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El Maldito Oeste

Western y Horror (parte 1)

El maldito Oeste

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  • Título original: Left for Dead
  • Nacionalidad: USA - Argentina | Año: 2007
  • Director: Albert Pyun
  • Guión: Chad Leslie
  • Intérpretes: Michael Najjar, Victoria Maurette, Andres Bagg
  • Argumento: Amnesty Town sufre la maldición de Mobius Lockhardt, un predicador que regresa de la tumba para vengar la cruel muerte de su esposa. Clementine Templeton, Black Constanza, y un misterioso grupo de mujeres, serán las próximas víctimas de su ira.

20 |100

Estrellas: 1

El maldito Oeste

Habitualmente no suelo extenderme en la obra y milagros de un director cuando escribo una reseña. Pero creo que en esta ocasión vale la pena detenerse en el nombre del director de "El Maldito Oeste" (Left for Dead), Albert Pyun, un tipo experimentado que ha tenido el honor de trabajar junto a celebridades del calibre de Jean-Claude Van Damme (Cyborg, 1989), Steven Seagal (Tiempo Límite, 2001), Christopher Lambert (Malas Armas, 1997), o Kevin Sorbo (Tales of an Ancient Empire, 2009).

Entre su selecta filmografía, además, encontramos títulos recordados y valorados por los más acérrimos defensores de la serie B más cochambrosa (y divertida), tales como “Alien Invasion”, “Kickboxer 2”, “Sueños Radiactivos”, “The Dollman”, “Cromwell, el rey de los bárbaros”, y una increíble (verla para creerla) adaptación de las aventuras del Capitán América.

Curiosamente, para rodar "El Maldito Oeste", Albert Pyun decidió trasladarse a Argentina, dónde la película fue rodada íntegramente en una población cercana a Buenos Aires y con un equipo técnico y artístico mayoritariamente argentino. Por lo visto, incluso buena parte de los diálogos en la versión original están en castellano (este es un dato que no puedo corroborar porque vi la película doblada al castellano en su totalidad).

Con todos estos datos, y siendo consciente de que, en muchas ocasiones, un servidor suele convertir su pasión por el género en un ejercicio de pura ingenuidad, lo cierto es que esperaba de "El Maldito Oeste", no una buena película (el currículum de su autor no me animaba a ello), pero sí al menos una divertida y entretenida muestra de spaghetti western mezclado con el cine de fantasmas.

"El Maldito Oeste" cuenta una historia de venganza protagonizada por el cruel Mobius Lockhardt, un predicador que regresa del más allá, en forma de oscuro espectro, para ajustar cuentas con los responsables del sufrimiento, el dolor y la muerte de su mujer.
En una historia paralela, Clementine, una dura cazarecompensas, llega a Amnesty Town con el objetivo de atrapar a Black Constanza, con el que le une una especial relación. Pero Clementine no es la única que desea capturar a Constanza. Un misterioso grupo de mujeres también andan tras su pista, acusando a Constanza de violar y dejar embarazada a una joven.

La película no funciona. Quizás no llega a la categoría de desastre total, pero se queda muy cerca de ello. Y es una auténtica lástima, porque hay un par de detalles que prometían. En primer lugar la historia, un típico “ojo por ojo, diente por diente” que tan buenos resultados ha dado en el género western a lo largo de tantas y tantas películas (y en especial dentro del subgénero del spaghetti-western). Y en segundo lugar un par de personajes atractivos y bien definidos como son el de Clementine Templeton, interpretado por Victoria Maurette, dando vida a una estupenda Clint Eastwood en clave femenina; y el de Mobius Lockhardt, con un Andres Bagg resolutivo en su papel de demonio vengativo, cruel y sanguinario.

Pero los detalles que no están a la altura son demasiados como para considerar "El Maldito Oeste" como una experiencia positiva.
La localización no cumple con su cometido. Ambientada en una ciudad fronteriza de México, en ningún momento tuve la sensación, mientras veía la película, de que la acción realmente transcurriera en el viejo y salvaje Oeste.

