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Terror en Amityville

Entre la realidad, la ficción y las historias interminables

Amityville Poster

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  • Título original: The Amityville Horror
  • Nacionalidad: Estados Unidos | Año: 1979
  • Director: Stuart Rosenberg
  • Guión: Sandor Stern
  • Intérpretes: James Brolin, Margot Kidder, Rod Steiger
  • Argumento: Un joven matrimonio se decide a comprar la casa de sus sueños. Una casa que, un año atrás, fue escenario de un horrible crimen. Perturbadores sucesos sobrenaturales harán la vida imposible a los nuevos propietarios.

65 |100

Estrellas: 3

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Sucedió en 1974. Concretamente, el 13 de noviembre. Un pequeño pueblo, de nombre Amytiville, situado en el condado de Sufflok, Nueva York, se haría famoso debido a un cruento crimen. El joven Ronald DeFeo asesinó a sus padres y a sus cuatro hermanos. Su argumento en el juicio fue, nada menos, que escuchó voces procedentes de la casa que le incitaban a hacerlo. Voces que le advertían del mal que guardaban para él sus seres queridos. Un caso más de locura, una buena actuación para evitar la cárcel con los presos comunes o un caso de casa encantada, lo cierto es que encendió una llama que con el paso del tiempo creó la leyenda.

DeFeo no pudo evitar la carcel, y el 19 de noviembre de 1975 comenzó una condena de 25 años por cada asesinato. Actualmente sigue preso.

Uno año después de la carnicería y con el juicio del criminal todavía reciente, una nueva familia, los Lutz, compraron la casa a un precio rebajado, considerándolo una autentica ganga para lo que parecía ser la casa de sus sueños. Y aquí comienza el verdadero embrollo: exactamente 28 días después de su adquisición, los Lutz tuvieron que salir con lo puesto de la casa, en una noche de tormenta, y no regresar jamás. Los acontecimientos sobrenaturales que presuntamente vivieron aquellos días fueron puestos en papel en 1979 por la periodista Jay Anson. Un libro que no tardó en encontrar la atención por parte de productores de Hollywood. Así, ese mismo año, se dieron prisa para tener lista Terror en Amytiville, adaptación al celuloide casi literal del libro de Anson.

Aprovechando la fiebre y moda que habían desatado los medios y el libro sobre el caso, lo tuvo fácil para convertirse en un gran éxito comercial. Éxito que dio el pistoletazo de salida para lo que sería, a poco riesgo de equivocarme, la saga más longeva de la historia (siete secuelas, un remake y dentro de poco una secuela de dicho remake) en cuanto al subgénero de casas encantadas. Lo que no quiere decir que también haya sido la mejor. Más que nada porque, salvo tras la aceptable primera entrega, que ahora pasaré a comentar, y la más o menos potable segunda (que no era una continuación sino una ficción basada en el personaje de Ronald DeFeo), las demás solo contribuyeron a llenar las estanterías más polvorientas del video club.

La ventaja que tiene Terror en Amytiville frente al resto de la saga es su equipo. Aunque aprovechados a medio gas, contó con un director de calidad probada como Stuart Rosenberg, autor de La leyenda del indomable (1967) o la posterior Brubaker (1980). Contó también con un interesante reparto, encabezado por James Brolin, Margot Kidder y Rod Steiger. La notable banda sonora, nominada al Oscar y al Globo de oro, fue obra de Lalo Schifrin. No iba mal la cosa. El problema es que, aunque aceptable como apunté anteriormente, *la película se resiente de un trabajo ajustado a lo funcional por parte de director y reparto. * Así, la puesta en escena de Rosenberg sigue los acontecimientos con poco entusiasmo, mientras que sus intérpretes de carácter componen correctos personajes, dentro de las limitaciones de su desarrollo en el guión, pero a medio camino entre la profesionalidad y la búsqueda del cheque.

¿Qué tiene entonces esta película para considerarse actualmente un pequeño clásico del cine de terror? Si no destacaba especialmente en ningún apartado, ¿cómo es que se sigue hablando de ella, se siguen haciendo secuelas, remakes y reboots? La respuesta la encontrareis en los propios sucesos que la procuraron su existencia. Y es que estos hechos, ya sean verídicos o una simple estafa, en su época fueron lo suficientemente impactantes para sugestionar a varias generaciones y dejar el morbo servido. Una sugestión y un morbo que, a poco que uno sea aficionado a estos temas, le llevará curioso y dócil ante el visionado del film. Predispuesto, vaya.

Sobre todo en su época, hay que reconocer que Terror en Amytiville funcionaba como “show de los horrores”. No hay que evaluarla, en este caso, como buena o mala, términos quizás demasiado radicales cuando se habla de algo que es puramente sugestión y curiosidad. Aunque algo desfasada hoy en día, funcionó y puede seguir funcionando por su cúmulo de situaciones escabrosas, algunas de ellas realmente aterradoras: extraños líquidos oscuros que salen de los grifos y del aseo, apariciones fantasmales y plagas de moscas cuidosamente organizadas, entre otras cosas. Sin olvidarnos del cambio de humor que experimentaban los miembros de la familia, sobre todo el marido, George, según dicen de asombroso parecido con DeFeo, y que se sintió, alguna que otra vez, poseído por el mismo mal que rondaba la cabeza de aquel.

Más allá de todo esto, no pasa ni pasará de ser una película de casas encantadas del montón. Pese a su popularidad y su aura de clásico e incluso de obra de culto, no estamos ante algo realmente a destacar. Más bien, ante una pequeña rama de las muchas, de mayor o menor interés, que han surgido a raíz del caso DeFeo y el posterior caso Lutz. Algo que hoy en día se encuentra por encima de cualquier fraude demostrable. La historia espectral de Amytiville posiblemente es falsa, y posiblemente los Lutz fueron un poco más ricos después de vender los derechos a la periodista. Ninguno de los varios inquilinos posteriores de la casa ha tenido que salir por patas ni han relatado acontecimiento extraño alguno. Pero, sea como sea, la leyenda de aquella casa, de aquel pueblo que fue y es improvisado destino turístico, ha quedado viva en papel y celuloide.

Lo mejor: Todo lo que rodea el caso, la leyenda que surgió y, como elementos puramente cinematográficos, la notable banda sonora de Lalo Schifrin y el impacto de algunas escenas terroríficas.

Lo peor: Pese a su popularidad y actual estatus de pequeño clásico, no deja de ser, en conjunto, una de casas encantadas del montón. Se queda a medio gas si tenemos en cuanta el potencial de la historia y del equipo detrás y delante de las cámaras.

