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Spectral

Leche condensada

Spectral Review

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  • Título original: Spectral
  • Nacionalidad: Estados Unidos | Año: 2016
  • Director: Nic Mathieu
  • Guión: Ian Fried, John Gatins, Jamie Moss, George Nolfi
  • Intérpretes: Emily Mortimer, Clayne Crawford, Max Martini
  • Argumento: El ejercito estadounidense se enfrenta en la guerra moldava a un enemigo que parece surgido del otro mundo.
DIVERSIÓN:
TERROR:
ORIGINALIDAD:
GORE:
  • 3/5

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Un ingeniero de DARPA se alía con un equipo de las fuerzas especiales para hacer frente a la amenaza fantasma que asola Moldavia. Unos seres sobrenaturales que están acabando con la población gracias a su capacidad para no ser afectados por armas ordinarias y una fuerza destructiva que no parece de este mundo.

Vaya por delante que un servidor no ha catado “Final Fantasy: The Spirits Within”, película de animación realizada por ordenador, tampoco sé mucho del universo creado alrededor de la famosa saga de video juegos, así que las comparaciones al respecto tendrán que reducirse al espacio abierto en los comentarios, siempre disponible para vuestras valiosas opiniones. Y saco esto a colación porque muchos amigos de Almas Oscuras han señalado el parecido entre la película de 2001 y la presente “Spectral”, estrenada recientemente por “Netflix”. Aunque se rumorea que esta mezcla de cine bélico, acción y ciencia ficción – de terror ya os confieso que poquito – fue rodada pensada en un estreno internacional en salas comerciales, que por lo visto nunca llegará. Seguir leyendo…

Lo mejor: Los efectos especiales.

Lo peor: Los tópicos del cine de acción made in USA

Tank 432

Campo de batalla tu mente

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Un grupo de mercenarios quedan atrapados en un tanque sin saber la naturaleza de los que les acecha dentro y fuera del vehículo.

El cine bélico y el de horror, si nos olvidamos del horror intrínseco de las guerras, no ha dado en alianza, según mi opinión, todavía esa película de género que se una a las piedras de toque sobre las que sustenta nuestra afición cinematográfica. Sí, tenemos citas muy interesantes como “La Fortaleza”; obras actuales que nos ofrecen pasar un buen ratillo, “Deathwatch”, “Outpost”, “Exit Humanity”, “The Devil’s Rock”, “Sauna”, “El Páramo”; pero siempre da la sensación de que el elemento bélico queda reducido a términos secundarios. En las cintas que he comentado, he omitido voluntariamente “Dog Soldiers”, una cinta de serie B muy querida entre los aficionados pues introduce a un grupo de hombres lobos en medio de una maniobras militares, un alarde de atrevimiento. Seguir leyendo…

Pacific Rim (2)

Robots gigantes + Monstruos gigantes = Hostias gigantes

Pacific Rim

En el interior del post encontraréis el nuevo tráiler de Pacific Rim, esperadísima película dirigida por Guillermo del Toro.

Hace un tiempo os hablé de Pacific Rim, la nueva película dirigida por Guillermo del Toro. Ya en aquel momento, el cineasta mexicano afirmaba sin despeinarse “tendremos los mejores jodidos monstruos jamás filmados”. Pasan las semanas, los meses, y por fin tenemos disponibles imágenes virales, videos virales y, recientito, un magnifico tráiler en el que podemos ver a los robots y a algún monstruo en todo su esplendor peleando y destruyendo todo a su paso.

“La película en realidad es un poema muy, muy hermoso de monstruos gigantes. Monstruos gigantes contra robots gigantes. 25 pisos de altura de robot peleando contra 25 pisos de altura de monstruo. Estamos tratando de crear un mundo en el que los personajes son reales y ver cómo afectaría a nuestra realidad política y al medioambiente la existencia de estas criaturas”.

Además, el director de Hellboy(2004) está tan entusiasmado con la película y confiado en su aceptación popular, que durante el mes de julio estuvo especulando con realizar una secuela:Seguir leyendo…

Dead Mine

Soy minero... y samurai, y mutante...

