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O apóstolo

El primer stop-motion estereoscópico de Europa

O apostolo

Después de interminables cambios de fecha, parece que se van a dignar a estrenar O apóstolo en los cines españoles. Y esto pasará el día 31 de este mes, aprovechando la celebración de Halloween, aunque con la dura competencia de la esperada Sinister. No obstante, la película que nos ocupa, pese al gran esfuerzo de sus responsables, me temo que nació con la etiqueta de “cine minoritario”, por lo que antes de hablar de enemigos comerciales habrá que comprobar el nivel de distribución del que dispone. A todo esto ¿Conocéis O apóstolo u acabáis de enteraros de que existe?

Se trata de la primera película de animación rodada en stop-motion estereoscópico en Europa. Escrita y dirigida por el novato Fernando Cortizo, ha contado con la ayuda de 560 productores (¡!), ya que, para su fase inicial, se consiguió el dinero mediante el cada vez más de moda crowdfonding.

Junkie

Una imprescindible dosis de comedia negra

Junkie Póster

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  • Título original: Junkie
  • Nacionalidad: Estados Unidos | Año: 2012
  • Director: Adam Mason
  • Guión: Adam Mason, Simon Boyes
  • Intérpretes: Robert LaSardo, Daniel Louis Rivas, Tess Panzer, Andrew Howard
  • Argumento: Danny decide dejar las drogas para disgusto de su hermano, que lo lleverá de una experiencia salvaje a otra para recordarle lo especial que puede llegar a ser el mundo de un yonkie.

85 |100

Estrellas: 4

Junkie Grande Reseña

Quiero agradecer públicamente a Adam Mason poner a nuestra disposición, de forma privada, su última película, incluso aun sin terminar. De hecho, he sido de los primeros privilegiados en visionar una copia en crudo. Aunque faltaba buena parte del “score” ambiental, para nada ha adulterado la experiencia – las partes ya grabadas son geniales, y los temas que complementan los títulos de crédito una delicia, que comparto a gusto personal –. También me gustaría destacar que resulta imprescindible complementar la lectura de esta reseña con la entrevista que realizamos recientemente a su autor (AQUÍ).
Así pues, y ya que se trata de una primicia, espero que me disculpéis por ser algo moroso con los detalles arguméntales de la misma. Contiene una importante dosis de sorpresas que ni os debéis perder ni deben ser arruinadas por cualquier gilipollas…

Danny y Nicky dos hermanos adictos a casi todo. Danny decide dejar las drogas, no puede más. Nicky no lo ve claro y continua empujando a su hermano hacia la espiral de autodestrucción que caracteriza a la casa en que viven. La locura empieza a adueñarse de los habitantes de la casa. Los bizarros personajes acompañan a Danny en su enfrentamiento con los demonios de su interior. Una lucha que no puede acabar bien, ¿o sí?

Persiguiendo al Dragón

Junkie es una película notable a todas luces, una obra indivisible de su autor y la visión del mundo que éste posee. En este caso concreto sería Adam Mason, un cineasta de sobra conocido por estos lares y cuyas obras anteriores – Blood River, La Sentencia del Diablo, Pig, Broken o Luster – han sido parte integral de Almas Oscuras casi desde nuestro arranque. Así, la última obra del director británico luce un claro crecimiento a nivel técnico y personal, dando como resultado su película más compacta, mejor planificada y, quizás, más irreverente si cabe. Junkie es una bomba psicológica controlada, sabe dónde golpea, cómo y porqué. Desde el preciso instante en que arrancan los títulos de crédito – notas y papelajos que adornan/ensucian unas decadentes habitaciones – ya sabes que estás ante algo especial y diferente.

Una verdadera experiencia al borde de la navaja, estéticamente hablando, revestida de comedia negra capaz de tratar con amoralidad y falta de prejuicios el mundo particular de un grupo de personajes, que no personas, girando alrededor de su adición a las drogas y como éstas los conducen al abismo. ¿Qué estas funcionan como una alegoría de la malsana dualidad que caracteriza a los humanos? Sí, pero queda lejos de usar un discurso intelectual o aleccionador, dejando que sea el espectador quien saque sus propias conclusiones morales, sin renunciar al más puro entretenimiento.

Los referentes más conocidos y directos, aunque salvando una clara distancia temporal, argumental e ideológica, serían Trainspotting y Fear and Loathing in Las Vegas. Relacionar nominalmente a Junkie con las cintas mencionadas no es banal: las tres son comedias con una fuerte dosis de acidez, falta de moralidad y un humor que funciona. Pero su verdadero “parentesco” radica fundamentalmente en la inteligente caracterización de los personajes…

Esta mierda es buena

No estamos ante los típicos peones de la imaginación del guionista – como no, para la ocasión vuelve a firmar el majestuoso tándem Mason/Boyes –, y tampoco son un cúmulo de frases planas y tópicas. Los personajes de Junkie destilan una humanidad retorcida y exagerada que da pie a ese humor tan negro que asusta.

