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51

El aborto alienígena de Corman, Wood y Band

51 Poster

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  • Título original: 51
  • Nacionalidad: Estados Unidos | Año: 2011
  • Director: Jason Connery
  • Guión: Kenny Yakkel, Lucy Mukerjee
  • Intérpretes: Bruce Boxleitner, Jason London, Rachel Miner
  • Argumento: El gobierno “yankie” decide realizar una jornada de puertas abiertas en el Área 51 para unos periodistas selectos. Sin embargo, los encargados del Área no esperaban que los prisioneros alienígenas que retenían decidiesen montarla ese mismo día.

30 |100

Estrellas: 2

51 Grande

Sobre puntuaciones: Todos sabéis lo complicado y, hasta cierto punto, injusto que es reducir una película a un número. De hecho, a todos nos ha dolido alguna nota que nos han colocado (en un examen, tras un polvo…) por considerarla inmerecida. Destaco esta cuestión porque últimamente me encuentro con gente muy disconforme ante mis puntuaciones. Creo que desde Almas Oscuras hemos insistido mucho en ello: las notas asignadas en una reseña reflejan la opinión personal de su autor. Básicamente son el medidor de “me lo pasé bien/mal viendo la película”. En el caso de 51 podría ser más sangrante el asunto. Como película es una tremenda bazofia, probablemente una puntuación de 0 le quedase alta; pero resulta, que de lo mala que es, a mi me entretuvo durante su metraje aunque solo fuese por lo estúpido de todas las situaciones planteadas. De hecho, la nota refleja exclusivamente esta ración de comedia (in)voluntaria. Bueno, puede que me esté dejando llevar un poco por mi lado devorador de basura fílmica (véase mi afición por Troll 2 u otras luminarias del cine casposo), pero lo mejor será entrar en materia y no dilatar más el asunto…
¡Acompañadme por una instalación militar que tiene más animación y menos luces que el camarote de los hermanos Marx!

¿Qué tienen en común Roger Corman, Ed Word Jr. y Charles Band (los tres conocidos de sobra por todos vosotros)? Entre otras cosas, que si hubiesen coincidido en el tiempo y el espacio, junto a una buena provisión de tinto Somontano, bien podrían haber perpetrado este disparate de dimensiones bíblicas llamado 51.

Pero por desgracia, la reunión mentada nunca tuvo lugar, y el encargado de ofrecernos otra basura en celuloide es el After Dak Originals 2011. Si con Husk parecía que los responsables del festival hubieran descubierto la fórmula para realizar películas de fantasía oscura al mínimo coste, pero con un marcado sabor a entretenimiento simple y eficaz, ahora presenciamos apenados como la influencia de su alianza con el canal Sci-Fi cristaliza en un despropósito digno del peor Uwe Boll. Aun con desvergüenza, o la simpatía que me producen este tipo de proyectos cubiertos de caspa, 51 no se preocupa en ocultar o maquillar todos los defectos propios de una película hecha rápidamente y de forma irreflexiva; los estigmas más evidentes de la televisión a la que está destinada. En definitiva, estamos ante un relleno en la programación diaria, solo apta para insomnes.

Tal vez si otro realizador más propenso al exceso se hubiese hecho cargo de la cámara, e incluyendo mayores dosis de ironía, auto parodia y psicotronía, 51 sería de obligado visionado aunque solo fuese por lo rematadamente mal que actúan los actores. Sin embargo, es Jason Connery (sí, hijo del famoso 007) quien encarna el ímprobo papel de director de serie B, no podemos esperar mucho de un tipo que ha rodado la igualmente pobre mezcla de ciencia-ficción/terror The Devil’s Tomb o participado como actor en, ¡ni más ni menos!, Alone in the Dark II. Con todo, tal vez exista una perspectiva cómica desde la que juzgar este esperpento, puesto que no es difícil leer entre líneas el homenaje implícito a Corman y la escasa estima que todos los participantes se tienen a si mismos, causa de jolgorio entre el público habituado a la serie B. Y es que aun careciendo de ese “algo mágico” que ha conseguido grabar en nuestra memoria películas igual de malas o peores (Not of This Earth, Plan 9, Terrorvision), si podremos presenciar alguna escena que dada su mala realización y aires psicodélicos pueda arrancarnos muecas de asombro.

