
Para los amantes de las películas con monstruo nos llega la producción independiente Creature of Darkness. dirigida por Mark Stouffer.
Interpretada por Devon Sawa, protagonista de la primera parte de Destino Final, Creature of Darkness mezcla ciencia-ficción y terror para contarnos la historia Andrew (Devon Sawa), perseguido por la pesadilla de una horrible muerte en las garras de una terrible criatura. Un amigo lo convence de que la única manera de vencer el miedo es enfrentarlo. Cuando un día se disponen a hacer ciclismo con un grupo de aventureros en un terreno remoto, no se imaginan que en realidad están acercándose a la hora y lugar donde se desarrolla la pesadilla…
Creature of Darkness se estrenará en Estados Unidos directamente en DVD el próximo 13 de Abril. A simple vista: baratita pero entretenida. Veremos en que queda todo…
AUTOR: Joan Lafulla | PUBLICADO: 02/03/10 | CATEGORIAS: Noticias

Banshee es una película independiente, dirigida por Colin Theys, con fecha de producción del 2008, que finalmente conocerá su estreno en el mercado DVD USA a partir del próximo 23 de Marzo y de la mano de Synthetic Cinema International.
Banshee cuenta la historia de un grupo de jóvenes amigos que, durante una acampada, son atacados brutalmente por una mitológica criatura (de orígen irlandés) que tiene la habilidad de provocar alucinaciones a través del sonido de su voz. Los pocos supervivientes se refugiarán en una granja abandonada e idearán un plan para liquidar a la bestia y salir con vida de la pesadilla en la que se han visto envueltos.
El trailer me ha encantado. Pese a que la falta de presupuesto se evidencia en más de una ocasión, tanto el diseño del monstruo como el sentido del humor que parece desprender la propuesta, me hacen albergar esperanzas ante el inminente estreno de Banshee. A ver si hay suerte y llega pronto por estos lares…
Por cierto, creo que en un momento dado se especuló con la posibilidad de que Banshee formará parte del cartel del After Dark Horrorfest de este año. Finalmente no fue así.
AUTOR: Joan Lafulla | PUBLICADO: 22/02/10 | CATEGORIAS: Noticias
Tags: independiente,
monstruos

Actualizado: ¡Qué desastre! Olvidé colgar el trailer. Gracias a Greco y mil disculpas.
El norteamericano Stuart Simpson y su equipo de Lost Art Films le están dando los último retoques a su segunda película, que tendrá por título El Monstro del Mar (no, no hay ningún error de escritura. Se titula así: El Monstro…).
Tres chicas guapísimas pero peligrosas, Beretta, Blondie y Snowball, se refugian en una pequeña comunidad costera. Pero dicha población oculta un oscuro y terrible secreto. Joseph, el viejo magnate del sector pesquero local, intenta desesperadamente avisar a las chicas de que jamás, pase lo que pase, se metan en el agua. Pero estas zorras perturbadas no escuchan a nadie… ¡Hasta que el temido Kraken despierta!
Ahora, junto a Joseph y su bella nieta, las tres chicas deberan hacer frente a la furiosa criatura marina para salvar sus vidas.
Cine de bajo presupuesto, chicas guapísimas (atención a SnowBall), tatuajes, sangre, violencia y un impagable monstruo (¿hay que volver a remarcar el toque Lovecraftiano?) que no dudará en poner sus enormes tentáculos sobre las voluptuosas protagonistas de El Monstro del Mar. La quiero… ¡ya!.
AUTOR: Joan Lafulla | PUBLICADO: 11/02/10 | CATEGORIAS: Noticias
Tags: chicas,
exploitation,
monstruos,
serie b

Hace ya bastante tiempo os hablaba de Primal, survival australiano cuyo teaser se estrenó en el pasado Festival de Cannes. Pues bien, a principios de este mes, y coincidiendo con el estreno de Primal en el European Film Market de Berlin, ha aparecido por fin el trailer oficial de la película, dirigida y escrita por el debutante Josh Reed; y un servidor, amante del survival y la sangre, se ha quedado con ganas de más. Por mi parte, pasa directamente a engrosar la lista de las más esperadas del año.
