkan, Judge
  • Nacionalidad: Japón | Año: 1991
  • Director: Hiroshi Negishi
  • Guión: Fujihiko Hosono
  • Intérpretes: Animación
  • Argumento: Existe una ley, La Ley De Las Tinieblas, que juzga a aquellos que a lo largo de su vida no cumplieron con la Justicia. Houichiro Ohma es El Juez De Las Tinieblas.
DIVERSIÓN:
TERROR:
ORIGINALIDAD:
GORE:
  • 3.5/5

Judge Ext

Existe una ley, La Ley De Las Tinieblas, que juzga a aquellos que a lo largo de su vida no cumplieron con la Justicia. Esta ley está escrita en el Libro De Las Leyes, con veredictos que poseen vida propia y recogidos sobre hojas de piel humana. El libro se halla bajo la custodia de un oficinista de apariencia normal, Houichiro Ohma, que en realidad es el despiadado “Judge”, El Juez De Las Tinieblas. Su legado es impartir la Justicia de manera implacable, así como antes lo hicieron sus antepasados.

CÓMO CAMBIAN LOS TIEMPOS

Nos encontramos en la España de comienzos de los 90, una época de cierta revolución cultural. Los videojuegos estaban comenzado a ser algo más que matar “marcianitos” y atrás habían quedado las “game & watch” como mudas semillas de la nueva generación que terminaría por germinar apenas tres años más tarde con los 32 bits de la PSX como un ya serio y generalizado divertimento de masas incluidos niños y adultos. Hideo Kojima surge como figura revolucionaria del mundo pixelado naciendo así una prolífica industria. Seguir leyendo…

Lo mejor: Su entretenida propuesta e interesante segunda lectura crítica.

Lo peor: Su escasa duración y contenida violencia deja con ganas de más.

Twixt

Un mal sueño de Coppola

Twixt Póster

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  • Título original: Twixt
  • Nacionalidad: Estados Unidos | Año: 2011
  • Director: Francis Ford Coppola
  • Guión: Francis Ford Coppola
  • Intérpretes: Val Kilmer, Bruce Dern, Ben Chaplin
  • Argumento: Un escritor de terror venido a menos da a parar con un pueblo que esconde un terrible misterio.

45 |100

Estrellas: 2

Twixt Grande

Hall Baltimore es un escritor de terror que acude a un perdido pueblecito para firmar libros. Allí se verá involucrado en una serie de crímenes, con un extraño sheriff también escritor, un grupo de góticos nómadas y un antiguo crimen que puede prolongarse hasta hoy. Una magnífica historia para un escritor en franco declive y que no consigue una historia propia. La presencia en sus sueños de E. A. Poe y una joven llamada V terminará por dinamitar las barreras entre lo ficticio y lo real.

Twixt es una película que cabrea y mucho. Cabrea a todos aquellos que se declaren fanáticos de Coppola, el clásico obviamente; también cabrea a todos los amantes de las buenas historias bien narradas. En general, va a molestar a todos aquellos que sepan ver el potencial desaprovechado de un guion escrito por el mismo Coppola. Una historia que de base prometía un horror gótico onírico mezclado con metalenguaje literario y cinematográfico capaz de mandar de nuevo al manicomio al pobre John Trent. Sin embargo, una injustificable tendencia a burlarse del espectador, un lenguaje gráfico algo artificioso merced al exceso de efectos digitales y una falta de dirección agónica hacen subir peligrosamente la bilirrubina en el espectador.

Bueno, ya sabéis quien está metido hasta las cachas en este proyecto. Un Francis Ford Coppola, con el rumbo absolutamente perdido, que produce, escribe y dirige este caro proyecto independiente de terror (¿?). Y digo caro porque siete millones de dólares deberían dar para algo más que un buen plantel de actores desaprovechados y un exceso de pantallas de croma, que me parece sonrojante para un director experimentado. No me entendáis mal, el uso de las nuevas tecnologías digitales es estupendo para el desarrollo del séptimo arte, no obstante habrá que saber usarlas con medida y no dejarse llevar como un adolescente incontrolado. Un buen ejemplo sería el sabio uso del 3D que ha realizado Martin Scorcese en su última obra, La Invención de Hugo. Entiendo que Twixt parte de un diseño de producción distinto, más experimental y menos costoso, pero me tendrán que explicar para que se mete Coppola en las nuevas tecnologías si no aportan nada a la historia ni a su presentación: un acabado demasiado artificial y sintético para algunos de los efectos especiales realizados por ordenador. Justo es reconocer que el juego cromático entre grises y rojo, para las escenas transcurridas en sueños, es muy agradable y sugerente, pero otros trucos tienden más a lo cómico (¿el aparato dental?) que a generar la sensación de desasosiego que se merecía un mundo onírico repleto de referencias vampíricas y góticas, así como referencias a la sórdida América profunda. No voy a recorrer la trayectoria de un director tan completo y fundamental para el cine moderno como es Coppola, baste decir que el ya mayor cineasta se ha cubierta de mierda hasta las orejas.

Otro de los implicados sería el famoso actor Val Kilmer. Tampoco voy a repasar su carrera porque daría para un artículo completo, y aunque actualmente no emprenda proyectos de renombre, quizás porque su transformación en armario ropero esté cerrándole puertas, creo que Kilmer no ha dejado atrás su talento en absoluto. Se podrían desarrollar inquietantes paralelismos con la carrera y cintura de Marlon Brando, muy bien traídos si nos acordamos de la trilogía de “El Padrino”, la cuestión es que si algo merece la pena de Twixt es Val Kilmer. Seguro que muchos reiréis ante semejante afirmación, pero a un servidor le da igual ver en pantalla a un Steven Seagal rubio si sabe el papel que se lleva entre manos. Y como escritor venido a menos y algo perdido en lagos de wiski lo clava. Además, debe ser el único del elenco que ha pillado el sentido final de este largometraje. Kilmer sabe que está trabajando en una comedia y así lo hace ver con una labor interpretativa que desborda una inusitada capacidad para reírse de su personaje. Realiza una interpretación bastante ligera que casa adecuadamente con el cinismo e histrionismo que despliegan respectivamente Ben Chaplin, como Edgar Allan Poe, y Bruce Dern como sheriff pasado de rosca. Con respecto a sus compañeros más jóvenes, ¿pues qué queréis que diga? Mención negra especial a lo insulsa y anodina que se muestra Elle Fanning, una jovencita que ya demostró en Súper Chocho los lamentables gustos de Hollywood. Aunque supongo que la gran culpable de la “desorientación” de los actores más jóvenes será la dirección artística de Coppola, no me cuesta nada imaginarme al abuelo enfocando a sus actores hacia los roles absurdos, para casar mejor sus actuaciones con la esencia incongruente que rodea a su film.