Dead Mine Ext

Un cazador de tesoros y su grupo, con demasiadas similitudes a Los Mercenarios, se ven atraídos a la selva indonesa siguiendo la leyenda del oro de Yamashita. Tras un paseo entre la procelosa vegetación darán con sus huesos en un bunker abandonado de la Segunda Guerra Mundial donde unos subterráneos llevan hasta una mina llena de oro. Oro sí, y también unos samuráis mutantes más tacaños que el Tío Gilito. El festín de sangre y vísceras está servido.

Con vocación claramente casposa, aunque a juzgar por su tráiler podría no estar nada mal en otros sentidos, llega desde la filiar indonesa de la cadena HBO una película de género, que no solo evita cualquier atisbo de originalidad si no que además se obstina por lo que parece una mezcla cateta de terror y acción, con gotitas bélicas, al más puro estilo Dog Soldiers o Outpost.

Outpost

Los bunkers siempre guardan secretos

Outpost Póster

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  • Título original: Outpost
  • Nacionalidad: UK | Año: 2008
  • Director: Steve Barker
  • Guión: Rae Brunton, Steve Barker, Kieran Parker
  • Intérpretes: Ray Stevenson, Julian Wadham, Richard Brake
  • Argumento: Un grupo de soldados son contratados por un particular para que le lleven a un bunker en mitad del bosque en busca de minerales...

65 |100

Estrellas: 3

Outpost Grande

La guerra sigue siendo una fuente de horror inagotable. Son algunos ejemplos “Deathwatch” de Michael J. Basset, “Dog Soldiers” de Neil Marshall, “The Bunker” de Rob Green o la inefable ochentera “The Supernaturals”, de Armand Mastroianni. Como material narrativo, sin embargo, recibe muchas críticas: bastante horrible, dicen, es la situación real de la misma como para ponerse a fantasear sobre espíritus, zombies y demás. Y parte de razón no debe faltarles, pero lo mismo que se dice que la ciencia ficción no sirve tanto para imaginar el futuro como para entender el presente, me parece que también es lícito que el terror intente adentrarse en situaciones de por sí terroríficas para intentar comprenderlas. “Outpost” no es ni la primera ni será la última película de terror ambientada en la guerra, que plantea una historia para indagar en qué convierte un conflicto bélico a los hombres… o simplemente para inventarse una historia entretenida en un entorno propicio.

Siete soldados aceptan un encargo de un mercenario: escoltarle, en la Europa del Este contemporánea, hasta un bunker en medio del bosque, donde el mercenario asegura que va a buscar minerales. Lo que empieza siendo un trabajo meramente alimenticio, pues el contratante paga bien, se convierte en una pesadilla. Primero, son asediados por francotiradores en el trayecto al búnker; después, encuentran en el subterráneo almacenados los cadáveres de varias personas… aunque uno de ellos parece haber conseguido sobrevivir a la masacre.

“Outpost” es de esas películas que se han hecho un hueco vía videoclubs en el panorama contemporáneo. No es excesivamente original ni impactante, pero está bien contada, es interesante, tiene ritmo y un buen casting. Y es que, por encima de todas las cosas, cuando uno empieza a verla, lo primero que llama la atención es que pocas cosas, por no decir ninguna, desentonan en el conjunto. Es una historia con un arranque un tanto convencional, pero es sencillo entrar en ella y dejarse arrastrar. No molesta sentarse a verla, y poco a poco uno se va viendo envuelto en las andanzas de este grupo de soldados que, a través de pequeñas pinceladas, va siendo descrito como una pequeña muestra de la condición humana ante una situación desconcertante: desde la religión a lo más puramente instintivo, cada uno de ellos refleja cómo el hombre se enfrenta al horror, sin que ninguna de las maneras sea capaz realmente de encajar y ofrecer una forma más válida que otra para entender lo que puede ser la barbarie de una guerra. Víctimas y verdugos se ponen a la misma altura, y la fachada de cada uno (entiéndase aquí, otra vez, o la religión o la supervivencia o el racionalismo o la excusa a la que cada cual se agarre) se cae antes o después, sin remisión.

