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Home Sweet Home

¿Alguien visita tu casa cuando tú no estás?

Home sweet home

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  • Título original: Home sweet home
  • Nacionalidad: Francia, Canadá | Año: 2013
  • Director: David Morlet
  • Guión: David Morlet
  • Intérpretes: Meghan Heffern, Adam McDonald
  • Argumento: Frank y Sara vuelven a casa por la noche. Ignoran que, minutos antes, un sádico asesino les ha elegido como víctimas...
DIVERSIÓN:
TERROR:
ORIGINALIDAD:
GORE:
  • 2.5/5

Home sweet home

Probablemente, David Morlet quisiera que dijeran de él que es alguien que coge un género o subgénero, lo subvierte y hace la película definitiva sobre el tema. Tras dos cortometrajes bastante apañados, Organik y Bitten, debutó en la dirección con Mutants en 2009, donde ponía a la vista su estrategia: cuando parecía que estábamos en el cénit del mundo zombi (qué ilusos, y cuatro años después sigue siendo el subgénero más prolífico), llegaba él con una arriesgada historia de amor entre un humano y un zombi, episodio mínimo y localizado pero con alcance para haber llevado al género un paso más allá en un momento en que lo necesitaba (y desde mi punto de vista, lo sigue necesitando. ¿Será “Guerra Mundial Z” la encargada de hacerlo?) El resultado no acabó de funcionar, y no porque la idea fuera mala: fallaba la tramoya, la arquitectura interior del asunto: los personajes y la relación entre ambos.

Cuatro años después, David Morlet vuelve a ponerse tras las cámaras. Y de nuevo coge un argumento y mundo reconocibles: la invasión del hogar por parte de un asesino. Sara y Frank vuelven a casa tras pasar la noche afuera y haber dejado su hijo al cuidado de su abuela. Se cambian de ropa, se duchan, se disponen a acostarse, como cualquier otra noche, ignorando que en su casa, oculto en las sombras, hay un peligroso asesino… Seguir leyendo…

Lo mejor: El arranque.

Lo peor: Aunque apreciable, la mayoría del metraje roza lo convencional.

Sightseers

Liberando tensiones

Sightseers

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  • Título original: Sightseers
  • Nacionalidad: Gran Bretaña | Año: 2012
  • Director: Ben Wheatley
  • Guión: Amy Jump
  • Intérpretes: Alice Lowe, Steve Oram, Eileen Davies
  • Argumento: Chris quiere mostrar su mundo a su novia Tina, pero su sueño de vacaciones en caravana pronto dejará un rastro de sangre.
DIVERSIÓN:
TERROR:
ORIGINALIDAD:
GORE:
  • 4/5

Sightseers

Con motivo de su estreno en salas de cine, os ofrecemos de nuevo la reseña de Sightseers (Turistas), la última y deliciosa película de Ben Wheatley.

Uno de los mayores aplausos de la edición del festival de Sitges 2011 fue para la cinta dirigida por Ben Wheatley Kill List. En ella nos presentaban a una pareja de eficaces asesinos que se hacían cargo de una misión mucho más compleja de lo que parecía en principio y que termina llevándolos a un submundo misterioso en el que acaban por perderse. Una cinta entre el thriller y el terror, original e interesante pero que a éste que os escribe le dejó algo frío, principalmente por concluir de cualquier forma y por derroteros un tanto absurdos tras un comienzo y desarrollo geniales que pedía a gritos algo más de brillantez en el cierre. Como sea, el anuncio de una nueva película de este director en el festival del 2012 llenó la sala de espectadores y expectativas que, tengo que decir, se cumplieron con creces y culminaron en una gran ovación de todos los presentes.

Chris y Tina llevan muy poco tiempo de relación y para conocerse mejor y afianzar sus lazos plantean una escapada, en caravana, por los paisajes más bucólicos de Yorkshire y por los rincones preferidos de Chris. Esto ayudará a Tina a superar la culpabilidad por la pérdida de su querido perro Poppy (muerto en un grotesco accidente) y, a su vez, alejarla de la ponzoñosa influencia de su madre. Lo que ninguno de ellos sospecha es que se han juntado el hambre con las ganas de comer: Chris es un violento personaje que no controla, ni desea controlar su ira y Tina ha vivido en un estado de sumisión y presión que tiene que explotar por algún lado… La excursión no tardará en dejar un buen rastro de sangre. Seguir leyendo…

Lo mejor: Los actores, el humor constante y el sujetador de ganchillo de la protagonista...

Lo peor: Tras el primer "accidente" sigue la historia como si nada. Puede que te moleste seguir a 2 personas tan casposas.

Some Guy Who Kills People

La venganza fría como un helado

SGWKP Póster

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  • Título original: Some Guy Who Kills People
  • Nacionalidad: Estados Unidos | Año: 2011
  • Director: Jack Pérez
  • Guión: Ryan A. Levin
  • Intérpretes: Slasher, Comedia, Romance, Drama
  • Argumento: Un heladero un poco rarito asesina a gente que odia cuando nadie le está mirando.
DIVERSIÓN:
TERROR:
ORIGINALIDAD:
GORE:
  • 3.5/5

SGWKP Port

Ken Boyd es un tipo atribulado de treinta y cuatro que vive con su madre, dibuja comics para él mismo y trabaja en una heladería. Sin futuro claro, con un pasado turbulento vivido en una institución mental, pasa las horas muertas planeando su venganza contra los compañeros del instituto que le amargaron la vida. Cuando los asesinatos que imagina empiezan a suceder realmente todo cobra sentido para él… hasta que la aparición de una hija que no conocía, un posible nuevo amor e, incluso, un nuevo padre sheriff vuelven a poner su patético mundo del revés. ¡Ni siquiera los sociópatas pueden llevar una vida “decente” en estos tiempos que corren!