Os recuerdo su sinopsis:
Primal nos cuenta la historia de una tribu de aborígenes que, 12.000 años atrás, descubre una presencia demoníaca escondida en sus tierras. Tras la carnicería desatada, un artista de la tribu pinta lo ocurrido en la superficie de una roca.
En la actualidad, Anja y otros cuatro estudiantes, acompañan a su profesor de antropología en una expedición en busca de la legendaria piedra, de la que sólo tienen como referencia el diario de un explorador que contempló la piedra hace cien años, y acabó completamente loco y asesinando a toda su familia.
El viaje no tardará en convertirse en una pesadilla cuando Mel, una de las estudiantes, pierda el control y regrese a un estado primario en el que atacará brutalmente a sus compañeros.
AUTOR: Joan Lafulla | PUBLICADO: 08/02/10 | CATEGORIAS: Noticias
Tags: gore,
monstruos,
posesiones,
survival

Los italianos parecen haber empezado el 2010 muy animados en cuanto a cuestiones terroríficas se refiere. Gabriele Albanesi (The Last House in the Woods, 2006), nos presenta su nuevo proyecto bajo el título de In the Mouth of Ubaldo Terzani, cuya trama sigue el devenir de Alessio Rinaldi, un joven director que para su primera película de horror decide contar con el asesoramiento de Ubaldo Terzani, un famosísimo escritor de novelas de terror.
Una vez instalado en casa de Terzani para iniciar la colaboración, entre ambos, director y escritor, se iniciará una extraña relación de dependencia psicológica: mientras Ubaldo Terzani desvela su lado más oscuro, el joven Rinaldi cae presa de una serie de visiones y pesadillas cada vez más aterradoras.
Desde luego las imágenes que promocionan In the Mouth of Ubaldo Terzani prometen un excelente pasatiempos para los amantes de la sangre y las vísceras. Vermeos en que queda todo.
Por cierto, curioso el apego de Albanesi por titular sus películas a imagen y semejanza de exitosas películas norteamericanas. Supongo que a nadie se le escapan las semblanzas, tanto en el título cómo en el argumento (aunque menos), de In the Mouth of Ubaldo Terzani, con la excelente En la Boca del Miedo, del maestro John Carpenter, cuyo título original era, precisamente, In the Mouth of Madness.
AUTOR: Joan Lafulla | PUBLICADO: 02/02/10 | CATEGORIAS: Noticias
Tags: gore,
independiente,
maldiciones,
monstruos

Los Butcher Brothers (Mitchell Altieri y Phil Flores) debutaron como tándem en el 2006 con Los Hamilton (The Hamilton), película editada en DVD en España que contaba la historia de una extraña familia de perturbados y maleantes cuya verdadera naturaleza quedaba descifrada en un sorprendente giro final de los acontecimientos. (en realidad, dicho final era lo único realmente destacable de la película).
Ahora, casi cuatro años más tarde, los Butcher Brothers regresan con The Violent Kind, en la que un grupo de motoristas acompañados de sus novias, celebran una fiesta en una apartada cabaña en las montañas del norte de California.
Todo empezará a ir mal cuando una de las chicas da signos de estar poseída por una fuerza desconocida.
Los Butcher Brothers prometen violencia, sangre a raudales, rockabilly y algo de sexo (lo cual, teniendo en cuenta que entre su elenco femenino se encuentran las bellísimas Taylor Cole y la siempre entrañable Tiffany Shepis… pues no está nada mal), mientras los críticos que están asistiendo al Festival de Sundance, donde se ha estrenado The Violent Kind, no han dudado en destripar la película con unas críticas terribles (pero, cómo todos sabemos, los críticos no son gente de la que podamos fiarnos en exceso).
Os dejo con uno de los tres teasers que hay disponibles de The Violent Kind y con los enlaces a los otros dos: Teaser 1. / Teaser 2.
