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The Den

Russian Chat Roulette

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Elizabeth emprende un proyecto de investigación, merced a una beca de posgrado, sobre las conductas sociales que se dan en un sitio de internet conocido como The Den, lugar de citas virtuales. Tras varias sesiones de chats aleatorios contempla horrorizada el asesinato en directo de una adolescente.

Tras un primer contacto infructuoso con la policía, que desestima el vídeo grabado como una broma viral, Elizabeth se interna aún más en The Den para demostrar que lo que vio es real. Por desgracia, los rincones más oscuros de la red sólo guardan dolor y sufrimiento para ella y sus seres queridos.

Con aires del famoso segmento, no sé si para bien o para mal, de “V/H/S” llamado “The Sick Thing That Happened to Emily When She was Younger”, por aquello de usar la narrativa de un vídeo chat como lenguaje principal del proyecto, The Den es el debut tras las cámaras del norteamericano Zach Donahue. Ya hace varios años que las nuevas tecnologías se han convertido en una de las mejores escusas para una cinta de horror. Tal vez los primeros en hincar el diente al cable fuesen nuestros queridos amigos orientales, ahí tenemos “Kairo” en 2001 como gran representante del nuevo “terror socio-tecnológico”. Aunque no me gustaría olvidar a las que quizás sean la cintas más entrañables mezclando el mundo virtual con el real de forma macabra: “El cortador de césped” y “Brainscan”. Seguir leyendo…

The Bay

¿Qué comen los niños muertos? ¡Gusanitos!

The Bay Ext

La ciudad costera de Claridge siempre se ha vanagloriado de su amor por la mar y sus aguas. Llegada la festividad del 4 de Julio, la ciudad se engalana y prepara decenas de actividades, como concursos de comer cangrejos o juegos acuáticos para los más pequeños. Pero la catástrofe interrumpirá las celebraciones: dos biólogos encuentran un nivel elevado de toxicidad en la bahía, la muestra más visible de algo terrible.

Casi todo la ciudad ha probado ya las aguas contaminadas dando lugar a una pequeña epidemia que, a pesar de ser rápidamente controlada, dará lugar a un horror de proporciones cataclísmicas. Los paisanos de Claridge son portadores de un extraño parasito que devora a sus huéspedes en fase crisálida para revelarse tras varios años de incubación. Ha llegado el final de la fase de pupa y las cámaras de los ciudadanos, las autoridades y el centro de control de plagas serán testigos de excepción de esta catástrofe.

Pretty Dead

Un intenso drama terrorífico

Pretty Dead Reseña

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  • Título original: Pretty Dead
  • Nacionalidad: Estados Unidos | Año: 2012
  • Director: Benjamin Wilkins
  • Guión: Benjamin Wilkins, Joe Cook
  • Intérpretes: Carly Oates, Ryan Shogren, Quantae Love
  • Argumento: Regina es una mujer normal, con un novio que la quiere, unos amigos que la aprecian y un futuro brillante como médico. Hasta que tras una noche de fiesta su físico y su apetito empieza a cambiar radicalmente: ¿realidad o locura? “Pretty Dead”.

76 |100

Estrellas: 4

Pretty Dead Grande

Me gustaría agradecer de corazón la buena disposición del director/guionista de Pretty Dead, Benjamin Wilkins, y de su productor/guionista, Joe Cook, por hacerme llegar una copia de su largometraje debut, para dar a conocer al público de habla hispana una muestra de lo grande que puede llegar a ser una obra pequeña. Más allá del privilegio personal de conocer a Joe y Benjamin, queda el privilegio de traeros en exclusiva, al menos en castellano, la reseña de una cinta profunda y emotiva, que espero de mucho que hablar en un futuro cercano. Precisamente por su condición de premisa espero que disculpéis mi falta de concreción a nivel argumental, evitemos pues incómodos destripes.

¡Que mala es la cocaína! Después de una noche de capricho, Regina se encuentra muy mal algo ha cambiado dentro de ella. Cree que algo le pasa a su cerebro, a su físico que empieza a corromperse destrozando su belleza. ¡Ella que lo tenía casi todo! Un novio cariñoso, unos buenos amigos, una carrera profesional por delante… Ahora, ese pequeño exceso pude dar por tierra su mente, a su familia, su amor. Mientras la carne fresca se va haciendo más tentadora ella intentará averiguar si se está volviendo loca o se está convirtiendo en un… un… un muerto viviente.

