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Superhuman

Tocando fondo

Superhuman Reseña

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  • Título original: The Occultist
  • Nacionalidad: Estados Unidos | Año: 1988
  • Director: Tim Kincaid
  • Guión: Tim Kincaid
  • Intérpretes: Rick Gianasi, Joe Derrig, Richard Mooney
  • Argumento: Un detective biónico es contratado para proteger a la hija de un presidente caribeño amenazado por las fuerzas vudú de su convulso país.
DIVERSIÓN:
TERROR:
ORIGINALIDAD:
GORE:
  • 2.5/5

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El presidente de “no-sé-qué-coño-de-país-caribeño” visita Nueva York mientas los rebeldes vudú de las clases bajas preparan su asesinato para llevar la macumba al poder. Una agencia de seguridad estatal, dirigida por un papanatas, se encarga de la seguridad del presidente y de su familia contratando a un cyborg predispuesto tanto a matar como a seducir con su cuerpo lleno de armas. El resto de la película todavía tiene menos sentido…

Cuando hace poco echaba un vistazo a “Knucklebones” quedé sorprendido negativamente por la dirección que se observa en la serie Z actual, demasiado consciente de sí misma, perdiendo descaro si la comparamos a los auténticos truños que llevaron el anti estilo a maravillosas cotas de risas y enajenación cervecera. Películas malas a rabiar las ha habido siempre, y las seguirá habiendo hasta que el sol reviente y deje sin cejas, de paso sin cara, a los descendientes que todavía malvivan en el puñetero desierto en que se convertirá esta repugnante bola de barro. Sin embargo, hasta en lo malo hay clases, y me entristece la falta de autenticidad a la que se está auto condenando la caspa. Por suerte siempre encontramos alguna joyita en la basura, pero cierto es que la sensación de locura que emanaban las directo a video del siglo pasado difícilmente podrá ser igualada.
De eso andaba yo necesitado tras una racha de reseñas sobre películas mainstream o de rabiosa actualidad, todas tomándose muy en serio a sí mismas y sin atisbo alguno de esa vergüenza ajena que dispara dentro de mí, y en algunos compañeros de fatigas como vosotros, algún tipo de mecanismo de la felicidad. Necesitaba tocar fondo con alguna película tan mala que redefiniese el mismo concepto de cine gracias a su desfachatez. Cuando quieres caspa de la buena, esa blanca y pura como la coca del “güevón joputa gonorrea” de Pablo Escobar, tienes que acudir a los maestros del producto corrupto, a los bandidos que se lucraron a costa de incautos que caían en sus garras gracias a las vistosas carátulas con que los distribuidores llevaban sus “caramelos” a los vídeo clubes.

Un perfecto ejemplo de esta maestría en la ineptitud es el bueno de Tim Kincaid, infame director de cine gay para adultos que en la segunda mitad de los ochentas probó suerte en el terror y el fantástico. Lo hizo con un puñado de títulos que han alcanzado la leyenda gracias a la falta de talento de todos los implicados: “Robot Holocaust” y “La muerte ataca Nueva York”, material que en una sesión doble puede causar daños cerebrales irreparables.
Tras este coqueteo con los géneros bastardos decidió volver a lo que mejor sabía hacer, para alegría de los amantes de los cuerpos masculinos aceitados y encuerados. Aunque justo antes de desaparecer dentro de un bosque de torsos fibrosos, Kincaid editaba su último intento de sacar provecho del cine de acción, terror, ciencia ficción o lo que coño entendió este californiano por cine de género: “The Occultist”, 1988.

Tiene huevos que siendo poco más que cine amateur consiguiese una extraña distribución internacional, incluso acercándola a España con un título que nada tiene que ver con la trama, tampoco tiene que ver el original, y un doblaje que pone en jaque el sistema educativo de occidente. Por si fuera poco, la distribuidora IVE preparó una portada con un tío lanzando rayos por los ojos y abriéndose el pecho para mostrar una “gatling king size”, ¡qué caradura! Viendo los fotogramas que acompañan esta noticia podréis imaginar sin mucho esfuerzo la calidad y cantidad de los efectos especiales con que nos regaló Ed French, responsable de los FX y curiosamente un hombre admirado por los maquillajes de “Dos rubias de pelo en pecho”, “El Vagón de la Muerte”, “Creepshow 2” o “Terminator 2”, junto a otro buen número de películas menos llamativas pero igualmente entrañables: “C.H.U.D.”, “El Exterminador 2”, “Necropolis” o “Rejuvenator”.
Semejante desvergüenza con la caratula no sólo tuvo su momento de gloria en España, en los propios Estados Unidos se conocen diferentes portadas que engañan casi tanto como un travesti filipino en la oscuridad de un callejón durante noche cerrada. Una de estas estafas gráficas, como si de una “teen movie” se tratase, es la elegida para adornar la reseña como póster, ¿os gusta?