AUTOR: Joan Lafulla | PUBLICADO: 02/02/10 | CATEGORIAS: Noticias
Tags: espíritus,
exploitation,
monstruos,
posesiones,
violencia

Quién sabe… quizás sea el 2010 el año del resurgimiento de los míticos monstruos de la Universal. Muy pronto le llegará el turno al hombre lobo (Wolfman, House of the Wolfman), se lleva mucho tiempo hablando del posible remake de la criatura del lago negro, y el próximo podría ser, porqué no, el mismísimo monstruo de Frankenstein (recordemos que en 1994 – qué lejos queda – el británico Kenneth Branagh ya llevó a cabo una meritoria relectura del clásico de Mary Shelley con Robert de Niro en la piel del monstruo).
Por el momento, y cercana a los parámetros de la serie Z, nos llega Frankenstein Rising, dirigida por Eric Swelstad (The Curse of Lizzie Borden 2: Prom Night), y protagonizada por Randal Malone.
Frankenstein Rising cuenta la historia de un descendiente muy lejano del Dr. Frankenstein que se obsesiona por concluir el trabajo que aquel dejó a medias, y decide construir un nuevo monstruo a partir de retales de cadáveres.
Bajo presupuesto, un monstruo con pinta de suegra cabreadísima y toneladas de sangre y vísceras. Tan sólo nos queda esperar lo habitual en este tipo de producciones… que al menos dé para pasar un rato divertido. Yo me apunto (¡vaya novedad!).
AUTOR: Joan Lafulla | PUBLICADO: 21/01/10 | CATEGORIAS: Noticias

LA VALORACIÓN:
76 |100
Estrellas: 4

“Zombis, cabezas que explotan, monstruos que se arrastran, y una cita para el baile… Es lo clásico ¿verdad Spanky?”
Esta es una de las numerosas perlas cultivadas por el detective Cameron, el más carismático de los personajes que aparecen en esta pequeña delicatessen ochentera, con rasgos de comedia terrorífica, y que responde al título de Night of the Creeps (1986), debut en la dirección del hasta entonces guionista Fred Dekker.
En España la conocimos bajo el título de El Terror llama a su Puerta, libérrima (e innecesaria) reinvención del Night of the Creeps original que, sin embargo, se complementó a la perfección con el ya mítico cartel que acompañó a la película: una mano demacrada rompiendo el cristal de una puerta para poder acceder al interior de la casa.
Fred Dekker dirigía su primera película tras obtener cierto reconocimiento al figurar como autor del guión de otra triunfadora comedia de horror de aquel mismo año 1986, House (House, Una Casa Alucinante).
El éxito de House dio la oportunidad a Fred Dekker de presentarse frente a los productores de la TriStar Pictures con el guión de Night of the Creeps bajo el brazo y la firme convicción de que iba a ser él mismo quién lo llevara a la pantalla.
La primera dificultad a la que tuvo que enfrentarse el debutante Dekker fue la elección del título. Su intención fue la de titular a la película The Creeps, sin embargo chocó con los intereses de la productora que tenía en su poder los derechos de Creepshow, la película dirigida por George. A. Romero en 1982 y de la que se estaba preparando una inminente segunda parte. Fue la propia TriStar la que, en previsión de evitar futuros conflictos, rebautizó a la película con el título definitivo de Night of the Creeps.
La segunda gran dificultad en la que se vio implicada la producción de la película hace referencia a la secuencia final de la misma, pero a ello volveré más adelante.
El argumento de Night of the Creeps, sobre el papel, es de esos que invitan a una visita urgente al frenopático. Un par de alienígenas que pasan por una situación apurada (no me preguntéis sobre la naturaleza de dicha situación) lanzan una sonda espacial que recorre medio universo para fijar su destino final… ¿dónde? Efectivamente, en el planeta Tierra (… mira que llega a ser grande el Universo…). Más concretamente en una pequeña población norteamericana de los años 50 (… mira que llega a ser grande el planeta Tierra…), teñida por el blanco y negro de la época, amenizada por la inmortal música de Los Platters y habitada, mayormente, por bellas jovencitas con faldas de vuelo y muchachotes que lucen orgullosos las siglas de sus facultades en sus chaquetas de lana.