La película dedica su tiempo a crear el clima, tanto en la llegada al bosque como en el interior del búnker. Y, sorprendentemente, luego no se lo carga cuando comienzan las muertes. A los personajes les entra el pánico al verse ante un enemigo al que probablemente no pueden matar, y reaccionan como se espera de ellos, sin que en ningún momento te encuentres diciendo “no seas tonto, no hagas eso”. El búnker juega un papel importante y primordial, no es de esas veces en las que uno se pregunta: ¿por qué coño sucede esta historia en una casa abandonada, por ejemplo, si para lo que está pasando, hubiera dado igual que fuera un supermercado o un aeropuerto? En fin, mi intención ante estas afirmaciones es obvia: Steve Barker y sus guionistas han invertido muchas horas en que “Outpost” tenga sentido, sea coherente y aproveche todas sus opciones, sin intentar meterse en un campo que no sea el de la ficción que está contando. Todo ello, como se ha dicho, apoyado por un casting absolutamente impecable, en el que brilla el buen hacer de Ray Stevenson, como el jefe del grupo de soldados, Michael Smiley como McKay y, por supuesto, el enigmático Johnny Meres como Gotz, personaje que no necesita decir ni una sola palabra para resultar inquietante.

“Outpost”, que ha hecho su carrera en el formato doméstico, tiene en su poco presupuesto su mayor inconveniente. Técnicamente, es impecable. La narración es perfecta, no parece el primer film (y lo es) del director y los guionistas y uno se olvida la mayor parte del trayecto que aquello que está viendo es, al fin y al cabo, un grupo de personas encerradas en un sótano. Por el contrario, cuando estalla el horror, y más siendo de naturaleza sobrenatural, sí que se evidencia la falta de medios. Una cosa es que esto esté bien disimulado y otra muy distinta recurrir, como hacen en la cinta, a apagar las luces para que no se vea más de lo estrictamente necesario. Esta estrategia sirve para crear suspense, es cierto, pero se echa de menos ver más y mejor al enemigo, y quizás alguna acrobacia “sobrenatural” que potencie la sensación de asedio. A pesar de ello, sería injusto condenar al destierro a una película que, desde mi punto de vista, funciona mucho mejor que alguna que otra superproducción, únicamente por un tema presupuestario.

Tráiler

Lo mejor: Un guión trabajado y unas interpretaciones impecables.

Lo peor: Se nota la falta de presupuesto en más de un momento.

Outpost Black Sun

Plegarias Atendidas

Outpost 2 Póster

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  • Título original: Outpost Black Sun
  • Nacionalidad: UK | Año: 2012
  • Director: Steven Barker
  • Guión: Steven Barker, Rae Brunton
  • Intérpretes: Catherine Steadman, David Gant, Richard Coyle
  • Argumento: Lena y Wallace llegan al búnker de la primera parte en busca de Klausener, su creador.

50 |100

Estrellas: 2

Outpost 2 Grande

Si, desde mi punto de vista, la mayor pega que se le podía poner a “Outpost” era la falta de visibilidad del enemigo sobrenatural, en “Outpost: Black Sun” el problema queda resuelto. La secuela ofrece muchas más muertes, más sustos, más sangre y, sí, también es una película mucho más alocada y descabellada que su predecesora. Es bastante difícil hablar de ella sin “spoilear” la anterior, así que si alguien tiene interés en adentrarse en la saga, es recomendable no leer esta reseña y quedarse sólo en la valoración numérica y “lo mejor” y “lo peor”.

Lena (Catherine Steadman) es una descendiente de judíos asesinados por nazis en busca de venganza. Su principal objetivo es Klausener (David Gant), creador de la máquina de la discordia de la primera parte. Lena consigue unos mapas que cree que indican dónde está el cuartel de éste, pero en realidad son del búnker y de sus alrededores. Ayudada por un científico, Wallace (Richard Coyle) se desplaza hasta la zona… que ahora está completamente devastada. Las hordas de enemigos la han asolado y, de hecho, el campo electromagnético se va expandiendo, poco a poco, por lo que el ejército nazi tiene mayor área de actuación.

