
LA VALORACIÓN:
75 |100
Estrellas: 4

Rebuscad en los armarios, tal vez alguno tenga pantalones de campana y camisas de Tony Manero. Chicas, acaparar todos los botes de laca que seáis capaces, esta noche toca pelo cardado y ponerse muy sexy. Deja que el funky mueva tus piernas, que el soul derrita tu corazón. Nena, hasta que salga el sol solo habrá baile, acción, plataformas, sexo, kung-fu y…¡¡Dynamite!!
Conste primero que esta reseña parte del cachondeo y buen rollo que inspira cada minuto de Black Dynamite Se trata una película que se toma muy poco en serio a ella misma y los temas que trata, por lo que es difícil evaluarla seriamente y en profundidad.
En los setenta, proliferó una corriente cinematográfica en EEUU, conocida como blaxplotation. Generalmente se trataba de películas rodadas por gente negra para gente negra. Habitualmente centradas en las zonas urbanas afro americanas y sus problemáticas. Alguno de los títulos que me vienen a la cabeza son Blacula y Dolemite Actualmente piezas de culto y, sobre todo, reivindicadas en la última década por Quentin Tarantino. Que nunca ha podido negar que le hubiese gustado rodar una de aquellas blaxplotation (Vease Jackie Brown y sus bostezantes resultados). Y aunque Mr. Tarantino ha demostrado con creces su sentido del humor, nunca hubiese podido hacer una parodia convincente de este género. Y es que con el tiempo y la perspectiva, los géneros de cine minoritarios invitan a verse con nostalgia y buen humor. Si no fijaos la serie de comedias que están surgiendo en los últimos tiempos, cuya premisa es echarse unas risas a costa de los tópicos de determinado cine. Unas más dignas que otras, comparase Bitch Slap con Epic Movie, por ejemplo.
Black Dynamite., es una parodia; una caricatura bien dibujada de Shaft. No tan extrema como lo pudiese ser Aterriza como puedas, pero una parodia al fin y al cabo de todos y cada uno de los tópicos del cine negro (y no habló de detectives privados) de los setenta. Partimos de un argumento típico de aquella época:
Black Dynamite (Michael Jai White) es un ex agente de la CIA retirado que ocupa su tiempo en arreglar los problemillas del barrio (Si un chulo no quiere pagar a sus muñecas, ¿a quien llamarás?), dar clases de kung-fu y satisfacer a los cientos de bellezas que pasan por su cama. Su vida transcurre en relativa calma hasta que su hermano muere acribillado a balazos. Black Dynamite juró ante su madre moribunda que siempre cuidaría de su hermano. Muy cabreado y con los músculos bien aceitados se dispone a inundar de sangre criminal el ghetto, en busca de aquel que mató a su brother.
Por si fuera poco para nuestro héroe, alguien ha inundado el barrio de heroína. Los niños en los orfanatos estás enganchados al “jaco”, la poli lo controla y un misterioso enemigo intenta acabar con el por todos los medios.
Forzado a unir sus fuerzas con proxenetas, luchadores por la liberación negra y lo más granado del barrio, se embarca en una cruzada repleta de conspiraciones, luchas a puño descubierto, tiroteos, pedales wah-wah, trafico de armas, prostitutas, nunchakus e incluso Richar Nixon. ¡¡Por qué si le tocas las narices a este negro ya las puedes dar por partidas!! ¡Dynamite!
Vale, el argumento es solo una excusa para hora y media de tontuna, disparos y golpes; pero quien se acerqué a esta película buscando algo más; quedará seriamente defraudado y puede que hasta trastornado. El guión que corre a cargo del propio actor protagonista, Byron Minns (un co-protagonista) y el director Scout Sanders, lejos de ser sencillo, se demuestra prodigo en el intento de arrancarnos carcajadas a base de gags, que incluyen desde momentos impagables que me recordaron a los Monty Python, la escena donde se descubre el complot que asola al ghetto es de un humor atemporal que trasciende incluso el marco y las restricciones del genero que parodia, hasta peleas de kung-fu absurdas aunque muy bien orquestadas (todo hay que decirlo). En definitiva, a pesar de que la línea argumental sea algo pobre, el guión está muy bien hilado y solo hace falta ver la cantidad ingente de personajes que salen (y todos con su frase ó momento de “gloria”) para darse cuenta del trabajo que hay detrás de…¡Dynamite!
