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Kuso

El poder hipnótico de la mierda

Kuso Reseña

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  • Título original: Kuso
  • Nacionalidad: Estados Unidos | Año: 2017
  • Director: Flying Lotus
  • Guión: David Firth, Flying Lotus
  • Intérpretes: Hannibal Buress, George Clinton, David Firth
  • Argumento: Una falla se ha abierto en Los Ángeles y ha corrompido las mentes y cuerpos de sus habitantes.
DIVERSIÓN:
TERROR:
ORIGINALIDAD:
GORE:
  • 2.5/5

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Tras un terremoto, Los Ángeles y sus habitantes se han reconvertido a una nueva forma de vida que incluye pagar por sexo telefónico con alienígenas tentaculados, abortar al bebé engendrado con un visitante del retrete, dar de comer tus heces a la roca–ojete, dejarte preñar por una cucaracha radiactiva o eyacular en la cara de tu amada tras una reconfortante sesión de asfixia. ¿Es el preludio del fin del mundo o de la salvación de la humanidad?

Empezamos el año con la película que se prometía como la más repugnante de 2017. Causó revuelo a su paso por el festival de Sundance, exhibida con todo el entusiasmo de los pedantes que se felicitan por contratar el debut de un importante productor musical de Los Ángeles. Quizás deberían haberse fijado mejor en el currículo del elegido y sus proverbiales ganas de tocar las narices, reconocido por una iconoclasta mirada a los ritmos electrónicos y asociado dese muy joven al canal Adult Swim, donde la serie “Aqua Teen Hunger Force” podría ser un buen reflejo de lo que ofrece “Kuso”. “Flying Lotus”, así apodado, invertía sus importantes ahorros para presentar en sociedad un largometraje que no tenía ni pies ni cabeza, provocando mareos e indignación entre los asistentes a la premier. Fluidos blanquecinos, heces, muñecas sexuales, alienígenas dimensionales, penes parásitos, racismo, pollos asados nadadores, pedos, abortos fecales, pústulas… un rosario de aberración que, pese a lo irreal de su puesta en escena, terminará por revolver el estómago de los más sensibles. No afectando de la misma forma a nuestros cerebros, quedando en una propuesta tan obvia en su deseo de incomodar que resulta hasta inofensiva y aburrida.

Ni es para tanto ni supone tarea fácil ignorar la capacidad que esta alucinógena cinta tiene para mosquear al personal, cabalgando entre el humor surrealista sin gracia, que tango gusta a las comunidades raperas, y la escatología más nauseabunda, “Kuso” es un truño brillando con luz propia, el cual viene trufado con multitud de momentos tanto explícitos como experimentales. Una pena ese enfoque cómico claramente absurdo, donde todas las ideas vertidas suponen una invitación al consumo de marihuana y a la estupidez masculina propia de chavales de catorce años. Desde luego, unas gotas de seriedad hubiesen dado otro sentido a la sucesión de imágenes que son difíciles de justificar hasta como mera experiencia sensorial. No funciona este insulto a las buenas costumbres, envuelto en una clara falta de conocimiento del medio, no siempre la cámara recoge lo más interesante en escena, pero aún así reconozcámosle una desarrollada capacidad artística para lo decadente, consiguiendo hipnotizar al espectador igual que el tremendo mojón de una vaca plantado sobre una verde pradera pirinaica.

¿De críos, habéis pasado un buen rato pinchando con un palo la bosta de tal o cual animal, mezclando salfumán con mierda de perro, observando tus copiosas deposiciones con el orgullo del creador? Es mi caso, y no voy a negar que lo obsceno sigue manteniendo un destacado poder de atracción al que de vez en cuando me gusta dar rienda suelta, siguiendo su rastro marrón por diferentes películas, ya sea de forma más o menos metafórica. En este caso hablamos en el sentido más literal del término, “Kuso” nos epataba con un tráiler que era pura poesía excrementicia, lleno de úlceras y situaciones surrealistas, lo que en términos coloquiales se reduce a “puta locura”. Tal era el interés despertado que no pude menos que enfrentarme a la primera copia que cayó en mis manos.

A pelo, sin subtítulos, con el alma encandilada porque no tenía ni repajolera idea de lo que iba a ver. E igual que la empecé me quedé: “¿Qué coño he visto?”, nunca esta pregunta fue tan acuciante. Tampoco tuve claro si me había gustado o no. Asistí a una serie de fragmentos unidos por los pelos mediante secuencias animadas, deudoras de un Terry Gilliam puesto de crack, lo hice con la mejor de las voluntades, pero no conseguí enterarme si había algún argumento detrás o simplemente era el capricho de un negro rico de Los Ángeles. En parte me gustó su descaro, por otro lado me pareció un producto tan obvio y deficiente que hasta se me quitaron las ganas de hablar sobre él.

