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Forget me not

Intentaré hacerlo

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  • Título original: Forget me not
  • Nacionalidad: USA | Año: 2009
  • Director: Tyler Oliver
  • Guión: Tyler Oliver, Jamie Stern
  • Intérpretes: Carly Schroeder, Cody Linley, Brie Gabrielle
  • Argumento: Después de su graduación un grupo de amigos decide jugar, en el cementerio local, al juego de "te atrapa el fantasma". Lo que nunca imaginaron es que se convertiría en realidad.

50 |100

Estrellas: 2

¿Qué pasa si mezclas a jóvenes y guapos actores, curtidos en las series de televisión norteamericanas más estomagantes, con maldiciones fantasmales? Pues que tenemos la película de terror adolescente prototípica para esa nueva generación crecida al abrigo de Hannah Montana y las gemelas Olsen. Bienvenidos al reino de los cuerpos perfectos y los cerebros de todo a cien. Pasen, vean, rían y lloren con Forget me not (No me olvides).

De toda la vida me ha gustado este subgénero del terror por lo poco exigente que es y, sobre todo, por ver guapos adolescentes americanos siendo torturados de una forma u otra. Siempre he sentido que la realidad para un joven en un instituto está tan lejos de lo presentado en los Destino Final , que ver una película de estas características me parece un ejercicio de humor macabro bien sano. Si además los resultados son satisfactorios a nivel de FX, actuaciones, guión y, especialmente, humillaciones para los personajes arquetípicos que desfilan por pantalla; pues mucho mejor.

¿Qué tiene entonces que ofrecer Forget me not en este terreno? En el lado positivo contamos con ciertos detalles bien construidos, en concreto la línea argumental que aúna el terror “teen” con maldiciones fantasmagóricas, muy al estilo de las películas orientales de reciente cuño como La Maldición ó One Missed Call; línea que a pesar de no ser muy original tiene un puntito que llega a interesar al espectador. En el lado negativo tenemos unos personajes que van a provocar extrema vergüenza ajena en el 95% de los visionados, así como una desgana narrativa y una dirección anodina que quizá se pueda perdonar por ser la opera prima de su director, Tyler Oliver.

Entonces ubiquémonos y averigüemos un poco de lo que sucede a los jóvenes más guapos, salvajes y divertidos de una pequeña ciudad estadounidense:

Sandy (Carly Schroeder) y su hermano Eli (Cody Linley) por fin han terminado la secundaria y se han graduado. Un futuro de juergas interminables les espera como universitarios. Pero, ¿quién les impide ir calentando motores antes de que empiece el verano? Junto con los amigos de toda la vida, deciden dar una fiesta por todo lo alto: alcohol, trikinis, marihuana, sexo adolescente y nada de grasa.
Bien borrachos y no menos calientes, los jóvenes amigos de Sandy tienen la original idea de jugar a un juego en el cementerio de la ciudad. El juego de los fantasmas. Las chicas, convenientemente asustadas para que sus gallitos las achuchen, acceden picaras a dicho juego. Entre risillas y magreos se dirigen en sus cochazos, comprados por papa, al camposanto.
Ya en el cementerio, una vieja amiga huerfana de Sandy que reside en el orfanato cercano, quiere unirse al juego. Aunque la chica es un poco rara, como también es muy atractiva la dejan jugar sin problemas. El juego consiste en que uno de los chicos hace de fantasma y va pillando uno a uno a los otros jugadores que se pasan a su bando. El último que queda sin pillar es el que gana. Vamos, el típico juego del recreo para niños de doce años, pero jugado en un cementerio por pre-universitarios. ¡Un bravo por el futuro de los EEUU!
A todo esto, la amiga rara llamada Angela, sufre una ida de cabeza y se lanza por un precipicio delante de Sandy acusándola de olvidar. Y es que algo se cocía entre ellas dos. Algo que, al haberlo olvidado Sandy, provoca que el juego fantasmal se haga realidad.
A partir de esa noche, una fuerza sobrenatural vengativa se va llevando a todos los participantes en el juego. Los chicos desaparecidos se llevan consigo todo rastro de su existencia. Es decir, si los fantasmas se te llevan, pasas a engrosar sus filas y todo recuerdo de ti se borra en el mundo de los vivos.
Solo Sandy se acuerda de los amigos desaparecidos pero nadie la cree. Su única opción es desenmarañar poco a poco su pasado si quiere acudir a la universidad y poder ingresar en una de esas fraternidades famosas por sus fiestas.