Al frente de esta película tenemos a Jack Pérez, conocido mundialmente por ser el director contratado por The Asylum para filmar Mega Shark vs Giant Octopus, una película basura de dimensiones épicas, cuyo trasfondo poco serio se ocupa de finiquitar con esta Some guy Who Kills People.

Vendida como una comedia de horror, creo que Some Guy Who Kills People va bastante más allá, dentro de las posibilidades de su manufactura independiente. A saber, existe comedia ácida, tenemos horror encarnado en una interpretación muy “sui generis” del subgénero slasher, también existen unas gotitas de romance subdesarrollado y, como colofón, una buena medida de drama familiar post siglo XX. Seguir leyendo…

Little Big Boy

La Ascensión y Caída de Jimmy Duncan

LBB Póoster

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  • Título original: Little Big Boy
  • Nacionalidad: UK, Dinamarca | Año: 2011
  • Director: Kim Sønderholm
  • Guión: Kim Sønderholm
  • Intérpretes: Kim Sønderholm, Lloyd Kaufman, Gry Bay
  • Argumento: Un documental sigue las andanzas del polémico director de cine gore Jimmy Duncan. Su llegada a la cumbre como realizador y su descenso a la obsesión con el sexo y la muerte que lo llevará a la cárcel.

65 |100

Estrellas: 3

LBB Grande

Little Big Boy (¿he oido ”Dustin Hoffman” entre los presentes?) es un experimento de serie Z que, como si de un documental para televisión se tratase, sigue las imaginarias desventuras de un cineasta underground, Jimmy Duncan, que acaba por perder la almendra atosigado por la porquería inherente a la industria cinematográfica: periodistas con ganas de volcar sus frustraciones sexuales en las críticas que realizan, actrices de medio pelo que exigen como si fuesen estrellas de Hollywood, incompetencia por parte de los técnicos, productores sin paciencia que entre mamada y mamada vejan a sus directores, compañeros de profesión que lanzan falsas acusaciones sobre zoofilia, etcétera. Tras joyas como Outerspace Zombies, Duncan adquirió fama internacional siendo valorado como uno de los “enfants terrible” de la industria. Hasta que en el rodaje de su cuarta cinta, The Death Stalker Murders, su director perdió completamente el rumbo y acabó con casi dos decenas de actrices y strippers, tal vez como consecuencia de las trágicas vivencias de su pasado.

Como veis no es que los responsables de Little Big Boy se hallan tomado muy en serio el enfoque de su película, aunque hay que reconocer como en el aspecto formal, la cinta está estupendamente editada y muy bien hilada. Todo un triunfo para su director: el danés Kim Sønderholm, que también interpreta al bueno de Jimmy Duncan, escribe el guión, produce y hasta colabora con algún tema de la banda sonora.

Un triunfo porque ha conseguido mover a buena parte de la fauna de la subcultura del horror en Estados Unidos, destacando sobre todos el incombustible y divertido “capo” de la Troma, Lloyd Kauffman, para conseguir recrear una historia ficticia que insulte al mundo del cine desde dentro, con un discurso sano pero cínico que se complementa con escenas que no sabemos si son recreaciones de la convulsa vida de Duncan o directamente paranoias de Sønderholm. Aunque esa trayectoria final hacía la depravación y la violencia masculina proporciona un sesgo muy interesante y necesario dado que la cinta trata sobre el cine de terror underground. Un cariz muy en línea del estilo del canadiense Ryan Nicholson (Gutterballs, Hanger) y uno de sus últimos trabajos: Star Vehicle. Así, las entrevistas divertidas, gamberras y, muchas veces, obscenas pueblan el ajustado metraje (poco más de sesenta y cinco minutos) sin aburrir en ningún momento. Unas mejores, otras peores, los momentos álgidos los lleva sobre sus hombros un solvente Sønderholm, mientras que otros actores rompen un poco la ilusión del mundo imaginario creado por y para Duncan. A este respecto señalar una interesante anécdota: el joven Duncan es interpretado por el niño danés Toke Lars Bjarke, jovencísimo actor que participó en la oscarizada “En un Mundo Mejor”. Que cosas tiene el cine…

Un triunfo porque a nivel visual las piezas del puzzle encajan de una forma fresca y hasta cierto punto novedosa. De acuerdo que el subgénero de los falsos documentales está sumamente explotado, pero no sé que contiene de especial Little big Boy que la mantiene un puntito por encima de la media. Quizás sea con esa filmación digital tan luminosa y televisiva que al final se conforma una atmósfera capaz de arrastrar al espectador a un mundo surrealista e improbable. E insisto que también es su buen humor negro el ingrediente necesario para que el resto compacten.