No olvidemos que su propio director ya avisaba que se trataba de cine experimental, que sería una orgía de sensaciones visuales y un montón de chorradas más… al final, todas esas palabras huecas se demuestran de una prepotencia ciega cuando analizamos la forma que presentan las piezas del puzle y como se ha decido Coppola a montarlas.

El arranque de Twixt es muy prometedor, una maravilla para aquellos que gocen de los entresijos de la escritura de terror. Por un lado tenemos un buen puñado de referencias imprescindibles. A la mente nos vienen nombres como Twin Peaks, La Boca del Miedo, Stephen King, Anne Rice, Poe, Lovecraft, Jóvenes Ocultos e incluso la mismísima versión de Drácula que rodase Coppola. Prometedores nombres que realmente están embebidos en la ambientación del más puro gótico americano, y es que el pueblo donde transcurre la trama transmite la magia cerrada de la Nueva Inglaterra de mediados del siglo pasado. La evocación surge de los distintos misterios que rodean al pueblo de marras: un hotel abandonado donde pasó unas noches Poe, un reloj de siete caras que nunca da la hora correcta, un escritor en busca de inspiración con problemas familiares, un grupo de góticos hippies (los cuales dan bastante asquito, todo hay que decirlo), unos asesinatos modernos con estacas de por medio, un antiguo crimen con tintes “cristianoatormentados”… ¿alguien da más? Porque con semejantes ingredientes John Carpenter nos hubiese regalado una joya oscura – como ya lo hiciese con la única e irrepetible En la Boca del Miedo –, ¿y que hace Coppola? No sé si será porque en realidad nunca ha sabido ser un director de género, y aquí es cuando aprovecho para decir que sus viejas películas me gustan pero nunca les he dado una prioridad especial, o porque realmente quería contar una historia de la forma más retorcida posible (como probablemente sugiera su título: Twist = Retorcido), la cuestión es que esto no es cine de autor, si no una tomadura de pelo.

El gran trauma para el espectador medianamente inteligente llega cuando a los cincuenta minutos de metraje (y se agradece que solo dure hora y media) toda la narración, el fino equilibrio entre realidad y sueño, se ve roto por una patética degeneración en la narrativa que empieza a mezclar al azar las diferentes piezas sin ningún tipo de objetivo. Incluso algunas escenas, la sesión de espiritismo por ejemplo, rozan el ridículo más pueril.

Dice Coppola que esta obra se basa en ciertos sueños personales. Como más de un crítico ya ha apuntado, resulta complicado contar con eficacia un sueño a otra persona. Sobre todo cuando dicho sueño desciende hasta los abismos de lo irracional y de las experiencias personales. Es muy probable que la persona que escucha tu sueño acabe perdiendo el interés cuando más estás disfrutando con los entresijos de tu propia paranoia. ¿La solución con Twixt sería dejarse llevar por la experiencia onírica de Coppola? ¿Sumergirse en ese mundo imaginario “maravilloso” donde nada tiene un sentido concreto? ¿Disfrutar de las bonitas imágenes que asaltan nuestra visión? No amigos, ni eso. En un gesto bastante hipócrita con respecto a la magia del cine, que Coppola debería llevar en la sangre, la película termina con un absoluto “bluf”, una burbuja que estalla delante de nuestras caras en un sinsentido muy bien explicado: “os he tomado el pelo…” y así el único que se había dado cuenta era Val Kilmer, su papada nos mira desde la pantalla como diciendo: “yo he intentado avisaros”. La película se obsesiona con indicarnos continuamente que lo importante es el final, que la clave reside ahí… ¡Ja! Preparos para la tremenda conclusión todos los que oséis a ver Twixt; no tengáis a mano objetos contundentes o podéis quedaros sin televisor.

Una perdida de tiempo, un tropiezo muy grande, una forma muy cara de vilipendiar el cine independiente, la peor manera de tirar a la basura unos ingredientes perfectos. Tras el impacto inicial, ni la ambientación onírica, ni los pequeños detalles metalingüísticos consiguen salvar Twixt. Teniendo escenas de una potencial abrumador (¿y como no iba a ser así cuando el mismo Edgar Allan Poe tiene la oportunidad de hablar sobre su obra más famosa?) y un importante factor vampírico que debía haber provocado terror, sensualidad y culpabilidad a partes iguales, todo queda en una tomadura de pelo monumental. Solo nos resta rezar porque Coppola recupere algo el rumbo, o deje la profesión de director y se dedique a producir obras ajenas – como ya hiciese con la resultona Jeepers Creepers –.

Por mi parte, una absoluta decepción.

Tráiler

Lo mejor: Val Kilmer y la estética onírica.

Lo peor: Su guión hace aguas, con uno de esos finales que no podría justificar ni la madre de Coppola.

Intruders

Freddy Krueger conoció a Shyamalan en las rebajas

Intruders

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  • Título original: Intruders
  • Nacionalidad: España | Año: 2011
  • Director: Juan Carlos Fresnadillo
  • Guión: Nicolás Casariego, Jaime Marqués
  • Intérpretes: Clive Owen, Ella Purnell, Pilar López de Ayala
  • Argumento: Paralelamente, en Londres y Madrid, unos padres viven como sus respectivos hijos, Mia y Juan, sufren continuas pesadillas con un ser siniestro apodado Carahueca.

48 |100

Estrellas: 2

Intruders

El tinerfeño Juan Carlos Fresnadillo se dio a conocer con el sorprenderte corto Esposados (1996), que incluso estuvo nominado a los premios Oscar. Luego llegó Intacto (2001), interesante opera prima con gran producción y reparto internacional, que pese a las expectativas creadas no funcionó en taquilla. Como en este país, España, se les da pocas oportunidades a aquellos directores que intentan hacer algo distinto (ya se sabe, algo que no sean comedias para el populacho y dramas de la Guerra Civil), y menos si han fracasado, Fresnadillo salió por patas y encontró el apoyo de Danny Boyle para dirigir la notable 28 semanas después (2007). Después de aquella, las ofertas en Hollywood le llovieron. Sin embargo, prefirió continuar con una película pequeña, de nuevo con producción española (los hay que no aprenden…). El resultado, Intruders, es, digámoslo ya, un tropiezo en su todavía corta carrera.