Las secuelas son siempre peliagudas. Se corre el riesgo de repetir la original y, si uno se aparta de la primera demasiado, parecer que se está viendo otra película. En el caso de “Outpost: Black Sun”, durante la mitad del trayecto, más o menos, se consigue un equilibrio complicado y difícil: se conservan algunos rasgos distintivos de su predecesora, pero se abre nuevo campo. Funcionan especialmente bien los momentos en los que los personajes atraviesan campo y pueblos arrasados, y hay algunos momentos de tensión bien conseguidos (véase, por ejemplo, la grabación que Wallace pone a Lena de un asalto a una casa, o el episodio de ambos personajes en una vivienda abandonada). Sin embargo, algo se ha perdido… y es que, aquí, estamos en el territorio “zombie” puro y duro. La película se salta una de sus propias reglas, que el ejército pueda aparecer y desaparecer a su voluntad, y ahora resulta, por ejemplo, que si alguien cierra una puerta, los soldados zombies no pueden pasar. De manera que, si algo distinguía al universo Outpost, el centrarse en zombies-espíritus, ahora se lanzan al barro directo de la peli de muertos vivientes. Y no lo hacen mal, la verdad, pero es una pena perder esa identidad, porque películas de zombis ya hay demasiadas.

La historia respeta el esquema de la original, un par de buscadores del búnker acompañados por un grupo de soldados, pero se adorna con nuevos elementos. Ahora, hay una suerte de corporación filonazi intentando también localizar la máquina de marras. En este punto, me meto en una valoración absolutamente personal, en una cuestión de gustos. Me acuerdo de lo que me fascinó en su momento “Laid to Rest” y de lo poco interesante que me parecen algunos elementos de la secuela, en la que una organización super secreta protegía a Chromeskull. Pues bien, aquí me sucede algo similar. En la primera, me creo que haya una máquina abandonada funcionando desde la segunda guerra mundial que mantiene con vida a un ejército de fantasmas zombis. Pero que, en la actualidad, un nazi octogenario esté dispuesto a lo que sea para hacerse con ella y restaurar el Reich… no sé… es como que un terror primitivo e irracional, algo que alguien hizo funcionar y se quedó ahí, abandonado en el sótano de un búnker, de repente, tiene un objetivo claro y concreto y… sí, empobrecido.

Y, llegando al tramo final, la cosa se sale de madre. Bastante, además. Quizás en otro tipo de película, el clímax orquestado funcionaría bien; por ejemplo, en una película de la saga de Indiana Jones, o de los Cazafantasmas. Pero aquí es bastante… desconcertante. Realmente, en la resolución de todo es cuando uno tiene de verdad la sensación de que la película no tiene nada que ver con la anterior y lo peor: que el terror se ha infantilizado. Insisto: hay momentos del clímax en que parece que sin darnos cuenta hemos pasado de ver “Outpost: Black Sun” a “En Busca del Arca Perdida”. Sin embargo, también es cierto que, de pura locura, es bastante divertido: muertos, rayos, reliquias del pasado… y la inclusión de una especie de nuevo malvado que provoca, a partes iguales, escalofríos y risas.

A modo de coda, señalar que está en fase de posproducción “Outpost: Rise of the Spetsnaz”, que se estrenará previsiblemente en 2013. Aquí, ya no está al mando Steve Barker, aunque la cosa se queda en casa porque dirige uno de los guionistas de la anterior, Kieran Parker, y escribe en solitario el de ésta, Rae Brunton. A ver por qué modelo de película se decanta…

Tráiler

Lo mejor: Más sangre, más muertes, más sustos.

Lo peor: A pesar de que hay más sangre, más muertes y más sustos, el terror es más infantil.

23:59

El Pelotón de los Fantasmas

23:59 Póster

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  • Título original: 23 59
  • Nacionalidad: Singapur | Año: 2011
  • Director: Gilbert Chan
  • Guión: Gilbert Chan
  • Intérpretes: Tedd Chan, Stella Chung, Henley Hii
  • Argumento: Tras una guardia, dos soldados de una academia militar desencadenan una terrible venganza sobrenatural.

50 |100

Estrellas: 2

23:59 Grande

1983: En una isla de la remota Singapur encontramos una escuela militar que, al igual que otras, mantiene una fuerte tradición de cuentos de fantasmas para asustar a los estudiantes. Tal vez algunos de esos cuentos sean verdad. Las leyendas hablan de una médium que dio a luz una niña deforme poseída por los demonios con que su madre trataba. ¿Será cierto que durante una guardia dos soldados desencadenan por accidente una venganza sobrenatural capaz de poner en jaque a toda aquella institución militar? La espesa jungla de la isla guarda celosa los secretos del otro mundo y ningún ser vivo que se mezcle con ellos saldrá bien librado.

