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Llegan sin avisar

Y te muerden el culo

Llegan sin avisar Reseña

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  • Título original: Without Warning
  • Nacionalidad: Estados Unidos | Año: 1980
  • Director: Greydon Clark
  • Guión: Lyn Freeman, Daniel Grodnik, Bennett Tramer, Steve Mathis
  • Intérpretes: Jack Palance, Martin Landau, Tarah Nutter
  • Argumento: En una zona rural de Oklahoma algo está cazando seres humanos.
DIVERSIÓN:
TERROR:
ORIGINALIDAD:
GORE:
  • 3/5

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“Llegan sin avisar” es un pequeño clásico de los años ochentas, muy de la época. Algunos prefieren considerarla una excelente muestra de serie B, lo cual es comprensible viendo el agradecido resultado que su creador pergeñó con ciento cincuenta mil miserables dólares. Hablamos del gran Greydon Clark (“El Pasajero No Invitado”, “Wacko”, “Joysticks”), un tipo que siempre declaró su única intención de hacer cine por el mero placer de hacerlo. Sin embargo un servidor prefiere quedarse con el lado más casposo de “Llegan sin avisar”, colocándola, si no os importa, unos escalones más abajo del abecedario. Algo que se puede traducir en “que mala es la cabrona, y que bien me lo paso cada vez que la veo”.

En una zona rural de Oklahoma se están produciendo desapariciones que algunos achacan a la presencia de extraterrestres en la zona. Cuatro chicos deciden ir de acampada desconocedores de este supuesto peligro. Una vez allí, tienen su primer encontronazo con unos discos voladores que resultan ser enormes lapas alienígenas capaces de robar la vida de un humano en pocos segundos. Estos seres son las armas de un cazador espacial que busca una nueva provisión de carne que llevar a su planeta de vuelta… pero jamás se imaginó enfrentarse con los cazadores y los borrachos de la zona, paletos con los huevos como cocos.

Cuando era crío mi padre se obstinaba en alquilara para alegría de mis inagotables pesadillas nocturnas, era de sus favoritas junto con “Fuerza Vital” y “X–Tro”, convirtiéndose en una de esas obritas legendarias en el entorno de la EGB, motivo de cotilleos y escalofríos a la hora del bocata. Aunque muchos tuviésemos terminantemente prohibido ver cine de terror durante nuestra infancia, no sé que pueden pensar los niños actuales de un concepto como el de los “dos rombos”, siempre quedaba un resquicio por la puerta del salón por el que asomarse y ver, por ejemplo en este caso, unas monstruosas lapas que acababan de forma muy gráfica con sus víctimas. Tal es el grado de detalle, entiéndase para 1980 y con pocos medios, que “Llegan sin avisar” ha pasado a la historia por estas criaturas, la herramienta de caza de un alienígena que también causaba sus buenas pesadillas, aunque ya de cara al final de la cinta. Un simpático tío alto, cabezón y de color azul que a día de hoy provoca asombro antes que miedo.

Cuando me refería al lado casposo del largometraje que hoy recuperamos, como terapia psicológica tras la desastrosa racha de títulos de mierda y sin gracia que nos rodean, me refiero más en concreto a su faceta interpretativa. Curiosamente esquizofrénica y a la vez muy cuidada gracias al carisma que desbordan dos de sus principales protagonistas: Jack Palance y Martin Landau. A principios de los ochentas, estas máquinas oscarizadas de la interpretación se apuntaban a cualquier obrita de mala muerte que pudiese ayudarles a pasar la jubilación, ¡y eso que nos llevamos los aficionados!
Porque uno interpretando a un cazador de malas pulgas y el otro encarnando a un ex militar paranoico, respectivamente, consiguen aportar una dosis de sordidez que para sí quisieran muchas producciones underground actuales. La exageración y las muecas son el fuego perfecto para encender la mecha de otro canuto, y con él flotar entre las idas y venidas, llenas de jodidos tiempos muertos, de unos protagonistas más pendientes de ocupar plano que de aportar cohesión a un guión tan simple como mandan los cánones.
Con respecto al resto del elenco cabe destacar un buen número de rostros conocidos en el submundo cinematográfico norteamericano. Todos, algunos más jóvenes que otros, se dejan llevar por esa aureola de improvisación que convierte los diálogos en una especie de montaña rusa. Por ejemplo David Caruso, en la cresta de la ola con CSI, interpretaba al borde de la borrachera a un joven e inocente campista, loquísimo todo. Pero dejen que me quede con un dato nada anecdótico: el actor tras el maquillaje del alienígena, Kevin Hall, sería el mismo que interpretase el papel de Depredador en las dos primeras partes. Muy curioso.

También podemos defender la peculiar atmósfera que rodea la acción: caracterizada por una iluminación muy tenue que, sin embargo, no impide apreciar el detalle macabro de las escenas en ningún momento, agradecido látex y fluidos a la vieja usanza. La ambientación se aprovecha de una máquina para hacer niebla, entre otros elementos tradicionales del terror VHS, aupando dentro del imaginario popular unos simples campos por encima de localizaciones de estudio, todo un logro.
Enraizada en el pulp y en las películas de ciencia ficción de los años cincuenta, “Llegan sin avisar” se destapa con una originalidad igualmente bienvenida, preludiando a su manera cutre y chabacana las correrías que otro alienígena, bastante más formal, nos regalaría en “Depredador”, no en vano la importancia de Hall, una verdadera joya inmortal como ya no se encuentran. ¿Se puede pedir más?

Si no le tenéis miedo a los altibajos de ritmo y al cine barato; si tenéis una peculiar simpatía por esa obsesión tan bienvenida de los ochentas en mezclar ciencia ficción y terror sin orden ni concierto; si estáis cansados de que el cine actual esté falto de carisma, ya sea en su vertiente comercial o low cost; si jugabais con el famoso Blandi Blub™ cuando eráis niños y ahora estáis tarados como un servidor… adentraros en la serie Z casposa en estado puro, echadle un vistazo a “Llegan sin avisar”. No merece salir del nicho creado alrededor de los drive in de verano, pero ofrece una simpática perspectiva de la (in)evolución del género hasta nuestros días.

Imágenes de la película

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Lo mejor: Hasta tiene un ambiente insano, especialmente memorables las criaturas lapa.

Lo peor: Un ritmo que avanza como las putas hormigas, a trancas y barrancas.

Vuestros comentarios

1. nov 13, 18:55 | MASP

Ah, los bichos lapa! Creo que fueron de las criaturas favoritas que poblaron mis pesadillas ochenteras junto con las esferas voladoras de “Phantasma”. Muy recomendable.
Saludos!

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