Tópicos, tópicos y más tópicos. No quiero hacer mucha sangre con este tema porque es algo que el aficionado al terror sublima en pro de visionar las cintas de su género favorito sin darse mucho mal, pero…¡Dios mío, vaya hartazgo de clichés! Como español de treinta y pocos, no puedo dejar de sentir un distanciamiento abismal con Forget me not, tanto cultural como mental (algo que no me ha impedido disfrutar otras películas “teen”). Dejé la adolescencia hace mucho tiempo pero aun así soy capaz de disfrutar de las chorradas más adolescentes que te puedas echar a la cara. Siempre, claro, que tengan algo especial (ó al menos eso quiero pensar para no darme cuenta de que soy un poco gañan). En el caso de esta película, me vi superado totalmente. Los personajes son tan vomitivos, tan estupidos, tan norteamericanos; que superaron mi resistencia a este tipo de cine. Ni siquiera las peripecias que viven me llegaron a divertir (más que tenían que haber sufrido). Para resumirlo, solo tenemos gallitos y gallinitas durante más de hora y media. Una vez metidos en la trama terrorífica, parece que la protagonista se aleje un poco de los clichés de joven calentorra; pero el resto son unos completos gilipollas (muy guapos, eso sí) todo el metraje. Atención a esta perlita: ¿Quieres conseguir alcohol en una tienda y eres menor de edad? Lanza a tu amiga la tetona a que le haga una felación al dependiente mientras vosotros robáis una botellita del rico Jack Daniels. ¿Hacía falta tirarse a un tio con cara de lelo para conseguir unas copitas? Sin paños calientes. Mi abuela diría que esa chica es un poco ligera de cascos, yo no se que decir directamente.

Una vez superado el mal trago de unos personajes arquetípicos capaz de poner nervioso a un muerto (no me extraña que los persigan los fantasmas) podemos empezar a vislumbrar más detalles de la película. Ligados a los caracteres están los actores, toda una caterva de niñatos guapos que vienen de la televisión estadounidense. Pues, la verdad, no se si por extremo grado de afinidad con sus personajes, pero los muchachos no lo hacen mal. Aunque, con esto que he dicho, no se si les estoy haciendo un cumplido ó insultándolos directamente.
En cuanto al diseño de los fantasmas, surge una cuestión que me choco en cierta medida. Los espíritus resultan a veces cutres y con un aspecto que cuesta tomarse en serio (máscaras + CGI de campaña = resultón pero nada más), lo curioso es que el final de la película (sin mucha vuelta de tuerca) desvela porque tienen esas pintas de llevar disfraces de saldo. Un acierto es el uso de movimientos espasmódicos en su deambular, obviamente robado de las películas orientales de horror. Lo que falla estrepitosamente es el ritmo de sus apariciones: predecibles y provocando muertes del montón, sin nada de tensión. No es que estén mal, es que son algo visto cientos de veces.

Otro detalle, y esto ya tiene que ver con el guión, es que cuando un personaje muere; automáticamente su existencia desaparece de la memoria del mundo, incluso cambiando (ligeramente) el transcurso de los acontecimientos pasados. Algo que está muy bien pensado y que podría habernos proporcionado buenos momentos si se hubiese tratado con más profundidad y con más sosiego. Da pena ver como ese concepto se desaprovecha en pro de seguir con más muertes y jovencitos dando vueltas a diálogos que no llevan a ninguna parte. Se hace patente en seguida que el objetivo de Forget me not es satisfacer a adolescentes de una forma directa y, para ello, mejor no meterse en metafísica. Así mismo, el guión (firmado por el director y otro desconocido, llamado Jaime Stern) hace aguas en cuanto al desarrollo de la historia. Muy lineal y con falta de elegancia para presentar, por ejemplo, la razón de que el juego fantasmal se haga realidad. Nada que no podamos encontrar en cualquier otro DVD de videoclub, además sin pizca de ironía, la cual hubiese funcionado fenomenal con unos personajes tan planos.

El resto de la producción pasa por una normalidad aplastante dentro de su contexto de cinta de entretenimiento para gente joven: Una fotografía discreta, una banda sonora que nos regala de vez en cuando temas muy “cools” y un montaje algo chusco pero que al menos aporta ritmo a la película.

He de reconocer que su nota sube si te dejas llevar por la morbosidad de ver a caracteres tan patéticos haciendo el ridículo y gritando cuando aparecen los consabidos espectros. De lo mejor, es ver al ridículo hermano de Sandy contando como le gustaría ser pirata (sí sí, de los de parche y loro) en cuanto tiene ocasión. Con eso consigue que cuando llega su hora te alegres oscura y cruelmente. También podrá resultar apetecible a aquellos que quieran ver muchachitos y chavalitas de cuerpos perfectos, haciendo el golfo (en vez de comprarte el Primera Línea pues le echas un tiento a Forget me not) Si tampoco has visto muchas películas de terror y todavía no pasas de los veinticinco pues podrás transigir con la falta de cariño hacia el espectador que tiene este film (y que pese a lo que pueda parecer es apto para mayores de catorce años).

Al que busque algo más que cuerpos bonitos y sonrisas brillantes en una trama de dudoso valor como divertimento pero no quiera renunciar al espírtu American Teenager….os toca esperar a otra ocasión, ¿tal vez Scream 4? Ya se que los protagonistas de Scream están creciditos, pero sigue siendo terror adolescente ¿no?