Kincaid, echando las zarpas sobre “Terminator”, intentaba ofertar su propia visión de un cyborg justiciero repartiendo caña entre chascarrillos propios de marineros de puerto y sicarios de formidables prestaciones físicas. ¡Un tío con ilusión! Para ello presenta a una suerte de mercenario a sueldo supuestamente relleno de armas, hasta su pene es capaz de disparar tanto orina como balas. Sí, en serio, sin un puñetero duro de presupuesto (podéis disfrutar de la secuencia al principio de la reseña). Por si fuera poco se atreve a mezclar esta “máquina de matar”, primo bastardo de Michael Dudikoff, con rituales vudú y una trama de terrorismo caribeño a la que hubiese sucumbido hasta Chuck Norris. ¡Una demostración de malabares argumentales posiblemente producto de la heroína!
La película, setenta y siete minutos que se harían tan largos como un vía crucis de no ser por los picos de absurdez con que nos deleita, comienza muy fuerte, hablando a niveles de cutrez y tonterías. Detectamos rápidamente lo que será su mayor constante: la falta de sentido de las imágenes con respecto a lo que se nos intenta contar, culpa flagrante de unos diálogos descoordinados y con una continuidad inexistente: ¿os imagináis a dos piedras hablando? Si no supiésemos que es producto de la inutilidad casi podríamos creer que estamos ante alguna especie de cine experimental extraterrestre; muy en la línea de un Refn puesto más de lo habitual.

Conversaciones inconsistentes y escasas escenas de acción, que han sido aceptadas en la primera toma sin que nadie del elenco supiese una mierda de artes marciales – mira que en Estados Unidos hay gimnasios de cualquier pelaje con tipos dispuestos a salir en una película a cambio de un bocadillo -, se unen a una serie de personajes cuya vida propia termina y acaba en unas interpretaciones tan enajenadas como una noche en la jaula de los tigres. Hasta Belén Rueda parece una actriz de método al lado de Rick Gianasi, actor protagonista que aquí interpreta al cyborg Waldo Warren y cuyo mayor éxito fue hacer de Sargento Kabukiman para la Troma.
Sin embargo no es la acción ortopédica o los decorados hechos con cartones de leche o las dotes para la seducción de “algo” llamado Waldo Warren lo que llama la atención de “The Occultist”. Sin duda la gloria casposa se alcanza en las secuencias donde un ritual vudú, por lo visto eterno en duración, se erige dueño y señor de una nave abandonada que no sabemos muy bien si simula una isla caribeña o una esquina de Manhattan. Allí veremos a mendigos de la interpretación demostrando porque la castración química sigue siendo una opción para la sostenibilidad de una población medianamente normal. Bailes espasmódicos que convierten la macumba en la excusa perfecta para encenderse un cigarrito de la risa .Una pena que entre ritual y ritual tengamos que padecer los diálogos de una especie de monigotes con aspecto humano, varias siestas intermitentes son el mejor consejo para soportar “The Occultist”.

Resumiendo, si queréis tocar fondo, ver una película tan mala que os devolverá la fe en cualquier truño que disfrutéis a continuación, esta es una gran elección siempre que poseáis las mismas tragaderas que un lady boy tailandés. Claro está que si te enfrentas al cine de Kincaid debes ser consciente de lo bajo que has caído: la capacidad para el sopor de este “cineasta” sólo se ve compensada por el descaro y desgana que se hacen dueños de la pantalla y, por ende, de la cruel comicidad involuntaria que provocará en el espectador más borracho y trastornado. Personas normales, por favor, abstenerse.

Imágenes de la película

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Lo mejor: Que es tan, tan, tan, tan lamentable que es imposible no quererla, igual que se quiere a un hijo tontico.

Lo peor: Que no estuviese editada a quince minutos como una recopilación de los momentos cómicos, por absurdos, que posee.

Vuestros comentarios

1. oct 5, 08:17 | memeotoa

Buena reseña.

Eso sí, sobra lo de querer a los hijos tonticos.

2. oct 5, 15:46 | pelis01.tv

Otra película interessno línea ahora un vistazo a este sitio

3. oct 7, 03:57 | Juan Eduardo Bendeck Cordero

Sublime artículo.
Y la película que reseñas, sin verla me genera sentimientos encontrados. ¿Ese Kincaid será un engaño? ¿o prueba de que la autenticidad y el afán de crear no conocen obstáculos?
Mejor me tomo una cerveza.
Saludos.

4. oct 30, 22:20 | Hoffman

Me gusto la reseña, y me causo la suficiente curiosidad como para tocar el fondo que anuncias en tu subtitulo. ¿Realmente es asi de cutre? ¿Incluso lo seria para los amantes del cine B mas infame (como lo es el presente servidor)?

Me pregunto si habrá algun sitio web para verla.
Buen trabajo.

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