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Like Me

Amélie puesta de setas

Like Me Reseña

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  • Título original: Like Me
  • Nacionalidad: Estados Unidos | Año: 2017
  • Director: Robert Mockler
  • Guión: Robert Mockler
  • Intérpretes: Addison Timlin, Ian Nelson, Larry Fessenden
  • Argumento: Una joven intenta llamar la atención a través de YouTube
DIVERSIÓN:
TERROR:
ORIGINALIDAD:
GORE:
  • 2/5

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Kiya es una chica que empieza una curiosa carrera en redes sociales y plataformas de video: grabar las humillaciones a las que somete a otras personas. Esto la llevará a un viaje directo hasta sus propios deseos oscuros de atención polarizada, una travesía guiada en parte por su prisionero, un hombre de vuelta de todo cuya relación con su captora se va complicando entre dosis y dosis de droga.

“A Serbian Film” hablaba sobre los límites de la moral y como romperlos o manipularlos, “Like Me”, un nada sutil juego de palabras con la necesidad de obtener reconocimiento a través de las redes sociales, intenta soltar un discurso anti existencialista sobre la vida en un mundo sin moral. La película de Srdjan Spasojevic se exponía con un lenguaje incisivo y sórdido, elevándola a película de culto, quizás sobredimensionado por el tonto escándalo que llego a arrastrar, mientras que la obra de Robert Mockler supedita cualquier profundidad o acidez contextual a una capa estética igual de epatante que aleatoria, y por lo tanto bastante insatisfactoria.

Aun gozando de una realización asombrosa para un debutante sin excesivos medios, observen los fotogramas que acompañan esta tediosa reseña, “Like Me” peca de pedante por el simpe hecho de diseccionar la vacuidad del universo humano aportando únicamente más vacuidad. Suena divertido denunciar la falta de mensaje evitando aportar un mensaje, por desgracia no deja de ser un ejercicio académico, falto de magia o encanto. Por supuesto, hablar de terror resulta aquí una auténtica utopía, aunque se trata de una situación menos hiriente que si hablamos de otros títulos comentados en esta vuestra página. Al menos intenta mostrarse tan radical en su verborrea que provocará la reacción del respetable. ¿Abucheos, aplausos? El quid, tal y como nos narra, es conseguir comentarios entre la muchachada.

Además, la peligrosidad de la arenga queda en el mismo capricho de esa juventud, y no tan juventud, atrapada en el uso abúlico de las herramientas de difusión digital. No negaré que existe un fuerte sesgo generacional en la interpretación y disfrute de este largometraje, afortunadamente breve. Puede que perteneciendo de nacimiento a alguna tribu digital, conociendo y conviviendo mejor con los entresijos del mundo virtual, la obrita adquiera un nuevo significado, justificando las rivalidades a través de foros en los que la gente apenas se conoce. Creo que es de dominio público: mi participación en esta web jamás me ha obligado a entender las absurdas disputas entre cajas de comentarios o el interés de vídeos donde la pérdida del tiempo, o la opinión infantil de terceros, para eso ya tengo la mía, constituya el leitmotiv de mi existencia.

Soy un nihilista declarado, y aun así jamás me afiliaré al sindicato al que pertenece la protagonista de “Like Me”, post adolescentes cuyos cerebros han sido licuados persiguiendo la falsa fama de Internet, incapaces de sentir empatía hacia seres humanos de carne y hueso, aunque sólo sea odiarlos. Si he de recabar vuestros votos positivos, lo haré pulsando el botón rojo y que os den por culo a todos. Evidentemente se trata de una cuestión de pasión, no existe emoción o sentimiento aquí, salvo una conclusión bastante gris pero que, por otra parte, sí refleja la verdad tras la máscara. Lo siento, este proyecto carece de ninguna explosión de violencia que dilate las entrañas a la espera del dulce beso de la cuchilla. ¿Dónde está la pegada, la provocación? Precisamente eso era lo que nos estaban vendiendo.

