
LA VALORACIÓN:
59 |100
Estrellas: 3

Growth, es el abordaje más reciente al interesante subgénero de “los bichos” y la amenaza a la humanidad que estos representan. La fantasía oscura, desde recién comenzado el siglo XX, han gustado de plantearse que nos sucedería si una plaga vírica, insectoide ó en forma de gusano decidiría reclamar la posición que el hombre alcanzó después de millares de años de evolución, guerra y conquista. Bien como una infección de otro mundo (La Cosa , 1951-1982), como plagas terrestres sin control (Slugs, 1988 y Cuando ruge la marabunta, 1954) ó como bizarrismos inclasificables (Slither, 2006 y El terror llama a su puerta, 1986); el cine de de terror y ciencia ficción nos ha regalado obras de gran nivel, como las citadas, así como cintas de segunda fila. Una carrera, la de nuestros amigos “los bichos”, fácilmente equiparable a la de cualquier otro subgénero de nuestro cine favorito.
En este caso particular, y siendo benévolos, podemos encasillar a Growth como una producción que se queda en ese enorme limbo que hay entre las obras maestras y el cine basura. Es decir, estamos ante la clásica mezcla de elementos interesantes en un envoltorio que deja que desear en más aspectos de lo que nos gustaría. Para mi, el visionado de esta película ha sido otro pequeño viaje en el tiempo a los días del alquiler de cualquier entretenimiento terrorífico; digamos que a mediados de los noventa, donde los productos “directo a videoclub” tenían algo especial. Muchos intentaban, mediante la libertad que aporta mantenerse lejos de la pantalla grande, reflejar elementos novedosos e incluso desbarrar argumentalmente puesto que nadie esperaba nada de ellos. La productora Full Moon tiene una buena decena de intentos en este sentido, siendo muchos directamente escoria, pero este no es el caso que nos ocupa. Solo quería haceros participes de la etérea sensación que me ha transmitido Growth globalmente. De hecho creo que es algo positivo, al acercarme a una película humilde sin ningún tipo de expectativa he podido digerir mejor sus muchos fallos y disfrutar tanto de sus bondades, como de la extraña mezcolanza de ideas dispares. Porque si esperáis mucho en general y caviláis mucho sobre el último tercio de este film, creo que sufriréis un colapso nervioso. Así que con buen humor, vemos que gusanos reptan dentro de este cadáver.
Corre el año 1985 y la isla de Nueva Escocia llamada Cuttyhunk es un hervidero de científicos de todas las nacionalidades investigando el desarrollo de parásitos para el perfeccionamiento de la producción de perlas. El Dr. Mason Lane (Ian Patrick Williams) está a la cabeza de la investigación y parece que ha dado buenos frutos. Las ostras de la isla producen unas perlas de inusitada calidad y gran tamaño. Pero el Dr. Mason no quiere quedarse ahí, continúa sus experimentos genéticos con parásitos compatibles con el ser humano para proporcionarnos más fuerza, resistencia y salud en general. En propias palabras del doctor: “el siguiente paso de la evolución”. Sin embargo algo relacionado con los gusanos parasitarios parece descontrolarse en la presentación pública de los resultados y cientos de personas mueren en la isla; a la vez que el Dr. Mason desaparece misteriosamente. Afortunadamente, los parásitos son fuertemente dañados por la sal, con lo que el extenso cinturón de agua oceánica que rodea a la isla supone una prisión. 1989 concluye como un año fatídico para los habitantes de la región, que consiguen controlar la plaga a duras penas.
Veinte años después, Jamie, sobrina nieta de Lane, vuelve a Cuttyhunk para acondicionar y vender la vieja hacienda donde su madre y su tío abuelo vivían y realizaban sus experimentos. Apenas conserva recuerdos de su estancia en la isla, era muy pequeña cuando fue enviada al continente con su padre. Junto a su novio, su mejor amiga y su hermanastro; descubren que la isla sigue guardando algunos secretos mortales sobre los experimentos de su tío.
