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Reverb

Algo pasa en el estudio de grabación

Reverb

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  • Título original: Reverb
  • Nacionalidad: UK | Año: 2008
  • Director: Eitan Arrusi
  • Guión: Eitan Arrusi
  • Intérpretes: Gregory, Eva Birthistle, Luke de Woolfson
  • Argumento: Maddy acompaña a Alex a terminar una canción en el estudio de grabación de un amigo. Pero en la pista de sonido, de repente, aparece un mensaje de auxilio...

50 |100

Estrellas: 3

Decía Alfred Hitchcock que era preferible partir de un tópico que acabar en uno. Tenía más razón que un santo, claro que también él era un privilegiado que podía permitirse decir eso, frente al resto de mortales que, lo más probable, es que acabemos en un tópico habiendo partido de uno. Dicha la cita culta del día, vamos a por “Reverb”, primera película de Eitan Arrusi.

Alex (Leo Gregory) y Maddy (Eva Birthistle) trabajan como teleoperadores en cualquier empresa de Londres; me refiero con lo de “cualquier empresa” a que, realmente, con verles el escaso minuto que les dedica el metraje a su manera de sobrevivir –todo un acierto- es suficiente para que entendamos que no les gusta su trabajo pero tienen que hacerlo, y que tienen otras inquietudes… (lamentablemente, esta historia es demasiado común); en el caso de Alex y Maddy, lo que los atrae es la música. Así que Maddy lleva a su amigo al estudio de grabación donde trabaja Dan (Luke de Woolfson) para pasar allí la noche. Dan les permite quedarse hasta las siete de la mañana, solos, por un precio por debajo del mercado; Alex quiere terminar una canción que, en sus propias palabras, puede darles fama y hacer que puedan dejar su trabajo.

El estudio de grabación es una maravilla: por fuera, es una vieja nave industrial inglesa; por dentro, una estancia moderna y sofisticada. Y, a los pocos minutos de estar allí, comienzas a tener miedo. Creo que, en este aspecto, Reverb hace suya una parte de la propuesta de House on Haunted Hill, de William Malone. Allí, se pretendía hacer una película de casa encantada a la vieja usanza pero en un entorno contemporáneo, pero creo que esta aspiración no estaba muy conseguida. En Reverb, sin embargo, el estudio moderno, el pasillo de moqueta con cristales translúcidos, la recepción vacía –agradable, con estilo, impersonal- se convierten en entornos hostiles y fantasmales donde es perfectamente posible que haya un morador sobrenatural… y es que, al poco de comenzar la sesión de grabación del nuevo tema de Alex, Maddy escucha algo en la pista original de audio. Gracias, por suerte, a la nueva tecnología del PC, consiguen aislar el sonido concreto y descifrarlo: una voz distorsionada grita “Ayuda”.

Comienza, así, el que sin duda es el mejor tramo de la película: ¿puede que la voz que pide ayuda no estuviera realmente en la pista original y se hubiera colado en la grabación? O sea: ¿hay alguien más en el edificio, a pesar de que Dan les dijo que se quedaban solos? Eitan Arrusi despliega, durante casi una hora de metraje, todos los recursos clásicos del cine de casa encantada, tópicos pero eficaces: sombras que acechan en las esquinas sin que los personajes se den cuenta, aparatos que se encienden solos, llamadas inquietantes, espacios indefinidos en penumbras, miradas sospechosas de los dos personajes… El tramo inicial, más de la mitad de la película, culmina bien con un descubrimiento igualmente inquietante. A su vez, ha dado las suficientes pistas como para que nos vayamos haciendo una idea de lo que puede estar sucediendo, todo ello narrado con bastante garra, estilo visual oscuro y brillante a la vez, y buenas interpretaciones por parte de los dos protagonistas. Es, sin lugar a dudas, un buen material el que se maneja a estas alturas de la película: historia clásica con las suficientes variaciones como para que parezca que está contando algo nuevo.

Mención aparte, por supuesto, merecen tanto fotografía como sonido. Sea porque Eitan Arrusi quisiera hacer una película con estilo, cool, contemporánea, sea porque esta historia en este entorno lo imponía –ojalá sea esto-, lo cierto es que fotografía y diseño de sonido están en consonancia absoluta con el lugar en el que se encuentran, y lo potencian. Creo, además, que esto es complicado: el interiorismo contemporáneo es bastante antiséptico y parece repeler cosas como humedades, telarañas o polvo, los elementos clásicos de este tipo de historia. En Reverb no los hay, y no se los hecha de menos. A fin de cuentas, estamos en un moderno estudio de sonido y, si hay algún espíritu, es el de un músico tipo Kurt Cobain. No tiene sentido ni cabida el castillo gótico. El montaje de sonido, por su parte, está plagado de zumbidos, ecos, bajos y altos bien colocados, levantando una planificación deudora –y mucho- del mejor Jaume Balagueró –y esto no es ninguna crítica ni ningún halago, sólo una constatación.