De nuevo, oscuridad y miedos infantiles

Hace poco hablaba de No tengas miedo a la oscuridad, flojo remake perpetrado por Tom Nixey con la ayuda de Guillermo del Toro. Viene muy bien recordarla, puesto que Intruders, en todos los sentidos, tiene bastante en común. Aparte de lo evidente, la decepción que ambas suponen por lo que pudieron llegar a ser, sus tramas se centran, en forma y fondo, dentro de los miedos infantiles. Ambas juegan con la oscuridad como principal entorno para crear el suspense, y ambas suponen un cuento de intriga más que una película de terror propiamente dicha. También poseen ambas una factura impecable y profesionales muy capaces tanto delante como detrás de las cámaras. Otro asunto es que esos profesionales estén por la labor…

El guión, firmado por el también director Jaime Marqués y el escritor Nicolás Casariego, nos cuenta dos historias paralelas; dos familias que viven en lugares distintos (Londres y Madrid), pero guardan un problema en común: Carahueca. Se trata de un intruso, un ser sin rostro, aparentemente imaginario, que ocupa las pesadillas de los hijos de las respectivas familias, Mia y Juan. El problema pasa a mayores cuando el padre de Mia y la madre de Juan empiezan a ser participes y dejan de tomar al intruso como un personaje de ficción.

Un punto de partida interesante que va perdiendo fuerza a medida que avanza y nos damos cuenta que Marqués y Casariego han perdido el rumbo. Pese a ello, Fresnadillo no se da por vencido y demuestra secuencia a secuencia que sabe responder como buen artesano a guiones poco interesantes. De ahí que lo más destacable sea la puesta en escena y la dirección de unos intérpretes que van desde lo correcto (Clive Owen, Carice Van Houten, Pilar López de Ayala), a lo notable (Ella Purnell, Héctor Alterio), aunque alguno tampoco puede hacer mucho con su personaje (Daniel Brül). Y no hay que olvidar la excelente banda sonora compuesta por Roque Baños.

La herencia Shyamalan

Pese a que hoy en día ande un poco olvidado tras el desastre artístico de Airbender, el último guerrero (2010) o su poca inspirada producción para La trampa del mal (2010), el director y guionista M. Night Shyamalan creó escuela con sus primeras (y grandes) películas. Así, El sexto sentido (1999), El protegido (2000) o Señales (2002), gustasen más o menos, constituyeron el ejemplo perfecto de cómo aunar cine comercial con un sentir casi melancólico, intimista, que dejase la huella del cine de autor. Desde entonces muchos han intentado copiar sus estructuras (el ya típico giro final, que obviamente no lo invento él, pero sí lo puso, de nuevo, dentro del fervor popular para el género fantástico y el terror), su estilo pausado sin apartarse del dinamismo, o su forma de adentrarse en el nido familiar y ponerlo todo patas arriba con enemigos externos en forma sobrenatural o de ciencia ficción (espíritus, supervillanos de cómic, extraterrestres…), en busca de la reconciliación (la familia es lo primero, y se sobrepone a cualquier problema).

Todos estos elementos tienen cabida en Intruders.

Fresnadillo, como buen aprendiz (tiene claras aptitudes, pero debe demostrar mucho todavía), maneja la cámara con solvencia tanto en los momentos agradecidos del guión (Carahueca saliendo del armario del cuarto de Mia) como en los desafortunados (un poco interesante y demasiado explicativo giro final).

Terror inofensivo

Dicen que en el Festival de Toronto o en el de San Sebastián, los espectadores y parte de la prensa respondieron con aplausos. En Sitges hubo más debate. Sea como fuere, si buscáis terror, y con ello quiero decir miedo, mejor que veáis el telediario. Lo que nos ofrecen, como ya apunté, es un cuento sobre los miedos infantiles, pero un cuento demasiado soft y edulcorado. Y para colmo, repetitivo; las apariciones de Carahueca, en principio afortunadas, siguen el mismo esquema una y otra vez hasta resultar anestésicas. Peor todavía si sus responsables se empeñan en devorar la poca intriga que quedaba metiendo efectos especiales demasiado evidentes y explícitos para representarlo.

Hay una escena en la que Juan tiene una pesadilla con el intruso. Su madre llega a la habitación y le anima a tranquilizarse y volver a dormir. Él, asustado, no puede. El consejo de su madre es el siguiente “Si vuelve a aparecer, cierra los ojos cinco segundos y vuelve a abrirlos. Verás que ha desaparecido”. Eso mismo me pasó con la película cuando terminó.

Lo mejor: La puesta en escena de Fresnadillo y una magnifica banda sonora de Roque Baños.

Lo peor: Un guión que, pese a partir de una idea interesante, termina por resultar ñoño y hueco.

Monster Brawl

Uno, dos, tres caídas!

Monster Brawl Póster

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  • Título original: Monster Brawl
  • Nacionalidad: Canadá | Año: 2011
  • Director: Jesse T. Cook
  • Guión: Jesse T. Cook
  • Intérpretes: Dave Foley, Art Hindle, Jimmy Hart
  • Argumento: Ocho criaturas de la noche, los no-muertos y los monstruos, se enfrentan a muerte en un cuadrilátero sin reglas.

50 |100

Estrellas: 2

Monster Brawl Grande

Monster Brawl es una película canadiense que intenta mezclar sin mucho éxito terror de serie B con comedia y mucho “wrestling”, más en concreto el norteamericano/canadiense, aquí el estilo latinoamericano, “la rasa”, no tiene mucha cabida. Por lo tanto ya observamos la primera barrera para disfrutar de la cinta: su tremenda focalización descarta a una gran mayoría del público, y hablo en concreto de aquellos a los que la lucha libre no les diga nada.

Sin embargo, este escollo no es el más importante. El verdadero problema de Monster Brawl es su falta de argumento “real”. Aunque alguien podría aducir que se trata de una recreación del espíritu incoherente de la lucha libre norteamericana, creo que ni eso justifica un resultado tan deslavazado; la historia brilla por su ausencia y a veces – debido a la acumulación de otros fallos no menores – parece poco menos que veamos imágenes al azar cambiando en la pantalla. Su director y guionista, el también canadiense Jesse T. Cook (director que debutó con la desganada Scarce), no ha sabido o no ha podido darle a su genial idea una envoltura que la dignificase.