En el interior de la sonda espacial habitan unas repugnantes babosas que se introducen en los cerebros de sus desdichadas víctimas (a través de la boca) para consumar la reproducción de su especie.
Una de esas babosas, casualmente ¡¿?!, se introduce en el cerebro de un demente asesino que deambula por la zona sujetando una enorme hacha y sembrando el pánico entre las confiadas jovencitas dispuestas a desvelar el secreto que se esconde bajo sus mencionadas faldas de vuelo en el asiento de atrás de un viejo Cadillac.
El asesino del hacha, con la babosa extraterrestre campando a sus anchas en el interior de su cerebro, se convierte en un horrible zombi, siendo abatido por un joven agente de policia.
Han pasado treinta años, y un par de estúpidos universitarios dejan libre, por accidente, a un cadáver criogenizado en el laboratorio de la facultad de medicina, en cuyo cerebro habitan las temibles babosas. El antaño joven policía, ahora convertido en experimentado detective, deberá enfrentarse de nuevo a la amenaza extraterrestre para salvar la vida de los estudiantes de la universidad e impedir que el mal se extienda.
Cómo podéis adivinar a partir de esta locura de argumento, Night of the Creep es un auténtico batiburrillo de homenajes, referencias, géneros y subgéneros que necesitaba de poco menos que un milagro para no caer en las garras del esperpento y el ridículo más espantoso.
Los primeros quince minutos de Night of the Creeps contienen guiños y homenajes varios a la sci-fi de los 50 (con películas como The Blob o Body Snatchers a la cabeza), al género slasher, tan en boga a mitad de los ochenta (las sagas de Viernes 13, Halloween, y Pesadilla en Elm Street estaban en pleno apogeo), a las comedias de ambiente universitario, y a los zombis de George A. Romero; en un continuo juego de referencias que estaría presente, no solamente en esos 15 minutos iniciales, sino que se prolongaría durante el resto de la película.
Y ese es sin duda el gran mérito que debemos atribuirle a todo un debutante (recordémoslo) como era Fred Dekker en aquel momento: conseguir que tal cantidad de referentes y homenajes, incrustados en el seno de un argumento que, aparentemente, no tenía ni pies ni cabeza, derivara finalmente en una de las comedias de horror más divertida, simpática, eficaz y memorable de los 80.
Porque Night of the Creeps es puro cine de género de los 80. Pertenece a esa serie B colorista, de argumento sencillo (y en ocasiones estúpido, sin más…), rodada con pocos medios pero muchísimo entusiasmo, y cuya única finalidad era la de entretener y divertir al espectador. Me remito a títulos del calibre de Terrorvisión, Noche de Miedo, Jóvenes Ocultos, Critters, Xtro, Una Pandilla Alucinante (también de Fred Dekker) y un largísimo etcétera.
Por supuesto no todas estas películas han envejecido de la misma forma. Night of the Creeps ha resistido el envite del tiempo de manera admirable, y lo ha hecho gracias, principalmente, al magnífico guión de Fred Dekker.
Los diálogos son siempre ágiles. La acumulación de bromas y chistes funciona.
Las constantes referencia al género son divertidas. Cada persona o lugar tiene el nombre de un famoso director del género: Cronemberg, Landis, Carpenter, Cameron, etc…
Comedia, acción, romance juvenil, terror e incluso gore (ver la secuencia de la cortadora de césped, de la que probablemente Peter Jackson tomó muy buena nota), están perfectamente dosificados y combinados entre sí.
Los protagonistas, pese a responder a unos estereotipos muy evidentes, reúnen todos ellos cierto carisma (incluso el amigo bocazas del protagonista –que se pasa todo el metraje apoyado sobre un par de muletas a causa de una incapacidad física- resulta más gracioso de lo habitual) y se benefician enormemente de las líneas de diálogo que les tiene reservado el guión de Dekker.