Lo mejor: Dejarse llevar por el morbo y disfrutar viendo el sufrimiento de los protagonistas.

Lo peor: Con creces, los personajes estupidos y creidos.

Ghost Machine

Terrorismo fantasmal en la realidad virtual

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  • Título original: Ghost Machine
  • Nacionalidad: UK | Año: 2009
  • Director: Chris Hartwill
  • Guión: Sven Hughes, Malachi Smyth
  • Intérpretes: Sean Faris, Rachael Taylor, Luke Ford
  • Argumento: En unas instalaciones militares secretas de Gran Bretaña se entrena a soldados con la última tecnología en realidad virtual. Pero algo sale mal y en la red se despierta un ente sediento de venganza.

45 |100

Estrellas: 2

¿De qué va todo esto?

Unos militares empujan con violencia a una mujer esposada y con la cara cubierta. La llevan entre varios a la celda de un edificio que ha visto sus mejores años. La golpean, la torturan, la amenazan y en los fríos pasillos que rodean su celda solo se oyen sus gritos y lamentos.

9 años después…

El gobierno británico explota las nuevas tecnologías en una base secreta a las afueras de una pequeña ciudad irlandesa. Están usando un último sistema en realidad virtual para el entrenamiento de fuerzas especiales. Todo parece desarrollarse sin problemas hasta una típica noche de viernes. Tom (Sean Faris) es el jefe del proyecto experimental subvencionado por una corporación ajena a las fuerzas armadas, un hombre dedicado a su trabajo. Entre el y su ayudante Vic (Luke Ford) deciden probar, con un par de adictos a los videojuegos, el sistema a máximo rendimiento. Si de paso se corren una buena juerga mejor que mejor. No en vano es viernes y ellos son jóvenes promesas dentro de su empresa.

La fiesta se celebra lejos de la base, en la vieja prisión donde trabaja como guarda uno de los invitados. Los fríos pasillos reciben a los dos técnicos devolviéndoles el eco de sus chistes y bromas. Tras conectar los dispositivos y crear un soporte dentro del procesador central que replique la estructura del edificio, proceden a conectar a sus dos amigos para que comience el juego.

Durante los preparativos, Jess (Rachael Taylor), la novia de Vic, que entrena como marine en las mismas instalaciones de las que su pareja ha extraído el material de alta seguridad para sus juegos; ha dejado su camareta en busca de su chico. No debería haber dejado que se marchase con Tom tan alegremente porque saben de lo que son capaces. Por fortuna, ha descubierto en que prisión buscar.

La capacidad de las maquinas para emular un entorno real de combate son impresionantes. Sus sentidos están subyugados. El olor de la pólvora tras un disparo, el color de la sangre de los enemigos no jugadores…todo es tan real. Incluso esa sombra que perciben por el rabillo del ojo. Una figura negra, con el rostro embozado bajo un saco de tela vieja. Una silueta rodeada de cadenas. Un recuerdo del pasado que se aferrará a su venganza contra los vivos a cualquier precio…

¿Cómo llegué a ver todo esto?

Llegué hasta esta cinta por pura casualidad. Me intento patear todos los medios para descubrir una película de mi género favorito, terror, cuyo visionado no produzca una excesiva muerte de neuronas por simple tedio. Así que cuando me encontré con Ghost Machine, de un tal Chris Hartwill, cuya portada era más que horrible, con un argumento muy de serie B y con unos actores que ni me sonaban; pensé ensimismado: “¿Y si este es uno de los ‘sleepers’ del año?”. En el mundillo del videojuego se conoce como ‘sleeper’ a los juegos que sin hacer mucho ruido contienen una calidad y jugabilidad reconocida por los usuarios (dada la temática me parecía acertado usar el termino). Cierto que algunas críticas especializadas en Internet hicieron medrar esa sensación de estar ante una película entretenida, pero en mayor medida tenía la esperanza de que un film británico sobre realidad virtual y fantasmas podría ser un soplo de aire fresco a esta especie de fiebre del remake, olas de zombies y fantasías demasiado irrelevantes ó presuntuosas. Quizás el recuerdo de Dog Soldiers me empujo un poco hacia esta producción.

Bueno, en cuanto a eso de mi desconocimiento sobre el casting he estado un poco exagerado. Conocía a la guapa y rubísima actriz australiana Rachael Taylor, que aquí ejerce como co-protagonista mostrando esfuerzo en su trabajo pero pocas cualidades interpretativas. Exactamente igual que en otros proyectos en los que ha participado: Man-Thing, Transformers ó Shutter. Para mi solo es una guapa más de las tantas que pueblan la gran pantalla. Obviamente este factor no me influyo para decidirme por Ghost Machine.