Reverb está organizada en dos noches en el estudio de grabación. La primera, casi una hora de metraje, ya ha terminado. Ahora llega la segunda.

Creo que en algunas historias hay que engañar. Con un poco de honestidad, pero hay que mentir, fingir que se va en una dirección para, llegado el momento, dar un giro y demostrar que se iba hacia otro lado. Esto no sucede en Reverb, y la sensación es muy frustrante. Todas las pistas que ha mostrado son correctas, todas las cartas –y algunas que no debía, porque revelan demasiado- estaban boca arriba desde el principio. No hay ningún as en la manga. En la segunda noche en el estudio de grabación ocurre exactamente lo que pensabas que iba a pasar. Rodado con mayor o menor fortuna, los acontecimientos se van sucediendo rutinariamente hasta llegar a un clímax facilón y previsible. Y, lo peor de todo, resuelto de un modo un poco ridículo. Realmente, cuando comienzan a aparecer los créditos de la película, tienes la sensación de que has perdido el tiempo; en ese sentido, me alegro sobremanera de haber hecho esta reseña. Así, he tenido que recordarla de principio a fin, repasando, por tanto, los buenos momentos –que los hay- y viendo, una vez más, cómo un mal final puede arruinar todo el trabajo que conlleva el hacer una hora y media de película.

Es mejor empezar en un tópico que acabar en él. Claro.

Reverb es, lamentablemente, el caso contrario. Parte de una situación original –un fantasma en un estudio de grabación- y la explota con toneladas de estilo y clase, encuentra su propio lenguaje a la hora de imaginar cómo sería un “espectro” de ese tipo en un entorno como este, y se recrea el tiempo suficiente en ello para ir dando pistas de lo que está pasando, a la par que nosotros, como espectadores, nos divertimos (asustamos) durante el recorrido. Pero, luego, llega la hora de las sorpresas, de dinamitar las expectativas y sustituirlas por otras nuevas, de vibrar porque nos han dado con la puerta en las narices con el plan maestro que había delante nuestra pero ni nos hemos dado cuenta… y se instala el vacío y la decepción.

Lo mejor: Tiene estilo, clase, y un clima muy bien conseguido en su primera mitad.

Lo peor: El clímax, sin ninguna duda.

La Centinela

Las puertas del infierno están abiertas

La Centinela

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  • Título original: The Sentinel
  • Nacionalidad: USA | Año: 1977
  • Director: Michael Winner
  • Guión: Jeffrey Konvitz
  • Intérpretes: Chris Sarandon, Cristina Raines, Martin Balsam
  • Argumento: La modelo Alison Parker se traslada a un viejo edificio de apartamentos. La aparición de unos extraños vecinos y las recurrentes pesadillas conducirán a Alison hacia su terrorífico destino.

73 |100

Estrellas: 4

La Centinela

Gracias a Bob Rock por la recomendación.

Hay dos momentos claves que convierten a La Centinela (The Sentinel, 1977) en una película no sólo rescatable, sino en una obra cumbre a caballo entre dos géneros, en ocasiones tan ligados, como son el satánico y el de las casas encantadas.

Uno de esos instantes es la desasosegante y extraña presencia de los vecinos del inmueble al que se traslada la protagonista de la película.
El otro es un apoteósico tramo final que eleva la cuota de horror y perversión de La Centinela hacia unos registros, hasta el momento, decididamente insospechados.

La Centinela cuenta la historia de Alison Parker (estupenda y bellísima Cristina Raines), una modelo en alza que en plena vorágine profesional y agobiada por el interés de su novio (un abogado de éxito interpretado por Chris Sarandon) por contraer matrimonio, decide mudarse a un viejo bloque de apartamentos para poder estar sola.

Una vez instalada en su nuevo piso, Alison será víctima de continuas pesadillas relacionadas con un oscuro y trágico acontecimiento perteneciente al pasado, y conocerá a sus insólitos, y cada vez más amenazadores, nuevos vecinos. Todo ello le obliga a plantearse si la recomendación de su agente inmobiliaria (una maravillosa Ava Gadner en plena madurez) no fue, quizás, la más acertada.