Danny (Daniel L. Rivas) representa al adicto que hace tiempo que no encuentra sentido en el consumo, mientras que su hermano Nicky (Robert Lasardo) es un drogata que goza y se estimula cuanto más metido anda con el asunto. Semejante dupla es la que lleva de la mano al espectador a través de un sin fin de experiencias delirantes que siempre vienen subrayadas por geniales secundarios como Otto (Tomas Boykin), un camello pasado de rosca, o Papá (Andrew Howard), el supuesto padre de los “muchachos”.

Estos personajes, sacados de un sueño febril, se concentran en una casa que ejerce de metáfora de la lucha interna desgarrando a Danny. Porque cada pequeña pieza, personaje o habitación, especialmente Sonja (interpretada muy intensamente por Tess Panzer), son parte fundamental de esta fábula macabra, porque queridos amigos, Junkie es un anti-cuento de hadas. Una obra de teatro con unas capa de complejidad progresiva que, semejando una cebolla, acaba revelando un corazón dramático…

Más allá de la idea base de la historia, se va desgranando algo más complejo que no tiene nada que ver con la comedia negra. Poco a poco, y sin darnos cuenta nos adentramos en algo más triste y que carece de cualquier viso de humor. Y, sin embargo, esa parte de comedia es fundamental para el desarrollo de la tragedia. Una tragedia que trata descarnadamente acerca del ser humano: tú, yo, ese hombre desahuciado que duerme en un cajero. ¿Os parece complicado o contradictorio? Bueno, ya sabéis que las drogas alteran fuertemente la percepción…

¿Quién clava la aguja?

Ahora bien, la calidad de Junkie – que es mucha –, la densidad de sus diálogos – que es puro placer –, la sangrante belleza visual de los momentos más surrealistas – que es intensa –, no podría existir sin el equipo detrás de la película.

Los actores simplemente están soberbios (¡gran Lasardo!), una fotografía enfermiza y rugosa que sintetiza como por arte de magia los clásicos estados alterados de las sustancias psicotrópicas. Se agradece que Mason y Boyes se tomen a la ligera, con cierto cachondeo, las escenas más truculentas; de lo contrario no creo que hubiese podido soportar la claustrofobia puntual de Junkie. La iluminación crepuscular es también clave para la presencia tan devastadora de toda cinta… y no quiero ni imaginar cual podría ser el resultado final con el “score” completado.

Decididamente, existe un trabajo de planificación de fondo que no puede ser desdeñando. La película funciona como un reloj y tanto Mason como sus chicos, han puesto sus amplios conocimientos al servicio de contar una historia.

El principal, casi único handicap de Junkie, vendría a ser la intensidad del retrato presentado acerca de los demonios que anidan en el corazón del hombre: aquellos que no los hayan “enfrentado”, probablemente, verán un discurso falto de sentido. A su vez, aquellos que rechacen las drogas ya solo de nombre – y quede claro que ni Almas Oscuras ni Junkie apologizan a favor de su consumo – se van a ver soliviantados simplemente de base. Hace falta una mente abierta para disfrutar de todas las paranoias que vamos a contemplar. De todos modos, dado el ajustado metraje, creo que debería ser de obligado visionado para cualquier segmento del público… pero ya sabéis que inquisidores hay donde menos te lo esperas (¿nadie se acuerda de la gran Drugstore Cowboy?)

Bajón

Es tanto lo que ofrece Junkie, tanta locura concentrada y controlada, que fácilmente sentiremos una sensación de vacío tanto al final de la película como en los escasos momentos de calma. Probablemente se trate de algo pretendido. ¿Es un discurso alucinado o una experiencia alucinante? Pues yo diría que ambas cosas. Lo que tengo claro es que se trata de un producto muy digno que, pese a ser casi puramente una comedia cínica y despiadada, transgrede géneros y cobra personalidad propia: ¿su género? Una cinta “Mason”, y puede que una de las más honestas, brutal y divertida de todas. Un chute que nos invita a coquetear con la autodestrucción, siempre de manera imaginaria.¡Solo di sí!

Lo mejor: La fotografía, la iluminación, los actores, los diálogos, planificación de escenas, el guión... y la música ambiental si hubiera!

Lo peor: Al tratar sobre un tema tan controvertido de forma amoral y extrema puede no ser del gusto de todo el público. Tiene momentos tan intensos que luego, otras escenas más calmadas casi dan bajón… ¡como cualquier droga!