
LA VALORACIÓN:
70 |100
Estrellas: 4

5bia ó Phobia 2, es la segunda parte de 4bia ó Phobia. Antología tailandesa de terror filmada en 2008. A la antigua usanza, como en Creepshow, El gato Infernal ó Los Ojos del Diablo pero sin usar ninguna secuencia de enlace entre las historias; Phobia nos presentaba hace un par de años a los directores y guionistas más destacados del tan cacareado cine de terror tailandés. No es mi intención disertar sobre las bondades y fallos del cine oriental aquí, pero no puedo evitar señalar unos detalles de los que deberíamos aprender los occidentales:
En concreto y hablando de Tailandia, resulta que el cine de terror tiene unos resultados espectaculares en taquilla. Las estrellas locales no tienen ningún problema en prestar su cara a proyectos bien diseñados que hacen hincapié en ese horror directo y nada sucinto, el cual la cultura anglosajona, ha intentando relegar a un entretenimiento de segunda; mortaja de la que afortunadamente nos vamos desprendiendo con el paso del tiempo. Y este éxito anima a la realización de más cintas terroríficas con mayores presupuestos e incluso con mayor proyección internacional. Resulta divertido notar como Hollywood posó su mirada en tierras tan lejanas para nutrirse de ideas como inspiración, para finalmente realizar un expolio consentido de guiones directos a “remake”. Sin embargo, con la perspectiva que da la distancia, observamos que desde el lanzamiento mundial de Ringu (The Ring), se ha desarrollado una sinergia espontánea en el cine de terror oriental, no menos divertida. El mejor ejemplo de todo lo comentado es la tailandesa 4bia. Dado el éxito nacional e internacional de películas como Shutter, Alone ó Body 19; sus avispados productores decidieron reunir a las jóvenes promesas del cine fantástico de su país en una sola película, obviamente el formato obligado era la antología de cortos. Tailandia es uno de los países asiáticos con más capacidad de apertura. Expertos en la imitación y sin prejuicios a la hora de rodar. 4bia resultó un exitazo por su fuerte vocación comercial, a la vez que por unas cualidades técnicas que esta gente parece haber desarrollado de una forma innata. Nunca dejaré de maravillarme del uso de la fotografía que se hace en el este. Algo fría pero terriblemente eficaz a poco que cuenten con algo de presupuesto. Cuatro historias de terror orientales de fácil digestión europea algo similares al clásico arroz tres delicias que pedimos en nuestro restaurante chino favorito: está bueno, lo disfrutamos, no es exigente pero a las pocas horas nuestro estomago ya se ha olvidado del plato ingerido.
Cuando un país oriental alcanza el éxito con algún producto lo repite y potencia pero con más ahínco. Por muy increíble que resulte, esta gente supera en este aspecto a Estados Unidos, la nación de la secuela por excelencia. Con lo que 5bia es consecuencia lógica de todas estas elucubraciones. No ha pasado casi un año y tenemos, otra vez, al mismo equipo de los cortos originales creando otro producto visualmente colorista (con una historia más que su predecesora) y de fácil consumo; que como toda antología, sufre de lógicas fluctuaciones de calidad dependiendo del segmento que estemos viendo. Con ciento veinte minutos y cinco historias, es obvio que nos encontraremos de todo pero que nadie se desanime ni por su larga duración ni por los altibajos. Las historias no tienen nada que ver entre ellas lo más mínimo, con lo que el espectador cansado puede posponer el corto siguiente todo lo que quiera. Me resulta complicado considerar esta desconexión entre partes como un handicap puesto que la intención de esta recopilación no podría estar más lejos de un concepto de uniformidad. No obstante viendo los resultados de la bastante superior Trick or Treat, me he quedado con las ganas de saber como habrían reflejado un nexo de unión entre las distintas historias; gente de tanto talento como la que dirige 5bia.
En cuanto, a la calidad de cada segmento eso es harina de otro costal y más comprensible (aunque enormemente odioso) en una producción que junta cinco visiones del terror tan distintas en un mismo envase. Aunque la media de los segmentos da la nota proporcionada a la película, y esta es una valoración que espero os anime a disfrutar de la antología, que nadie se desanime mientras la visiona si en algún momento puntual las cosas parecen chirriar más de lo normal dentro de la pantalla. Por mucho que se haya realizado un esfuerzo de producción en pro del espectador occidental, 5bia no deja de ser un film netamente tailandés con todos esos tópicos que los amantes y detractores del cine “exótico” llevamos años debatiendo. Probablemente este debate se irá diluyendo, a medida que el nivel de globalización cultural que vivimos vaya aumentando.
Con todo lo comentando hasta ahora, parece necesario diseccionar la película historia a historia para ofrecer una perspectiva valida de la misma. Y es que, no en vano, cada una de las piezas que componen este puzzle del horror es una pequeña película con todos sus guiños y esfuerzos técnicos.
Novice
Un joven problemático es internado por su madre en un monasterio budista. Nuestro protagonista no esta a gusto entre sus compañeros monjes y sus tradiciones ancestrales. Agobiado empieza a planear su huida sin darse cuenta que la razón de su huida es su propio pasado.
Aunque no lo pueda parecer por su argumento, esta historia intenta dar una simplona vuelta de tuerca a la tradición karmica, esa creencia budista en la que cada acto bueno ó malo vuelve a ti. Teniendo en cuenta su escasa duración tampoco podemos pedirle demasiada profundidad al guión pero su intencionalidad terrorífica se pierde en algunas escenas lentas, así como en un actor protagonista muy jovencito y superficial. Aquí aclaró que los actores tailandeses nunca me han parecido especialmente expresivos, a pesar de superar con creces a los japoneses en expresividad emocional. De hecho pocas de las historias destacan por sus actores a excepción de la última. Sin ser ninguna maravilla entretiene y sobre todo resulta impactante por su escena final. Si en algo destaca dicho final, es en su crueldad y violencia. A parte de estos detalles, lo más destacables es una lograda ambientación gótica y la eficaz dirección de Paween Purijitpanya, director de la sobrevalorada Body 19, que en particular a mi me provocó excesivos bostezos.
Ward
Un motorista sufre un accidente y con la pierna rota pasa su convalecencia en un hospital aparentemente normal. Pronto empieza a sospechar que el anciano moribundo de la cama contigua esconde un siniestro secreto. Impedido junto a esa respiración ahogada, nuestro protagonista siente su habitación más como una prisión que como un refugio.