Un triunfo porque a pesar de que su director esté metido hasta las cachas en el cine underground americano, incluso como actor/productor/guionista en títulos que van desde Tour de Force hasta Toro Loco, Little Big Boy no ha tenido fácil ver la luz. Dos años y medio le ha costado a su director desbloquear acuerdos podridos con desalmadas distribuidoras para encontrar finalmente una mano amiga que permita su difusión por los mercados internacionales (en Europa podéis encontrar una jugosa edición en DVD AQUÍ). Lo que empezó siendo como un breve proyecto experimental basado en el documental Overnight (documental realizado en 2003 sobre la historia detrás de Boondock Saints) y reminiscencias de The Office, por fin toma forma física para satisfacción de los investigadores del cine más barato, libre, provocador, desprejuiciado y pendenciero.

Llena de graciosos chistes sobre el cine basura, un brutal desfile de actrices despeletodas, mucha mala baba, momentos oníricos, una buena banda sonora, despiadada crítica ética y hastra algo de dramatismo de sobremesa…

¡¡Una oda a la subcultura terrorífica!!

Tráiler

Lo mejor: Su originalidad en cuanto a desarrollo y el tono paródico con respecto al cine de serie Z.

Lo peor: A veces peca de chabacana. Así mismo, ciertas actuaciones rompen el ritmo.

TORSO

Giallo y Slasher unidos por la espina dorsal

Torso Póster

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  • Título original: I Corpi Presentano Tracce Di Violenza Carnale
  • Nacionalidad: Italia | Año: 1973
  • Director: Sergio Martino
  • Guión: Sergio Martino, Ernesto Gastaldi
  • Intérpretes: Suzi Kendall, Tina Aumont, Luc Merenda
  • Argumento: Varias jóvenes están siendo asesinadas durante un verano en Perugia.

70 |100

Estrellas: 4

Torso Grande

En 1973 todavía quedaban unos años para la explosión del slasher. Es cierto que “Peeping Tom” (El fotógrafo del Pánico, Michael Powell) es de 1960, y según el imprescindible documental Going to Pieces: The Rise and Fall of the Slasher Film, ésta es la película fundacional del género; también se había estrenado ya “Bay of Blood” (Mario Bava, 1970), que es la precursora, según prácticamente toda la bibliografía sobre el tema, y según Ghostface, el asesino de Scream. Desde luego, los americanos que exportaron este tipo de películas habían visto, por fuerza, toda la camada de giallos italianos, y seguramente Italia fue el país donde menos impacto produjeron las masacres de asesinos enmascarados de Estados Unidos.

En la mayoría de los giallos, además, suele haber un body-count. Es verdad que a lo mejor no es un rasgo especialmente identificativo del género, más volcado en la investigación, la trama rocambolesca o los motivos “psicologistas” del asesino, pero son muchos los casos en los que el recuento de cadáveres es enorme y los crímenes se convierten en lo mejor de la función. En “Torso”, en concreto, las víctimas son unas atractivas estudiantes de arte en Perugia, casi no hay investigación criminal y el asesino es un enmascarado, por lo que realmente estamos muy muy cerca del slasher… que aún no había sido creado.

La película comienza con el asesinato de una chica, Flo, y su novio en el coche, mientras están manteniendo relaciones sexuales (¿suena de algo esta circunstancia?), en una escena muy similar a la que veríamos durante los ochenta en multitud de slashers. La chica era una estudiante de un curso de verano de arte, y el pánico cunde entre sus amigas más cercanas, Daniela (Tina Aumont) y Jane (Suzy Kendall). La única pista que tiene la policía es que el asesino lleva un pañuelo rojo y negro en el cuello. Cuando tiene lugar un segundo asesinato, las chicas deciden alejarse de Perugia por unos días, yéndose a la casa de un pueblo cercano del tío de Daniela. Como uno se imagina, que se alejen no sirve para dejar atrás el terror…

Los motivos del asesino son puro giallo: ilógicos pero eficaces. Cada vez que comete un crimen, hay insertos de muñecas siendo mutiladas. El elemento sexual es imprescindible en la película: hay una relación lésbica; uno de los sospechosos, Stefano (Roberto Bisacco), recurre a prostitutas probablemente para superar su homosexualidad; todo ello, en un mundo donde los hombres no paran de admirar la belleza femenina y de intentar poseerla, y las mujeres la utilizan aparentando ingenuidad. También, es especialmente interesante la historia de Carol (Conchita Airoldi), otra de las estudiantes. Sus pulsiones sexuales se mezclan con la pena y desazón por la muerte de su amiga Flo y acaba relacionada con dos chicos poco recomendables, que la llevan a una especie de orgía/rave hippie donde encontrará su muerte, en la que es la escena más famosa de la película, el enigmático (y desde mi punto de vista, no especialmente bien resuelto) crimen en el bosque con niebla. Como toda película setentera con violencia y sexo, fue bastante censurada y masacrada. Hay una diferencia de hasta siete minutos entre unas copias y otras, y ésta es una de las escenas más cortada.