Las dos primeras cosas que brillan con luz propia en esta producción son su protagonista y la recreación de todos los elementos que rodeaban a una producción de los primeros setentas.
Jai White está que se sale. Se come (casi literalmente) cada fotograma en el que aparece. Continuamente lo vemos cabreado, violento, cachondo, sarcástico y, por encima de todo, seductor. La faceta de amante de Black Dynamite es una de las que mas gracia me hicieron. Con el mismo toque misógino que las películas que parodia (y no lo entendamos nadie como un insulto, si no como una broma), nuestro protagonista es una autentica maquina de amar. Cada vez que una mujer esta en el mismo plano que el, sentimos una fuerza gravitacional que surge de su cuadrado cuerpo de ébano haciéndonos girar a su alrededor. Vale, estoy exagerando; pero por momentos hasta yo me sentí casi seducido.
Yo solo conocía a este actor por su papel protagonista en la deplorable Spawn y un secundario en, la reciente, El caballero oscuro. Que pena que el cine de acción no pase por su momento más divertido, porque este hombre junto a Jason Statham compondrían la Buddy Movie de acción más cachonda de esta nueva década.
Realmente sorprende la bis cómica que desarrolla Jai White. Resultando comedido, nos brinda unos diálogos, gestos y miradas que destilan sarcasmo e ironía; amen de credibilidad. Digamos que no interpreta realmente a Black Dynamite, si no al actor que toma el papel del personaje dentro de la grabación. Porque aquí es donde entra el otro elemento destacado por meritos propios: El homenaje puro y duro a las blaxplotations y las personas que filmaban estos subproductos.
¿Qué características visuales marcaron el cine afro americano de los setenta?
La estética: Pelos afros, vivos colores, plataformas y escotes generosos. En Black Dynamite tenemos en la estética, precisamente, el punto más fuerte. El vestuario es sencillamente perfecto. Digno de cuantos premios se puedan dar. No en vano corre a cargo de Ruth Carter, ganadora de dos Oscars por los vestuarios de Malcom X y Amistad. Atención que el trabajo de maquilladores y peluqueros no se queda atrás, siendo el maquillaje de la replica femenina de Dynamite, Gloria (Salli Richardson), el más destacado por su sencillez y eficacia.
La música: Una mezcolanza de Soul y Funky, apto tanto para bailar, para escenas de acción desenfrenada y, como no, para hacer el amor nena. Otro aspecto en el que esta producción da en la diana. Acompasada al ritmo de la narración (para bien y para mal), la BSO nos sumerge en un mundo descarado y divertido. Cuando le prestas un poco de atención a la música no puedes menos que sonreír y mover la cabeza como si estuvieras poseído. Reconozco que no es mi estilo de música pero es imposible resistirse al “groovy”, a la cadencia empalagosa de esas guitarras dándole al “waqua-waqua”. Destacar sonriente el tema central, parodia del de Shaft, y las decenas de veces que oyes extasiado esos…¡Dynamite!
Los gazapos: Micrófonos que se meten dentro de los planos, actores secundarios que no conocen bien sus líneas de guión, especialistas golpeados por error, fallos temporales. Cualquier blaxplotation (y películas de bajo presupuesto en general) que se precie, debe contar en su metraje con una buena dosis de estos errores. Aquí tendremos la cantidad justa, pero introducida en las escenas de la forma más cómica posible y como homenaje a su procedencia. Otro acertado punto. La verdad que son unos guiños simpáticos que lejos de desmerecer ó afear el resultado final, le dan su gracia a ciertos momentos. Sobre todo a los amantes de un tipo de cine que se hacía más con el corazón que con medios (¿Podría decir lo mismo Mr. Tarantino?).
La violencia: Igual es una opinión sesgada por lo que yo he visto, pero la blaxplotation siempre me ha parecido más que repleta de tiros, violencia, calles en llamas y justicia barriobajera. Obviamente no es lo mismo hablar de un Blacula que de un Dolemite, pero si las calles de un ghetto de los setenta no estaban “calientes” no eran nada. ¿Y qué hay de todo esto en Black Dynamite? Pues patadas, tiros, helicópteros explotando, shurikens e incluso una guillotina voladora (una de las armas preferidas de los ninjas en los ochentas); eso sí, todo desde la exageración más burda y cómica. La verdad que es impagable ver los movimientos de Jai White, una autentica maquina de repartir patadas al más puro estilo Bruce Lee. Y por si esto nos hubiera sabido a poco, también tenemos al típico profesor Shao-lin dispuesto a hacer morder el polvo a nuestro héroe…¡Dynamite!