The Task

Sin respeto hacia el espectador

The Task Poster

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  • Título original: The Task
  • Nacionalidad: Estados Unidos | Año: 2010
  • Director: Alex Orwell
  • Guión: Kenny Yakkel
  • Intérpretes: Alexandra Staden, Victor McGuire, Adam Rayner
  • Argumento: Un grupo de participantes de un “reality show” tienen que sobrevivir a una estancia nocturna en una cárcel abandonada.

40 |100

Estrellas: 2

The Task Grande

Otra vez aquí, con una cinta del After Dark por reseñar y sin saber muy bien como alejarme de todos los clichés de los que he tenido que tirar para sacar adelante las críticas de otras películas del festival. De las cuales, por otro lado, poco se podía decir salvo: “no perdáis el tiempo con ellas”. Para aquellos que hayáis caído ya en sus aviesas garras, ya sabréis que me refiero a Prowl, 51 y Scream of the Banshee. Y eso sin pasar revista a otros años del festival, al que auguro seriamente un mal futuro si no se plantea cambios sinceros en la selección de largometrajes, donde un miserable 80% (tirando a lo bajo) de la producción se puede considerar cine basura o, peor, cine meramente aburrido. ¿Qué este porcentaje sea un reflejo del panorama cinematográfico actual y, quizás, de cualquier época pasada? Puede ser, pero no es suficiente razón para que los responsables de un festival, realizado por y para los amantes del cine de terror – supuestamente –, se burlen de los espectadores exhibiendo películas que, a todas luces, son peores que el cáncer.

Comenzar hablando de la parte negativa del nuevo paquete de ocho títulos que aborda el After Dark de este año, seguramente os aportará ideas claras de por donde transitan mis sensaciones con The Task. Para un servidor, y por desgracia, la cinta dirigida por un desconocido Alex Orwell y escrita por Kenny Yakkel, la mente “maravillosa” detrás de 51 y Dead Air, entra de lleno en el mismo saco mugriento al que sus peores hermanas pertenecen. Lejos, muy lejos, está de los únicas cintas rescatables del After Dark 2011 (Seconds Apart y Husk) y, sin embargo, esta vez no es por falta de esfuerzo, vagancia o desidia por parte de sus responsables, que están bastante más inspirados a nivel técnico. Tampoco suspende por el desastroso trabajo de los actores, curiosamente se ajustan a sus papeles adecuadamente; aunque desconozco si esta percepción es verdaderamente positiva o negativa.

Alzar el pulgar o dirigirlo hacia la arena es cuestión de comulgar con un guión y, más concretamente, con el giro y anti-giro final que se nos presenta; así como “disfrutar” de la definición de unos personajes repelentes “ad nauseam”, que en su molesta personalidad alimentan la fuerza de motriz del metraje: ver una película fascinado por todo el daño que un ente sobrenatural pueda inflingir a semejantes idiotas.

The Task es un reality show extremo donde los concursantes, además de ver aireadas sus miserias – ¡qué menos! –, tendrán que enfrentarse a sus miedos más íntimos en una penitenciaria abandonada y, puede que, encantada. Solo una noche y el premio será suyo.
Los seis jóvenes, un compendio de victimas arquetípicas (el chico de color, la guapa adicta a la televisión, la inteligente y fría mujer, el homosexual orgulloso de serlo, blah, blah, blah), tendrán que ir superando los terroríficos retos propuestos por la organización para conseguir la recompensa en metálico, antes de que el fantasma del alcalde de la prisión los atrape – risas malvadas con mucho eco –.

Como veis la sinopsis no puede ser más reveladora (e intrascendente). “¡Vaya! Más o menos me suena el argumento. Se parece bastante a la clásica The House on Haunted Hill”, muchos pensaréis algo parecido si no más cáustico. Bueno, si el metraje nos llevase por derroteros interesantes podríamos considerar una minucia que la historia esté tan sobada; pero el caso es que, más allá del juego que aporta el ubicar la trama dentro de la cárcel abandonada – ¿estará encantada o no? –, no se desarrolla la idea principal ni un ápice.
Ahí se deja esta simpleza y busquemos, para completar la hora y media de rigor, unos cuantos sustos falsos (¿?) mediante el retrato de las pruebas vejatorias a las que se somete a los concursantes y las reacciones del equipo de control que monitoriza la prisión.
Debió de considerar el guionista de The Task que el giro final justificaba por si solo la película. Y aquí es donde entra la implicación del espectador: fundamental disfrutar de los últimos diez minutos de la cinta porque si no considerarás seriamente presentar una querella por el robo, usando una cámara como arma, de hora y media de tu tiempo.
Sin entrar en incómodos destripes, diré que tanto el giro como el contragiro me supieron a engaño pueril, obvio, desencantador; vale, los subterfugios son la base del cine, pero solo cuando se relatan con un estilo definido. Aun entendiendo que pueda haber público para estas ideas, me sentó como una patada en las narices lo previsible y rancio del asunto; y esa citada falta de estilo concreto.

He de reconocer que dentro de los elementos provechosos mostrados, el más destacado es el ambiente que se vive dentro del penal; muy artificial pero gratificante y consecuente con la mínima historia que se nos está contando. Una iluminación siniestra y unos efectos de sonido que podrían hasta inquietarnos si no se respirase banalidad por los cuatro costados. Al respecto técnico, cabría destacar que al haberse ubicado el rodaje en Bulgaria, la cinta ha salido beneficiada en cuanto a una manufactura eficaz, a la cual le sienta muy bien la ausencia de escenas explicitas. Porque efectivamente, The Task rehuye del efectismo gráfico buscando una tensión psicológica que la misma liviandad de sus protagonistas destroza. Así que amantes del terror físico alejaros prudencialmente de esa cinta; por mucho que el montaje y la fotografía exploten un rápido y fácil terror barato, no será suficiente para la gran mayoría de aficionados.

Ya comentaba al principio de la reseña que los actores están un peldaño por encima de lo habitual en proyectos de este corte, cintas directas a DVD. Curiosamente aquellos que solo conozcáis The Task por su infame trailer o sus primeros diez minutos, creeréis que me he vuelto loco; sin embargo os aseguro que los actores, caras jóvenes que ni me suenan ni me voy a molestar por seguirlas, muestran un esfuerzo que lamentablemente se pierde dentro de la idiosincrasia (o “idiocracia” en este particular) de los personajes. No insistiré lo suficiente: *me parece fenomenal pintar de cretinos a los protagonistas, pero en su justa medida; si el exceso no produce comicidad solo va a causar un tremendo rechazo en el espectador.*Claro que siendo justos, todo se razona medianamente al final del film.