El segmento más breve con diferencia y el más equilibrado en argumento frente a acción. Con escasos elementos, pocos actores y diálogos inexistentes se crea una atmósfera opresiva y cuasi onírica que parte de un miedo muy humano: estar invalido en una cama de hospital con un compañero de habitación que no conoces. Esta mínima premisa cristaliza en un cuento de terror clásico a más no poder y muy satisfactorio por su falta de ambición; acorde al metraje usado. Como no puede ser de otra manera, estos breves minutos ofrecen secuencias planificadas a la perfección, así como planos que resultan envidiables por la soltura de cámara que reflejan. Como anécdota comentaros que Visute Poolvoralaks, director de Ward, tomo el rodaje de este corto ante la baja del director previsto debido a un accidente de coche. Todavía no se han demostrado fuerzas sobrenaturales detrás de este suceso.
Backpackers
Backpackers ó mochileros en castellano nos muestra a una pareja de jóvenes japoneses viajando a dedo hacia Bangkok. En un apartado camino rural un transportista y su sobrino deciden ganarse un sobresueldo llevando a los japoneses. Pero, ¿Qué macabra carga se oculta en la parte trasera del destartalado camión?
Esperaba este segmento con ansiedad, sin querer revelaros nada os diré que se vendía este fragmento de 5bia como una salvaje orgía zombie al más puro estilo tai. Su propio director, Songyos Sugmakanan autor de la galardonada, dramática e intensa “Dorm”, argumenta que cansado de plasmar las tradiciones de su país en la pantalla había querido trasladar a esta, elementos típicos de la cultura occidental como los zombies pero desde una perspectiva personal. Intención patente en la explicación del origen del ataque, que es de lejos lo más interesante de la historia. Lo que se prometía, al menos para mi, como un breve festival de acción y gore; se queda en un ejercicio interesante de tensión (estupendos los momentos previos a la aparición de los muertos vivientes) y en una traslación fallida de elementos de terror yankies mostrados en una carretera polvorienta de Tailandia. No vale solo con un buen maquillaje y escasas dosis de gore salpimentadas con crítica social intrascendente. La resolución de la historia tan apresurada me decepcionó, esperaba algo más que buena técnica.
Salvage
La dueña de un concesionario de coches usados no es muy escrupulosa con el origen de los coches que vende. Todo accidente puede ser disimulado en favor de conseguir mayor beneficio. Sin embargo, toda su avaricia se vuelve en su contra la noche que su hijo se pierde entre las filas y filas de coches almacenados.
Uno de los directores/escritores de las exitosas Shutter y Alone, Parkpoom Wongpoom, nos acerca un relato de terror urbano bastante tradicional y poseedor de las mejores bondades del cine de fantasmas oriental. Personajes que se dejan arrastrar por sus pecados en una espiral vengativa propiciada por unos espíritus muy reales y sin piedad. Haciendo uso de elementos modernos se va sucediendo susto tras susto, algunos muy predecibles y otro más sorprendentes y viscerales, a un ritmo cada vez más vertiginoso para terminar con una calma incomoda que asusta más que la aparición de los consabidos espectros. Es la historia que mas me ha gustado. Tras una hora y pico de 5bia tenía ganas de encontrar un segmento que se esforzase por ser generoso con las virtudes del cine de terror oriental más que con el desarrollo de elementos originales. Al fin y al cabo, acercarse a una cinta recopilatoria de estas características tan cerradas con intención de encontrar el futuro del cine de terror, me parece utópico hasta para mi. Estupendos encuadres explotando al máximo el escenario ofrecido por un sin fin de hileras de coches que acaban por generar la desagradable y esquiva sensación de: “una mano puede atraparme desde cualquier pequeño hueco”. Satisfactoria.
In the End
La famosa actriz tailandesa Marsha Wattanapanich, protagonista de Alone, está rodando su última película de terror cuando la actriz que interpreta al fantasma de pelos largos de turno, cae enferma y tiene que ser ingresada. Pero al poco tiempo y en medio del rodaje, la chica regresa misteriosamente. ¿Una actriz muerta qué desea terminar su papel a toda costa?
El otro director/escritor de Shutter y Alone, Banjong Pisanthanakum, nos ofrece el último segmento. Una comedia de terror con este toque de infantil tan típico del humor asiático. De hecho es una parodia de los tópicos del cine que practica el propio Banjong muy en la línea del corto que dirigiese para 4bia, In the Middle (incluso repite el cuarteto protagonista)
Para mi gusto, In the End es un segmento divertido que no casa muy bien con el espiritu de 5bia. Hubiese sido más interesante como segunda parte de un díptico junto a In the Middle, alargando su duración incluso.
Sin embargo lo que podría haber acabado como una historia humorística un poco bobona resulta finalmente un digno producto de entretenimiento gracias a los mohines, la belleza y la buena actuación de la señorita Wattanapanich, así como la ironía con la que se trata el mundo relativo a las producciones tailandesas de terror (genial las alusiones a los giros arguméntales, muy inteligente). Un final ligero a una buena colección de historias de terror
Yo destacaría especialmente el acabado técnico de 5bia (desde los títulos de crédito iniciales hasta los finales), que hace a esta cinta merecedora de ser exhibida en cines comerciales mucho antes que los productos vacuamente palomiteros que llenan nuestras salas de cine. Por lo menos Phobia 2 va directa a nuestro género favorito.
En resumen, tenemos dos horas de entretenimiento que muy difícilmente gustaran a los que ponen reparos a acercarse al terror oriental. Por el contrario, todos aquellos que disfrutan (y a veces sufren) este tipo de cine; encontraran interesante esta antología orientada al espectador poco exigente e incluso que no pierde de vista al espectador occidental buscador de terror de fácil consumo. Desde luego vemos un salto cualitativo con respecto la antología predecesora que es de agradacer.
Bueno, dado el éxito de esta saga no creo que tengamos que esperar mucho esa 6bia, tal vez con alguna historia que incluya al mismísimo cadáver de David Carradine.
Lo mejor: La variedad de las historias y el alto nivel técnico
Lo peor: El abuso de tópicos por y para una mayor comercialidad
¿Dónde conseguirla?
Gore Nation: “Phobia 2” en VOSE.
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Por Bob Rock | bobrock@almasoscuras.com
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LA VALORACIÓN:
76 |100
Estrellas: 4

“Zombis, cabezas que explotan, monstruos que se arrastran, y una cita para el baile… Es lo clásico ¿verdad Spanky?”
