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Dylan Dog: Dead of Night

Vampiros, zombis, licántropos, un soso y su voz en off

Dylan Dog: Dead of Night

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  • Título original: Dylan Dog. Dead of Night
  • Nacionalidad: USA | Año: 2010
  • Director: Kevin Munroe
  • Guión: Thomas Dean Donnelly, Joshua Oppenheimer
  • Intérpretes: Brandon Routh, Anita Briem, Sam Huntington
  • Argumento: Un nuevo caso obliga a Dylan Dog a regresar al mundo de lo sobrenatural en compañía de su ayudante Marcus.

54 |100

Estrellas: 3

Dylan Dog Dead of Night

Ya dejé claro en su momento que no era la persona más adecuada para reseñar la adaptación cinematográfica de Dylan Dog. Hoy me reafirmo en aquella primera impresión. ¿La razón? Sencilla. A pesar de haber oído hablar de Dylan Dog en multitud de ocasiones y de creer, erróneamente, que Mi novia es un zombi (“Dellamorte, Dellamore”, 1994) era una primera adaptación de las aventuras del pesonaje de Tiziano Sclavi; la triste realidad de todo este asunto es que un servidor jamás ha leido un solo cómic de Dylan Dog. Por lo tanto mi desconocimiento del personaje, antes de ver la película, era prácticamente absoluto.

Dylan Dog es un investigador privado venido a menos que malvive en las calles de Nueva Orleans con casos de poca entidad. Sin embargo esconde un pasado reciente muchísimo más interesante. Tiempo atrás fue un detective paranormal que mediaba entre los asuntos de los no-muertos (cajón desastre que incluye vampiros, licántropos, zombis y demonios); hasta que la trágica muerte de su amada le llevó a renunciar al cargo. En la actualidad, un nuevo caso con chica guapa de por medio, le empujará de nuevo a la senda de lo sobrenatural en compañia de su ayudante Marcus.

Pastiche con apariencia de serie B (aunque por lo visto con presupuesto de serie A) a medio camino entre la aventura sobrenatural, la comedia negra y el film noir o cine negro; Dylan Dog: Dead of Night destaca tanto por su variedad de monstruos, maquillajes, prótesis y efectos artesanales (se agradece que no huela todo a renderizado de píxeles) como por la simplicidad casi infantil de la historia que nos cuenta.

La voz en off del propio protagonista nos conduce a través de una trama completamente plana, sin sorpresas, sin giros, sin prácticamente ningún elemento que no resulte absolutamente predecible. No hay nada que resulte mínimamente innovador o que se aparte, ni que sea un poquito, de ese enorme lugar común que es la película en sí misma.

A una historia “justita” que en ningún momento es capaz de despertar el entusiasmo (ni el interes) del espectador, debemos sumarle la presencia de un sosainas de categoría como es Brandon Routh, desempeñando el rol protagonista de Dylan Dog. Como ya dije al inicio de la reseña, desconozco casi por completo al personaje de Sclavi, pero me niego rotundamente a creer que el Dylan Dog de los comics adolezca de una falta de personalidad y carisma tan acusada como la mostrada por Brandon Routh en su actuación. Y si algún fan de Dylan Dog me corrige haciéndome ver que Routh ha sabido captar, a la perfección, el espíritu del personaje… por supuesto no tendré ningún inconveniente en tragarme mis palabras y hacerme socio del club de fans del fornido acotr norteamericano a modo de penitencia.

Por lo tanto, y llegados a este punto, contamos con una trama pésima y un protagonista que no da la talla. Y sin embargo Dylan Dog: Dead of Night logra un aprobado… raspado, pero aprobado al fin y al cabo. ¿El secreto de Dylan Dog: Dead of Night? Pues que entre tanto vampiro, hombre lobo, demonios y zombis deseando triunfar en el Club de la Comedia, resulta complicado aburrirse.

Kevin Muroe, director de la película, sacrifica la coherencia y el atractivo de una buena historia en favor de la acumulación de monstruos y el humor negro (y, en muchas ocasiones, algo chusco); y eso acaba provocando que el espectador, a menudo, esté esperando la próxima bufonada del zombi de turno sin importarle un pimiento el desarrollo de una trama que no da más de si. Pero, sin embargo, también hay que reconocer que ese humo negro al que hacía referencia, en ocasiones, tiene su gracia. Algunos chistes a costa de los siempre maltratados zombis confieso que me hicieron reir. Y así, sin demasiados esfuerzos, llegué al final de una película que, sin lugar a dudas es de las de “usar y tirar”, pero que en ningún caso es susceptible de provocar efectos dañinos permanentes en la mente del espectador. En otras palabras: Dylan Dog: Dead of Night no pasará a la historia del género; pero en una calurosa noche de verano en la que no tienes otra cosa más interesante que hacer… la película entretiene.

Otra cosa distinta es que dicho espectador sea un fan acérrimo del Dylan Dog de los cómics. En ese caso habría que preguntarle si una retahíla de monstruos y chistes con mayor o menor gracia, son suficientes para otorgarle un aprobado justo a la adaptación cinematográfico de tan ilustre personaje… mucho me temo que no (por ahí leí una descripción de la película a cargo de un presunto fan de los cómics que me hizo gracia y que decía algo así como… “Dylan Dog para los fans de Buffy Cazavampiros… ¡jódete Hollywood!”):

Lo mejor: A pesar de todos los pesares... logra entretener.

Lo peor: Lo absurdo, pueril e infantil de la historia que nos cuenta y el poco carisma de su protagonista.

La Busqueda

Una herencia de horror y sufrimiento

La BusquedaEn la Nueva Inglaterra de 1924, cuando en los usos y costumbres conviven todavía rémoras del pasado con el inicio de la modernidad, un joven tímido y solitario, atraído por el ocultismo y a la búsqueda de sus desconocidos orígenes maternos, se encuentra con un extraño misterioso que le empujará a increíbles revelaciones al respecto.

La breve sinopsis de La Búsqueda revela tan solo la punta de un hermoso iceberg y, probablemente, una de las mejores muestras de lovecraftiana escritas en España de forma independiente. Cuando digo “independiente” quiero decir que, a través de la Editorial Círculo Rojo, Beatriz T. Sánchez, una bella gallega cuya vocación natural es la literatura en cualquiera de sus ramas fantásticas, autoedita su debut como novelista con el consabido esfuerzo personal de redacción, corrección y económico.