Resumiendo, The Task queda como otro intento fallido de acercarnos el cine de terror de una forma moderna, sin prejuicios y estéticamente valida, que naufraga merced a su incapacidad a la hora de imaginar un final más “explosivo” – razón, justa o no, por la que un servidor la suspende – y, duele también, por unas caracterizaciones demasiado bobas, cuya tosca exposición desvela demasiado sobre las sorpresas finales, que más allá de su tramposo origen podrían haber funcionada mejor solo con la inclusión de ideas más arriesgadas y/o frescas (¿de verdad que había que terminarla como un telefilm barato?).

Otra hora y media que relega, una vez más, al After Dark a una mera broma entre aficionados, que año tras año acabaran preguntándose entre ellos, a modo de chascarrillo: “¿has tenido el valor de verte todo el After Dark de este año?”.

En mi caso diría que así va a ser, pero el próximo año mi fe irá destinada a otras religiones.

Lo mejor: Cierta incertidumbre con respecto a supuesto encantamiento de la cárcel y unos valores de producción mejores de lo previsto. El ambiente del penal.

Lo peor: El final, triste forma de justificar un argumento para luego volverlo a tirarlo abajo. Demasiado mediocre en conjunto.

Dream House

James Bond versus la Casa Encantada

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PhotobucketAquí, en ALMASOSCURAS también tenemos nuestro espacio para películas que, aún entrando dentro del género de terror, nos podrían parecer en un principio demasiado comerciales (por los actores: Daniel Craig, (mi idolatrada Rachel Weisz o Naomi Watts, o tal vez por el poco usual director Jim Sheridan) o, en un principio, algo flojillas. Este es el caso de DREAM HOUSE, una nueva aproximación al inagotable género de las casas encantadas y sus ulteriores problemas. Si hace poco hablaba Bob Rock en The Tenant de lo difícil que es presentar una película de estas características, con todos sus topicazos, de una forma atractiva, pués me da a mi que con esta lo vamos a tener igual de difícil. Pero una vez visto el trailer y teniendo en cuenta la categoría de los actores, no creo que sea una película de la que nos podamos permitir el lujo de prescindir, o de ignorar.

PhotobucketComienza el desfile de tópicos: familia que se muda a una nueva casa en la que, sin ellos saberlo, se han cometido espantosos crímenes; niñas pequeñas con cara de mal rollo; vecinos extraños que parecen saber más de lo que cuentan; ruidos en mitad de la noche; sustos….Todo esto se le viene encima a la familia Atenton cuando deciden abandonar Nueva York para trasladarse a una nueva casa en una pequeña ciudad de Nueva Inglaterra. Todo el mundo en el barrio sabe que en esa casa un hombre fue el principal sospechoso del asesinato de su mujer y sus dos hijas, pero al parecer no han tenido el detalle de informar a los nuevos inquilinos. Las pistas les van llegando con lo habitual: las niñas comienzan a tener pesadillas, por las noches se oyen ruidos chungos, Craig intenta asustar a los fantasmas diciéndoles que es el puto James Bond (es coña…), en fin, que una vecina, un poquito rara, les cuenta los antecedentes de la casa y, previsiblemente, todo desencadenará en una sucesión de más sustos y la forma de apaciguar a los fantasmas para que dejen de dar la coña y descansen en paz.

Seguro que al respecto hay películas mucho más atractivas (como la nueva de Balagueró sin ir más lejos) sobre casas chungas, pero para los amigos del género en su vertiente más convencional aquí os dejo esta propuesta.

Deserted House

Cazafantasmas de encefalograma plano

Deserted House Poster

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  • Título original: Deserted House
  • Nacionalidad: Corea del Sur | Año: 2010
  • Director: Lee Cheol-ha
  • Guión: Kim Eun-kye
  • Intérpretes: Sin Kyeong-seon, Jeon In-geol, Yoon E-na
  • Argumento: Un equipo de televisión está rodando un documental sobre casas encantadas, acompañando a tres jóvenes cazafantasmas se adentran en una fábrica maldita de la que nunca volverán.

28 |100

Estrellas: 2

Deserted House Grande

Después de ver Deserted House no puedo dejar de preguntarme una cosa: “¿se piensan algunos productores de cine de terror que el público objetivo es gilipollas?”

Está hablado, y más que hablado, que el sentido del humor oriental es poco ácido, más bien infantiloide; y, hasta cierto punto, esta perspectiva se podría adoptar a la hora de evaluar algunos de sus títulos de horror. Especialmente aquellos obviamente destinados al consumo masivo por parte de adolescentes de ojos rasgados que solo desean un ratito de oscuridad para magrear su novia (digo yo que todos los adolescentes del mundo tendrán los mismos objetivos en mente). Este es el caso que nos ocupa hoy, una película que bebe de éxitos modernos basados en la técnica “cámara en mano” y sustos en plena cara ([REC], Paranormal Activity o, la madre del cordero, El proyecto de la Bruja de Blair), pero perfectamente procesada y despiezada para el cómodo consumo de la masa quinceañera surcoreana. Pongan su mente en blanco, háganse una perola de palomitas y véanla con un acompañante atractivo y de susto fácil, porque solazarse en las blandas carnes de la lujuria, con los dedos pegajosos por la mantequilla, será el único consuelo ante el sopor hecho película y llamado Deserted House.

Junio de 2010: Un equipo de televisión surcoreano prepara un documental sobre una casa encantada de historia reciente: la fábrica de galletas del Sr. Kim. Sin nada que ver con la franquicia Wonka, esta factoría prosperó la primera década del siglo XXI; al menos hasta que el Sr. Kim tuvo un supuesto lío de faldas con una empleada que al tiempo desapareció. Dicen las malas lenguas que la esposa de Kim mató a la amante y hundió el cadáver en un charco tras los edificios que también ejercían de vivienda. Al poco tiempo se encontró a la familia del Sr. Kim, su mujer, sus dos hijos y él mismo, asesinados en su propia casa. Desde entonces, la fábrica es solo un lugar de mal agüero que espanta a los vecinos y se dice encantado por una presencia maligna que vuelve locos a todos los que se atrevan a entrar en la propiedad.
Precisamente eso es lo que pretende el grupo de jóvenes “exploradores de casas encantadas”, un grupito de repelentes pardillos/novatos/geeks al que se va a rodar pasando la noche en la finca.
Agosto de 2010: Una vez llegados allí, nunca más se supo del grupo de documentalistas y exploradores hasta que, tras ir a buscarlos, se encontró la cámara y las cintas de las últimas horas de los muchachos. Ahora, por fin restauradas digitalmente, las dañadas copias se hacen públicas y la opinión pública conocerá el contenido que demuestra la existencia de fuerzas sobrenaturales en el mundo.