El aspecto visual, en realidad, es más propio de un culebrón de sobremesa que de un auténtico spaghetti-western. Incluso durante los primeros minutos, entre tanta actriz disfrazada de pistolera, tuve la impresión de que me había equivocado de género y que aquello estaba cercano a una película pornográfica, hasta el punto de cruzarse por mi mente el fugaz pensamiento de que todo acabaría en una liberadora orgía lésbica.
Por supuesto mi estúpido pensamiento no llegó a ningún sitio y "El Maldito Oeste" transcurrió con total normalidad dentro de los parámetros habituales del género.

Mucho peor que el tema de la nefasta ambientación de la película resultaron un par de detalles que llegaron a exasperarme (uno de ellos incluso consiguió irritarme… lo cual os aseguro que no resulta fácil).

El primero de esos detalles son unos interminables diálogos que acaban, irremediablemente, destrozando el ritmo de la película. Con el propósito, supongo, de dejar muy claros ciertos aspectos de la trama, los protagonistas entablan una serie de eternas y aburridas conversaciones que ponen a prueba nuestra paciencia. El resultado de esto es que, en momentos muy puntuales (que se correspondieron con dichos diálogos), desconecté totalmente de la película, algo que no suele ocurrirme casi nunca.

El segundo detalle (aquí es dónde mis nervios se crisparon) son una serie de absurdas decisiones tomadas por Albert Pyun a la hora de acometer el montaje de la película.
"El Maldito Oeste" está plagado de escenas a cámara lenta, secuencias en blanco y negro, movimientos bruscos de cámara y, sobre todo, una molesta insistencia en usar una técnica similar al freeze-frame (una imagen que se queda congelada durante un instante para luego continuar la acción) a cada momento.
Supongo que es la idea que tiene Pyun de un montaje moderno y dinámico. Personalmente me pareció un error de bulto.

Finalmente, en cuanto a la acción, hay poco que añadir. Hay menos sangre de la esperada y los efectos son de risa. A pesar de ello, cuando el fantasma se decide a ejecutar su venganza, hay que admitir que la película sube algunos enteros.

En definitiva, la promesa de una mala pero divertida y entretenida película, se queda tan solo en una mala película. Aunque en la mayoría de ocasiones, la línea entre lo malo y divertido, y lo simplemente malo, suele ser muy delgada. Así que si finalmente decidís darle una oportunidad a "El Maldito Oeste" quizás os llevéis una grata sorpresa. Espero que así sea.

Lo mejor: El trabajo de los actores, siempre convincente.

Lo peor: Los diálogos, el desarrollo de la historia, el ritmo...

La Semilla del Mal

Una colección de sustos que ya conocemos de antemano

La Semilla del Mal

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  • Título original: The Unborn
  • Nacionalidad: USA | Año: 2009
  • Director: David S. Goyer
  • Guión: David S. Goyer
  • Intérpretes: Odette Yustman, Gary Oldman, Cam Gigandet
  • Argumento: La joven y bella Casey se ve asediada por un Dybbuk, un demonio que, bajo la apariencia de un niño, pretende habitar su cuerpo.

21 |100

Estrellas: 2

David S. Goyer parece empeñado tanto en demostrar sus excelencias como escritor, dejando su impronta en guiones del calibre de “Blade”, “Dark City”, “Batman Begins” o “Batman Dark Knight”; cómo en hacernos partícipes de su mediocridad tras las cámaras, con su olvidable –y en ocasiones vergonzoso- debut como director, “Blade: Trinity”, y un segundo y semidesconocido proyecto del que no puedo comentar nada porque, como la mayor parte del planeta, no he tenido la oportunidad de verlo (ahora, todos los que la hayáis visto “The Invisible”, tomaos el tiempo que considereis necesario para resaltar mi ignorancia).

Con este panorama, “La Semilla del Mal” parecía ser la ocasión perfecta para que Goyer, de nuevo director y guionista del evento, diera un paso firme y decisivo para reivindicar su lugar en la industria.