Esta entrega absoluta, para con la literatura, se plasma en una obra impresa claramente deudora de Lovecraft, Poe y Anne Rice; con una prosa elegante, clara y a la vez profunda, Beatriz nos sumerge en el catastrófico y metafórico viaje de Sigrid, un joven cuya sed de conocimientos, en concreto acerca de su ascendencia y todo lo relativo a lo sobrenatural, le lleva a hundirse en un maelstrón de horrores cósmicos donde el juega un papel tan clave como repugnante. Ya veis que dicho argumento marca las pautas inexorables propias de un digno homenaje a la decadente atmósfera imaginaria que nos evoca la Nueva Inglaterra de principios de siglo XX, merced a los trabajos previos de los autores masculinos ya citados. Un tributo que, sin lugar a dudas, desprende absenta y hiede a ajenjo gracias a la poderosa capacidad descriptiva de su autora, que se muestra especialmente hábil en lo visual y, en concreto, la caracterización de los vestuarios de los variopintos personajes que pululan por una población pequeña y oscura; no en vano, Beatriz, a cursado estudios en diseño de moda.

La trama va desgranándose lentamente a través de los descubrimientos de Sigfrid, muchos de los cuales se narran recurriendo a los diálogos entre los dos personajes principales (Sigfrid y su misterioso gurú: Yalgur) o sueños aterradores, donde la prosa se vuelve decididamente siniestra y ominosa. Con un ritmo para nada moderno y que sin duda ayuda a la clara comprensión del texto, el protagonista se enfrenta a la dualidad que los escritores góticos siempre condenan a sus personajes. En este caso, la liviandad del ser humano o la destrucción del ego en pro de un fin cósmico mayor e, interesante detalle lovecraftiano, destructivo.

Narrada en tercera persona – hecho que aleja formalmente a su autora de los maestros Poe y Lovecraft –, esta breve novela de ciento treinta páginas, se hace realmente rápida de leer y demuestra un dominio del lenguaje más culto, cuya ampulosidad pueda disgustar a las nuevas generaciones criadas bajo el manto de la televisión y los mensajes crípticos de los móviles. En todo caso, ellos serían los que se perdiesen una obra increíblemente perfeccionista que, dado su humilde origen, sorprende por la calidad del contenido así como por su presentación. Se pueden encontrar pequeños fallos entre sus páginas, manchas gramaticales y de formato sin importancia que sorprenden por su escasez (de nuevo la autora tuvo que tirar de corrección propia para sacar adelante su trabajo) y que se yerguen adalides de la frase hecha: “el encanto de lo imperfecto”.

Quizás la inclusión de unos elementos vampíricos – totalmente justificados por la trama, eso sí – reste cierta fuerza al núcleo central del libro; estas pinceladas sanguinolentas tienden a la fría ensoñación sensual de Anne Rice (Crónicas Vampíricas, La Hora de las Brujas, etc), algo que el uso de la tercera persona refuerza demasiado para mi gusto. Mera opinión personal debida a que un servidor, pese a haber leído una buena parte de la mastodóntica obra de la autora norteamericana, reconoce no disfrutar mucho con la imagen del vampiro como atractivo depredador o atormentada víctima de sus deseos más tenebrosos; afortunadamente, Beatriz no se prodiga en este terreno y La Búsqueda verdaderamente cobra fuerza con las atroces frutas del árbol genealógico de Sigfrid Van Allen (sí Beatriz es aficionada al hard rock ya no os sabría decir).
Tampoco las escenas excesivamente macabras y explicitas se cuentan entre lo mejor de esta obrita; es complicado mantener el equilibrio entre lo sugerido y lo explicito pero también lo es mantener la atención del lector, dentro de una novela, sin mostrarle los peligros a los que se enfrenta habiendo seleccionado tu obra. Así que sin problemas con la casquería, las escenas fuertes – tanto físicamente como psicológicamente – se suceden a buen ritmo sin restarle protagonismo a la historia, a la par que saciando la sed de sangre del lector de terror moderno.

Como buen aficionado a Lovecraft siempre me gusta indagar, escarbar donde haga falta, a la búsqueda (algún día tendré más problemas que el propio Sigfrid) de nuevas interpretaciones sobre la mitología de Los Antiguos. Dicha curiosidad, compartida por cientos de miles de personas, me ha llevado a un porcentaje muy reducido de autores o historias realmente validas, voces distintas que entonen los cánticos (a bote pronto os diría que Grant Morrison, Duane W. Rimel, Ramsey Campbell, Ligotti…).
Pese al culpable placer que siento leyéndolos, los pastiches son solo la paja entre la que se esconden las historias interesantes de verdad. Que su origen sea más o menos comercial, autorizado o no, que usen la terminología o los tomos oficiales no importa; bien demuestra Beatriz que para relatar cuentos de miedo no hay barreras: la autoedición es la plataforma más libre y fecunda, dentro de un mercado sobresaturado de zombies. Y lo hace creando una historia propia donde los horrores cósmicos ejercen solo de telón de fondo para la narración de un destino maldito, más propia de un autor del diecinueve que de una tranquila chica dezana.

Así pues, estamos ante un estupendo debut que espero sea lo suficientemente bien recibido como para que su autora no se aleje mucho de la literatura, privándonos de una de las nuevas damas del pulp, cuyo trabajo hubiese encantado a escritoras de la talla de C. L. Moore o Greye La Spina… ¡ahí es nada!

Scream of the Banshee

Scream of the Banshee Poster

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  • Título original: Scream of the Banshee
  • Nacionalidad: Estados Unidos | Año: 2011
  • Director: Steven C. Miller
  • Guión: Anthony C. Ferrante
  • Intérpretes: Lauren Hollie, Eric F. Adams, Lance Henriksen
  • Argumento: La profesora Whelan recibe un guantelete templario y una caja de la misma época. Curiosa por naturaleza, descubre como abrir la caja sin saber que está despertando el espíritu dormido de una temible banshee

45 |100

Estrellas: 2

Scream of the banshee grande

A estas alturas todos sabemos que el presente festival After Dark está siendo una decepción casi completa. Y siempre exponiendo esta desilusión desde el conocimiento de encontrarnos ante un proyecto independiente, así las expectativas siempre han de ser controladas. Sin embargo ni por esas: cada año es más complicado mirar de forma respetuosa las 8 cintas distribuidas.