Básicamente, tal y como indica el argumento, acompañamos al grupo de documentalistas en sus últimas horas a través de la mirada de la cámara que estos usaron para emprender el trabajo. En los primeros compases asistimos a declaraciones de gente de la zona, los primeros preparativos y encuentros entre el grupo de exploradores. Aquí ya podemos notar el gran problema que convierte a Deserted House en un bodrio sin paliativos: la nula credibilidad de los actores y situaciones. Los actores son malos, muy malos; jóvenes iniciados en el cine surcoreano y, en el caso de los actores más creciditos, personas que dudo hayan estado nunca antes frente a un objetivo. Además, la historia de la maldición en sí se siente tan trillada que solo provoca cansancio. Si al menos los actores protagonistas tuvieran un ápice de carisma podríamos ignorar los manidos clichés en juego, pero entre lo patético de los personajes (es ver a los cazafantasmas de marras y uno solo desea encorrerles a gorrazos) y la nula dirección artística (“poner cara de susto o de imbéciles, cualquiera me basta”, decía el director) no hay ser humano que aguante el tramo inicial y mucho menos el nudo, que es cuando el equipo de exploradores se dedica a “mariposear” sin gracia por la casa. ¡Ah! Y no esperéis sustos en la primera hora y cuarto de metraje, precisamente eso la hace insoportable: vueltas y más vueltas comentando detalles sin interés alguno, dentro de una historia que ya sabes de antemano como va acabar.

A todo esto le podemos sumar lo confuso de bastantes momentos (¿pero no filmaban solo con una cámara?), algo que a mi juicio es totalmente lógico dado el carácter de falso documental, pero que en este caso se hace aún más molesto, dado que si no hay nada (absolutamente nada) que contar, ¿para qué enfangarlo? Tal vez os quede la esperanza de un tramo final repleto de sobresaltos (a estas alturas ya nos da igual que sean fáciles, infantiles o estúpidos… ¡lo qué sea!), no obstante, también nos quedaremos con las ganas. MICRO-SPOILER: La inevitable muerte de los seis muchachos que deciden pasar la noche en la fábrica Kim, se produce de forma atropellada, sin ritmo, muy confusamente y con un broche final de escándalo… MACRO-SPOILER: la “posesión” de la cámara por el espíritu furioso, la cuál desafía nuestro nivel de aguante frente a la vergüenza ajena… SALIENDO DE ZONA DE SPOILERS. Una conclusión esperpéntica que deja al guionista entre el redactor de los libretos de “Sálvame” y el agente artístico de Leticia Sabater. Una tomadura de pelo en toda regla que a más de uno, como al que esto suscribe, pondrá de una mala leche de narices.

En cuanto al apartado técnico no hay nada que reprocharle a la película de Lee Cheol-ha, señor del que prometo no volver a ver ninguna película (y teniendo en cuenta que su fuerte parece el cine romántico tampoco creo que me pierda nada). Todo está medido y tratado para generar una sensación barata de tensión (que no miedo), la cuál no acaba de cuajar por todo lo comentado anteriormente; la fábrica abandonada es realmente un edificio destartalado y pocas pegas se le pueden poner al tratamiento de luces, algo fundamental dentro del cine “en primera persona”. Ni siquiera comentaré el uso de sonido ambiente y efectos, aspecto no menos fundamental, porque si bien me parece cuidado me provocó cierta desazón, y más aburrimiento, el uso de score ambiental para aumentar la sensación de tensión. Digo yo que si la intención era engañar al espectador, haciéndole creer que las imágenes proyectadas pertenecen a una filmación real, bien podrían haber evitado ciertos efectismos que más provocan risa que otra cosa. Como única nota positiva destacaré que, en el acelerado tramo final, la muerte de uno de los cazafantasmas resulta impactante y bien desarrollada con tan solo cuatro duros; mediante una trampa visual muy simple se logra el mejor momento del metraje, desgraciadamente de un minuto de duración. Indudablemente la cinta debería haber estado enfocada más en la dirección que apunta dicha escena; que, dicho sea de paso, es lo único que justifica la benevolente nota de la reseña.

Insisto en que Deserted House se trata de una cinta destinada claramente para el consumo directo de adolescentes y, por su fuera poco, a aquellos poco familiarizados con el cine de terror. No en vano uno de sus reclamos era la participación de una contorsionista para reforzar la sensación de realismo en las tomas protagonizadas por el espectro que infecta las ruinas. Puro marketing, habida cuenta de que dicha contorsionista debió de grabar cinco minutos máximo. En fin, todo un ejemplo de cine hecho sin escrúpulos con el único objetivo de sacar unas moneditas a la sombra de la expectación que generan otros títulos, que en lo particular, tampoco son especialmente de mi agrado (excepto [REC]). Si queréis perder hora y media de vuestro tiempo, creo que existen docenas de películas bastante peores (¿tal vez Gacy House?) pero que al menos os arrancarán una sonrisa. Insustancial, intranscendente e inaguantable…

Lo mejor: La ambientación de la fábrica y la muerte de alguno de los odiosos cazafantasmas

Lo peor: Los personajes están planteados de forma infantil e interpretados a la par. Pocos sustos en una película carente de carisma e incapaz de transmitir miedo

¿Dónde conseguirla?
Gore Nation: “Deserted House” en VOSE.

Don't be afraid of the dark

Esa húmeda y cálida oscuridad

Dont_be_afraid_of_the_dark

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  • Título original: Don't be afraid of the dark
  • Nacionalidad: USA | Año: 1973
  • Director: John Newland
  • Guión: Nigel McKeand
  • Intérpretes: Kim Darby, Jim Hutton, William Demarest
  • Argumento: Sally y su marido se mudan a la mansión victoriana del difunto padre de ésta. Al poco de redecorar, Sally descubre una habitación oculta, cuyas paredes susurran sobre la locura y amenazan su alma...