Zombis, zombis, zombis. No veo mucho sentido a volver a hablaros ahora de ésta o aquella película, de la serie de moda o de su atosigante presencia en cada rincón de nuestra nueva y contablemente esclava sociedad. De sobra sabéis que ante el exceso de producciones sobre muertos vivientes cuesta encontrar una obra firme que renuncie bien a los fuegos de artificio fáciles, bien a esas dosis de comedia exacerbadas que van hundiendo la comedia de zombis en los abismos de lo ridículo. Salvo honrosas excepciones, como la genial The Dead, lejos quedan las grandes comedias como Shaun of the Dead o los grandes thrillers como 28 Días Después.

Así que cuando uno analiza con atención una película independiente como Pretty Dead, se pregunta muchas cosas. La primera y fundamental: ¿por qué el resto de guionistas no analizan realmente que desean contarle al público sobre la condición del muerto viviente? Muchas veces para que las cintas actuales del género se planteen desde el punto de vista económico sobre una idea bastante vaga de algo “terrorífico”, y si salen zombis mejor para la recaudación. Pues Pretty Dead se encuentra justo en el polo opuesto.

Sin tremendismos que adulteren el contenido narrativo, sin trascendencia cósmica, sin excentricidades o chistes baratos que vulgaricen la trama, la humilde cinta de Benjamin (también productor de La Navaja de Don Juan) y Joe destaca entre sus coetáneas porque sabe lo que quiere contar y como. Así de simple, la única picaresca ha sido intentar aprovecharse del formato de moda: el “mockumentary”. En este caso, el metraje se compone de retazos de grabaciones caseras, sesiones de terapia, cintas de seguridad y otros pedazos de origen incierto. No obstante, queda patente que recurrir a este formato tiene como dos únicas justificaciones aportar realismo, la historia lo necesita para existir, y para dulcificar las carencias presupuestarias con que contaba el equipo de producción. En ambos casos, un éxito rotundo.

Pretty Dead goza de un realismo envolvente que te va atrapando gracias a su condición de drama orgánico. Cada sección de la cinta, que cuenta con una duración ideal para sus objetivos: poco más de setenta minutos, favorece los elementos novedosos y frescos de su argumento. Básicamente el enfoque científico y humanista de la condición de muerto viviente, con un inteligente y elegante giro hacia la esquizofrenia. Por ejemplo, la decisión de incluir cintas caseras humaniza la situación de tal forma que, dentro de un marco creíble pero fantástico, el espectador se involucra inmediatamente con los protagonistas y su relación. Sin embargo, lo que en principio vendría a ser el desarrollo de una vida bastante normal, se va entremezclando con otras grabaciones mucho más inquietantes, como sesiones psiquiátricas, donde la desencajada condición de nuestra protagonista nos desgarra en mil pedazos por ese cariño que le hemos ido cojiendo.

Desde un punto de vista personal, creo que el título en sí mismo sintetiza bastante bien la agudeza de su premisa. “Pretty Dead”, vendría a querer decir “bastante muerta”. No obstante dada la dirección que toma la vida de Regina queda claro donde reside el juego de palabras, sobre todo cuando conocemos a la interfecta: una bella e inteligente morenaza de la que cualquier hombre, en su sano juicio, podría llegar a enamorarse.

Si Pretty Dead viene a ser un serio e interesante drama orgánico es porque su corazón late con fuerza. Precisamente ese corazón es el pivote central de toda la trama: Regina. Y la capacidad de emoción que despliega la sustenta una gloriosa y magnética Carly Oates capaz de ponernos los pelos como escarpias, hacernos sonreír, frustrarnos, aterrarnos, excitarnos, ponernos tristes… Si el guión gira alrededor de la caída de Regina al abismo, nosotros caemos con ella; y lo hacemos mediante su relación con Ryan (interpretado por un simpático Ryan Shogren). Una relación que aunque pueda parecer empalagosa al principio no dista mucho de cualquiera de la que vosotros podéis vivir o habéis vivido; lo cual genera un grado de empatía aterrador. Quizás Pretty Dead carezca de los típicos sustos de las películas de zombis modernas, pero la inquietud radica en su creíble atmósfera y la genuina desorientación que es capaz de expresar Carly. Junto a su pareja fílmica centran nuestra atención con una naturalidad pasmosa, no exenta de ciertos sobresaltos provocados por los erráticos ataques de rabia que Carly hilvana de forma encomiable . Sorprendente si tenemos en cuenta la reducida carrera de estos dos actores, desde aquí un fuerte aplauso para los protagonistas principales, especialmente a Carly, sin la cuál no podría existir esta película.