A destacar la presencia del veterano Tom Atkins (unos de esos rostros secundarios del cine norteamericano que nos resultan tan familiares) en el papel de un hastiado detective de policía que está de vuelta de todo (homenaje a un tipo de personaje muy ligado al cine negro clásico). Suyas son algunas de las más ocurrentes y recordadas frases de Night of the Creeps.
Y Zombis… los amantes de los zombis también tendrán aquí su ración de muertos descompuestos, caminando torpemente, y acosando a inocentes jovencitas de una fraternidad femenina. ¿Sus puntos débiles? Un certero balazo en la cabeza y el calor de un lanzallamas. Memorable la secuencia en la que los chicos de la fraternidad masculina, que se dirigen en autobús al baile, sufren un aparatoso accidente y se convierten, todos ellos, en muertos vivientes. Una secuencia culminada con la que posiblemente sea la frase más célebre del detective Cameron (dirigiéndose a las chicas): “Tengo dos noticias: la buena es que los chicos ya están aquí. La mala es que están muertos”.
Sé que en ocasiones como esta, a la generación de los treinta y pocos, nos cuesta trabajo prescindir del factor nostalgia, pero creo que no me equivoco al afirmar que Night of the Creeps sigue siendo hoy en día una película totalmente vigente, que ha perdido muy poquito de su encanto original y especialmente recomendable para esas nuevas generaciones de aficionados que todavía no hayan tenido la oportunidad de disfrutarla. Una pequeña joya de los 80…
Ooops… casi olvido el problema de Fred Dekker con el final de la película. El bueno de Dekker ideó un final totalmente distinto al que finalmente se estrenó en pantalla grande. En la secuencia final originalmente planteada por Dekker, uno de los personajes principales de Night of the Creeps aparecía andando calle abajo, con un lamentable aspecto. Su cabeza explotaba y las babosas del interior quedaban libres en mitad de un cementerio cercano (con las consecuencias que todos podéis imaginar). Dekker cometió el error de presentar la secuencia final a los productores sin estar todavía completada la postproducción de la misma ni añadidos los efectos especiales. Los productores rechazaron el final presentado por Dekker y le obligaron a reescribirlo por completo.
Dekker siempre ha defendido que su final original era muchísimo mejor que el que acompañó a la película en su estreno.
Lo mejor: Su inacabable capacidad para divertir mezclando todo tipo de subgéneros, homenajes y referencias.
Lo peor: Que muchos no hemos tenido la oportunidad de ver el final que Fred Dekker realmente quiso para su película.
AUTOR: Joan Lafulla | PUBLICADO: 14/01/10 | CATEGORIAS: Horror Revival , Zombies
Tags: horror revival,
humor,
monstruos,
serie b,
zombies
LA VALORACIÓN:
60 |100
Estrellas: 3

Seth (Paulo Costanzo) y Polly (Jill Wagner) se disponen a celebrar su aniversario de acampada pero, cuando se les rompe la tienda de campaña, cambian sus planes y buscan un motel. Sin embargo, cometen el error de recoger a Dennis (Shea Whingham), un exconvicto, y su novia Lacey (Rachel Kerbs), toxicómana, que les obligan a llevarles en coche hasta su destino. Cuando paran en una gasolinera, descubren con horror que el dueño de la misma ha sido contagiado por una especie de parásito. Desde ese momento, ambas parejas tendrán que colaborar para conseguir salir de allí con vida.
La amenaza que Splinter presenta es un monstruo bastante interesante, empezando porque no es un monstruo en sí. Es un organismo sin forma, una suerte de alfileres o astillas similares a los de un puercoespín que, si se te clavan, te contagian. Su comportamiento es como el de una célula invasiva cancerígena: su inteligencia no va más allá de la mera expansión o supervivencia, lo que es bastante, por otro lado. Va anexionando a sus víctimas conforme las necesita para seguir activo y con movilidad, y puede lanzar sus púas como un erizo cabrón, de manera que se expande todo lo que quiere y más.