A pesar de haberse reconvertido el festival y exhibir, esta vez, películas producidas por la misma organización, los resultados están lejos de la supuesta “libertad creativa” que se esgrimía como excusa para la producción frente a la distribución. Cierto que no todas las películas han sido una pérdida de tiempo, aunque lejos de la opinión puramente personal es justo reconocer que de las cuatro películas analizadas hasta la fecha, solo Seconds Apart es abiertamente recomendable, quedándose Husk, Prowl y 51 por debajo de lo honestamente aceptable en una película de terror.

¿Y qué podemos esperar una vez revisada la primera mitad del After Dark? Supongo que lo justo es decir: “más de lo mismo”. Películas de terror con un limitado presupuesto y siempre tomando el camino sencillo, intrascendente, aunque con un esfuerzo claro por agradar a los acérrimos del terror (con preponderancia de lo sobrenatural). No existen conclusiones alternativas cuando buscamos información relacionada a este segundo bloque de películas (Fertile Ground, The Task, Scream of the Banshee y Re Kill – quizás el único largometraje restante que nos depare alguna alegría honesta –).

La cinta que hoy nos ocupa, Scream of the Banshee, mantiene un incierto equilibrio entre la senda continuista de las producciones más “pobres” del festival – 51, The Graves, The Reeds – y el tremendo lastre de pertenecer al subgrupo de producciones cuyo destino es el, a veces, infame canal ScyFy, merced al acuerdo de la cadena con los responsables del festival: Algo de encanto casposo si eres capaz de aguantar la risa ante los paupérrimos efectos especiales o exageradas actuaciones que te esperan en esta largometraje con vocación de nimiedad irrelevante.

La profesora Whelan, especializada en arqueología, recibe un extraño paquete. Contiene un guantelete metálico templario y un pequeño plano que indica una sección del almacén arqueológico de la universidad. Junto a sus ayudantes, la profesora descubre una caja metálica herméticamente cerrada. Su curiosidad e inteligencia [sic] pronto darán con la llave de la caja, descubriendo que en su interior la cabeza cercenada de un extraño ser representa el comienzo de una serie de macabros asesinatos en el campus. Solo el profesor Broderick Duncan, actualmente dedicado a subir videos místicos a internet, sabe cuál es el uso real de la caja y que había bajo el cuello de la cabeza cortada.

El producto que nos traen Steven C. Miller, ejerciendo labores de dirección, y Anthony C. Ferrante, encargado del guión, no podría ser más banal. Con todos los tópicos habidos y por haber – la caja misteriosa, la protagonista resuelta y su más resuelta hija, el monstruo omnipresente , el ex-profesor chiflado, las visiones del mal mientras se fornica un poquito fuera de plano… –, +todo muy propio de una “TV Movie”*, puesto que Scream of the Banshee no es más que eso, ni mejor ni peor; solo una película para ocupar su correspondiente puesto en la parrilla.

Que tras bambalinas se encuentre el director del “hit” independiente Automaton Transfusion y el supervisor de efectos especiales, Ferrante, de multitud de cintas auspiciadas por Brian Yuzna (El dentista,Arachnid), no significa nada en absoluto. Bueno, se aprecia cierto gusto desmedido por la introducción de efectos visuales continuamente; sin importar la necesidad real o el resultado, mayoritariamente risible. Pero bien podría haberla dirigido y escrito un mono amaestrado, todo está al servicio de un presupuesto ajustado y evidentes prisas por terminar – algo muy propio del mundillo televisivo –. También es justo reconocer que tras leer críticas anteriores, un servidor se esperaba lo peor, y no resulta despreciable el hecho de que Banshee está, en cuanto a entretenimiento se refiere, por encima de otras películas hermanas.

También acordes a los parámetros marcados por la televisión, las actuaciones contienen unas dosis considerables de histrionismo que en otro ámbito (quizá una comedia gore) podrían haber funcionado pero que aquí, son equiparables a lo ofrecido dentro de cualquier capítulo de “Los Cazatesoros”. Obviamente solo dos bestias pardas de la televisión, papeles secundarios, series b y otras hierbas podían dar la cara para interpretar los dos papeles más importantes de la película: Lauren Holly como profesora Whelan y Lance Henriksen en el rol de doctor Duncan. Nada que objetar a su trabajo (en concreto Henriksen consigue alzar la última parte de la película a base de gestos exagerados y atormentados), se nota que no se lo toman suficientemente en serio y es algo que beneficia al tono casposo (el único reseñable) que impregna todo el metraje. Ahora, las actuaciones pedestres de sus compañeros de reparto consiguen empañar ese regusto festivo que intenta mantener Scream of the Banshee sin éxito.

Sustos fáciles, sobresaltos poco inspirados, acción mal orquestada y algún efecto especial de risa (mención especial para la “mano del mal” que podréis ver surgir de un espejo); todo bajo la excusa de una criatura, la banshee, que una vez escuchados sus gritos ya quedas condenado para siempre a ser perseguido por ella hasta la oscura noche en que tus alaridos de horror se unan a su desgarrada voz. Si sus responsables se hubieran dignado a rellenar los momentos de pasacalles con ideas de peso quizás estuviésemos hablando de una película destacable.
En este caso, y con una acción trepidante pero caótica, mal narrada y poco justificada solo obtenemos un batiburrillo para distraernos ligeramente una de estas noches veraniegas sin mucho que ver.

Un argumento de poco peso que jamás avanza de forma interesante, muchas tontunas desfilan por nuestra pantalla y todas insignificantes.

El único consuelo es tomarse Scream of the Banshee un poco a broma (dejarse llevar por la propia cutrez del proyecto es esencial para terminar su visionado), burlase de los personajes condenados a morir (el día que en una cinta de estas características muestre a personajes que huyen de su cierta muerte en lugar de caer en sus brazos amorosamente, os aseguro que ese día una alabanza al dios, en que no creo, saldrá de mi garganta), relativizar un desenlace obvio (vale, sabemos de antemano el final, pero fijaos lo renqueante que avanza la narrativa hasta el tramo final… más risas) y, especialmente, olvidarla rápido si queréis atreveros a proseguir el via crucis llamado After Dark Orginals.