En el lado negativo encontramos cierta exigencia para con el espectador. La presentación temporal del argumento realiza varios saltos en el tiempo que potencian la fuerza de sus imágenes, a costa de que el público no se duerma en los laureles. ¡Esto no es “El Amanecer de los Muertos”! La pausada narrativa implica estar ojo avizor para no perderse pequeños detalles que van complementando el resto de este drama. Pero lo que realmente empaña el resultado final sería el uso de ciertas tomas muy difíciles de justificar (¿dónde había una cámara?) y lo reducido de sus maquillajes. El primer punto negativo podemos considerarlo casi una necesidad del formato de “mockumentary”, y eso que, en este caso concreto, los “momentos absurdos imposibles de grabar” están reducidos al mínimo. Por otra parte, que el maquillaje de Regina no luzca lo real que nos gustaría solo es achacable al presupuesto. Benjamin opta por el discurso inteligente y equilibrado para evitar que la falta de una financiación orgiástica les afecte más allá del detalle de los efectos especiales ajustados.

En definitiva, Pretty Dead ha sido una satisfacción de principio a fin. Los primeros compases apuntaban un ritmo pausado que me incomodó en cierta manera. Hasta que fui integrándome en la relación de Regina y Ryan, tras esa “ruptura” emocional, la actuación de Carly me tuvo fascinado de principio a fin, no podía despegar los ojos de la pantalla intentando averiguar con su protagonista que dirección tomaría su ¿vida?, y como escapar de la espiral de sufrimiento que se intuía en el horizonte. La creatividad y originalidad de Benjamin y Joe explotan en una capacidad única para darle un bocado a un género, el de zombis, al que le sobran tantas películas descerebradas (pero aburridas) y les hace falta una aproximación más realista, humana, dramática, romántica y profunda. Pretty Dead da en el clavo sin necesidad de artificios. ¡Ahí es nada!

Lo mejor: Carly Oates, increíble como nos lleva hasta su personaje desarmando cualquier reticencia inicial. Es muy fácil sumergirse con ella en el amplio rango de emociones que despliega con intensidad.

Lo peor: Algunas tomas no alcanzan el realismo que se quería conseguir con el “falso metraje”, el maquillaje a veces también resta esa verosimilitud que es la base del disfrute del espectador.

Apollo 18

Especulación espacial instrascendente

Apollo 18 Póster

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  • Título original: Apollo 18
  • Nacionalidad: Estados Unidos/Canadá | Año: 2011
  • Director: Gonzalo López-Gallego
  • Guión: Brian Miller, Cory Goodman
  • Intérpretes: Warren Christie, Ryan Robbins, Ali Liebert

50 |100

Estrellas: 3

Apollo 18 Grande

Por fin las cintas que el gobierno de los Estados Unidos había mantenido en secreto, salen a la luz: Un documento excepcional donde descubriremos por qué los Estados Unidos frenaron sus programas de exploración lunar en la segunda década de los setenta. La tragedia de dos astronautas que descubrieron algo más que piedras en la luna. Déjate llevar por este “rock and moon”…

Apollo 18 es una de esas películas que parte de una premisa sumamente atractiva, hasta distinta a sus coetáneas, para acabar convirtiéndose, por una miríada de fallos grandes y pequeños, en otro proyecto intrascendente: sus responsables deberían de realizar mucha autocrítica.