Lo primero que me sorprendió de Growth fue la introducción de los hechos acaecidos en la década de los ochenta dentro de los títulos de crédito a una velocidad y nivel de compresión que no veía en mucho tiempo. La idea me pareció genial, resumir visceral y visualmente la típica “paja” argumental introductoria. Cuantas primeras mitades soporíferas nos ahorraríamos en el cine de serie B. El único problema, en este caso concreto, es que la presentación de los hechos pasados es bastante caótica y sobresaturada. Además, durante la primera media hora de Growth se vuelve una y otra vez a las circunstancias que hundieron la isla en la gran crisis de 1989. Es como si los responsables del film creyesen que habían proporcionado demasiada información en el arranque y se contengan para pisar el acelerador narrativo de la película. Lo que podemos llamar un “quiero-y-no-puedo”, denominación que se extiende finalmente a todo el metraje.
Growth no cuenta con un presupuesto holgado, en concreto es el esfuerzo casi personal del joven director Gabriel Cowan. De hecho, y observad si el buen hombre estaba comprometido con este proyecto, ejerce también de guionista y productor. Este director tiene una carrera bastante cortita e insulsa. Dentro del terror (ó más bien thriller) alguno quizás conozcáis su única obra, aparte de la que hoy reseñamos: “The breathing room”. Una cinta con cierto toque “Saw” pero lastrada en exceso por sus escasos medios y un plantel de actores de segunda. Esto último es aplicable también, aunque en menor medida, a Growth. Cowan intenta dar lo mejor de si mismo, pero no estamos ante un cineasta destacado, ni siquiera ante un niño rico (que quieras que no, alguna mala película se salva de la quema por valores de producción altos. Un, dos, tres, responda otra vez: Avatar); por lo que volvemos de nuevo a esa sensación de DVD directo para alquiler. Estas carencias alcanzan su cenit en unas escenas de acción que, directamente, resultan patéticas por su planificación y realización. Desde luego no estamos ante el proyecto de un buen director ó narrador.
Entonces, ¿qué salva de la quema y tortura inquisitorial a esta película?
No puedo decir que sean los actores. Caras conocidas de series de televisión norteamericanas, como el actor Brian Krause conocido por su papel de angelito en la “girl’s serie” Embrujadas. Estos actores no son capaces de controlar a sus personajes, recayendo todo el peso del film en gente muy joven y acostumbrada a trabajar rápido. Tampoco diría que están horribles, pero ninguno transmite credibilidad suficiente.
¿El ritmo narrativo ó el guión? Durante las dos primeras partes resulta dosificado y remolón pero consigue atrapar nuestra curiosidad malsana, todo sea por comprobar que final aguarda a los protagonistas y sus gusanos. Sin embargo, cuando en la fase final se empiezan a enlazar las diferentes piezas del puzzle, unas piezas que el guión nos brinda demasiado desordenadamente, todo se viene un poco abajo por la pobre edición de las escenas, fallos arguméntales, los continuos saltos de la acción y, por supuesto, un final que no impactará a nadie. Y si la técnica tampoco es brillante (una fotografía mediocre, una banda sonora tirando a insustancial, un trabajo de cámara facilón, etc, etc) parece que nos quedamos sin argumentos para aprobar Growth.
Pero es que si que tiene algo que la hace reflotar. Un par de cosas tan solo, con las que ese saborcillo “noventero” se hace realmente disfrutable: Las citadas piezas del puzzle son tan descacharrantes como una película de la Full Moon. Tenemos doctores locos, gusanos escurridizos, humanos mutantes, conspiraciones, horror teen, amenazas genéticas para la humanidad y más incógnitas todavía. Todo ello mezclado tan burdamente y con tan poca elegancia; que para el espectador curtido resulta una mezcla simpática.
Otro elemento que refuerza esta simpatía son los efectos especiales. Mucho efecto digital con algo de sirope de fresa, pero muy bien creado e insertado con la imagen real del film. Veanse los gusanos que usan cualquier pequeño orificio para infectar a un humano y transformarlo en un ¿vampiro zombie con superpoderes?, son considerablemente asquerosos y poseen un movimiento muy natural y fluido (¡Más que los actores de carne y hueso!). Para mi gusto supera en el aspecto fantástico a la reciente The Thaw, no así en la narrativa, que sin ser una maravilla en The Thaw, le da mil vueltas a esta cinta estadounidense. Pero es un poco injusto compararlas, puesto que usando una premisa con muchos nexos en común (la plaga que amenaza la humanidad) se podría decir que ambas son antitéticas.