Lo mejor: El constante tufillo a serie b casposa sin prejuicios

Lo peor: Realmente como película vale muy poco

13Hrs

Licántropos pobretones de la Inglaterra profunda

13Hrs Poster

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  • Título original: 13Hrs
  • Nacionalidad: Inglaterra | Año: 2010
  • Director: Jonathan Glendening
  • Guión: Adam Phillips
  • Intérpretes: Isabella Calthorpe, Tom Felton, Gemma Atkinson
  • Argumento: Sarah regresa al caserón familiar en la Inglaterra profunda para recuperar sus raíces durante unos días. En la decrepita mansión, y bajo una tremenda tormenta, se deberá enfrentar junto a sus hermanos a un ser que guarda un terrible secreto

54 |100

Estrellas: 3

13Hrs Grande con Gore

Sarah Tyler vuelve desde L.A. a su Inglaterra natal para volver a reencontrarse con la familia. En la oscura y tormentosa noche llega hasta la perdida mansión familiar que su padre intenta mantener a flote infructuosamente. Los recuerdos la abruman al llegar al desvencijado caserón; como siempre, su madrastra no está en casa. Desde que puede recordar, ella se marchaba al menos una vez al mes para poner en orden sus asuntos de escritora, y justo se marchó antes de la llegada de Sarah. Nada ha cambiado, y es que tan lejos de la ciudad las cosas marchan más despacio. Sus hermanos y hermanastros seguramente continuarán sin crecer, merced a las frecuentes discusiones entres sus padres. Le resulta difícil echar de menos el húmedo ambiente, la tristeza y la soledad de la enorme propiedad.

Precisamente, en el granero donde tanto tiempo paso con ellos, encuentra a los chicos borrachos y perdiendo el tiempo mientras el patriarca duerme las penas provocadas por su distante esposa. Entre bromas, impertinencias y reproches para con la hermana “perdida” intuyen que algo perturba las tinieblas. Asustados, todos los hermanos descubren el cadáver eviscerado de su padre. Pronto se ven sometidos al acoso de un enorme animal o criatura hambrienta que solo ansia probar sus blandas y rosadas entrañas. ¿Podrán sobrevivir trece horas siquiera entre los recovecos de la destartalada casona?

Con 13Hrs volvemos a reencontrarnos con uno de los iconos terroríficos más marginados del siglo veinte, solo a un paso de las momias. Os hablo del licántropo. A pesar del reciente, y sobre-producido, remake del clásico The Wolf Man (Joe Johnston, 2010) es innegable que frente a zombies, vampiros o fantasmas varios, el mítico representante de esa furia reprimida que todos llevamos dentro, se ha llevado la parte de pastel más pequeña del terror cinematográfico. O bien se ha vejado esta legendaria figura en productos mediáticos como la saga Underworld o simplemente se conforma con sobrevivir en producciones casposas de medio pelo incapaces de satisfacer a nadie (¿Dónde están Rob Zombie y su estupenda esposa Sheri Moon cuando necesitamos mujeres lobo de las SS con desesperación?).Y aunque en contadas ocasiones encontremos productos decentes, 13Hrs no llega a satisfacer ni nuestras ansias cinéfagas ni ese mismo deseo reprimido que a alguno los convierte en un lobisome las noches de luna llena…

Tan solo estamos ante una cinta independiente británica, dirigida por un tal Jonathan Glendening, que te deja esa amarga sensación de constante “quiero y no puedo”. Siempre intento alejarme todo lo posible de producciones multimillonarias sospechosas en su obvia orientación comercial, y prácticamente son el noventa por ciento de los estrenos en pantalla grande, pero reconozco que las cintas independientes actuales no son el reducto de originales ideas de antaño (cada cual elegirá su década favorita, en mi caso serían los ochentas). No obstante, cuando escasean los argumentos novedosos y el presupuesto, siempre he pensado que lo mejor para un cineasta es engañar al espectador usando inteligentemente las limitaciones impuestas. Es decir, contar una idea sencilla con convicción y empaquetando el resultado final con la máxima dignidad posible; planificar al detalle las escenas y elegir actores con ganas suele dar buen resultado (véase las buenas críticas recibidas de la todavía más humilde La Casa Muda). Si hablamos de una película donde una bestia misteriosa, que desde el primero minuto reconocemos como una especie de licántropo, se dedica a comerse jovencitos un tanto histéricos; lo más lógico sería jugar correctamente con las muertes y trabajar la visceralidad de la criatura en primer plano. Pues no amigos, dicha agresividad es solo intuida, no esperéis abundancia de escenas macabras ni siquiera en la parte final. Los ataques espasmódicos de la cámara-licántropo nos llegan a menudo en visión subjetiva o fuera de plano y siempre mal representadas: rápidos, movidos, borrosos y todo para ocultar que no hay presupuesto para animatrónicos de calidad (es que me acuerdo de En compañía de lobos y me echo a llorar). Imposible complementar así la historia plana, que tampoco mala, del desconocido Adam Phillips. Ni siquiera el misterio final, la identidad del acechador, ni los secretos que parecen ocultar la familia Tyler son trascendentes o impactantes, nada llega a detonar como uno espera durante el desangelado metraje. Eso sí, se ha acotado correctamente el argumento de tal forma que no veremos giros chirriantes. Tampoco tendremos que soportar demasiado, y esto es un alivio, a los personajes más odiosos puesto que la carnicería apenas intuida se va sucediendo a buen ritmo.

El acoso que vivimos en primer plano junto a Sarah y sus hermanos, va dejando un surtido de tópicos acuciantes. Más si cabe, cuando se anuncia a bombo y platillo la producción por parte del mismo equipo que rodó Dog Soldiers. A estas alturas del séptimo arte todavía me sorprende el uso de estos reclamos cuando lo único que consigues es ponerte en evidencia. Dog Soldiers acierta donde 13Hrs ni siquiera se atreve a llegar: atmósfera tensa y abundante sangre. Aunque haya poco que contar se trata de hacerlo con garra, nunca mejor dicho. Y es que un detalle ya nos debería hacer sospechar, si yo tan solo hubiese indagado antes… Una de las actrices, la bella Gemma Atkinson, es famosa en el Reino Unido por su relación con un futbolista de élite portugués, participar en series de moda, aparecer en algún reality y sus proverbiales fotos ligerita de ropa. Por lo que no es famosa precisamente es por sus dotes interpretativas… ¿no os hace sospechar lo peor? ¿Qué pensaríais de una película en la que participase Malena Gracia?
Aunque siendo justo reconozco que la faceta actoral no es la peor faceta de 13Hrs.

