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Solve et coagula

Un relato de Ladynecrophage

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Más de seis decenios revelaban su iniquidad sobre aquella frente protuberante y surcada de pliegues apergaminados, síntomas de la traicionera senectud que había comenzado a encorvar su otrora imponente figura. Cuajado de flacidez, el amplio rostro abrigaba la luz de una mirada inquieta y desafiante, inextinguible reflejo que testimoniaba la realidad de su perseverante y aguerrido carácter. Contraídos en una mezquina mueca, sus labios se fruncían hasta casi desaparecer entre la cenicienta foresta que se extendía a lo largo de aquel mentón prominente. Descaradas, las adversidades de la vida cebaban el peso de los años en la persona de Alphonse, hombre de intenso temperamento que prefería aceptar con dignidad los estragos propios de la inevitable vejez.

Anclado desde su niñez en el impulso vocacional de sus inquietudes religiosas, el incombustible Alphonse había luchado en pos de encontrar un sustento en su completa entrega a la fe, vocación que había logrado satisfacer aún a pesar de la dificultad devenida de la humildad de sus orígenes. Aceptaba la religión como una parte incorruptible e ineludible de su ser, pues apreciaba en ésta la iluminación que había tornado sus creencias en una nueva y confrontada visión de las debilidades competentes a la raza humana. Seguir leyendo…

Afilado Verano

Un terror veraniego por Jorge P. López

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Hace calor en España, especialmente en el Valle del Ebro. Por aquí no veo a Heidi si no a los perros del Infierno, echándome el aliento sobre el cogote y volviéndome loco. Los efectos de ese calor extremo detonan en una tormenta, un relato más bien, que habla de los cambios de la adolescencia que suele provocar el verano. Si este cuento os ha llamado la atención y creéis que podréis soportar una dosis mayor, podríais darle una oportunidad a mi última antología, Cuervología Nº 13, en dicho caso podéis comprarla aquí. ¡Nos vemos en la próxima tormenta!

“Ten cuidado, no te cortes”
Con siete años metes la mano donde no debes, ¿cómo evitarlo? Es casi una enfermedad, lo haces a sabiendas y nadie puede detener tu curiosidad. De esa forma lo vive el Niño, secuestrado por sus propias extremidades llenas de una voluntad y vigor irresistibles.
Una vez tuvo un nombre, pero se difuminó entre los títulos que sus hazañas conquistaron: Azote de los gatos, Rey Pirata de los mares del Sur, Emperador Galáctico, Señor del sofá, Condenado Pequeñajo…
El verano se agostaba y ningún rincón del jardín se había librado de las pisadas de aquel Atila en miniatura; los árboles, llenos de temor, intentaban ocultar sus amados nidos de las manitas pegajosas, pero los huevos eran unas gemas difícil de ignorar; el césped, ya cansado de torturas, raleaba allí donde se había enterrado un hámster o una botella con monedas de céntimo; el tejado se combaba quejumbroso a causa del peso de los balones y las cometas… Incluso fuera de su territorio, heredado por derecho propio, se dejaban ver las improntas de su silueta, si los perros guardianes del vecindario pudiesen hablar pedirían la jubilación anticipada junto a los buzones de toda la calle, hasta las narices de toser debido a los petardos de aquella bestia de menos de un metro. Seguir leyendo…

Primogénito

Un cuento aterrador de Lady Necrophage

Primogénito

Este relato es continuación directa de Hijo Predilecto, se recomienda leer la anterior parte antes de continuar la inmersión.

VIII. DESDE EL SILENCIO

- Hijo mío, me deberé a ti hasta la irrevocable extinción de mis días…

Paulatinamente, las palabras acababan por desvanecerse, fútiles y etéreas, engullidas por la tétrica y estremecedora tenebrosidad que invadía aquella infecta habitación plagada de inmunda pestilencia e inexorable silencio.

- Hijo mío, me deberé a ti hasta la irrevocable extinción de mis días…

Una y otra vez, la constante evocación a aquella efusiva expresión conmocionaba la turbada mente del hombre solitario, mezquino y desesperado que dormitaba a intervalos en aquel desaseado cubículo colmado de aire viciado e infecto.
El cuerpo delgado y depauperado de Leo se convulsionaba, débilmente, bajo las raídas y sucias sábanas de felpa. Un sudor frío y abundante recorría sus desencajadas facciones y el resto de su espasmódica anatomía. Luchaba, de manera incesante, por abandonar aquel aletargado y zozobrante estado que estremecía su interior hasta insondables límites, por desembarazarse de aquellas odiosas fantasías oníricas que le sumían en tan sempiterna aflicción.

