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La Mansión de los Horrores

Esqueletos en el armario

House on Haunted Hill Reseña

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  • Título original: House on Haunted Hill
  • Nacionalidad: Estados Unidos | Año: 1959
  • Director: William Castle
  • Guión: Robb White
  • Intérpretes: Vincent Price, Carol Ohmart, Richard Long
  • Argumento: Un excéntrico millonario invita a un grupo de personas para que permanezcan una noche, a cambio de 10.000 dólares, en una de las casas encantadas con peor fama de los Estados Unidos.
DIVERSIÓN:
TERROR:
ORIGINALIDAD:
GORE:
  • 3.5/5

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Atrévanse a penetrar las puertas de esta mansión. El excéntrico señor Loren les invita a la fiesta de cumpleaños de su cuarta esposa, de la que se rumorea practica de forma asidua el adulterio. No se preocupen si no han traído regalos, aquí sólo necesitarán su valor, pues la celebración es un tanto especial: ustedes serán los que reciban un presente muy jugoso de resistir toda la noche en la casa de la colina encantada. Recibirán un cheque de diez mil dólares si permanecen toda la noche. Aunque han de saber que, a medianoche, las puertas de la casa serán cerradas con llave y no se permitirá la salida de nadie. No se preocupen si fallecen de terror a causa de los espectros que pueblan estas dependencias, sus albaceas recibirán el cheque para disfrute de sus herederos. Pues el señor Loren nunca deja ninguna cuenta sin pagar, por terrible que sea la implicación.

Sin entrar a dar clases de historia cinematográfica, me gustaría recordar quien fue William Castle y porque es tan importante su legado: Este director y productor decidió abandonar el seno de Columbia Pictures para desarrollar sus propias películas de bajo presupuesto, y lo hizo con la solvencia por la que era conocido pero haciendo hincapié en el proceso de marketing asociado. Es decir, no era tan importante el resultado final sino como se vendía para atraer a la platea más joven e impresionable, a poder ser. Así los cárteles de sus cintas vendían los detalles más escabrosos de sus producciones y los títulos eran lo más rimbombantes posibles. Sin embargo, lo que caracterizó finalmente su carrera fue el uso de trucos, o “gimmicks”, para potenciar el efecto terrorífico de sus producciones. Famosos son el esqueleto de ojos rojos que sobrevolaba el interior los cines donde se proyectaba “The House on Haunted Hill”, la póliza de vida junto a la entrada de “Macabre” o los asientos vibradores para ver “The Tingler”. Las películas de Castle se adueñaron de las matinés donde miles de jóvenes adolescentes se agolpaban para disfrutar de estos efectismos y de películas, que por otro lado, no estaban nada mal. A modo nostálgico y un tanto irreal podéis acudir a “Matinee” (1993), donde un fantástico John Goodman interpreta un remedo de Castle. Sea como sea, Castle fue el que cimentó el cine de terror de bajo presupuesto como la realidad que entendemos aun a día de hoy. Resulta entonces curioso que uno de sus últimos trabajos fuese la producción de “La Semilla del Diablo”, de la cual le fue negada la dirección, donde además se reservó un pequeño cameo. Un visionario al que hay que reconocer el poderío pulp de sus obras, las cuales no en vano han influenciado fuertemente a personajes como Ed Wood, Joe Dante o Robert Zemeckis.

“The House on Haunted Hill” es una de las películas más tramposas y eficaces que se recuerdan sobre casas encantadas. Obviando desagradables spoilers, tendríamos que acoger la cinta antes al género ”weird menace” (pero sin su sadismo explícito) que al terror sobrenatural. Algo que en absoluto le quita un ápice de gracia, en todo caso le aporta una aureola muy especial y que sería el fiel reflejo de un estilo de hacer horror muy concreto, un tanto “camp” por aquello de resultar datado e inocente en su acabado, adscrito a los años cuarenta/cincuenta. Por desgracia, vista con el tiempo, “La Mansión de los Horrores” ha perdido su potencial aterrador, incluso me cuesta creer que en la época los chavales que iban a verla se la tomasen muy en serio. Famosas son las escenas en que los adolescentes intentaban impactar, con palomitas y otras golosinas, sobre el esqueleto que volaba sobre la platea. Pero de nuevo estas anécdotas teñidas de encanto proporcionan una dimensión entrañable al trabajo de Castle y Robb White, este último guionista habitual al que hay que reconocerle el merito de unas historias directas y divertidas con mucha escasez de medios.

Con respecto al paso del tiempo, donde más se nota es en la definición de personajes: jovencitas aterradas, aguerridos pilotos de carreras, esposas fatales, borrachines atormentados, misteriosos y elegantes millonarios… Todos supeditados al tópico que los compone y sin ninguna evolución en su trayectoria. Como si de una obra de teatro clásico se tratase, y “The House on Haunted Hill” posee una estructura propia del teatro, los actores abordan sus papeles con una pasión exagerada que termina por resultar poco creíble. No obstante, la distancia de los años otorga a esta faceta ese aire naif del que hablaba, convirtiendo los setenta minutos que dura en un verdadero viaje a la nostalgia más pura; quizás con un sesgo de tristeza al comprobar que el cine de serie B actual se deja en el tintero la iteración con el espectador, parte fundamental de la carrera de Castle. No tanto en su sentido literal, sino más bien en la consideración de lo que desea el público al otro lado de la pantalla. No nos tomen por tontos señores productores: queremos la magia del séptimo arte, su poder de evasión y evocación.
“La Mansión de los Horrores” consigue trasladarnos a una fantasía macabra donde todo luce siniestro, sin duda, gracias a la ambientación provista por esa mansión art decó que se erige desde el primer minuto en importante baza de la película. Resulta curioso que el guión esconda una trama gótica en su núcleo cuando el entorno no podría intentar ser más distinto. Y es que en paralelo a Fritz Leiber, White intenta crear horror urbano, aunque no se aleja mucho de la estructura clásica de cualquier historia gótica de fantasmas y venganzas. En definitiva, en la historia finalmente gana Poe, del cual es imposible olvidarse cuando hablamos del pozo de ácido que contiene el sótano de la casa. Nada de qué preocuparse: todos los tópicos y clichés terminan por ser divertidos; por no hablar que algunos de los cuales, y que ha día de hoy parecen abusivos, se preconfiguraron en cintas como esta. ¿Un grupo de personas atrapadas en una edificación maldita?