El ritmo: Aquí es donde llegamos al gran pero de Black Dynamite. Incluso el film setentero más dinámico me ha parecido siempre falto de ritmo en comparación al cin e que se realizó después. Especialmente sangrante han sido siempre los espacios muertos entre pelea y pelea de las películas de vengadores callejeros. Si a esto le añadimos los paupérrimos presupuestos que manejaban las blaxplotations ya tenemos la típica cinta donde los cortes de edición son como un hachazo del medievo, los diálogos se eternizan, la linealidad se difumina (pero este sicario, ¿no estaba hace un microsegundo dentro del edificio?), etc, etc. Pues bien, Black Dynamite también parodia todo esto. Y con tanto acierto que las pegas de este ritmo extraño y saltarín, se copian igualmente. El tributo es agradable, pero durante todo el metraje se intercalan tantas escenas donde los actores simulan estar perdidos que al final llega a perderse algo de acción. Comprensible pero evitable, más dinámica y velocidad hubiese sido deseable para redondear el gran donut de chocolate que es…¡Dynamite!
Así, que en conclusión, tenemos una película que funciona como comedia a la perfección, con un actor que se sale, lo mires por donde lo mires. Decenas y decenas de detalles que hacen la experiencia todo un viaje en el tiempo sano y entrañable: la fotografía realista, los zooms desproporcionados, los trajes de colorines, el funky, las pelucas, el cameo de Arsenio Hall…
Multitud de guiños a un tipo determinado de cine, que cualquier cinéfilo aplaudirá a rabiar. Quizá peca de esa falta de ritmo que al principio se nos hace encantadora y finalmente, un poco pesada. Argumentalmente también se ve lastrada por su intención de homenaje: Por favor, las lectoras de Almas Oscuras no tengáis en cuenta el machismo propio de Black Dynamite, es el reflejo cómico de un pasado que afortunadamente no volverá. Pero los chistes funcionan casi en su mayoría y eso no es poco amigos.
¿Para qué ocasión sería ideal verla? Cualquiera con buenos amigos, buena cerveza, buen humor y sobre todo…¡Dynamite!
Lo mejor: Michael Jai White que esta superlativo y la estética general que nos traslada a un getto de los años setenta de forma realista y divertida.
Lo peor: El ritmo desastroso en algunos momentos. Donde por emular "glorias" pasadas se provoca la confusión y aburrimiento del espectador.
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Por Bob Rock | bobrock@almasoscuras.com
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LA VALORACIÓN:
45 |100
Estrellas: 2

¿De qué va todo esto?
Unos militares empujan con violencia a una mujer esposada y con la cara cubierta. La llevan entre varios a la celda de un edificio que ha visto sus mejores años. La golpean, la torturan, la amenazan y en los fríos pasillos que rodean su celda solo se oyen sus gritos y lamentos.
9 años después…
El gobierno británico explota las nuevas tecnologías en una base secreta a las afueras de una pequeña ciudad irlandesa. Están usando un último sistema en realidad virtual para el entrenamiento de fuerzas especiales. Todo parece desarrollarse sin problemas hasta una típica noche de viernes. Tom (Sean Faris) es el jefe del proyecto experimental subvencionado por una corporación ajena a las fuerzas armadas, un hombre dedicado a su trabajo. Entre el y su ayudante Vic (Luke Ford) deciden probar, con un par de adictos a los videojuegos, el sistema a máximo rendimiento. Si de paso se corren una buena juerga mejor que mejor. No en vano es viernes y ellos son jóvenes promesas dentro de su empresa.
La fiesta se celebra lejos de la base, en la vieja prisión donde trabaja como guarda uno de los invitados. Los fríos pasillos reciben a los dos técnicos devolviéndoles el eco de sus chistes y bromas. Tras conectar los dispositivos y crear un soporte dentro del procesador central que replique la estructura del edificio, proceden a conectar a sus dos amigos para que comience el juego.
Durante los preparativos, Jess (Rachael Taylor), la novia de Vic, que entrena como marine en las mismas instalaciones de las que su pareja ha extraído el material de alta seguridad para sus juegos; ha dejado su camareta en busca de su chico. No debería haber dejado que se marchase con Tom tan alegremente porque saben de lo que son capaces. Por fortuna, ha descubierto en que prisión buscar.