Y por fin, con gran alivio, comprendió que lo había logrado. Tan reiterada como empedernida entrega en aquella inflexible contienda interna había sido favorable para él y sus languidecidos párpados se abrieron de par en par liberándole, al menos durante un exiguo instante, de aquella turbadora sensación de miedo y desamparo.

Pero no tardó en advertir que lo que le esperaba tras aquel tranquilizador receso no era mucho más esperanzador. Reflexionó acerca de si abandonar su antaño desesperante estado no habría sido un consumado error en comparación al cúmulo de adversidades que parecían a punto de sobrevenirle encima y que, como ya era habitual a aquellas intempestivas horas, comenzaban a manifestarse de forma prolongada e insistente, arrebatándole la escasa tranquilidad que creyó experimentar durante aquel conciso y amable intervalo.

Escuchó, de una manera sobrecogedoramente nítida, las repercusiones provocadas por aquellos gruñidos broncos e ininteligibles a los cuales seguían unos disonantes chillidos acompañados de estrepitosos golpes que se propagaban de manera estridente a lo largo del interminable corredor principal.

Cerró los ojos y oprimió los dientes con inusitada fuerza, buscando tan solo un atisbo de pensamiento amable bajo el cual evadirse de aquella traicionera realidad. Sólo imploraba no tener que resignarse a sufrir, de nuevo, aquel calvario que tanto le atenazaba, no tener que ponerse en pie una noche más y sentir sobre su demacrada piel el aterido tacto de aquella gélida y densa madrugada tal como venía siendo común durante las interminables tres últimas semanas de su lamentable existencia.

Pero le resultaba completamente imposible ignorar aquel incesante y escandaloso golpeteo que se prolongaba, procaz y recalcitrante, a lo largo de cada una de las lacradas y pestilentes estancias y que no parecía, por ningún lado, ofrecer señales de receso o tregua.

Se desarropó a regañadientes y, con expresión de profunda pesadumbre y abatimiento, permaneció sentado en la cama durante unos minutos planteándose, a ultranza, la posibilidad de culminar con aquella avasalladora situación que mermaba tan poderosamente su apego a la vida.

De nuevo, una sucesión de estentóreos rezongos acompañados del contundente golpe de un pesado objeto percutiendo sobre el malparado entarimado, impregnaron de turbación la atmósfera, augurando un mal presagio que, posiblemente, no tardaría en manifestarse de no actuar con las debidas decisión y presteza.

El atribulado hombre hizo acopio de valor, emitió un leve resuello y saltó de la cama como movido por un invisible resorte que le instaba a cumplir su cometido, al menos en lo que se refería a aquella noche…

Tanteó durante unos leves minutos en la oscuridad, adormecido y tambaleante, hasta encontrar algo que ponerse y, raudo, se vistió con las primeras prendas que acertó a localizar en aquel caótico y tapiado agujero plagado de mugre y hediondez. A continuación, abrió el primer cajón de su mesilla de noche y buscó entre el cochambroso montón de enseres apilados, abandonados y ya, muchos de ellos, enmohecidos y deteriorados a causa del tiempo hasta localizar, por fin, el manojo de oxidadas llaves que introdujo, sin titubeos, en el bolsillo del grasiento pantalón.

Abrió la puerta de la habitación y, con expresión de atormentada resignación en el rostro, contempló la apariencia de aquel desvencijado e interminable pasillo plagado de humedades, salpicaduras a lo largo y ancho de los corroídos travesaños que conformaban la estructura de las paredes y el suelo, donde se apilaban pequeñas cantidades de desperdicios de las cuales emanaba un denso olor a rancio y podrido que tornaba la atmósfera inmunda e irrespirable, descomunales telas de araña atestadas de cadáveres de diminutos insectos e indicios, en forma de pequeños excrementos y restos de comida a medio roer, de la existencia de otro tipo de fauna de mayor tamaño que cohabitaba, libremente, entre sí, alimentándose de los disgregados despojos que se corrompían dentro del destartalado inmueble.