75 |100

Estrellas: 4

Dont_be_afraid_of_the_dark

Con motivo de la inminente llegada de La Noche de Difuntos, El Día de Muertos o Halloween (elija el nombre que más le guste para esta celebración pagana que ensalza el contacto y tributo con nuestros muertos y por ende, toda la parafernalia basada en el terror), me gustaría proponeros el visionado de una cinta que, desde mi humilde punto de vista, sintetiza magníficamente el lado más terrorífico, desde la perspectiva más norteamericana y tradicional, de esta festividad. Así pues… adentrémonos en la oscuridad

Sally, una nerviosa y candida ama de casa, y su marido, Alex, se mudan a la enorme mansión victoriana que el padre de ella les ha legado. En pleno proceso de mudanza, y mientras Sally entusiasmada disfruta de las posibilidades del caserón, descubren una habitación oculta. Al parecer se trata del viejo estudio de papá, pese a las advertencias del Sr. Harris, manitas que les está ayudando en el traslado, ella se empeña en usar la habitación como estudio para sus labores; y lo que es peor, reabrir un hueco cerrado que daba a una chimenea abandonada.

A partir de ese momento, ruidos y eventos misteriosos empiezan a llenar la vida de una Sally, que observa desolada como su esposo se concentra en el trabajo, ignorando los miedos de su esposa y recomendándole unos buenos barbitúricos para poner coto a su alocada imaginación. ¿Realidad? ¿Fantasía? ¿Pequeños demonios burlándose de ella tras las umbrías esquinas de la mansión? Ni siquiera Sally lo sabe, y las preguntas en su cabeza están comenzando a desquiciarla…

Lo primero que destaca al comenzar el recorrido por este tour de force de los miedos infantiles, es lo datado que nos resulta todo. Tenemos una pareja que, aunque joven, muestra todos los estigmas sociales de principios de los setenta; dícese de la forma en que la esposa asume un rol secundario, en cuanto a motor del matrimonio, y sus opiniones son juzgadas con desinterés por un rígido, pero cariñoso, marido al que la decoración del nuevo hogar le parece “cosa de mujeres”.
El despliegue visual tampoco ayuda a abstraernos de la época en que Don’t be afraid of the dark fue rodada. La fotografía seca nos revela inmediatamente que estamos ante una “vulgar” película para televisión; eso sí, filmada con bastante mimo y oficio, algo que no se puede decir hoy en día de la mayoría de producciones directas para la televisión por cable. Los atuendos de los actores, peinados, su actuación metódica y hasta cierto punto distante, la coloración apagada del film y una banda sonora bastante tradicional e intrascendente nos llevan, a algunos, a una época añorada donde debajo de la cama existía un mundo oscuro y asfixiante; y para otros, no dirá nada. Especialmente a aquellos alimentados con un cine más actual y menos dado a estimular nuestra imaginación, éstos se aburrirán soberanamente ante una película sin prisas. Vamos, a nadie epatará con insólitos giros arguméntales, puesto que no existen.

Pero al poco tiempo del metraje, si nos dejamos llevar por la inocencia de nuestra mirada, descubrimos un cuento gótico anclado en lo tradicional y efectivo. Y haciendo unicamente uso de los temores primitivos del hombre a la oscuridad, como generador de una atmósfera creíble y misteriosa, capaz de atrapar al espectador.
Vemos la tan siniestra como bella mansión victoriana, cobrando protagonismo propio de principio a fin de la cinta; subrayando unas fuertes raíces góticas enterradas en la prosa de Ann Radcliffe o Henry James. Incluso su mismo título, Don’t be afraid of the dark (“No temas a la oscuridad”), responde a esa frase tan odiada por los niños cuando contaban a sus padres sobre sus pesadillas nocturnas. ¿Y existe algo qué de más miedo que una pesadilla?

De eso se trata al fin y al cabo; una buena película de terror, una buena noche de Halloween, tienen que contener ese factor de pesadilla que nos engaña momentáneamente para temer que lo imposible, y lo desagradable, puedan suceder sin capacidad de control por nuestra parte. Eso le ocurre precisamente a Sally, impotente contempla como su esposo y amigos creen que está perdiendo la cabeza, incluso llega a dudar de si misma, pero, ¿y si las voces qué oye en las sombras del caserón fueran reales? Entonces eso sería peor, así que finalmente lucha contra sus demonios sola y sin el apoyo de nadie, hasta que Jim acepta los miedos de su mujer como algo “probable”, conciencia que llega demasiado tarde. Unos terrores intimistas que se reflejan en la omnipresente oscuridad, que se maneja con especial acierto en pantalla, evitando el tedio usando efectos de sonido escalofriantes y fugaces visiones de “algo” o “alguien”. Pequeños monstruitos, que a pesar de estar realizados con más ilusión que acierto, nos ponen de los nervios cada vez que su presencia atormenta a la indefensa Sally. ¡Y lo mejor! ¡Nadie nos explica de dónde narices han salido esas entidades!

Todos sabemos que es más eficaz sugerir que mostrar “pornográficamente”, y aunque en este caso también se deba a una escasez de medios que datan aun más la película; con esa sencillez de planteamientos, tanto arguméntales como escénicos, la tensión provocada por el deterioro mental de Sally llega a angustiarnos si asumimos el papel de espectadores infantiles. Ese público que se deja llevar por el escalofrío, antes que por el sobresalto, y no necesita profundos efectismos para desplegar su fantasía. ¡Resulta admirable cómo con unas técnicas en efectos visuales tan limitadas, se consiga inquietarnos lo justo para encender la luz antes de entrar al baño!
Quizás este siendo muy exagerado, debido a que la vi bastante joven, y es una de esas películas que según a que edad la veas, puede marcar bastante tus gustos. Parece que ahora, por querer hacer más llamativa cualquier producción, los cineastas se olvidan fácilmente de contar una historia sencilla pero con cuidados detalles que enriquezcan su trasfondo.

En el caso de Don’t be afraid of the Dark, son esos detalles, como la habitación secreta que parece amenazadora luciendo un aspecto inofensivo, los que hacen que esta cinta exceda el mero entretenimiento y complemente una buena noche de Halloween. Al fin y al cabo algo debe de tener, cuando Guillermo del Toro nos presenta en 2011 el estreno de su remake. Sin duda, el director mejicano ha visto el potencial de la cinta y ha creído factible actualizar una historia clásica con gusto por ese terror tradicional que parece estar volviendo con fuerza; al menos quiero creer eso antes que asumir la preocupante falta de ideas nuevas en la industria del cine…

Finalmente, sin entrar en revelaros nada, nuestro camino llega a un desenlace que satisfará a todos y creo que representa el lado más serio de la noche de difuntos. Las pesadillas casi siempre concluyen antes de que desencadenen tu muerte onírica, pero, ¿y si por una noche, todo lo malo de tu cabeza se hiciese realidad? ¿Se escondiese en las sombras los horrores imaginarios de tu infancia? ¿Y si la pesadilla nunca terminase?

