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Mon Mon Mon Monsters

Los inhumanos

Mon Mon Mon Monsters Reseña

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  • Título original: Bào Gào Lǎo Shī! Guài Guài Guài Guài Wù!
  • Nacionalidad: Taiwan | Año: 2017
  • Director: Giddens Ko
  • Guión: Giddens Ko
  • Intérpretes: Eugenie Liu, Kent Tsai, Yu-Kai Teng
  • Argumento: Cuatro adolescentes encuentran a una niña monstruo y la secuestran para dar rienda suelta a su propia monstruosidad, sin saber que la hermana de su víctima anda tras su rastro, sedienta de sangre.
DIVERSIÓN:
TERROR:
ORIGINALIDAD:
GORE:
  • 3/5

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“Mon Mon Mon Monsters” es una película muy interesante que ha ido capitalizando la atención del aficionado a lo largo de su periplo por los diferentes festivales especializados del pasado año. Donde ganó aplausos gracias a una enfermiza e irreverente visión del acoso escolar, planteando la eterna cuestión del ser humano como el verdadero y único monstruo de la creación. La respuesta a tan peliaguda pregunta llega por la vía del terror sobrenatural. Adolescentes cuya falta de empatía los convierte en psicópatas en potencia, son los que protagonizan este cruel cuento de descubrimiento del “nihil”, la vida adulta preconizada en egoísmo, rabia y frustración. Una versión menos lasciva y más ligera de “Deadgirl”, una visión colorista revestida de la característica eficacia artística y visual de nuestros vecinos asiáticos. Igual que resulta típica esta solidez de la capa superficial, un cuadro de definición milimétrica con escenas planificadas hasta el mínimo detalle, también lo es la sobreactuación del plantel de actores, dotados un estilo donde los diálogos y reacciones de los personajes provocarán ataques de risa a pesar de estar simplemente reflejando la idiosincrasia de su cultura. Ya saben, absténganse aquellos que no soporten el manga, los fideos tres delicias o la característica elipsis narrativa del este.

Cuatro gamberros son obligados por su profesora a dar de cenar a un grupo de ancianos hacinados en una vieja torre de apartamentos, uno de ellos se ha mezclado con esa gentuza casi por obligación, siendo la principal víctima de sus bromas y crueldades, aunque pronto se acopla con éxito a la ley del más fuerte. Una vez llegados al sucio edificio, donde suelen desaparecer vagabundos que no les importan a las autoridades, descubren a una criatura vampírica con aspecto de niña. Ni cortos ni perezosos deciden llevarla secuestrada a su club de reuniones, una piscina abandonada en las instalaciones del instituto. Mientras prueban y ponen al límite la resistencia de su cautiva, llegando incluso a arrancarle todos los dientes, su hermana mayor la busca desesperada por toda la ciudad, dejando un rastro de sangre que no dudará en extender hasta esos hijos de puta más preocupados por su cuenta de Instagram que en aprender educación y buenos modales.

Asusta especialmente este largometraje, quizás demasiado extenso para lo que nos quiere contar, porque nos muestra a una juventud muy natural en su crueldad, en su adoctrinamiento como cachorros de la manada. Enfrentados a un monstruo real, una especie de vampiro creado mediante magia negra, no dudan en sacar lo peor de ellos mismos incluso poniendo en riesgo una larga y próspera vida en la que obviamente no creen. Esta ejemplificación no debe ser tomada como una realidad absoluta, cabrones ha habido y habrá hasta debajo de las piedras, pero sí resulta una inteligente, a la par que fría y falta de moralejas por suerte, disección de nuestra actual juventud, deshumanizada hasta el punto de torturar a un monstruo –o a un compañero o a un anciano– por el mero placer de hacerlo, los hedonistas melniboneses volverán a regir los Reinos Jóvenes.

“Made in Taiwán”, la cinta se caracteriza por elevadas dosis de humor negro y la exageración gestual y verbal a la que son tan dados los orientales dentro de su cinematografía más comercial. De esta manera se alivia un poco el mensaje apocalíptico, el drama abanderado de la crítica social, pues el discurso no se alarga más allá del mero entretenimiento. Por otro lado disfrutaremos de una realización técnica que da sopas con ondas al cine occidental de presupuesto medio. Sin gozar de recursos desorbitados, algo menos de tres millones de dólares estadunidenses, “Mon Mon Mon Monster” reluce con estilo propio, desplegando una fotografía llena de nitidez pero que no renuncia a la espesa textura asentada en los ochentas. Una ambientación asfixiante beneficiada por el entorno urbano de Taipéi, capital de Taiwán, entre el que destacan varios edificios y zonas abandonadas o en franco riesgo de exclusión.