El giallo, además, es seguramente uno de los géneros más visuales y alucinados, y “Torso” no es una excepción a este respecto. Todo lo que puede explicarse con imágenes, será explicado con imágenes (menos la inevitable conversación final en la que el asesino revela y verbaliza sus motivos); aunque pueda parecer contradictorio con lo anterior, la planificación está más supeditada a la grandeza del momento (el entorno imponente en el que se mueven los personajes o la crueldad del crimen) que a una narración funcional, y en este caso concreto, el interior de las casas es bastante impresionante; por último, la voluntad de convertir las películas del género en especies de juegos/trampa psicológicos también está presente: la única pista que tiene la policía, como se ha contado, es que el asesino lleva un pañuelo, y convierte este asunto en un curioso juego durante el visionado. POSIBLE SPOILER: Esta prenda la venden en un puesto de una plaza del centro de la ciudad, por lo que cualquiera puede haberla comprado. Sin embargo, en el tramo inicial de “Torso”, antes de que se sepa esta información, vemos a dos personajes con un pañuelo similar. Uno de ellos es utilizado en la trama; el otro se queda ahí, para que cuando el primero sea descartado, te quede el recuerdo de que había un segundo personaje que has visto que lo llevaba… sólo que, para confundirte, lo sitúan dos veces en situaciones parecidas, haciéndote dudar de si era este personaje u otro quien tenía el pañuelo. FIN POSIBLE SPOILER. Con esto no revelo nada. Este personaje puede ser, o no, el asesino al final; es spoiler porque es poner de manifiesto un detalle de la película del que uno, como espectador, no debería ser consciente hasta un punto del visionado, y no antes.

Y una mención que, no por frívola, es menos reclamo para ver la película: casi todos los personajes, tanto chicos como chicas, son guapísimos. ¡Toma análisis sesudo!

Pero si hay algo por lo que, realmente, me convenció “Torso” fue por su tramo final. Me pareció un prodigio, con un punto original y un sentido del suspense brillante. En este punto es mejor no detenerse: lo preferible es disfrutar de la película y de cómo orquesta los últimos veinte minutos. Mi recomendación, desde luego, es que quien quiera verla por cauces legales, recurra a la edición de Blue Underground en Blu Ray, compañía que, por otra parte, me resulta especialmente simpática. Es propiedad del insigne William Lustig (Maniac, Maniac Cop), y aparte de estar reeditando y pasando a alta definición clásicos indiscutibles, como algunos de los mejores títulos de Dario Argento, también está recuperando películas de muy segunda fila (e indudable encanto, desde mi punto de vista), como “El Asesino de RoseMary”, de Joseph Zito. A mí me parece una empresa entrañable.

Lo mejor: el tramo final.

Lo peor: la conversación en la que el asesino desvela sus motivos.

Henry, retrato de un asesino

Testigos del terror real

Henry retrato de un asesino

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  • Título original: Henry Portrait of a Serial Killer
  • Nacionalidad: USA | Año: 1986
  • Director: John McNaughton
  • Guión: Richard Fire, John McNaughton
  • Intérpretes: Michael Rooker, Tom Towles, Tracy Arnold
  • Argumento: Henry es aparentemente un hombre normal, que esconde en su interior a un asesino sin escrúpulos ni remordimiento alguno.

85 |100

Estrellas: 5

Henry retrato de un asesino

En los ochenta, el cine ya nos había dado a conocer a muchos asesinos en serie. Sobre todo a raíz del sorprendente éxito de La matanza de Texas (1973) y La noche de Halloween (1978), así como todos sus alumnos posteriores, con Viernes 13 (1980) y Pesadilla en Elm Street (1984) a la cabeza, se trató de una etapa del celuloide en la que los cuchillos de tamaño gigantesco o las moto sierras vestidas de sangre campaban a sus anchas. Pero ninguna de ellas hablaba del asesino común; del tipo corriente que te encuentras por la calle, en el trabajo, con el que charlas en el bar. Lo que estaba de moda eran los matarifes sobrehumanos, los superhombres de increíble estatura y/o rostros monstruosos. Aquellos locos a los que, por mucha caña que les dieran, en el último minuto regresaban para dar el susto o despejar el camino para otra secuela. En dichas décadas y en anteriores hubo excepciones, claro, pero quizá fue Henry, retrato de un asesino la que encaró, de una vez por todas, el horror de lo cotidiano a través de los ojos de un psicópata tal cual, sin edulcorantes ni colorantes.

Henry, enemigo de la censura

Pese a estar producida en 1.986, Henry no vio la luz en Estados Unidos hasta 1.990. Culpables: los miembros de la MPAA. Ya saben, la liga de los hombres extraordinarios blancos, heterosexuales y católicos que deciden lo que es bueno o malo para nosotros. Que conste que no me parece mal que se vigile el contenido de las películas y se recomiende, según proceda, la edad necesaria para ver el contenido. El problema es que en el país de las barras y estrellas son muy rígidos en estos temas y no utilizan la recomendación sino, si lo creen necesario, la prohibición. O lo que viene a ser lo mismo, la limitación de una calificación X (y es algo que ocurre, allí o aquí mismo, en España, más de lo que muchos creen, pues no solo de cine comercial vive el aficionado). El caso es que la MPAA no sabía por dónde meter mano al montaje original para hacerla valedora de una calificación R (con la que pueden entrar menores únicamente si van acompañados de un padre o tutor), pero no por la violencia en sí, sino por la cantidad de palabras malsonantes, referencias sexuales en plan sucio y comportamientos lascivos. Era tan difícil rehacer el montaje eliminando lo que ellos creían conveniente, que al final la X no pudo cambiarse.

