drama

Antlers, criatura oscura

Infancias fracturadas

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Antlers, criatura oscura

Infancias fracturadas

Antlers, criatura oscura

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DIVERSIÓN:
TERROR:
ORIGINALIDAD:
GORE:
  • 3/5

Antlers, criatura oscura

Dos pesos pesados del horror actual van de la mano en Antlers, criatura oscura: Por un lado, Guillermo del Toro en calidad de productor y por el otro, el guionista Nick Antosca, cómplice necesario de proyectos tan interesantes como Channel zero, Nuevo sabor a cereza o la dramática e inquietante The act. Se suma a este tándem un director con cuatro potentísimos films en su trayectoria (muy recomendable Black Mass: Estrictamente criminal), Scott Cooper. El trío abordaba una de esas cintas esperadísimas por los aficionados; tan esperada que el sabor que dejó tras sus pases en el festival de Sitges no fue precisamente a cereza; muchos encontraron a esta criatura oscura un tanto soporífera. Pasados unos meses de ese primer visionado, vamos a analizar con más frialdad las luces y las sombras de este proyecto.

La acción nos sitúa en un pueblo agonizante de la América profunda; de esos en los que la desaparición de la actividad minera ha herido de muerte a un sector amplio de la población y donde los restos de la industria asoman en el paisaje como huesos de dinosaurios. El protagonista de la cinta, el pequeño Lucas (Jeremy T. Thomas) acompaña a su padre, un delincuente de poca monta, a su nuevo laboratorio de Crack en el corazón de una mina, donde son atacados por algo. Días después la profesora del pequeño (Keri Russel) observa un cambio de actitud en el crio, ya retraído de serie, que alerta de una situación familiar compleja, un problema que no tardará en comunicar a su hermano sheriff del pueblo (Jesse Plemons).

Lo mejor: Jeremy T. Thomas es un chaval a tener en cuenta. Sangrienta y sórdida.

Lo peor: Se toma demasiado en serio sacrificando el aderezo lúdico que tiene que tener el cine de horror.


El callejón de las almas perdidas

mucho más largo que ancho

El callejón de las almas perdidas

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DIVERSIÓN:
TERROR:
ORIGINALIDAD:
GORE:
  • 3/5

El callejón de las almas perdidas

Pese a que esta no va a ser una reseña especialmente positiva, me gustaría que fuera por delante mi absoluta admiración por el trabajo de Guillermo del Toro. Si hay alguien brillante a la hora de crear atmósferas mágicas y evocadoras en el cine norteamericano actual, sin duda ese es el gordo querido. Es también uno de los creadores que mejor han entendido la fantasía como aderezo a dramas, westerns o cine romántico, sin renunciar de cuando en cuando a genuino cine de terror. Su último trabajo, El callejón de las almas perdidas, es un remake muy particular, que deconstruye la trama del clásico de 1947 y la engasta dentro de una pieza de orfebrería visual con el sello genuino del mejicano. Se vale de dos lenguajes: Uno como en La forma del agua, que mezcla realismo nostágico con magia (muy en la línea de la serie Carnivale) y el otro una reimaginación de cine negro, muy próxima al comic, que podríamos emparentar con las adaptaciones de Sin city. Dos mundos que para este que firma no sólo no terminan de casar, sino que parecen constantemente ponerse la zancadilla y competir en una batalla que tiene como principal víctima al resultado.

Bradley Cooper interpreta a un vagabundo que logra enrolarse en la troupe de un circo de fenómenos que, en el albor de la segunda guerra mundial, recorren la Norteamérica más deprimida. Este perdedor de manual poco a poco va transformándose en un personaje de peso dentro de la organización del circo y comienza a interesarse por los trucos que emplean, para sacarle los cuartos a los incautos pueblerinos, una pareja de mentalistas (David Strathairn y Toni Collette). Su ambición irá creciendo en paralelo con el deseo que siente por una compañera de espectáculo (Rooney Mara), con la que planea una vida más grande llena de triunfos. Cuando sus metas empiezan a materializarse, una bella psicóloga (Cate Blanchett) le planteará un peligroso atajo para lograr lo que siempre ha deseado.