Esta es una de las numerosas perlas cultivadas por el detective Cameron, el más carismático de los personajes que aparecen en esta pequeña delicatessen ochentera, con rasgos de comedia terrorífica, y que responde al título de Night of the Creeps (1986), debut en la dirección del hasta entonces guionista Fred Dekker.
En España la conocimos bajo el título de El Terror llama a su Puerta, libérrima (e innecesaria) reinvención del Night of the Creeps original que, sin embargo, se complementó a la perfección con el ya mítico cartel que acompañó a la película: una mano demacrada rompiendo el cristal de una puerta para poder acceder al interior de la casa.
Fred Dekker dirigía su primera película tras obtener cierto reconocimiento al figurar como autor del guión de otra triunfadora comedia de horror de aquel mismo año 1986, House (House, Una Casa Alucinante).
El éxito de House dio la oportunidad a Fred Dekker de presentarse frente a los productores de la TriStar Pictures con el guión de Night of the Creeps bajo el brazo y la firme convicción de que iba a ser él mismo quién lo llevara a la pantalla.
La primera dificultad a la que tuvo que enfrentarse el debutante Dekker fue la elección del título. Su intención fue la de titular a la película The Creeps, sin embargo chocó con los intereses de la productora que tenía en su poder los derechos de Creepshow, la película dirigida por George. A. Romero en 1982 y de la que se estaba preparando una inminente segunda parte. Fue la propia TriStar la que, en previsión de evitar futuros conflictos, rebautizó a la película con el título definitivo de Night of the Creeps.
La segunda gran dificultad en la que se vio implicada la producción de la película hace referencia a la secuencia final de la misma, pero a ello volveré más adelante.
El argumento de Night of the Creeps, sobre el papel, es de esos que invitan a una visita urgente al frenopático. Un par de alienígenas que pasan por una situación apurada (no me preguntéis sobre la naturaleza de dicha situación) lanzan una sonda espacial que recorre medio universo para fijar su destino final… ¿dónde? Efectivamente, en el planeta Tierra (… mira que llega a ser grande el Universo…). Más concretamente en una pequeña población norteamericana de los años 50 (… mira que llega a ser grande el planeta Tierra…), teñida por el blanco y negro de la época, amenizada por la inmortal música de Los Platters y habitada, mayormente, por bellas jovencitas con faldas de vuelo y muchachotes que lucen orgullosos las siglas de sus facultades en sus chaquetas de lana.
En el interior de la sonda espacial habitan unas repugnantes babosas que se introducen en los cerebros de sus desdichadas víctimas (a través de la boca) para consumar la reproducción de su especie.
Una de esas babosas, casualmente ¡¿?!, se introduce en el cerebro de un demente asesino que deambula por la zona sujetando una enorme hacha y sembrando el pánico entre las confiadas jovencitas dispuestas a desvelar el secreto que se esconde bajo sus mencionadas faldas de vuelo en el asiento de atrás de un viejo Cadillac.
El asesino del hacha, con la babosa extraterrestre campando a sus anchas en el interior de su cerebro, se convierte en un horrible zombi, siendo abatido por un joven agente de policia.
Han pasado treinta años, y un par de estúpidos universitarios dejan libre, por accidente, a un cadáver criogenizado en el laboratorio de la facultad de medicina, en cuyo cerebro habitan las temibles babosas. El antaño joven policía, ahora convertido en experimentado detective, deberá enfrentarse de nuevo a la amenaza extraterrestre para salvar la vida de los estudiantes de la universidad e impedir que el mal se extienda.
Cómo podéis adivinar a partir de esta locura de argumento, Night of the Creep es un auténtico batiburrillo de homenajes, referencias, géneros y subgéneros que necesitaba de poco menos que un milagro para no caer en las garras del esperpento y el ridículo más espantoso.
Los primeros quince minutos de Night of the Creeps contienen guiños y homenajes varios a la sci-fi de los 50 (con películas como The Blob o Body Snatchers a la cabeza), al género slasher, tan en boga a mitad de los ochenta (las sagas de Viernes 13, Halloween, y Pesadilla en Elm Street estaban en pleno apogeo), a las comedias de ambiente universitario, y a los zombis de George A. Romero; en un continuo juego de referencias que estaría presente, no solamente en esos 15 minutos iniciales, sino que se prolongaría durante el resto de la película.
Y ese es sin duda el gran mérito que debemos atribuirle a todo un debutante (recordémoslo) como era Fred Dekker en aquel momento: conseguir que tal cantidad de referentes y homenajes, incrustados en el seno de un argumento que, aparentemente, no tenía ni pies ni cabeza, derivara finalmente en una de las comedias de horror más divertida, simpática, eficaz y memorable de los 80.
Porque Night of the Creeps es puro cine de género de los 80. Pertenece a esa serie B colorista, de argumento sencillo (y en ocasiones estúpido, sin más…), rodada con pocos medios pero muchísimo entusiasmo, y cuya única finalidad era la de entretener y divertir al espectador. Me remito a títulos del calibre de Terrorvisión, Noche de Miedo, Jóvenes Ocultos, Critters, Xtro, Una Pandilla Alucinante (también de Fred Dekker) y un largísimo etcétera.
Por supuesto no todas estas películas han envejecido de la misma forma. Night of the Creeps ha resistido el envite del tiempo de manera admirable, y lo ha hecho gracias, principalmente, al magnífico guión de Fred Dekker.
Los diálogos son siempre ágiles. La acumulación de bromas y chistes funciona.
Las constantes referencia al género son divertidas. Cada persona o lugar tiene el nombre de un famoso director del género: Cronemberg, Landis, Carpenter, Cameron, etc…
Comedia, acción, romance juvenil, terror e incluso gore (ver la secuencia de la cortadora de césped, de la que probablemente Peter Jackson tomó muy buena nota), están perfectamente dosificados y combinados entre sí.
Los protagonistas, pese a responder a unos estereotipos muy evidentes, reúnen todos ellos cierto carisma (incluso el amigo bocazas del protagonista –que se pasa todo el metraje apoyado sobre un par de muletas a causa de una incapacidad física- resulta más gracioso de lo habitual) y se benefician enormemente de las líneas de diálogo que les tiene reservado el guión de Dekker.