La verdad que en el momento de su salida, cuando las primeras noticias sobre Monster Brawl estaban calientes, todo apuntaba hacia un proyecto atractivo e ilusionante. Un servidor, que creció con los golpes y actuaciones de grandes de la lucha libre comercial como Hulk Hogan, El Hombre del Millón de Dólares o El Enterrador, veía muchas posibilidades en la mezcla. Por un lado la imaginería desplegada en los tráileres y capturas promociónales auguraba un respeto encantador por los monstruos clásicos que participan en este extraño torneo, y por otro parecía muy bien representada la estética de los típicos “pay per view” (programas de pago de la televisión por cable): sus presentadores de típicos comentarios absurdos, los managers marrulleros, las llaves… Todo muy bonito sobre el papel, con ese barniz terrorífico – en su sentido más “hammeriano” – tan cuidado, pero la realidad es que la broma no daba para convertirse en un largometraje. Así, el chicle se estira tanto que Monster Brawl acaba aburriendo tanto a los aficionados al “wrestling” como a cualquier otro espectador. No obstante, resulta justo resaltar el esfuerzo de sus creadores porque el asunto funcione, la película está realizada con más corazón que cabeza, puesto que sinceramente era poco más que una quimera el querer completar hora y media con combates de “wrestling” entre luchadores caracterizados de monstruos.

La historia es bastante sencilla: sin saber muy bien por qué, se celebra un torneo en un cementerio maldito – dato que nos aporta el propio director de la película interpretando al cadavérico guardián del mismo – que incluye los enfrentamientos entre dos conferencias de monstruos. De una parte los podridos no muertos y, de la otra, las atroces criaturas. El cíclope, la momia, la mujer vampiro, el zombi, el hombre lobo, la bruja piruja, Frankenstein y el monstruo del pantano frente a frente por el título de la competición… ¿Qué esperas? ¿Más argumento? Pues no, ya está todo dicho. Este simpático concepto se complementa con las introducciones de cada uno de los luchadores y varios comentarios intrascendentes – y pretendidamente cómicos – por parte de unos comentaristas más bien sosos.

Las luchas son bastante cortas pero abundantes (cinco en total), las presentaciones de las criaturas de la noche son tan cortas que no saben a nada – además de verse confusas –, los interludios protagonizados por los citados comentaristas intentan realzar la comicidad subyacente sin mucho éxito y las amenazas verbales entre contendientes – algo muy clásico en los “deportes” de contacto – tampoco pasan de la mera broma repetitiva. En definitiva, algo lastra a la película y no es más que la falta de acierto por representar estos cuatro elementos alrededor de los que gira Monster Brawl. Ante la carencia de argumento el metraje avanza a trompicones y las transiciones entre comentarios, presentaciones y luchas se ven forzadas e igual de vacías en contenido que de público el cementerio (¡diablos! Hubiese sido mucho más gracioso si un ejército de muertos vivientes hubiese contemplado entre gritos los combates).

Si de los comentaristas ya hemos hablado señalando su falta de salero, lo mismo podríamos decir de las peleas. Malas, precisamente como aficionado a la lucha libre me he quedado un poco frío. No esperaba maravillas, pero si algo más dinámico. Sin embargo no debe ser tan fácil coreografiar uno de estos combates; algo obvio si contemplamos alguna liga fuera de la todopoderosa WWE. Aquí estamos ante “wrestling” de tercera: una figura cuatro mal realizada, muchos puñetazos, un desangelado “bulldozer”, patadillas voladoras y poco más. Si alguna vez habéis visto un show de la TCW (Total Combat Wrestling) ya sabéis a que me refiero, dicho con todo mi respeto por esos profesionales. Malos combates unidos a esa estructura tan secuencial (comentaristas, presentación, lucha X 5) acaba agobiando de tedio al público.

Con todo esto no quiero decir que Monster Brawl carezca de “graciejo”. Pese a su falta de humor – de verdad, ¿hay humor? – sí que luce simpática, principalmente por la presencia de ciertas figuras icónicas – aunque de segunda fila – tanto del mundo del “wrestling” como del cine de terror de serie B.

Lo primero que destaca es una voz grave que hace subir enteros la cinta con las frases que va soltando al más puro estilo Mortal Kombat. Ese vozarrón pertenece a Dios, en esta ocasión interpretado por Lance Henriksen (Aliens, House 3…), un claro guiño al cine fantástico más “underground”. A ese guiño se le suma la presencia de un envejecido Art Hindle (Cromosoma 3, Porky’s…), el gigantón Robert Maillet (Inmortals, 300…) y del cómico Dave Foley (Híncame el Diente, Suck…). Actores que no lo hacen del todo mal si tenemos en cuenta el material con que trabajaban.

En cuanto a las estrellas – algo opacas – de la lucha libre que ofrecen sus servicios encontramos al “voceras” Jimmy Hart, que ni pinta mucho ni es gracioso ni valdría la pena contar con su presencia de no venir acompañado de dos hembras de bandera cuyos gestos sí os harán partiros de risa. También se vende al mejor postor el oxigenado, y lamentable actor, Kevin “Diesel” Nash. Una pena que siendo la cinta de origen canadiense no se haya prestado a colaborar uno de los luchadores más importantes de aquellas tierras: el gran Bret Hart. De regalo podéis ver en un micro papel, interpretándose a sí mismo, a Herb Dean, si os gusta el deporte extremo sabréis que proviene de la UFC.

En resumidas cuentas, una cinta que parte de una premisa muy simpática que se alarga demasiado y con un resultado final bastante bostezante. Cierto que a nivel técnico salva los muebles – dentro de su apretado presupuesto – con una escenografía, maquillajes e iluminación evocadores, pero no contéis muchos aciertos adicionales. Tal vez si las presentaciones de los luchadores, una especie de micro cortos de terror/comedia, hubiesen tenido más peso o mejor historia de base – son totalmente independientes en cuanto a la narración central de Monster Brawl se refiere – hablaríamos de una cinta más eficaz. Me quedo con el hecho positivo de que Canadá despierta realmente y vuelve a ese cine desprejuiciado de serie B donde todo puede pasar a costa de explotar ligeramente los estilos fabricados y procesados por sus vecinos del sur. Más allá de esta voluntad, una película que no aporta nada ni siquiera a los amantes de la lucha libre.

Lo mejor: El concepto junto a las presentaciones de algunos contendientes.

Lo peor: Un humor muy anodino y unas luchas de tercera.

The Theatre Bizarre

Al final de la función, abucheo

The Theatre Bizarre Póster

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  • Título original: The Theatre Bizarre
  • Nacionalidad: USA, Francia, Canadá | Año: 2011
  • Director: Jeremy Kasten, Richard Stanley, Buddy Giovinazzo...
  • Guión: Zach Chassler, Richard Stanley, Scarlett Amaris...
  • Intérpretes: Udo Kier, Tom Savini, Catriona MacColl
  • Argumento: En la corrupta ciudad, una extraña chica vive por y para el oscuro teatro por el que sufre una terrible obsesión. Hasta que un día decide atravesar sus puertas para contemplar seis actuaciones que arrancarán sangrientas lágrimas de sus ojos.