Tampoco la banda sonora, efectos de sonido, iluminación y otros pequeños detalles son “inaguantables”, pero en general todo se sitúa dentro de unos parámetros limitados por el vil metal. Tal vez más recursos hubiesen potenciado una historia gótica con aires modernos, que los amantes de la literatura clásica (y simple, ¿por qué no?) hubiésemos sabido disfrutar. Sin embargo, estamos otra vez más ante una cinta intrascendente cuya mejor anécdota es la presencia de una actriz surgida del mundo “rosa” y cuyas curvas no consiguen distraernos de hora y media mal resuelta y carente de acción real…
Si odias ver una cámara, usando un cutrecillo filtro rojo, corriendo detrás de personajes planos… ya sabes hacia donde sería mejor mirar: la luna está en lo alto y su majestuoso espectáculo natural es superior a cualquier película sobre hombres lobo hecha en muuuuuuuuuuuucho tiempo

Lo mejor: La atmósfera, junto a la idea central, es sugerente aún con limitado presupuesto. El fuerte acento británico de los personajes es encantador

Lo peor: El tremendo lastre ejercido por la falta de presupuesto, privándonos de las escenas "viscerales" que claramente requería el argumento

Seventh Moon

La luna llena ilumina escenas confusas

Seventh_moon

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  • Título original: Seventh Moon
  • Nacionalidad: USA | Año: 2008
  • Director: Eduardo Sánchez
  • Guión: Eduardo Sánchez
  • Intérpretes: Amy Smart, Dennis Chan, Tim Chiou
  • Argumento: Una pareja de recién casados celebra su luna de miel en China. Desgraciadamente, una noche, se pierden en un páramo aislado e irónicamente, es la luna llena la que ilumina la persecución a la que son sometidos por las fuerzas del infierno que se levantan.

57 |100

Estrellas: 3

Julio, el séptimo mes del año. Melissa (Amy Smart) y Yul (Tim Chiou) son una pareja de recién casados pasando su luna de miel en la provincia de Sichuan, en el centro de China. En esas fechas se celebra un festival religioso, en el cual y por diversas creencias budistas, se ofrenda y venera a los espíritus con fiestas, comida y fuegos artificiales.
Yul esta exultante, su familia oriental va a conocer a su flamante y bella esposa. Ella también esta encantada y se deja llevar por la celebración. Bastante ebrios y enamorados vuelven al coche de su guía, el amable y eficiente Sr. Ping (Dennis Chan).
Mientras el traqueteo del coche los mece suavemente, ellos se sumergen en el sueño etílico, saben que la familia de Yul les espera cerca pero no tienen prisa en su viaje. Son jóvenes, están en un país exótico y la luna llena les sonríe desde el cielo.

Mel se despierta en el asiento de atrás, con la boca pastosa y se da cuenta de que están parados en ninguna parte. Un enorme páramo de alta vegetación los rodea y el único signo de civilización son unas viejas casas blancas que la observan en silencio. Siendo tan confusas las carreteras de la zona hasta su guía se ha perdido. Ping parte hacía las casas para pedir indicaciones, quedándose la pareja en el coche a la espera de reanudar el viaje. Sin embargo…el tiempo pasa, el conductor no regresa. Parece que la tierra se lo hubiese tragado. Si al menos sus móviles tuviesen cobertura. La pareja esta sumamente inquieta, no se sienten cómodos en un paraje tan agreste y aislado. Deciden ir a las casas a buscar a su guía. Nadie abre una puerta, ni siquiera una ventana; y todos los animales de las familias que presumiblemente viven allí se encuentran atados en las calles. ¿Una broma ó continuación de los ritos de celebración de esa noche mágica?

Desde las casas se empiezan a oír voces en chino. Dicen repetitivamente algo que ni siquiera Yul entiende. Asustada, la pareja decide volver al coche dejando atrás la letanía. Cansados de esperar, arrancan el motor del vehiculo con rumbo a ninguna parte. La resaca les pesa, el desconocimiento de su ruta los inquieta. Ya no se sienten tan afortunados. De repente salta algo ante los faros del coche. La luz ilumina la pálida forma. ¿Era un animal ó una persona? Saben que algo ha cambiado, los paramos nos están tan desiertos como parecía y una sensación de acoso se hace tangible hasta que finalmente detona con los ataques de una criaturas que vienen de cerca y de muy lejos a la vez…

Vale, hasta aquí los diez primeros minutos, más ó menos, de Seventh Moon. Otra película más del responsable de una de las grandes decepciones ó producciones (depende de a quien le preguntes) de los noventa. Me refiero al director cubano Eduardo Sánchez y su película The Blair Witch Project (El proyecto de la bruja de Blair). Director y cinta que dinamitaron el género del terror en la antesala del siglo XXI. No creo que haya mucho que añadir a los ríos de tinta que han corrido sobre el falso documental. Solo dos notas personales:
Primero, para mi TBWP, sí que supuso una decepción de cierta envergadura aunque la considero de obligado visionado así como un entretenimiento muy influyente aún a dia de hoy (¡¿Alguien aun no ha visto [REC]?!)
Segundo, resultan curiosos los paralelismos que se producen entre Paranormal Activity y la opera prima de Sánchez diez años después. Resulta difícil negar que el cine de terror sea el más cíclico de todos.

Os pido disculpas por entretenerme con esta vieja película, pero Eduardo Sánchez empezó muy fuerte en esto del séptimo arte y es algo que todavía le lastra a mi forma de ver y, desde luego, deja sus huellas en la cinta de la reseña.
Este director también cuenta en su haber con Altered, una producción que cámara al hombro (y es que, finalmente, ese estilo de filmación va a ser la marca de la casa) narra las aventuras que viven un grupo de rústicos de la América profunda raptando a un alienígena. Película muy recomendable y que ojala hubiese servido como punto de referencia para esta Seventh Moon.

Así pues tenemos a la pareja de recién casados perdidos en medio de la nada, conduciendo un coche en la oscuridad. Solo han pasado diez minutos y ya comienza el horror. Como bien anuncia el prologo de la cinta y su estupendamente diseñado cartel: “En la luna llena del séptimo mes, las puertas del infierno se abren y los espíritus de los muertos son liberados para vagar entre los vivos”. Y no estamos hablando de publicidad engañosa, en cuanto Yul y Mel se montan en el coche intentado buscar el camino a casa de su familia, vemos a los muertos acosando a los vivos, sin ningún tipo de piedad (ni control), hasta el mismo final de la película por unos paisajes oscuros y bastante misteriosos. Esto es un acierto, muy en la línea de Altered, en seguida se nos sitúa en un contexto sencillo (China, sus leyendas y una pareja de americanos) y se inicia el bombardeo de imágenes frenéticas.
Ahora bien, no se puede esperar nada más allá de la frase promocional de la película. A Eduardo Sánchez, que firma el guión como en todas sus películas, pareció fascinarle la leyenda china sobre la séptima luna y luego decidió rellenar con su estilo propio hora y media para generar un cuento de terror de ideas muy tradicionales y, realmente, poco sanguinarias. Y es que quizá algo más de hemoglobina hubiese animado el conjunto general, dadas la escasa profundidad argumental.