23:59 es la peor hora para morir, más si está embarazada, eres médium y justo posee tu feto un espíritu con la capacidad de controlar la voluntad de otras personas. Entre otras lindezas, todo esto nos enseña la película que hoy tenemos entre manos. Un auténtico festín de leyendas y tradiciones sobrenaturales que empalmaría a Iker Jiménez en breves segundos. Otra cosa muy diferente es que guste al aficionado al terror. Desde Singapur, una república independiente sita en una gran Isla rodeada de otras más pequeñas y justo bajo Malasia, nos llega su primera película de género – al menos en cuanto a un servidor sepa –. Y lo hace siguiendo los parámetros del estilo que puso de moda al cine de terror oriental, más en concreto el japonés con esa sabía mezcla de terror moderno y las viejas tradiciones de espíritus y fantasmas locales (Ringu, Dark Waters, Ju-On).

Aparte de su exótica procedencia, cuestión que creo aporta cierto valor por la siempre agradecida difusión de nuestro género entre países habituados a otras temáticas, poco se puede rescatar de esta 23:59. Su historia resulta eficaz en cuanto a que no se aleja ni un ápice de las decenas y decenas de películas orientales que han tratado el tema de los fantasmas y sus distintas venganzas o razones para asustar a los vivos. A lo sumo, tal vez sea destacable la ambientación militar por ofrecernos un marco ligeramente distinto a las habituales ciudades que han urbanizado los espectros. Ahora bien, tened en cuenta que se trata de un escenario militar, en absoluto bélico. Vamos, por estar lejos de cualquier guerra conocida – la trama transcurre en una academia militar no en una guerra – ni siquiera veréis disparar un arma; algo que tampoco es problemático puesto que la historia se centra en desgranar la clásica historia rural de niña maltratada con poderes psíquicos y a partir de ahí ya podéis sacar vuestras propias conclusiones.

Gilbert Chan escribe y dirige este thriller sobrenatural de bajo presupuesto que, como siempre cuando hablamos del Este, luce decente a nivel técnico con realmente muy poco dinero. Resulta curioso que una película como The Dead Want Women costase casi lo mismo y sus resultados sean tan patéticos. Si los costes de producción son tan ajustado en Singapur creo que los productores independientes deberían de plantearse la isla como algo más que una estupenda plataforma logística… y si no preguntarle a Joe D’amato.

Precisamente su introducción, sus primeros diez minutos, llegan a crear alguna expectativa gracias a las historias que cuenta un soldado a sus compañeros, y como van enlazándose mediante flashbacks logrados por los pelos. Digamos que la dirección de Chan sigue al dedillo, con sus propias limitaciones, el libro de estilo de una película de horror oriental. Tanto a nivel argumental como en el resto. Por ejemplo, la definición de personajes es lamentable, los pobres soldados son bastante planos y en dicha línea son interpretados. Obviamente, y dado lo poco que pueden sonar los nombres de los actores, no es algo que nos deba extrañar. También los sustos son bastante comedidos, este hecho no creo que sea achacable a la falta de experiencia de Chan. Como director tenía un par de películas más en el tintero, pero de una temática típica de su país: la comedia melodramática con mucho romance. Sin embargo, para ser la primera vez que rueda apariciones espectrales, ataques psíquicos y hasta posesiones, como ya os he dicho, la dosis de fantasmagoría no se queda corta, no lo hace mal, manteniendo el pulso y alcanzando una tensión funcional, nada más. Probablemente no ha llegado a ser más aterradora porque el presupuesto no daba para escenas, efectos o localizaciones espectaculares.