Suspendamos brevemente la incredulidad, no hay más que predisponerse con un poco de buen humor y con ganas de pasar miedo, para descubrir que el cine fantástico de corte clásico no tiene nada que envidiar a otras cintas más “directas” pero menos eficaces. Una película largamente ignorada, que gracias a la exposición de internet está comenzando a revindicarse.
Un auténtico festín para Noche de Brujas que encarecidamente os recomiendo; no importa edad, no importa el sexo, la condición religiosa… en este caso, el verdadero protagonista es el miedo, y si una noche al año sirve de excusa para dejarse llevar por esta sensación tan fugaz y tan intensa; bien pueda ser esta película, la herramienta para recordar el terror que nos provoca “eso” que se oculta en la oscuridad…

Ya he comentado en la reseña acerca del próximo extremo (2011) del remake de este clásico, por parte de Guillermo del Toro y bajo la dirección de Troy Nixey. La necesidad del mismo entra dentro de la ya saturada polémica acerca de la conveniencia de revisitar obras del pasado sin motivo aparente. Sin embargo, y dado lo datado de la película original, no parece una mala opción como puesta al día de un clásico, que en su día pudo haberse convertido en una obra maestra de haber obtenido mejor financiación. Además, la presencia del siempre respetuoso para con el fantascine, del Toro, augura una propuesta interesante que vemos rubricada con un sugerente trailer que os ofrezco un poco más abajo. La única pega, para mí, es el protagonismo principal por parte de una Katie Holmes, hacia la que os confieso mi más profunda antipatía; así como un exceso decorativo mostrado en los trailers, que desvirtúa el miedo sincero y minimalista propio de la cinta de los años setenta. De todos modos, y para este treinta y uno de Octubre, podéis disfrutar de la producción original, arriesgándoos a no conciliar el sueño si os dejáis llevar por ese miedo a las sombras que tan bien nos hace rememorar esta pequeña gema oscura…

Lo mejor: La atmósfera de amenaza y locura mantenida, la omnipresente y aterradora oscuridad; y un final respetuoso con el espectador

Lo peor: Las deficiencias técnicas propias de la época y de su destino: la televisión por cable

Miedos 3D

Terror juvenil del bueno

Miedos 3D

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  • Título original: The Hole
  • Nacionalidad: USA | Año: 2009
  • Director: Joe Dante
  • Guión: Mark L. Smith
  • Intérpretes: Chris Massoglia, Nathan Gamble, Haley Bennett
  • Argumento: Dos hermanos y la vecinita de al lado descubren un misterioso agujero que pondrá de relieve sus miedos más profundos.

67 |100

Estrellas: 4

Miedos 3D

Uno se acerca a la sala de cine, se enfunda las cada vez más frágiles y destartaladas gafas 3D (por las que debo pagar un euro extra, que viene a sumarse a la cantidad adicional que debo abonar en taquilla por tratarse de una película 3D), y se dispone a reencontrarse con un héroe de la infancia, Joe Dante, un grande de los 80 en cuya filmografía encontramos un buen puñado de esos títulos que a muchos nos ayudaron a forjarnos como los adictos al cine fantástico y de terror que hoy somos: Gremlins, Piraña, Exploradores, Aullidos, Matinee…

Y le he encontrado. He encontrado a un Dante en estado puro. Quizás no sea el mejor Dante. Probablemente esté lejos de la rabiosa diversión de Gremlins o de las mejores cuotas de horror de Aullidos; pero Dante vuelve a demostrar, en su esperado regreso, esa capacidad suya para contar la misma historia de siempre ubicándola en un convincente, atractivo e inteligente escenario de fantasia y, en menor medida, horror.

Dos hermanos encuentran en el sótano de su nueva casa un extraño agujero que no parece tener fondo. Junto a la vecinita de ambos descubrirán que el mencionado agujero les tiene preparadas terroríficas sorpresas relacionadas con los miedos más profundos de cada uno de ellos.

Bajo el cansino – y en este caso, inútil – reclamo de la tecnología 3D, Miedos 3D (valga la redundancia), horrible traducción al castellano del título original The Hole, se sitúa en el terreno de temas universales tan trillados como la superación de miedos y traumas infantiles o la siempre difícil transición hacia la edad adulta.

El mérito de Dante lo hallamos en su habilidad para incorporar estos temas (junto a otros más conflictivos como puede ser el maltrato a menores) en el seno de una historia de terror adolescente que sabe tratar a su público (y de ello hablaré a continuación) con respeto y –nuevamente- inteligencia.

Y todo ello lo logra conjugando, con acierto, tanto elementos afines al terror más clásico (el muñeco/payaso), como elementos que aluden a un estilo de horror mucho más cercano en el tiempo (la niña que parece salida de un película japonesa de fantasmas).
Sin alarde de artificios innecesarios. Sin forzar excesivamente las situaciones, y sin necesidad de llevarlas al límite. Con unos protagonistas adolescentes más creíbles de lo habitual, unas correctísimas dosis de intriga – la historia avanza paso a paso, sin prisas, sin estridencias… pero manteniendo siempre la tensión en un punto óptimo y logrando instantes tan convincentes como la secuencia del servicio – y un envolvente ejercicio de ambientación (apoyado por una excelente fotografía), sobre todo en su tercio final, el único que parece justificar – escasamente – el epíteto de las 3D.

¿Dónde está entonces la trampa? Con estas credenciales uno podría llegar a pensar que estamos ante una de las mejores propuestas de terror del año. Pero este agujero surgido de la nada y servido por un cineasta de primer orden, esconde un secreto que quizás nos ayude a entender mejor las cosas: el público al cual va dirigido.

No esperéis de Miedos 3D grandes dosis de horror, ni un gran número de sustos (que los hay) y, por supuesto, ni una sola gota de sangre más alla de lo estrictamente necesario. Ni siquiera tendremos que lamentar bajas humanas ni daños colaterales.

Miedos 3D es una película de terror a contracorriente en el actual panorama del cine de horror, concebida para un público adolescente y preadolescente que se situaría entre los 12 y los 16 años (año más, año menos).
El aficionado al cine de terror que no entienda esto se expone, probablemente, a una película blanda, ingénua y carente de alicientes; adjetivos que en ningún modo hacen justicia a una película dirigida a un tipo de público muy concreto.

Para todos los que tengais hijos, sobrinos o nietos (quién sabe…) de edades comprendidas entre los 12 y los 16 años, Miedos 3D es una magnífica ocasión para arrastrarlos al cine y adentrarles en el universo del terror, a no ser que los dichosos críos os digan que prefieren esperar a la tercera entrega de Hostel… que es lo más probable.

