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Los Profesores...

Los Profesores también enseñan comportamiento

Los Profesores También Enseñan Comportamiento

Braulio se encontraba sentado en su mesa de profesor, intentando ocultarse tras sus manos de los alumnos de último año de instituto que iban entrando en el aula, esperando a que les instruyera en biología. Sabía que se reían de él a sus espaldas, que decían que era un tipo extraño, pero al menos no sabían lo de sus cargos, ni lo de su pequeño pasatiempo. Se dio cuenta de que su extraña pose, con las manos y el enmarañado pelo cubriéndole la cara, estaba atrayendo las miradas de los jovenes, lo contrario a lo que pretendía, así que puso las manos sobre sus papeles y se irguió como pudo, mientras una vez más todo le empezaba a dar vueltas y se sentía como en otro lugar, como si él no debiera estar allí.

Creía saber dónde debería estar en realidad, o al menos dónde le gustaría. Algunos abrían ranas, y el abría niños, era lo que le gustaba. Abría niños y se comía lo de dentro y eso le suponía una tremenda excitación. Si le pillaban, iría a la cárcel de por vida, pero ¿qué le importaba ya? Había perdido a su mujer y a su hijo, ambos le acusaron de pederastia, cuando nunca le hizo nada malo al chaval. Fue entonces cuando empezó con sus travesuras, ese fue el "desencadenante", o así lo llamaban en la televisión. Pero es que ¿qué iba a hacer solo en casa todo el día? Él solo se dedicaba al hobby que más le gustaba.

Mientras se sumía en sus pensamientos la erección vino y luego se fue, y volvió cuando recordó al chico que había matado la noche anterior. Lo espió durante varios días, sabía que por la noche solía sacar la basura, lo cogió entonces y se lo llevó a su casa amordazado. Tuvo que eyacular dentro de sus tripas abiertas, pero después dio buena cuenta de todas ellas, fue un banquete, así que creía que no podía haber dejado ningún rastro, aunque se encontrara el cadáver en sí en el contenedor donde lo había tirado, lejos, muy lejos de su casa.

Mientras fantaseaba recordando la noche anterior y la erección amenazaba con destruir sus pantalones, Braulio se percató de que los alumnos le miraban, esperando a que dijera algo.
-Buenos días...
Alguien dio un par de golpes en la puerta, interrumpiendo su saludo.
-Adelante.
Entró la jefa de estudios, una vieja arrugada con las tetas caídas a la que Braulio odiaba. Se acercó a él y le habló en voz baja.
-Señor Nevada, hay unos agentes de policía que dicen que tienen que hablar con usted urgentemente. Le están esperando en la sala de profesores.
La erección desapareció por completo en menos de un segundo. Le habían pillado, y la idea de ir a la cárcel, que tan poco le importaba minutos antes, acaba de pasar a ser aterradora. Braulio se miró las manos, sudaban copiosamente y temblaban. Su rostro debía estar pálido. Intentó responder, pero se le hizo un nudo en la garganta. Finalmente, dijo en voz muy baja:
-Ahora... mismovoy.

La vieja estaba ahí de pie, esperando. No se iba a ir por su cuenta, estaba atrapado entre la espada y la pared. Braulio perdió los estribos, como un animal arrinconado que ya no sabe a dónde huir, y se abalanzó sobre el cuello de la jefa de estudios, cerró sus fauces en torno a aquel flácido pellejo y apretó con todas sus fuerzas, desgarrando la carne de la sorprendida víctima, que cayó al suelo bajo su peso.

Braulio mordía y gruñía, mientras los tendones se estiraban y la sangre chorreaba entre sus dientes. Algunos alumnos gritaban o huían, otros seguían sentados, estupefactos.

Braulio reía enloquecido sobre el cadáver de la vieja. Jajajajajaja. Finalmente, su risa se tornó en sollozo, mientras la razón volvía a invadirle. ¿Qué demonios estaba haciendo? ¿Quería recibir un disparo en la cabeza de algún policía? Era como en las películas americanas.

Se entregaría, quizá podría alegar locura, y lo meterían en un psiquiátrico, sería mejor que la cárcel. Salió corriendo con su boca y su camisa empapadas en sangre. La jefa de estudios había dicho la sala de profesores, sí. Corrió entre aterrorizados adolescentes hasta que llegó al pasillo que daba a la sala donde le esperaba su destino ineludible. A pesar del jaleo que había dejado atrás, aquí todo estaba tranquilo, silencioso. Caminó lentamente por el pasillo, sopesando lo que diría cuando le arrestaran. No se oía ni un alma, ni siquiera cuando estaba ya frente a la puerta de entrada a la sala. ¿De verdad estaban aquí los policías que querían hablar con él? Oyó un cuchicheo proveniente del interior.

Abrió la puerta lentamente, listo para poner las manos en alto. Le sorprendió que todo en el interior estuviera a oscuras, pero estaba seguro de haber oído a alguien hablando en voz baja, así que buscó la luz con la mano. Finalmente la encontró, y casi sufrió un infarto cuando al encenderla un estridente grito coral invadió sus oídos:
-¡¡¡Sorpresa!!!
Ante él, los demás profesores sostenían vasos de plástico, sobre una mesa había comida, y un cartel en la pared ponía "FELIZ CUMPLEAÑOS BRAULIO".

Por: Luís Carbajales
Black Widow Productions

Vuestros comentarios

1. oct 13, 14:46 | Bob Rock

Hola Almas Oscuras!!

Muy macabra, muy macabro y es que

Era como en las películas americanas

genial

Un saludo

2. oct 13, 17:32 | MaRiAnA

Que maldad hay en tener un hobby no ¡¡??
jojo

Bravoo¡¡

3. oct 21, 02:08 | Luis Carbajales

¡Gracias a ti por publicarme! ;)

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