Por supuesto que intenta explicar porque Yul y Mel están siendo sometidos al acoso de los demonios de los abismos infernales, pero es en ese preciso momento cuando la película termina por estallar en una burbuja de humo.

Antes de continuar hablando sobre el guión, me tengo que detener en el aspecto técnico más destacado/crticado/alabado de la película. Todas las escenas están rodadas con la cámara al hombro y en planos muy cerrados. Admito que hay que ensalzar el trabajo de planificación para que las imágenes nos lleguen tan naturales. La primera mitad de la película parece que la estemos viviendo con sus protagonistas “in situ”. La iluminación de la luna, los efectos de sonido (que me parecieron soberbios durante todo el metraje y luego al ver el número de responsables en este apartado me di cuenta de porque), el bamboleo de la cámara, las sombras desdibujadas y apenas vislumbradas de los demonios, las creíbles actuaciones de los tres protagonistas, especialmente precisa Amy Smart, que resulta muy auténtica durante casi la totalidad del film, y algún que otro detalle; todo eso nos traslada mágicamente a ese páramo chino para bien y para mal…

Para bien porque transmite sensaciones vividas e intensas, para mal porque rompe cualquier intento de narrativa. Es complicado ver claramente nada, incluso en las tomas estáticas parece que el objetivo tenga vida propia (y una vida muy epiléptica amigos). Con lo cual llegas a la mitad del metraje exhausto, algo mareado y muy confuso. Por mi parte no había ningún problema porque entendí que eso trataba Sánchez, pero cuando las (innecesarias) explicaciones se hicieron presentes, envueltas en unos aires místicos difíciles de creer y con una escena de sexo, que consigue confundirte aún más (tranquilos, no existe ningún enfoque jugoso), pues me sentí un poco estafado. En definitiva, la última media hora me sentí aburrido con ese intento de vuelta de tuerca y ya no me molesté en prestar atención a la confusión que se producía en pantalla.

Incluso las decisiones y actos de Amy, en el último tramo de película, no me parecieron ni lógicas ni amenas. Poco más que correr hacia el final de la película de forma patética. Lo peor con diferencia es la aparición estelar en escena de “un viejo amigo” en momentos claves de la trama para ayudar en su avance (porque si no se quedaba finalmente estancada, claro). En fin, esperaba más de un guionista que escribe cada cuatro años.

Pero no todo es negativo. Toda esa potencia sin control (rubricada con los dichosos movimientos espásticos del cámara) nos regala, cara al final, una escena un poco más pausada y que, en mi opinión, se quedará en la memoria colectiva de los fanáticos del terror sugerido. Pero mejor dejemos la escena en el aire y esperando que la disfrutéis, siempre hay que sacar algo bueno de hora y media delante de una pantalla. Aunque remarco que ni esta ni ninguna otra escena justifican por si solas el visionado integro de este cuento de ultratumba.

No me voy a extender con el resto de detalles. La película esta muy bien planificada y Eduardo Sánchez nos ha mostrado fielmente lo que quería; incluso los demonios navegan entre lo cutre intencional y el diseño realista, de tal forma que a ratos dan miedo y otros dan risa. Para nada es una película barata, los títulos de crédito finales son bastante largos y atestiguan el esfuerzo invertido en darle un “look” natural y amateur a Seventh Moon (insisto positivamante sobre los efectos de sonido, la banda sonora ambiental perfectamente entretejida en cada escena y el juego de luces y sombras constante), pero creo que ese estilo de filmación no permite narrar una historia intensa ni involucrarnos con los protagonistas. Al fin y al cabo no vemos lo que pasa en pantalla la mitad del tiempo, principalmente por los movimientos de cámara y uno termina la película casi suspirando aliviado por sus pobres ojos. Obviamente es lo que su director pretendía, aunque si una idea no da para más yo creo que mejor no rellenarla con imágenes ininteligibles.

Aplaudo las buenas y esforzadas intenciones que rodean todo este proyecto, pero no solo de buenas intenciones vive el cinéfago. Me resisto a considerarla una mala película pero por muy prevenido que estés, acabas enervado con una dinámica que supera en “temblores”, “saltos” y confusión a la mismísima Bruja de Blair. ¡Y sin tratarse de un falso documental!

Si finalmente os interesa verla, ser conscientes de que el grado de movimiento de las imágenes es mareante y si podéis lidiar con ello “disfrutareis” de un par de conceptos interesantes y de una de las pocas películas actuales, que basándose en siniestras leyendas orientales, se sale de la tónica del susto fácil.

Lo mejor: Una escena puntual que reúne todos los ingredientes que hacen grande al terror sobrenatural.

Lo peor: La cámara, capaz de provocarte una borrachera inducida.

Paranormal Activity

Mientras dormías

Paranormal Activity

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  • Título original: Paranormal Activity
  • Nacionalidad: USA | Año: 2009
  • Director: Oren Peli
  • Guión: Oren Peli
  • Intérpretes: Katie Featherston, Micah Sloat
  • Argumento: Micah y Katie son una pareja que, recién mudados a su nueva casa, sospechan que algún tipo de fenómeno paranormal tiene lugar en su hogar mientras duermen. Para intentar averiguar qué sucede, dejarán grabando por la noche en su habitación.

75 |100

Estrellas: 4

Todo el mundo está al corriente del argumento: Micah compra una cámara de video para grabar los sucesos paranormales que tienen lugar en su casa, donde vive con Katie, su novia y, aparentemente, el origen de dichos fenómenos. Lo que sigue, por tanto, es una recopilación de las grabaciones de la pareja, tanto de día como de noche.

Paranormal Activity, primer largometraje de Oren Peli, es una de esas películas que llegan a nuestras pantallas con un exceso de información: lo barata que ha sido, el miedo que da, lo que ha fascinado a personajes como Steven Spielberg… Y, también es cierto, parece que no se puede hablar de ella sin mencionar la película “casera” por excelencia, El Proyecto de la Bruja de Blair.

