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The Violent Kind

La raza canibal

Violent Kind Poster

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  • Título original: The Violent Kind
  • Nacionalidad: Estados Unidos | Año: 2010
  • Director: Mitchell Altieri, Phil Flores
  • Guión: Mitchell Altieri, Phil Flores
  • Intérpretes: Cory Knauf, Taylor Cole, Bret Roberts
  • Argumento: Al norte de California, en una granja asilada, un grupo de moteros ven sus celebraciones interrumpidas por posesiones demoníacas, rockabillies muertos y extraños fenómenos alienígenas.

64 |100

Estrellas: 3

the Violent Kind Grande

Cody, Q y Elroy son colegas hasta la muerte y miembros de una familia de moteros que remonta sus andanzas desde los sesenta. A estos chicos les gusta el sexo, la violencia, el crimen y las motos rápidas; pero aun les gusta más volver a casa para pasar el cumpleaños de su madre con la familia y el resto de la “crew”.

En la vieja casa perdida en el bosque, sede de tantas y tantas fiestas, los delincuentes habituales ahogan las penas en el bourbon derramado entre los senos turgentes de las strippers. Todo el mundo se relaja menos Cody, que se come los nudillos viendo como su ex-novia se lo monta delante de todos con el primer idiota que ha encontrado

Pero lo bueno se acaba tarde o temprano y todos vuelven para sus casas y caravanas como pueden. No pasa mucho tiempo en la casa familiar cuando Michelle, la ex de Cody, vuelve cubierta de sangre y en estado de shock. Algo extraño está ocurriendo en las montañas: luces anormales en el cielo, compañeros desaparecidos, ruidos siniestros entre los árboles. Cody y sus compadres ni siquiera sospechan que dejando entrar en casa a Michelle han dejado pasar algo más: la raza caníbal.

The Violent Kind es el segundo intento de The Butchers Brothers, lease Mitchell Altieri y Phil Flores, por realizar una película de terror de “casta”. Es decir, ese tipo de cintas que buscan al aficionado puro y duro, que no dejan lugar a equívocos y que se ruedan con un ojo puesto en los gustos personales de los autores, unos adictos de aupa al terror ochentero – a juzgar por su estilo – y otro en una narrativa más rápida y directa, acorde con los tiempos que corren. El primero de estos intentos fue la insatisfactoria The Hamiltons, cinta que pasó sin pena ni gloria por el año 2006 y de la que pronto tendremos una secuela llamada The Thompsons; podríamos decir que el trabajo de estos directores, ha seguido la progresión acorde con su estilo y han rodado, esta vez, una cinta más entretenida pero que no puede quitarse el sambenito de “intranscendente”; The Violent Kind supone una pequeña evolución, sobre todo a nivel técnico, con respecto a su primeriza obra, pero solo eso, puesto que sus defectos son demasiado evidentes y algunos aspectos arguméntales han sido descuidados de una forma casi incomprensible. Aunque la película se pueda seguir agradablemente, incluso contiene algunos momentos y personajes brillantes, el resultado final queda deslucido por una aparente falta de dirección.

No solo en la búsqueda del cine independiente autentico y de calidad se han embarcado The Butchers Brothers, también realizaron el insufrible remake de April Fool’s Day (el bueno de Manu seguramente aun se estará tirando de los pelos ante tamaño despropósito convertido en cinta barata y apestosa). Lo cual no habla excesivamente bien de la orientación o rumbo que estos cineastas han llevado en sus cortas carreras. Una falta de criterio, por así decirlo, que como comentábamos se ve reflejada en este, su proyecto más ambicioso.

Sinceramente, la película arranca con fuerza. Asistimos a las correrías de los protagonistas, que desde su papel de moteros salvajes nos muestran un recetario de fechorías – sobresalientes los títulos de crédito – con bastante gasto de acción y labia. Sin embargo, empiezan las primeras pegas: ¿Por qué han elegido a esos actores para los papeles protagonistas? Sin tapujos: son demasiado “guapitos” para pertenecer a una banda sanguinaria; además, si Cody hubiese pasado realmente una temporada en la trena, en el tiempo en que ocurren los hechos de la película tendría el culo como un bebedero de patos. Entendedme, no es que los muchachos (Cory Knauf – The Hamiltons – y Bret Roberts – Pearl Harbour, May – ) lo haga mal, pero carecen de cualquier credibilidad como miembros de la “crew”.
Además, resulta curioso que dada la importancia que los directores le han dado a la introducción de los personajes – todo un tercio del metraje se dedican a dibujar las personalidades y tribulaciones de la familia de moteros, como si de un remedo de Easy Rider se nos estuviese mostrando – no se hayan preocupado más por su endeble caracterización, y eso que otros elementos (banda sonora muy rockera, fotografía áspera, diálogos propios de tipos duros) han sido bastante mimados.

En definitiva, tenemos un tercio de metraje que podría corresponder con un drama o “explotation” ligero de bandas. Y entonces, en las postrimerías de la fiesta de cumpleaños de la madre de nuestros protagonistas, aparece Tiffany Shepis – viendo la filmografía de est< princesa de la serie-z uno se pregunta cuando duerme esta pequeña morenaza – cubierta de sangre cual Carrie pechugona, y la película se convierte en un remedo de Evil Dead y El exorcista; así, sin más.

