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Pitchfork

Dinamita pa' los pollos

Pitchfork Review

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  • Título original: Pitchfork
  • Nacionalidad: Estados Unidos | Año: 2016
  • Director: Glenn Douglas Packard
  • Guión: Darryl F. Gariglio, Glenn Douglas Packard
  • Intérpretes: Daniel Wilkinson, Brian Raetz, Lindsey Nicole
  • Argumento: Un joven bailarín gay vuelve a la granja donde se crió con sus amigos de NY. Allí les espera un asesino despiadado.
DIVERSIÓN:
TERROR:
ORIGINALIDAD:
GORE:
  • 2.5/5

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Quería desengrasar los excesos navideños con un buen “slasher”, nada para mantener la figura como un hachazo directo a las lorzas, y me doy de bruces con un mojón cuyo espíritu está más cerca al de una “caspa movie” que otra cosa. Incluso dudo del grado de humor involuntario vertido en esta versión sangrienta y ortopédica de “UPA Dance”, edición campestre. Es decir, ¿su guionista y director puede tomarse en serio los personajes que nos ofrece? Si ya suele ser insultante este apartado en los “slashers” de toda la vida, aquí roza el trazo grueso de un consumidor habitual de porros “zeppelín size”. Glenn Douglas Packard, que así se llama el culpable tras “Pitchfork”, es un bailarín que incluso formó parte del coro de bailarines de algunas giras de Michael Jackson, el amigo de los chimpancés y otras Almas Oscuras. Con semejante currículo y escasa experiencia como director afronta su debut con la ilusión del que transforma cierta línea autobiográfica en película de terror. Es decir, “Pitchfork” habla de un joven bailarín gay que vuelve a la granja donde se crió… Allí un asesino pondrá a prueba su masculinidad en una especie de metáfora, y os aseguro que esto no me lo invento, cuyas raíces tienen más de republicano, Trump pondría su sello de aprobación, que de alegato a la libertad como persona; ya sea laboral o sexualmente hablando.

Un grupo de amigos regresa a la granja de uno de ellos para ayudarle a salir del armario un amigo y montar una fiesta para celebrarlo. Pronto descubrirán que en esa granja hay otros secretos más antiguos, igual de dolorosos pero con mayor grado de mortalidad.

Así en seco parece que esté hablado de un rollo de mil pares de narices. Una granja, un asesino, un héroe involuntario… la misma mierda de siempre, efectivamente. Y a pesar de estar rodada con brío, ¡hasta con planos holandeses!, posee muy poco estilo y unas dosis de sangre/sexo por debajo de lo que cualquier aficionado al subgénero podrá considerar aceptable.
Entonces, ¿qué gracia tiene todo esto? Pues veréis, resulta que nuestro protagonista, Hunter, ha decidido traer a todos sus amigos “modennos” durante ese reencuentro con las raíces de su familia. Y, por si fuera poco, montar una rave en el granero de paso; a cien metros de donde su padre, un hombre con las canas pintadas, rumia cabreado sobre la presencia de todos esos afeminados y saltimbanquis que se han apoderado de sus dominios. Porque, y aquí está lo divertido, los acompañantes de Hunter son también bailarines, modelos y actrices de poca monta: un grupito de jóvenes cachas y tías macizas “Made in N.Y.” con la inteligencia digna de alguien caído de cabeza durante el parto. Su mera presencia ya resulta cómica en semejante entorno, pero además Douglas Packard no tiene miedo de engrosar el metraje con sus cuitas personales, ligues, infidelidades, enfados… “Fama” ha vuelto, sólo que un pirado con una horca unida al brazo con alambre de espino y una máscara de piel de conejo (¿?) se irá cargando a Leroy y compañía poco a poco.

Precisamente, es lo que tiene que ver con este grupo de modelos, a cada cual más gilipollas, lo más divertido de “Pitchfork”. Y si de un “slasher” tenemos que destacar el lado absurdo representado por la carne de cañón que lo puebla… pues ya podéis imaginar de qué tipo de producción estamos hablando. De hecho, el asesino de la función es bastante lamentable. Hemos podido soportar con estoicismo a psicópatas cutres que mataban con la voz del pato Donald, pero este atontado, espástico y ubicuo de una forma que no deja de ser cómica, padece de un aura demasiado premeditada. Ya lo decía su director durante la promoción de lo que supondría su debut: “voy a crear un nuevo icono del cine de terror”. Tócate las narices, resultan tan forzadas las escenas del “niño conejo”, a pesar de algún ramalazo de genuina mala leche, que de estrella pasa a ser estrellado, dando pena verlo dar saltos y perseguir a sus víctimas con ese aspecto tan ridículo.
Claro que su presencia justifica otra, la de una niña que pasa de susurrar a los caballos a susurrar a los psicópatas. Un giro infantil y absurdo que aun puede dar pie a otra pirueta creativa, justo durante la última escena de la película, que representa un obvio “me estoy meando en vuestra cara y lo sabéis”, por parte de su director.

