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The Unkindness of Ravens

Despojos de la guerra

Unkindness Ravens Reseña

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  • Título original: The Unkindness of Ravens
  • Nacionalidad: Inglaterra | Año: 2016
  • Director: Lawrie Brewster
  • Guión: Sarah Daly
  • Intérpretes: Jamie Scott Gordon, Ross Campbell, Leon Carrington
  • Argumento: Un veterano de la guerra de Afganistán es acosado por sus demonios personales en una aislada granja del norte de Escocia.
DIVERSIÓN:
TERROR:
ORIGINALIDAD:
GORE:
  • 2/5

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Del mismo equipo que nos trajo “Lord of Tears”, de la cual regalé la edición limitada, incluyendo las plumas de búho y su agradable banda sonora cuando vi el bajo nivel del producto final. “The Unkindness of Ravens” fue editada el año pasado tras otra exitosa campaña de mecenazgo, obra de bajo presupuesto de nuevo protagonizada por el mismo actor principal de “Lord of Tears”, Jamie Scott Gordon.

¿Estamos ante un nuevo fracaso o merece la pena hincarle los dientes a esta carroña? La verdad es que se nota la evolución de Lawrie Brewster y Sarah Daly como artistas cinematográficos, director y guionista respectivamente, así como miembros fijo del grupo “Metaphorest”. Aunque “The Unkindness of Ravens” padece de la misma visión repetitiva de su predecesora, se han limado algunas aristas y si bien sigue sobrándole la mitad del metraje, se hace un producto más digerible. No esperéis ninguna maravilla, el estilo narrativo es un calco de la anterior producción de Brewster y Daly, de la cual, por cierto, ya tienen incluso preparada una secuela con Macarena Gómez y llamada “The Black Gloves”.

Andrew es un veterano británico de la guerra de Afganistán que vaga de ciudad en ciudad huyendo de sus recuerdos y pesadillas. Finalmente intenta encauzar su vida a través de la fotografía y la poesía, ayudado por una psicóloga que lo invita a pasar una temporada en una vieja granja aislada del norte de Escocia. Una vez allí, su temor por los cuervos se verá puesto a prueba hasta desvelar el origen de esta fobia: los terribles días de la guerra y sus funestas consecuencias.

Esta vez la invención no es un demonio con cuerpo humano y cabeza de búho, para la ocasión debutan los guerreros cuervos, una mezcla entre doctores de la peste de la Edad Media y vikingos. Ellos serán los encargados de materializar el horror que vive dentro de la cabeza del protagonista, todo en perfecto silencio y con apariciones tan confusas como su origen. Sus figuras son el eje principal en cuanto a terror no referimos, sólo que esta vez el misterio paralelo al “hombre búho” queda aguado debido a la insistencia por mostrarnos a estos humanoides córvidos de manera explícita; así terminan siendo un poco risibles de tanto verlos en pantalla. Además la falta de presupuesto hace un poquito de mella en su aspecto físico, convirtiéndolos en una amenaza un tanto acartonada.

Seguimos en terrenos psicológicos y experimentales que ocultan raíces de carácter dramático, alimentándose estas de un cenagal de guerra y culpa. Una historia no excesivamente original, hasta yo mismo escribí en 2010 un relato corto con muchos paralelismos (“Un suceso extraño”), que peca de girar demasiado sobre su centro, dibujando un círculo que no va más allá del puñado de metáforas sobre las secuelas mentales de la guerra. Las hemos disfrutado de una manera mucho más intensa en “La Escalera de Jacob”, quedando aquí reducida la proporción pesadilla/terror a mero artificio.

No hay mucho donde rascar, el viaje es de carácter interior y el espectador no es invitado a dicha introspección, dedicándose a observar escenas inconexas que perfilan un cuadro bastante simplón y fogosamente hermético. Imposible sentir algo por y junto al personaje de Jamie Scott Gordon, pues desde su reticencia inicial a fotografiar cuervos podemos intuir cual es la alegoría detrás de sus alucinaciones, dando como resultado una aureola de forzada confusión a sus diferentes acciones. Que constan básicamente en ir sumando visiones hasta llegar a un final de carácter redentor muy poco acorde con el espíritu de la película.

En el lado positivo tenemos unos paisajes escoceses muy evocadores, capaces de componer su propio relato de desolación. Estos páramos y campos neblinosos son filmados con una intensidad melancólica que debería haberse convertido en la nota dominante dentro del relato, dejando de lado una banda sonora decepcionante para esta tarea, en lugar de una profusión de escenas alucinógenas recolectadas en pueril intento de intoxicar al espectador. Quizás más preocupado éste de que el acabado fotográfico o los efectos especiales de algunas escenas no le agrien las retinas.
Y es que Brewster y Daly siguen apostando por el aspecto visual robado a videoclips de bandas góticas modernas, sin medios o especial talento, para construir su carrera. Por ejemplo, se les nota más preocupados en inventar la imaginería del inferno mental de su protagonista –símbolos paganos ardiendo, instrumentos de tortura, cadáveres de animales– que de proporcionarle una buena edición al mismo, llevando esta estrechez de miras directamente a unos minutos finales tan aburridos como molestos.

Sin embargo, en esta misma insistencia por crear su propio universo particular, “The Unkindness of Ravens” aporta unas gotas de personalidad muy complicadas de disfrutar en el panorama de género actual. De tal forma merece la pena destacar el atrevimiento de estos productos, alejados de los circuitos comerciales para rellenar los espacios que mentes más jóvenes y poéticas sabrán disfrutar, siempre que no esperen demasiado. Por mi parte hubiese preferido que la duración de este film se hubiese reducido a la de un mediometraje, el cual podría haberse unido a una versión sintetizada de “Lord of Tears” y a la nueva producción con el “hombre búho” como principal antagonista, “The Black Gloves”, para definir un tríptico de hora y media mucho más acorde con la escasa densidad argumental de sus respectivas historias.

Decían sus creadores que estábamos ante una mezcla de “Apocalypse Now” y “Posesión Infernal”, obviamente el resultado final queda a años luz de semejante ambición, la cual esconde, y esto ya no me gusta tanto, cierta dosis de prepotencia. *Menos aspiraciones y a centrarse en su sello, quizás así consigan realizar algo que merezca seriamente la pena. ¿Será “The Black Gloves”?

Imágenes de la película

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Lo mejor: Los parajes de la campiña escocesa.

Lo peor: Camina demasiado en círculos.

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