A saber, una nueva muestra de falso metraje encontrado que intenta desvelarnos, en clave fantástica y poco especulativa, la razón de que las misiones espaciales a la luna, en concreto las del país de las barras y las estrellas, se cortaran oficialmente de raíz tras el proyecto Apolo 17. Como os decía, no pinta nada mal eso de mezclar ciencia-ficción con terror e, incluso, el elemento tan manido del “mockumentary” aquí se presentaba potente y válido para divagar sobre conspiraciones, extraterrestres y demás zarandajas. Por desgracia, o por suerte, parece que los Illuminati no han metido mano a la producción, convirtiendo Apollo 18 en poco menos que una broma, y algo aburrida por si no os parece bastante.

Para un servidor, existen varias claves con las que afrontar exitosamente la realización de un falso documental. Una de las principales sería construir un leitmotiv con enjundia, una razón de ser plausible, dentro de la realidad ficticia que se nos plantea, pero que además divierta al espectador. En definitiva, ese fino equilibrio entre verdad y mentira, algo que suspenda nuestro juicio sin llegar a creérnoslo del todo (Lake Mungo, The Tunnel). O en todo caso ser lo suficientemente descarados para epatar al público (Vampires, The Troll Hunter, Grave Encounters).

Esta clave se conjuga con otra, la más importante. La cual aunaría, por así decirlo, el resto de elementos de éxito: la presentación de la propia película. Es imposible suspender parcialmente el juicio y divertirse si los actores no son creíbles, los personajes no son cercanos, la estética no resulta acorde con el mensaje de “¡Hey! Esto ha sucedido realmente” o el guión no se esfuerza por engañar nuestra percepción.

Repasando lo que sería Apollo 18 vemos de forma inmediata que cojea de lo enumerado antes, ya sea por defecto, exceso o, simplemente, falta de interés.

¿Pero qué narices es esto?

Será la pregunta que os repetiréis incansables desde que el meollo del “problemilla”, sufrido por nuestros intrépidos astronautas sobre la superficie lunar, sea revelado abiertamente hasta la conclusión desangelada de la cinta. Seamos justos, no hubiese estado mal dicha amenaza espacial siempre que Apollo 18 hubiese discurrido por otros derroteros más frenéticos, más orientados a la acción; en definitiva, si la película no quisiese emular metraje encontrado. No quiero destriparos nada, pero la fatídica revelación, la causa de que la hipotética misión del Apolo 18 fuese ocultada a la opinión pública, va a arrancaros algún que otro insulto hacía la madre de los guionistas. En este caso, un primerizo Brian Miller y Corey Goodman, que tampoco presenta un currículo de peso. De hecho, su único guión anterior es el de Priest, obra que tampoco se caracteriza por su profundidad argumental – pese a basarse en un manga bastante trabajado –. Supongo que esta falta de experiencia justifica los agujeros de un guión, que hace aguas cuando la razón del frenazo en la carrera de la exploración lunar se desvela. No obstante, me parece un poco triste que tratándose de una producción con espíritu comercial, no se haya trabajado algo más en la presentación de un ecosistema básico alienígena. Insisto, no quiero revelar nada, pero quizás todo hubiese tenido sentido si Los Picapiedra hubiesen hecho presencia dando saltitos entre los cráteres lunares. ¿Una chorrada? Claro, igual que ciertos sistemas de reproducción… y los que hayáis visto la cinta me entenderéis a la perfección.

No hace falta ser un lince para darse cuenta de que dicho leitmotiv nace a raíz del deseo de sus guionistas por justificar el mensaje final – los últimos treinta segundos del metraje, afortunadamente corto –, que por otro lado entra de lleno en el juego de las “conspiranoias” y resulta un guiño divertido pero insuficiente.

De mayor quiero ser astronauta

¿De verdad hijo mío que quieres conquistar el espacio? Pues mira: tienes que entrenar duro, estudiar para saber más que Punset y, sobre todo, ¡es un puñetero coñazo! Y si me preguntas como lo sé, te diré que en su día tuve la desgracia de ver Apollo 18. ¡Y vaya aburrimiento! Sí señores, la primera media hora – centrada en el metraje que sigue el lanzamiento de la nave que contiene los módulos lunares – resulta de un soso alarmante. No es que los primeros tercios de otros “mockumentarys” sean para echar cohetes, nunca mejor dicho, pero al menos suponen una toma de contacto interesante con los personajes, su forma de ser, sus miedos o todo lo que queramos imaginar. Sin embargo, en el caso que nos ocupa, los personajes resultan bastante planos, amén de que sus interpretaciones reflejan a la perfección lo insulso de los caracteres. Grave pecado en una película con solo dos personajes y medio, más teniendo en cuenta que solo a través de la empatía, hacia los protagonistas, podemos sentir el horror que tanto se esfuerzan por vendernos una vez superado el sopor de esa primera media hora, en la cual reconozco haberme dormido unas cinco veces. Aunque ni ciencia-ficción, ni terror, ni leches. Reducir esa empatía, esa dimensión humana, a unos breves minutos donde vemos a la tripulación del Apolo 18 con su familia, pues que os voy a decir: deficiente y banal.