La capacidad de las maquinas para emular un entorno real de combate son impresionantes. Sus sentidos están subyugados. El olor de la pólvora tras un disparo, el color de la sangre de los enemigos no jugadores…todo es tan real. Incluso esa sombra que perciben por el rabillo del ojo. Una figura negra, con el rostro embozado bajo un saco de tela vieja. Una silueta rodeada de cadenas. Un recuerdo del pasado que se aferrará a su venganza contra los vivos a cualquier precio…
¿Cómo llegué a ver todo esto?
Llegué hasta esta cinta por pura casualidad. Me intento patear todos los medios para descubrir una película de mi género favorito, terror, cuyo visionado no produzca una excesiva muerte de neuronas por simple tedio. Así que cuando me encontré con Ghost Machine, de un tal Chris Hartwill, cuya portada era más que horrible, con un argumento muy de serie B y con unos actores que ni me sonaban; pensé ensimismado: “¿Y si este es uno de los ‘sleepers’ del año?”. En el mundillo del videojuego se conoce como ‘sleeper’ a los juegos que sin hacer mucho ruido contienen una calidad y jugabilidad reconocida por los usuarios (dada la temática me parecía acertado usar el termino). Cierto que algunas críticas especializadas en Internet hicieron medrar esa sensación de estar ante una película entretenida, pero en mayor medida tenía la esperanza de que un film británico sobre realidad virtual y fantasmas podría ser un soplo de aire fresco a esta especie de fiebre del remake, olas de zombies y fantasías demasiado irrelevantes ó presuntuosas. Quizás el recuerdo de Dog Soldiers me empujo un poco hacia esta producción.
Bueno, en cuanto a eso de mi desconocimiento sobre el casting he estado un poco exagerado. Conocía a la guapa y rubísima actriz australiana Rachael Taylor, que aquí ejerce como co-protagonista mostrando esfuerzo en su trabajo pero pocas cualidades interpretativas. Exactamente igual que en otros proyectos en los que ha participado: Man-Thing, Transformers ó Shutter. Para mi solo es una guapa más de las tantas que pueblan la gran pantalla. Obviamente este factor no me influyo para decidirme por Ghost Machine.
Tenía por delante hora y media de apariciones espectrales y efectos especiales de bajo presupuesto pero bien conseguidos (según esas críticas bien intencionadas), un mínimo de interés y una predisposición sana a divertirme con poco. No creo que ningún director de serie B pudiese pedir un espectador mejor. Evidentemente, algún familiar hubiera estado más optimistamente predispuesto, pero no hay nada más enriquecedor para una manifestación artística como una opinión objetiva. Y aunque parezca un comentario baladí, tras leer más y más comentarios sobre proyectos independientes como este que nos ocupa, me doy cuenta de que la objetividad y la exigencia va siendo un bien escaso en la generación del microchip. El género fantástico padece de una condescendencia que nos debería sacar los colores a los aficionados. Después de esta perorata vamos al meollo del asunto.
¿Cómo me sentó todo esto?
El inicio, descrito profusamente en los primeros párrafos de esta reseña, no prometía ni mucho ni poco. Una mujer maltratada que sabemos, desde el segundo uno de proyección, va a ser un horrendo espíritu vengativo y, por ende, toda la madre del cordero. Luego, y a posteriori del manido letrero “9 years later”, vemos unos entrenamientos virtuales bien traídos y con unas dosis de acción acordes al binomio guerra/marines modernos. La fotografía convence, y sin ser nada especial denota una frialdad más europea que estadounidense; lo cual es un punto a su favor. Ya que el objetivo de la cinta es narrar venganzas espectrales a través de maquinas modernas. Vamos, que no es una comedia.
Continuo viendo la película y los jóvenes actores ya me empezaban a escamar: Ninguno conoce el significado de las palabras “casta” y “carácter”. Un sueldo, una película directa al videoclub y a dormir que mañana será otro día. Si tuviera que destacar a alguien sería a Sean Faris (Tom), aunque no se si por sus dotes interpretativas ó por su severo parecido con Tom Cruise. De hecho, el que su personaje se llame como el famoso actor no dejaba de resultarme gracioso, acabando por caerme simpático y todo.