Sin embargo, Henry se convirtió poco a poco, gracias al boca-oreja y a sus posteriores ediciones para el mercado domestico, en una película vista, comentada y encumbrada a los altares del culto por muchos aficionados y no tan aficionados. Un icono del subgénero psycho-killer en su vertiente más sucia e híper-realista.

Con todo el lío que hubo durante años con los cortes en distintas ediciones y en distintos países, es difícil saber en realidad cual es la duración exacta de la concepción inicial. Para muestra, actualmente en Estados Unidos ya disponen del montaje de 83 minutos, el que conocemos en España, y que parece ser el más largo (y se supone, sin cortes). Sin embargo, en Italia ha sido capada hasta los 75, en Australia 77, en Noruega y Suiza 78, por dar sólo varios ejemplos.

Apartándonos de lo que sucedido con la MPAA en Estados Unidos, la polémica censora en la mayoría del resto de países se dio, sobre todo, por una escena: la del asesinato de una familia, violación necrófila incluida, grabada con una cámara de video por los protagonistas. Vista hoy, con todo lo que se ha hecho desde entonces a este respecto, sonará exagerado, pero en su día (que, aunque no lo queramos creer, han pasado más de dos décadas…) resultó muy fuerte e incomodo. Por no hablar de los variados planos iniciales con prostitutas aniquiladas de distintas formas (una de ellas con una botella de canto metida en la boca) o del apaleamiento con premio (televisión incrustada en la cabeza) al que someten a un pobre desgraciado.

No hablamos de terror… cinematográfico

En una de las caratulas del DVD de Henry se utilizó la frase “Una de las veinte películas más terroríficas nunca hechas”. No recuerdo de quién era, o en qué revista o periódico salió, pero sí recuerdo que es algo que puede llevar al engaño relativo. Y es que hablar de terror, como género cinematográfico, no se ajusta a la realidad. Más bien nos encontramos ante una de las más eficaces y valientes aproximaciones al terror a pie de calle. Ese que se puede palpar. Cuando terminas de ver Henry, crees un poco menos en la humanidad, mientras que cuando terminas de ver la enésima entrega de Viernes 13 festejas la mejor escena gore. Aquí la estrella también es el asesino, pero es odioso, repugnante, realmente maquiavélico por lo cercano. Algo que no se puede decir de cualquier Jason Vorhees o Michael Myers, pues en estos casos sus acciones son festejadas por los fans dentro de un ritual inofensivo en el que se entiende lo puramente ficticio.

Este Henry, inspirado en el asesino en serie Henry Lee Lucas, no pretende darnos sustos, ni crear suspense mientras se acerca lentamente por la espalda. No hay planos que pretendan crear tensión más allá de la sensación malsana que producen las propias imágenes. Se juega únicamente con la atmosfera, con el tono seco, y distante. Pasamos a ser testigos, como si de un documental se tratase, de la vida de este personaje despojado de todo sentimiento humano. Para él, matar a otra persona es como mover un dedo. No hay ningún plan, ni motivos claros (en una conversación confiesa el asesinato de su propia madre con la excusa de que lo maltrataba, pero ni él mismo se aclara sobre como la mató). Tampoco necesita ocultar su rostro tras máscaras, ni inventarse distintas personalidades. Es alguien común, y eso es que lo realmente provoca el terror.

Otro modo de ver el “Found Footage”

Ahora que está tan de moda todo esto de las películas con “material encontrado”, o bien la llamada “falsa realidad” o el “falso directo”, una propuesta como Henry nos hace comprender que, sin necesidad de inventar trucos publicitarios víricos ni añadir eslóganes del rollo basado en hechos reales, uno puede sentirse testigo de la acción como si se tratase en primera persona. Haciendo hincapié en algo que ya apunté anteriormente, el estilo con el que el director (un John McNaughton que prometía mucho, pero se quedó en nada) graba las vivencias de sus personajes (el propio Henry, un Michael Rooker en estado de gracia) sin pretender que sepamos que él se encuentra detrás. Los planos son sencillos, no hay golpes de efecto innecesarios ni zooms ni un montaje hiperactivo. Únicamente se graba lo que pasa, siempre cerca de los personajes. Unas intenciones que quedan definitivamente demostradas, evitando lo sutil, en la polémica escena del asesinato y violación comentada al principio. En este caso la posterior y excelente Funny Games (1997) terminaría de explotar el discurso del “Found Footage” camuflado, dejando incluso a los asesinos hablar con la cámara (con nosotros). En nuestra mano queda, como testigos de la barbarie, juzgar, analizar, o simplemente ver lo que ahí ocurre.

Citar que existe una secuela poco recordada, Henry, retrato de un asesino 2 (1996), de la que es mejor huir sin mirar atrás.

Lo mejor: La puesta en escena directa y al grano de John McNaughton, que nos hace testigos en primera persona de lo que sucede y la perfecta encarnación del psicópata por Michael Rooker.

Lo peor: Que alguien pretenda verla como otro exploit con psycho-killer, o que el aluvión de cine violento e híper-realista de los últimos años haga pensar que ha quedado desfasada.

