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Residue

Cerebro, espástico, negruzco

Residue Reseña

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  • Título original: Residue
  • Nacionalidad: Canadá | Año: 2017
  • Director: Rusty Nixon
  • Guión: Rusty Nixon
  • Intérpretes: James Clayton, Taylor Hickson, Matt Frewer
  • Argumento: Un investigador privado se cruza con un diario maldito que altera la realidad a su alrededor a media que lo lee.
DIVERSIÓN:
TERROR:
ORIGINALIDAD:
GORE:
  • 2/5

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Ya metidos de lleno en Noviembre afrontamos la recta final del año con poca esperanza de que el terror recupere algo de brillo dentro de los estrenos recientes, sólo un puñado de títulos han querido ahondar en las intimidades del género de forma pura y eso no hace más que confirmar la baja calidad y pobreza característica de las historias que nos vomitan los estudios. 2017 está siendo pródigo en estrenos independientes, así como en series tan espectaculares como la segunda temporada de “Stranger Things”, pero poco tienen que ver con el cine de terror tal y como lo entendemos los cuarentones. ¿Se trata de un relevo generacional o la constatación de que las emociones fuertes interesan menos en el séptimo arte que los estilismos artísticos, banderas de una vacuidad creativa alarmante, aunque generadores un ruido comercial importante?

A pesar de mis gruñidos generalizados, que muchos apuntáis con bienvenida saña, reconozco que los nuevos directores poseen una habilidad plástica muy superior a lo que en los setentas y ochentas se nos regalaba, las épocas doradas del género moderno: Las técnicas, nuevas o viejas, están dominadas. También parece que la corriente de “revival” ha perdido fuelle, quizás afortunadamente, y los proyectos que cortan la pana en los festivales especializados buscan sus propios espacios artísticos. Sin embargo echo de menos historias centradas en el terror “clásico” con las aportaciones precisas en cuanto a originalidad se refiere. No hablo de la reinvención de la rueda si no de guiones sólidos, sean o no tonterías argumentales. A estas alturas no vamos a pedir un teorema perfectamente definido sobre otro objeto maldito o la casa encantada de turno; pero sí que el universo donde se circunscriben estas narraciones no parezca desarrollados por adolescentes durante una mala borrachera. Y, obviamente, subyace en esta “crítica” el deseo de ambientaciones incómodas, momentos que nos pongan la piel de gallina, motivo último por el que creo que existe el “terror” como manifestación artística.

El investigador privado Luke Harding, tras unos tortuosos minutos de no mucho valor, se encierra en su casucha de mala muerte para leer el diario que ha caído accidentalmente en sus manos tras la fallida entrega del mismo, encargada por un mafioso local de poca monta. La historia narrada en esas páginas amarillentas alude a la expedición de unos hombres que deseaban enterrar a una misteriosa criatura, quizás no de este mundo. ¿Delirio o realidad?

La tinta de dicho tomo es pegajosa y provoca cambios alrededor del lector, afectando también su cerebro y recuerdos a medida que va leyendo. Nuestro detective tendrá que lidiar además con la presencia de una hija veinteañera, la cual busca refugio para continuar su relación lésbica prohibida. Esta situación familiar, que descuadra totalmente frente a la prédica lovecraftiana, se termina de en revesar cuando otro mafioso, mucho más poderoso, acecha en las sombras a la espera de saber si Harding termina de leer el diario.

Transformado en un monstruo, o no; con lagunas de memoria, o no; viajando en el tiempo para verse a sí mismo, o no; rodeado de muertos resurrectos, o no; hablando con un hombre con la cabeza reventada, o no… Harding debe hacer frente a una historia cuyo final le incluye a él y su hija, a nadie más. Porque ninguno sabremos qué demonios ha pasado cuando lleguen los títulos de crédito.