Michael Winner (más conocido por otorgarle a Charles Bronson el título oficial de vengador urbano en la saga Death Wish – Yo soy la Justicia), basándose en un guión de Jeffrey Konvitz (en el que adaptó su propia novela homónima), construye en La Centinela un intrigante y meritorio ejercicio de amenazas insinuadas, intangibles; de falsas y engañosas apariencias que, poco a poco, van cobrando forma hasta desembocar en un terror físico y emocional en el que el pasado es la clave para entender los horrores del presente y del futuro.

El poder de La Centinela se fundamenta en un enigmático clima de incertidumbre, en el que nada es lo que parece y en el que el terror se refugia bajo personajes y comportamientos, a simple vista, cotidianos.

Pero esa aparente cotidianidad se va transformando (al mismo ritmo en que se deteriora la salud física y psíquica de la protagonista, atormentada por unas terribles pesadillas que evocan un dramático pasaje de su vida) en algo enfermizo, sucio, depravado.
En este mismo sentido hay un par de momentos absolutamente magníficos: la fiesta de celebración del aniversario de un gato, que reúne a todos los vecinos del edificio en una secuencia en la que se respira un clima de agobiante locura; y la rompedora e incomodísima escena protagonizada por una joven e insana Beverly D’Angelo y su madura pareja (una escena que rompe todos los esquemas que nos hayamos podido crear sobre La Centinela hasta el momento y nos presenta una película mucho más tóxica y nociva de lo previsto).

De esta manera, siendo testigos del proceso de autodestrucción de la joven modelo, atormentada por un pasado que la persigue y atenaza hasta dejarla exhausta, y rodeada por las inquietantes presencias que suponen sus nuevos vecinos, La Centinela pone fin a su trayecto a través de un espeluznante tour de force en el que todo queda atado (y bien atado) y en el que se desborda (y se materializa) esa amenaza anteriormente sugerida mediante un impactante y aterrador tramo final que mezcla lo diabólico con lo monstruoso y lo deforme, lo mesiánico con lo apocalíptico; y que nos desvela un destino de la protagonista que, por más podamos intuirlo a mitad de película, no deja de ser sobrecogedor.

Visualmente sugerente (e incluso brillante, gracias sobre todo a la labor de maquillaje de Dick Smith), magníficamente interpretada (con un impresionante elenco de actores “secundarios” que incluye nombres propios de la talla de Ava Gadner, John Carradine, Eli Wallach, José Ferrer, Christopher Walken, Jeff Goldblum…), dotada de un armazón argumental sólido cómo una roca, un ritmo que apenas decae durante todo su metraje (únicamente flojean las secuencias protagonizadas en solitario por el novio de la protagonista), y un aterrador y polémico (*) tramo final; La Centinela se erige como una de las propuestas de género más sugerente, singular y desconocida de los 70. Imprescindible su recuperación.

(*) Para las secuecias del final de la película Michael Winner utilizó decenas de extras con deformidades físicas reales, lo que provocó cierta polémica en el momento de su estreno.

Lo mejor: el magnífico tránsito del terror más soterrado y sugerido al horror expreso y contundente del tramo final.

Lo peor: el personaje del novio de la protagonista.

Exorcismo en Connecticut

Tópicos y más tópicos tras los muros de una casa maldita

Exorcismo en Connecticut

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  • Título original: The Haunting in Connecticut
  • Nacionalidad: USA | Año: 2009
  • Director: Peter Cornwell
  • Guión: Tim Metcalfe and Adam Simon
  • Intérpretes: Virginia Madsen, Tim Metcalfe, Elias Koteas
  • Argumento: Una família, destrozada por la grave enfermedad del hijo mayor, se traslada a una viaje casa en Connecticut. Tras los muros de su nuevo hogar se esconde un terrible secreto que no tardará en amenazar sus vidas.

49 |100

Estrellas: 2

Exorcismo en Connecticut

No se le pueden pedir más a Exorcismo en Connecticut. Los abarca todos, absolutamente todos. No se deja ni uno solo por el camino.

Supuestamente basada en hechos reales (bufff, que pereza que me da escribir esta frase), Exorcismo en Connecticut cuenta la historia de una familia que, a causa de la dramática enfermedad del hijo mayor, se ve obligada a mudarse a un viejo caserón en Connecticut. Como no podía ser de otra manera, las cuatro paredes de la casa esconden un terrible secreto relacionado íntimamente con el mundo de los muertos que pondrá en jaque la integridad de todos los miembros de la familia.