La verdad, no sé que culpa le corresponde al elenco. Tampoco creo que se trate de buscar culpables, sencillamente la dirección artística ha sido obviada en pro de una verosimilitud – al menos eso quiero pensar – que no se logra. Aun con todo, teniendo en cuanta la experiencia del reparto, creo que se podían haber explotado mejor sus dotes. Tal vez que Lloyd Owen,Waren Christie y Ryan Robbins sean actores crecidos, casi exclusivamente, bajo el amparo de diversas series norteamericanas, apunte en dirección a su falta de “sensibilidad”, y es que todo sucede demasiado deprisa y bajo unas reacciones emocionales cuando menos dudosas y algo risibles. Resumiendo, es sumamente fácil distanciarse de tres astronautas muy poco expresivos.

¡Vaya mareo papi!

Como señalaba más arriba, un detalle importante de los falsos documentales es lograr la estética correcta, no solo mediante el realismo de la cámara en mano (o, en este caso, pegada al traje) si no también gracias a un montaje eficaz. Un buen ejemplo sería The Troll Hunter, donde todo resulta veraz pero bien planificado para no resultar molesto. Todos odiamos el excesivo histerismo de las cámaras realistas en las secuencias más movidas. Pues bien, en Apollo 18 este histerismo llega al paroxismo más extremo. Rodadas muchas escenas en espacios cerrados, se hace sumamente molesto seguir la acción. Aunque el verdadero culpable de que el mareo sea constante es a mi juicio el editor.

Con la sana intención de mostrar mayor veracidad, se hace uso de un montaje demasiado fragmentado. Recuerdo que la película comienza indicando que lo que veremos es un resumen de docenas de horas grabadas, así el montador/editor ha tenido la brillante idea de agarrar la tijera y presentarnos el metraje de la forma más caótica posible. Excesivo mareo que resulta efectista pero resulta incomodo para imbuirse dentro de la acción. No se trata de una dirección fallida: Gonzalo López-Gallego (El Rey de la Montaña, Nómadas) realiza un trabajo formalmente correcto – nada sorprendente, eso sí – que se aleja de su faceta como director más intimista y profundo con solvencia, pero sin el espíritu transgresor que hubiese casado muy bien con una cinta de género tan apetitosa. No, el verdadero fallo es el severo desequilibrio del montaje, una presentación más reposada era necesaria; al final se trata de otra demostración de la superficialidad que estigmatiza a Apollo 18.

Alunizaje

Así que llegamos al final de nuestra odisea lunar, un viaje poco emocionante pero lleno de peligros, dudas, incertidumbres, risas involuntarias – no volveréis a mirar un pedrusco sin soltar una risotada –, fallos garrafales y, sobre todo, falta de cariño. Todo el metraje exuda prisa y poco cuidado, finalmente es difícil involucrarse más allá de su premisa inicial: algo oculta la luna que amenaza la vida humana. No obstante debo recalcar que Apollo 18 no es mala, por mucho que sea un proyecto fallido y a ratos provoque sueño, podremos disfrutar de unos efectos especiales interesantes y algún escenario atmosférico muy logrado. Además, aquellos interesados en las conspiraciones gubernamentales, la verdad oculta, los Expedientes X, etc, ect, disponéis de un argumento blandito pero orientado a satisfacer vuestra hambre de hipótesis rocambolescas. Por mi parte, prefiero la exploración carnal antes que la espacial, los misterios del cuerpo de la agente Scully me parecen mucho más sugerentes que los de un satélite gris y polvoriento…

Lo mejor: Una hipótesis argumental interesante

Lo peor: Su soporífero primer tercio y el epiléptico montaje