52 |100

Estrellas: 3

The Theatre Bizarre Grande

The Theatre Bizarre es una antología de cortometrajes de terror de nuevo cuño. Sin despreciar las tendencias más clásicas, la cinta que hoy nos ocupa se quiere sumar en impacto a las antologías clásicas de toda la vida (Creepshow, Más allá de los limites, etcétera), al menos eso se colige por la importancia de los nombres que aglutina entre sus casi dos horas de duración.

No obstante, el discurso, la estética se esfuerza por ser lo más moderna posible. Y la primera clave de esta modernidad sería la utilización de una sexualidad disfuncional como leitmotiv argumental de casi todas las historias; algo similar a lo que ya intentara recientemente la fallida Little Deaths. Así tenemos seis breves paisajes no interrelacionados entre sí, más el segmento uniendo de forma solo narrativa al resto, que navegan entre la decadencia del siglo XXI y las ideas más básicas del terror sexual. Todo con un titánico esfuerzo en lo que a la faceta estética se refiere, especialmente habida cuenta de su declarada independencia. La pega más inmediata sería la escasa profundidad otorgada a los guiones de cada cortometraje. Soy consciente que en fragmentos de más o menos quince minutos es complicado encontrar una dimensión interesante para cualquier argumento, pero entonces es cuando los escritores tienen que proponerse un esfuerzo serio en cuanto al “concepto”. Y los conceptos de las historias que hoy nos ocupan son bastante peregrinos, incluso insulsos.

¿El resultado final? Una coproducción entre Estados Unidos, Francia y Canadá que sufre de tremendos desequilibrios entre sus partes y cuyas sensaciones son las propias de una burbuja bella pero frágil. Las historias se han dejado de lado con una frialdad que pone en seria duda la profesionalidad de sus autores, más bien estamos ante la sala de un museo repleta de cuadros macabros, pero sin la información necesaria para procesarlos, siquiera saber si nos han gustado. Quizás un importante hándicap haya sido la compresión de los segmentos, demasiado cortos para mi gusto y, lo peor, sin saber buscar provecho del golpe que un breve corto figurativo puede provocar al espectador – solo encontraremos un cortometraje que ha sabido explorar esta faceta –. Pongámonos con las manos en la masa y pasemos a ver los diferentes actos de la obra que se celebra en este siniestro teatro.

Theatre Bizarre (50/100)

Enola Penny vive obsesionada con un viejo teatro que aun se levanta al otro lado de la calle. Una noche ve luces en el amenazante local y su curiosidad puede con la prudencia. Silenciosa, inmóvil sobre su butaca será testigo de excepción de las seis extrañas historias que unos muñecos de papel maché irán desgranando, bajo la batuta de un inquietante maestro de ceremonias: Peg Poett.

Este segmento es el que sirve de presentación para los otros seis y así ejercer de leve nexo de unión – aunque las historias son completamente independientes –. Sin ser una maravilla se demuestra funcional aunque no exista una historia real detrás de las preciosistas imágenes de ese teatro misterioso y sugerente. Además los declamados que el muñeco presentador suelta son bastante crípticos y de poco valor. Dicho maestro de ceremonias está interpretado por un clásico: Udo Kier (Blade, Mi Idaho Privado…). Con un acento alemán que tira para atrás se convierte en el centro de nuestra atención pese a quedar su presencia en mera anécdota; vamos, que cualquier otro actor podría haber hecho lo mismo. Ojalá su director, Jeremy Kasten (Remake de The Wizard of Gore), hubiese tenido un guion más interesante que tratar. A diferencia de Truco o Trato, ejemplo de coherencia argumental, la gracia que tiene un segmento de unión cuando converge con el resto de los cuentos narrados, aquí no existe por ningún lado. Como resultado, por mucho que sea atractivo atmosféricamente hablando, unas escenas muy intrascendentes y poco entretenidas.

The Mother of Toads (50/100)

Una pareja de vacaciones conoce a una vieja bruja a la que compran unos abalorios. Más tarde, el novio acude a la cabaña de la bruja para descubrir los misterios del Necronomicón y el sexo primigenio.

Richard Stanley, el marginado director de una película que creo mucho culto allá por principios de los noventa (Hardware), escribe y rueda una típica historia lovecraftiana que toma elementos de los escritos del maestro de Providence como generadores de ambientación. Un detalle simpático que no acaba de cuajar debido a que los personajes principales están demasiados desdibujados. Un segmento que necesitaba de algo más de duración para alcanzar al espectador y que, más allá de la ambientación pantanosa, poco terror causa mientras anda perdido en su particular muestrario de ranas, ranas, ranas y su afectuosa “mami”. Como bruja podemos disfrutar de Catriona MacColl: una actriz icónica, aunque no muy conocida, que ha participado en obras de la categoría de The Beyond (1980) o Aquella casa al lado del cementerio (1981). La verdad que esperaba bastante más de Richard Stanley, sobre todo por su colaboración visual en décadas pasadas con el gran grupo gótico Fields of The Nephilim. Creía que una historia inspirada en Lovecraft iba como anillo al dedo para un cineasta que no acaba de encontrar un estilo más personal. Sosa.

I love You (25/100)

Berlín. Un hombre despierta con una herida y no recuerda su procedencia. Su mente se niega a recordar la reciente visita de su esposa. Una mujer con la que hace tiempo que se apagó el amor. Entre rencores y malas vibraciones, la verdad se mostrará sangrientamente explicita.

Esta vez contamos tras las cámaras y script a Buddy Giovinazzo, que saltó brevemente a la fama por su polémica Combat Shock. Curioso corte que no lleva a ningún lado y cuesta encontrarle una mínima razón para existir. Fijaos en un ejemplo: el segmento está rodado en Berlín, ¿y? Pues nada, sobre todo cuando todo su desarrollo transcurre en un apartamento cualquiera. Una historia aburrida donde los diálogos se tornan desesperantes. Estos, haciendo uso de provocación de todo a cien (“Tu vagina y mi pene estaban condenados a no entenderse”), se vuelven en su propia contra, llegando a provocar más bien la risa tonta. En el papel protagonista podemos encontrar al reputado actor alemán – cuyo extremo acento impide disfrutar de sus frases – André Hennicke (El Hundimiento, Pandorum. Dejando a un lado estas anécdotas, una historia de factura impecable pero tan apática como predecible.