Exorcismo en Connecticut es algo así cómo una desquiciada competición por reunir, en el menor tiempo posible, el mayor número de tópicos y clichés pertenecientes al actual cine de terror. Cómo ya he apuntado antes los tiene todos: espejos en los que más vale no reflejarse, sombras que deambulan por la casa con la única compañía del consabido efecto de audio que amenaza la salud de nuestros tímpanos, la secuencia que acaba siendo una simple pesadilla, puertas que no se abren, puertas que se abren y se cierran sin ayuda de nadie, puertas que chirrían… por tener, incluso tenemos la escena de la ducha. No falta de nada.

¿El resultado final? Un puzzle (pastiche) del que conocemos todas sus piezas y también la forma exacta en que cada una de ellas encaja. Un par o tres de piezas del puzzle pertenecen a Poltergeist (Tobe Hooper, 1982), otro par a Terror en Amityville (Stuart Rosenberg, 1979), o a su remake, La Morada del Miedo (Andrew Douglas, 2005), algunas piezas más de House on Haunted Hill (William Malone, 1999) o La Guarida (Jan de Bont, 1999), y el resto de piezas extraídas de cualquier otra película perteneciente al género de casas encantadas que se os pase por la cabeza en este precisa instante.

Bajo este escenario, al debutante Peter Cornwell sólo le quedaba una vía de escape para salvar los muebles: el afortunado reciclaje de ideas. Agarrar todos esos clichés y tópicos, transformarlos, darles la vuelta, añadir elementos de su propia cosecha, y rezar para que el resultado final fuera lo suficientemente atractivo e innovador como para insuflarle nueva vida a su película. Por desgracia no es este el caso de Exorcismo en Connecticut.

Previsible y pronosticable en grado máximo, todo lo que nos ofrece Exorcismo en Connecticut ya lo hemos visto antes… y en muchas ocasiones, mejor. Y es que, al margen de que conozcamos de antemano todos los trucos que nos depara una película como Exorcismo en Connecticut, lo cierto es que el montaje demasiado acelerado y con exceso de planos en algunos de sus momentos, supuestamente, de mayor impacto, juega decididamente en su contra.

Lo que nos queda, nuevamente, es una película de terror que viaja con el piloto automático a pleno rendimiento. Conocemos todos sus sustos, todos sus sobresaltos, hemos vivido con anterioridad sus momentos de tensión y nos resulta familiar cada rincón de la casa. No hay un solo plano en Exorcismo en Connecticut que desprenda un cierto aroma a originalidad, a innovación. Hemos pisado ese mismo terreno en decenas de ocasiones.

Por supuesto no es la primera vez que esto ocurre. En realidad, y por desgracia, ya nos estamos acostumbrando. Sin ir más lejos, a principios de este mismo año, el bueno de David S. Goyer ya nos regaló una antología de trasnochados clichés sobre el cine de fantasmas en su paupérrima y prescindible La Semilla del Mal.
Por suerte Peter Cornwell no es David S. Goyer, y al menos Exorcismo en Connecticut nos regala a un director con un prometedor y nada desdeñable talento visual, lo cual unido a la más que aceptable labor de todos sus intérpretes (destacando las presencias siempre solventes de Virginia Madsen y Elias Koteas), y una parte final que contiene algunas de las imágenes y momentos más intensos de la película (aunque desde el punto de vista argumental deje bastante que desear), consiguen salvar in extremis a Exorcismo en Connecticut del desastre total. Es posible, incluso, que los más acérrimos y voluntariosos aficionados al subgénero de las casas encantadas y los fantasmas logren disfrutar de ella. Quién sabe…

Y para finalizar una pregunta malintencionada ¿a qué demonios espera esta familia para abandonar la casa lo antes posible y cómo alma que persigue el diablo?... sobre todo teniendo en cuenta que cuentan con otra casa de la que están pagando una hipoteca.

Lo mejor: Un final con algunos aciertos visuales y los actores.

Lo peor: Es un océano de tópicos.

House

¿Estaré condenado al infierno por no gustarme la película?

House

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  • Título original: House
  • Nacionalidad: USA | Año: 2008
  • Director: Robby Henson
  • Guión: Frank Peretti, Rob Green
  • Intérpretes: Michael Madsen, Reynaldo Rosales y Heidi Dippold
  • Argumento: Cuatro víctimas de un accidente, acosados por un asesino en serie, deberán hacer frente a sus pasados para escapar con vida de una siniestra casa.

25 |100

Estrellas: 2

Cada día se aprende algo nuevo. O al menos eso es lo que suele decirse.
Con "House", la película dirigida por el norteamericano Robby Henson, basándose en una novela de Ted Dakker y Frank Peretti, he descubierto un nuevo subgénero que, en los últimos tiempo, ha venido a denominarse “terror cristiano”.