Esta decadencia ayuda a que los tonos cómicos, que abundan, no puedan entrar en la sala de control, aparcando la definición de la cinta en un limbo donde los géneros y estilos se entrecruzan con una bienvenida originalidad. La trama puede que no sea muy profunda, un acto de maldad llevado a las dos horas de duración, pero poco horror sobrenatural encontraremos con estos inquietantes juegos de poder adolescente como motor. Hipnotiza la banalización de sus gamberradas, quizás el director y guionista en cuestión, Giddens Ko, un tío que arrastra cierta polémica tras de sí no sé muy bien por qué razón, era más consciente de lo que un servidor ha sido como espectador… La verdad es que las secuencias convertidas en video clip improvisado, donde los estudiantes protagonistas se burlan de varios ancianos de escasos recursos en lugar de ayudarles como se les ha impuesto, demuestran una inmoralidad que raya lo luciferino. Normal entonces que la película apueste toda su magia al posicionamiento que el público adoptara con respecto a los humanos de la historia, todos repulsivos salvo contada excepción, o las criaturas salvajes que los dan caza. Es fácil sentir que en esa enorme ciudad sin alma sobren miles y miles de habitantes.

Especialmente representativa es la transformación o evolución de la estrella de la función, un apocado joven del que todos abusan. Como si de “Trainspotting 3” se tratase, este chico demuestra adaptarse a la perfección a los códigos de vejación y desprecio a los que otros muchachos lo someten, convirtiéndose pronto en el peor de ellos, pues intenta justificar, a través del miedo hacia sus compañeros, las maldades que va cometiendo sobre todos los que le rodean. Nadie le empuja u obliga a mantener la tortura de la criatura que han capturado, tampoco a envenenar a una profesora. Sí, es tan odiosa o más que sus alumnos, otro monstruo engendrado por la religión, pero la felicidad demostrada por toda la clase alrededor de su impactante muerte, es propia de megalómanos o enfermos mentales antes que de cualquier ser humano medianamente cuerdo.

Desgraciadamente “Mon Mon Mon Monsters” se centra principalmente en los tira y afloja dentro del grupo de “amigos”, cuya cohesión palidece vilmente ante el amor que demuestra el monstruo que busca a su compañera de fatigas, dos hermanas en cuyo pasado no se hace mucho hincapié, tampoco hace falta. Tampoco nos engañemos, aunque algo de azúcar hay en la fórmula, las dos criaturas vampíricas que arrastran sus harapos y comedido diseño por el metraje son unas despiadadas máquinas de matar. Hubiese sido más reseñable que el epicentro argumental hubiese pivotado sobre la venganza del ser al que le han arrebatado su única familia. Cierto que un par de escenas puntuales, sitas en un autobús escolar y una clase respectivamente, destilan esa atmósfera épica que corresponde a toda buena vendetta que se precie. Aquí la sangre, no demasiada explícita pero abundante para lo que algunos considerábamos un proyecto comercial de corte juvenil, dibuja riachuelos que satisfarán a los buscadores de emociones fuertes. Nada ofensivo, aunque cubre los mínimos que le deberíamos pedir al horror sobrenatural, un poco blandengue últimamente.

Resumiendo, una obrita que, sin ser la maravilla que iban pregonando los voceros apadrinados por festivales especializados, resucita ligeramente viejas sensaciones de lo que el continente asiático nos ofertaba hará casi dos décadas. Un cine de terror diferente, visceral y con muy buena manufactura, que tenéis subtitulado al inglés por estos mundos virtuales que compartimos. “Mon Mon Mon Monsters” funciona con solvencia a pesar de sobrarle unos minutos, otra cosa es que los vericuetos morales sean expuestos de manera tan obvia. Se agradece que la narración jamás se posicione de un bando u otro, se echa en falta algo más retorcido en las acciones de los estúpidos personajes que protagonizan la cinta, casi caricaturizados, algo en sintonía con “Lesson of the Evil”, más sinvergüenza para mi gusto.

Imágenes de la película

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Lo mejor: Protagonistas cabrones como pocas veces se ve en el cine actual. "Monstruos" de todas las clases y tipos.

Lo peor: Su potencial en cuanto al tratamiento del abuso escolar por la vía del horror queda en entredicho debido a la dulzura con que se dibujan algunas escenas. Cosas asiáticas.

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