Lo mejor: Lo visual y las actuaciones son excelentes. Su cierre es escalofriante.

Lo peor: Demasiado confusa en su recorrido y poco verosímil.


Silent night

La última última cena

Silent night

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DIVERSIÓN:
TERROR:
ORIGINALIDAD:
GORE:
  • 3.5/5

Silent night

En 1992 el director y actor Kenneth Branagh estrenó la celebrada Los amigos de Peter, en ella narraba en deterioro en los mimbres de la amistad de un grupo de treintañeros, que después de los años, se reúne durante un fin de semana para recordar los tiempos en los que eran una panda cohesionada. Como en todos estos formatos (casi teatrales) de reuniones de amigos, las risas van dando paso a las confesiones, las diferencias y los rencores, poniendo a examen el cariño que se tienen los unos por los otros. Pues bien, Silent night, que personalmente creo que fue la cinta que más disfruté en la pasada edición de Sitges, retoma el espíritu del film de Branagh y le mete un dramático giro que hizo que muchos de nosotros, además de reír durante todo el tiempo, saliésemos con los ojos bien rojos de tanto llorar.

Nell y Simon (Keira Knightley y Matthew Goode) junto con sus hijos están preparando la cena de nochebuena. Entre imprevistos de última hora y falta de suministros, repasan la lista de invitados que consiste en sus mejores amigos, las parejas de estos y los hijos. Toda una cena, sobre la que flota un extraño aroma de melancolía. Conforme los anfitriones reciben a las visitas, vamos descubriendo la urgencia de todos por poner al día sus sentimientos. Algo extraño está pasando en esa cena… de hecho puede que ni siquiera sea 24 de diciembre.

Lo mejor: Cuando toca reir lo logra y cuando toca llorar también. El reparto está magnífico.

Lo peor: Puede que la mezcla de comedia negra y melograma cree una brecha complicada de salvar para algunos espectadores. Su regusto agrio.


Lamb

Padres paralelos

Lamb

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DIVERSIÓN:
TERROR:
ORIGINALIDAD:
GORE:
  • 3.5/5

Lamb

El premio a la mejor película en el festival de Sitges de este año a Lamb puede que confunda a los espectadores que se zambullan en ella. Tal vez el galardón Una cierta mirada del festival de Cannes, que se asigna a propuestas singulares, se ajuste más a las intenciones autorales de su director: el debutante Valdimar Jóhannsson. Yorgos Lanthimos o Anticristo de Von Triers se me antojan como los inciertos cabos a los que atar este marciano film; películas de ritmo pausado, planteamiento febril y simbolismos ocultos en su metraje. Resumiendo, Lamb es, aparentemente, rara de cojones. Pero si sustituimos al cordero por un bebé humano, descubrimos que el resultado de esta ecuación es una historia muy convencional.

La acción nos sitúa en una remota granja de Islandia, en la que un matrimonio pasa los días centrado en las interminables labores de mantenimiento de la misma. Una rutina que nos llega a los espectadores con largos planos de estas agotadoras jornadas que evidencian, también, la falta de comunicación entre sus dos protagonistas (Noomi Rapace y Hilmir Snær Guðnason). Con el paso implacable de los minutos descubriremos que, esta dedicación, es la anestesia a la que se aferra la pareja para silenciar el aullido de dolor que ha supuesto, para ambos, la pérdida de su hija.

Lo mejor: Excelentes interpretaciones y elementos fantásticos para adornar una historia convencional.

Lo peor: Fantasía elevada más que cine de género purasangre, algo que lo convierte en un producto más de autor que de público masivo.