El principal problema de 23:59 es no ser capaz de mantener el interés del espectador a un nivel aceptable, solo por los pelos – y en mi caso, únicamente por un interés personal en los cuentos de fantasmas del pelaje que sean – logramos terminar de verla para saber cual es realmente el encantamiento que sufre la escuela militar y la isla donde se ubica. También cierta patina “occidentalizada” haga que su ritmo no sea demasiado lento, salvando lo que podría haber sido una hora y media de auténtico tedio. No obstante, se hace duro involucrarse con unos personajes tan tediosos y cuyas relaciones son harto previsibles, amén de verse adornadas puntualmente con la blandenguería oriental que tan bien conocemos. Un buen ejemplo de esto sería la relación que mantiene el principal protagonista, Jeremy, con su padre: un muestrario del drama más ñoño y flojo, que solo sirve para aportar una falsa dimensión humana a un cuento que necesita más mala uva.

Juega en su contra la gran cantidad de cintas con historias parecidas que nos ha ofrecido, pero con mucha mayor calidad, cualquier otro país vecino. Podríamos decir que el estilo que gasta se encuentra algo caduco en la actualidad y necesita de un revestimiento gráfico más interesante – y al menos alguna vuelta de tuerca inesperada –. Curiosamente es en los títulos de crédito iniciales, desarrollados a través de unas inquietantes ilustraciones en blanco y negro, donde todo lo bueno que ha tenido el cine de “fantasmas vengativos de pelo largo” es repasado someramente para demostrarnos durante el metraje que Chang no estaba en disposición de rodar una película potente.

En definitiva, solo apta para completistas de las apariciones sobrenaturales por abarcar un amplio rango de detalles paranormales – no sabía que los orientales también jugasen con ouijas –, o para aquellos que todavía no conozcan mucho de cómo se desarrolla este subgénero en Asia, cuyo principal atractivo siempre ha sido lo relativamente ordinario que es ver interactuando el plano espiritual con el físico. Ni siquiera ubicarla temporalmente a principios de los años ochenta parece tener relevancia alguna. Por otra parte, la curiosidad de su procedencia puede invitar a ver que maneras apunta Singapur en cuanto producción fantástica y terrorífica; a este respecto sí que merece la pena valorar 23:59 como un importante paso titubeante en el desarrollo de cine de género de calidad. Herramientas no le faltan a nuestros amigos de ojos rasgados, otra cosa es que sepan alejarse de una corriente comercial que ya no da los frutos deseados y requiere una revitalización urgente, o algo de humor en el peor de los casos. Una hora y media que aprueba de manera muy justa, cuyo espacio queda relegado a las tardes intrascendentes de domingo.

Lo mejor: Su arranque, con un compendio de leyendas de fantasmas locales bastante sugerente.

Lo peor: Personajes planos, dramatismo forzado, lentitud de desarrollo, historia simple, muy básica.

Nazis At The Center of the Earth

Tripis con sabor Nazi

Nazis at the center of earth Póster

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  • Título original: Nazis At The Center of the Earth
  • Nacionalidad: Estados Unidos | Año: 2012
  • Director: Joseph J. Lawson
  • Guión: Paul Bales
  • Intérpretes: Dominique Swain, Jake Busey, Josh Allen
  • Argumento: Unos investigadores son secuestrados en la Antártica por un grupo de soldados nazis. No habíamos acabado con ellos, regenerando sus cuerpos con extraña ciencia planean traer de vuelta a Hitler para instaurar el cuarto reich.

50 |100

Estrellas: 3

Nazis At The Center of the Earth Grande

Reseña con alto contenido en incoherencias, nazis, absurdos, sustancias psicotrópicas, palabras rebuscadas, gore trapero, spoilers, disparos de plasma y estupideces. Entra bajo tu propia responsabilidad.

Varios científicos, con poco aspecto de científicos, salen por la Antártica en busca de unos compañeros desaparecidos. Pronto descubren una ciudad bajo el océano helado que alberga los restos de la unidad más destructiva de las fuerzas nazis de la segunda guerra mundial. Un grupo de soldados, que liderados por el Dr. Méngüele, ha prolongado sus antinaturales vidas a base de injertos humanos. ¿Podrán estos científicos de todo a cien parar el arma secreta que esconden las instalaciones nazis?

