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Rancid

Estas ratas de laboratorio muerden

Rancid Grande

Rancid Poster

Cuatro individuos, con sus propias agendas ocultas, participan en el experimento medico, sito en una clínica secreta, de una misteriosa y poderosa corporación. Tras firmar el detallado formulario de consentimiento, son llevados a una zona aislada del hospital donde lo inimaginable sucede. Sin instrucciones ni provisiones, las ratas humanas de laboratorio tienen que averiguar que parte del experimento representa cada una. Después de esta confusión inicial, la lealtad de varios guardas armados se ve a prueba cuando averiguan la verdadera naturaleza de los experimentos. ¿Se volverán contra la corporación para salvar a los sujetos de las pruebas? La situación todavía se complicará más cuando otros individuos, previamente infectados, comiencen a atacar a las otras cobayas humanas.

Sin afiliación alguna con el conocido grupo de punk-rock, demasiado monolíticos para un servidor, os presentamos una cinta de curiosa procedencia que parece ofrecer más de lo mismo, aunque con dosis ingentes de rabia. Ni más ni menos que desde Sudáfrica llega la nueva historia de infectados/zombies/no-me-pregunten-que-diablos-son. Su responsable es un sudafricano, enamorado del cine de género, llamado Alastair Orr, el cuál ya probó en esto del horror con su opera prima The Unforgiving, que no dejaba de ser un intento, sin mucho presupuesto, de emular las sensaciones transmitidas por Hostel.

La nueva “emulación”, camina por otros derroteros más adrenalíticos, prometiendo agresivas ratas de laboratorio (humanas claro, ¡aquí no se maltrata ningún animal inteligente!) que al refugio de los espasmos de la cámara desgarren con sus afilados dientes tanto carne militar como civil. Vamos, una película que viene a sumarse a los otros cientos sobre “infectados”, que basan su mayor atractivo en la acción: agresividad sanguinaria de monstruos versus gatillo fácil de las fuerzas especiales. Nada nuevo bajo el sol, ¿verdad? No obstante conviene no perder de vista que un buen resultado final, dentro del subgénero, se basa antes en la diversión y eficacia frente a la originalidad. Aunque reconozco que si existiesen unas quinientas películas menos de zombies, Rancid tendría una bienvenida más calurosa.

En últimos estadios de post-producción, y sin fecha de estreno, al menos hay que reconocerle al bueno de Alastair, que su último trabajo luce bastante más profesional que su debut, una evolución en muy poco tiempo que hemos de agradecer. Supongo que los comienzos cinematográficos de un paisano de Sudáfrica tienen que ser complicados, sin apoyos y aislado en una comunidad no muy interesada en el horror. Sin embargo, podemos comprobar que películas entretenidas se pueden hacer en cualquier parte del mundo siempre que la dicha sea buena. Seguiremos informando.

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