Wet Dreams (40/100)

Un joven sufre de constantes pesadillas donde la castración y la frustración sexual campan a sus anchas. Insatisfecho con su vida, a pesar de contar con una hermosa novia, acude a un jocoso psiquiatra cuya ayuda puede ser más nociva que beneficiosa.

El famoso y encantador Tom Savini dirige y se reserva un papel importante en un segmento con divertidos efectos especiales, pero con una historia a la par que boba, mal contada. Algo que sorprende levemente cuando conocemos que su redactor fue John Esposito. Este marido pequeñito tiene en su haber un par de guiones increíblemente eficaces para un servidor: La Fosa Común y el capítulo de Masters of Horror Right to Die; además de haber cobrado cierta relevancia en la actualidad por sus adaptaciones para la serie The Walking Dead. La verdad que el juego onírico desfasado que nos propone esta mal contado, mal editado y mal rodado. Lo único que resulta interesante es ver en acción de nuevo a nuestro querido ”Sex Machine” y los diferentes efectos especiales macabros que entre lo gracioso y lo cruel aportan algo de carne a la función. Parece mentira que este buen hombre dirigiese un remake de La Noche de los Muertos Vivientes (1990) casi superior – estoy dispuesto a recibir vuestros insultos por sacrílego – que la original.

The Accident (80/100)

Tras encontrarse con un accidente mortal en una carretera secundaria, una madre reflexiona con su pequeña hija sobre la muerte. Realidad y divagación metafísica.

Es curioso que el único segmento que no posee ninguna referencia sexual, perversa o morbosa – ni siquiera se trata de una historia terrorífica, nada más lejos del género – sea el mejor con diferencia. Ya no por las actuaciones, que no existen dado su carácter reflexivo, ni siquiera por el acongojante reno que reclama la atención del espectador (un animatrónico que devuelve inmediatamente la fe en estas “marionetas” para uso en efectos especiales). No, The Accident te subyuga por su cadencia aceitosa, y su capacidad para alcanzar la sensibilidad sin traspasar sus limites y acabar siendo una gazmoñería. El responsable, tanto del guion como tras las cámaras, es Douglas Buck, director de la pasable Family Portraits (2003). Digna de alabar la melancolía capaz de transmitir, incluso superando las reticencias de un servidor, que deseaba ver terror antes que filosofía necrológica. Una fotografía y bandas sonoras de altos vuelos ayudan a ponernos en situación y consiguen que mantengamos el interés por una serie de cortos, que de otro modo ya habríamos perdido a estas alturas. Una joya que no tiene mucha cabida junto a sus otras hermanas. Verla a corazón abierto porque sus profundas reflexiones sacarán al humano que todos lleváis dentro.

Vision Stains (55/100)

Existen drogadictos muy especiales. La mujer que protagoniza esta historia extrae de los ojos de moribundos, principalmente los que ella asesina, una líquido que inyectado en su propio globo ocular le permite vivir la vida de la persona que murió y posteriormente almacenar dicha información en sus diarios. Su degeneración solo llega a detenerse cuando se inyecta la sustancia que ha obtenido de un no-nato.

Lo realmente bizarro empieza a tomar con Vision Stains cotas sugerentes, aunque por desgracia igual de vacías en desarrollo. Sin lugar a dudas, estamos ante una idea seductora que, aun con sabor a otros argumentos, guarda elementos genuinamente originales. No obstante, Kaniehtiio Horn – una asidua a la serie z norteamericana y a papeles secundarios – encarna a un personaje, “la escritora”, que se me antoja con muy poco carisma y, a lo sumo, propenso a generar excesiva antipatía. Sin lugar a dudas, las estrellas de la función son los primeros planos de agujas penetrando globos oculares; más allá de este efectismo la idea base se queda en un mero pasatiempo, donde el destino de nuestra protagonista importa más bien poco. La conclusión del segmento también deja bastante que desear: una paja mental poco imaginativa. Algo decepcionante, pese a unos valores técnicos de sobrada potencia, el trabajo del director de fotografía de la genial Hobo with a Shotgun. Karim Hussain demuestra un buen dominio de la técnica, pero luce muy verde a la hora de desarrollar una historia más atrapante. Otro segmento anecdótico.

Sweets (60/100)

La gula, el deseo, comer, follar, la sumisión, el desafío. Todo es uno cuando Greg intenta retener a su novia, pero esta anda cansada de que su única afición en común sea comer. Además Greg todavía no ha probado la mayor de las delicatesen. ¡Pero tranquilos! Su novia y otros amigos le harán ampliar su rango de alimentos conocidos.

Y llegamos a la representación final, con la obrita que supongo sus responsables pensaban que era la más extraña de todas. Bien podría ser así, al menos reconozco que sí es la más morbosa y confusa. Perfectamente dividida en dos partes – y con su duración algo más aprovechada –, la primera muestra una serie de imágenes no muy coherentes sobre la obsesión por comer, y mezclar dicha práctica con el siempre divertido sexo, unidas a la conversación que mantiene Greg con su pareja. El pequeño impacto que nos provoca esta mitad viene dado por el rumbo decididamente cómico que toman los diálogos. Se trata además de un humor intencionado, que funciona dentro de lo absurdo. Por lo tanto, seguimos sin tener una línea narrativa clara: demasiados sinsentidos – aunque muy coloristas y luminosos – que desembocan en una segunda mitad mucho más gore y rocambolesca. Una vez concluido el segmento, vemos que el tiempo se nos ha pasado volado pero es como si no hubiésemos visto nada. A destacar dicha escena final, muy “arty” y el trabajo de los actores principales: Linsday Goranson y Guilford Adams; especialmente este último destaca por su vis cómica y cara de memo. Tras los mandos el director de la repudiable Plague Town: David Gregory, un documentalista incansable que ha desarrollado buenas ideas estéticas, pero es incapaz de mantener buen pulso filmando.

Resumiendo…

El telón desciende y nos quedamos con un sabor agridulce. Por un lado se agradece sinceramente el esfuerzo de todos los directores, actores y técnicos; también la intención de realizar una antología de verdad, como dios manda. Alejada de cutreces como Deadtime Stories, nos agrada visualmente sin complicarse con argumentos complejo. Pero al final, su vacuidad se hace demasiado patente castigada por un enfoque demasiado bizarro y, sin embargo, poco provocativo. Perfectamente disfrutable si la vas viendo a ratos sueltos y aplicas unas expectativas nulas. Comulgues o no con este teatro, decirte que ya se ha anunciado una segunda parte, dada la buena acogida que ha ido teniendo entre el público. Bueno, supongo que se debe más al hambre de una buena antología – uno que es muy fanático de dicho formato se lanza como un buitre sobre estos productos, independientemente de su calidad – que a los resultados finales de una producción que se queda tan solo en las maneras. Decepción

Lo mejor: Sus sanas intenciones y el intenso corte "El Accidente".

