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Deadgirl

El oscuro drama de hacerse mayor

Deadgirl

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DIVERSIÓN:
TERROR:
ORIGINALIDAD:
GORE:
  • 4/5

Deadgirl

Reeditamos la reseña de Deadgirl, publicada originalmente el 24 de junio de 2009.

¿Es posible apuntarse un triunfo con una película cuyo éxito depende exclusivamente de una controversia que quizás al espectador no le interese lo más mínimo? La pregunta encierra su propia respuesta. Depende del espectador. Porque “Deadgirl”, drama juvenil con tintes de horror dirigido por Marcel Sarmiento y Gadi Harel, fundamenta toda su fuerza en un dilema (in)moral y deshumanizador en el que quizás a muchos no les interese entrar: ¿tú que harías en su misma situación?

Ricky y JT son dos amigos y compañeros de escuela a los que asedian los problemas propios de buena parte de su generación: la alienación, la incomunicación, el no sentirse cómodos con sus propias vidas, con sus familias, con el sexo… Un mal día deciden prescindir de sus clases y se dirigen a un manicomio abandonado con el reconfortante objetivo de beber cerveza y destrozar las instalaciones (o lo que queda de ellas). Al bajar al sótano del edificio descubren el cuerpo desnudo de una chica envuelta en plástico y atada de pies y manos con cadenas de hierro. La chica está viva (o al menos eso parece…). La respuesta de Ricky es inmediata, liberar a la chica y llevarla a la policía. Pero JT tiene otros planes reservados para su nuevo descubrimiento. Pretende convertir a una criatura supuestamente desvalida e indefensa en su esclava sexual.

Lo mejor: Expone lo peor de la naturaleza humana.

Lo peor: El excesivamente obvio giro final hacia un subgénero harto conocido por todos. Y también el ritmo algo lento de su inicio.


El hijo de la bestia

Sexo y terror, la pareja perfecta

El hijo de la bestia

Historias de terror y sexo extravagante, escalofríos entre las piernas. El inicio de cada cuento puede parecer el típico escenario: la campiña desierta, la reliquia olvidada, la casa victoriana… pero el sexo ejerce de catalizador y la situación común del género de horror se transforma en una pesadilla húmeda, nos despertamos entre sábanas pegajosas. Añada una gota de humor negro, y un chorrito de absenta, para obtener unos magníficos relatos que no temen ser duros, explícitos, inquietantes, extraños, exacerbados y terroríficos.

El Doctor Sexo

Graham Masterton, autor británico de la antología que nos ocupa, es reconocido en el mundillo por su éxito de ventas – obviamente no hablo del planeta España – y un buen número de galardones a sus espaldas, pero sobre todo por su afición a introducir dentro de sus narraciones el sexo como motor principal. Es más, ha escrito un buen puñado de manuales sexuales para parejas; así que el asunto no debe ser banal para el bueno de Masterton. Afortunadamente, nuestro hombre siempre se ha sentido más a gusto dentro del campo del horror, como buen amante declarado, incluso adaptador, de Lovecraft… ni más ni menos que más de treinta novelas y antología han salido de sus manos.

Su primera novela, Manitou (1976), es quizás también la más famosa de sus obras, pero yo destacaría por encima de todas su faceta de cuentista. Dicha novela, adaptada con bastante éxito al cine y el inicio de una longeva saga, ya despuntaba por los elementos que han hecho famoso a su autor: un grado de violencia explícita mezclado al alimón con tórridas escenas de cama. Sin embargo, no es hasta cuando se pone frente a su máquina para escribir historias cortas en que la magia de lo aberrante y lo macabro se mezcla con líquidos preseminales y lubricación vaginal – por citar dos de los elementos más prosaicos de su obra –. Aquí en España hemos podido disfrutar de relatos diseminados a lo largo de las distintas antologías que pulularon por el mercado durante la década de los ochenta, principalmente las editadas por Martínez Roca; y no es un dato baladí que éstas fuesen muchas veces recopilaciones de lo mejor del terror anglosajón de su época.

Red x Pink

Pelea de geishas...

Red x Pink

La escuela primaria de Roppongi (Tokio) se ha convertido en un centro de lucha callejera a puerta cerrada todas las noches con unos combates ilegales de artes marciales que son denominados “Girls Blood”. Un octógono rodeado por una jaula es el campo de batalla, salpicado por el rojo de sangre de anteriores combates y con las jóvenes luchadoras peleando por sus vidas en ajustados trajes de combate.