Ambas películas se estructuran de formas similares: una clara diferencia entre el día y la noche. Durante el día, Micah y Katie hablan de sus fenómenos extraños con una cotidianeidad que deja perplejo y resulta desmitificadora a partes iguales, mientras que los excursionistas incautos que se introducían en el bosque de Maryland eran víctimas de sus nervios y la tensión que acumulaban por los acontecimientos nocturnos. Por la noche, en ambas cintas, tiene lugar el terror.

Aquí acaban las semejanzas entre las dos. Como documental, como testimonio real de los últimos días de vida de un grupo de personas, El Proyecto de la Bruja de Blair era mucho más eficaz aunque, para conseguirlo, se olvidase durante gran parte del metraje de que tenía una historia que contar, centrándose en el conflicto de la convivencia. Paranormal Activity es una película mucho más construida. Puede que Oren Peli haya pregonado a los cuatro vientos que los actores eran nóveles y que las escenas no estaba escritas y se improvisaban sobre la marcha, pero lo cierto es que, lo que como espectador se recibe, es un relato perfectamente estructurado, con una precisión de cirujano, en el que cada suceso es consecuencia del anterior, en una progresión siempre en aumento.* Esto es especialmente significativo en las escenas nocturnas: los ataques del “ente” siempre suben en intensidad y, si alguno es un poco más leve que el anterior, es para desprevenirte y pillarte con las defensas bajas.

Especialmente interesante me parece lo que hace con dos elementos tan típicos de películas sobrenaturales como son la figura del medium y la tabla ouija. El primero no sirve absolutamente para nada, a efectos prácticos. En la película, su primera visita está justificada –y con esto no desvelo nada- para que conozcamos cómo Katie lleva siendo “asediada” por un espíritu desde que era una niña, y la siguiente… bueno, es un poco ridícula, sí, pero divertida si se piensa lo que significa: se supone que estamos ante una película de fantasmas realista, por lo que el medium es, a su vez, una persona más… que se acojona y se larga. Queda un poco mal en el conjunto, pero es un detalle simpático. Lo de la tabla ouija me parece más complicado, y está resuelto con mucha mayor brillantez, desde mi punto de vista. En el momento en que Micah aparece en la casa con ese instrumento –o juego, o lo que sea-, nos tememos lo peor: sesión explicativa de los motivos del espíritu y susto para cerrar la escena. Por suerte, hay un guión –aunque no estuviera totalmente escrito- que ha sembrado ya que Katie no es partidaria de utilizar ese método, por lo que ella y Micah se enfrascan en una discusión y dejan la tabla sola en el salón, delante de la cámara… Lo que sucede es sencillo y eficaz, y zanja el asunto de un modo bastante elegante.

¿Da miedo Paranormal Activity? Yo diría que sí, a pesar de no sufrir especialmente durante su proyección. Con una meticulosidad terrible, Oren Peli parece haber ido escribiendo en una libretita todos los terrores nocturnos que le asediaban de pequeño cuando se metía en la cama, los ha graduado en intensidad de menor a mayor, y los ha dosificado en las noches que refleja la película. Así, es más lo simbólico de las imágenes, lo reconocible de la aparición brusca de una mano de debajo de la cama, por ejemplo –algo que no sucede en la película- que las imágenes en sí. De hecho, a mí me parece una prueba de que en algo acierta
Paranormal Activity el poso que deja. Puede que no fuera terrorífica su proyección, pero al llegar a casa estaba especialmente susceptible a los ruidos del edificio.

El tramo final es, probablemente, el más discutido de la película. Y, quizás, sí que sea lo más discutible de todo. Conforme se acerca el desenlace,
Paranormal Activity quebranta dos leyes que ella misma se ha impuesto, por lo que puede considerarse una traición a su propio espíritu. Primero, hay un momento en que el personaje de Katie dice una frase tranquilizadora en un momento nada relajado. De pronto, se evidencia la construcción, la narrativa cuando, hasta ese momento, ha estado la mar de bien camuflada debajo de la apariencia de “documental”. Nos pone, como espectadores, sobreaviso. Segundo, el mismísimo final. A mí, personalmente, me encantó: a esas alturas de la película, estaba entregado a lo que estaba viendo, y no me importó para nada, pero lo cierto es que lo que hace para cerrar Paranormal Activity es algo que ha estado evitando todo el tiempo, convirtiéndolo, por tanto, en un rasgo de estilo que se salta a la torera en los últimos minutos. La estrategia utilizada es, en cierta manera, la misma que se emplea en el final de The Ring/Ringu (Hideo Nakata, 1988). Resulta tan escalofriante la salida de Sadako de la televisión porque, hasta ese entonces, hemos visto una película barata, sin apenas efectos especiales. Cuando en el último video, Sadako sale del pozo y comienza a acercarse a la cámara, nos autoconvencemos de que es imposible que salga de la tele porque no es ese tipo de película. Y, por tanto, cuando sale, no damos crédito y nuestros ojos se desorbitan. Aunque hay que advertir que nunca veremos cómo es físicamente el espíritu que asedia a Micah y Katie ni nada por el estilo, el final de Paranormal Activity funciona en el mismo sentido que el de The Ring/Ringu.

Lo mejor: La tensión: si se reflejara en un gráfico, sería una línea recta ascendente de 90 grados.

Lo peor: El exceso de información: te han prometido que da tanto miedo que es imposible que, cuando la ves, te dé todo ese miedo.

Truco o Trato

La más terrorífica y divertida noche de Halloween

Trick'r Treat

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  • Título original: Trick'r Treat
  • Nacionalidad: USA | Año: 2008
  • Director: Michael Dougherty
  • Guión: Michael Dougherty
  • Intérpretes: Brian Cox, Dylan Baker, Anna Paquin
  • Argumento: Cinco terroríficas historias se dan cita durante la noche de Halloween en la pequeña localidad de Warren Valley y bajo la atenta mirada de Sam.

90 |100

Estrellas: 5

Trick'r Treat

Me gustaría dedicarle la reseña de Trick’r Treat a Eli Campora. Mientras asistía al despliegue de humor negro que desprende la película no pude evitar pensar en los relatos de Eli y en el estilo propio que les imprime. Espero que la película te guste Eli.

