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Viaje sangriento

¿Dónde se supone que está la sangre?

Viaje sangriento

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  • Título original: Bloodride
  • Nacionalidad: Noruega | Año: 2020
  • Director: Atle Knudsen, Geir Henning Hopland
  • Guión: Kjetil Indregard
  • Intérpretes: Stig R. Amdam, Anna Bache-Wiig, Ellen Bendu
  • Argumento: Los pasajeros de un autobús se dirigen a un destino desconocido. Por el camino, el conductor les hace recordar los terribles acontecimientos de los que fueron partícipes en vida.

DIVERSIÓN:
TERROR:
ORIGINALIDAD:
GORE:
  • 1.5/5

Viaje sangriento

“Viaje sangriento” es una serie de terror original de Netflix. De formato antológico, cada uno de los *seis capítulo*s cuenta una historia autoconclusiva en unos treinta minutos. La argamasa que aglutina estas historias: el género que comparten y su secuencia inicial.

El conductor de un autobús hace que los pasajeros rememoren los terribles acontecimientos de los que fueron partícipes en vida. Eso incluye sacrificios rituales, enfermedades mentales y asesinatos de todo tipo.

Mi problema principal con esta serie es su falta de casquería. Pese a que el título “Viaje sangriento” promete cantidades ingentes de gore, ninguno de los capítulos muestra apenas nada; la mayoría de muertes son demasiado limpias. ¡Venga ya!

Lo mejor: El concepto y atmósfera de “El sacrificio definitivo” y todo “Ratas de laboratorio”.

Lo peor: Echo de menos esa sangre que el título nos había prometido. Guiones, por lo general, derivativos.


Gárgola

Un relato de Tito Jesús

Gárgola

Nuestro colaborador y amigo Tito Jesús se destapa con su primer relato para Almas Oscuras. Todo un placer y un privilegio descubrir esta nueva faceta artística tuya, querido Jesús. El título de la obra… Gárgola.

Hay dos acontecimientos en la vida de una persona que le hacen ser consciente de manera inexorable, al menos a mi entender, de su naturaleza finita; dos acontecimientos que suponen un misil, un ataque a la línea de flotación de nuestra personalidad, del que ya es imposible recuperarse. El primero lo marca la pérdida de un padre, de una madre o de ambos. Es ley de vida: los hijos han de sobrevivir a sus progenitores al igual que ellos desaparecerán antes que su descendencia… así es como tiene que ser, como dicta la naturaleza. El segundo también es inexorable, como todo o casi todo lo que hay en el universo que conocemos, pero es una norma que suele permanecer oculta al pensamiento durante gran parte de nuestro devenir; es algo en lo que no queremos o no podemos pensar no sea que se rompa, como de hecho sucederá, la frágil cúpula que hemos creado con el fin de engañar a nuestra consciencia en favor de una felicidad que, por momentos, se nos puede antojar eterna. Este hecho es la primera pérdida de un amigo; de ese ser querido que no viene impuesto por la genética sino que ha sido elegido, de manera consciente, por afinidad, por experiencias y por amor mutuo.

La cajita china

Un relato de Francesc Marí

La cajita china

El profesor Mark Shepherd estaba frente a la puerta del apartamento su colega, Martin Shade. Desde que había presentado sus descubrimientos respecto a la tercera carabela a un reducido grupo de personas, unas semanas atrás, tanto él como sus compañeros se habían sumergido en una curiosa búsqueda de sucesos extraños que pudieran estar relacionados con lo que le había sucedido a la nave desaparecida. En ese mismo momento, bajo su brazo, llevaba una carpeta con los respectivos informes de sus colegas, desde la enigmática historia del abuelo del doctor Martínez, a la extraña muerte de un monje en un monasterio español, que estaba investigando la doctora Towers. Todos habían aportado su granito de arena. Todos, excepto Shade, del que ninguno de ellos tenía noticias desde hacía días.

Al no responder al teléfono, ni a los mensajes, ni a los correos electrónicos, Shepherd había decidido dirigirse a su casa, con la esperanza de encontrarlo a él o, como mínimo, alguna evidencia de su paradero.

Solve et coagula

Un relato de Ladynecrophage

Solve et coagula

Más de seis decenios revelaban su iniquidad sobre aquella frente protuberante y surcada de pliegues apergaminados, síntomas de la traicionera senectud que había comenzado a encorvar su otrora imponente figura. Cuajado de flacidez, el amplio rostro abrigaba la luz de una mirada inquieta y desafiante, inextinguible reflejo que testimoniaba la realidad de su perseverante y aguerrido carácter. Contraídos en una mezquina mueca, sus labios se fruncían hasta casi desaparecer entre la cenicienta foresta que se extendía a lo largo de aquel mentón prominente. Descaradas, las adversidades de la vida cebaban el peso de los años en la persona de Alphonse, hombre de intenso temperamento que prefería aceptar con dignidad los estragos propios de la inevitable vejez.

Anclado desde su niñez en el impulso vocacional de sus inquietudes religiosas, el incombustible Alphonse había luchado en pos de encontrar un sustento en su completa entrega a la fe, vocación que había logrado satisfacer aún a pesar de la dificultad devenida de la humildad de sus orígenes. Aceptaba la religión como una parte incorruptible e ineludible de su ser, pues apreciaba en ésta la iluminación que había tornado sus creencias en una nueva y confrontada visión de las debilidades competentes a la raza humana.