Y si con la estopa repartida por las aguerridas valkirias de Raze no habéis tenido suficiente, aquí llega la última locura japonesa en forma de Club de la Lucha femenino en el que un nutrido grupito de lozanas niponas dudarán entre partirse la cara a hostias… o hacerse un traje de saliva. Violencia, artes marciales, estética sado, gothic lolitas… y todo ello aderezado con algo de sexo soft preferiblemente lésbico. El título de esta nueva frikada dirigida por Koichi Sakamoto (por lo visto uno de los productores de la serie de los Power Rangers) es Red x Pink, y su argumento está basado en la novela homónima de un tal Kazuki Sakuraba. Las protagonistas de Red x Pink no tienen desperdicio: La experta en kárate Satsuki, que sufre un trastorno bipolar; Miko, una auténtica reina del sado; Mayu, una secretaria lolita de apariencia inocente pero de mente perversa; y finalmente Chinatsu, una acomplejada joven que sale de una fallida relación de maltratos. Red x Pink se estrenó en Japón el pasado 22 de febrero. Os dejo con algunas imágenes y el tráiler de Red x Pink.

Naked Blood

Látigo dormido, carne lacerada

Naked Blood

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DIVERSIÓN:
TERROR:
ORIGINALIDAD:
GORE:
  • 3/5

Naked Blood

Hay un precipicio en la continuidad de la historia del cine de terror japonés que al no iniciado le cuesta sortear. La curva temporal imaginaria pasa sin solución de continuidad de la era Kaidan, las historias de espíritus vengativos que florecen en los 40 y viven su mayor esplendor durante los 50 y los 60, al J—horror, que surge a finales de los 90 y se nutre, principalmente, de Ringu (1998), una de las obras más influyentes de las últimas tres décadas —en dura pugna con El proyecto de la bruja de Blair—, y que con el tiempo se ha constituido en algo así como la «marca Japón» del cine de terror nipón, hasta el punto de ser exportada e imitada hasta la extenuación, primero por los vecinos asiáticos, y después por el resto del planeta. Dicho lo cual, no está de más apuntar que, en el fondo, el J—horror no es más que una actualización de los kaidan clásicos pasados por la túrmix tecnológica, una suerte de versión 2.0 con infinitas ampliaciones.

Se conoce que a la vera de estas producciones han caminado desde los 50 hasta el presente los sempiternos Kaiju eiga. Por otro lado, el país del sol naciente nos viene regalando de un tiempo a esta parte una alternativa a la clonación en masa de Sadako. Se trata de un sub(sub)género que combina el cyberpunk, el splatter y la cifi, al que algunos se refieren como «cyber—gore», «punk—horror» o «psychosexual horror». Aquí encontramos títulos como Tokyo gore police, Robo Geisha o Frankenstein girl vs vampire girl. Dicho esto, aún quedan en el aire los 70, los 80 y los 90. Los primeros está aún dominados por las producciones pinku eiga. El panorama del cine internacional experimenta un cambio notorio, es la década por excelencia del cine exploitation. Con los kaidan dando sus últimos coletazos, el terror anda buscando y tanteando nuevas vías de renovación. No hay una clara tendencia en estos años, si acaso, determinadas cintas que han pasado a la historia del género por su calidad, por su singularidad o por ambas cosas: Hausu (1977), Shura (1971), The village of eight gravestones (1977), algún kaidan trasnochado como Curse of the dog god (1977), la trilogía vampírica de la Toho compuesto por Vampire doll (1970), Lake of Dracula (1971) y Evil of Dracula (1974), o las numerosas adaptaciones de Edogawa Rampo. El uso extremo de la violencia de determinadas producciones, en especial la serie Joy of torture iniciada por Teruo Ishii y ciertas películas de Koji Wakamatsu como Violated angels (1967), abre un nuevo camino a seguir por el terror nipón, cuyas historias de fantasmas vengativos habían quedado un tanto desfasadas. En el libro Flowers from hell podemos leer lo siguiente: «Las raíces del splatter japonés no se encuentran en el género de terror, sino únicamente en las pinku eiga, películas soft—core japonesas que forman una parte substancial de la producción doméstica de los 60 y 70». En este sentido, se destaca Beautiful girl hunter (1979) como uno de los títulos de ese nuevo terror que se presiente en los 70 y explota en la cara de los espectadores en los 80 y que, al igual que la saga de Ishii y todo el pinku más perverso y violento, tiene precedentes en títulos como Kyuju-kyuhonme no kimusume (1959), Daydream (1964) o Black snow (1965), y también, en tanto que brutal retablo de violencia explícita y nueva y novedosa forma de acometer el género, en la mítica Jigoku (1960) de Nobuo Nakagawa. Al igual que ocurre en el resto del mundo, el cine de aquella década decide mostrar los aspectos más trágicos y desagradables de la realidad en toda su crudeza, y para ello se recurre a dos ingredientes básicos: el sexo y la violencia. Tal y como apunta Peter Tombs en su Mondo macabro: «Sexo y muerte, los componentes clave de las películas de terror, llevan mucho tiempo asociados en la psique japonesa». Es entonces cuando irrumpen los 80.