Tenía por delante hora y media de apariciones espectrales y efectos especiales de bajo presupuesto pero bien conseguidos (según esas críticas bien intencionadas), un mínimo de interés y una predisposición sana a divertirme con poco. No creo que ningún director de serie B pudiese pedir un espectador mejor. Evidentemente, algún familiar hubiera estado más optimistamente predispuesto, pero no hay nada más enriquecedor para una manifestación artística como una opinión objetiva. Y aunque parezca un comentario baladí, tras leer más y más comentarios sobre proyectos independientes como este que nos ocupa, me doy cuenta de que la objetividad y la exigencia va siendo un bien escaso en la generación del microchip. El género fantástico padece de una condescendencia que nos debería sacar los colores a los aficionados. Después de esta perorata vamos al meollo del asunto.

¿Cómo me sentó todo esto?

El inicio, descrito profusamente en los primeros párrafos de esta reseña, no prometía ni mucho ni poco. Una mujer maltratada que sabemos, desde el segundo uno de proyección, va a ser un horrendo espíritu vengativo y, por ende, toda la madre del cordero. Luego, y a posteriori del manido letrero “9 years later”, vemos unos entrenamientos virtuales bien traídos y con unas dosis de acción acordes al binomio guerra/marines modernos. La fotografía convence, y sin ser nada especial denota una frialdad más europea que estadounidense; lo cual es un punto a su favor. Ya que el objetivo de la cinta es narrar venganzas espectrales a través de maquinas modernas. Vamos, que no es una comedia.
Continuo viendo la película y los jóvenes actores ya me empezaban a escamar: Ninguno conoce el significado de las palabras “casta” y “carácter”. Un sueldo, una película directa al videoclub y a dormir que mañana será otro día. Si tuviera que destacar a alguien sería a Sean Faris (Tom), aunque no se si por sus dotes interpretativas ó por su severo parecido con Tom Cruise. De hecho, el que su personaje se llame como el famoso actor no dejaba de resultarme gracioso, acabando por caerme simpático y todo.

Finalmente, al llegar la línea argumental hasta la prisión; la bomba marrón acaba por detonar. Los dos fenómenos que se disponen a probar el sistema, son dos viciados a los videojuegos que se ganaron mi odio nada más aparecer. ¡Favorezcamos los tópicos! Rodeados de marihuana, patatas fritas, cerveza y porno; ¿estos cabezas huecas se proponen probar la tecnología más cara y experimental de todo el imperio británico? Y por mucho que quieran colarnos un giro argumental al final de la película para hacernos creíble tamaña chorrada; la realidad es que desde el minuto quince hasta el final tenemos la sensación de ver bobada tras bobada con algún destello de calidad discutible. Desgraciadamente, no solo estos dos personajes me pusieron de los nervios. El jefe de los entrenamientos tiene un papel destacado en la trama como secundario, y es precisamente cuando se revela dicho papel con su aparición estelar en la prisión cuando ya la película se complace en dar lo peor y lo más tópico de la serie B terrorífica. No descarteis incluso referencias gratuitas a Guantanamo, una lastima.

Por resumirlo brevemente, los guionistas (Sven Hughes y M. Smyth) intentan reinsertar el clásico cuento gótico de fantasma vengativo, con cadenas incluidas, en la época actual a través de las nuevas tecnologías. En algún sitio he leído que el marco temporal del film es un futuro cercano, bueno como no quiero cabrearme solo diré que a día de hoy los modelos de PSP que se pueden comprar son más modernos que los mostrados en Ghost Machine.

Retornando a los destellos de calidad, destacar las transiciones entre realidad e irrealidad que sufren los protagonistas, no estando mal del todo. Dado el ajustado presupuesto con el que se realizaron me parecen más que decentes; salvo algún CGI ocasional que hace que te chirríen las pestañas.
Los otros puntos destacables son los escenarios (y bien saben cientos de películas lo resultonas que son las prisiones abandonadas) y el final que navega entre lo cómico y lo siniestro, con un uso del croma que de haberse extendido a todo el metraje y no solo a los últimos segundos hubiese dado un empujón hacia arriba a la falta de ritmo de la que adolece toda la película.

Como veis, lo rescatable se acaba pronto; y en el otro lado de la balanza pues todo lo demás que compone una película. Especialmente hiriente es la precariedad de la historia, la uní dimensionalidad de los personajes y la dinámica de tortuga que lastra un título que primordialmente debería ahondar en la tensión y en la acción.
Me he visto cientos de veces delante de la estantería de un videoclub formulándome la pregunta acerca del probable “sleeper”, delante de una carátula similar a la de Ghost Machine; y como todas esas veces he acabado viendo una película de segunda fila que sin ser lamentable, es demasiado mediocre en todos sus aspectos como para siquiera divertirte. ¡Ni tan solo la banda sonora llega a salvar el día! Como el resto de la cinta: mediocre.
Me extrañan mucho esos comentarios positivos sobre el diseño del fantasma y las muertes tan sangrientas. Excepto segundos aislados, la cinta es bastantes ligera en cuanto a sangre y el dichoso espectro es bastante grimoso y no logra dar miedo, ni pena, ni “na” de “na”..