A destacar la presencia del veterano Tom Atkins (unos de esos rostros secundarios del cine norteamericano que nos resultan tan familiares) en el papel de un hastiado detective de policía que está de vuelta de todo (homenaje a un tipo de personaje muy ligado al cine negro clásico). Suyas son algunas de las más ocurrentes y recordadas frases de Night of the Creeps.
Y Zombis… los amantes de los zombis también tendrán aquí su ración de muertos descompuestos, caminando torpemente, y acosando a inocentes jovencitas de una fraternidad femenina. ¿Sus puntos débiles? Un certero balazo en la cabeza y el calor de un lanzallamas. Memorable la secuencia en la que los chicos de la fraternidad masculina, que se dirigen en autobús al baile, sufren un aparatoso accidente y se convierten, todos ellos, en muertos vivientes. Una secuencia culminada con la que posiblemente sea la frase más célebre del detective Cameron (dirigiéndose a las chicas): “Tengo dos noticias: la buena es que los chicos ya están aquí. La mala es que están muertos”.
Sé que en ocasiones como esta, a la generación de los treinta y pocos, nos cuesta trabajo prescindir del factor nostalgia, pero creo que no me equivoco al afirmar que Night of the Creeps sigue siendo hoy en día una película totalmente vigente, que ha perdido muy poquito de su encanto original y especialmente recomendable para esas nuevas generaciones de aficionados que todavía no hayan tenido la oportunidad de disfrutarla. Una pequeña joya de los 80…
Ooops… casi olvido el problema de Fred Dekker con el final de la película. El bueno de Dekker ideó un final totalmente distinto al que finalmente se estrenó en pantalla grande. En la secuencia final originalmente planteada por Dekker, uno de los personajes principales de Night of the Creeps aparecía andando calle abajo, con un lamentable aspecto. Su cabeza explotaba y las babosas del interior quedaban libres en mitad de un cementerio cercano (con las consecuencias que todos podéis imaginar). Dekker cometió el error de presentar la secuencia final a los productores sin estar todavía completada la postproducción de la misma ni añadidos los efectos especiales. Los productores rechazaron el final presentado por Dekker y le obligaron a reescribirlo por completo.
Dekker siempre ha defendido que su final original era muchísimo mejor que el que acompañó a la película en su estreno.
Lo mejor: Su inacabable capacidad para divertir mezclando todo tipo de subgéneros, homenajes y referencias.
Lo peor: Que muchos no hemos tenido la oportunidad de ver el final que Fred Dekker realmente quiso para su película.
AUTOR: Joan Lafulla | PUBLICADO: 14/01/10 | CATEGORIAS: Horror Revival , Zombies
Tags: horror revival,
humor,
monstruos,
serie b,
zombies

Isaac Berrokal es el director de La Casa Brown, un salvaje, sangriento y divertidísimo cortometraje que ya ha recibido un buen número de premios y menciones especiales en diversos festivales especializados y que ha sido seleccionado para participar en el I Festival de Cine fantástico y de terror Scifiworld y para formar parte de la Selección Oficial del Festival Internacional de Cortometrajes Filmets 2009, en su 35ª edición.
La Casa Brown cuenta la macabra historia de cuatro jóvenes boy-scouts cuyos cuerpos aparecieron brutalmente masacrados (dos de ellos sin cabeza) el 12 de agosto de 1995. Los cadáveres fueron encontrados en las proximidades de Aillón (Segovia) y ahora se les relaciona con la terrible carnicería ocurrida en una pensión céntrica de la localidad, conocida como La Casa Brown.
Una trama y unos personajes enfermizos, generosas dosis de sangre y gore (con unos excelentes FX de maquillaje), y un oscuro y macabro sentido del humor, se dan cita en La Casa Brown, un sentido, irreverente y demencial homenaje a La Matanza de Texas (el propio Berrokal ha declarado que todos los personajes de La Casa Brown están basados en los de la mítica película de Tobe Hooper) que estoy seguro os encantará. No os lo perdais…
AUTOR: Joan Lafulla | PUBLICADO: 03/01/10 | CATEGORIAS: Noticias
Tags: cortometraje,
festivales,
gore,
humor
LA VALORACIÓN:
62 |100
Estrellas: 4

Viendo la película es fácil imaginarse lo mucho que llegó a disfrutar el irlandés Glenn McQuaid escribiendo, en primer lugar, y dirigiendo finalmente la comedia I Sell The Dead.
Es más, no tengo el placer de conocer personalmente al bueno de Glenn McQuaid, pero tras disfrutar de su segunda película como director (la primera se tituló The Resurrection Apprentice, 2005) podría apostar mi cuello (algo que encaja perfectamente con el espíritu de la película), a que es un enorme aficionado a la serie B terrorífica, a los monstruos de la Universal, a las maravillas de la Hammer, a los comics de la EC… en definitiva, y tal y como gritarían los entrañables seres deformes de La Parada de los Monstruos (Freaks, 1931): “uno de los nuestros”.
Ambientada en la segunda mitad del siglo XIX, I Sell The Dead (algo así como “Vendo la Muerte”) cuenta la historia de un par de delincuentes de baja estofa cuyo principal medio de subsistencia es la profanación de tumbas. Por desgracia para ellos viven a expensas de un médico que experimenta con los cadáveres y al que se ven obligados a vendérselos a un precio irrisorio, bajo amenaza de aquel de ser denunciados a la policía por sus actividades delictivas.
Una afortunada noche descubren que existe una clase muy especial de muertos que podrían aumentar considerablemente las expectativas de beneficios de su particular negocio.
A partir de una línea argumental tan sencillita como la que os acabo de describir, Glenn McQuaid se saca de la chistera una demencial mezcla de géneros repleta de guiños al aficionado al terror. Fantasmas, muertos vivientes, vampiros, mad-doctors, asesinos, cadáveres, tumbas… todos tienen su minuto de gloria en I Sell the Dead. Incluida una desternillante aparición especial susceptible de provocarle un intenso orgasmo al mismísimo Fox Mulder de Expediente X.
La vida de estos dos pillastres se cuenta a través de una serie de flashbacks que, en la mayoría de ocasiones, funcionan como historias totalmente independientes las unas de las otras, lo cual facilita enormemente a Glenn McQuaid la posibilidad de ir incluyendo toda una galería de variopintos personajes, extravagantes situaciones y elementos sobrenaturales que, en un estilo narrativo más lineal, difícilmente hubieran podido compartir un mismo espacio.
