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La casa del callejón, de David Mitchell

Una casa embrujada. De las de verdad, quiero decir

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En España, la difusión de la literatura de terror se debe a la labor de editoriales independientes. En los catálogos de las grandes firmas, pero, de tanto en tanto se cuela también algún título de género. Y no os imagináis lo mucho que me alegré al saber que Random House había publicado no sólo terror, sino terror contemporáneo. La casa del callejón; ¡sólo el título del libro ya prometía! Lo compré, lo leí, y lo cierto es que lo he disfrutado mucho. En realidad, no podría darle otra valoración que un sencillo: está bien. Sin embargo, mientras vives la experiencia que David Mitchell te propone, el sentido crítico se anula y lo único que buscas es entretenerte.

En esta novela se elabora un giro de tuerca a dos tropos del terror: el de las casas encantadas y el de los vampiros, aquí llamados “vampiros anímicos”. Así que ya veis, con esta historia, Mitchell se permite hacer alguna humilde aportación al entramado del horror. Sin por ello dejar pasar, claro, la oportunidad de rendir los homenajes pertinentes. Y eso es algo que me ha gustado: La casa del callejón no es una novela que pende en un vacío silencioso, si no que se nota que ha salido de la pluma de alguien que conoce (e idolatra) a sus referentes.

La trama tiene algunos defectos argumentales, que apenas puedo sugerir por miedo a arruinaros la historia. El caso es que éstos no son excesivamente llamativos, y se pueden obviar con facilidad. Hay varias conveniencias, vale; uno de los villanos se autosabotea cual arrogante enemigo de James Bond, vale; la exposición se consigue mediante una artimaña de dudosa credibilidad, vale. Pero todo esto da igual, creedme. Cuando vas por la mitad del libro, cuando ya te has percatado de ello, sigues leyendo. Y no te cuesta acabarlo. Al fin y al cabo, quizás esta sea la única pega relevante que se le pueda poner a esta obrita: las 222 páginas que conforman La casa del callejón se terminan en un suspiro.

 photo LCDC_Izd_zpsdnmd7njk.jpgCinco capítulos conforman la novela; cada uno está escrito en primera persona y narrado por un personaje distinto. Los registros con los que se aborda a estos personajes/narradores están sutilmente diferenciados, por lo que no resulta complicado discriminar las voces de unos y otros. Ah, un detalle a agradecer: cada uno de ellos está caracterizado mediante pequeños detalles.

Antes de terminar la reseña, querría destacar algo más: La casa del callejón es, dentro del terror contemporáneo que he leído recientemente, de lo mejor. Y pese a que las comparaciones son odiosas, la voy a contraponer con Extraños Eones, de Emilio Bueso. Al fin y al cabo, ambas obras presentan similitudes… sólo que Bueso no supo ejecutarlas con la solvencia que Mitchell ha demostrado.

a) En primer lugar, ambos textos están impregnados por un tono bastante coloquial. La diferencia radica en que Mitchell lo emplea hablando en boca de un personaje, para volverlo más empático y verosímil, mientras que en el Extraños Eones de Bueso es el narrador el que nos lo suelta. Cosa que resulta francamente disonante.

b) También he percibido, en ambos textos, una cierta tendencia a meter humor en escenas de tensión u horror. Y esto es algo peligroso, porque si no se trabaja correctamente, aquello que pretendía ser catártico se vuelve anticlimático. Sin embargo, Mitchell lo hace con moderación, de forma no intrusiva. Al contrario que Bueso.

En conclusión, pues, La casa del callejón está bien. El nivel de ambición de esta obra es grande, y desgraciadamente es lastrado en el resultado final por una ejecución irregular de la trama. No obstante, sus virtudes la elevan con respecto a otras publicaciones de género, y su lectura es de lo más entretenida.

Vuestros comentarios

1. may 28, 16:38 | Vicente Castillo

Disculpa, ¿a qué te refieres con que la exposición se consigue mediante una artimaña de dudosa credibilidad? Saqué el libro de la biblioteca, lo leí y no veo a que te refieres. Y por cierto, también he leído el de Bueso, aunque ya hace tiempo, y no acabo de entender qué quieres decir con esos dos puntos que señalas, ¿me lo puedes aclarar? En fin, muchas gracias por traer literatura de horror contemporánea.

2. may 29, 21:16 | Oriol Vigil

Hola, Vicente, disculpa la demora.

Como veo que has leído la novela, te contestaré sin miedo a spoiler. Si alguien no quiere que le destripe el mensaje, que deje de leer ahora mismo. ¿Sí? Vale.

Con exposición me refiero a la forma en que se nos cuentan las cosas. ¿No es extraño que los dichosos gemelos diábolicos hablen delante de sus víctimas? Incluso la hermana se queja, diciendo que eso les hace en cierta medida vulnerables. Y sí, el hermano es tonto del culo y un arrogante (de ahí a que dijera lo de que se auto-sabotea a lo villano de James Bond). Pero es que ambos, cuando juegan con sus víctimas, les hacen ver cosas que explican en cierto modo sus habilidades, les dan pistas. Vale, mientras lees el libro, flipas; pero hay que reconocer que estos recursos, argumentalmente hablando, son un poco forzados.

En cuanto a lo de Bueso:

En “Extraños Eones” usaba un narrador omnisciente para contarnos la historia. Y el lenguaje que empleaba esa voz era muy coloquial. Esto le quitaba credibilidad al tono general de la obra, a mi modo de ver. Sé que no se tomaba excesivamente en serio, que viraba del terror a la aventura efectista, pero aún y así… En “La casa del callejón” tienes momentos puntuales en que se usan fórmulas coloquiales, pero en ningún momento llega a dinamitar la atmósfera. Además, tiene más sentido que suceda debido a que los narradores son personas de carne y hueso, que hablarán así en su día a día.

Y sobre el meter humor… Si hace tiempo que has leído el “Extraños Eones” de Bueso, quizás ya no recuerdas la escena palanca de Arquímedes… Me sobró del todo. También hubo un par de escenas más que me chirriaron, por darles un enfoque cómico.

En fin, espero haberme explicado. Gracias por comentar y ojalá te haya gustado el libro tanto como a mí. ¡Saludos!

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