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The Void

Esta vez sí, horror cósmico

The Void Reseña

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  • Título original: The Void
  • Nacionalidad: Canadá | Año: 2016
  • Director: Jeremy Gillespie, Steven Kostanski
  • Guión: Jeremy Gillespie, Steven Kostanski
  • Intérpretes: Ellen Wong, Kathleen Munroe, Kenneth Welsh
  • Argumento: Un grupo de personas se encuentra cercado por sectarios en un hospital donde extraños monstruos acechan.
DIVERSIÓN:
TERROR:
ORIGINALIDAD:
GORE:
  • 3.5/5

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Un hospital a punto de ser cerrado es sitiado por las fuerzas de un culto macabro, pero la mayor amenaza se oculta dentro, en la forma de criaturas que no son de este mundo.

Introduzca en la batidora “The Thing” (1982), “Re-amimator”, “Hellraiser”, “El Príncipe de las Tinieblas”, “Horizonte Final”, “Silent Hill”, “From Beyond”, “Asalto a la comisaría del distrito 13“, “Vinieron de dentro de…” y “En la Boca del Miedo”, entre otras influencias menores, y obtendrá “The Void”, lisa y llanamente. Financiada en parte mediante una exitosa campaña de mecenazgo, esta obra se erige como un referente moderno en cuanto a efectos especiales artesanos y maquillajes protésicos se refiere. Hablamos de una rendición apasionada, que no acertada del todo, al horror cósmico lovecraftiano, muy bien entendido en cuanto a recrear su atmósfera sin una mínima mención a los Mitos de Cthulhu y sin sobreexponer su increíble muestrario de criaturas abominables. Dinámica, fácil de ver, actuada muy dignamente… sólo le ha faltado un guión mejor trenzado y una banda sonora épica, he echado de menos alguna banda de “retrowave” haciendo el trabajo sucio, y estaríamos hablando de una obra de culto, nunca mejor dicho. Seguir leyendo…

Lo mejor: No cabe duda, sus efectos especiales artesanos.

Lo peor: Se alimenta de tantos pasajes comunes de otras películas que termina rozando el simple refrito de las mismas.

Tell me how I die

Lo importante no es el como ni el cuando

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Cuando un grupo de estudiantes universitarios participan en el estudio de un fármaco experimental, un efecto secundario inesperado les provoca visiones terroríficas de sus propios asesinatos … que empiezan a hacerse realidad. Mientras buscan superar su cita con la muerte, se dan cuenta de que el asesino está entre ellos y comparte su capacidad de ver el futuro, pues parece estar siempre un paso por delante en esta carrera por la supervivencia.

Si conocierais de antemano el momento y forma de vuestra muerte, ¿qué haríais? Seguro que dejaros la piel en el intento de evitar dicho deceso, aunque por el camino le tocaseis las narices a L.A. Park, complicando y haciendo más doloroso si cabe vuestro fallecimiento. A groso modo es obvio que estoy hablando de “Destino Final”, la saga de horror adolescente por antonomasia de la primera década de nuestro siglo. Si a esta trama le añadimos un componente de asesinato y experimentos médicos, junto a un look más moderno pero igualmente lleno de jóvenes actores de carnes prietas, ¿qué tendríamos? Pues ni más ni menos que “Tell me how I die”, una cinta norteamericana de cierto caché que promete atraer a todos los seguidores de la mentada “Destino Final”, película que reconozco como un delicioso placer culpable que disfruté en cine como un enano. Seguir leyendo…

The Mind's Eye

El ojo inyectado en sangre

The Minds Eye Crítica

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  • Título original: The Mind's Eye
  • Nacionalidad: Estados Unidos | Año: 2015
  • Director: Joe Begos
  • Guión: Joe Begos
  • Intérpretes: Graham Skipper, Lauren Ashley Carter, John Speredakos
  • Argumento: Dos psíquicos huyen de unas instalaciones donde un doctor intenta robarles el secreto de sus poderes.
DIVERSIÓN:
TERROR:
ORIGINALIDAD:
GORE:
  • 3/5

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Zack Connors y Rachel Meadows nacieron con capacidades psicoquinéticas increíbles. Cuando la noticia de sus talentos sobrenaturales sale a la luz, se encuentran prisioneros de Michael Slovak, un médico desquiciado cuya intención es cosechar sus poderes. Después de una audaz fuga consiguen dejar atrás la siniestra institución, pero el corrupto doctor no se detendrá ante nada para rastrearlos de manera que pueda continuar absorbiendo sus mentes.

