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Muerte a 33 r.p.m.

I'm in love with Satan

Revival Muerte a 33 rpm

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  • Título original: Trick or Treat
  • Nacionalidad: Estados Unidos | Año: 1986
  • Director: Charles Martin Smith
  • Guión: Rhet Topham, Michael S. Murphey
  • Intérpretes: Marc Price, Tony Fields, Lisa Orgolini
  • Argumento: Un joven es ridiculizado en el instituto por su afición al heavy metal, pero esta música será su contacto para una inesperada venganza del más allá.
DIVERSIÓN:
TERROR:
ORIGINALIDAD:
GORE:
  • 3/5

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Eddie está harto de su vida: sus padres están divorciados, no tiene casi amigos, se ríen de él en el instituto por su afición al heavy, la chica de sus sueños ni siquiera sabe que existe… pero lo peor, lo peor… lo peor es haberse enterado de la muerte de Sammi Curr, su ídolo, rockero y satanista reconocido que estudió en el mismo instituto que Eddie. Es difícil seguir cuando con 16 años el mundo se yergue contra ti. Sin embargo, llega a su poder el último vinilo de Sammi, el disco inédito que puesto al revés cambia la realidad y trae el poder a un Eddie sediento de venganza contra todos los que le ignoraron.

Hablar de “Muerte a 33 r.p.m.” es hablar de una época, en concreto la segunda mitad de los ochentas y el boom que sufría el heavy metal por aquellos años. Profundizando un poco más, en lo que vendrían a ser recuerdos, esta cinta saca a la palestra las vivencias en el instituto y el fuerte auge que sufría la serie b de mano de producciones de terror que proliferaban como setas en las estanterías de los videoclubs. Camisetas de los “Iron Maiden” o “Poison”, dos cadenas de televisión, ordenadores de 8 bits, pelos cardados, una inocencia pubescente que veía su reflejo en largas tardes jugando en la calle con una pelota o un puñado de canicas. Pero la nostalgia es un arma de doble filo, y lo que a veces vemos decorado con los vapores de la memoria oculta la verdad: que no siempre todo tiempo pasado fue mejor y que simplemente hay que disfrutar el día de hoy como si no existirá mañana para recordar.

A rebufo de estas reflexiones existen, para bien o para mal, películas como “Muerte a 33 r.p.m.”; fiel reflejo del año que en que fue producida, 1986, y del público al que iba dirigida: esos adolescentes norteamericanos que decoraban sus cuartos con pósteres de “W.A.S.P.” y “Judas Priest”. Entonces, si los años dorados de Marty McFly hace tiempo que huelen a conejo pelado, ¿qué legado nos dejan cintas de serie b como la que hoy repasamos? Pues me gustaría hacer hincapié en esa inocencia pubescente que a ritmo de “Ramones” nos hizo amar (y quiero incluir a muchos de los casi cuarentones que por aquí vagamos como almas en pena) el género de terror, con sus miserias y sus grandezas. Miserias por el lado de unos guiones y una simpleza visual a veces rayana en lo sonrojante, pero grandeza por llevar el entretenimiento a su estado más puro; es decir, personajes simples, tramas a juego y una buena dosis de efectos especiales descacharrantes que unidos a algo de hard rock consiguiesen evadirnos de los exámenes y el desinterés que nos mostraba la chica guapa de la clase.

Pero, insisto, como la memoria, “Muerte a 33 r.p.m.” va perdiendo claridad con el tiempo y desvela unos personajes odiosos con los que cuesta mucho comulgar. Vista con perspectiva no es de extrañar que Eddie Weinbauer, nuestro héroe de melenita, se gane el odio de sus odiosos compañeros. Un tipo repelente y sometido a tormentos adolescentes que le impiden disfrutar de una vida privilegiada. Aunque todos somos consciente de que las películas de terror no existirían sin benditos gilipollas como él. Interpretado por Marc Price, un actor que se desvaneció en el olvido, nuestro protagonista se adentra en los vericuetos del mal gracias a un vinilo inédito de su estrella de rock favorita (un trasunto entre* Alice Cooper, Ozzy y Tommy Lee*), obviamente reproducido hacia atrás, lo que invoca a ese demonio/cantante/guitarrista/slasher que le muestra el camino hasta su venganza. Pues nada deseaba más el inadaptado de la clase que vengarse de los chulitos de turno y ligarse al consabido bombón (¡ojo! Guapa pero de buen corazón e interesada por un friki con camisetas negras). Aquellos que todavía no hayan disfrutado de las bondades de “Muerte a 33 r.p.m.” ya pueden imaginar cómo acabará la cosa, altamente predecible en 2014. Añado además que sabiendo disfrutar de las gracietas que Freddy Krueger soltaba por la misma época, tenemos hora y media de gozo asegurado pues la “star from hell”, Sammi Curr, es el psicópata del estilo cachondo que tanto se prodigó durante la citada década. Sus saltitos, piruetas, caretos (parcialmente quemado como a un buen Freddy Poseur corresponde) y habilidad para lanzar rayos harán las delicias del horror casposo; pues el villano de la función se adelanta unos añitos a Horace Pinker y extrae sus fuerzas y poderes de la corriente eléctrica, ¡nada más metalero!
Y es que no nos engañemos, la cinta presenta una buena dosis de caspa pese a su bien merecido estatus de culto. Durante su revisionado (¿el décimo?) me planteaba seriamente venderla como una caspa movie, pero sus valores de producción son lo suficientemente honestos como para tratarla de mejor manera (¿?).