¡Por fin! Llevaba muchísimo tiempo –demasiado- esperando tener la oportunidad de ver Truco o Trato (Trick’r Treat), tras la excelente acogida que ha tenido la película de Mike Dougherty en los diversos festivales especializados en los que se ha proyectado (incluido el pasado Festival de Sitges).

Como ya he dicho antes la espera ha sido larga (supongo que a muchos os ha ocurrido lo mismo), por lo que el riesgo de que todo acabara en decepción existía, y a medida que pasaba el tiempo ese riesgo se hacía cada vez más fuerte.
Por suerte, en esta ocasión, cualquier amenaza de desengaño o frustración no ha acabado materializándose: Truco o Trato ES LA PELÍCULA.

Durante las celebraciones del festival de Halloween en Warren Valley, una pequeña localidad de Ohio, una joven pareja discute sobre la conveniencia de respetar las normas de la noche de los difuntos, un director de escuela saca a pasear su naturaleza más oscura y salvaje, una bella jovencita disfrazada de Caperucita Roja anda preocupada por la pérdida de su virginidad, un grupo de amigos investiga el terrible accidente sufrido por un autobús escolar que transportaba a niños con deficiencias mentales, y un huraño vecino tendrá que hacer frente a un sádico y burlón espíritu de Halloween.

Unos fabulosos títulos de crédito en forma de viñetas de cómic animadas, que inevitablemente nos traen recuerdos de las añoradas Historias de la Cripta (Tales From the Crypt) o del Creepshow de G.A. Romero, dan paso a cinco terroríficas historias, aparentemente independientes, que tienen como escenario (y respiran, se empapan…) la festividad de Halloween.
Dichas historias tan sólo son independientes en apariencia porque, en realidad, lo que ha hecho Mike Dougherty, guionista además de director de Truco o Trato, es trazar con tiralíneas y matemática precisión uno de esos guiones que están construidos para que podamos saborear y deleitarnos con cada uno de los espectaculares detalles y giros argumentales que nos ofrece en apenas 80 minutos de metraje.

La estructura narrativa que posee Truco o Trato es, sencillamente, extraordinaria.
Lo que en principio no son más que detalles que presumiblemente escapan a nuestra compresión, e incluso corren el riesgo de pasar desapercibidos, poco a poco cobran vida y adquieren sentido a medida que Mike Dougherty va hilvanando cada una de las historias, relacionándolas entre ellas, mezclando situaciones y personajes y, en definitiva, dando forma definitiva a este regocijante puzzle que acaba siendo Truco o Trato. Es como si el mejor Tarantino de Pulp Fiction hubiera puesto todo su empeño y esfuerzo en crear la película de Halloween definitiva (y en esta ocasión prescindiré, con plena convicción, de la trillada frase “salvando las distancias”).

Fantasmas, monstruos, asesinos en serie, leyendas urbanas… todo tiene cabida en la más terrorífica de las noches de Halloween (con permiso de Carpenter). Lejos de quedar malherida por el exceso de equipaje (y acabar siendo un insufrible pastiche como sí lo fue el Van Helsing, de Stephen Sommers), Truco o Trato sabe combinar con asombrosa habilidad un amplísimo abanico de referencias, tradiciones y criaturas nocturnas, dando como resultado un amplísimo crisol de horrores que en ningún momento cae en el ridículo o en la simple parodía, y que atesora un impresionante poder de seducción.

En el aspecto técnico Truco o Trato se apunta un nuevo y rotundo triunfo. Visualmente resulta una experiencia fascinante. Sencillas (en apariencia) transiciones como la de la calabaza transformándose en luna llena, o las hojas otoñales cayendo de un árbol y dando paso al único flashback de la película (un necesario, contundente y espectacular flashback que nos muestra el accidente de un autobús), nos ponen sobre la pista de que todo, absolutamente todo en Truco o Trato –fotografía, ambientación (impresionante la secuencia en la que los niños encuentran el citado autobús), montaje, diseño de producción, música…- está cuidado con mimo y dedicación.

El trabajo de los actores es otro de los puntos destacables. Desde un experimentado Brian Cox, perfecto en su enfrentamiento, cara a cara, con Sam, un pequeño diablillo de Halloween que tiene todos los números de convertirse en un nuevo icono del cine de terror moderno (atención a los "juguetitos" que utiliza para perpretar sus "travesuras"); pasando por un inspiradísimo Dylan Baker en el papel de un director de escuela perturbado y dotado de un macabro sentido del humor; una frágil y deliciosa Anna Paquin como virginal caperucita roja (tras su éxito en True Blood, la Paquin anda cerca de convertirse en una de las presencias femeninas más determinantes del género); y finalizando con la excelente labor de todos y cada uno de los niños que protagonizan el episodio del autobús (en mi opinión, el mejor de toda la película).

Truco o Trato es una película genial, que creo que convencerá tanto a aquellos que veamos en ella una forma de hacer cine de género que pertenece al pasado, y que ya no teníamos demasiadas esperanzas de volver a ver (con ecos a películas del estilo de Noche de Miedo, En Compañía de Lobos, Una Pandilla Alucinante, e incluso Los Goonies); cómo a aquellos nuevos aficionados que sean lo suficientemente anchos de miras para darle una oportunidad a una propuesta alejada, tanto en el fondo cómo en la forma, de la enésima secuela de Saw, el enésimo sucedáneo de Hostel, o el enésimo remake estilizado de algún clásico del horror.

Terror sin estridencias, sin sobrecarga de artificios, sin rancias y gastadas premisas argumentales ni reiterativos recursos mil veces vistos. Terror de altura, basado en la atmósfera y en el suspense, en la imaginación, en la fantasía, y en un afortunadísimo humor negro que se filtra sigilosamente por cada uno de los fotogramas de esta magnífica película de género que es Truco o Trato. Absolutamente imprescindible.

Y para finalizar me abro un turno de ruegos y preguntas a mí mismo (esto sí que es una estupidez). ¿Podremos disfrutar de Truco o Trato en una sala de cine? Efectivamente es a la vez un ruego y una pregunta, aunque por supuesto tengo muy claro cual es la respuesta (al fin y al cabo incluso en los USA el estreno de Truco o Trato se ha visto relegado al mercado doméstico... ojalá me equivoque). Pero en fín... por rogar que no quede.

Lo mejor: Todo

Lo peor: Que un servidor no tuviera la suficiente paciencia para verla en la noche de Halloween.