Lo peor: El escaso desarrollo e interés de la gran parte de segmentos.

Vibroboy

Un cortometraje de 25 centímetros

Vibroboy Poster

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  • Título original: Vibroboy
  • Nacionalidad: Francia | Año: 1994
  • Director: Jan Kounen
  • Guión: Carlo De Boutiny, Jan Kounen
  • Intérpretes: Dominique Bettenfeld, Valérie Druguet, Michel Vuillermoz
  • Argumento: Una antigua estatua azteca, regresada de México a Francia por un travestido, repentinamente revela su contenido: El Vibro, un superhéroe dotado con un taladro fálico.

73 |100

Estrellas: 4

Vibroboy grande

Un travestido vuelve de realizar unas excavaciones arqueológicas en México. Como regalo de regreso, trae una verdadera estatua precolombina a su vecina del parking de roulottes donde vive. Sin embargo, el marido de ésta no recibe con buenos ojos el regalo para su mujer. Celoso y algo demente, su machismo empieza a apoderarse de sus actos bajo el influjo de la estatua. Pronto los tres personajes del drama descubrirán lo que esconde la inocente efigie: un dios hambriento por carne donde hundirse, “El Vibro”.

Vibroboy es un corto francés de media hora de duración que hará las delicias del lado perverso y “trash” de aquellos que disfrutasen de Delicatessen y La Ciudad de los Niños Perdidos, dos obras de culto justificadas, a las que se les podría unirse este corto sin vergüenza alguna. Con un apartado técnico excelente, a la par que sucio, Jan Kouen despliega toda su mala uva usando el sexo como una especie de metáfora fálica que, como decía, satisfará a los más perversos de la clase… todo no puede ser el infantilismo mágico de La Ciudad de los Niños Perdidos.

Jan Kouen desarrolló una importante carrera como cortometrista durante la primera mitad de la década de los noventa, pudiendo decirse que Vibroboy es uno de sus mayores logros, junto a Capitaine X (también de 1994). Tras destacar como elaborador de cortometrajes inició una carrera menos significativa en el mundo del largometraje con las fallidas, pero demasiado criticadas, Dobermann y Blueberry. Quizás porque en estos trabajos de envergadura no estaba arropado por uno de los dos genios franceses del séptimo arte moderno: Marc Caro, que junto a Jean-Pierre Jeunet inició una peculiar carrera, marcada por su particular estilo visual, con Delicatessen.

Y es que Caro fue el encargado de diseñar al verdadero protagonista del corto que hoy nos ocupa. Con un ojo puesto en la rompedora Tetsuo de Shinya Tsukamoto (principal referencia de este corto, que se podría interpretar como una relectura de la historia cyberpunk japonesa original de 1989) y otro en el arte precolombino, Caro se saca de la manga a una criatura parte hombre parte estatua y todo sexo, “El Vibro” del que toma título el corto, el cuál aúna el horror y la adoración que provocan el monolito de carne que la mayoría de los hombres lucimos entre las piernas. Siendo su aparición todo el meollo del cortometraje, cuando se desencadena toda la potencia visual y artística, así como la parte de horror que contiene el corto. Porque a pesar de ser un proyecto enfocado a la comedia absurda, ser penetrado repetidamente por una insaciable deidad fálica da bastante miedo; supongo que la presencia mayoritariamente masculina en el equipo de producción explica esta obsesión, puesto que somos los hombres la parte de la humanidad más obcecada con los penes.

Aunque lejos de lecturas enrevesadas, la historia del cortometraje se enfoca en reforzar el potente estilo visual, de nuevo volvemos a ese estilo netamente cyberpunk, con el que es narrada. Y aunque argumentalmente Vibroboy carezca de bastante sentido, más bien lo podemos entender como una experimentación estética, el continuo humor, en ocasiones muy sucio, con el que los personajes son dibujados en pantalla ayuda a darle una coherencia dentro de la cabeza del espectador, que pronto pillará la broma cuando escuche repetidamente el tema central del corto: la encantadora ”Parlez-moi d’Amour” (“Háblame de Amor”).

Los actores están esplendidos dentro de la exageración de sus personajes, que parecen directamente extraídos de las páginas de algún comic “underground” francés: llamativos y bizarros, afrontan una vida miserable con el desparpajo de la inconsciencia. Envueltos en un aura amarilla y anaranjada (enfermizos colores que predominan en la fotografía para reforzar el desagrado visual inyectado en el celuloide) son manipulados por sus propias emociones sin control como si de un video-clip se tratase; y es que Kouen bebe de otras disciplinas, también la publicidad, para hilar su mejor corto.

Solo teniendo en cuenta su manufactura, pocos cortos se realizan ya así en la actualidad, y lo bizarro de su propuesta (no sé que pensaría Julio Cortazar del “Vibroboy” atrapado en la estatua mexicana) ya merecería la pena recomendaros este corto a pesar de que casi ronda los veinte años. Pero no solo eso, el interés estético, la sensación de estar ante una pequeña obra de arte, hacen que esta especie de “revival” – y no me he decidido a etiquetarlo de tal forma puesto que el cortometraje no es muy conocido – cobre su verdadero sentido hoy: Halloween. Muchos de vosotros os plantearéis monstruosas maratones de cine de terror para esta noche, y nada más divertido oiga (bueno, las maratones de sexo); pero que menos que darle un descanso a la mente con algún corto entre proyección y proyección. Así que me gustaría desempolvar esta estatua de alargada forma y ofrecérosla como tributo, sobre este altar manchado de sangre y vísceras que es Almas Oscuras. Disfrutadlo.

Lo mejor: Su estética alocada y sus referencias festivo-sexuales.

Lo peor: La falta de trasfondo argumental, aunque es un corto.

Hellraiser Revelations

Y cuando creíamos que ya no podía ser peor...

Poster Hellraiser Revelations

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  • Título original: Hellraiser Revelations
  • Nacionalidad: Estados Unidos | Año: 2011
  • Director: Victor García
  • Guión: Gary J. Tunnicliffe
  • Intérpretes: Nick Eversman,Jay Gillespie,Stephan Smith-Collins.
  • Argumento: Nico y Steve viajan a Mexico en busca de diversión.Allí se encontrarán con una caja que traerá a los que habitan en el Infierno.