El resultado, en la práctica, es que asistimos a una experiencia muy similar a una antología de episodios (tomemos como referencia el Creepshow de George A. Romero) en el que el único punto de conexión entre las distintas historias es nuestra estrafalaria y torpe pareja de protagonistas.
Y como suele ocurrir en toda antología de episodios, en I Sell The Dead conviven momentos de un más que satisfactorio sentido del humor (ver la divertidísima secuencia del vampiro o la reacción de un zombi al contemplar la cara desfigurada de un miembro de la banda rival), junto a otros mucho menos inspirados, carentes de sofisticación, y en los que el exceso de diálogos intrascendentes y sin gracia logran despistar al espectador al tiempo que suponen un duro lastre para el ritmo de la película.
Pero si como comedia I Sell The Dead resulta tremendamente irregular y echamos decididamente en falta un puntito extra de locura y gamberrismo; como ejercicio formal y de estilo la película de Glenn McQuaid no tiene desperdicio alguno. Pese a contar con un presupuesto de guerrilla, I Sell the Dead hace gala de una excelente ambientación que nos transporta, sin aparente esfuerzo, a las añejas, góticas, coloristas y deliciosas piezas de la Hammer británica. E incluso cuando la película, en su recta final, nos transporta a una isla abandonada de largas palmeras y arenas blancas, tenemos la firme impresión de haber cruzado el umbral de la Isla del Tesoro de Stevenson y asistir a un delirante espectáculo de aventuras, piratas y tesoros ocultos (aunque en esta ocasión el tesoro oculto tenga los rasgos de un par de estúpidos muertos vivientes). En este sentido, la labor de Glenn McQuaid resulta impecable.
De la misma manera que también resulta sobresaliente el esfuerzo de todos los actores que forman parte del elenco de I Sell The Dead, desde la imponente presencia del siempre resolutivo Ron Perlman (Hellboy, 2004), pasando por las divertidas y revitalizantes interpretaciones del dúo protagonista, Dominic Monaghan (El Señor de los Anillos, 2001) y Larry Fessender (The Last Winter, 2006), y culminando con la enigmática y disfrutable participación de Angus Scrimm, al que los más viejos del lugar recordamos como el mítico Hombre Alto de la saga Phantasma.
No es una película para reír a mandíbula batiente ni tampoco creo que vaya a pasar a la historia como una de las mejores mezclas de comedia y horror. Pero tan sólo por recompensar la desfachatez y el atrevimiento mostrados por Glenn McQuaid al reunir en una película de época tal cantidad de monstruos y elementos sobrenaturales, sin que el experimento nunca llegue a descarrilar, y logrando que la cosa tenga su gracia en determinados momentos, vale la pena darle una oportunidad a este I Sell the Dead.
Una comedia simpática, amena, perfectamente ambientada, con grandes interpretaciones, alguna que otra sorpresa y, en definitiva, un ligero soplo de aire fresco para todos aquellos que deseéis descansar, durante unos instantes, de tanta sangre, tripas y horror.
Lo mejor: La acertada mezcla de subgéneros, monstruos y elementos sobrenaturales. Determinadas secuencias realmente graciosas.
Lo peor: Determinados momentos lastrados por el exceso de diálogos que no acaban de funcionar.
¿Dónde conseguirla?
Gore Nation: “I Sell the Dead” en VOSE.

LA VALORACIÓN:
69 |100
Estrellas: 4
Desde el primer instante en que supe de la existencia de una película titulada Black Devil Doll cuyo argumento giraba en torno a un muñeco negro de madera dispuesto a follarse a cualquier rubia siliconada de encefalograma plano que se le pusiese por delante, supe perfectamente cuál sería la escena que acabaría representándose en el salón de mi casa.
Un par de sospechosos habituales (los de siempre), la nevera surtida de una cantidad de cerveza suficiente para nublar nuestros sentidos (incluido el sentido común), toneladas de predisposición a pasar un buen rato y, por supuesto, cruzar los dedos para que, finalmente, Black Devil Doll nos ofreciera una pequeña parte de lo que prometía y la cosa no resultara tan tremendamente horripilante (e insoportable) que ni siquiera hiciera gracia.
La joven y voluptuosa (esto será una constante) Heather se encuentra aburrida en casa sin saber qué hacer. Gracias a Dios tiene al alcance de su mano una tabla guija con la que matar el tiempo. Lo que jamás sospecharía la buena de Heather es que la dichosa tabla provocaría que el espíritu de un militante activista negro llamado Mubia Abuj Jama, acusado de matar y violar a 15 mujeres caucásicas, y a punto de morir abrasado en la silla eléctrica, acabaría instalándose en su casa convertido en un muñeco negro de madera de ojos saltones y pelo afro.
El fogoso y apasionado romance que vivirán Heather y Mubia Abuj Jama tan sólo se verá amenazado por los celos del exnovio cafre de ella (un patético rapero blanco que habla, se viste y se mueve cómo un negro), y las ganas incontenibles del muñeco de madera por probar nuevos coños que no sean el de su novia.
Heather, novia servicial cómo las hay pocas, organiza una fiesta en la que reúne a sus mejores amigas con el objetivo de que el muñeco de madera de ébano calme su apetito sexual… y dé rienda a su instinto asesino.
Black Devil Doll es una gilipollez cómo un templo. Basura fílmica. El que intente tomarse en serio uno solo de los fotogramas de la película, está perdido.
Encuadrada dentro de los parámetros de la serie Z más letal y ponzoñosa, Black Devil Doll nos ofrece un interminable desfile de sexo guarro y mugriento, diálogos ofensivos, situaciones disparatadas y ordinarias, putas neumáticas que harían las delicias del viejo Russ Meyer (a no ser que a Russ Meyer le supusiera algún problema el exceso de silicona…), grandes tetas, enormes culos, excrementos, poca materia gris y considerables dosis de sangre y gore.
En otras palabras: Black Devil Doll ofrece, exactamente, todo aquello que promete.
Si a ello le sumamos unos extraordinarios títulos de crédito al más puro estilo James Bond, un aspecto visual no tan desastroso cómo cabría esperar en una producción de este calibre, unos efectos baratitos pero que cumplen perfectamente con su cometido, y unas actuaciones… está bien, las actuaciones son un desastre en toda regla. No hay quién se salve ( el más expresivo de los ¿actores? implicados en Black Devil Doll es, precisamente, el muñeco de madera); el resultado final será el siguiente: para muchos la excusa perfecta para reunir a los amigos y encabezar una doble o triple sesión de cine bizarro y hediondo. Para otros tantos una repugnante, apestosa e insufrible ofensa que jamás debió ver la luz del día.
