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Freaks

La parada de los monstruos

Freaks

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  • Título original: Freaks
  • Nacionalidad: USA | Año: 1932
  • Director: Tod Browning
  • Guión: Al Boasberg, Willis Goldbeck, Leon Gordon
  • Intérpretes: Olga Baclanova, Harry Earles, Leila Hyams
  • Argumento: En un circo lleno de seres deformes, tullidos y personas con diversas amputaciones, Hans, uno de los enanos, hereda una fortuna. A partir de ese momento, Cleopatra, una bella contorsionista, intentará seducirlo para hacerse con su dinero. Para lograr su o
DIVERSIÓN:
TERROR:
ORIGINALIDAD:
GORE:
  • 4/5

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Es curioso cómo algunas películas resisten el paso del tiempo. Más que curioso, extraño es el adjetivo adecuado para describir lo que uno siente al ver Freaks en la actualidad. Te preguntas cómo carajo se las ingeniaron para que, 80 años después, su historia, la puesta en escena o el impacto de sus interpretaciones resulten más eficaces y creíbles que mucho del cine que se hace en estos momentos. Hoy, estrenar una película como Freaks sería imposible. Si, es cierto que las pantallas están hasta arriba de tripas, desmembramientos, chorros de sangre, asesinos de todo pelaje, violaciones, degüellos, monstruos, caníbales y así podría seguir un buen rato. Sin embargo, sabes que es ficción, o al menos lo es dentro de su contexto cinematográfico, que es el que nos interesa a la hora del visionado. Aquí no existe dicho contexto. Hay un guión, pero los personajes son realmente lo que interpretan: los monstruos dejan de ser seres de otras galaxias para convertirse en seres humanos que son vistos y tratados como abominaciones. ¿Simple morbo?

En un circo lleno de seres deformes, tullidos y personas con diversas amputaciones, Hans, uno de los enanos, hereda una fortuna. A partir de ese momento, Cleopatra, una bella contorsionista, intentará seducirlo para hacerse con su dinero. Para lograr su objetivo, traza un plan contando con la complicidad de Hércules, el forzudo del circo. Seguir leyendo…

Lo mejor: Su manera de agitar conciencias de forma sencilla pero inteligente, la puesta en escena de Browning y el impacto de las interpretaciones y de dos escenas: la cena y la venganza final.

Lo peor: Que viendo el panorama intelectual en el actualidad, 80 años después sigue, probablemente, adelantada a su tiempo.

El Circo de los Horrores

Una pesadilla macabra de Sergio Ajenjo

El Circo de los Horrores

Sergio Ajenjo vuelve entre nosotros con un breve cuento de horror. Aunque el tío Creepy, aquí presente, diría que se trata más bien de un mal sueño desasosegante que, además, deja varias preguntas en el aire gracias a su inteligente ambientación. Sin más, bienvenidos al extraño Circo del Horror nacido de la pluma de Sergio.

“Pasen y vean el espectáculo más horrible, espeluznante, inquietante y asqueroso que sus ojos puedan ver…” Sus gritos cada vez se escuchan más bajos, y aquí estoy yo, entrando en el peor circo de freaks que ha existido jamás. Cómo visitante os podréis preguntar, pues no, como exhibido.

Su voz cada día me resulta más repugnante, me asquea su presencia, noto como mi odio aumenta a cada hora. Desde que la vida como se conocía antes acabase con el fin de la guerra, la gente con algo de dinero se aprovecha de los pobres que lo han perdido todo, yo soy uno de ellos. No hay vegetación, solo llanuras extensas de árida tierra, bastos kilómetros de carretera que solo se ven interrumpidos por ciudades de malnacidos como en la que me encuentro.

Son las 12 de la mañana y hay humedad en el ambiente, ya nunca llueve, al menos no como antes, ahora la lluvia es ácida. Me meten en mi sección, nunca me resisto, no me gustan las palizas y menos en mi cuerpo quemado, los golpes duelen el doble.

Estoy especialmente irritado, algunos días me ocurre, pero después de dormir se me acaba pasando, cada mañana antes de abrir los ojos deseo que solo sea un mal sueño, pero me despierto en el mismo colchón, con la boca y mi interior secos. Veo como hoy entran 4 adolescentes ricos que honran a la mierda como nosotros dejándose ver, son tratados como reyes.

