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The Thing on the Doorstep

A la caza del espíritu de Lovecraft

The Thing on the Doorstep

La relación de Daniel Upton con su amigo Edward Derby cambia bruscamente después de que Edward se involucre sentimentalmente con Asenat Waite, una hipnotizadora con una reputación algo extraña. Al ver que el comportamiento de Edward se vuelve cada vez más errático y empiezan a suceder eventos inexplicables, Daniel decide investigar qué está ocurriendo realmente con su amigo Edward. ¿Es un caso de locura… o algo mucho más aterrador?

Después de que Guillermo del Toro, el pasado verano, dejara nuevamente abierta la posibilidad de, por fin, concretar la adaptación cinematográfica de En las montañas de la locura (aunque si finalmente llega a estrenarse, de la mano de del Toro, probablemente tendríamos que esperar hasta el 2018); los seguidores H.P. Lovecraft deberán seguir pendientes de la escena independiente, la más emprendedora a la hora de convertir el universo de pesadillas del mítico escritor estadounidense en una realidad cinematográfica. En esta ocasión le toca el turno a The Thing on the Doorstep, basada en un relato corto escrito por Lovecraft en 1933 y publicado en la edición de enero de 1937 de la revista pulp Weird Tales. El relato, que en España conocimos bajo el título El ser en el umbral, también formó parte de la antología La Llamada De Cthulhu. Seguir leyendo…

Castle Freak

Un castillo alucinante

Castle Freak Póster

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  • Título original: Castle Freak
  • Nacionalidad: Estados Unidos | Año: 1995
  • Director: Stuart Gordon
  • Guión: Stuart Gordon, Dennis Paoli
  • Intérpretes: Jeffrey Combs, Barbara Crampton, Jonathan Fuller
  • Argumento: Un matrimonio acude a visitar un castillo italiano en herencia, acompañados de su hija ciega. En las mazmorras del castillo, una criatura lloriquea cuando cae el sol.

75 |100

Estrellas: 4

Castle Freak Grande

Quiero dedicar esta reseña al resto de mis compañeros. A los que todavía permanecen con nosotros: Samdra, Manu, Trent, Mr. Zombie, Asier, MASP. Gracias por permanecer a mi lado soportando mis rarezas. A los que nos abandonaron: Missterror, Blanch, Elniniodecristal. Porque nunca fue un adiós, solo un hasta luego… aun soportando mis rarezas. A los que nos leéis: mención especial a Elizabeth (la “vieja guardia”, y perdonad que no os nombre al resto, pero vosotros sabéis quienes son las Almas Oscuras Primigenias), a Eddie (por su apoyo y una labor que no tiene precio), a Beatriz (por sus mágicas palabras), a Mr. Joe D’amato (porque es un fenómeno aunque el nunca lo reconocerá), a Cratosxp (porque yo lo hecho de menos) y tantos, tantos otros. Todas mis reseñas las he hecho por vosotros y por mis rarezas. Pero especialmente quiero dedicar esta reseña a Joan Lafulla y a Alberto Bermúdez: unos malditos locos que siempre me enseñan la coherencia interna dentro de un manicomio. ¡Un brindis por los Hermanos Marx del terror! ¡Y por todos vosotros!

Un matrimonio atravesando horas bajas hereda una propiedad en la vieja Europa. Un castillo italiano de misteriosa historia. Nadie sabe donde fue a parar el hijo de la anterior propietaria, una duquesa bella pero vil en su vejez. Una vez instalados allí, el matrimonio, con su hija ciega, empieza a oír ruidos extraños en la noche. La vieja ama del castillo cuenta historias extrañas que llegarían a los oídos de la pareja si está estuviese unida, pero un accidente provocado por el alcohol ha creado una barrera insalvable entre los dos. Quizás la presencia de una criatura abominable sea capaz de unir a una familia que, por otro lado, está avocada a vivir una historia de horror que nunca olvidarán.

Hoy me gustaría recomendaros, sin mucha rotura de cascos, una de esas películas de terror que pasaron por la década de los 90, un poquito sin pena ni gloria. Con más inri en el caso que nos ocupa, cuando se trata de una producción con una serie de nombres míticos asociados a ella. Os hablo Castle Freak, estrambótico título que aquí en España aun se retorció más, acabando en un psicotrópico “Un Castillo Alucinante”… tal vez por eso no cuente en nuestro país con una legión de seguidores tan firme como en su Estados Unidos natal, donde incluso podemos encontrar merchandising del dichoso “fenómeno del castillo”. Y sí, merece mucha difusión este trabajo, pese a concebirse y estrenarse en 1995 – una época nefasta para el cine de terror de serie B –, no solo por su sabor clásico, que tanto llama la atención a primera vista, también por los siguientes conceptos (agarraos que vienen curvas):

Se trata de la tercera incursión del mítico Stuart Gordon en el mítico universo de Lovecraft (adaptando uno de sus relatos marginales, “El Intruso”) tras las míticas Re-animator y From Beyond. Y como no podía ser menos, al guión contamos con el adaptador por excelencia de Lovecraft y amigo íntimo de Gordon: Dennis Paoli. Que por supuesto se encontraba tras los guiones de las anteriores producciones “lovecraftianas” de Gordon, y que aquí observamos muy en forma, a tenor de las truculencias vertidas sobre el libreto.