Última noche en el Soho

Sueños y pesadillas

Última noche en el Soho

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DIVERSIÓN:
TERROR:
ORIGINALIDAD:
GORE:
  • 4/5

Última noche en el Soho

Por fin ha llegado a las carteleras españolas el último film de Edgar Wright que, además, supone el regreso del realizador al cine fantástico tras coquetear con el cine de acción policial, con aromas de su amigo Tarantino, en Baby driver y también tras su extensísimo recorrido por la carrera del grupo Sparks con The Sparks brothers, primer documental del director que se presentó en España durante el pasado Festival de cine de Sitges junto con este film. Última noche en el Soho, título que, por cierto, tomó prestado junto a la canción de cierre al propio Tarantino, nos prepara todo un viaje por diferentes géneros y tonos dramáticos, cargado de magia, música, nostalgia y, como no, algunos escalofríos. Un coctel medido al milímetro para llenar salas de cine.

Su trama no es nada del otro mundo, pero con gran talento, Wright la ha emperifollado y sazonado, de tal forma, que parece totalmente original. Last night in the Soho nos presenta a una joven soñadora, que bien podría protagonizar una película adolescente de Disney Channel, que quiere ser diseñadora de modas y que se pasa el día entre vestidos de princesa y discos antiguos, fantaseando con vivir en la década de los sesenta. Eloise, que así se llama esta muchacha que encarna la actriz Thomasin McKenzie, se traslada a la capital inglesa para estudiar moda y, tras intentar encajar con sus sofisticadas compañeras sin demasiado éxito, se traslada de la residencia de estudiantes a una pequeña habitación en el corazón del Soho londinense. Será en este cuarto, cuando, en sueños, se convierta en espectadora de la vida de otra joven (magnífica y elegante actuación de Anya Taylor-Joy), que aspira a convertirse en la nueva estrella de la canción de comienzos de la década de los sesenta. Todo será idílico para ambos personajes hasta que la aspirante a cantante se vea arrastrada a la prostitución y el deseo que los hombres sienten por ella se materialice, en nuestra época, en forma de inquietantes espectros que acosen a la cándida Eloise.

Lo mejor: Es todo un viaje que enamotra tanto en sus momentos más luminosos como en sus opalinas pesadillas.

Lo peor: Su tramposo giro final


Cuaderno de bitácora Sitges 2021: 13 y 14 de octubre

Que el ritmo no pare

Cuaderno de bitácora Sitges 2021: 13 y 14 de octubre

Miércoles 13 de octubre

Por suerte el día anterior pudimos descansar ya que nos fuimos a la cama a una hora prudencial, pues el día de hoy se nos presentaba intenso. Las fuerzas empezaban a flaquear, pero nada a lo que no estemos acostumbrados. Medio festival todavía por delante y las corneas sorprendentemente bien adheridas todavía al globo ocular.

Antlers: Criatura Oscura

Este era uno de los títulos que más nos apetecía de esta edición por motivos obvios: Monster movie producida por Guillermo del Toro y guionizada por Nick Antosca. El mazazo que nos llevamos a las nueve de la mañana fue bastante gordo, no os vamos a engañar. Ninguno de los dos mencionados está presente ni parece que se le espere. No me atrevería a decir que Antlers es una mala película, pues no lo es. Tampoco diría que se trate de un buen trabajo. Y eso es lo peor de todo: que es pura tibiez. La rutina más absoluta nada a sus anchas por una película que hemos visto y veremos en innombrables ocasiones. Fast food de digestión tan rápida que se va olvidando mientras se ve. No ayudan, además, un montaje chabacano al que incluso parece que se le pueda haber metido mano durante el año de retraso extra debido a la pandemia. Secuencias oscuras confusas por corte y una estructura narrativa difusa e innecesariamente retorcida. El diseño de la criatura, que además aparece en forma de efecto práctico en numerosas ocasiones, si es efectivo. Pero en un mundo post- The Ritual de David Bruckner ya nos cuesta sorprendernos.