“The Mind’s Eye” es una honesta película de serie B que basa su estrategia en la visceralidad, pero poco más. A estas alturas del partido no es moco de pavo, a pesar de que algunos esperásemos una pequeña obra maestra. Nos encontramos ante el sincero intento de recuperar el cine de finales de los ochentas, como ya hemos visto en “We are still here”, “POD” o “Almost Human” (también dirigida por Joe Begos), obras que preludian la línea de la película que hoy tratamos; eso sí, la fórmula está ya muy depurada y “The Mind’s Eye” ofrece un espectáculo más vistoso y equilibrado que el de sus predecesoras. Seguir leyendo…

Lo mejor: Sus efectos especiales artesanos, una delicia sangrienta para los sentidos.

Lo peor: Sus actuaciones dejan que desear, especialmente si hablamos de los secundarios.

The Lazarus Effect

Resucitar para esto...

Lazarus Effect Poster

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  • Título original: The Lazarus Effect
  • Nacionalidad: Estados Unidos | Año: 2015
  • Director: David Gelb
  • Guión: Luke Dawson, Jeremy Slater
  • Intérpretes: Olivia Wilde, Mark Duplass, Evan Peters
  • Argumento: Un grupo de científicos experimenta con un suero capaz de revivir a los muertos. La consecuencias son más que obvias.
DIVERSIÓN:
TERROR:
ORIGINALIDAD:
GORE:
  • 2/5

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Una pareja de científicos, pareja también fuera del trabajo, reclutan a unos jóvenes ayudantes para cumplir el sueño de su vida: un descubrimiento que las haga merecedores de un premio Nobel. Merced a tan altruistas motivaciones consiguen desarrollar un suero que regresa de la muerte a seres fallecidos durante horas. Con un éxito inesperado en un perro, aunque la vuelta del animal ha tenido extraños efectos secundarios, todo se desmorona para nuestro equipo cuando la corporación que les ofrecía los laboratorios se vuelve en contra de ellos. Es hora de tomar un paso más arriesgado: la experimentación en humanos.

“The Lazarus Effect” es una película más simple que el mecanismo de un palillo. La quintaesencia del cine comercial de terror: actores guapos de moda, en concreto el principal reclamo de la presente es Olivia Wilde (“In Time”, “Rush”); una historia fácil de seguir para el público de todas las edades, pero especialmente para los jóvenes; un director y guionista sin experiencia y manipulables (no incidiré en sus nombres por serme desconocidos a excepción de uno de sus guionistas, que redactó el libreto de la adaptación norteamericana de “Shutter”); y unos valores de producción asequibles pero con el ojo puesto en su estreno cinematográfico. Quitad de la ecuación al espectador, porque realmente eso no le importa a los productores de “The Lazarus Effect”. Como resultado inmediato tenemos una película que si bien se puede ver, transita múltiples lugares comunes y presenta una falta de profundidad alarmante. Las definiciones de los personajes son planas, lo justo para que la cinta tenga un mínimo de sentido. A su vez, los diálogos quedan de nuevo del lado de la intrascendencia, sin ser vergonzosos, agudizan esa sensación genérica; especialmente cuando se trata de conversaciones girando alrededor de temas científicos: ni un ápice de rigurosidad desde un lado fantasioso más propio de series de televisión de los 90. Por su puesto, el terror es completamente blanco, inocuo, basado en pequeños sustos que pecan de predecibles. Seguir leyendo…

Lo mejor: Está bien producida.

Lo peor: Es muy aburrida.