Y cómo de lo que aquí se trata es de dar mi opinión personal, pues ahí va: me gustó Black Devil Doll. Puse mi encefalograma en números negativos y me reí de sus estupideces, de sus cochinadas, sus obscenidades, su gamberrismo, su pestilencia… Pero, aún así, no voy a recomendárosla. Me he esforzado en describiros de forma clara y concisa lo que una película como Black Devil Doll puede llegar a ofreceros. A partir de aquí la decisión es vuestra. Por supuesto todos aquellos que os consideréis fanáticos del cine más bizarro y cutre, de la serie Z más recalcitrante, tenéis una cita ineludible con esta pseudo-pornográfica y deforme mezcla de blaxploitation, muñeco diabólico, las chicas de Russ Meyer, y el cine de la Troma. Al resto, os toca decidir. Yo me lavo las manos.
En cualquier caso, si decidís darle una oportunidad a Black Devil Doll, os recomiendo hacerlo en buena compañía. Al menos para no tener la sensación de que sois los únicos enfermos capaces de tragaros tamaña ofensa al séptimo arte, y que encima os acabe gustando.
Para finalizar, una aclaración sobre la puntuación que acompaña a esta reseña. Si en alguna ocasión han tenido algún tipo de significado los dichosos numeritos y estrellitas que suelo darle a las películas… éste no sería el caso. Me parece absurdo intentar puntuar Black Devil Doll de una forma, más o menos, objetiva. Así que finalmente me he decidido por otorgarle una nota simbólica (y muy poco sutil) que creo que casa perfectamente con el espíritu de la película.
Lo mejor: Amigos, cervezas y ganas de diversión...
Lo peor: Lo habitual en este tipo de producciones. Para muchos una excelente opción para una sesión de medianoche. Para otros una bazofia inmunda.
¿Dónde conseguirla?
GoreNation: "Black Devil Doll" en VOSE.
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Por Joan Lafulla | joan@almasoscuras.com
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LA VALORACIÓN:
60 |100
Estrellas: 4
¿Qué demonios podían aportar los ingleses a un género tan genuinamente norteamericano como es el slasher? La respuesta es obvia: su particular sentido del humor.
En un elitista colegio británico, el joven Darren Mullet, harto del acoso al que se ve sometido a diario por parte de sus compañeros, decide quitarse la vida.
Justine Fielding, líder de las estudiantes, pronuncia un emotivo discurso de despedida en honor a Darren Mullet, en presencia de los padres de éste último. El problema es que Justine ni siquiera logra recordar la cara de Darren Mullet.
Tras el entierro, un grupo de populares estudiantes empieza a recibir amenazadores mensajes que provienen, supuestamente, del teléfono móvil del recién fallecido. Alguien parece dispuesto a ajustar cuentas con todos aquellos que causaron el tormento de Darren Mullet.
Tormented, película de bajo presupuesto dirigida por el debutante director británico Jon Wright, será poco más o menos que una catarsis para todos aquellos que, en alguna ocasión, fueron víctimas de abusos por parte de sus compañeros de clase, y soñaron despiertos con devolver el castigo a sus agresores de forma corregida y aumentada.
No se trata tampoco de buscar en Tormented ningún tipo de crítica soterrada o lectura social, seria y consistente, al triste fenómeno del bullying o acoso escolar.
El bullying está presente, e incluso es el catalizador de una de las secuencias más incómodas de Tormented (aquella en la que los teléfonos móviles de los compañeros de clase de Darren echan humo); sin embargo, el tono ligero de la película a la hora de afrontar el tema provoca que el acoso escolar no sobrevuele más allá de la pura excusa argumental sobre la que construir un teen-slasher cargado de bilis y humor.
Un humor negro y corrosivo que se refleja, en primer lugar, sobre todos y cada uno de los estereotipados protagonistas de Tormented: el chico irresistiblemente guapo, el musculoso poco aficionado a usar el cerebro, la rubia boba, la zorra orgullosa de serlo y el íntegro aparentemente víctima de las circunstancias. Todos ellos NO son simplemente estúpidos o incautos, al estilo de lo que suele ofrecernos los teen-slashers norteamericanos.
A estos, más allá de sus propias individualidades, les une un único denominador común: son escoria clasista y opresora. Una pandilla de auténticos hijos de puta (y perdón por el improperio, pero sospecho que a los que veáis la película se os pasará por la cabeza un calificativo similar a este).
Todos ellos, en mayor o menor medida, tienen parte de responsabilidad en la muerte de Darren, ya sea por acción (ejecutando las múltiples humillaciones y vejaciones a las que se vió sometido Darren a diario), o por omisión (quedándose de brazos cruzados antes los abusos cometidos).
No se salva ni uno solo. Incluso los profesores (atención al odioso profesor de educación física) y el director de la escuela se muestran enfermizamente permisivos con el acoso escolar.
Con este panorama sobre la mesa llega un momento en el que el espectador de Tormented tiene las cosas muy claras: el deseo de que Darren regrese y empiece a impartir justicia es irrefrenable.
Y por supuesto, tratándose de un slasher, es indudable que los culpables van a recibir su mercecido, con lo que entramos de lleno en esa gran asignatura que debe aprobar todo buen slasher: las muertes.
En Tormented hay dos tipos de muertes: unas apuestan por la violencia gráfica más explícita (con algún que otro momento gore bastante disfrutable), mientras que un segundo grupo de muertes destila un delicioso humor negro y constituye el punto álgido y la aportación más original de una película cómo Tormented (ver la secuencia de la piscina).
Sin embargo, si a menudo analizamos la valía de un slasher atendiendo principalmente a sus muertes y a la caracterización y personalidad del asesino, es en este segundo punto donde Tormented muestra sus carencias.
El asesino de Tormented, una criatura confusa (¿zombi? ¿fantasma?) que, en un momento dado, no duda en mostrar abiertamente sus sentimientos, nunca parece constituir un amenaza decididamente real o demasiado incisiva. Es complicado tomárselo demasiado en serio. Quizás porque, en ocasiones, sus métodos son mucho más divertidos que aterradores (lo cual ya he señalado que es una de las mejores aportaciones de Tormented, por lo que es absurdo criticarlo), o quizás porque en todo momento le percibimos más cómo a una víctima que cómo a un verdugo. Sea como fuere, la conclusión es que tenemos a un asesino con una capacidad de intimidación muy pobre, de lo cual se resiente el resultado final de la película.