La Semilla del Mal

“La Semilla del Mal” es un híbrido entre cualquier película de fantasmas asiática, con niño paliducho y perverso incluído (dejo que seáis vosotros mismos los que busquéis un título adecuado a esta comparación. A mí todas las películas de fantasmas asiáticas me parecen iguales...); y una versión pobre y trasnochada del “El Exorcista” (The Exorcist, 1973) -desde una secuencia que nos remite a la mítica imagen de la niña-araña bajando las escaleras, hasta un exorcismo final que, en cuanto a intensidad y capacidad de horror, está a años luz de lo que sucedía en el clásico de William Friedkin-.

El principal problema de “La Semilla del Mal” está en la notoria incapacidad de Goyer para manejar, con un mínimo de solidez y singularidad, los resortes de terror que acompañan a la película. De esta forma, “La Semilla del Mal” acaba siendo un simple compendio de sustos con preaviso, que carece de la fuerza y la rabia necesarias para complacer, mínimamente, a cualquier buen aficionado al género.

El modus operandi seguido por Goyer para dar forma a cada una de las escenas de impacto de la película, es de una obviedad aplastante. En primer lugar apaga la música. Fuera banda sonora. Silencio absoluto.
En segundo lugar un par de falsas alarmas, para que el espectador se confíe y crea que el peligro ha pasado –sic-. Y, finalmente, el impacto, convenientemente acompañado del atronador efecto sonoro correspondiente –y único culpable, a la postre, de que se te acaben revolviendo las tripas-.

Y este es, basícamente, el mecanismo que el director utiliza, una y otra vez, en todas las escenas de horror directo que se dan cita en la película.
Es cómo si Goyer mandara un telegrama al espectador segundos antes de que se produjera cada susto, informándole debidamente de lo que estaba a punto de ocurrir y cómo iba a ocurrir. Así que, lo único que le queda por hacer al espectador es esperar. Y cuando por fín crea que algo va a suceder... pues sencillamente, sucede. No hay lugar para la sorpresa. Todo se ve venir de lejos, todo es cansinamente previsible; con lo cual se pierde la capacidad de impactar al espectador, de asustarle, de conseguir que salte de su butaca.

Nos sabemos de memoria todos los sustos de “La Semilla del Mal”: espectros que emergen de la oscuridad, personajes que levantan sus ojos del suelo para mostrar su peor cara, espejos que esconden terribles sorpresas... Nada nuevo. Y lo peor de todo es que “La Semilla del Mal” nos muestra los clichés de siempre con la blandura y neutralidad de una película que pretende ser apta para todos los públicos. La película viaja con el piloto automático puesto, sin forzar los límites de ninguna de las situaciones de terror que se nos plantean.
Incluso su excelente fotografía, sus correctísimos efectos visuales, y la evidente belleza de su protagonista femenita -Odette Yustman, a la que vimos en “Monstruoso” (Cloverfield, 2008)-, acaban jugando en su contra; ofreciéndonos un producto final demasiado aséptico, demasiado limpio, carente de riesgo.

Por buscarle algún punto positivo, la trama que explica el orígen del fantasma, situándolo en los márgenes de la cábala y antecesor a cualquier religión conocida.

En definitiva, una nueva decepción de David S. Goyer, un guionista metido a director que, lejos de lograr despejar dudas, ha conseguido con “La Semilla del Mal” que su crédito como realizador se agote peligrosamente.

Por cierto, acudí a ver la película el día de su estreno –viernes-, en sesión nocturna -22:30 horas-. La sala ofrecía un estupendo aspecto, con prácticamente las tres cuartas partes del aforo vendido. La gran mayoría del público asistente eran parejas, en las cuales la chica no tardaba ni cinco minutos en agarrarse con fuerza al brazo del chico.
Y, posiblemente, las sesiones de tarde también gozaron de muy buen aspecto, repletas de grupos de adolescentes devorando palomitas y soltando una risilla nerviosa en cada susto.
Supongo que si lo que buscaba Goyer era hacer una película de terror que no molestara demasiado y fuera fácilmente soportable para la gran mayoría del público, habrá logrado su objetivo. Si lo que buscaba era una auténtica película de terror, que realmente provocara miedo y que convenciese al verdadero aficionado al género, la cosa es mucho más discutible.

Lo mejor: Ciertos aspectos originales que hacen referencia al orígen de la amenaza.

Lo peor: La absoluta previsibilidad y blandura de todos sus momentos de terror.