American Horror Story: Asylum

Bizarro viaje a la locura

American Horror Story Asylum

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  • Título original: American Horror Story Asylum
  • Nacionalidad: USA | Año: 2012,2013
  • Director: Alfonso Gómez-Rejón, Bradley Buecker, Michael Lehmann
  • Guión: Brad Falchuck, Ryam Murphy, Tim Minear
  • Intérpretes: Jessica Lange, Zachary Quinto, Evan Peters
  • Argumento: Ambientada en 1964, explora la cordura y los horrores de la vida real en un manicomio de la costa oriental que solía ser un sanatorio para tuberculosos.
DIVERSIÓN:
TERROR:
ORIGINALIDAD:
GORE:
  • 4/5

American Horror Story: Asylum

Que el mundillo televisivo está superando con creces a su rival cinematográfico es algo que he afirmado en numerosas ocasiones. Si bien, era consciente de que el terror no es precisamente uno de los géneros más fructíferos artísticamente en este medio durante los últimos años. La aparición de The Walking Dead (2010-¿?), que empezó bien, continuó regular y actualmente es de lo mejor de la parrilla, fue el detonante de un nuevo interés por el género. American Horror Story se convirtió rápidamente en aquel tipo de serie extraña con destino al culto que disfrutábamos en el pasado: algo así, salvando las obvias diferencias, como un moderno Twin Peaks (1990-1991). Si el tiempo y los fans la tratan igual, lo sabremos cuando peinemos algunas canas más.

Coincidencias y diferencias: Comparando temporadas.

“No es una serie para todo el mundo”

Eso es lo que decía en las entrevistas Taissa Farmiga respecto a la primera temporada. Por cierto, Taissa no se encuentra en Asylum. De todos modos, su frase, que pudiera sonar al típico recurso usado hasta la saciedad para vender algo mediocre como diferente, en este caso llevaba toda la razón.
Independientemente de la calidad que le quiera atribuir cada uno, AHS no es una serie para todos. Hay series que gustan en general y otras que, aunque tengan sus detractores, no suelen llevar a odios. En este caso, la amas o la odias. Entras en su juego y quedas atrapado o no entras y sales espantado. Todo esto, que valdría para definir la temporada previa, toma un significado mucho más rotundo con la nueva tanda de episodios que nos ocupan. Y es que, ahora sí, AHS se ha convertido en un demencial producto que inyecta dosis de entusiasmo en las mismas dosis que cianuro.

Recordemos de qué trataba la primera temporada: Seguir leyendo…

Lo mejor: La conseguida atmosfera de locura que impregna la temporada y a sus personajes enfermizos en las variopintas subtramas. Y por supuesto, Jessica Lange.

Lo peor: Cierta sensación a mitad de temporada de que el guión se les va de las manos.

Entrevista al director de Cell Count

Todd E. Freeman se somete a nuestro interrogatorio

Pequeña Izqda PortadaContinuamos con buen ánimo la serie de entrevistas que el presente año hemos ido realizando a directores independientes, pero de sobrado prestigio, como Norberto Ramos del Val, Adam Mason, Lucas Pavetto, Sean Branney, Benjamin Wilkins y Joe Cook o Matt Farnsworth.

En esta ocasión le toca el turno a Todd E. Freeman que, pese a no ser muy conocido entre los amantes del fantástico, ha terminado de rodar este año la muy esperada Cell Count. Aunque solo hemos podido disfrutarla unos pocos, os aseguro que basicamente se trata de una vuelta al terror despreocupado que siempre ha practicado, por ejemplo, John Carpenter, pero cuya característica principal sería su brillante habilidad para jugar con las emociones del espectador, sin tomarlo por tonto. Toda una rareza en los tiempos que vivimos.

Pues bien, el director oriundo de Oregón ha querido someterse a nuestro tercer grado (¡hay quienes todavía no nos tienen miedo!) y a continuación podréis leer su entrevista. Al final de la misma, y como puesta de largo para la ocasión, Todd nos regala un nuevo tráiler de su magnífica obra, recién salido del horno. Así mismo, tenéis más enlaces con información adicional junto a la entrevista. No os olvidéis de visitar de vez en cuando la página oficial de Cell Count para más novedades, así como solicitar a voz de grito que Sitges admita el trabajo de Todd entre sus exhibiciones de 2012. Es la oportunidad más directa y rápida para poder disfrutar en España de una película que dará que hablar entre los aficionados del género.

