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Karate Kill

Cannon Group Japan

Karate Kill Reseña

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  • Título original: Karate Kill
  • Nacionalidad: Japón, Estados Unidos | Año: 2016
  • Director: Kurando Mitsutake
  • Guión: Kurando Mitsutake
  • Intérpretes: Asami, Taishi Tamaki, Hayate
  • Argumento: Un maestro en karate viaja a Los Ángeles para rescatar a su hermana, presa de una secta aficionada al cine snuff.
DIVERSIÓN:
TERROR:
ORIGINALIDAD:
GORE:
  • 3/5

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“Karate Kill” es una película de acción barata que homenajea, desplegando su estructura punto por punto, a las producciones de la “Cannon” y sucedáneos sobre justicieros que buscaban venganza o salvar a un ser querido a base de mamporros, explosiones, balas o frases lapidarias. Esta vez le ha tocado el turno al kárate, uno esgrimido contra un ejército de sectarios armados con revólveres y fusiles, lo que aporta un plus de épica a la trama. Basta ver el genial póster de la película escrita y dirigida por Kurando Mitsutake (“Gun Woman”, “Samurai Avenger: The Blind Wolf”) para saber a que nos enfrentamos: una explotación que si bien podríamos entender como una forma de seguir la pista a Tarantino, en realidad bebe de las fuentes originales del grindhouse y la acción barriobajera, saltándose los estilismo modernos fuera del alcance del presupuesto de “Karate Kill”. La esencia viene en su estado más puro, con los mismos fallos y aciertos que el cine al que prolonga, donde los tiempos muertos entre la acción sólo son mero relleno de pechos femeninos y diálogos vacios, mientras que la fiesta queda concentrada en cada nuevo enemigo abatido por el héroe, especialmente silencioso en la presente, capaz de esquivar incluso las balas con tal de regalar su sangrienta justicia.

Kenji consigue el suficiente dinero para viajar a Los Ángeles des de Japón. Su objetivo es buscar a su hermana, la cual marchó a los Estados Unidos esperando alcanzar la fama como actriz. Por desgracia, esa carrera se vio truncada cuando cruzó su camino con una secta que graba películas snuff y predica el suicidio como espectáculo. Kenji, dispuesto a usar todos sus conocimientos en artes marciales para recuperar a su hermana, parte hacia el desierto de Arizona con los puños dispuestos a repartir muerte.

Desde luego los ochentas están presentes, no de manera explícita como parece gustarle tanto a la gente hoy en día. Más bien se nos dibujan a través de un escenario encorsetado y una trama tan definida como pueda serlo la sinopsis de cualquier entrega de la saga “Death Wish”. Es cierto que por ejemplo la banda sonora, no especialmente bien compuesta, intenta realzar esa influencia videoclubera , pero lo interesante es que “Karate Kill” deja atrás la autoconciencia de obras divertidas pero superficiales, como “Kung Fury” o “Turbo Kid”, para ofrecer con toda la seriedad al alcance de un estilo, el de los tipos duros, un muestrario de escenas donde lo interesante es la rabia de su protagonista para acabar con villanos a los que odiar resulta tan fácil.

La típica historia del bien contra el mal que lleva entre la humanidad desde que nos atrevimos a llamarnos así, y la sinapsis primordial que todavía rige nuestro cerebro a un nivel inconsciente quiere alimentarse con edificios de drogadictos siendo asaltados a base de puñetazos; sectarios perversos y morbosos que sean castigados por su abuso constante hacia pobres chicas semi desnudas; clubs de topless puestos patas arriba por un maestro de las artes marciales; un bar de carretera donde hasta los niños llevan armas con las que desafiar al héroe de la historia; sacrificadas mujeres que incluso poseyendo un brazo protésico de metal pueden fornicar y matar durante la misma mañana; un duelo entre la espada y el puño a bordo del remolque de un camión…

Queda entendido entonces que “Karate Kill” es un alimento a los instintos más básicos, ¿pero eso la hace merecedora de dedicarle nuestro escaso tiempo? Respuesta no directa: No sólo por eso.
Existe actualmente un mercado sanísimo de películas de acción baratas que siguen los mismos derroteros, aunque el origen japonés de la que hoy nos ocupa ya empieza dándole un sabor especial, gracias a alejarse sabiamente de la comedia gore y gamberra de producciones hermanadas como puedan ser las de la productora “Sushi Typhoon”. Sin embargo, esa ristra de tipos musculosos que completan el sector de la serie Z viven dentro de un marco más restringido que el exhibido por “Karate Kill”. Es decir, son lo suficientemente cutres como para no superar el listón mínimo de calidad al que debemos ceñirnos si no queremos acabara en el loquero; y además no aguantan tan bien su ritmo como sí ha conseguido el señor Mitsutake, bastante ducho en lo que es equilibrar los tiempos de su obra magna. Aquí no os joderá la tarde Don “Dragón” Wilson.