No sé lo que he visto. Aguarda un momento: ¿qué aditivos llevaba este cigarro? ¡La tónica del gin-tonic! Seguro que estaba caducada. O a lo mejor había colocado en la bandeja del reproductor una película maldita, ¡como en los relatos de terror que tanto me gustan! “Aquel hombrecillo canoso intento ver Nazis At The Center of the Earth y acabo viajando a la dimensión desconocida”. Vaya confusión llevo en la cabeza. Vamos a ver, yo quería disfrutar de una película casposa típica de The Asylum “El Manicomio”, sí, claro. Igual resulta hasta lógico que te encierren en una celda acolchada por ver las películas que perpetra esta productora estadounidense (Mega Piranha, Zombie Apocalypse, Paranormal Entity, 2-Headed Shark Attack/a>, Mega Shark vs Crocosaurus, Mega Python vs. Gatoroid).

La cuestión es que cuando crees estar a salvo, envuelto en tu colcha de nívea caspa, con tus cervecitas, tus pantuflas de ver películas basura… ¡paf! Llegan los señores del Asylum y te ponen la cara roja a base de bofetadas visuales durante hora y media. Uno ya era consciente de a que se enfrentaba, ¡diablos, con lo que me ha costado adaptar mi paladar a la suculentas boñigas de esta productora de sinvergüenzas! Sí, sabía que Nazis At The Center of the Earth es otro nuevo intento de “mockbuster” – películas infames y de bajo presupuesto que intentan sacar provecho de grandes estrenos recientes– a costa del actual interés en mezclar elementos de la segunda guerra mundial, en concreto nazis, con terror (Dead Snow, Outpost 2, Puppet Master X) o ciencia ficción/fantasía (Iron Sky, The 25th Reich). La cuestión es que The Asylum idea un producto cuya envoltura (título, carteles e imágenes promociónales) recuerda muy ligeramente a Iron Sky y suelta semejante proyectil sobre las aguas del mercado doméstico para que desprevenidos soldados, como el que escribe esta lisérgica misiva a su Lilí Marleen de turno, acaben sus días en el Valhala de la demencia. Pero en estos enormes salones no corre el alcohol, las valkirias no me sientan en sus fornidos regazos y Odín no tira las runas a sus huestes. Para nada, Nazis At The Center of the Earth es un continuo “a ver quien la suelta más gorda”. Y da igual que las descabelladas ideas sean complicadas de representar en la pantalla, ¡la imaginación y la falta de recursos al poder! Os aseguro que escenas bélicas más desarrolladas han salido de este soldadito y sus compañeros de plomo cuando solo era un tierno infante.

Llamad a los interrogadores profesionales, sacad las pinzas, las baterías, el jerbo y la vela… estos cabrones de Asylum tienen que terminar confesando la verdad: ¿A qué sustancias recurrió el guionista Paul Bales para completar el libreto? Os llamó y reunió para una prueba iniciatica de redacción de guiones, ¿verdad? Seguro que el mezcal corría a raudales y, ¡ale!, siguiendo a vuestro espíritu guía (¡víboras! ¡Todos víboras!) os dedicasteis a solar burrada tras burrada: “Nazis viviendo en la Antártica en una formación bajo el océano que sea como un bosque del norte de Estados Unidos”. “Yo subo la apuesta: que sea la división del Doctor Méngüele y que hayan ido sobreviviendo reemplazando trozos de su carne… ¡nazis inmortales!”. “Esperad, esperad, pásame la pipa de agua. ¿Y si incluimos un hitler-mech?” Un momento, Interrogador Número Uno, queme los pezones de ese sujeto. ¡Aquí está prohibido soltar destripes! ¿Cómo tenéis la desvergüenza después de haber realizado una película tan mal editada y dirigida? Encima os la habéis tomado en serio. ¿A qué vienen esas explosiones azules, las pistolas de fotones, las violaciones, usar líquido neuronal de fetos, el cacharro-ovni? Vais a soltar la verdad aunque sea a puñetazo limpio… ¡traed el jerbo y el tubo de ensayo!