ENGLISH VERSION OF THE INTERVIEW HERE

Beyond the Black Rainbow

Pamplina estroboscópica

BTBR Poster

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  • Título original: Beyond the Black Rainbow
  • Nacionalidad: Canadá | Año: 2010
  • Director: Panos Cosmatos
  • Guión: Panos Cosmatos
  • Intérpretes: Michael Rogers, Eva Allan, Scott Hylands
  • Argumento: A pesar de estar bajo los efectos de una profunda sedación, Elena intenta escapar de Arboria una aislada comuna casi futurista.

40 |100

Estrellas: 2

BTBR Grande

Arboria es una empresa/comuna que proporciona felicidad con misteriosas sustancias y experimentos psíquicos. Uno de sus más reputados doctores, Barry Nyle, anda obsesionado con una de las “pacientes”, una chica muda que no ha llegado a ver nunca el exterior. Los días pasan y los poderes mentales de la bella Elena crecen a la par que el malsano deseo que embarga a Barry. Una espiral de locura y luces estroboscópicas los condenará a compartir tanto la vida como la muerte.

No recuerdo muy bien donde leí que el director de esta Beyond the Black Rainbow, Panos Cosmatos, pasó su juventud viajando por todo el mundo hasta recalar en su Canadá natal para ganarse unas perrillas realizando video-cilps y cortometrajes. ¿Y qué hizo durante su formación como persona allá por el extranjero? Si tuviese que realizar una hipótesis cruel, pero basada meramente en las sensaciones que me ha transmitido éste su debut, diría que se pegó un par de años lamiendo más cartones que Manolo Kabezabolo en los buenos viejos tiempos. Lo que vendría a significar que el bueno de Panos se lo pasó en grande probando todo tipo de ácidos, en sus garbeos por el mundo, a costa del patrimonio de su padre, el también director George P. Cosmatos.

Y como de casta le viene al galgo, ¿nadie se pregunta que producciones caracterizaron al bueno de papá Cosmatos? Pues resulta que este italiano de raíces griegas alcanzó la fama dirigiendo a Stallone en dos de sus películas más cazurras: Rambo II y Cobra. Obritas que, por otro lado, hay que analizarlas con cuidado puesto que son de un estilo “explotativo” (“¡oye, que para eso uno es italiano!”, emitió la tumba del fallecido George P.) que tira “pa’tras”. De hecho tampoco os sorprenderá si os digo que la carrera de Cosmatos paró fulminantemente en 1997 con la sosita Conspiración en la Sombra . Aunque también hay que reconocer que por esas fechas el cáncer ya estaba bien aferrado a sus pulmones; sin olvidarnos de unos inicios que fueron harto prometedores con películas épicas del corte de El puente de Casandra.

Probablemente la fama del padre abrió las puertas de la financiación a una producción que despliega todo el poderío visual de los video-clips de Panos, pero cuyo análisis en profundidad desmonta cualquier tipo de valor cinematográfico en este macro bostezo de casi dos horas de duración. Si no fuese por el peso de su apellido, me atrevo a decir que el estilo sobrecargado e intelectualoide de Panos provocaría la risa maliciosa a las puertas de cualquier productora que se precie. Como decía, nuestro director canadiense ha tenido la brillante idea de verter una serie de reflexiones lisérgicas, carentes de sentido al extrapolarlas de su ámbito alucinógeno, sobre una estética estroboscópica que destripada de la simpatía que nos provoca el nostálgico grano gordo queda en una mera aura de presuntuosidad.

Ubiquémonos, la historia transcurre en un hipotético 1983 donde las ideas hippies-futuristas de la década pasada han cristalizado en una empresa que se dedica a vender la felicidad. Más en concreto, las instalaciones de dicha empresa enmarcan la mayoría de la trama. Hasta ahí ningún problema; es más, los compases iniciales nos ponen los dientes largos con esa música de sintetizador, lo mejor con diferencia, tan acorde a la época y a la frialdad de los entornos que predominan (cristal, plástico, neón, colores básicos sobre fondos blancos). Resulta excitante esa obcecación “Kubrick” por narrar mediante el silencio antes que dialogo real, incluso los personajes son enigmáticos en su presentación. Ahora bien, pasan escasos minutos y no ocurre nada, no ocurre nada, no ocurre nada… y cuando ocurre tiene muy poco fondo y se rueda con una lentitud exasperante.