Aceleró el paso cuan largo se tornaba aquel pasadizo de pesadilla, tratando de ignorar, en la medida de lo posible, el asolado lugar que pisaban sus pies desde hacía ya años y que, muy a su pesar, no se determinaba a abandonar, aún conociendo los contratiempos que podría ocasionarle seguir residiendo en aquel insalubre tugurio. Esquivó, en la medida de lo posible, los malolientes residuos que se dispersaban por toda la carcomida tarima, sacó las llaves del bolsillo lo más rápido que pudo y se colocó frente a la desvencijada y decrépita puerta situada al final del sombrío pasaje que, sacudida por una persistente y sobrehumana fuerza que emitía incomprensibles y ásperos sonidos acompañados de golpes, arañazos y ensordecedores lamentos, parecía a punto de desmoronarse de un momento a otro.
Un intenso suspiro, mezcla de resignación y perseverancia, abandonó la oprimida garganta de Leo:

- Ya voy, ya voy… -, farfulló en un tono forzosamente dócil y conformista.

Paulatinamente, los golpes parecieron remitir en consonancia al resto de hostiles manifestaciones ofrecidas por la impetuosa criatura que, con celosía, se guarecía tras los postergados muros que conformaban la estructura de aquella precintada estancia, tratando de enmascarar la singular condición de su auténtica naturaleza.
Introdujo la llave en la cerradura, realizó una doble torsión de muñeca y, en un instante, se presentó en el interior del ominoso aposento, dentro del cual se entremezclaban la más que manifiesta falta de ventilación, la repulsiva esencia, presente en todo el inmueble, a materia en descomposición y los vapores irradiados por la concentración de excrementos resecos, micciones y otras salpicaduras, también de procedencia orgánica, que embadurnaban cada centímetro cúbico de aquel inmundo e inhumano cuchitril.

Se adentró en la desaseada alcoba y, temeroso, se dio la vuelta para cerrar la puerta lo más rápido que le fue posible…

Empaquetado y Encapsulado

Un intenso relato de Manuel Gay

E y E PequeñoLos tres cabrones por fin iban a recibir su merecido.

Marcos, Alberto y Jaime quedaron en una cafetería del centro. Una para turistas, sólo que no había muchos porque hacía buen tiempo y la gente prefería pasear. Marcos, Alberto y Jaime se pidieron, cada uno, un vodka con Red Bull. Se sentaron en una mesa junto a la puerta, para poder fumar mientras bebían. Pero el camarero les amenazó con echarles por encontrarse dentro del local, así que se bebieron la copa de un trago y se largaron.

En el metro, Marcos le dejó su asiento a una anciana; Jaime, a una chica embarazada; Alberto miró, desafiante, a una colombiana de sesenta años que aguardaba a que él siguiera el ejemplo de sus amigos. Los tres la vieron desplazarse lentamente, agarrándose a los barrotes, hasta el otro extremo del vagón.

El metro llegó hasta Pitis. Fueron los tres únicos que se bajaron. En el andén, resonaron sus pisadas. Jaime se volvió un momento: creyó haber oído algo tras ellos.

- Venga, tío – dijo Alberto, y siguieron andando.

Al pie de las escaleras mecánicas les asaltó el guardia de seguridad con un trabajador de la red de metro. Les pidieron sus billetes. No lo sabían, pero los tres pensaron lo mismo en ese momento: o accedían al requerimiento, o los mataban. Y cualquiera de ellos tres podría ser, perfectamente, ese segurata. De su edad, delgado, horas en el gimnasio, acento cerrado, un tatuaje asomando por la manga…
Marcos, Alberto y Jaime abrieron sus carteras y enseñaron sus billetes…

Hacia el País Borroso

Un relato melancólico de Beatriz T. Sánchez

Pais borroso pequeñoEs un orgullo presentaros la segunda colaboración – la primera en formato cuento – para Almas Oscuras de la autora Beatriz T. Sánchez, una encantadora gallega que no ha recibido todo el crédito que debería por su opera prima autoeditada: La Búsqueda. ¿Tal vez si hubiese un hueco dentro de las editoriales para lo macabro, lo extraño, la nigromancia, lo auténtico y lo cuidado? Sinceramente, dadle una oportunidad a los artistas independientes, porque tienen por ofreceros una libertad creativa que raremente podréis disfrutar en productos reprocesados.