Dejando estos enunciados a un lado, letanía en mi caso, hoy nos enfrentamos a “Residue”: una muestra perfecta del “quiero y no puedo”, estigma que afecta de manera endémica a todas las producciones de bajo presupuesto que intentan, en mi opinión, ahondar en la problemática del terror sobrenatural desde el mismo prisma que he expuesto un poquito más arriba. De fondo, “Residue” apuesta por un argumento muy clásico, el tomo lovecraftiano que causa locura y aflicción a su alrededor, sólo que lo plasma en pantalla con una parquedad de recursos dolorosa así como con un discurso igual de confuso que una noche de absenta y cocaína.
Es decir, se lanzan al espectador conceptos muy interesantes de forma caótica. Abrumado por la incongruencia del resultado final, uno termina desvinculándose del relato base. Podríamos decir que estamos ante una versión todavía más tosca de “The Void” (también canadiense) o “John dies at the end”, con una realización menos cuidada, por supuesto. Con lo cual muchos podéis tacharla de vuestras agendas; a pesar de ello me parece un producto interesante si alguien quiere profundizar en el mundo del horror cósmico de andar por casa.

Haciendo gala de una aproximación inicial heredera del “hard boiled”, novela negra de tipos duros, Rusty Nixon dirige y escribe con todas la energía de aquel que cree ciegamente en su proyecto, pero falto de herramientas con las que trasladar su particular visión al espectador. En mi caso agradecido del intento de mezcla de géneros, ya con el resto del producto soy bastante crítico. Además de este cine negro existen ciertos elementos estéticos, los menos, que coquetean con la ciencia ficción, incluso con los viajes en el tiempo y la comedia, intentando crear una ambientación original, quién sabe si como guiño a “Cast a Deadly Spell”, otra obrita lovecraftiana que sí recomiendo sin género de dudas.

Desgraciadamente, teléfonos móviles de aspecto viejo proyectando imágenes en el aire o paneles de bombillas led sólo sirven para embarra aún más el discurso. ¿Qué la atmósfera, entre tanto “efecto extraño e inexplicable” provocado por el libro maldito, termina por adquirir una agradable patina surrealista, apoyada por un par de efectos prácticos muy didácticos? Sí, pero a nadie ocultará que argumentalmente la película no llega a conclusión alguna, dejando un puñado de preguntas de dudoso interés sin responder. Unos podrán asumir estos cabos sueltos como una invitación a interpretaciones personales o los indicios de un horror más grande del que vemos en pantalla… la verdad es que poco importa cuando las escenas, sometidas a otro montaje pobre de tantos, nunca llegan a encajar entre sí, dando la sensación de puzle inconcluso.

En otra área importante, la interpretativa, encontramos a unos actores poco conocidos y que no van ayudar lo más mínimo a que “Residue” llegue a ser algo memorable, ni siquiera por el lado casposo, el cual no alcanza por los pelos. Especialmente “gracioso” es su protagonista, James Clayton, pues su parecido remoto con Ryan Gosling, a nivel físico y gestual, nos hacen recordar el divertido universo de los sosias cinematográficos (John Liu, Paul L. Smith, Mónica Cruz). No obstante, quitando a un par de actrices de buen ver para alimentar el lado cárnico de toda producción de serie Z que se precie, observar el desfile de los diferentes secundarios por pantalla resulta una experiencia dolorosa para la vista.

Así que aquí estamos, ¿le damos una oportunidad a “Residue” o no, sabiendo siempre que nos movemos dentro del cine de terror sobrenatural de baja estofa? Será cuestión de que reviséis vuestras diferentes filias y fobias analizando con cierto detenimiento el tráiler de la película, de una duración bastante ajustada para no agobiar a nadie, ochenta minutos. Si sois de los que se sienten obligados de explorar cualquier obra artística con cierta influencia del recluso de Providence: os digo que saltéis sin miedo. Todos hemos “disfrutado” de castañas mucho más ortopédicas. Además, en lo particular, agradezco encarecidamente que Nixon haya intentado crear su propia historia, repleta de influencias pero carente de “homenajes”. De atreveros con “Residue” ya nos contaréis qué tal el resultado.

Imágenes de la película

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Lo mejor: Detrás de una superficie liosa y caótica existe "algo". ¿Será el residuo del título?

Lo peor: La incapacidad absoluta de Nixon para la narración.

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