Last Caress

El Giallo Imaginario

Last Caress Póster

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  • Título original: Last Caress
  • Nacionalidad: Francia | Año: 2010
  • Director: François Gaillard, Christophe Robin
  • Guión: François Gaillard
  • Intérpretes: Julie Baron, Guillaume Beylard and Elina Calmels
  • Argumento: Cinco jóvenes se recluyen en una vieja casona para pasar el fin de semana. Allí un despiadado asesino busca el cuadro de una bruja quemada por sus pecados.

69 |100

Estrellas: 3

Last Caress Grande

Alguien quiere el cuadro escondido en la casa. El retrato de una infame bruja. Alguien matará por conseguirlo. Los ecos del pasado estiran sus neblinosos tentáculos para acariciar el voluptuoso presente. Alguien llega a la enorme mansión. El abandono sexual se apodera de la casa. Alguien despierta el legado del mal a través de la sangre. La carne y el metal afilado se besan sin sentido en un cuadro de Dalí.

Last Caress fue anunciada a bombo y platillo por sus autores como la primera película “glamgore” de la historia. Concepto que me parece bastante traído por los pelos, imposible de acotar o definir y tan excesivo y falso como finalmente resulta este giallo. Sí, porque finalmente la cinta de François Gaillard y Christophe Robin se podría entender como una interpretación libre del estilo que definieran Argento y Bava durante los setenta (Rojo Profundo, Suspiria, El Gato de las Nueve Colas, El Pájaro de las Plumas de Cristal) y luego fue explotado y machacado durante sucesivos años por compatriotas italianos e, incluso, el propio Argento. Precisamente todo lo que rodea a Last Caress huele a explotación artificial, incluso sus propios responsables lo reconocen: “un exploit europeo con ardiente erotismo y extrema violencia”. Y un servidor añadiría una pincelada adicional: “… con una envoltura y marketing definidos en un viejo video-club”. La publicidad alrededor de la película francesa la define mejor que sus propios autores. Todo es exceso, abuso sobre la nostalgia, argumentos fáciles sobre hinchados que llegan a distorsionar la realidad. Lo que no quiere decir que Last Caress sea una mala película, todo lo contrario, es un nuevo ejercicio que afianza el cine “underground” moderno como el mejor vehículo para sensaciones fuertes y el homenaje más profundo para con el cine de terror de los setenta u ochenta.

No obstante es necesario saber a que nos enfrentamos. Dos pivotes sostienen la existencia esta producción de los irreverentes franceses “Le Chat qui Fume”: la falta de contenido argumental y el barroquismo visual.

Muchas veces me he encontrado con gente que considera a estas dos características como algo indivisible del “giallo”, y siempre hablando del mejor, del que se realizó en Italia antes del “boom” que llevo a sus directores a sacar provecho de éxitos comerciales ajenos a su país. Algo en lo que no estoy de acuerdo. Creo que la nostalgia y los recuerdos difuminados nos juegan malas pasadas para juzgar una época cinematográfica muy definida o un estilo artístico concreto. Aun más, cuando los ojos que analizan no vivieron durante el contexto temporal que encuadra dicho estilo o época. Así, muchas veces se glorifican películas de los ochenta que son insoportables o se crea una aureola fantástica alrededor de ciertas obras que no se corresponden con las sensaciones reales que transmite la misma. Y el “giallo” siempre ha sufrido/disfrutado de esta especie de aureola que distorsiona nuestra percepción a través de ideas que incluyen “exacerbaba sensualidad”, “saturación gráfica”, “gran guiñol”, “historias sin sentido”…

¿Por qué os cuento todo esto? Porque Last Caress, una vez destripados ciertos efectismos y las carencias de sus limitados recursos, vendría a ser lo que muchas personas, que ni siquiera habían nacido en los setenta, creemos que es el género italiano que llevo el “thriller” a una nueva dimensión de perversidad. Y digo “creemos” porque un servidor es el primero en dibujar dentro de su cabeza una imagen del género que no se corresponde exactamente con la estética que luego desgranan las obras maestras del gran Argento. Los elementos tremendistas del “giallo” se engrandecen en nuestra imaginación para crear una fantasía donde el erotismo, la violencia extrema y el goticismo estético son los reyes de la función.

¿Son los clásicos del “giallo” meramente un video-clip de hora y media? No, existen muchas lecturas de sus leves argumentos que dejan la exploración ideológica en manos de los espectadores a favor de la libertad de sus directores en pro de la experimentación visual. Si rascamos la imaginería superficial de “Suspiria” encontramos un perverso cuento erótico donde la culpa da una visión muy humana del despertar sexual. Detrás de las fuertes imágenes del primer Argento se encuentran alegorías muy interesantes, mientras que con Last Caress solo presenciamos un ejercicio estético de setenta minutos. La cara más insustancial de Argento, por así decirlo.

¿Es necesariamente malo este vacío en cuanto a historia? No me parece así. De hecho, es tan abismal la falta de una línea clara en cuanto a lo narrado, que esa sensación de estar sumergido en un mal sueño, otra característica indisoluble del “giallo”, se acrecienta y nos engaña con su niebla, sus primeros planos estáticos, su brusquedad puntual, incluso su acabado barato. Porque Last Caress es una película independiente que contó con un presupuesto casi ridículo. Pero ese gusto amateur creo que la dignifica en lugar de hacerle mella.