La historia es tan simple como un científico new-age que pierde los papeles por una de las “residentes”, una chica muda con dudosos poderes telequinéticos y telepáticos. Vamos acompañando a dicho científico chiflado en su degeneración mental, en loa abúlicos juegos mentales que practica cruelmente con el objeto de su deseo. Hasta terminar desvelándose una faceta “slasher” que desentona completamente y está resuelta de una forma que pone en duda el respeto de Panos para con el público. Como diría mi querido compañero Manu: “una pamplina”. Sobre el final no voy a revelar nada, pero cuando experimentas con lánguidas reflexiones filosóficas e intentas dramatizar con elementos fantásticos, un consejo: termina tu crónica con dignidad, no con un tropiezo imperdonable.

Supongo, y por ser generoso, que a Panos le ha podido la falta de experiencia, el deseo de flipar demasiado y las influencias de ese consumo de LSD que seguro ha realizado. A estas alturas de la vida intentar llevar al cine – además con una mezcla de terror y ciencia ficción mediante – los filmes psicodélicos de finales de los sesenta/principios de los setenta, me parece un riesgo que hay que asumir con algo más de veteranía. No me basta con soltar una retahíla de influencias “culturetas”: que si Cronenberg me marcó de pequeñito, que si Odisea en el Espacio, la narración a través de viñetas visuales… ¡pamplinas! Al final, Beyond the Black Rainbow resulta aburrida y algo pedante. La principal responsable de esta pedantería acaba siendo la escena que ejerce de núcleo centra de la película y base filosófica para su título. En concreto, un desvarío visual de casi quince minutos que, a mi parecer, está fuera de lugar. Si queréis un desvarío de verdad, con sentimiento, con gente involucrada en ritos peligrosos, probad con la obra de Kenneth Anger; películas que pese a su autenticidad siguen siendo un poco peñazo, todo hay que decirlo.

La cuestión es que el buen marketing de Beyond the Black Rainbow radica en el acierto sintetizando una época. Como The House of The Devil o The Sleeper, esta película no solo se ubica en la década de los ochenta, busca verse como una cinta rodada en dicha época. Y efectivamente, todo es muy coherente y vistoso, aunque el poder evocador de los colores estroboscópicos, los planos cortos y el “anti tiempo” (parece que pasen entre 0 y 100 años durante las dos horas de metraje) pierde rápidamente el interés tanto por lo excesivo como por lo repetitivo. No me extraña que Panos invirtiese tres años en terminar la cinta. Se nota muy deslavazada y con ideas que no llegan a cristalizar de ninguna forma. ¿Sabíais que hasta podemos disfrutar de androides en esta película? Robots subnormales que no pintan nada en la función. No quiero enlazar la letanía de preguntas que han caracterizado recientemente a un famoso entrenador portugués. No obstante, es lo único que podía susurrar asustado entre bostezo y bostezo.

Por supuesto que alguno dirá que estoy siendo innecesariamente cruel y hasta injusto. Muchos pensarán que no he visto el factor artístico de una película que revoluciona en cierta forma el subgénero “slasher”, vuelve a poner en boga la ciencia ficción humanista, desborda hipnotismo visual y blah, blah… Un servidor es el primero en reconocer que una película con una buena dosis experimental hay que juzgarla con parámetros únicos – he sido muy prudente no hablando de la miríada de molestas incongruencias e incoherencias narrativas –. ¡Hey! Reconozco abiertamente haber disfrutado como un enano de Rubber o Amer (donde el humor surrealista en una y la sensualidad exacerbada en otra justificaban y mucho su existencia), pero lo siento: si me aburro como con Beyond the Black Rainbow soy inflexible. Un patinazo en toda regla cuya tremenda decepción no atenúa ni la cuidada estética, el perfeccionismo técnico o los esforzados actores. Y eso que, en el caso de los actores, os aseguro que se dejan los cuernos en darles a sus personajes una dimensión que no tienen. Al fin y al cabo el guion del mismo Cosmatos los dibuja como seres antipáticos bastante planos, sin contar con esos tres años de rodaje que serían una auténtica locura para los interpretes. Una doble pena, porque estamos ante uno de esos productos que giran únicamente alrededor de dos caracteres, y no se puede dejar tan desnudos a Michael “Barry” Rogers (reputado actor de TV) y a la jovencita Eva “Elena” Allan. Al final su “historia” se torna patética y da algo de risa, así de simple.