Lo mejor: el mejor Sato en una historia personalísima.

Lo peor: demasiados aspectos quedan sin limar; podría haber sido algo mucho más grande.


The Disco Exorcist

Welcome to the 70's

The Disco Exorcist

Ahora puedes ver The Disco Exorcist con buena calidad de imagen y unos excelentes subtítulos en castellano por tan solo 1.95 €. VER ONLINE

Me declaro fan incondicional del gran Rex Romanski, un tirillas de los años 70 que vista enormes cuellos de camisa, pantalones de pata de elefante, luce una dentadura blanco nuclear y es toda una leyenda por el simple hecho de follarse a toda hembra que ose pisar sus dominios: la pista de baile de la discoteca. Pero en esta ocasión Romanski ha escogido a la hembra equivocada. Se trata de Rita Marie Deveaux, una sacerdotisa vudú que no se toma nada bien el hecho de que Rex se desentienda de ella tras una noche de pasión. La maldición de Rita recae sobre Amoreena Jones, una joven actriz porno de la que Rex parece enamorado y que pasará a ser poseída por el espíritu violento de un demonio del vudú, causando el horror y la muerte bajo las luces de la discoteca. ¡El Exorcismo Disco no puede parar!

Exploit setentero en estado puro. Sin conservantes ni aditivos. Actrices porno, luces de discoteca, gore, humor, música, religión, tetas, posesiones, exorcismos… y sexo, mucho sexo. El director independiente Richard Griffin (Dr. Frankenstein’s Wax Museum of the Hungry Dead, Nun of That, Exhumed) nos regala en The Disco Exorcist un viaje sin retorno al grindhose de los años 70. Una auténtica gamberrada que mezcla, sin rubor alguno, el género de las posesiones y exorcismos, con un sentido homenaje al cine porno de la época. Sexy, divertida y sangrienta… Rex Romanski, y su amada garganta profunda Amoreena Jones (deliciosa), buscan aficionados sin complejos que se unan a su causa. La música disco retumba en los altavoces, las luces multicolor iluminan la pista, una pornostar siembra el caos… ¡y el exorcismo final tendrá lugar en la discoteca!. Ahora podéis ver The Disco Exorcist en Filmin al precio habitual de 1.95 €.

Amerikan Holokaust

Alimentando a la bestia...

Amerikan Holokaust

Michael Mashburn y su antiguo teniente, Antwan Mercer, dos veteranos de la guerra de Vietnam, se refugian del mundo para alcanzar “un nuevo comienzo”. Secuestran a hombres y mujeres de todas las edades y los torturan para su propia diversión. Las víctimas serán torturadas y vejadas de las formas más atroces que se puedan imaginar. Algunas de las víctimas seguirán con vida y serán obligadas a unirse a su ejército, pero la mayoría de ellas mueren de una manera lenta y horrible.

La Navidad ha pasado. El tiempo de la felicidad y la buena voluntad ya es historia. Y a modo de tratamiento de shock para sacarnos de encima los últimos restos de confraternización y buenos deseos para todos aquellos que nos rodean, hoy os presentamos Amerikan Holokaust, una de esas películas que parecen estar hechas con el único objetivo de recordarnos que el mundo en el que vivimos puede ser una puta mierda llena de gente enferma dispuesta a convertir nuestras míseras vidas en un infierno. Amerikan Holokaust es cine exploit en estado puro. Gore, sexo, violencia, degradación, violaciones… todo vale cuando la finalidad última es remover nuestros estómagos y conciencias, al tiempo que apaciguamos y alimentamos a ese cabroncete morboso y ávido de experiencias extremas que todos llevamos dentro. Rodada en el habitualísimo formato found footage (por lo visto las juergas de Mashburn y Mercer quedan inmortalizadas en una cinta de video que forma parte del material de archivo de la comisaria de policia de New Forge), Amerikan Holokaust es una película de bajísimo presupuesto (1.000 $) que muchos sitúan en la órbita de muestras de cine hediondo del estilo de August Underground o Guinea Pig: Flower Of Flesh And Blood.