¿Y en conclusión?

No recomiendo la película. No es tan mala como alguno de los últimos bodrios de Charles Band y desde luego tiene intenciones más serias, pero el infierno esta pavimentado de intenciones como esas. Tal vez si en lugar de reinventar el cuento romántico de fantasmas con adictos a los videojuegos fumetas, hubiesen ahondado en la dicotomía realidad/simulación con visceralidad y honestidad; estaríamos hablando de otra forma bien distinta. Se ha sacado un gran partido técnico del escaso presupuesto sí, pero ¿en pro de qué?.
Más suerte la próxima vez a un equipo que orientó la producción a los jóvenes adolescentes que han crecido con los “shooters” en primera persona, sin dar un paso más allá…y que conste que yo he jugado a muchísimos “shooters”.

Lo mejor: Su final simpático y oscuro; y unos escenarios simples pero con capacidad de sugerir.

Lo peor: Un nivel general que la hace justa merecedora de un puesto secundario en las estanterías de cualquier videoclub

Hidden

Incapaz de "ocultar" el truco

Hidden

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  • Título original: Skujlt
  • Nacionalidad: Noruega | Año: 2009
  • Director: Pal Oie
  • Guión: Pal Oie
  • Intérpretes: Kristoffer Joner, Cecilie A. Mosli, Karin Park
  • Argumento: Kai Koss vuelve a su casa de la infancia tras la muerte de su madre, dispuesto a deshacerse de la propiedad. Sin embargo, los fantasmas de su traumático pasado irrumpen en el presente en cuanto cruza el umbral...

45 |100

Estrellas: 3

Hidden

Un primer plano del suelo nocturno del bosque del que emerge, como si de un zombi se tratase, un brazo. En la carretera circundante, hay un vehículo detenido para que un niño haga sus necesidades entre los árboles.
De pronto, aparece otro niño corriendo.
Un camión avanza por la carretera, y el niño que corría por el bosque sale a la misma… Todo se precipita: el camión, para no atropellarle, da un volantazo y, entonces, se estrella contra el vehículo que estaba estacionado. Los dos niños son testigos de lo sucedido.

Esta es la primera secuencia de la película. Es un prólogo impactante, promete, y está contado con la suficiente inteligencia y argucia para conseguir sorprender al final. Seleccionada para el AfterDark Fest 2010, Skujlt es la segunda película de Pal Oie, director de Dark Woods (2003). Reune en su equipo actoral a la elite del cine nórdico: tanto a Kristoffer Joner como a Cecilie Mosli les hemos visto ya en cintas anteriores de terror (“Naboer”, Pal Sletaune, 2005, por ejemplo) , y Karin Park va ganando adeptos como cantante y actriz. Técnicamente, el nivel es sobresaliente: la música es convencional pero eficaz –que es, a fin de cuentas, de lo que se trata-, la fotografía es excelente, el diseño de sonido está trabajado y el montaje tiene estilo.

Son muchas virtudes, sí, pero no sirven para camuflar lo que hay debajo. Skujlt es de esas pelis que parecen buenas, que cuesta trabajo ponerle peros porque su envoltorio es muy brillante. Sin embargo, hace de la trampa su principal mecanismo, y se nota desde el principio. El porqué hay un abismo tan grande entre la maestría inicial y el resto, es un enigma.

Años después del prólogo, Kai Koss circula por esa misma carretera. Vuelve a su pueblo natal tras la muerte de su madre. Es el único heredero, así que la antigua casa familiar es suya. La llegada de Kai al caserón de la infancia marca en qué términos se va a mover el resto de la película. Repentinos sustos efectistas –en contra de los que no hay nada, sólo faltaba- y absoluta parquedad a la hora de dar información. ¿Está justificado? Sí: aunque nunca se explica claramente, Kai se nos presenta como alguien con recuerdos reprimidos de su infancia, en especial los que tienen que ver con su madre –la relación entre ambos era bastante conflictiva- y con la trágica noche que da comienzo a la función. Se pretende, por tanto, que el contacto del personaje con el entorno del pasado sea lo que dinamite este recuerdo. ¿Funciona? A mí no me lo parece. Se nota, se desprende de las imágenes, se siente como espectador, que no te pueden contar demasiadas cosas porque, si no, se desvelaría el secreto. Así que el metraje se llena de miradas del protagonista a una puerta cerrada –que está claro que acabará por abrirse-, o a un sonido que le recuerda algo, o conversaciones interrumpidas bruscamente porque, si se mantuvieran, la película no duraría más de media hora. (A todo esto, en la primera visita a la casa familiar, Skujlt repite la escena de la pelota de Al Final de la Escalera).

Kai Koss es un personaje unidimensional, en el que todo el énfasis está puesto en reseñar que está traumatizado por su pasado, que conocen tanto la policía local, Sara, como la encargada del hotel en la que se está hospedando, Miriam, probablemente una de las presencias más enigmáticas de la película. Encarnada por la cantante Karin Park, su personaje promete pero está desaprovechado. Es excesivamente funcional: lo primero que sabemos de ella es que a Kai le gustaba cuando era un niño, y lo segundo –y último- es que conviene que sea así para que le eche un cable cuando es necesario.