Aquellos que hayáis disfrutado del trabajo anterior de Gaillard y Robin, Blackaria, observaréis una evolución cualitativa en cada uno de los apartados de producción: vestuario, estenografía, fotografía, dirección artística, efectos especiales… La verdad es que el exceso gótico – la cualidad glam que sus autores venden me parece mal entendida por su parte – florece de tal manera que resulta subyugante. Por mucho que ciertas escenas empequeñezcan por la simpleza de sus actores, es tal la fuerza de algunos encuadres, tan explosivos los arranques gore, que Last Caress entra con facilidad por los ojos. Hipnotizando a los que sentimos debilidad por los pasajes oníricos, las casonas siniestras, los cuerpos femeninos y la violencia explicita sin sentido. Todo un viaje por los diferentes recovecos del cerebro reptiliano que exigen al espectador que abandone cualquier intento de hilar sentido entre escenas o descubrir perfiles psicológicos profundos en los personajes. Last Caress sí es un video-clip. Lo cual la sitúa en el dudoso terreno del amor/odio; me cuesta creer que alguien pueda permanecer inerte ante ella. O te parece pedante o te hundes en la dejadez de tu propia crapulencia.

La obra de Gaillard y Robin apela a la capacidad de perversión humana, es un placer culpable que solo se puede entender sin entenderlo. No busquéis alegorías en los planos que se alargan hasta dudar de su significado, el cuerpo femenino y sus sufrimiento no ejerce de metáfora pseudos religiosa. Las muertes explicitas buscan epatar y provocar al niño que llevamos dentro, curiosamente a ese niño cruel que con un palo removía las entrañas de los gatos aplastados junto a la carretera principal del pueblo. El adulto, el pensamiento racional se burlan de los epilépticos movimientos de cámara que capturan el siniestro caserón. Las actrices, las deliciosamente malas actrices, nos miran coquetas mientras insinúan y lucen sus pequeños y puntiagudos pechos para encender la sangre púber que resta de nuestros envejecidos cuerpos cavernosos. “Déjate llevar. Recuéstate, chupa la boquilla y contémplame”, eso susurran sus rojos labios. Y la masculinidad se esfuma con unos actores que, como esperma dentro de un condón, son inservibles.

Eso es Last Caress, una fiesta hippie donde el abandono de los sentidos viene guiado por una música que se convierte por derecho propio en la maestra de ceremonias que supervisa la ordalía. Sin lugar a dudas, los temas electro-clash de “Double Dragon & Les Pleureuses” y el enervante diseño de sonido se convierten en santo y seña de esta producción. Aunque su omnipresencia no esté siempre justificada, enturbiando el clímax de varias escenas que se alargan y se alargan de manera indiscriminada y algo tosca.

Me gustaría destacar el simpático detalle del título de la obra en cuestión. Quizás sea el único destello de inteligencia racional que desprende Last Caress. Esta última caricia es principio y fin de la frívola historia que se ve poco desarrollada por la inexistente narrativa. No destriparé el porque de semejante título, pero al menos otorga algo de sentido al experimento estético que nos bombardea. Por otra parte, me pregunto si Gaillard y Robin tienen una sincera afición por la música de los antiguos Misfits, dado que han decidido titular a su nuevo cortometraje como otra de las canciones del grupo norteamericano: Die Die my Darling. Corto que además prolonga ligeramente la historia de la cinta que hoy nos ocupa.

Resumiendo cuentas, Last Caress no cuenta con un presupuesto holgado, sus actrices han sido seleccionados por otras dotes que no son las interpretativas, no posee una historia real que contar, su discurso a veces puede parece pesado… pero cuenta con una magia, una atmósfera bizarra que la convierte en la experiencia visual ideal para aquellos atrevidos que no tengan miedo a sumergirse en la fuente de la experimentación undergorund, del discurso macabro, decadente y sádico. Una visión del giallo irreal pero sentida, y tal vez demasiado consciente de sí misma, un juego imaginario donde solo puede perder el que se resiste a él.

Lo mejor: La recreación de una estética giallo imaginaria, principalmente por su poder visual y su banda sonora electro-clash.

Lo peor: Alguna escena se alarga demasiado al preponderar la experimentación visual más propia de un video-clip. Historia 0.

Il Marito Perfetto

Hasta que la locura nos separe

Il Marito Perfetto Póster

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  • Título original: Il Marito Perfetto
  • Nacionalidad: Italia | Año: 2011
  • Director: Lucas Pavetto
  • Guión: Lucas Pavetto
  • Intérpretes: Crisula Stafida, Damiano Verrocchi, Melania Astolfi
  • Argumento: Una pareja se recluye en una casa de campo para pasar un fin de semana romántico. Todo parece ir bien hasta que el terror y la violencia se desencadena entre el matrimonio.

72 |100

Estrellas: 3

Il Marito Perfetto Grande

Viola y Nicola intentan dejar atrás los roces del pasado, reencontrar la pasión de su matrimonio. Así, una casa de campo se convierte en el escenario perfecto para una cena romántica, miradas lascivas y bellas palabras que regalan los oídos de ambos. Juegos que llevarán a la pareja a la cama, donde comenzará otro juego de torturas, ensañamiento y odio casi inexplicable.