Pasado el tiempo, “Kuso” terminó siendo exhibida en el canal norteamericano “Shudder”, especializado en cine de género. Y desde luego que la obra de “Flying Lotus” merece ser considerada “género”, pero uno que se englobe únicamente a sí mismo. Así que por fin, con unos subtítulos a mano, vuelvo a darle una oportunidad a la película. De nuevo las mismas rocas con ojetes, travestis, auto asfixias eróticas y George Clinton. Al difusor de esa gran frase que es “mueve tu culo y tu mente te seguirá” le vemos interpretar un doctor que cura todas tus males igual que practica un aborto en su clínica de mala muerte; loas al genio detrás de “Funkadelic” y “Parliament”, la demencia del funk que aquí encuentra su reflejo, aunque dista de la genialidad tras “Maggot Brain”, uno de esos temas inmortales de la música rock.

No contento ante tanta confusión pensé que quizás el estado en que disfruté “Kuso” no fue el más adecuado. Estas experiencias de carácter extremo a veces merece la pena analizarlas con la mente afectada por las drogas, y como el LSD es algo que me pilla viejo, a pesar de los gratos momentos que he pasado cabalgando a lomos del cartón mágico, decidí poner a prueba la resistencia de mis pulmones y volver a ver “Kuso” con una fumada de espanto, como probablemente fue escrita y rodada. Sin embargo estábamos en las mismas, no me he enterado de nada en absoluto y, además, su supuesto humor pasado de rosca volvió a desfilar desapercibido ante mis enrojecidos ojos.

Quizás estaba fallando en la dosis, quizás simplemente hablamos de una de esas chorradas que ciertos críticos tienden a magnificar. Porque, ¿de verdad es tan provocativa? En absoluto, pero sí logra dejar un puñado de fotogramas grabados en tu inconsciente, en mi caso los pollos asados que nadaban en un lago radiactivo mientras daban a luz caras humanas. Y con esta sugestión influyendo en mi psique, seguí pensando que “Kuso” necesitaba un estado más alterado para degustarla como se debe. Así que ni corto ni perezoso probé con la privación de sueño, atacándola en una de esas noches que diferentes circunstancias me impiden conciliar el sueño.
Otra vez me quedé como estaba: confuso, molesto y vagamente fascinado. Sorprendentemente evité dar cabezadas durante la psicodélica proyección, por mucho que tras más veinticuatro horas sin dormir la película pareciese durar cuatro horas, lo cual refleja ese “algo especial” que tiene la dinámica visual de este film. Claro que cuatro visionados han sido más que suficientes, como tortura mental podría incluso probarse en modernos campos de concentración, que los hay, no pienso forzar mi frágil cerebro a otra sesión de ponzoña sin cimientos lógicos sobre los que sostenerse. ¿Cómo pequeñas píldoras hubiese sido más digerible? Sin duda, porque insisto en esos destellos malsanos que hacen parecer a cintas más normales como sesiones de catequesis de los viernes por la tarde. Por otro lado no voy a esconder que la película gana viéndola trastornado, aunque el peaje no compensa.

No obstante, llegados a este punto, ¿de qué cojones va “Kuso”? Básicamente de nada en absoluto. La excusa argumental es ese terremoto que ha liberado algo en Los Ángeles, anunciando un fin del mundo muy jodido, donde el sexo, caos, enfermedad y locura se verbalizan de una forma que, desde luego, no habréis visto en otro sitio. ¿Dioses primigenios? ¿Gases tóxicos? ¿Gérmenes alienígenas? ¿Patógenos mutantes? Esa carencia de trama avanza durante hora y media gracias a personajes cuyo mejor reflejo lo tenéis en adictos al delicioso “krokodril”. ¿Os parece bastante?

Palabras todas ellas muy sugerentes, pero cosa muy distinta sería recomendar este peregrinaje al lado más demente de la mente de un negro pasado de rosca. ¿O acaso os gusta pinchar mierdas con un palo?

Imágenes de la película

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Lo mejor: Estamos ante tal paranoia que, a los trastornados, conseguirá hipnotizarlos cual polillas.

Lo peor: Intenta ser una comedia y no tiene ni puñetera gracia.

Vuestros comentarios

1. ene 1, 23:54 | Elchinodepelocrespo

Una bonita guarrada, pero yo no le doy aprobado ni de coña.

2. ene 2, 04:09 | Juan Eduardo Bendeck Cordero

Interesante como creación artística, tal vez hubiera sido mucho mejor hacerla cortometraje. Ni ahogado en Tequila me atrevo a verla cinco minutos.
Aprovechando la visita ¿qué se ha sabido del Director Sergio Blasco allá en España? ¿Sigue haciendo cine de terror?
Un saludo y los mejores deseos para este año, estimado Bob.

3. ene 4, 01:51 | tito Jesús

una mierda, fosfórito pero mierda después de todo

4. ene 5, 16:54 | Jorge Guateque

Saludos.

Por nada del mundo perdere mi tiempo viendo tal “pelicula”.

Una cosa es ser original, llamativo o pretender crear algo nuevo, pero algo muy diferente es estar drogado, sin educacion y ser un degenerado y pretender infectar al mundo con tales basuras.

Gracias.

5. ene 5, 19:20 | Varon Dandy

Musicalmente hay cosas de este tipo que me gustan mucho, pero es fácil pasar de la sensación de genialidad a la de tomadura de pelo o directamente al muermo. Como dijo Lola Flores, acerca de su famosa situación con el fisco: “Es que para entender esto mio hay que estar de tripi”.
La veré a trozos.

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