¿Qué sucede en el punto medio de Skujlt? En lo estrictamente cinematográfico, hay un cambio de punto de vista nada sutil. En lo estrictamente narrativo, tras este punto medio, Kai cuenta a Sara, la policía, sus sospechas: cree que Peter, uno de los dos niños de la carretera –el otro era él, claro- de la escena inicial, sigue vivo. Lamento ser tan críptico, pero no quiero desvelar demasiado… la sensación, cuando se está en este tramo de la película, es muy decepcionante. No hay que ser ningún lince para saber qué está pasando, y sin embargo siguen empeñados en meterte pruebas disuasorias y abrir puertas hacia otras direcciones. Comienzan, claro, las explicaciones: por qué estaba Kai niño esa noche en el bosque, de quién huía y qué creen los habitantes del pueblo que le sucedió a Peter, el otro crío. Y ves con toda claridad que, si te lo hubieran contado antes, se habría acabado el enigma. Han retrasado este momento todo lo que han podido, como si Pal Oie también fuera consciente de que, una vez enseñado esto, no tenía más cartas que sacar. De hecho, conforme se llega al tramo final, hay una escena que pretende ser enigmática pero, me temo, despeja cualquier duda que pudiera quedar… suponiendo que quedara alguna: el encuentro en el bosque de Kai con “caperucita roja” (llamémosle así, por ejemplo, para preservar su anonimato). Un momento similar lo hemos visto este año en San Valentín Sangriento. Esto no deslegitima el recurso; el problema es que el recurso en sí es muy tosco.

Cuando Skujlt llega a su clímax, se ha desinflado completamente, e incluso irrita que se intente seguir manteniendo el suspense. No sé de qué forma podía haberse sostenido todo el entramado. Quizás, habiendo convertido en historia real una de las hipótesis que se plantean en la segunda mitad de la película. Claro que, también hay que tenerlo en cuenta, si Paol Oie hubiera hecho eso, habría acercado en exceso Skujlt a su debut, Dark Woods. Ambas películas se parecerían demasiado, y no está bien hacer dos veces la misma película.

Lo mejor: El prólogo.

Lo peor: Que se le ve el truco.

El Maldito Oeste

Western y Horror (parte 1)

El maldito Oeste

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  • Título original: Left for Dead
  • Nacionalidad: USA - Argentina | Año: 2007
  • Director: Albert Pyun
  • Guión: Chad Leslie
  • Intérpretes: Michael Najjar, Victoria Maurette, Andres Bagg
  • Argumento: Amnesty Town sufre la maldición de Mobius Lockhardt, un predicador que regresa de la tumba para vengar la cruel muerte de su esposa. Clementine Templeton, Black Constanza, y un misterioso grupo de mujeres, serán las próximas víctimas de su ira.

20 |100

Estrellas: 1

El maldito Oeste

Habitualmente no suelo extenderme en la obra y milagros de un director cuando escribo una reseña. Pero creo que en esta ocasión vale la pena detenerse en el nombre del director de "El Maldito Oeste" (Left for Dead), Albert Pyun, un tipo experimentado que ha tenido el honor de trabajar junto a celebridades del calibre de Jean-Claude Van Damme (Cyborg, 1989), Steven Seagal (Tiempo Límite, 2001), Christopher Lambert (Malas Armas, 1997), o Kevin Sorbo (Tales of an Ancient Empire, 2009).

Entre su selecta filmografía, además, encontramos títulos recordados y valorados por los más acérrimos defensores de la serie B más cochambrosa (y divertida), tales como “Alien Invasion”, “Kickboxer 2”, “Sueños Radiactivos”, “The Dollman”, “Cromwell, el rey de los bárbaros”, y una increíble (verla para creerla) adaptación de las aventuras del Capitán América.

Curiosamente, para rodar "El Maldito Oeste", Albert Pyun decidió trasladarse a Argentina, dónde la película fue rodada íntegramente en una población cercana a Buenos Aires y con un equipo técnico y artístico mayoritariamente argentino. Por lo visto, incluso buena parte de los diálogos en la versión original están en castellano (este es un dato que no puedo corroborar porque vi la película doblada al castellano en su totalidad).

Con todos estos datos, y siendo consciente de que, en muchas ocasiones, un servidor suele convertir su pasión por el género en un ejercicio de pura ingenuidad, lo cierto es que esperaba de "El Maldito Oeste", no una buena película (el currículum de su autor no me animaba a ello), pero sí al menos una divertida y entretenida muestra de spaghetti western mezclado con el cine de fantasmas.