Probablemente, si el director Toby Wilkins y los dos guionistas con los que coescribe, Kai Barry e Ian Shorr, hubieran querido, habrían convertido la película en una hecatombe mundial, pues el parásito de marras tiene potencial. Pero, imagino, que entonces habrían entrado en otra categoría de película: con ese dinero, habría sido una película más grande pero con menos calidad técnica. Y es que, lo primero que llama la atención de Splinter es su cuidada –mimada, más bien- factura. Tiene una fotografía exquisita, un montaje afinado, buenos efectos especiales –aunque discretos- un sonido y una banda sonora decididamente acertados. Los actores, por su parte, no están nada mal, y ayuda bastante que tengan personajes a los que agarrarse. Pero Splinter es una película pequeña, casi minúscula, lo que se convierte, a la larga, en su mayor virtud y su mayor defecto.
Por un lado, no vamos a ver en ella nada que no hayamos visto con anterioridad unas cuantas veces: choque de caracteres, monstruo al acecho y situaciones humanas al límite. Por otro, esto, que bien podría jugar en su contra es, sin embargo, una de sus mejores bazas. ¿Por qué? Porque, realmente, no hay tantas películas de monstruos que estén realmente bien construidas, y Splinter lo está. A pesar de lo artificioso que resulta en su primer tramo la presentación de los personajes, puesto que cada vez que hablan o actúan parecen empeñados en dejar claro qué tipo de personas son, lo cierto es que cuando llegan a la gasolinera, cada uno hace lo que tiene que hacer y se comporta según se espera de él, sin que nada salte o chirríe, lo que es muy de agradecer. Quizás, lo más discutible en este sentido, a mi parecer, es que Seth, el chico de la pareja buena, sea biólogo (¿Realmente, para acabar descubriendo que ésa es la manera de matar al monstruo hacía falta que él fuera biólogo?). Sí está fantásticamente bien utilizada esta dimensión del personaje cuando decide arriesgarse por los otros y salir, haciéndose invisible al monstruo de una manera que, es verdad, sólo un biólogo podría saber. El problema es que este paso no es tan importante ni tan decisivo en la trama, por lo que la necesidad de su profesión se me queda un poco forzada.
Respecto a los demás, Polly, la novia de Seth, está perfectamente descrita como una chica decidida y lanzada, por oposición a su chico –un auténtico ratón de biblioteca-, y entre Dennis y Lacey, la pareja de delicuentes, hay buena química. Conforme avanza la cinta, descubrimos que no son tan malos como aparentaban, sobre todo Dennis, lo que da un poco de rabia: Toby Wilkins se lo pone demasiado fácil a sus protagonistas (la misma sensación se tiene con el susodicho Seth al saber que es biólogo y que, casualidad, se va a encontrar con un extraño organismo en su camino). Pero, salvando estos matices, no es especialmente molesto: al fin y al cabo, lo que quieres es ver cómo mueren o se las apañan para sobrevivir al monstruo, no cómo se enfrentan entre sí.
…y aparte de los personajes, ¿qué pasa con el monstruo, con la acción, con el suspense? Pues muy cuidados, sí, aunque siempre sin olvidar que no hay nada que no nos sepamos ya. Splinter le saca partido a un bicho que realmente no es un bicho, y a un único escenario –una gasolinera- que tampoco es especialmente grande. Los mejores momentos, sin duda, se dan cuando el organismo hostil se encuentra afuera y los humanos en el interior. Se nota que el director tiene un buen dominio de la tensión y el suspense, juega con ruidos, direcciones y momentos muertos. Así, ofrece escenas de corte clásico como la típica en la que unos intentan atraer al monstruo hacia un extremo del edificio para que otro pueda salir… vista mil veces, sí, pero no siempre es lo suficientemente efectiva, y aquí lo es.