Al guión es imposible meterle mano por ningún lado: todos los tópicos, clichés y personajes arquetípicos pueden encontrarse a patadas. Robando impunemente ideas de decenas de películas previas (más de treinta años después y Alien sigue creando escuela, ¡quien lo iba a decir!) e incluyendo diálogos escuchados, en boca de marines, cientos de veces, se nos intenta contar… ¡nada! Hacía tiempo que no sentía de forma tan acuciante la sensación de cómo la falta de argumento e ideas llevaban hora y media de mi tiempo al sumidero, a la par que topaba con una espiral de sin razones que merecen verse únicamente por lo absurdo de su presentación; magro consuelo para el aficionado. Todos hablamos en la presente generación del estado del séptimo arte en general; bien, 51 es la síntesis de esta penosa situación… aunque no quiero hacer más sangre de la necesaria puesto que al menos provoca la simpatía de lo deforme, al meno en mi caso.

Vamos a ver, ¿solo se le podía ocurrir al extraterrestre más (dudosamente) peligroso de la galaxia escaparse de su celda, en el Área 51, cuando unos periodistas han sido invitados a realizar un reportaje supervisado por el gobierno? Además, con lo bien que estaba el “multimorfo” escuchando música trance mientras lo alimentaban con una jeringa llena de sabrosa gelatina naranja – la puesta en escena del “villano” principal es lo único genuinamente interesante en todo el metraje – ¿Dónde están las fuerzas del ejercito? ¿Cinco marines con deficiencias mentales tienen que salvar a la humanidad? ¿Por qué hay además un marciano cabezón que ayuda a los Estados Unidos? ¿Y unos cutre-alienígenas dignos de un H. R. Giger oligofrénico? ¿Por qué los periodistas pululan sin orden ni concierto por los almacenes abandonados que ejercen de instalaciones militares? ¡¿Por qué?! ¿¡Por qué?!

Como veis, llega un punto en que tu cerebro sufre una traumática implosión y se produce un curioso efecto narcótico que te obliga a tomártelo todo como lo que es: una tomadura de pelo. En ese momento ya puedes disfrutar un poquito de las peores actuaciones que he visto en los últimos veinte años, señores embutidos en trajes ortopédicos (los aterradores monstruos dan menos miedo que un clic de Playmobil maquillado), decorados basados en paredes grises de quita y pon, un montaje desequilibrado como pocos – sobre todo acercándose al descafeinado final que aun consigue arrancarnos una cansada sonrisa. – Son muchos los problemas, especialmente los técnicos o profesionales, de 51 y, sin embargo, lo peor es la es la ausencia de desparpajo.
Quizás algo inevitable dada la falta absoluta de carisma poseída por los personajes. Mención especial merece una marine traumatizada por sus experiencias en oriente próximo; desde aquí le mando un rendido aplauso a la actriz encarnando tan patético carácter, por su interpretación a base de sollozos y mohines. Protagonista de los más vergonzantes diálogos que he podido ver en una película, y, por si fuera poco, también líder de unas escenas de acción tronchantes, donde una mezcla histérica de imágenes fragmentadas sirven de remedo a las escenas de tensión de la endiosada Aliens (alabado seas Bishop)
Todavía no salgo de mi asombro, ¿acaso el encargado del casting llevaba el día de las pruebas dos carajillos de más? Sin lugar a dudas.

En resumen, superado el deseo de “ver para creer”, os aseguro que 51 no merece existir; un paso de gigante, pero en el sentido de los cangrejos, para la singladura del After Dark Originals. Ahora, si alguno desea que el resto de películas que vea este año le parezcan obras maestras, solo tiene que darse una vuelta por el Hangar 18 sito en este auténtico “caspafilm”.
Siento el tremendo varapalo, pero encuentro muy poco positivo que decir… ¡Ah! Los efectos de sonido están logrados y la banda sonora de deja escuchar… ¡no! Espera un momento… ¡no, ni eso! ¡Si todo lo relativo al audio es peor que una mala tarde junto al pianista de Parada! ¡Por qué nos hacen esto?! ¡¿Por qué?!

Lo mejor: Tan mala en algunos aspectos que se hace bastante simpática, y hasta involuntariamente cómica.

Lo peor: Los actores jamás podrán volver a mirar a sus madres a la cara: ¡qué personajes! ¡Qué interpretaciones! ¡Qué diálogos!