En resumen, película para ver sin ninguna pretensión y con cierta dosis de alegría. La compañía de amigos ó amigas será bienvenida para apoyar los chascarrillos a los que Growth da pie (“los gusanos, los gusanos, si más bien parecen…”). Es más, el epilogo que transcurre en Korea termina de restar cualquier intento de seriedad por parte de Gabriel Cowan. No os desesperéis a medida que la vayáis visionando, no sirve de nada darle vueltas a la cabeza al argumento, tiene muchos fallos (sangrantes las ideas y venidas de la población local de la isla) y mejor entrar en el juego “pulp” que luchar contra el.
Os recomiendo que visitéis la página oficial para ver el final extra de la película; otra de las buenas ideas de un cineasta que aun no ha encontrado la forma de superar sus propias debilidades e incidir en sus virtudes.
Lo mejor: La descacharrante mezcla de conceptos terroríficos, así como el gran diseño de los bichos y los FX
Lo peor: La narrativa primitiva y tosca, los actores mediocres y unas escenas de acción de vergüenza ajena
¿Dónde conseguirla?
Gore Nation: “Growth” en VOSE.
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Por Bob Rock | bobrock@almasoscuras.com
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Esta vez no os traigo un cuento propiamente de terror. No hay ni una gota de sangre, ningún revelador horror cósmico. Solo un escritor y el resultado de su obsesión por alcanzar el Arco Iris. Quiero pensar que es una historia que a Jorge Luís Borges le hubiese caído en gracia, puesto que este cuento se encuadra dentro de esas fantasías tan soñadoras que escribió; aunque mucho más humilde y con mayores dosis de macabra acidez, por supuesto.
Deseo que os guste y que sepáis apreciar el tenue terror que aparece en el corazón humano cuando la realidad de resquebraja a nuestro alrededor.
| Leer artículo completo (...) |
AUTOR: Bob Rock | PUBLICADO: 04/02/10 | CATEGORIAS: Relatos de terror
Tags: bizarro
Estimadas Almas Oscuras:
Os ofrezco un relato al más puro estilo cyberpunk. En esta historia encontrareis degeneración, nihilismo, drogas y miseria. Las reflexiones de un futurista obsesionado con degradarse en un mundo que, sinceramente, espero no sea el que nos espera; os llevaran a descubrir si existe algo de humanidad y moral dentro de vosotros…
| Leer artículo completo (...) |
AUTOR: Bob Rock | PUBLICADO: 04/12/09 | CATEGORIAS: Relatos de terror
Tags: bizarro,
ciencia ficcion,
experimentos,
relatos

LA VALORACIÓN:
50 |100
Estrellas: 3

El Bosque Infinito. El lugar donde van a parar todos los desechos de un futuro Japón, donde el feudalismo y la tecnología más bizarra comparten cama.
Once indefensas chiquillas son violadas y posteriormente asesinadas por una recua de maleantes cuyos líderes son dos especies de cyborgs. Estos seres son llamados mechas, humanoides creados a partir de restos vivos pero modificados para que ciertas partes corporales sean armas. Están trastornados, son viciosos e ilegales.
Una de las once niñas sobrevive y es encontrada por un científico loco, que se cree un artista de la carne, y una monja budista. Recomponen sus despojos con los miembros amputados de sus hermanas y fusionan las once almas de las muchachas muertas en una sola; creando así un mecha mortal y vengativo que parte en busca de los degenerados asesinos. En esta búsqueda la acompañará un antiguo cazador de mechas; compartiendo desmembramientos, sueños eróticos, dramas del pasado, peleas sangrientas y poco más…
Sí, poquito más porque en un párrafo esta contenido todo el argumento de este splatter japonés que nos trae el guionista de Tokio Gore Police (TGP), Kengo Kaji. El cual escribe esta historia de gore, samuráis y mechas, dirigiéndola él mismo.
Se trata de una nueva muestra de cierta vertiente del actual gore nipón. Una serie de películas cortadas por el mismo patrón: Una atractiva protagonista embarcada en una búsqueda griálica (bien sea este grial la venganza, el conocimiento ó pura supervivencia) y un mundo que fusiona la carne con metal, armas y sexo. Estoy hablando de las Chanbara Beauty, Machine Girl, TGP, etc…
Todos estos largometrajes acuden a los chorros de sangre, la exageración, amputaciones y la transformación del cuerpo en un arma viva; como principal atracción. Samurai Princess sigue estos pasos pero con un resultado un poco insustancial.