Otro punto a su favor es el ahorrarnos una explicación sobre la procedencia del organismo. En la primera escena, puede parecer que cae del cielo; y en la siguiente, Seth y Polly pasan con su coche por una carretera que está junto a una base del ejército. Y no vuelve a hacerse mención al tema. Creo que es una decisión inteligente: por ninguno de esos dos parece que haya nada original que decir, así que mejor dejarlos sembrados y punto. Las explicaciones vienen con ambos dos datos por sí mismas, sin necesidad de que nadie más las cuente.
Por el contrario, Splinter sabe a poco. Durante los primeros veinte minutos, parece que nos encontramos ante una película más amplia, con mayor recorrido, pero desde que los protagonistas llegan a la gasolinera y se ve que van a quedarse ahí atrincherados, el universo se restringe muchísimo, hasta casi asfixiar la película en su tramo final. Hemos visto tantas de este tipo que parece que nos quedamos esperando que en el último momento aparezca el ejército o un grupo de científicos y veamos con claridad a la criatura. Pero, claro, la película es consecuente en este punto –insisto, el parásito es como alfileres negros que salen de la carne de sus huéspedes y hacen de costura con los cuerpos nuevos que mata- y, como no existe tal criatura, no tiene nada que mostrar. Así que la traca final queda en bajo. Al menos, esta voluntad de ser consecuente consigo misma acaba convirtiéndose en el mejor recuerdo que deja en la cabeza. Aunque parece ser que Toby Wilkins y compañía sí que hablaron de “un nuevo concepto de película de monstruos” o “El monstruo definitivo” en el International Fantastic Film Festival de Bruselas (según algunos usuarios de IMDB), la película que les ha salido es todo lo contrario: perfectamente consciente de su dimensión. Nunca intenta ser más de lo que es, ni gustar a quien no disfruta con este tipo de producto. Por tanto, si como espectador se disfruta con este tipo de obra, Splinter proporciona 80 minutos de entretenimento garantizado. Y demuestra, además, que cuando hay personajes –y no sólo unos tipos que están allí para ser asesinados– y una trama bien construida –aunque sea muy sencilla-, las cosas fluyen, pasan ante ti, suceden como por naturaleza, sin que nadie las fuerce, y se puede sostener un material tópico e hiper utilizado.
Lo mejor: Lo acertado que está prácticamente todo en la mayoría del metraje.
Lo peor: Es minúscula.
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Por Manu | manuelgaymoreno@yahoo.es
| El Teclado del Portátil
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LA VALORACIÓN:
62 |100
Estrellas: 4

Viendo la película es fácil imaginarse lo mucho que llegó a disfrutar el irlandés Glenn McQuaid escribiendo, en primer lugar, y dirigiendo finalmente la comedia I Sell The Dead.
Es más, no tengo el placer de conocer personalmente al bueno de Glenn McQuaid, pero tras disfrutar de su segunda película como director (la primera se tituló The Resurrection Apprentice, 2005) podría apostar mi cuello (algo que encaja perfectamente con el espíritu de la película), a que es un enorme aficionado a la serie B terrorífica, a los monstruos de la Universal, a las maravillas de la Hammer, a los comics de la EC… en definitiva, y tal y como gritarían los entrañables seres deformes de La Parada de los Monstruos (Freaks, 1931): “uno de los nuestros”.
Ambientada en la segunda mitad del siglo XIX, I Sell The Dead (algo así como “Vendo la Muerte”) cuenta la historia de un par de delincuentes de baja estofa cuyo principal medio de subsistencia es la profanación de tumbas. Por desgracia para ellos viven a expensas de un médico que experimenta con los cadáveres y al que se ven obligados a vendérselos a un precio irrisorio, bajo amenaza de aquel de ser denunciados a la policía por sus actividades delictivas.
Una afortunada noche descubren que existe una clase muy especial de muertos que podrían aumentar considerablemente las expectativas de beneficios de su particular negocio.
A partir de una línea argumental tan sencillita como la que os acabo de describir, Glenn McQuaid se saca de la chistera una demencial mezcla de géneros repleta de guiños al aficionado al terror. Fantasmas, muertos vivientes, vampiros, mad-doctors, asesinos, cadáveres, tumbas… todos tienen su minuto de gloria en I Sell the Dead. Incluida una desternillante aparición especial susceptible de provocarle un intenso orgasmo al mismísimo Fox Mulder de Expediente X.