"El Maldito Oeste" cuenta una historia de venganza protagonizada por el cruel Mobius Lockhardt, un predicador que regresa del más allá, en forma de oscuro espectro, para ajustar cuentas con los responsables del sufrimiento, el dolor y la muerte de su mujer.
En una historia paralela, Clementine, una dura cazarecompensas, llega a Amnesty Town con el objetivo de atrapar a Black Constanza, con el que le une una especial relación. Pero Clementine no es la única que desea capturar a Constanza. Un misterioso grupo de mujeres también andan tras su pista, acusando a Constanza de violar y dejar embarazada a una joven.

La película no funciona. Quizás no llega a la categoría de desastre total, pero se queda muy cerca de ello. Y es una auténtica lástima, porque hay un par de detalles que prometían. En primer lugar la historia, un típico “ojo por ojo, diente por diente” que tan buenos resultados ha dado en el género western a lo largo de tantas y tantas películas (y en especial dentro del subgénero del spaghetti-western). Y en segundo lugar un par de personajes atractivos y bien definidos como son el de Clementine Templeton, interpretado por Victoria Maurette, dando vida a una estupenda Clint Eastwood en clave femenina; y el de Mobius Lockhardt, con un Andres Bagg resolutivo en su papel de demonio vengativo, cruel y sanguinario.

Pero los detalles que no están a la altura son demasiados como para considerar "El Maldito Oeste" como una experiencia positiva.
La localización no cumple con su cometido. Ambientada en una ciudad fronteriza de México, en ningún momento tuve la sensación, mientras veía la película, de que la acción realmente transcurriera en el viejo y salvaje Oeste.

El aspecto visual, en realidad, es más propio de un culebrón de sobremesa que de un auténtico spaghetti-western. Incluso durante los primeros minutos, entre tanta actriz disfrazada de pistolera, tuve la impresión de que me había equivocado de género y que aquello estaba cercano a una película pornográfica, hasta el punto de cruzarse por mi mente el fugaz pensamiento de que todo acabaría en una liberadora orgía lésbica.
Por supuesto mi estúpido pensamiento no llegó a ningún sitio y "El Maldito Oeste" transcurrió con total normalidad dentro de los parámetros habituales del género.

Mucho peor que el tema de la nefasta ambientación de la película resultaron un par de detalles que llegaron a exasperarme (uno de ellos incluso consiguió irritarme… lo cual os aseguro que no resulta fácil).

El primero de esos detalles son unos interminables diálogos que acaban, irremediablemente, destrozando el ritmo de la película. Con el propósito, supongo, de dejar muy claros ciertos aspectos de la trama, los protagonistas entablan una serie de eternas y aburridas conversaciones que ponen a prueba nuestra paciencia. El resultado de esto es que, en momentos muy puntuales (que se correspondieron con dichos diálogos), desconecté totalmente de la película, algo que no suele ocurrirme casi nunca.

El segundo detalle (aquí es dónde mis nervios se crisparon) son una serie de absurdas decisiones tomadas por Albert Pyun a la hora de acometer el montaje de la película.
"El Maldito Oeste" está plagado de escenas a cámara lenta, secuencias en blanco y negro, movimientos bruscos de cámara y, sobre todo, una molesta insistencia en usar una técnica similar al freeze-frame (una imagen que se queda congelada durante un instante para luego continuar la acción) a cada momento.
Supongo que es la idea que tiene Pyun de un montaje moderno y dinámico. Personalmente me pareció un error de bulto.

Finalmente, en cuanto a la acción, hay poco que añadir. Hay menos sangre de la esperada y los efectos son de risa. A pesar de ello, cuando el fantasma se decide a ejecutar su venganza, hay que admitir que la película sube algunos enteros.

En definitiva, la promesa de una mala pero divertida y entretenida película, se queda tan solo en una mala película. Aunque en la mayoría de ocasiones, la línea entre lo malo y divertido, y lo simplemente malo, suele ser muy delgada. Así que si finalmente decidís darle una oportunidad a "El Maldito Oeste" quizás os llevéis una grata sorpresa. Espero que así sea.

Lo mejor: El trabajo de los actores, siempre convincente.

Lo peor: Los diálogos, el desarrollo de la historia, el ritmo...

La Semilla del Mal

Una colección de sustos que ya conocemos de antemano

La Semilla del Mal

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  • Título original: The Unborn
  • Nacionalidad: USA | Año: 2009
  • Director: David S. Goyer
  • Guión: David S. Goyer
  • Intérpretes: Odette Yustman, Gary Oldman, Cam Gigandet
  • Argumento: La joven y bella Casey se ve asediada por un Dybbuk, un demonio que, bajo la apariencia de un niño, pretende habitar su cuerpo.

21 |100

Estrellas: 2

David S. Goyer parece empeñado tanto en demostrar sus excelencias como escritor, dejando su impronta en guiones del calibre de “Blade”, “Dark City”, “Batman Begins” o “Batman Dark Knight”; cómo en hacernos partícipes de su mediocridad tras las cámaras, con su olvidable –y en ocasiones vergonzoso- debut como director, “Blade: Trinity”, y un segundo y semidesconocido proyecto del que no puedo comentar nada porque, como la mayor parte del planeta, no he tenido la oportunidad de verlo (ahora, todos los que la hayáis visto “The Invisible”, tomaos el tiempo que considereis necesario para resaltar mi ignorancia).