¿Y qué hace una película como Miedos 3D, destinada a un público juvenil, en un lugar como Almas Oscuras? Dos razones: la primera es que la propuesta de Dante me hizo disfrutar (que se trate de un producto eminentemente juvenil no significa que los adultos no podamos disfrutarlo… que le pregunten a los tipos de Pixar). La segunda es una cuestión de pura nostalgia… Pese a que mis gustos actuales por el genéro terrorífico discurran por caminos muy distintos a Miedos 3D, sospecho que me hubiera encantado ver una película como esta cuando apenas era un mocoso preocupado por los primeros signos del acné juvenil.

Lo mejor: Es una buena película de terror juvenil.

Lo peor: Que con la excusa del dichoso 3D nos cobren una entrada más cara y un euro extra por las gafas.

Reverb

Algo pasa en el estudio de grabación

Reverb

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  • Título original: Reverb
  • Nacionalidad: UK | Año: 2008
  • Director: Eitan Arrusi
  • Guión: Eitan Arrusi
  • Intérpretes: Gregory, Eva Birthistle, Luke de Woolfson
  • Argumento: Maddy acompaña a Alex a terminar una canción en el estudio de grabación de un amigo. Pero en la pista de sonido, de repente, aparece un mensaje de auxilio...

50 |100

Estrellas: 3

Decía Alfred Hitchcock que era preferible partir de un tópico que acabar en uno. Tenía más razón que un santo, claro que también él era un privilegiado que podía permitirse decir eso, frente al resto de mortales que, lo más probable, es que acabemos en un tópico habiendo partido de uno. Dicha la cita culta del día, vamos a por “Reverb”, primera película de Eitan Arrusi.

Alex (Leo Gregory) y Maddy (Eva Birthistle) trabajan como teleoperadores en cualquier empresa de Londres; me refiero con lo de “cualquier empresa” a que, realmente, con verles el escaso minuto que les dedica el metraje a su manera de sobrevivir –todo un acierto- es suficiente para que entendamos que no les gusta su trabajo pero tienen que hacerlo, y que tienen otras inquietudes… (lamentablemente, esta historia es demasiado común); en el caso de Alex y Maddy, lo que los atrae es la música. Así que Maddy lleva a su amigo al estudio de grabación donde trabaja Dan (Luke de Woolfson) para pasar allí la noche. Dan les permite quedarse hasta las siete de la mañana, solos, por un precio por debajo del mercado; Alex quiere terminar una canción que, en sus propias palabras, puede darles fama y hacer que puedan dejar su trabajo.

El estudio de grabación es una maravilla: por fuera, es una vieja nave industrial inglesa; por dentro, una estancia moderna y sofisticada. Y, a los pocos minutos de estar allí, comienzas a tener miedo. Creo que, en este aspecto, Reverb hace suya una parte de la propuesta de House on Haunted Hill, de William Malone. Allí, se pretendía hacer una película de casa encantada a la vieja usanza pero en un entorno contemporáneo, pero creo que esta aspiración no estaba muy conseguida. En Reverb, sin embargo, el estudio moderno, el pasillo de moqueta con cristales translúcidos, la recepción vacía –agradable, con estilo, impersonal- se convierten en entornos hostiles y fantasmales donde es perfectamente posible que haya un morador sobrenatural… y es que, al poco de comenzar la sesión de grabación del nuevo tema de Alex, Maddy escucha algo en la pista original de audio. Gracias, por suerte, a la nueva tecnología del PC, consiguen aislar el sonido concreto y descifrarlo: una voz distorsionada grita “Ayuda”.

Comienza, así, el que sin duda es el mejor tramo de la película: ¿puede que la voz que pide ayuda no estuviera realmente en la pista original y se hubiera colado en la grabación? O sea: ¿hay alguien más en el edificio, a pesar de que Dan les dijo que se quedaban solos? Eitan Arrusi despliega, durante casi una hora de metraje, todos los recursos clásicos del cine de casa encantada, tópicos pero eficaces: sombras que acechan en las esquinas sin que los personajes se den cuenta, aparatos que se encienden solos, llamadas inquietantes, espacios indefinidos en penumbras, miradas sospechosas de los dos personajes… El tramo inicial, más de la mitad de la película, culmina bien con un descubrimiento igualmente inquietante. A su vez, ha dado las suficientes pistas como para que nos vayamos haciendo una idea de lo que puede estar sucediendo, todo ello narrado con bastante garra, estilo visual oscuro y brillante a la vez, y buenas interpretaciones por parte de los dos protagonistas. Es, sin lugar a dudas, un buen material el que se maneja a estas alturas de la película: historia clásica con las suficientes variaciones como para que parezca que está contando algo nuevo.

Mención aparte, por supuesto, merecen tanto fotografía como sonido. Sea porque Eitan Arrusi quisiera hacer una película con estilo, cool, contemporánea, sea porque esta historia en este entorno lo imponía –ojalá sea esto-, lo cierto es que fotografía y diseño de sonido están en consonancia absoluta con el lugar en el que se encuentran, y lo potencian. Creo, además, que esto es complicado: el interiorismo contemporáneo es bastante antiséptico y parece repeler cosas como humedades, telarañas o polvo, los elementos clásicos de este tipo de historia. En Reverb no los hay, y no se los hecha de menos. A fin de cuentas, estamos en un moderno estudio de sonido y, si hay algún espíritu, es el de un músico tipo Kurt Cobain. No tiene sentido ni cabida el castillo gótico. El montaje de sonido, por su parte, está plagado de zumbidos, ecos, bajos y altos bien colocados, levantando una planificación deudora –y mucho- del mejor Jaume Balagueró –y esto no es ninguna crítica ni ningún halago, sólo una constatación.

Reverb está organizada en dos noches en el estudio de grabación. La primera, casi una hora de metraje, ya ha terminado. Ahora llega la segunda.