Finalmente, al llegar la línea argumental hasta la prisión; la bomba marrón acaba por detonar. Los dos fenómenos que se disponen a probar el sistema, son dos viciados a los videojuegos que se ganaron mi odio nada más aparecer. ¡Favorezcamos los tópicos! Rodeados de marihuana, patatas fritas, cerveza y porno; ¿estos cabezas huecas se proponen probar la tecnología más cara y experimental de todo el imperio británico? Y por mucho que quieran colarnos un giro argumental al final de la película para hacernos creíble tamaña chorrada; la realidad es que desde el minuto quince hasta el final tenemos la sensación de ver bobada tras bobada con algún destello de calidad discutible. Desgraciadamente, no solo estos dos personajes me pusieron de los nervios. El jefe de los entrenamientos tiene un papel destacado en la trama como secundario, y es precisamente cuando se revela dicho papel con su aparición estelar en la prisión cuando ya la película se complace en dar lo peor y lo más tópico de la serie B terrorífica. No descarteis incluso referencias gratuitas a Guantanamo, una lastima.
Por resumirlo brevemente, los guionistas (Sven Hughes y M. Smyth) intentan reinsertar el clásico cuento gótico de fantasma vengativo, con cadenas incluidas, en la época actual a través de las nuevas tecnologías. En algún sitio he leído que el marco temporal del film es un futuro cercano, bueno como no quiero cabrearme solo diré que a día de hoy los modelos de PSP que se pueden comprar son más modernos que los mostrados en Ghost Machine.
Retornando a los destellos de calidad, destacar las transiciones entre realidad e irrealidad que sufren los protagonistas, no estando mal del todo. Dado el ajustado presupuesto con el que se realizaron me parecen más que decentes; salvo algún CGI ocasional que hace que te chirríen las pestañas.
Los otros puntos destacables son los escenarios (y bien saben cientos de películas lo resultonas que son las prisiones abandonadas) y el final que navega entre lo cómico y lo siniestro, con un uso del croma que de haberse extendido a todo el metraje y no solo a los últimos segundos hubiese dado un empujón hacia arriba a la falta de ritmo de la que adolece toda la película.
Como veis, lo rescatable se acaba pronto; y en el otro lado de la balanza pues todo lo demás que compone una película. Especialmente hiriente es la precariedad de la historia, la uní dimensionalidad de los personajes y la dinámica de tortuga que lastra un título que primordialmente debería ahondar en la tensión y en la acción.
Me he visto cientos de veces delante de la estantería de un videoclub formulándome la pregunta acerca del probable “sleeper”, delante de una carátula similar a la de Ghost Machine; y como todas esas veces he acabado viendo una película de segunda fila que sin ser lamentable, es demasiado mediocre en todos sus aspectos como para siquiera divertirte. ¡Ni tan solo la banda sonora llega a salvar el día! Como el resto de la cinta: mediocre.
Me extrañan mucho esos comentarios positivos sobre el diseño del fantasma y las muertes tan sangrientas. Excepto segundos aislados, la cinta es bastantes ligera en cuanto a sangre y el dichoso espectro es bastante grimoso y no logra dar miedo, ni pena, ni “na” de “na”..
¿Y en conclusión?
No recomiendo la película. No es tan mala como alguno de los últimos bodrios de Charles Band y desde luego tiene intenciones más serias, pero el infierno esta pavimentado de intenciones como esas. Tal vez si en lugar de reinventar el cuento romántico de fantasmas con adictos a los videojuegos fumetas, hubiesen ahondado en la dicotomía realidad/simulación con visceralidad y honestidad; estaríamos hablando de otra forma bien distinta. Se ha sacado un gran partido técnico del escaso presupuesto sí, pero ¿en pro de qué?.
Más suerte la próxima vez a un equipo que orientó la producción a los jóvenes adolescentes que han crecido con los “shooters” en primera persona, sin dar un paso más allá…y que conste que yo he jugado a muchísimos “shooters”.
Lo mejor: Su final simpático y oscuro; y unos escenarios simples pero con capacidad de sugerir.
Lo peor: Un nivel general que la hace justa merecedora de un puesto secundario en las estanterías de cualquier videoclub
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Por Bob Rock | bobrock@almasoscuras.com
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El británico Darren Ward escribe y dirige A Day of Violence, un exploit independiente influenciado, según palabras del propio director, por los violentos thrillers británicos e italianos de la década de los 70 (Ward menciona los thrillers de Lucio Fulci cómo una de sus principales influencias).