Reconozco que la primera vez que escuché el término me pareció una absoluta ridiculez. ¿Definir todo un género basándose en unas determinadas creencias religiosas? No lo veía nada claro. Ni siquiera me pareció, en su momento, un concepto estrictamente novedoso. ¿Acaso los crucifijos y el agua bendita no son objetos de índole cristiana capaces de mantener a raya a los vampiros?¿O el padre Karras no puso a prueba su fe ante el mismísimo diablo en la clásica “El Exorcista”?
Da la impresión de que el mencionado “terror cristiano” ha existido desde siempre. Pero no es así. Por lo menos no en los términos expresados en "House".
La película de Robby Henson, en su tercio final, va más allá. Mucho más allá. Explorando campos que desconocía en un film de terror.

House

Pero no adelantemos acontecimientos.
Todo lo que "House" es capaz de ofrecernos previamente a su vergonzosa resolución (ya lo he dicho), es una película de terror de la que difícilmente podemos destacar alguna idea o planteamiento remotamente original, pero de la que, posiblemente, tampoco acabaremos aborreciendo ninguna de sus propuestas.
El paradigma de los que significa estar en la media. No destacar ni para bien, ni para mal. El gris como color de fondo.

"House" nos cuenta la historia de dos parejas que viajan en coche y sufren un accidente que les obliga a pasar la noche en un terrorífica casa con habitaciones de alquiler; propiedad de una família de energúmenos no menos terroríficos.
La cosa se complica al entrar en escena un asesino en serie (máscara de acero incluída), obsesionado con dejar mensajes en una lata metálica reclamando, a modo de tributo, una víctima mortal antes de que amanezca, a cambio de salvar la vida del resto de los habitantes de la casa.
Todos los presentes deberán luchar por su supervivencia, haciendo frente para ello a sus demonios del pasado.

A partir de un planteamiento inicial no exento de cierto interés, "House" no se avergüenza de hacer uso de todos los tópicos habidos y por haber en el género de las casas malditas: una fuerte tormenta que, casualmente, estalla nada más entrar los protagonistas en la casa, una recepción misteriosamente desatendida, unos propietarios salidos de la Casa del Terror de cualquier feria ambulante (en un momento dado, una de las protagonistas susurra a su compañero: “Hay algo extraño en esta gente”. ¡Qué perspicacia! ¡Pero si uno de ellos es la viva imágen del mayordomo de la Família Addams!), y unos visitantes que no disponen del mínimo sentido común para alejarse de ese lugar lo antes posible, y cuanto más lejos mejor.

Pero, pese a que nos lo sabemos todo de memoria, la película consigue ser entretenida. Gracias a una buena ambientación (y una excelente fotografia), unas actuaciones competentes, un ritmo que no decáe, una historia que no pierde fuerza con el paso de los minutos... logramos pasar un buen rato con lo que parece ser una película de terror sin demasiadas pretensiones, pero perfectamente disfrutable (pese a estar condenada a no permanecer demasiado tiempo en nuestra memoria).

¿Qué ocurre entonces en su tercio final para que todo lo logrado con anterioridad acabe tirado por la borda? Muy sencillo. No me gusta que me impongan lecciones de ningún tipo. Sobre todo si son lecciones de fe que no tengo la necesidad –ni la voluntad- de compartir; y mucho menos si esos dogmas de fe intentan colármelos impunemente en una película de terror.

El final de "House" causa vergüenza ajena por su obviedad y falta de escrúpulos a la hora de transmitir un mensaje que no se cansa en repetir, una y otra vez: si no eres bueno con Dios, arderás en el infierno.
No me molesta tanto el mensaje cómo la forma tan descarada en la que intentan inculcárnoslo. Uno de los personajes que cobra importancia en este tramo final de la película (una niña que parece recién salida de una película japonesa de fantasmas) no se cansa de recordarnos que “solamente la luz vencerá a la oscuridad”. Lo repite hasta en tres ocasiones distintas en un período escaso de veinte minutos.
Y la cosa llega al disparate más absurdo cuando una misteriosa luz, salida de no se sabe dónde, ilumina a la pareja protagonista, que logra vencer esos instintos primarios a los que antes hacía referencia, y actuar acorde a los designios del señor.

No me malinterpreteis. No tengo nada en contra de la religión cristiana ni de ninguna otra religión. Pero que intenten reclamarme para la causa de forma tan flagrante y panfletaria, acaba convirtiéndose en un insulto para mi inteligencia.

Si esto es el “terror cristiano”, yo paso...

Lo mejor: Antes de llegar al final, la película consigue ser entretenida.

Lo peor: Un final de auténtica catequesis.