Aunque la ambientación intenta lograrse, los bosques y los almacenes abandonados donde esta rodada (digicutremente, por supuesto) no le dan ninguna vida a las imágenes. Tampoco el vestuario es deslumbrante, resultando un periodo Edo futurista bastante pobre.
¿Fotografía? Tampoco destaca. ¿Montaje? El apropiado para una serie de televisión barata. Quería evitar comentarlo pero no puedo resisitirlo. Su montaje parece el de un capítulo de los Power Rangers. Entiendo que es una comparación vil, pero es la cruda realidad.
Los actores son clásicos del cine japonés de serie B: muy blandos e inexpresivos. Y eso que uno de los grandes reclamos publicitarios de este film era (al menos en el imperio del Sol Naciente) la actriz Aino Kishi, encarnando a la princesa samurai. Esta guapa actriz es reconocida por su trabajo en el cine para adultos. Pero que ninguno se emocione, en Samurai Princess no tenemos más que un par de gotitas de sexo y muy ligero. Personalmente, estas tácticas de marketing dentro del cine de terror me producen bostezo. Véase, por ejemplo, Zombie Strippers.
Entonces, si no tenemos ni buenos actores ni decorados ni historia intensa ni fotografía; ¿qué nos queda?
Los efectos especiales de Yoshihiro Nishimura (director y responsable de fx también en TGP). El despliegue de barbaridades visualizadas es lo único que nos va despertando, un poco, del soporífero desarrollo: Intestinos-hoces, piernas-sierra, pechos-bomba y esos clásicos chorros de sangre que nos inundan salpicando nuestra pantalla. Las escenas sangrientas no alcanzan una alta cota de intensidad pero entretienen por lo esperpéntico de los personajes involucrados en ellas.
Pondría como pega que esta vez los efectos creados por ordenador están muy mal insertados, e incluso los efectos clásicos no están a la altura de lo esperado. Pero se ve claramente que el presupuesto ha estado más limitado que en otras producciones y todo no se arregla con dinero.
En conclusión: Una película un poco decepcionante (y eso que no esperaba nada de ella) puesto que un splatter debe ser más intenso y se llega a hacer larga incluso con su breve duración, pero que no deja de ser una propuesta gamberra apta para festivales de madrugada y quedadas de borrachos con los amigos. Esperemos que próximas producciones del estilo sean superiores. Estoy hablando de Vampire Girl Vs. Frankenstein Girl. Crucemos los muñones…
Lo mejor: Lo bizarro de las situaciones, los malos de telefilm y la sangre.
Lo peor: Una película de nivel demasiado bajo en lineas generales.
¿Dónde conseguirla?
La Morgue Cinema: “Samurai Princess” en VOSE (Danke Eddie!).
Hay determinados proyectos que uno, definitivamente, no sabe cómo tomarse.
The Human Centipede es la última película del holandés Tom Six. Su argumento, como suele decirse, no tiene desperdicio: Dos jóvenes americanas que viajan a través de Europa sufren, en Alemania, un accidente automovilístico. Despiertan al día siguiente en un hospital abandonado, junto a un hombre japonés. Un alemán se presenta como un cirujano retirado, especialista en la separación de siameses. Los tres nuevos pacientes serán objeto de una siniestra y enfermiza operación cuyo objetivo es la creación de un cienpiés humano, uniendo sus cuerpos a través de sus sistemas gástricos.
Básicamente, y por lo que se desprende de las imágenes, se trata de unir la cara de cada una de los pacientes/víctimas al culo del paciente/víctima anterior. Casi nada...
The Human Centipede ha sido premiada como mejor película en el reciente Fantastic Fest 2009, y seleccionada para prestigiosos certámenes especializados, incluido el Midnight X-Treme de Sitges 2009.
La película ya ha sido descrita como una mezcla de los estilo de Takashi Miike y David Cronemberg. Si alguien, por casualidad, la vió en Sitges, que informe.









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