La producción corre a cargo del infatigable (y viejo verde en la actualidad) Charles Band, mediante una Full Moon a pleno rendimiento y que con Castle Freak entonó un precioso canto del cisne antes de internarse en una era moderna de subproductos de dudosa calidad (¿¿¿Evil Bong??? No me jodas Charles). Obviamente, al nombre de la Full Moon hay que añadirle otro indisociable: Richard Band, el hermano compositor. Que aquí clava una partitura gótica tremenda, muy en la línea de sus mismos trabajos para el tandem imaginario Gordon-Lovecraft. Una partitura que realza uno de los diseños de sonido más interesantes del cine de serie B. La manipulación del sonido ambiente, con gritos en la lejanía, lamentos fantasmagóricos, truenos y demás, pone los pelos de punta en más de un momento. Sabiendo siempre que tratándose de un producto de la Full Moon no encontraremos excesos presupuestarios.

Lo que viene a colación de otro simpático detalle: pese a tratarse de una producción eminentemente “noventera”, el estilo que se gasta, así como su estética y acabado, nos retrotrae sin compasión a la década anterior (incluso yo diría que antes, coqueteando con el estilo gótico de algunas producciones sobrias de los setentas). Es decir, si te aíslas de toda esta información y te dicen que se trata de una producción de la “Empire” (la anterior productora de Band, con títulos épicos como Dungeon Master, Parasite o El Alquimista), te lo crees a pies juntillas y lanzas albricias al cielo por este regreso a la verdadera esencia del video-club de toda la vida.

Y en esto tiene toda la culpa un Stuart Gordon pletórico, que es capaz de sacar más por menos, con un domino de los planos y la atmósfera que convierten a Castle Freak en unos de los productos más sólidos firmados por el, ahora, infame sello Full Moon. Sobre todo destaca el tiempo tan característico de Gordon, y que otros tanto critican pero a mi me hipnotiza como a un crío. Se trata de esa lentitud casi morbosa para tratar las escenas más ordinarias, y en un segundo engañarte y meterte en una situación tan macabra y obscena, que uno duda de la seriedad de todo el asunto. Señores, Castle Freak es un recital de malas sensaciones. De acuerdo que el gore está muy dosificado, pero cuando se presenta, mezclado con temas sexuales… hace daño… y excita… puro Stuart Gordon reducido a su sales esenciales, gracias a un presupuesto exiguo que casi mejora el producto terminado.

Tan exiguo que el rodaje se trasladó a verdadero un castillo real de tierras italianas para abaratar costes. El resultado en manos del Ted Nicolau de turno hubiese sido un pestiño soporífero “sin chicha ni limoná”. Por el contrario, Gordon integra el decorado real con una naturalidad pasmosa dentro de esa ambientación gótica (pero la mala, la oscura, la decadente, el de Matthew Gregory Lewis, autor de la novela “El Monje”) de la que tanto os hablo. He leído que algunos críticos de la época veían en la película un homenaje al viejo terror que se gastaban los italianos más explotadores y pícaros. Nada más lejos de la realidad: una mera cuestión económica y un resultado final que debía continuar la mala baba de Re-animator, esa es el catalizador de esta hora y media. Desde luego, la hallo por debajo de sus predecesoras en la filmografía “lovecraftiana” de Gordon, tal vez debido a un acabado menos espectacular y colorido. ¡Ay! Pero cuando la bestia sale… cuando simplemente espía y busca imitar los juegos sexuales de su padre, cuando la pubertad floreciente se convierte en un preciado motivo para la profana adoración, cuando la ceguera es una excusa para el coleccionismo sexual, cuando la libertad alza sus doradas cadenas sobre la cabeza deformada de un niño olvidado, cuando el hambre se ceba sobre la carne de las prostitutas… ¡Un recital de cine de terror depravado, pero sin malicia! Un final de sacrificio y redención. ¡Coño, una película que hay que ver!

Sus protagonistas principales son el mítico Jeffrey Combs, en un papel que va pasando de comedido a histriónico con un dominio del tiempo que habla con creces de sus dotes, y la sugerente Barbara Crampton, que pese a una gran actuación dramática, no exenta también de histrionismo, no enseña su delicioso cuerpo, para pena y tristeza de los onanistas del cine de terror. Algunos de sus diálogos no se libran del casposo sesgo de su origen de serie B, pero precisamente aportan una dimensión cómica muy negra. Por si a alguno os suenan a chino estos nombres, os diré que fueron también míticos protagonistas de las ya mencionadas Re-animator y From Beyond. Además también disfrutaremos de una apoteósica “interpretación” por parte de Jonathan Fuller (un habitual de otras producciones de la Full Moon), que se convierte en la estrella de este espectáculo de fenómenos con el excelso lenguaje no verbal que se gasta cuando encarna a la criatura del castillo. Maravillosamente aberrante.

Y si todas esta parrafada no sirve para animaros a verla, los que no os hayáis atrevido aun, o revisitarla, los que la tenéis olvidada, pensad en todos los nombre legendarios involucrados, en su condición de rareza, sus destapes, su crudeza… en que simplemente es la película que he elegido para despedirme de este ciclo de Almas Oscuras, tras más de cien reseñas, cientos de páginas escritas, buenos momentos (los más), malos momentos (los menos) y muchas ganas de compartir con vosotros el amor por un cine, una forma de vida al fin y al cabo, que divierte como pocas otras cosas.

Sí, Castle Freak tiene sus fallos, es barata, algunas escenas pecan de cutres, varios secundarios italianos dan ganas de darle al “stop”… pero, igual que nosotros no lo somos, Castle Freak no es perfecta, solo un guiño amable en esta noche sin estrellas.

La crisálida se abre y todo cambia…

Tráiler

Lo mejor: La truculencia, el ambiente malsano, Jeffrey Combs y muchas más cosas...

Lo peor: Su tramo inicial, y momentos puntuales, tienen ese ritmo extraño de Gordon que puede resultar somnoliento.