30 |100

Estrellas: 2

Hellraiser Revelations Grande

Permitidme que empiece con una frase de Clive Barker a propósito de esta nueva entrega de la Saga Hellraiser.

Barker:
“Hola amigos. ¡Quiero que conste en acta que esa película en la que están usando el nombre de Hellraiser no es un jodido hijo mio! No tengo NADA que ver con esta puta cosa. No es ni siquiera de mi ano”.

Missterror:
“Hola amigo Barker. Ojalá algo de este engendro hubiera salido de ti, aunque fuera de tu ano… pero me temo que no da ni para eso”.

Había pensado en terminar aquí la reseña, porque Barker, sabio como ninguno, lo ha dicho todo con sus palabras. Pero finalmente he creido conveniente destriparosla un poquito para que veáis lo que tenemos entre manos.

Lo primero que quiero decir es que yo soy una sufridora profesional de la saga Hellraiser, me gustan taaanto los cenobitas que ya había visto las 8 partes anteriores, ¿podría soportar una más? Hombre, poder, he podido, pero estuve al borde del aguante medio con el que todos contamos.
Dicho esto, agradezco que la duración de Hellraiser Revelations fuera de 1 hora y 10 minutos, eso sí, 1 hora y 10 minutos de aberraciones (y esta vez el sentido de la palabra no es muy positivo…).

La trama presenta a dos amigos (Nico y Steve) que viajan a México para emborracharse y follar, sin más. No buscan el último paso del placer o las respuestas que solo el dolor puede ofrecer; buscan fiesta y en esa fiesta se toparán con un vagabundo que les regala la caja de los lamentos, supuestamente porque la caja ha escogido a Nico (quien en un arranque de pasión en el baño mata accidentalmente a su amante, y os aseguro que en la posición que estaban haciendo sus cositas, morir así era complicado, a no ser que cuando la cámara dejara de enfocar ella se pusiera a hacer el pino puente…) porque es perverso y lleva el mal dentro.

Pues una vez que los jóvenes ya tienen el cubo, en un periquete, están en una habitación sospechosamente reconocible, rodeados de velas y abriendo el portal que une la tierra con el Infierno, llamando a los cenobitas (que no saben ni quienes son ni qué buscan, ni falta que les hace, porque eso es lo de menos en esta película).Cuando los cenobitas acuden a la llamada, os aseguro que en mi casa también se abrió la brecha que la comunicaba con el infierno, porque aparece “Pinhead” (cada vez que me refiera a él lo haré entrecomillado porque no quiero llamar Pinhead al ser que sale en la novena parte, que en realidad es el primo paleto de Pinhead y acaba de llegar al Infierno con una maleta de almas atada con una cuerda) y otro cenobita, que es también primo bastardo del que trae el dolor y busca la carne. ¡Oh señor!, “Pinhead” no atemoriza, no impresiona, no corta la respiración, no te deja en silencio con el único propósito de escuchar las campanas con las que se anuncia su llegada. Este “Pinhead” te hace frotarte los ojos para intentar conseguir que lo que estás viendo en pantalla no sea procesado por tu cerebro.
Vale, echo de menos a Dough Bradley, le echo muchísimo de menos, y sabía que nada sería igual sin él, pero es que ver a este “Pinhead” con ese careto, con esa estructura ósea… fue demasiado para mis ojitos.

Otra de las cosas que me llamó la atención negativamente fue el hecho de que parece que la Configuración del Lamento (la caja) en estas “revelaciones”, es como si contuviera dentro a los cenobitas, quienes están alerta de las conversaciones de los humanos mirando hacia arriba cuando alguien agarra la caja.
Vamos a ver, la caja de Lemarchand es sólo la herramienta que abre la puerta a otra dimensión, es un portal, no un contenedor de cenobitas; y lo digo, porque hubo momentos en que me los imaginaba como seres diminutos que viven en el cubo, como si fueran los “curris” que viven en las plantas de los Fraggles.

Y seguimos… Los actores: espeluznantes, increíblemente malos, sobreactuados en algunas ocasiones y sosísimos en general.
Tened en cuenta que la historia no se queda en México, sino que se traslada a la casa de los padres de los chavales, quiénes por arte de magia (se habla de un investigador pero no queda nada claro), tienen las grabaciones de los niños jugando con la caja y la caja físicamente, por lo tanto hay más almas que llevarse, más dolor que infligir, más opciones para dar rienda suelta a una orgía de sangre y terror, pero no… aquí el sopor es lo que manda y es que ¡con tantos actores, no hay uno que se salve!
Y ésto enlaza con el guión, que para estar en consonancia con el resto de la propuesta, no se sostiene por ningún lado, aunque lo intenta, pero como nada se desarrolla todo queda vacío.

¿Hay algo bueno? Pues sí, los efectos y el maquillaje están bastante bien (aunque son escasos los momentos sangrientos). También hay algún intento de ser algo perversos con alguna escenilla incestuosa, que rápidamente se subsana, no vaya a ser que pequemos de inmorales.

En resumen, “Hellraiser Revelations” intenta ser una copia de la original, la del 87, utilizando una fórmula maestra, pero sin los componentes necesarios para darle la forma adecuada.
Destacadamente penosa es la escena de regeneración de Nico a partir de una mancha de sangre en el colchón (Oh Frankie, yo te invoco, ¿por qué nos has abandonado? ¡Han mancillado tu mítica escena!).
Aquí, ¡tatatachan!, en un segundo está casi todo hecho y hay una cabeza asomando en el centro del colchón que quiere más sangre…
En este punto me levanté del sofá y di la vuelta a todos los cenobitas que tengo por casa, para que no vieran más, para que no siguieran sufriendo… y de repente me encontré con la mirada penetrante de la persona con la que vi esta película (más fan aún que yo del mundo cenobita), y solo pude poner cara de buena y decir “no sabía que iba a ser así, así de mala…” (aunque en realidad sí lo sabía… todos lo sabíamos).

Si como se comenta ésta fue la película de bajo presupuesto que hubo que hacer para mantener los derechos de la franquicia y no perder financiación para el remake, apañados vamos.

Pues nada más mis queridos amigos y amigas (lo diré también en inglés,que a veces suena muy bien la palabra friends: That´s all my dear friends), si la veis ya es bajo vuestra responsabilidad. Yo ya he avisado, solo espero que este “Pinhead” nunca venga a por mi.

Lo mejor: Los efectos, la duración y la cenobita femenina (que es Chatterer en mujer), que está muy currada.

Lo peor: "Pinhead" y todo lo demás.