Los escucho acercarse durante el trayecto hasta que llegan a mi altura, se quedan parados enfrente mía mientras se ríen a carcajadas de mi aspecto, sus risas son puñaladas. Se están alejando, un brote de rabia inunda mi cuerpo, ¿por qué coño me dejo hacer esto? Cojo lo primero que tengo a mano: una piedra rugosa, noto el tacto de sus poros en mis dedos y sin darme cuenta ya la he hundido en el cráneo del último de los chicos, cuando su sangre caliente toca mis dedos empiezo a sentirme vivo de nuevo, siento lo mismo que en los entrenamientos cuando practicaba boxeo, me encanta la sensación. Su cuerpo cae sobre la hierba, no hace ruido, los otros 3 chicos ni se dan cuenta de que su amigo ha caído.

Afuera hay un gran revuelo, parece ser que un compañero se acaba de escapar y está aterrorizando a todo el mundo, así que decido ir a por el tercer chico de la cola. Le toco la espalda, se gira, lanzo un puñetazo que acaba golpeando su pómulo y noto como se rompe, cae al suelo, me pongo encima de él, rodeo su garganta con mis dedos y comienzo a apretar, veo su rostro cubierto de profundo terror, emite ruidos guturales pero no me detengo, apretó cada vez con más fuerza hasta que escucho como se quiebra su tráquea.

Veo a lo lejos a los otros dos chicos que comienzan a ponerse nerviosos por no ver a sus dos amigos, mientras todo el interior del circo grita animando al fugado, que cada vez esta llegando más lejos.

Debería detenerme, pero no puedo, mi cuerpo me pide más, mi sangre esta hirviendo, mis músculos están tensos y mi mente relajada. Antes de continuar voy a liberar a mis compañeros que han sido atados, no me resulta muy difícil. Comienzan todos a correr y a salir por la puerta causando un caos mayor aun afuera.

Dentro ya solo quedamos los ricos y yo. Cada vez están más alterados y eso me encanta, voy a jugar con ellos un rato. Por dentro el circo es un laberinto que, si no se conoce, puede liar bastante así que uso esto a mi favor, cojo una barra de hierro que se usa para decorar. Voy haciendo ruido y escucho como uno de ellos corre, el otro parece un muñeco tembloroso que me mira con cara de espanto cuando me ve entrar en la sala. Me acerco a él, su cuerpo parece reaccionar y saca una navaja con la intención de darme miedo pero la verdad es que me hace gracia, me guardo la risa y me limito a mirarle fijamente a la cara, parece que ya no se ríe de mi cuerpo, cojo la barra con mucha fuerza y le golpeo una pierna, cae al suelo gritando, sus gritos quedan ahogados por los de las sirenas de la policía que acaba de llegar y comienza a disparar a los engendros salidos del circo pero esto no me detiene. De nuevo asesto otro golpe, esta vez en la otra pierna, sus lagrimas caen y pide clemencia, mi respuesta es un impacto en su sien, me mancha de sangre y cojo su navaja.

Doy una vuelta con la esperanza de encontrar al otro muchacho y terminar lo que he empezado, tras andar por las salas doy con él, parece que él si ha escuchado el grito de su amigo y se ha agazapado en una esquina llorando, voy hasta él y hundo la navaja en su garganta realizando un corte de lado a lado, me recreo en la acción, tan solo me da pena haberla acabado.

Decido sentarme al lado del cuerpo y comienzo a respirar la humedad del ambiente, fuera ya no se escucha tanto alboroto, solo escucho gritos del dueño del circo hacia los policías, parece que han matado a todos sus monstruitos, así es como le gusta llamarnos.

Saco la navaja de la garganta de mi última victima, comienzo a correr hacia la salida cuando veo al dueño, veo como el policía se asusta y retrocede, sigo corriendo, mis pulmones arden pero no me detengo, llego a la altura del dueño y clavo con fuerza la navaja en su abdomen, intenta gritar pero no le sale la voz, tan solo un gemido que se enmudece rápidamente, noto como la sangre caliente sale al ritmo de sus latidos, latidos que poco a poco se van apagando. Todo va a cámara lenta, me giro y veo como el policía echa mano a su funda de la pistola, me mira asustado, apunta a mi pecho, un sonido estruendoso nubla mis sentido, no se si es el sonido o la bala que acaba de entrar en mi pecho, caigo al suelo, noto como toda la excitación se sustituye por un intenso dolor que a la vez me calma. Sonrío, cierro los ojos, mi vida por fin se acaba.

Por Sergio Ajenjo