No entiendo que ocurre, intento escribir la reseña pero mi mente a veces me engaña y veo unas instalaciones a mi alrededor, parecen unos laboratorios, o unos almacenes abandonados donde los nazis intentan medrar hasta que unos científicos norteamericanos llegan para aguarles la fiesta con sus conocimientos, sus triples traiciones, sus caras de actores desfasados… Por qué yo estaba viendo una película, ¿cierto? ¡Qué experiencia! Probablemente sea la peor película que he visto en los últimos años en cuanto a diálogos y actuaciones. Igual eran imaginaciones mías, pero Jake Buses (Agárrame esos fantasmas, Juerga de Solteros) anda todo la película partido del culo, cuando su personaje transita entre la falta de ética del genio chiflado y los comentarios de un surfista desubicado. Dominique Swain, tan mona ella luciendo una pequeña boina nazi, unas veces es sentida patriota del aguilucho, otras picante zorrilla fascista y otras… pues ni lo sé, porque todos los actores declaman sus líneas, al refugio de unos decorados de cartón piedra 486, como si tuviesen la piña de Bob Esponja atrapada entre los cachetes del culo. ¡Vamos, un despropósito en toda regla al que se les une la tremenda falta de respeto con el vestuario! Nuestro querido amigo Mr. Joe D’Amato ya lo dejó caer: ¿los nazis compran sus uniformes en “El Cotillón”?

La cuestión es que como película casposa, como producto característico de The Asylum se convierte en una de sus cimas. No creo que la productora vuelva a conseguir tales cotas de psicotronía, quizás contratando a Pedro Temboury. La última media hora con un Hitler desmelenado y todos los personajes sufriendo cambios de personalidad continua se convierte en la perfecta oda al despropósito (¿un robot sentándose? ¡Mein Gott!). Una masturbación colectiva de la que dudo seriamente si su director podía controlar de forma mínima. Se nota que Joseph J. Lawson dirigía por primera vez, sobre todo por la falta de ritmo tan escandalosa que obtiene con semejantes escenas absurdas que tiene delante de la cámara. Quiero imaginármelo como un muñeco propio de la Full Moon con una cámara digital pegada a uno de sus bracitos. Solo semejante imagen puede representar las nulas capacidades de un cineasta. Por otra parte, y como experto en efectos especiales, J. J. Lawson, se muestra bastante eficaz regalándonos un continuo discurrir de trucos de guerrilla y montajes casposos para recrear un mundo en el que solo los gusanos del tequila podrían sobrevivir. Mención especial para ciertas creaciones digitales, hasta Jess Franco las hubiese expurgado del metraje oficial. Lo que no quita para que todo mezclado en un crisol de memeces sea sumamente hipnótico, que no necesariamente divertido.

Curiosamente, y después de esta delirante reseña, sigo sin saber lo que he visto. Sigo sin saber si el final es una broma edulcorada o la simple verdad de que el bien representado por los Estados Unidos es más fuerte que un grupo de nazis medio podridos y con una preocupante falta de recursos. Sigo sin saber si la seriedad que se respira en gran parte de su metraje es una broma implícita o si realmente sus responsables se lo estaban creyendo por momento. Sigo sin saber como pueden encontrar trabajo algunos actores secundarios – en concreto el muchacho pakistaní o indio que luce una continua cara de fumado –. Sigo sin saber si me ha aburrido el que a ratos sea un correcalles como casi todas las películas de The Asylum. Sigo sin saber si recomendarla, si la nota que he vomitado refleja la fuga de realidad que es Nazis At The Center of the Earth, si quiera sé como habéis aguantado leyendo hasta esta serie de delirios – pretendidamente humorísticos –. Quizás, y solo quizás, si habéis llegado hasta este punto sin saltaros ningún párrafo, estéis preparados paras disfrutar/odiar una cinta demostrando una vez más que The Asylumn no tiene vergüenza ni la conoce, y que cuando se propone a hacer algo pretendidamente psicotrónico pude superarse sin despeinarse, aunque a costa de algo de frescura, de ese humor involuntario que tantas buenas tardes nos ha dado…

“Doctor, algo ha pasado con el paciente Rock, está echando espuma por la boca.”
“¡Dios! ¿Quién ha tenido la brillante idea de dejarlo junto a un reproductor de video con un DVD de The Asylum?”
“Lo siento… el dijo… pensé que tal vez eso le ayudaría…”
“¡Silencio enfermera! Traiga el bromuro en grano, y rece porque no despierte del coma. Nadie puede saber lo que volverá… ¡del otro lado!”

Lo mejor: Tremenda locura, si eres capaz de disfrutar con lo incoherente aquí tienes paletadas.

Lo peor: Tanta locura acaba siendo agotadora.