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La ciudad silenciosa

La lucha por la supervivencia asola Barcelona

La ciudad silenciosa

Dejémoslo claro: el libro que tienes en las manos no es una novelización de la película “Los últimos días”. Las novelizaciones son esos libros que siempre nos han parecido un tanto absurdos: si ya has visto la película en la que están basados, se limitan a contarte la misma historia y, si no la has visto, te arruinan cualquier sorpresa. Lo que ha hecho José Luis Caballero con “La ciudad silenciosa” es algo mucho más interesante: contar una historia completamente nueva ambientándola en el universo de “Los últimos días”…

De este modo, el prólogo de Álex y David Pastor, nos ofrece una clara idea del universo con que vamos a encontrarnos en La ciudad silenciosa, la sexta novela del periodista José Luis Caballero y segunda incursión del autor en el género de la ciencia ficción tras El proyecto Alpha.

Varios han sido ya los casos de adaptaciones cinematográficas que, a posteriori, se han plasmado en papel, con mayor o menor éxito en cada caso. Entre algunas de las más reconocidas novelizaciones, se citan las de Alan Foster, autor de un prolífico número de obras, entre las cuales cabría citar “Alien”, “La cosa” o numerosas creaciones propias relativas al universo “Star Wars” y “Star Trek”. Es evidente que, si una novelización no resulta brillante, tal como declaran los hermanos Pastor en el párrafo arriba indicado, la lectura se puede tornar excesiva, densa y mortalmente aburrida. Otro claro ejemplo de novelización bastante exitosa fue 2001: Odisea espacial, escrita por el reconocido novelista de ciencia ficción Arthur C. Clarke durante el rodaje de la famosa producción de Stanley Kubrick con el mismo título. Todo un referente a nivel tanto literario como fílmico que llegó a considerarse una obra de culto de carácter universal. Está claro que no cualquiera es capaz de realizar este tipo de escritura con la suficiente habilidad, por eso cabe destacar de forma notable el caso ante el que nos encontramos, otro claro ejemplo de novelización llevada más allá del significado de la palabra en sí, uno de los grandes descubrimientos en lo concerniente a éste 2013, que ya ha cosechado excelentes críticas en diferentes medios de difusión.

Al igual que el celebrado film de los ya reputados hermanos Pastor, La Ciudad Silenciosa sitúa al lector en el marco de una Barcelona devastada, asolada por un extraño y repentino brote de agorafobia que obliga a sus habitantes a vivir confinados en aquellos lugares donde se encontraban cuando les sobrevino el súbito ataque. De esta forma, reducidas y selectas agrupaciones de supervivientes se ven obligadas a convivir entre sí, hasta el punto de iniciar una lucha encarnizada en pos de la supervivencia durante la cual queda patente tanto la falta de escrúpulos como la exclusión de preceptos morales de ningún tipo.

Es en este punto, donde Caballero llega a sorprender de manera notable, mostrando con una crudeza realista hasta el extremo el nivel de salvajismo y brutalidad que es capaz de adquirir la sociedad cuando se trata de defender un interés tan primordial y básico como lo es, en este caso, la conservación de la vida misma. Tras asistir a este macabro episodio de “involución humana”, que devuelve al Homo Sapiens su primigenia y primitiva condición, el lector verá su estado de ánimo alterado por preguntas del tipo: ¿podría llegar a suceder algo así, dadas las pertinentes circunstancias? o, ¿hasta qué punto sería capaz de llegar un individuo, en un mundo donde la única norma válida y aplicable es la ley del más fuerte?, Ambas, cuestiones que dotan al contexto de la obra de una soliviantada carga moral que, para quienes busquen únicamente un mero entretenimiento sin más pretensiones, puede resultar una inoportuna contrariedad. Por lo tanto, se puede decir, igualmente, que La Ciudad Silenciosa es una obra ciertamente arriesgada y no apta para todo tipo de público.

Enmarcado en el contexto de este opresivo ambiente, un heterogéneo elenco de supervivientes, todos ellos magníficamente perfilados de acuerdo a sus características personales e intereses, entre los cuales figuran desde el recio inspector de policía Manuel Clos, a la joven Andrea, uno de los principales personajes de la obra, encarnado en el film de los hermanos pastor por Leticia Dolera, resiste, con tenacidad, ante las contingencias que ofrece la nueva y arriesgada situación. De esta forma, el lector puede apreciar la magnitud de la tragedia desde diferentes puntos de vista, llegando, incluso a inmiscuirse, de manera cómplice, en el drama personal de cada uno de los personajes, cuyos constantes recordatorios a lo largo de toda la novela consiguen ofrecer una visión más cercana y realista de los hechos que están aconteciendo en su actual presente.

En lo tocante a cuestiones de tipo lingüístico, cabría, de un modo especial, hacer hincapié en la correcta y pulcra narrativa de José Luis Caballero, dotada de la suficiente sobriedad como para despertar el interés desde el primer párrafo sin necesidad de incurrir, tampoco, en artificios ni complicaciones gramáticas de ningún tipo, y que ofrece al conjunto entero una perspectiva rigurosa y formal en toda regla.

Como es posible comprobar, en lo tocante a virtudes, la novela no se queda corta, siendo uno de los productos de obligada lectura que ha dado este 2013. Ahora bien, si hay algo negativo que puede reprochársele, se encuentra en lo tocante a la acción, la cual transcurre en un tono que llega a resultar repetitivo, tedioso y, en cierta medida, predecible. Esto es debido, en buena parte, a la inexistente profusión de escenarios, dado que el lector es casi únicamente partícipe de la vida en el interior de determinados espacios cerrados, dentro de los cuales se desarrolla un modo de vida que resulta demasiado rutinario y pasivo en ocasiones. Estos pormenores consiguen que el interés decaiga de manera importante por momentos.

Si limitar la acción únicamente a espacios cerrados es uno de los principales errores, también cabría destacar como tal las breves y concisas descripciones del ambiente externo, ya que en una obra con un visionado pos apocalíptico como ésta, resultan casi obligados detalles pormenorizados en lo referente al aspecto de la deshabitada urbe. Puede que para aquellos lectores para quienes la descripción constituya un castigo, lejos de verlo como traba, esto puede resultar un oasis en medio del desierto, pero, para quienes esperen una obra cargada de devastadores ambientes, constituirá una decepción en toda regla.

En líneas generales, quitándole peso a todos los pormenores que hablan en su contra, La Ciudad Silenciosa, es una obra entretenida, de fácil lectura y con cierta complejidad formal en lo tocante a la presentación de personajes, que resultará del agrado de más de un ávido lector con predilección por ciertos temas rayanos a la ciencia ficción, y que, a raíz de su final, sugiere una posible continuación que, a título personal, espero se torne en la misma línea que su posible antecesora y sea disfrutable en igual grado.

Imágenes de la película

La ciudad silenciosa

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