¿Alguna vez le has dicho a tu pareja la tontería de “un euro por tus pensamientos”? Tamaña memez de pregunta me surge cuando analizo lo que se puede llegar a saber de las personas que te rodean. Sí, incluso de nuestros maridos o esposas, nuestros familiares más cercanos y con los que vivimos comuniones físicas y mentales a diario. Podemos compartir nuestra saliva, nuestra carne, pero nunca podremos compartir nuestros pensamientos. Y esta barrera insalvable a veces oculta secretos.

Un servidor cree firmemente que éste vendría a ser el leitmotiv del mediometraje que está causando furor entre los aficionados al terror. Además, os hablo del terror más puro: la cinta, que hoy nos ocupa, amaga sobre el ring para golpear el plexo solar del espectador, provocarle emociones, engañarle regalándole una aureola de fantasía, de cuento siniestro en el que debemos sumergirnos. No se trata de la reinvención de la rueda, pero sí pura hipnosis visual; ya comulgues o no con el giro final, que, como toda buena producción de horror, se guarda morosamente bajo la manga

Il Marito Perfetto viene a ser una relectura de las películas señeras de la Nouvelle Horror Vague, interpretada desde el prisma puramente italiano. Sobre todo en cuanto a primar la atmósfera frente a cualquier otro elemento de la producción. Estamos ante un mediometraje realizado con medios muy ajustados (poco más de dos mil dólares), pero que se erige como una pequeña obra de arte gracias, principalmente, al trabajo de su director tras las cámaras, el cuál aprovecha cada recurso realzándolo mediante el ojo de la cámara. El italo-argentino Lucas Pavetto, director y guionista, ya había probado con otros mediometrajes y cortos más humildes y, por lo que he podido investigar, menos eficaces. Pero todo trabajo fructifica tarde o temprano, y aquí desempolva todos los gustos clásicos que un treintañero aficionado al horror haya podido acumular. Lucas ya ha depurado su estilo y se convierte en el verdadero protagonista retorciendo planos, alargando secuencias hasta lo hermosamente desagradable, dejando los primeros planos para el dolor y el placer, experimentando con cámaras pegadas al cuerpo de los actores, jugando con la iluminación para convertir la calidez de un romance en una roja y ciega matanza, etcétera…

Digamos que usa todos los trucos y técnicas explotadas ya anteriormente en SPOILER Alta Tensión o, incluso, El Resplandor FIN SPOILER para reincidir de nuevo en la ambientación, generando una tensa claustrofobia cuyo único final solo podía ser la violencia más seca, descarnada y falta de humanidad; algo que la emparenta ligeramente con las tendencias actuales del “torture-porn”. Todo un éxito que se ve empañado al introducir un giro final, que no solo me molestó por su exagerada falta de credibilidad, si no que además un servidor cree que no aportaba nada y solo intentaba justificar, por la vía fácil, todas las escenas truculentas a las que asistimos en poco menos de cuarenta minutos. Es decir, un giro psicológico que pretende otorgarle una profundidad al argumento que éste no posee, se trata de un truco valido para otras cintas, pero que aquí se presenta forzado sobremanera. Lo cual afea el producto final pero no impide que cada minuto sea una gozada en cuanto a la generación de angustia se refiere.

En cuanto al argumento pues poco se puede contar más allá de sus sinopsis: asistiremos a una tortura medio inesperada que centra casi todo el peso del guión. Un martirio que se ha robado directamente de cintas como Martyrs, valga la redundancia. Tortura que ha sido rodado con gran pulso y una aproximación gore que provocará cierta repulsa, pero sin escandalizar a nadie. No obstante, creo que la angustia psicológica se provoca al espectador, a través del clima a maldad que se respira en la casa de campo donde se ubica toda la trama. Un clima que hubiese llegado a cotas geniales de haber estado sus actores un poquito más acertados en los primeros minutos: durante la presentación de los personajes no se establece entre ellos la química que debería. Y eso que en esta producción son básicamente dos, aunque sin menoscabar el desparpajo mostrado por Stefano Jacurti interpretando el rol del policia, que no podía faltar en la fiesta. Los personajes protagonistas están intentando reencontrar sus sentimientos, dejarse llevar por la pasión y abrazar el amor de su cónyuge; elementos que acaban en entredicho por lo frío de su relación, parece que corra viento helado entre los dos actores, una carnal Crisula Stafida y un sicótico Damiano Verrocchi, los cuáles, cuando llega el momento de la acción física, sí toman el toro por los cuernos y transmiten una intensidad que termina poniendo la guinda a este delicioso pastel de bodas.

Pese a su reducido alcance – una historia sencilla, un par de actores, unas localizaciones pequeñas –, Il Marito Perfetto vuelve a llamarnos la atención sobre la honestidad y energía que la industria independiente italiana está volcando en el terreno del terror. Así mismo, y lejos de lecturas coyunturales, estamos ante un puñetazo estético que a nadie dejará indiferente. Una vuelta de tuerca más acertada, química entre sus protagonistas y mayor presupuesto para extenderse sobre una historia mas profunda; es lo único que le ha restado a la obra de Pavetto para ser una referencia de culto. Ahora, ya podéis estar atentos a los próximos trabajos de este joven cineasta: promete y mucho.

Lo mejor: El clima de violencia malsana que se respira en todo momento.

Lo peor: El giro psicológico que intenta justificar la historia.