A Day of Violence cuenta la historia de Mitchell Parker, cuyo cuerpo permanece sin vida en la camilla de la morge. En vida Mitchell ejerció de recaudador de deudas impagadas, una labor que le mantuvo hundido en toda la mugre y la escoria que los bajos fondos podían ofrecerle.
Durante un trabajo rutinario Mitchell descubre un paquete con 100.000 libras en efectivo en casa de un cliente. Creyendo que su suerte ha cambiado Mitchell decide quedarse con el botín, un error que posiblemente acabe costándole la vida.
Acción, tiroteos, persecuciones, sexo, sangre y mucha violencia…
AUTOR: Joan Lafulla | PUBLICADO: 05/01/10 | CATEGORIAS: Noticias
Tags: acción,
exploitation,
independiente

Supongo que somos unos cuantos (me atrevería a decir que muchos… la mayoría) los que, tras el esperado estreno de Bienvenidos a Zombieland, seguimos muy de cerca el rastro del que promete ser el más salvaje e impactante entreno zombi de la nueva temporada: La Horde.
Para los más desmemoriados recordaros que La Horde supone la apuesta de los franceses Yannick Dahan y Benjamin Rocher por el subgénero zombi mezclado con altas dosis de acción (ya sabéis que un servidor tan sólo necesita escuchar los términos francés y terror en una misma frase para llegar a unos niveles de excitación muy altos… y si encima le añadimos la palabra zombie… ohhhhhh).
Su argumento: “Norte de París. Con el objetivo de vengar el asesinato de uno de los suyos a manos de un grupo de gangsters, cuatro policias corruptos irrupen en un edificio abandonado en el que los delincuentes están refugiados. Atrapados y a punto de ser ejecutaods, los policias se encuentran con lo inimaginable: una horda de criaturas caníbales y sedientas de sangre invaden el edificio, atacando salvajemente a todo aquel que se encuentra en su interior. Inesperadas alianzas nacerán en búsqueda de la superviviencia.”
Os dejo con algunas imágenes y el nuevo trailer de La Horde.

LA VALORACIÓN:
50 |100
Estrellas: 3

El Bosque Infinito. El lugar donde van a parar todos los desechos de un futuro Japón, donde el feudalismo y la tecnología más bizarra comparten cama.
Once indefensas chiquillas son violadas y posteriormente asesinadas por una recua de maleantes cuyos líderes son dos especies de cyborgs. Estos seres son llamados mechas, humanoides creados a partir de restos vivos pero modificados para que ciertas partes corporales sean armas. Están trastornados, son viciosos e ilegales.
Una de las once niñas sobrevive y es encontrada por un científico loco, que se cree un artista de la carne, y una monja budista. Recomponen sus despojos con los miembros amputados de sus hermanas y fusionan las once almas de las muchachas muertas en una sola; creando así un mecha mortal y vengativo que parte en busca de los degenerados asesinos. En esta búsqueda la acompañará un antiguo cazador de mechas; compartiendo desmembramientos, sueños eróticos, dramas del pasado, peleas sangrientas y poco más…
Sí, poquito más porque en un párrafo esta contenido todo el argumento de este splatter japonés que nos trae el guionista de Tokio Gore Police (TGP), Kengo Kaji. El cual escribe esta historia de gore, samuráis y mechas, dirigiéndola él mismo.
Se trata de una nueva muestra de cierta vertiente del actual gore nipón. Una serie de películas cortadas por el mismo patrón: Una atractiva protagonista embarcada en una búsqueda griálica (bien sea este grial la venganza, el conocimiento ó pura supervivencia) y un mundo que fusiona la carne con metal, armas y sexo. Estoy hablando de las Chanbara Beauty, Machine Girl, TGP, etc…
Todos estos largometrajes acuden a los chorros de sangre, la exageración, amputaciones y la transformación del cuerpo en un arma viva; como principal atracción. Samurai Princess sigue estos pasos pero con un resultado un poco insustancial.
Aunque la ambientación intenta lograrse, los bosques y los almacenes abandonados donde esta rodada (digicutremente, por supuesto) no le dan ninguna vida a las imágenes. Tampoco el vestuario es deslumbrante, resultando un periodo Edo futurista bastante pobre.