Gilipolleces aparte, la película de marras nos sitúa siempre junto a una Amélie norteamericana cuyos deseos por descubrir la vida adulta se reducen a la creación de vídeos absurdos donde otra persona sea puteada. Bromas que ni siquiera tienen mucha gracia, tal y como arranca directamente la cinta junto a imágenes montadas de manera epiléptica para decir: “vas a cagar gominolas de colores después de vivir esta experiencia”. Comenzamos con una visita enmascarada a una gasolinera, donde una phablet y una pistola sin cargar provocan una situación que no tiene el más mínimo interés. Sin embargo servirá para que, argumentalmente, “Like Me” muestre la dirección que llevará hasta sus títulos de crédito, curiosamente recatados frente a un metraje lleno de estridencias y trucajes que nos recuerdan constantemente lo afortunados que somos de asistir a una obra de arte, no un producto. Entiendan mi ironía.
Entonces, tenemos a esta muchacha de diecisiete años (¿?) que observa con frialdad el éxito de su vídeo, encerrada en una burbuja de superficialidad pop, pues la fotografía y la iluminación hablan de synthwave que no viene a cuento, hasta que una crítica acerada la empuja a seguir con su búsqueda de la depravación y como capturarla en móvil. Lo señalaba un amigo, a veces podemos sentirnos dentro de un capítulo de “Black Mirror”, pero sus intenciones no son tan sintéticas ni entretenidas como para justificar su existencia.

Dicha odisea dista mucho en decadencia de un relato escrito hace un siglo, hablo de “El Sabueso” de H. P. Lovecraft, donde un par de deleitantes terminaban por comer más de lo que podían tragar. Fijaos pues que inocencia conceptual cuando ese descenso a la inmundicia humana se reduce a cierta obsesión con la comida basura –algo bastante tonto y en sintonía con esa patina naif que comentaba más arriba–, charlas con vagabundos, comer peyote junto a varias televisiones de tubo, intimar con un cincuentón venido a menos y con una irritante afición a mascullar… ¿Dónde está la espiral de crimen y violencia que prometía su sinopsis oficial? Supongo que oculta al fondo de ese revestimiento de cuento de hadas corrupto que tan bien ha sabido diseñar visualmente su director. Tampoco he sentido la presión de una vida dedicada al lema “cualquier cosa por un like”.

Entre los dos actores principales encontramos a todo un Larry Fessenden, chapero norteamericano de la serie B más flagrante, que mantiene el tipo y apuesta decididamente por darlo todo, incluso el dinero, pues la producción corre en buena parte de su cargo. Es evidente que hablamos de una apuesta personal por la ópera prima de Robert Mockler, otra cosa es que los diálogos entre él y su contraparte, la verdadera protagonista, supongan una ristra de frases de lo más artificial y soporíferas. O quizás estemos de vuelta en el pantanoso terreno donde el nihilismo, la carencia de racionalidad dentro del caótico orden de las cosas, haya sido más fielmente plasmado de lo que un servidor piensa. Como sea, es Addison Timlin la verdadera protagonista de la película, interpretando a esa chica desquiciada perdida en un mar de estética trash cuidadosamente preparado y unas posibilidades económicas que aluden a un punto mucho más jugoso y muy poco explotado: la condición social de esta niñata.
La verdad que Addison los hace bastante bien, se engancha a su rol con cierta ambigüedad, consiguiendo un aire sensual escudado en la inocencia de su insensibilidad, y su belleza natural, claro. ¿Nos creemos a esta Amélie puesta de ácido? La respuesta es un rotundo “sí”. ¿Importa en algo la diatriba con que nos tortura? En absoluto.

Total, siguiendo con el tema propuesto por “Like Me”, podría haber aprovechado mejor mi tiempo viendo vídeos de borrachos por YouTube, o en otro Tube mucho más directo. La cuestión es que aun así algo hipnótico tienen los fotogramas del debut de Robert Mockler que sí podría ser recomendable para aquellos que buscan experiencias diferentes sin importar que les tomen el pelo. En realidad, esta es la base de muchos de mis viajes de ácido.

Imágenes de la película

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Lo mejor: Definitivamente es arriesgada con cierto estilo visual, semejante sacada de huevos merece respeto.

Lo peor: ¿Qué cojones me quiere contar?

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