Con este panorama, “La Semilla del Mal” parecía ser la ocasión perfecta para que Goyer, de nuevo director y guionista del evento, diera un paso firme y decisivo para reivindicar su lugar en la industria.

La Semilla del Mal

“La Semilla del Mal” es un híbrido entre cualquier película de fantasmas asiática, con niño paliducho y perverso incluído (dejo que seáis vosotros mismos los que busquéis un título adecuado a esta comparación. A mí todas las películas de fantasmas asiáticas me parecen iguales...); y una versión pobre y trasnochada del “El Exorcista” (The Exorcist, 1973) -desde una secuencia que nos remite a la mítica imagen de la niña-araña bajando las escaleras, hasta un exorcismo final que, en cuanto a intensidad y capacidad de horror, está a años luz de lo que sucedía en el clásico de William Friedkin-.

El principal problema de “La Semilla del Mal” está en la notoria incapacidad de Goyer para manejar, con un mínimo de solidez y singularidad, los resortes de terror que acompañan a la película. De esta forma, “La Semilla del Mal” acaba siendo un simple compendio de sustos con preaviso, que carece de la fuerza y la rabia necesarias para complacer, mínimamente, a cualquier buen aficionado al género.

El modus operandi seguido por Goyer para dar forma a cada una de las escenas de impacto de la película, es de una obviedad aplastante. En primer lugar apaga la música. Fuera banda sonora. Silencio absoluto.
En segundo lugar un par de falsas alarmas, para que el espectador se confíe y crea que el peligro ha pasado –sic-. Y, finalmente, el impacto, convenientemente acompañado del atronador efecto sonoro correspondiente –y único culpable, a la postre, de que se te acaben revolviendo las tripas-.

Y este es, basícamente, el mecanismo que el director utiliza, una y otra vez, en todas las escenas de horror directo que se dan cita en la película.
Es cómo si Goyer mandara un telegrama al espectador segundos antes de que se produjera cada susto, informándole debidamente de lo que estaba a punto de ocurrir y cómo iba a ocurrir. Así que, lo único que le queda por hacer al espectador es esperar. Y cuando por fín crea que algo va a suceder... pues sencillamente, sucede. No hay lugar para la sorpresa. Todo se ve venir de lejos, todo es cansinamente previsible; con lo cual se pierde la capacidad de impactar al espectador, de asustarle, de conseguir que salte de su butaca.

Nos sabemos de memoria todos los sustos de “La Semilla del Mal”: espectros que emergen de la oscuridad, personajes que levantan sus ojos del suelo para mostrar su peor cara, espejos que esconden terribles sorpresas... Nada nuevo. Y lo peor de todo es que “La Semilla del Mal” nos muestra los clichés de siempre con la blandura y neutralidad de una película que pretende ser apta para todos los públicos. La película viaja con el piloto automático puesto, sin forzar los límites de ninguna de las situaciones de terror que se nos plantean.
Incluso su excelente fotografía, sus correctísimos efectos visuales, y la evidente belleza de su protagonista femenita -Odette Yustman, a la que vimos en “Monstruoso” (Cloverfield, 2008)-, acaban jugando en su contra; ofreciéndonos un producto final demasiado aséptico, demasiado limpio, carente de riesgo.

Por buscarle algún punto positivo, la trama que explica el orígen del fantasma, situándolo en los márgenes de la cábala y antecesor a cualquier religión conocida.

En definitiva, una nueva decepción de David S. Goyer, un guionista metido a director que, lejos de lograr despejar dudas, ha conseguido con “La Semilla del Mal” que su crédito como realizador se agote peligrosamente.

Por cierto, acudí a ver la película el día de su estreno –viernes-, en sesión nocturna -22:30 horas-. La sala ofrecía un estupendo aspecto, con prácticamente las tres cuartas partes del aforo vendido. La gran mayoría del público asistente eran parejas, en las cuales la chica no tardaba ni cinco minutos en agarrarse con fuerza al brazo del chico.
Y, posiblemente, las sesiones de tarde también gozaron de muy buen aspecto, repletas de grupos de adolescentes devorando palomitas y soltando una risilla nerviosa en cada susto.
Supongo que si lo que buscaba Goyer era hacer una película de terror que no molestara demasiado y fuera fácilmente soportable para la gran mayoría del público, habrá logrado su objetivo. Si lo que buscaba era una auténtica película de terror, que realmente provocara miedo y que convenciese al verdadero aficionado al género, la cosa es mucho más discutible.

Lo mejor: Ciertos aspectos originales que hacen referencia al orígen de la amenaza.

Lo peor: La absoluta previsibilidad y blandura de todos sus momentos de terror.