¿Fotografía? Tampoco destaca. ¿Montaje? El apropiado para una serie de televisión barata. Quería evitar comentarlo pero no puedo resisitirlo. Su montaje parece el de un capítulo de los Power Rangers. Entiendo que es una comparación vil, pero es la cruda realidad.
Los actores son clásicos del cine japonés de serie B: muy blandos e inexpresivos. Y eso que uno de los grandes reclamos publicitarios de este film era (al menos en el imperio del Sol Naciente) la actriz Aino Kishi, encarnando a la princesa samurai. Esta guapa actriz es reconocida por su trabajo en el cine para adultos. Pero que ninguno se emocione, en Samurai Princess no tenemos más que un par de gotitas de sexo y muy ligero. Personalmente, estas tácticas de marketing dentro del cine de terror me producen bostezo. Véase, por ejemplo, Zombie Strippers.
Entonces, si no tenemos ni buenos actores ni decorados ni historia intensa ni fotografía; ¿qué nos queda?
Los efectos especiales de Yoshihiro Nishimura (director y responsable de fx también en TGP). El despliegue de barbaridades visualizadas es lo único que nos va despertando, un poco, del soporífero desarrollo: Intestinos-hoces, piernas-sierra, pechos-bomba y esos clásicos chorros de sangre que nos inundan salpicando nuestra pantalla. Las escenas sangrientas no alcanzan una alta cota de intensidad pero entretienen por lo esperpéntico de los personajes involucrados en ellas.
Pondría como pega que esta vez los efectos creados por ordenador están muy mal insertados, e incluso los efectos clásicos no están a la altura de lo esperado. Pero se ve claramente que el presupuesto ha estado más limitado que en otras producciones y todo no se arregla con dinero.
En conclusión: Una película un poco decepcionante (y eso que no esperaba nada de ella) puesto que un splatter debe ser más intenso y se llega a hacer larga incluso con su breve duración, pero que no deja de ser una propuesta gamberra apta para festivales de madrugada y quedadas de borrachos con los amigos. Esperemos que próximas producciones del estilo sean superiores. Estoy hablando de Vampire Girl Vs. Frankenstein Girl. Crucemos los muñones…
Lo mejor: Lo bizarro de las situaciones, los malos de telefilm y la sangre.
Lo peor: Una película de nivel demasiado bajo en lineas generales.
¿Dónde conseguirla?
La Morgue Cinema: “Samurai Princess” en VOSE (Danke Eddie!).

LA VALORACIÓN:
59 |100
Estrellas: 3

Pig Hunt es una película desequilibrada, y lo es en las dos principales acepciones del término.
John, acompañado de tres de sus mejores amigos y su aguerrida novia, viajan hasta las lejanas tierras de su recién fallecido tio con el objetivo de cazar jabalíes.
Una vez inmersos en la esperura del bosque, deberán hacer frente a una pandilla de paletos (rednecks) descerebrados que no muestran demasiado aprecio por los cazadores foráneos, y a la leyenda de un gigantesco cerdo salvaje al que se conoce con el sobrenombre de Descuartizador.
El desequilibrio de Pig Hunt procede de una primera mitad de película en la que James Isaac (Jason X, Skinwalkers), director del evento, dedica un tiempo excesivo a la presentación de unos personajes que no merecen dicha atención. Y no la merecen porque la confrontación mostrada en Pig Hunt nos resulta, cuanto menos, familiar.
A este lado del cuadrilátero una chusma de cafres y retrasados paletos, mascadores de tabaco, y con una malsana afición a las armas de fuego y los enormes cuchillos de supervivencia.
A este otro lado del cuadrilátero un grupito de estúpidos muchachitos de ciudad, poco habituados a las excursiones campestres, y cuya experiencia más cercana a la caza mayor consiste en matar mosquitos a palmadas.
Dedicar casi media película a resaltar la naturaleza violenta de unos (los paletos), y la incapacidad de adaptarse a un medio que les es hostil de los otros (los chicos de ciudad), resulta a todas luces excesivo. James Isaac intenta poner remedio a la situación introduciendo algún que otro personaje y diálogos supuestamente divertidos… pero ni por esas.
Los protagonistas de la película se pasean por el bosque, sin un rumbo fijo, y sin que tengamos muy claro por dónde van a ir los tiros. Nada puede evitar que Pig Hunt nos depare una primera mitad de película monótona, tediosa y sin apenas un solo momento rescatable (a excepción de la magnífica panorámica, a cámara lenta, acompañada de una excelente melodía de banjos y con las raídas y desgastadas barras y estrellas de fondo, con la que hacen su aparición en escena la tropa de indeseables paletos).