En el apartado técnico nos llevamos bastantes alegrías gracias a una fotografía ideal para resaltar los excesos de humo y niebla con los que nos regala su director Charles Martin Smith, pródigo como actor de segunda y poco conocido por dirigir. Desgraciadamente un libreto firmado a diez manos va minando el ritmo a una producción que pierde fuerza en sus momentos finales, precisamente cuando el diabólico Sammi Curr se hace rey del escenario. Como curiosidad comentar que el bueno de James Wong (“Destino Final”) metió mano al guión en segunda instancia, intentando arreglar lo que era un desaguisado en toda regla.
Pero al final vence el encanto, y “Muerte a 33 r.p.m.” tiene ese aquel especial que la hace una de las película más queridas entre los aficionados entraditos en años, insisto que quizás a ese sesgo provocado al haber vivido la época que se retrata. No me preguntéis porque, pero la veo precursora de cintas como “Brainscan”, otra cinta de terror para adolescentes que me encantó.
También ayuda que la trama se sitúe durante una noche de Halloween (al fin y al cabo el título original es “Trick or Treat”), lo que la posiciona como una ideal para disfrutar en la mentada festividad: temas rockeros en abundancia, rayos y rayos por doquier, humor rancio… ¡joder, qué más queréis!

Entonces, aunque casi todos los que participasen en una obrita tan datada hayan pasado (laboralmente) a mejor vida, “Muerte a 33 r.p.m.” se presenta como de obligado visionado a aquellos que busquen la serie b de calidad (ejem) de los años ochentas, o aquellos nostálgicos que como un servidor sepamos vernos reflejados en estos pequeños desastres (desde aquí un saludo a Eduardo que ya sabe por dónde van los tiros), o cualquiera que sienta una especial filia por la mezcla de horror y rock; un maridaje que nos ha dejado grandes películas como “El fantasma del Paraíso” y grandes aberraciones como “Al filo del Infierno”, “Shock’em dead”, “Black Roses” o “Hard Rock Zombies”.
Por si acaso necesitáis un par más de razones: los cameos de Ozzy Osbourne (“Black Sabbath”) y Genne Simmons (“KISS”); ¿os vais a perder al cabrón de Ozzy haciendo de telepredicador?

Imágenes de la película

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Tráiler

Lo mejor: La rendición al satanismo rockero, si viviste el apogeo del hardrock de finales los ochentas es imposible no disfrutarla.

Lo peor: El tiempo no juega a su favor, recalcando las partes más ridículas de un guion demasiado sesgado por su época.

Vuestros comentarios

1. dic 11, 22:06 | Mad Pelox

¡Gran recuperación para la web, Bob Rock ! Tan chusca como imprescindible en esa entrañable micro-escena de pelis que mezclaban glam rock con terror.

Impagable esa carátula de la peli en que salen Ozzy y Gene Simmons como reclamo; dice mucho del nivelazo actoral del Muerte a 33 rpm (un título traducido muy originalmente, por cierto)

2. dic 11, 22:37 | Bob Rock

Mad Pelox.- Esa portada que comentas es horripilanteeee. Pero sí, refleja el nivel de actores: bajo. Menos mal que aquí los protagonistas son los FXs y el ambiente glamrockhardmonguer… por una vez los traductores de títulos estuvieron acertados :)

Yo me quedo de ese microcosmos con Black Roses, me gustó genuinamente, aunque Muerte a 33 r.p.m. es más insignia… me recuerdo al instituto… ainssss

3. dic 12, 12:27 | Mad Pelox

¡Totalmente de acuerdo! Black Roses es la mejor, sobre todo por ese comienzo de ciudad desierta solo perturbada por el Lamborghini Countach

Tengo esperanzas puestas en Megamuerte, de Eskoria Films. A ver si está a la altura.

4. dic 12, 19:36 | Bob Rock

Mas Pelox.- Miedo me da si sigue la estela de Metal Creeps, no sé, no me convenció… mi preferida de Eskoria siempre será Kombate Brutal… joder que risas lisérgicas me eché en el Brigadoon en su día…

Un día ya haremos una reseña de Black Roses ;)

5. dic 14, 14:17 | Eduardo J.

“Tú eres el cebo, el cebo eres tú”

Un gran, gran abrazo Bob.

PD. Juraría que por aquel entonces igual llevaba hasta melenas…

6. dic 14, 22:42 | Bob Rock

Eduardo J.- ¡Y que melenas! Ya ves que es imposible hablar de esta película sin nombrarte… el mismo abrazo va de vuelta, recién llegado y extenuado de tanto comer. Sigo diciendo que nos debemos una noche remember de cine… :P

7. jul 13, 14:12 | Chusso

La escena de la materialización de Curr en la habitación del chico es sublime. Destila ochenterismo a raudales.

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