Bueno, pues uno que se ha despachado a gusto no os recomienda verla ni evitarla. De personas educadas es admitir que una valoración objetiva sobre un producto tan experimental es cosa de broma. Aquí no hay medias tintas, estoy seguro de que levantará las pasiones de algunos y el odio de otros. Me importa un pepino quien fuese el padre de Elena: ya sabéis cual es mi bando.

Lo mejor: Su ambientación sonora junto a una magnifica fotografía.

Lo peor: El completo delirio visual de quince minutos incrustado en medio del metraje. Uno de los momentos más pedantes y bostezantes de la historia del cine.

Cell Count (2)

Nos vuelven a ingresar en la celda de asilamiento

Cell Count Grande 2

Cell Count PosterSadie sufre una dolorosa enfermedad degenerativa que lleva a su marido, Russell, a ingresarla en un centro privado para someterla a un tratamiento experimental. Lo extraño comienza cuando la pareja se traslada a dicho centro: exageradas medidas de seguridad y la inquietante presencia de un médico sin escrúpulos parecen esconder un horrible secreto que se traduce en la mejoría de Sadie. ¿Será peor la cura que la enfermedad?

Aprovechando que el director y guionista de la norteamericana Cell Count, Todd E. Freeman, se puso amablemente en contacto con nosotros, para hacernos llegar alguna capturas exclusivas de su último largometraje, queríamos volver a hablar un poquito de una película, la cuál ya nos llamó la atención desde que pudimos saber de ella.

Y es que de Cell Count lo primero que entra por los ojos es su maravilloso póster “orgánico y retro” diseñado por la importante compañía norteamericana The Dude Designs. Luego sabemos de su escueta sinopsis y disfrutamos de un tráiler técnicamente sobresaliente, para vernos irremediablemente sumergidos en una serie de interesantes cavilaciones: ¿qué diablos le pasa a Sadie? ¿Qué tipo de tratamiento pueden estar aplicado en esa especie de prisión blanca? Las hipócrita actitud del jefe médico a cargo de los experimentos, ¿qué esconde? ¿Será verdad que el tratamiento aumenta el deseo sexual? ¿Qué dosis de ciencia ficción se ocultan tras la ambientación carcelaria?

La escasa información que nos llega procede de las satisfechas impresiones de los directores del Fantaspoa Film Festival, festival brasileño donde Cell Count debutará en la gala de clausura. Joao Fleck y Nicolas Tonsho aseguran que el quinto largometraje de Todd encumbrará a éste hasta el éxito que se le resistió con sus anteriores trabajos, especialmente porque los giros arguméntales y poderosas interpretaciones de Cell Count despliegan una capacidad asombrosa para satisfacer a un amplio rango de aficionados. Su atrevida mezcla de géneros y situaciones, enfocadas con la honestidad propia del thriller moderno, sorprenden en un primer visionado que ningún aficionado podrá olvidar.

Parece que Cell Count es un experimento “vivo” que comienza ahora su andadura por distintos festivales – sus responsables intentarán acercarla hasta Sitges –, mientras intentan cerrar la contratación de un agente de ventas. Todd se muestra confiado en haber realizado su mejor trabajo hasta le fecha y le gustaría que el público no se quedase con la primera impresión de estar ante una obra independiente. Estoy de acuerdo con él, un hombre que no teme a los dentistas siempre tiene razón, y creo que Cell Count va a superar con creces sus propias limitaciones, para ser una de las imprescindibles del año que viene. Tiempo al tiempo.