Creo que en algunas historias hay que engañar. Con un poco de honestidad, pero hay que mentir, fingir que se va en una dirección para, llegado el momento, dar un giro y demostrar que se iba hacia otro lado. Esto no sucede en Reverb, y la sensación es muy frustrante. Todas las pistas que ha mostrado son correctas, todas las cartas –y algunas que no debía, porque revelan demasiado- estaban boca arriba desde el principio. No hay ningún as en la manga. En la segunda noche en el estudio de grabación ocurre exactamente lo que pensabas que iba a pasar. Rodado con mayor o menor fortuna, los acontecimientos se van sucediendo rutinariamente hasta llegar a un clímax facilón y previsible. Y, lo peor de todo, resuelto de un modo un poco ridículo. Realmente, cuando comienzan a aparecer los créditos de la película, tienes la sensación de que has perdido el tiempo; en ese sentido, me alegro sobremanera de haber hecho esta reseña. Así, he tenido que recordarla de principio a fin, repasando, por tanto, los buenos momentos –que los hay- y viendo, una vez más, cómo un mal final puede arruinar todo el trabajo que conlleva el hacer una hora y media de película.

Es mejor empezar en un tópico que acabar en él. Claro.

Reverb es, lamentablemente, el caso contrario. Parte de una situación original –un fantasma en un estudio de grabación- y la explota con toneladas de estilo y clase, encuentra su propio lenguaje a la hora de imaginar cómo sería un “espectro” de ese tipo en un entorno como este, y se recrea el tiempo suficiente en ello para ir dando pistas de lo que está pasando, a la par que nosotros, como espectadores, nos divertimos (asustamos) durante el recorrido. Pero, luego, llega la hora de las sorpresas, de dinamitar las expectativas y sustituirlas por otras nuevas, de vibrar porque nos han dado con la puerta en las narices con el plan maestro que había delante nuestra pero ni nos hemos dado cuenta… y se instala el vacío y la decepción.

Lo mejor: Tiene estilo, clase, y un clima muy bien conseguido en su primera mitad.

Lo peor: El clímax, sin ninguna duda.

La Centinela

Las puertas del infierno están abiertas

La Centinela

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  • Título original: The Sentinel
  • Nacionalidad: USA | Año: 1977
  • Director: Michael Winner
  • Guión: Jeffrey Konvitz
  • Intérpretes: Chris Sarandon, Cristina Raines, Martin Balsam
  • Argumento: La modelo Alison Parker se traslada a un viejo edificio de apartamentos. La aparición de unos extraños vecinos y las recurrentes pesadillas conducirán a Alison hacia su terrorífico destino.

73 |100

Estrellas: 4

La Centinela

Gracias a Bob Rock por la recomendación.

Hay dos momentos claves que convierten a La Centinela (The Sentinel, 1977) en una película no sólo rescatable, sino en una obra cumbre a caballo entre dos géneros, en ocasiones tan ligados, como son el satánico y el de las casas encantadas.

Uno de esos instantes es la desasosegante y extraña presencia de los vecinos del inmueble al que se traslada la protagonista de la película.
El otro es un apoteósico tramo final que eleva la cuota de horror y perversión de La Centinela hacia unos registros, hasta el momento, decididamente insospechados.

La Centinela cuenta la historia de Alison Parker (estupenda y bellísima Cristina Raines), una modelo en alza que en plena vorágine profesional y agobiada por el interés de su novio (un abogado de éxito interpretado por Chris Sarandon) por contraer matrimonio, decide mudarse a un viejo bloque de apartamentos para poder estar sola.

Una vez instalada en su nuevo piso, Alison será víctima de continuas pesadillas relacionadas con un oscuro y trágico acontecimiento perteneciente al pasado, y conocerá a sus insólitos, y cada vez más amenazadores, nuevos vecinos. Todo ello le obliga a plantearse si la recomendación de su agente inmobiliaria (una maravillosa Ava Gadner en plena madurez) no fue, quizás, la más acertada.

Michael Winner (más conocido por otorgarle a Charles Bronson el título oficial de vengador urbano en la saga Death Wish – Yo soy la Justicia), basándose en un guión de Jeffrey Konvitz (en el que adaptó su propia novela homónima), construye en La Centinela un intrigante y meritorio ejercicio de amenazas insinuadas, intangibles; de falsas y engañosas apariencias que, poco a poco, van cobrando forma hasta desembocar en un terror físico y emocional en el que el pasado es la clave para entender los horrores del presente y del futuro.

El poder de La Centinela se fundamenta en un enigmático clima de incertidumbre, en el que nada es lo que parece y en el que el terror se refugia bajo personajes y comportamientos, a simple vista, cotidianos.

Pero esa aparente cotidianidad se va transformando (al mismo ritmo en que se deteriora la salud física y psíquica de la protagonista, atormentada por unas terribles pesadillas que evocan un dramático pasaje de su vida) en algo enfermizo, sucio, depravado.
En este mismo sentido hay un par de momentos absolutamente magníficos: la fiesta de celebración del aniversario de un gato, que reúne a todos los vecinos del edificio en una secuencia en la que se respira un clima de agobiante locura; y la rompedora e incomodísima escena protagonizada por una joven e insana Beverly D’Angelo y su madura pareja (una escena que rompe todos los esquemas que nos hayamos podido crear sobre La Centinela hasta el momento y nos presenta una película mucho más tóxica y nociva de lo previsto).

De esta manera, siendo testigos del proceso de autodestrucción de la joven modelo, atormentada por un pasado que la persigue y atenaza hasta dejarla exhausta, y rodeada por las inquietantes presencias que suponen sus nuevos vecinos, La Centinela pone fin a su trayecto a través de un espeluznante tour de force en el que todo queda atado (y bien atado) y en el que se desborda (y se materializa) esa amenaza anteriormente sugerida mediante un impactante y aterrador tramo final que mezcla lo diabólico con lo monstruoso y lo deforme, lo mesiánico con lo apocalíptico; y que nos desvela un destino de la protagonista que, por más podamos intuirlo a mitad de película, no deja de ser sobrecogedor.

Visualmente sugerente (e incluso brillante, gracias sobre todo a la labor de maquillaje de Dick Smith), magníficamente interpretada (con un impresionante elenco de actores “secundarios” que incluye nombres propios de la talla de Ava Gadner, John Carradine, Eli Wallach, José Ferrer, Christopher Walken, Jeff Goldblum…), dotada de un armazón argumental sólido cómo una roca, un ritmo que apenas decae durante todo su metraje (únicamente flojean las secuencias protagonizadas en solitario por el novio de la protagonista), y un aterrador y polémico (*) tramo final; La Centinela se erige como una de las propuestas de género más sugerente, singular y desconocida de los 70. Imprescindible su recuperación.

(*) Para las secuecias del final de la película Michael Winner utilizó decenas de extras con deformidades físicas reales, lo que provocó cierta polémica en el momento de su estreno.

Lo mejor: el magnífico tránsito del terror más soterrado y sugerido al horror expreso y contundente del tramo final.

Lo peor: el personaje del novio de la protagonista.