Tormented es un slasher juvenil pretendidamente moderno y cool, afín a las nuevas tecnologías (móviles, cámaras de vídeo, internet) , al sexo light entre colegiales, a las canciones –y al estilo de montaje- de la MTV, al humor negro y a la crueldad adolescente; y que cumple con facilidad allá dónde más se le exige: el diseño de las muertes.
Aunque para disfrutar de esas muertes tengamos que pagar el peaje de conocer a la pandilla de snobs indeseables que pueblan este típico colegio británico. Un slasher gamberro, que se deja ver con facilidad, y con un par de muertes ciertamente divertidas.
Lo mejor: Es un slasher ágil, de fácil consumo y con un par de muertes realmente divertidas.
Lo peor: Los diálogos y las situaciones vividas por este odioso grupo de estudiantes pueden llegar a cansar.
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Por Joan Lafulla | joan@almasoscuras.com
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No es la primera vez que una spoof-movie tiene en su punto de mira el género terrorífico. En realidad, una de las más exitosas sagas de películas que parodian otras películas (algo parecido sería la definición de una spoof-movie) ha sido la de Scary Movie.
Ahora nos llega Transylmania, escrita y dirigida a cuatro manos por David y Scott Hillenbrand, una parodia del género vampírico que nos traslada hasta un centenario castillo de Transilvania, cuyo interior alberga la singular Universidad de Ravdan. Profesores vestidos de cuero negro, un gigante decano, aprender a esgrimir un crucijifo con soltura y alegres vampiresas en top-less, son algunas de las peculiaridades de esta universidad que amenaza con matarnos... de risa.
Soy fan declarado de Agárralo como puedas, Top Secret, Aterriza como Puedas e incluso me reí con algunas secuencias de Hot Shots. Sin embargo me echo a temblar cuando escucho mencionar engendros del calibre de Epic Movie, Casi 300 o las secuelas de Scary Movie.
Quizás peco de pesimista, pero el trailer de Transylmania me recuerda más a estas últimas. Aún así habrá que darle un voto de confianza... o no.
AUTOR: Joan Lafulla | PUBLICADO: 09/09/09 | CATEGORIAS: Noticias

LA VALORACIÓN:
69 |100
Estrellas: 4
Lo primero que hay que decir sobre The Machine Girl, splatter escrito y dirigido por el japonés Noboru Iguchi, es que la película no engaña absolutamente a nadie.
Todo lo que está dispuesta a ofrecernos una película cómo The Machine Girl queda expuesto, sin asomo de dudas, en la secuencia inicial que acompaña a los títulos de crédito: innumerables geisers de sangre, decapitaciones, desmembraciones, efectos digitales a mansalva, paupérrimas coreografías de lucha y, por supuesto, gore facilón, festivo, descerebrado y surrealista. Elementos todos ellos que para una buena parte de aficionados al género (aquellos que, precisamente, sienten debilidad por la sangre y las vísceras sin necesitar de demasiadas coartadas argumentales que las justifiquen) serán motivo más que suficiente de júbilo y celebración. Para muchos otros, estoy convencido de que The Machine Girl no será más que una salvajada sin sentido, bañada en hemoglobina, a la que no merece la pena prestar demasiada atención.
Ami es una joven y aplicada estudiante que, tras el suicidio de sus padres, causado por una injusta acusación de asesinato, queda al cuidado de Yu, su hermano menor.
Yu, y su mejor amigo Takeshi, son asesinados a manos de una pandilla de aprendices de mafiosos capitaneados por Shu, hijo de un temido Yakuza.
La venganza, a manos de Ami y de la madre de Takeshi, será inminente.
Argumentalmente The Machine Girl es pobre, muy pobre. Una típica historia de venganzas que choca con la torpeza general de las interpretaciones de todos sus protagonistas, los numerosos agujeros en el guión y la ineptitud en su exposición.
Una historia, escondida bajo litros y litros de sangre, que no interesa. No atrae. ¿Se traduce esto, en el caso de The Machine Girl, en un defecto de fabricación? Ni hablar. En absoluto. Estoy convencido de que Noboru Iguchi es un tipo hábil, inteligente y perfectamente consciente de que los posibles fans entusiastas de The Machine Girl (que seguro los hay repartidos a lo ancho y alto del planeta), no llegarían a alcanzar dicho estatus gracias a la densidad argumental de su película.
La verdadera energía de The Machine Girl no hay que buscarla en una trama coherente y atractiva, o en unos personajes mínimamente trabajados, o en unos diálogos a los que tan siquiera valga la pena prestar atención. Quién desee afrontar una película cómo The Machine Girl deberá hacerlo con la mirada precisa: disfrutar de una concatenación de momentos gore que incluyen (cómo ya he señalado al inicio de la reseña) un amplísimo catálogo de decapitaciones, desmembraciones, empalamientos, cuchilladas, torturas, cuerpos desintegrados a balazos… y más, mucho más… hay momentos en los que el objetivo de la cámara queda, literalmente, empapado de sangre.
Por supuesto no todos los momentos splatter alcanzan un mismo nivel de disfrute.
Junto a secuencias deliciosamente delirantes, imaginativas y, sencillamente, divertidísimas (prácticamente todas aquellas en las que Ami hace uso de su nueva y metálica extremidad implantada – y que da título a la película), conviven otras que no acaban de funcionar, ya sea por lo descacharrante de los efectos digitales o por pura reiteración (el enésimo geiser de sangre).
Y cómo único aderezo a tamaño chapuzón gore, tan sólo destacar un humor cafre, macabro y, en ocasiones tremendamente infantil, que logrará desestresarnos en más de una ocasión y dibujarnos una sonrisa cómplice (genial la “Superpandilla de los lamentos” posando al estilo Power Rangers o la tronchante arma taladradora que luce la principal villana de la función).
En definitiva, The Machine Girl es un festival splatter únicamente apto para los amantes del gore más sinvergüenza y socarrón, al que no le importe en absoluto que todo aquello que no esté teñido de sangre resulte absolutamente intrascendente y carente de interés. Por suerte, el ritmo frenético que Noboru Iguchi imprime a su película es el responsable último de que no nos invada definitivamente el aburrimiento en todas aquellas secuencias que no son de explícito gore. No hay tiempo para que nos sintamos cansados o hastiados de la propuesta. El tiempo transcurrido entre cada nuevo tour de force es mínimo, de manera que estamos siempre pendientes de ver cómo demonios se supera The Machine Girl a sí misma en cada nueva secuencia gore.