Tras el hermoso y desasosegante poema El Averno de Lovecraft, nos muestra otra de sus muchas facetas, como gran manipuladora de atmósferas que es, pero esta vez en unos términos más reposados y sumamente melancólicos. Obviamente la calidad del relato está más que asegurada, así como una humanidad que refleja la delicada sensibilidad de esta genial escritora…

Ahora que hablen sus personajes por ella…

Una eternidad, dos minutos.

Un relato macabro de Alicia Missterror y Victor F. Corven

Dicen que no hay segundas partes buenas,dicen que a veces es mejor dejar las cosas como están, dicen, dicen, dicen… la verdad es que nunca he hecho mucho caso de lo que dicen y estoy encantada de presentar la secuela (nuestra propia secuela… qué emoción!!!) de “Al filo de Medianoche”. Somos dos personas escribiendo,son dos estilos,s on dos diferentes personajes, dos visiones extrañas y complementarias… no pudimos resistirnos a seguir viajando entre las palabras. Dos,dos ,dos… tuvimos ese número demasiadas veces en la cabeza como para no hacer una segunda parte.

Este relato no nace con ningún otro propósito que no sea otro que el dar un justo final a una historia que ni siquiera tiene principio.
A todo aquel que lo quiera leer, gracias.

Alicia Missterror y Victor F. Corven

Acto II: Ablucion

Si no hace mucho tiempo asistíamos al alumbramiento de La Bestia, La Serpiente y El Salvador, en el relato Acto I: Advenimiento – obra y gracia de Lady Necrophage, buena amiga del blog -, hoy disponemos del privilegio de ser testigos de Sus Primeras Abluciones acompañado de Sus Parientes.

Esta obligada continuación, y tan solo otra pieza de un puzzle mayor, hace gala de un exceso oscurantista más propio de Goya que de una escritora moderna. Efectivamente, esta breve viñeta tiene más en común con las artes plásticas que con la literatura en sí, pero sin rechazar el uso de un lenguaje profundo y complejo… como mandan los cánones barrocos con lo que coquetea su narrativa de Lady Necrophage.

Un aquelarre gráfico como pocos al que solo le podemos recriminar una cosa: dejarnos con ganas de más.

Sennentuntschi

Los niños no juegan con muñecas

Photobucket

PhotobucketUna traducción aproximada del título podría ser la de “Pastor de los Alpes”, pero por lo visto en el trailer la historia no va en plan bucólico tipo Heidi. Michael Steiner, director de origen suizo, nos introduce en una de las más famosas leyendas/cuentos populares de la tradición suiza. Al mismo tiempo que nos da pie para, creo yo, hablar de la primera película suiza de terror en ALMASOSCURAS. La película en cuestión ha supuesto un éxito sin precedentes en su país, lo cual sólo se puede deber a que para una vez que producen algo exportable, pués se habrán puesto como locos de contentos. Prueba del éxito es que la distribuye Walt Disney a nivel internacional, lo que no debería asustarnos, ya que por lo visto en citado trailer no tiene pinta de ser una película “familiar”.

PhotobucketDicha leyenda es muy conocida no solo en los Alpes, sino en buena parte del norte de Europa, y se remonta varios siglos atrás. Cuando los pastores, tal vez, hartos de hacérselas pasar canutas a las cabras, ovejas y demás animalillos de los Alpes, crearon una muñeca hecha a partir de tela de arpillera y con aspecto humanoide para que, al convertirse en una persona real hiciera realidad sus deseos más carnales. La ventaja era que la criatura, cual Gólem, sólo obedecía sus órdenes y no disponía de voluntad propia. La desventaja es que, a veces, la criatura decidía. Entonces las cosas se ponían feas. En esta película nos situamos en los años 70, en el momento que una extraña y bellísima joven aparece en un pueblo de los Alpes envuelta en harapos, muda y con pinta de no saber muy bien lo que hace allí. Por lo adivinado en el trailer, en alemán, un soldado (con un cierto aspecto bovino…)intentará ayudar a la joven, mientras que los pastores reclamarán lo que es “suyo” y un cura, no podía faltar, hará lo posible por demostrar a todo el mundo que la joven es una criatura del averno.

La película ya se puede encontrar, y yo desde luego ya tengo “cita” para este fin de semana.