Pero cómo ya he dicho antes, Pig Hunt presenta una asimetría realmente desconcertante. Si la primera mitad de la película (más o menos) está presidida por la desgana y el aburrimiento, la segunda mitad es una auténtica locura (de aquí la segunda acepción de desequilibrio entendido cómo trastorno, demencia, enajenación…).
De pronto, y sin previo aviso, Pig Hunt nos ofrece una delirante mixtura de géneros que incluye entusiastas persecuciones al estilo Mad Max, palurdos enmascarados blandiendo sierras mecánicas, gamberras muertes no exentas de las consabidas dosis de sangre y tripas (aunque sin exagerar), un musculoso hombretón que viste taparrabos y parece sacado de un exploit barato de espada y brujería, y una secta de féminas hippys aficionadas al destete, cultivadoras de marihuana y adoradoras de una brutal criatura de colmillos afilados ¿¿¿???
El resultado de dicha combianción acaba siendo tan extraña cómo extrañamente atractiva (permitidme el juego de palabras). Acción, survival, gore, monstruos… todo tiene cabida en Pig Hunt, sin necesidad de que la lógica o el sentido común impere en cada uno de los caminos tomados por la película.
El empaque visual de Pig Hunt es ciertamente destacable (teniendo en cuenta que se trata de una producción de bajo presupuesto), y las secuencias de acción están, todas ellas, eficazmente resueltas, destacando la adrenalítica persecución en la que los paletos, a lomos de sus sucios y destartalados todoterrenos, intentan dar caza a los desdichados protagonistas.
Nuestras posibilidades de simpatizar con una película cómo Pig Hunt pasan por aceptar de buena gana ese desquiciado y caótico juego que nos propone la película en su segunda mitad, en el que se mezclan toda una serie de elementos y géneros (sin demasiado orden ni concierto) que poco o nada tienen que ver entre si.
Personalmente creo que el experimento acaba funcionando. Toda esa paranoia y desorden que atesora Pig Hunt acaba por ofrecernos una gamberra, deshinibida y bizarra película de acción que sobrelleva sus múltiples defectos sin demasiado esfuerzo. Acción de serie B para disfrutar sin complejos y sin ser demasiado exigentes.
Y he dejado para el final uno de los puntos más conflictivos de Pig Hunt: el diseño del monstruo. Es difícil comprender la decisión tomada por James Isaac, un tipo mucho más apreciado por su labor en el terreno de los efectos visuales y el diseño de criaturas, participando en películas tan destacadas como La Mosca (The Fly, 1986) o ExistenZ (1999), ambas dirigidas por David Cronemberg, que por su labor tras las cámaras.
James Isaac mantiene al monstruo de Pig Hunt en un eterno primer plano, de manera que apenas podemos verle los ojos y sus largos colmillos. Nunca vemos a la bestia en toda su extensión. Ignoro si la decisión final tomada por Isaac responde únicamente a restricciones en el presupuesto o si se trata de un homenaje a determinadas películas ochenteras (todas ellas de bajo coste) que precisamente se caracterizaban por no ser generosas a la hora de enseñar al monstruo. En cualquier caso, la opción de Isaac a la hora de mostrar a la criatura creo que difícilmente será aceptada por una gran mayoría de aficionados.
Lo mejor: La locura sanísima y divertida de la segunda mitad de la película.
Lo peor: Que tarda en arrancar.
Tres rudos cazarecompensas persiguen a un fugitivo de la ley. Sus pasos son seguidos de cerca por un equipo de televisión que está rodando un documental. Durante su misión darán con algo para lo que no están preparados. Sobrevivir será ahora su principal misión.
Este es, a grandes rasgos, el argumento de Bounty, película independiente dirigida por Kevin Kargas que promete una vigorosa miscelánea de cine de acción (las imágenes del trailer me recordaron al Domino de Tony Scott) y horror; todo ello servido con el ya habitual estilo semi-documental conocido por todos.
Bounty conocerá un reducido estreno en salas de cine USA a partir del próximo 16 de septiembre.
AUTOR: Joan Lafulla | PUBLICADO: 09/09/09 | CATEGORIAS: Noticias
Tags: acción,
independiente









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