Este cambio radical es bastante agradecido, cargado de tensión, y destacado dado que el acabado visual mantenido durante toda la película, se ve más explotado en los tramos de sangre e histeria – entre sexies y desquiciados – protagonizados por una excelentemente poseída Tiffany/Michelle. Ahora, no esperéis explicaciones; el nudo de la película es un vagar sin mucho sentido alrededor de la cama de la “enferma” y la cabaña súbitamente vacía; con el añadido de breves pinceladas acerca de una amenaza mayor que la hambrienta –de carne en cualquier formato, preferentemente en barra – ex-novia de Cody.

Casi diría que la parte central de The Violent Kind es lo menos interesante; pronto vemos un error que siempre me ha parecido muy molesto, y demasiadas películas de terror cometen: ¿en que queda el desarrollo inicial de los personajes? En nada. El cambio de tercio es tan brusco que Cody y sus amigos podrían ser motoristas, universitarios o, incluso, payeses. Si la intención de los “hermanos carnicero” era enfrentar a tipos duros contra una amenaza monstruosa – recordemos que hasta este punto la amenaza no son más que luces en el cielo y una mujer con instintos caníbales -, para evitar los cansinos tópicos de la yuxtaposición de “universitarios vs zombies mutantes del espacio exterior”… pues la verdad es que han conseguido todo lo contrario. Los personajes se convierten en los típicos pollos sin cabeza dando vueltas por el set de rodaje, donde las reflexiones sobre su condición de miembros de una banda de moteros quedan en un remoto plano, sin interés alguno.
Toda una pena porque la dosificación de pistas que aclaren lo que realmente ocurre en el bosque, contiene bastante misterio y una fuerza estética innegable. También Tiffany Shepis se esfuerza en crear una atmósfera malsana realizando una actuación física muy “demoniaca”, que hubiese conseguido mayor efecto de no haber sido tan tópica: a estas alturas, el concepto “jóvenes atrapados en una casa” requiere algo más eficaz que la Shepis para llevarse toda nuestra atención.

Así vamos avanzando hacía la parte final de la película, cuando hacen acto de presencia los verdaderos protagonistas de la película: personas desaparecidas en los cincuenta, que acusan un “look” decididamente “rockabilly”, el cual casa muy bien con el entorno conceptual en el que se ha desarrollado todo el metraje. No entraré en el análisis de lo que significa la presencia de estos “abducidos” porque directamente estaría destripando lo más interesante, tanto a nivel argumental como narrativo (y es que repito: la escena donde esta “troupe” de siniestros “rockeros”, “teddy-boys” y “pin-ups” despliegan todo su potencial y discurso, es el momento álgido, junto al epílogo, de la historia). Sin embargo, su presencia provoca otra cansina ruptura expositiva, que introduciendo nuevos elementos completamente distintos a las ideas propias desarrolladas tras una hora de asistir a los descubrimientos de “Cody and Cia.”, nos muestran otra película de la que creíamos estar viendo. En este caso, algo más cercano a “La Invasión de los Ultracuerpos”, aunque juro y perjuro que la información suministrada por el guión de “The Butcher Brothers”, hace esta afirmación anterior poco menos que risible. Dejamos atrás las posesiones y los muertos-vivientes – sí, aquí hay sitio para todo – para entrar de lleno en el terreno de la ciencia-ficción macabra; aunque de una forma para nada satisfactoria y profunda.

Las piezas no terminan de encajar, todo está cogido por los pelos y se hace insistente la pregunta de “si ahora la narración avanza en esta dirección, ¿qué sentido tenía lo que han contado hace veinte minutos?” Pues una razón de ser puramente estética. En ese terreno, reconozco que Mitchell Altieri y Phil Flores han trabajado bien su película – hago un inciso para remarcar unos efectos especiales espectaculares para el presupuesto de una producción independiente – ; no obstante, el error ha sido intentar llamar la atención sobre un guión nacido de la mezcla de todos los elementos que han podido incluir sin resultar pedantes, pero sin preocuparse realmente de lo que estaban contando; que al final es demasiado simple. Y eso que el epílogo, los diez últimos minutos, son donde se intentan responder atropelladamente las dudas que tantas piezas de un puzzle, aparentemente incompatibles, nos habían generado. A este respecto, no se puede poner ninguna pega: un final interesante, morboso e inquietante que logra subir enteros a un guión que parecía perder el rumbo por momentos.

The Violent Kind no es una mala película, tampoco consigue superar la intranscendencia de un producto demasiado ambicioso argumentalmente; lo que para unos es una fortaleza para otros es una debilidad; y los “hermanos carnicero” deberían dosificar mejor sus ideas para que sus cintas no fuesen un mero espectáculo visual – además limitado – y trabajar más a los personajes con un propósito claro, aprovechando los elementos obviamente destacables en detrimento de otros – a uno le cuesta entender que con el potencial que tenían el grupo de “rockabillys” de los cincuenta, se les haya olvidado, relativamente, con el objetivo de mostrar y mostrar y mostrar a una Tiffany Shepis poseida -. Una cinta recomendable para tardes aburridas, y para amantes del subgénero de “atrapados in da house”, siempre que sepáis apreciar el valor individual de las premisas fantásticas – incluso del principio puramente motero – que se nos presentan, antes que el conjunto algo confuso. El balance final es positivo pero molesta esa sensación de fuerza bruta desaprovechada y, dentro de nuestras cabezas, el guión se demuestra con una falta de cohesión hiriente que termina por aburrir al espectador con años de experiencia.

Abducidas hasta devorarnos a nosotras mismas…

Lo mejor: El mejunje de subgéneros. En el último tramo de la película todo toma buen ritmo, merced al giro argumental que traen los “rockabillies from hell”.

Lo peor: El mejunje de subgéneros. Una introducción de personajes que no llega a aportar mucho y momentos de obligada transición entre los subgéneros que aburren.