Tampoco vamos a auparla al Olimpo del cine de acción, “Karate Kill” tan sólo es una simpática adición a cualquier sesión golfa en festivales de cine género. Por ejemplo creo que funcionó bastante bien durante su pase en el pasado festival de Sitges. Las coreografías se desarrollan con bastante dignidad dada la obvia inexperiencia de parte del elenco y, sobre todo, se consigue crear un héroe digno, capacitado para la venganza cual Jet Li de segunda fila, los clones más divertidos y eficaces. Y el mayor culpable del éxito de la obra es su director, que sabe dónde autoimponerse límites y donde hacer uso de algún efectismo con la cámara que realce la acción subyacente, muchas veces al filo de lo cutre si la analizamos con frialdad. Por citar uno de estos momentos: nos ofrece de este modo una secuencia de lucha mientras la cámara se mueve 360º, algo que por suerte la diferencia de esos clónicos baratos que nombraba anteriormente.
Puestos a pedir hubiese sido genial que Mitsutake contase con un mayor presupuesto, para mejorar tanto las coreografías como el nivel de hemoglobina dentro de la película, algo bajo. Se han echado de menos montajes artesanos orientados a la exhibición pura y dura de la violencia, ¿os acordáis de “La Historia de Ricky”? Esa hubiese sido la vía para realizar otra obra de culto.

Uno de los mejores aspectos de “Karate Kill” son sus personajes. Nos recuerdan a mil y un clichés que funcionan cuando no aspiran a ser más de lo que son. Carne de cañón en la mayoría de los casos. Así conocemos a nuestro particular maestro del karate, uno cuya técnica equipara los dedos del practicante a filos de cuchilla; el muchacho, interpretado por un tal Hayate, sabe mantener un sólido rol de oscuro justiciero dejando que sus golpes hablen en nombre de su boca, y alcanzando altas cotas de “molonismo” cuando por fin se enfrenta a la secta que está lavando el cerebro a su hermana. Este grupo de cultistas son la otra gran creación del largometraje: “Capital Messiah” es una panda de alegres dementes cuya mayor ilusión es difundir, previo pago, sus trabajitos snuff, más o menos elaborados. Los soldados rasos del ejército no es que sean muy llamativos, reservándose todo el carisma su líder: Vendenski, un cabrón desquiciado interpretado como se debía, de forma histérica y sobreactuada, por un acertado y poco conocido Kirk Geiger. Podríamos ser más exigentes con sus dos lugartenientes, gozando de un protagonismo inferior del que se merecen.
Sin embargo, si un personaje se lleva el gato al agua, entre otros secundarios necesarios, como el dueño del bar de topless de Los Ángeles, sería Keiko: una mujer que consiguió escapar de la secta a costa de un brazo, una amazona deseosa de repartir justicia a base de pólvora, a la par que ansía hallar consuelo entre los fornidos brazos de un luchador digno. La interpretación de tan aguerrida fémina, un papel muy corto, recae en una maravillosa Asami, sensual y hermosa como siempre. Los aficionados al cine extremo para todos los públicos, ya me entendéis, tenemos mucho que agradecerle a esta mujer de bandera.

Para ir concluyendo, “Karate Kill” será un caramelito para los amantes del cine de acción propio de los videoclubes de los ochentas. Sabiendo donde están sus limitaciones, nos las ponemos nosotros mismos como espectadores para saber apreciar los puntos álgidos, la llamada al levantamiento por parte de nuestro cerebro reptiliano, de un cine donde los instintos se imponen al pensamiento racional. ¿Qué el resultado podría haber sido más llamativo con más dinero? Sin duda, pero tampoco sería justo entonces nombrar a la “Cannon” en esta reseña, y si los trucos de montaje son lo suficientemente rápidos el ojo no sufre, disfrutando de malvados reventados a golpes y hermosos pechos femeninos bamboleándose.

Imágenes de la película

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Lo mejor: Acción y desnudos "old school".

Lo peor: Que su escaso presupuesto lastre bastante el aspecto general, pobre y aburrido en algunos pasaje. Pero así ha sido siempre el cine de acción de guerrilla.

Vuestros comentarios

1. jul 23, 22:08 | carlos

Alguien sabe en que pagina se puede ver esta película online? Gracias de antemano

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