“Kill!” ¡La guinda diarreica de este pastel de heces!

En cuanto a las muertes, hay que decir que el asunto es un poco extraño, demostrando de nuevo esos orígenes como artista tan lejanos al cine de terror que posee Glenn Douglas Packard. El número de cadáveres supera la docena, no está nada mal, pero los finiquitos quedan bastante desangelados en pantalla, donde el presupuesto – toda la película se supone rodada con una única cámara digital – se deja notar para mal. Asesinatos fuera de plano, escasez de efectos especiales protésicos, iluminación y fotografía “judeomasónicas”… ¡si eso fuese lo peor!
No, lo peor, y así lo más gracioso, serían unos actores que bordan sus papeles de carnaza y héroes de andar por casa. ¡Gracias por vuestros diálogos! ¿Quién quiere gore cuando puede escucharos deciros chorradas? Especialmente delirante es cuando conocemos el por qué del estado mental de nuestro patético asesino de marras: hijo de una familia de tarados cuyas obvio parentesco con el clan Sawyer resulta hasta desorientador. Preparaos para ver una escena de tortura rara y mongólica como ella sola, mezclada con mucho sarro y una resolución digna de Charles Bronson. ¡Esos manos empaladas!

Tal es el batiburrillo de situaciones – entre matanzas, degradaciones, infidelidades y bailes – que de “Pitchfork” se puede decir cualquier cosa menos que es lenta. Algo que tampoco la libra de ser, en definitiva, una película de mierda más que se salva, a mi juicio, porque su guión está muy pasado de rosca, supongo que intentando epatar al espectador y crear ese famoso icono. De esta manera, las ideas de Glenn Douglas Packard, aprobado en lo técnico a pesar de su tremendismo de salón, quedan transformadas en pantalla en un surtido número de situaciones incongruentes, casi surrealistas, rebozadas con una música machacona y simple que termina por decantar la experiencia en el lado de la vergüenza ajena. Tal es así que hablar más de ella, incluidos unos actores de baja estofa que pese a su juventud van a tener que comer muchas pollas para lograr algún papel relevante dentro de la industria, supondría una publicad engañosa que no voy a realizar.

Si os gusta el “slasher”, y sois capaces de asumir que el factor cutre del subgénero es parte inherente de la diversión, dadle una oportunidad con mucho papel de fumar a mano. Quizás quince minutos menos le hubiesen sentado de maravilla porque uno termina cansado de tanta memez; pero el ir y venir de las víctimas propiciatorias de este ritual casposo os proveerá de una razón suficiente para no pulsar el botón de avance rápido. Otra cosa sería si buscaseis coherencia y grandes cantidades de sexo y vísceras. Bastante pacata en este sentido, “Pitchfork” no deja de ser un testimonio del estado que vive el cine de asesinos: incapaz de generar miedo pero si de arrancarnos una sonrisa cuando sus tópicos son tratados con tanta torpeza inconsciente.

Gracias a Cthulhu que aún nos quedan las “buenas mala” películas…

Imágenes de la película

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Lo mejor: La susurradora de psicópatas y los momentos "UPA Dance", edición "country".

Lo peor: A veces se pone tan seria que deja de ser divertido el reírse de ella, culpa de un asesino tan premeditado en su función que da lástima.

Vuestros comentarios

1. ene 8, 07:33 | dani3po

Qué maravilla, qué locura, el primer slasher que veo con número de baile coreografiado en un granero. Y ese momento en que el hijo “rarito” tiene que demostrar que es un hombre a su padre me recuerda a cierto capítulo de Los Simpson.

2. ene 8, 11:21 | Draghann

Madre mía, truñaco del quince. No hay por dónde cogerla lo mires por donde lo mires. Desde las actuaciones que dan ganas de arrancarse los ojos, pasando por la dirección, el montaje y el que es uno de los asesinos más ridículos que he visto en muchos años… esa forma de moverse da vergüenza ajena, en serio.

Habrá quien la disfrutará porque sea muy fan de los slashers. El resto deberíais huir de ella como de la suegra…

Un saludo!

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