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Phantasma 1 + Phantasma 2

El Hombre Alto camina lento pero seguro

Phantasma 1 y 2 Póster

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  • Título original: Phantasm
  • Nacionalidad: USA | Año: 1979, 1988
  • Director: Don Coscarelli
  • Guión: Don Coscarelli
  • Intérpretes: Michael Baldwin, Bill Thornbury, Angus Scrimm; James LeGros, Reggie Bannister, Angus Scrimm
  • Argumento: Mike observa cómo, en el cementerio de Morningside, un extraño sepulturero se lleva el cuerpo de su hermano de la tumba. Este es el comienzo de una pesadilla que se extenderá a lo largo de los años...

80 |100

Estrellas: 4

Phantasma Grande

Vaya por delante que al aunar en una sola reseña estos dos clásicos, me he decidido a dejar como nota para la reseña, la adjudicada a la primera parte de la saga “Phantasma”. Sin embargo, no considerando que su secuela esté a la altura, quiero indicar que de haberla puntuado le asignaría un 65/100.

En el espacio, nadie puede oír tus gritos. Perdió la cabeza por conseguirla. La noche en que ÉL volvió a casa… Taglines que, de pequeño, veía en las carátulas de los vhs del videoclub y excitaban de mala manera el posible contenido terrorífico de sus películas.
Y entre ellos, por supuesto, estaba “si esta película no te asusta, es que ya estás muerto”. Phantasm, de Don Coscarelli, tenía además una portada enigmática como pocas: una mujer a pecho descubierto –con estímulo sexual y prohibido incluido- gritando y con las manos tapándose lo ojos, aunque se le veían –detalle que, a pesar de estar abosolutamente a la vista, tardé años en descubrir. Ese gesto, el de alguien tapándose lo ojos para no mirar lo que le da miedo, me impactó: si lo ponían en la portada, significaba que la película tenía que ser escalofriante.

Y lo era. Demonios, mis padres no estaban en casa y mi abuela estaba en otra habitación, así que mi hermana y yo nos sentamos a ver la tele un domingo por la tarde e, impávidos, nos fuimos quedando helados con las andanzas de este hombre alto, sus bolas metálicas y los gnomos con capucha que le acompañaban. El final, ese final… Boooooy!… pesadillas garantizadas durante un par de semanas.

Por estos mismos motivos, fue de los títulos que más me costó volver a ver cuando se editaron en dvd. ¡Malditos recuerdos traicioneros! Seguro que lo había magnificado en mi cabeza y no se trataba más que de otra cutrez. Sin embargo, creo que estaremos de acuerdo en que el Hombre Alto, Angus Scrimm, sigue siendo un villano muy a tener en cuenta, una silueta oscura, macabra y tenebrosa a la que hay que acercarse con mucho respeto.

El argumento es del todo conocido: el pequeño Mike (Michael Baldwin) observa cómo, tras la misa por el fallecimiento de su hermano, el ataúd no es enterrado sino trasladado de sitio por el sepulturero del cementerio Morningside (Angus Scrimm). E, investigando el asunto, acaba descubriendo mucho más de lo que debería. Involucra en su investigación a su hermano mayor, Jody (Bill Thornbury), su único familiar vivo tras la muerte de su otro hermano y sus padres, un par de semanas antes. Y esto es, para mí, lo que verdaderamente sostiene en pie la película: sigue funcionando a la perfección el mecanismo psicológico que hace que Mike sea protagonista: un adolescente deseoso de llamar la atención de su hermano mayor, su única figura paterna cercana. La sensación de desamparo y abandono del chico es desoladora, y sea toda la historia sólo una fantasía, o bien por esta predisposición suya, se produzca algún tipo de conexión con un mundo sobrenatural que normalmente no es percibido, lo cierto es que, al poco de comenzar a desfilar las imágenes, estamos inmersos en ese extraño y desértico pueblo donde apenas hay vida más allá de un bar y en el que el sitio más poblado parece ser el cementerio.