Absolutamente aconsejable para todos aquellos que crean que una propuesta de este tipo pueda llegar a interesarles. Por mi parte, tras ver The Machine Girl, me apunto en la agenda títulos como Tokio Gore Police, Vampire Girl vs. Frankenstein Girl y, por supuesto, la anunciada The Machine Girl 2. He disfrutado de lo lindo con The Machine Girl...
Lo mejor: La icónica imagen de la colegiala nipona con un ruidoso y mortal apéndice metálico sustituyendo a su brazo y, por supuesto, el divertidísimo festival gore.
Lo peor: todo lo que hay antes y después de cada unas de las secuencias gore es totalmente prescindible.
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Por Joan Lafulla | joan@almasoscuras.com
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No resulta sencillo encontrar material novedoso y original dentro del género zombi. Al menos en el ámbito cinematográfico, dónde la proliferación de comedias de bajo presupuesto deudoras del "Shaun of the Dead" de Edgar Wright, y los “infectados” en su plenitud de condiciones físicas, copan la práctica totalidad de las propuestas actuales (con sus debidas excepciones).
Por suerte –o por desgracia- los fanáticos del universo zombi solemos ser gente devota y comprometida (¿obcecada?) con el género, de forma que engullimos cualquier producto (o casi…) que huela a carne putrefacta caminando sobre dos maltrechas piernas.
Pero todavía hay un resquicio para la esperanza. Por supuesto seguiremos atentos a las novedades cinematográficas en busca del producto innovador que nos ayude a recobrar fuerzas, pero, mientras, cabe todavía la posibilidad de indagar nuevos medios, nuevas formas de expresión que alimenten nuestro fervor por el género.
El zombi está de moda, más que nunca. No sólo el cine está aprovechando el momento (Zombieland parece optar a un masivo estreno en salas de cine… ¡cuánto tiempo sin ver una película de zombis en pantalla grande!); sectores como el cómic o la televisión no tienen inconveniente alguno en librar esta batalla.
Y por supuesto la literatura, sin duda alguna, es uno de los medios que mayores sorpresas y satisfacciones nos está deparando en los últimos años en cuanto a temática zombi.
Ahora aparece en nuestras vidas Zoombi, una novela que nace exclusivamente del esfuerzo de su creador (a él le han correspondido las tareas de editar, publicar y, por supuesto, escribirla), y que se ha ido haciendo un importante hueco en la red a través del boca-oreja.
Zoombi cuenta la odisea, en formato de diario, de un grupo de supervivientes al Apocalipsis zombi que, bajo la representativa denominación de La Resistencia, intenta reestablecer el orden perdido.
Supongo que con semejante premisa argumental, muchos de vosotros no seréis capaces de ver, a priori, la mencionada originalidad por ningún sitio. Pues os aseguro que Zoombi es la novela sobre muertos vivientes más original, insólita y sorprendente que he tenido el placer de leer (de devorar) en mucho tiempo.
Y la originalidad de Zoombi provine de varios flancos. Por un lado, la acción se sitúa en una pequeña población de España (nunca se menciona el nombre de la población), lo cual, lejos de quedarse en la mera anécdota, define, con trazo firme, el tono de comedia coral y costumbrista que impregna todo el relato.
Efectivamente estamos en España, y eso se nota en cada frase, en cada expresión, en cada personaje, en cada referencia política o social y, por supuesto, en su particular sentido del humor. Un sentido del humor que transita desde la ironía más fina y rebuscada, hasta la pura escatología, el disparate o incluso el surrealismo; y todo ello a través, principalmente, de una batería de ingeniosísimos diálogos que se suceden a una velocidad de vértigo.
Otro de los muchos puntos a destacar en Zoombi es la caracterización de los personajes. Un par de jubilados apodados El Cid y Agustina, un policía novato al que todos llaman Trancos (personaje de el Señor de los Anillos), un par de rateros ex-convictos apodados Serpiente (Kurt Russell en Escape de Nueva York) y Donovan (el recordado héroe de la mítica serie V), y Kirk (en referencia al capitán James T. Kirk, de la nave Enterprise), un pseudo-intelectual, autor del diario, perteneciente al Grupo Pre-Cognitivo (quiénes ya habían sido capaces de augurar el desastre al que se encaminaba la humanidad), algo torpe en las relaciones humanas y dispuesto a hacerse con el liderazgo de La Resistencia. Juntos pondrán a prueba sus fuerzas y particulares habilidades (en algunos casos particularísimas – la hilarante manera que tiene Serpiente de atraer la atención de los zombis -) en aras a lograr la Zeconquista.
Toda los personajes protagonistas de Zoombi tienen una personalidad muy marcada (y perfectamente definida), y todos ellos, sin excepción, disfrutan de su minuto de gloria.
Y por supuesto los zombis. Una excelente ración de criaturas putrefactas, con ánimo de revancha, proclives a “regalar” sus sucios y apestosos excrementos a la menor oportunidad, y dispuestas a morir (de forma definitiva) de las más inusuales, esperpénticas y divertidísimas formas.
Zoombi también incluye, a modo de anexo, un Protocolo de Actuación en caso de Crisis Z (PACZ), y un Protocolo de Actuación en Caso de Herida Durante una Crisis Z (PAHCZ). Leédlos con atención y, a ser posible, memorizadlos. Pueden ser vitales para vuestra subsistencia en caso de encontraros en mitad de una invasión zombi.
Zoombi es un relato innovador sobre el fin de la humanidad que conjuga estupendamente acción, gore, socarronería, escatología, romance, política, zombis… y todo ello bajo el marco de una España perfectamente reconocible en la que, por una vez, nos sentiremos cómo en casa.
Tal y cómo anuncia el subtítulo de la novela: “El Apocalipsis Zombi con denominación de orígen”.
Para más información podéis consultar su web www.zoombi.es.
Somo muchos lo que por aquí esperamos impacientes la nueva salvajada de Jake West (Evil Aliens), titulada "Doghouse", y aprovechando que hoy mismo se estrena en el Reino Unido, no me resisto a traeros el nuevo trailer de la película. Que lo disfrutéis.
(Si queréis más información sobre la película podéis acceder a los siguientes enlaces: "Doghouse", "Doghouse 2")









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