La vida de estos dos pillastres se cuenta a través de una serie de flashbacks que, en la mayoría de ocasiones, funcionan como historias totalmente independientes las unas de las otras, lo cual facilita enormemente a Glenn McQuaid la posibilidad de ir incluyendo toda una galería de variopintos personajes, extravagantes situaciones y elementos sobrenaturales que, en un estilo narrativo más lineal, difícilmente hubieran podido compartir un mismo espacio.
El resultado, en la práctica, es que asistimos a una experiencia muy similar a una antología de episodios (tomemos como referencia el Creepshow de George A. Romero) en el que el único punto de conexión entre las distintas historias es nuestra estrafalaria y torpe pareja de protagonistas.
Y como suele ocurrir en toda antología de episodios, en I Sell The Dead conviven momentos de un más que satisfactorio sentido del humor (ver la divertidísima secuencia del vampiro o la reacción de un zombi al contemplar la cara desfigurada de un miembro de la banda rival), junto a otros mucho menos inspirados, carentes de sofisticación, y en los que el exceso de diálogos intrascendentes y sin gracia logran despistar al espectador al tiempo que suponen un duro lastre para el ritmo de la película.
Pero si como comedia I Sell The Dead resulta tremendamente irregular y echamos decididamente en falta un puntito extra de locura y gamberrismo; como ejercicio formal y de estilo la película de Glenn McQuaid no tiene desperdicio alguno. Pese a contar con un presupuesto de guerrilla, I Sell the Dead hace gala de una excelente ambientación que nos transporta, sin aparente esfuerzo, a las añejas, góticas, coloristas y deliciosas piezas de la Hammer británica. E incluso cuando la película, en su recta final, nos transporta a una isla abandonada de largas palmeras y arenas blancas, tenemos la firme impresión de haber cruzado el umbral de la Isla del Tesoro de Stevenson y asistir a un delirante espectáculo de aventuras, piratas y tesoros ocultos (aunque en esta ocasión el tesoro oculto tenga los rasgos de un par de estúpidos muertos vivientes). En este sentido, la labor de Glenn McQuaid resulta impecable.
De la misma manera que también resulta sobresaliente el esfuerzo de todos los actores que forman parte del elenco de I Sell The Dead, desde la imponente presencia del siempre resolutivo Ron Perlman (Hellboy, 2004), pasando por las divertidas y revitalizantes interpretaciones del dúo protagonista, Dominic Monaghan (El Señor de los Anillos, 2001) y Larry Fessender (The Last Winter, 2006), y culminando con la enigmática y disfrutable participación de Angus Scrimm, al que los más viejos del lugar recordamos como el mítico Hombre Alto de la saga Phantasma.
No es una película para reír a mandíbula batiente ni tampoco creo que vaya a pasar a la historia como una de las mejores mezclas de comedia y horror. Pero tan sólo por recompensar la desfachatez y el atrevimiento mostrados por Glenn McQuaid al reunir en una película de época tal cantidad de monstruos y elementos sobrenaturales, sin que el experimento nunca llegue a descarrilar, y logrando que la cosa tenga su gracia en determinados momentos, vale la pena darle una oportunidad a este I Sell the Dead.
Una comedia simpática, amena, perfectamente ambientada, con grandes interpretaciones, alguna que otra sorpresa y, en definitiva, un ligero soplo de aire fresco para todos aquellos que deseéis descansar, durante unos instantes, de tanta sangre, tripas y horror.
Lo mejor: La acertada mezcla de subgéneros, monstruos y elementos sobrenaturales. Determinadas secuencias realmente graciosas.
Lo peor: Determinados momentos lastrados por el exceso de diálogos que no acaban de funcionar.
¿Dónde conseguirla?
Gore Nation: “I Sell the Dead” en VOSE.









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