El punto de vista de la película es, sin ninguna duda, el de una pesadilla. La lógica prácticamente no existe: se busca más la sensación de terror, de constante asedio –como en las mejores obras de Lucio Fulci- que la coherencia convencional de una historia más o menos bien estructurada. Y lo mejor del asunto es que funciona: ¿cuál es el paralelismo entre el diapasón que utiliza Reggie (Reggie Bannister) para afinar su guitarra, y los dos pivotes de metal que dan entrada a la otra dimensión? No tengo ni idea, pero como puro espejo, como muestra de un elemento que ha sido sembrado de un modo casi inconsciente anteriormente, acierta. Por eso, pienso que en “Phantasm” hay más sabiduría narrativa de la que aparenta. Tampoco tendremos nunca una explicación sobre el origen de las esferas voladoras, ni de porqué las extemidades cercenadas del Hombre Alto se convierten en insectos pero, ¿a quién le importa? Sólo se explica lo imprescindible, a veces de un modo precipitado (de un solo visionado a la otra dimensión, Mike sabe para qué quiere el sepulturero los cadáveres), pero hasta este caso mencionado es acertado: el hombre se sigue preocupando de sus seres queridos incluso una vez que han dejado de vivir (si no, no enterraríamos a nuestros muertos), y ese sentimiento es el que aparece cuando vemos que hay alguien que “abusa” (es sólo un modo de hablar) de los cadáveres.

Mención aparte, por supuesto, merece la música. La melodía principal, repetitiva y climática, de Fred Myrow está casi tan asociada a esta película como la de Halloween de Carpenter. Son muy similares (realmente, es más bien una mezcla entre la de “La Niebla” y los score giallo de Goblin), quizás un homenaje. Lo desconozco pero, desde luego, ha logrado que uno se acuerde de ella y la identifique, al instante, con su mundo.

Con mayor (la mayoría de las veces) y menor fortura, “Phantasm” es una película de terror que, a pesar de sus arrugas, ha visto pasar el tiempo casi incorrupta, como un cadáver bien preparado por un embalsamador sabio… probablemente, por su atrevimiento: para contar su historia de la manera que pide la propia historia, es capaz de inventarse unas normas.

Pasaron casi diez años hasta que Don Coscarelli se propuso retormar a su Hombre Alto. Y, en esa década, el terror había cambiado. La saga de “Viernes 13” había elevado a estrella la figura del villano, al igual que “Pesadilla en Elm Street”. El género fue demasiado consciente de lo atractivo que resultaba la figura del malo, y el Hombre Alto volvió dispuesto a conseguir un puesto en el panteón del cinéfilo. A “Phantasm 2” le pasa como al género: es demasiado consciente de sí misma. Mike (James LeGros), ya convertido en un joven, y su amigo Reggie (el mismo que en la anterior, Reggie Bannister), andan tras el Hombre Alto. La película tiene un gran acierto que no siempre está todo lo presente que debería: que los pueblos por los que el sepulturero va viajando, se quedan asolados a su paso. Esto la sitúa, otra vez, en el abstracto mundo de pesadilla de la primera, y la convierte en una especie de western donde estos dos cowboys solitarios andan tras un peligroso bandido que, además, les va dejando mensajes/trampa, como el momento en que Mike cree encontrar por primera vez a Liz, dando lugar a uno de los mejores momentos de la película… muy heredero, a su vez, del mundo “Pesadilla en Elm Street”, en el sentido de convertir al ídolo malo, Freddy/Hombre Alto, en un cambiaformas que lo mismo sale de un teléfono que del abdomen de un personaje. A pesar de que es un momento muy potente, es quizás también muy revelador del principal problema de la película: si la anterior era absolutamente autónoma, sin referencias, en busca de su propio lenguaje, esta secuela huele a fórmula: hay humor, gore, evolución de algunos elementos propia de una segunda parte (las esferas metálicas se vuelven más sofisticadas, el final del Hombre Alto se obliga a ser más espectacular que el de su predecesora…). Aún así, cuando deja de lado la “herencia” secuela y se centra en su material genuino, recupera la capacidad de sorprender y ofrecer buenos momentos.

Para “Phantasm 3: Lord of the Dead”, (Don Coscarelli, 1994), esta sensación de fórmula se acentúa mucho más. Y así sigue con la cuarta, “Phantasm 4: Oblivion” (Don Coscarelli, 1998). La segunda parte aún es rescatable y tiene momentos bastante puros. Al margen de que me gustan estas dos películas, me parecen interesantes porque ejemplifican con bastante claridad este paso de un modo de hacer terror a otro, algo así como esa historia que se cuenta sobre “Tiburón” (Steven Spielber, 1975): fue, sin pretenderlo, el primer blockbuster pero, a partir de él, se empezó a estudiar la fórmula para intentar conseguir siempre uno. A veces se acierta, pero otras no.

PHANTASMA

PHANTASMA II

Lo mejor: que Phantasm se enfrenta a un mundo de pesadilla para el que no hay reglas anteriores, así que se las inventa.

Lo peor: que Phantasm 2 tiene mucho de fórmula/secuela.