A lo largo de su metraje, la acción se sucede con la rapidez de la época. Sí, el libreto está plagado de diálogos, pero son rápidos y chispeantes, merced a esos papeles tópicos de los que hablábamos. Por supuesto los elementos macabros pertenecen a una época donde los efectos especiales no estaban muy desarrollados, por no hablar del escaso presupuesto. Efectivamente los sobresaltos escasean y más son motivo de cachondeo, uno que guarda una buena dosis de respeto. Y es que su presentación puede ser barata, pero su colocación es milimetrada. Todo lo cual, la atmosfera se ve beneficiada de una forma increíble por una banda sonora maravillosa, una que sí pone los pelos de punta a pesar de prodigarse el noventa por ciento del metraje. Un órgano espectral, que podría ser la envidia de cualquier “giallo”, evidenciando el deseo de Castle por construir una cinta de terror genuino, otra cosa distinta fue lo que al final terminó por estrenarse.
Si las apariciones y demás, mención especial al legendario esqueleto de su apoteósica y afectada conclusión, no son el plato fuerte de la función, lo es el protagonismo de Vincent Price, como siempre perfecto en un papel cínico y elegante. Quede claro que un servidor es fiel del actor norteamericano, su simple presencia justifica el visionado de “The House on haunted Hill”, y eso que comparte minutos con dos actrices, Carol Ohmart y Carolyn Craig, perfecta encarnación de la dualidad femenina, vista desde el prisma de los cincuenta, con esa femme fatale y la adorable secretaria impresionable, respectivamente. Como decía, muy divertido y campechano el espíritu pulp que se respira a lo largo y ancho de toda la película: desde la decoración de la casa hasta las vestimentas y peinados de sus personajes. Otro tanto para la nostalgia, quizás, desmedida.

En conclusión, no podemos negar que estamos ante un pequeño clásico del cine de terror. Un placer culpable que se establece, mitificación de una década por delante, como una esplendida serie B cuyos enormes fallos, por ejemplo los agujeros de guión, no deben ser óbice para disfrutarla como si formase parte de la típica sesión doble de una matiné. Una de esas que ninguno de los presentes conocemos en su estado más puro, pero que siempre pertenecerán al imaginario popular como uno de los símbolos de una sociedad más inocente y más capacitada para la fantasía. Con respecto a su valor dentro del subgénero de las casas encantadas, ahí resulta más complicado pronunciarse, porque su tramposo final pone en duda siquiera su clasificación, pero entendamos el legado de su alargada sombra; sin ir más lejos, su remake cuarenta años después apuntaba al terror puro y duro, aunque esa es otra historia de la que hablaremos más adelante. Os emplazo a la próxima entrega de este especial junto al maestro Stephen King, con una de las mejores adaptaciones de sus relatos. Hasta entonces, disfrutad de la falsa seguridad de vuestro hogar.

Imágenes de la película

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Tráiler

Lo mejor: Vincent Price.

Lo peor: El tiempo ha perjudicado la caracterización de los personajes, que aun así son deliciosamente "pulp".

Vuestros comentarios

1. mar 10, 23:40 | Mountain

Recuerdo ir al cine a ver la versión 1999 de “The House on Haunted Hill” y salir verdaderamente enfadado, sigo pensando que es de las peores películas que he visto en mi vida. Sentí curiosidad por ver la película original y la verdad es que a pesar de que me gustó bastante más que la espantosa nueva versión, tampoco me pareció gran cosa, eso sí, Vincent Price engrandece cualquier pantalla.

2. mar 11, 22:30 | Bob Rock

Mountain.- El tiempo no ha pasado en balde para ambas (1959 y 1999), pero la segunda carece de cualquier encanto. Mientras que la original tiene, al menos, la leyenda de la nostalgia.

yo también vi la de 1999 en cine… menudo bajón, sobre todo al final… una pena lo de la Dark Castle… tendría que haber dado más de sí…

3. mar 22, 21:31 | RedRum

Wow,pues yo soy muy fan de este clásico, las dos veces que la he visto la he disfrutado un montón. Me encanta cómo juego con el tema de la sugestionabilidad de la mente, es casi como jugar al ajedrez. Al final el más listo Mr. Price.

Me sumo a la decepción con el remake, no entendieron en absoluto la magia de la original. Una pena.

4. mar 22, 22:21 | Bob Rock

RedRum.- Mr. Price está supremo en esta cinta. Cuando agarra a su esposa y la zarandea todo atormentado… ja ja ja, desde luego ha quedado datada, pero tiene “magia”

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