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K-shop

Durum de macarra con mucha salsa roja

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  • Título original: K-shop
  • Nacionalidad: UK | Año: 2016
  • Director: Dan Pringle
  • Guión: Dan Pringle
  • Intérpretes: Ewen MacIntosh, Ziad Abaza, Lucinda R. Thakrar
  • Argumento: Salah hereda el kebab de su padre... y una irrefrenable ansia de venganza.
DIVERSIÓN:
TERROR:
ORIGINALIDAD:
GORE:
  • 3/5

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Que los ingleses son unos bandarras que con dos copas de alcohol se vuelven descontrolados y absolutamente impresentables es algo constatable a poco que paseemos por sus habituales puntos de desfogue veraniego —véase Salou o Benidorm o la calle pecado de Sitges— y observemos la degradación a la que pueden llegar: gritos, peleas, vomitonas, comas etílicos, caídas o estupideces tan funestas como el balconing se repiten, noche tras noche, en un ejercicio de desinhibición y desenfreno que, al menos para este que firma, es completamente inexplicable. Muchas veces, cuando he visto a un inglés darse un buen porrazo por hacer el estúpido pienso para mí: más te tenía que pasar, capullo…

Salah (Ziad Abaza) deja sus estudios universitarios para ayudar a su padre en su restaurante de comida rápida situada en un punto neurálgico de la marcha londinense. Tras su escaparate contempla y sufre el absurdo comportamiento de la caterva que sale de fiesta todas las noches. Cuando su padre fallece en una agresión y tras un fatídico accidente que termina con la vida de uno de los clientes, Salah decide que ha tenido suficientes abusos y vejaciones y toma la justicia por su mano ideando un suculento plan para deshacerse de los cuerpos: dárselos de comer a sus asalvajados clientes.

Nuestra película de hoy sigue la senda de cintas como La pequeña tienda de los horrores, The Voices o Willard, donde una muerte accidental (en este caso se cae un borracho dentro de la freidora) libera el instinto asesino del protagonista que, poco a poco, va perdiendo el control de sus actos. Una pérdida de control necesaria para que el espectador se sitúe moralmente en el lado políticamente correcto de la moral occidental y entienda que matar, no importa lo que hagan los demás, es malo. Para reincidir en este posicionamiento moral tendremos también a la chica de turno que trastocará la conciencia de nuestro asesino.

El desesperanzador y absurdo retrato de estas juergas nocturnas, rodadas al estilo cámara guerrilla, dibujan una degradación moral y un perfil social tan decadente, que el crimen se antoja como una salida válida, casi necesaria, para recuperar la coherencia… En este sentido K-shop podría acercarse a cintas como Taxi driver o Nightcrawler, y Salah será un justiciero decidido a combatir a hordas de ganado humano a costa de su moralidad. Por otro lado, su vertiente en cine de psicópatas y la parte más visceral (nunca mejor dicho) del título se combinan y se mezclan con el acierto habitual del cine británico. También habitual en el cine de esta nacionalidad es el afilado humor negro, que en este caso funciona a las mil maravillas sin eclipsar en ningún caso que nos encontramos ante una cinta de género.

Como podéis imaginaros por la sinopsis, el filme no escatima en escenas escabrosas de sangre y desmembramientos que alegrarán a los buscadores de momentos intensos… Pero, como siempre, la mente es más poderosa que las imágenes y serán las escenas donde veamos a la gente comer esos suculentos kebabs o ese puré de carne saliendo de la trituradora lo que nos ponga el estómago revuelto.

Tras la cámara Dan Pringle debuta en el largo y firma el guion; en ambos casos aprueba con nota si bien hay algo, posiblemente el exceso de subtramas que realmente tampoco aportan demasiado, que lastra el conjunto: ni la historia de amor, ni el grupo de pandilleros que vigilan al protagonista eran muy necesarios en el desarrollo y parecen estar colocados en la trama sin tener bien claro el juego que tienen que hacer.

Protagoniza Ziad Abaza, nuestro particular matarife, una actuación más que correcta que se enfrenta a un brillante personaje antagonista interpretado por Scot Williams que viene a encarnar el sumun de la sociedad frívola y mediática que le engulle.

K-shop es básicamente lo que promete su tráiler y para este que firma ha sido un sabroso y entretenido divertimento en este verano tan caluroso. Por eso os recomiendo que, si os gustan los sabores intensos, os paséis por este local.

Imágenes de la película

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Lo mejor: Equilibrada en sus dosis de crítica, terror y humor.

Lo peor: Hacia el final pierde algo de fuelle.

Vuestros comentarios

1. ago 22, 21:27 | JarL

Pues me parece interesante, y aunque no tiene nada k ver me ha recordado la película “Sweeney Todd, el barbero de la calle Fleet”, el sangriento musical de Tim Burton, dónde en vez de kebabs vendían empanadas con carne humana. Repito nada tiene k ver pero la idea es güena (humor negro y sangre – ó gore – es una buena fórmula)

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